17-08-2023, 09:48 PM
(Última modificación: 19-08-2023, 01:55 AM por Kurowashi Sephiroth.)
Primavera del año 11, Día 7
Kurowashi se despertó contento esa mañana. La noche anterior había refrescado, debido a la tormenta que asoló la isla, lo que le permitió descansar mejor de lo que lo había estado haciendo hasta entonces. Pero realmente la razón de su dicha era otra... Por fin, tras muchas jornadas de entrenamiento y duras tareas, disfrutaba de un día de permiso.
Así pues, con buen ánimo, se incorporó de la cama y abrochó los pantalones, ató los cordones de sus botas y seguidamente se colocó su preciada gabardina azul. Por último, ajustó los guantes de cuero a sus fuertes manos. Ya estaba listo y aunque llevaba con orgullo el uniforme, soñaba con poder usar pronto la ropa con la que él se vestía a diario, esto era algo reservado para los altos mandos, pero anhelaba lucir la capa de oficial por encima de sus ropajes.
Cuando ya se disponía a salir de la alcoba, de repente, notó que no llevaba encima lo más importante de todo, su katana Masamune, no se sentía seguro si no la portaba consigo, por lo que dio media vuelta y la retiró del soporte que estaba colocado justo sobre la cabecera de su cama.
Ya en el exterior de la base alzó sus brazos y respiró el aroma del ambiente, pues le encantaba el olor a césped húmedo por la lluvia. Y tras tomar esa bocanada fresca de aire fresco, continuó su camino.
No sabía a dónde ir, "era demasiado pronto para visitar alguna taberna" pensó.
Eso podría dar la equivocada impresión de que tenía un problema con el alcohol. Le gustaba disfrutar del calor y el sabor de un buen sake, deslizándose por su garganta, pero siempre que tuviese a alguien con quien alzar su copa.
La calle principal estaba repleta de gente. Los puestos comenzaban a levantar el cierre, ofreciendo los mejores de sus productos y ofertas; intentando llamar la atención de todo aquel que pasara por delante de su comercio.
A Kurowashi realmente le entusiasmaba su lugar de destino ya que la gente era o parecía ser feliz y llevar una vida tranquila, todo lo tranquila que se puede al contar con la seguridad que otorga una base de la Marina y la protección natural de la propia isla.
De repente, Sephiroth se detuvo y dejando caer su diestra mano cerrada sobre la palma de su siniestra, se preguntó "¿Por qué no se me ocurrió antes?"
Tiempo atrás, mientras buscaba una localización donde realizar sus entrenamientos nocturnos, había encontrado un pequeño saliente situado al oeste de la isla, cercano al puerto, en donde se encontraba un pequeño árbol creciendo de la roca y el césped. Era un lugar perfecto para tumbarse y disfrutar tranquilamente de la brisa marina.
Después de quince minutos andando y mientras pensaba en sus cosas, llegó al emplazamiento. Dejó con delicadeza su preciada katana sobre el suelo, a la sombra del frondoso árbol y colocando su mano en el césped, exclamó
¡Esto sí es paz! Sus ojos se iluminaron al contemplar el paisaje. Era la primera vez en mucho tiempo que podía disfrutar de unas vistas como esas, el ancho mar mezclándose en el horizonte con el azul del cielo, el aroma salitre, el sonido de las olas al romper contra las rocas del acantilado, la brizna moviendo la copa del árbol, las gaviotas graznando y revoloteando alrededor de los barcos pesqueros amarrados en los yunques del puerto... Todo era, sencillamente, perfecto.
Y entonces percibió un velero echando anclas. Como toda isla, dependía en gran parte del comercio, montones de barcos llegaban a la isla con regularidad, pero nunca uno de semejante tamaño.
Por lo general, si eran de ese calibre, se trataban de barcos con banderas piratas y lo cierto es que no se veían con mucha frecuencia, ya que pocos eran los que se atrevían a seguir una ruta que estuviese a menos de cien millas la isla, o barcos de la Marina.
"Qué extraño que no tenga bandera" musitó al tiempo que recordaba no estar de servicio. Pero más tarde preguntaría por él en el puerto. Probablemente, solo se tratase de uno de esos ricachones que hace una parada en su viaje en busca de provisiones y después continua su camino.
Kurowashi había escogido precisamente ese lugar por la tranquilidad que otorgaba y no quería perturbarla y ponerse a sospechar de cada navío que rondara estas aguas. Había dejado atrás ese tiempo en el que a cada paso debía andar con cautela, observar y cuestionarse de todo. Ahora estaba en un lugar seguro, él mismo proporcionaba esa seguridad.
Una vez pudo desviar su atención del navío, fue capaz de relajarse. El viento mecía su pelirrojo y largo cabello, los haces de luz invadían la sombra creada por el árbol. Alzó sus brazos para reposar la cabeza sobre sus manos y recostándose sobre el tronco, se fundió con ese pequeño paraíso y adormeció.
-¡Ah! ¡Socorro!
Kurowashi se despertó contento esa mañana. La noche anterior había refrescado, debido a la tormenta que asoló la isla, lo que le permitió descansar mejor de lo que lo había estado haciendo hasta entonces. Pero realmente la razón de su dicha era otra... Por fin, tras muchas jornadas de entrenamiento y duras tareas, disfrutaba de un día de permiso.
Así pues, con buen ánimo, se incorporó de la cama y abrochó los pantalones, ató los cordones de sus botas y seguidamente se colocó su preciada gabardina azul. Por último, ajustó los guantes de cuero a sus fuertes manos. Ya estaba listo y aunque llevaba con orgullo el uniforme, soñaba con poder usar pronto la ropa con la que él se vestía a diario, esto era algo reservado para los altos mandos, pero anhelaba lucir la capa de oficial por encima de sus ropajes.
Cuando ya se disponía a salir de la alcoba, de repente, notó que no llevaba encima lo más importante de todo, su katana Masamune, no se sentía seguro si no la portaba consigo, por lo que dio media vuelta y la retiró del soporte que estaba colocado justo sobre la cabecera de su cama.
Ya en el exterior de la base alzó sus brazos y respiró el aroma del ambiente, pues le encantaba el olor a césped húmedo por la lluvia. Y tras tomar esa bocanada fresca de aire fresco, continuó su camino.
No sabía a dónde ir, "era demasiado pronto para visitar alguna taberna" pensó.
Eso podría dar la equivocada impresión de que tenía un problema con el alcohol. Le gustaba disfrutar del calor y el sabor de un buen sake, deslizándose por su garganta, pero siempre que tuviese a alguien con quien alzar su copa.
La calle principal estaba repleta de gente. Los puestos comenzaban a levantar el cierre, ofreciendo los mejores de sus productos y ofertas; intentando llamar la atención de todo aquel que pasara por delante de su comercio.
A Kurowashi realmente le entusiasmaba su lugar de destino ya que la gente era o parecía ser feliz y llevar una vida tranquila, todo lo tranquila que se puede al contar con la seguridad que otorga una base de la Marina y la protección natural de la propia isla.
De repente, Sephiroth se detuvo y dejando caer su diestra mano cerrada sobre la palma de su siniestra, se preguntó "¿Por qué no se me ocurrió antes?"
Tiempo atrás, mientras buscaba una localización donde realizar sus entrenamientos nocturnos, había encontrado un pequeño saliente situado al oeste de la isla, cercano al puerto, en donde se encontraba un pequeño árbol creciendo de la roca y el césped. Era un lugar perfecto para tumbarse y disfrutar tranquilamente de la brisa marina.
Después de quince minutos andando y mientras pensaba en sus cosas, llegó al emplazamiento. Dejó con delicadeza su preciada katana sobre el suelo, a la sombra del frondoso árbol y colocando su mano en el césped, exclamó
¡Esto sí es paz! Sus ojos se iluminaron al contemplar el paisaje. Era la primera vez en mucho tiempo que podía disfrutar de unas vistas como esas, el ancho mar mezclándose en el horizonte con el azul del cielo, el aroma salitre, el sonido de las olas al romper contra las rocas del acantilado, la brizna moviendo la copa del árbol, las gaviotas graznando y revoloteando alrededor de los barcos pesqueros amarrados en los yunques del puerto... Todo era, sencillamente, perfecto.
Y entonces percibió un velero echando anclas. Como toda isla, dependía en gran parte del comercio, montones de barcos llegaban a la isla con regularidad, pero nunca uno de semejante tamaño.
Por lo general, si eran de ese calibre, se trataban de barcos con banderas piratas y lo cierto es que no se veían con mucha frecuencia, ya que pocos eran los que se atrevían a seguir una ruta que estuviese a menos de cien millas la isla, o barcos de la Marina.
"Qué extraño que no tenga bandera" musitó al tiempo que recordaba no estar de servicio. Pero más tarde preguntaría por él en el puerto. Probablemente, solo se tratase de uno de esos ricachones que hace una parada en su viaje en busca de provisiones y después continua su camino.
Kurowashi había escogido precisamente ese lugar por la tranquilidad que otorgaba y no quería perturbarla y ponerse a sospechar de cada navío que rondara estas aguas. Había dejado atrás ese tiempo en el que a cada paso debía andar con cautela, observar y cuestionarse de todo. Ahora estaba en un lugar seguro, él mismo proporcionaba esa seguridad.
Una vez pudo desviar su atención del navío, fue capaz de relajarse. El viento mecía su pelirrojo y largo cabello, los haces de luz invadían la sombra creada por el árbol. Alzó sus brazos para reposar la cabeza sobre sus manos y recostándose sobre el tronco, se fundió con ese pequeño paraíso y adormeció.
-¡Ah! ¡Socorro!
|Hablo/"Pienso"/Narro|

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