Aquel día transcurrió con normalidad, me dediqué al entrenamiento desde muy temprano para luego pasar la tarde descansando. Cuando comenzaba a anochecer, me di una ducha y me arreglé para ir a tomar algo. A pesar de no confiar en las personas, había charlado con alguna que otra. No estaba mal relacionarse de vez en cuando. Además, había conocido a una mujer morena bastante interesante que solía frecuentar una taberna concreta. Ahí era donde pensaba ir. El único problema era que no iba a ser capaz de tocarla. Casi me arrepentía de seguir buscándola para fingir un encuentro casual, porque como ella estuviese interesada iba a tener que cortar por lo sano. Al menos era un entretenimiento sano.
Me puse mi colonia y me terminé de poner los tacones para salir. A veces me encontraba con alguno de la banda, pero hoy estaba el hostal bastante tranquilo y despejado. Tan solo me crucé con un par de desconocidos que no me prestaron atención. Eso era buena señal. De momento nada indicaba que nos hubiesen reconocido. Era extraño, aunque tal vez se explicaba porque en aquel lugar hubiese problemas más grandes de los que los marines se tenían que encargar. Ahora que habíamos llegado tan lejos, me había dado cuenta de que no éramos, ni de lejos, el centro del mundo. Tampoco lo pretendía, con llamar la atención de quienes pretendíamos era suficiente.
Salí de mi habitación y comencé a caminar a paso tranquilo hacia la taberna. No estaba demasiado lejos, tan solo a unos cinco minutos del hostal. El lugar no era muy acogedor. Estaba algo sucio y la iluminación no era la mejor, pero cumplían con su cometido, servían bebidas de todo tipo de forma rápida. La gente que lo frecuentaba tampoco era especialmente molesta. Había un poco de todo, imágenes como era habitual en las tabernas de mala muerte. Había gente que acababa de trabajar en los astilleros y quería descansar tras un duro día de trabajo, había gente que había acabado en sucumbiendo a sus vicios y pasaban todas sus noches y tardes, incluso mañanas, bebiendo como zombies en aquella taberna. También había gente que parecía de lo más peligrosa con la peor pinta que pudieras imaginar, aunque a mí no me amedrentaban. Tal vez algunos de los que frecuentasen la taberna me incluyes en un este grupo. De vez en cuando también había personas que parecía que no sabían dónde se habían metido. Hombres tímidos y callados y mujeres comunes y corrientes de las que iban a comprar al mercado por la mañana. Era bastante curioso apreciar la variedad de clientes. Mientras no me molestasen no me importaba quién fuese a beber allí. Algunos hombres habían intentado invitarme a una copa, pero los había despachado rápido y apenas me habían dado problemas.
No tardé en encontrarme frente a la puerta del local. La abrí y miré alrededor intentando localizar a la persona por la que había ido aquel día. Para mi desgracia, no vi aquel pelo moreno y rizado. De hecho, hoy apenas había un par de mujeres. Una señora que tendría como 80 años pero que bebía como un camionero, a juzgar por todas las copas vacías de su mesa, y una chica joven acompañada de otro chico con cara de querer salir de allí cuanto antes. No parecía que se estuviese divirtiendo demasiado, pero ese no era mi problema. Ya que estaba allí no iba a desperdiciar la noche. Fui hasta la barra y me senté en una silla libre para pedir una cerveza. El hombre de la barra terminó de atender a otro cliente para, justo después, llenarme una jarra y ponérmela adelante. La agarré por el asa y pues tenía y me la llevé a la boca para darle un largo trago. En ese momento, el cliente sentado a mi lado se dirigió a mí con una voz que me resultaba extrañamente familiar. —Creía que no te ibas a tomar en serio lo de invitarme a una cerveza o a un par de ellas, pero aquí estás —dijo como si me conociese de toda la vida. Giré mi rostro y vi a aquel hombre con el que me había encontrado en el bosque de manglares y que me había ayudado a perfeccionar mi haki de observación. Llevaba la misma ropa desastrada son pero son con las mangas rasgadas. Su gusto por la moda era absolutamente nulo. Su forma de vestir me recordaba bastante a la de Jolyne. Pero lo que más destacaba era su barba. No sabía si se la cortaba así por algún tipo de moda o es que le crecía con esa forma extravagante. Aun así, no era de lo más extraño que había visto en mi viaje. Tan solo era ligeramente peculiar.
—No he venido aquí a invitarte a nada, aunque tengo que decir que debería. Eres muy molesto, pero tus consejos me han servido mucho. Así que, ¿qué narices? A esta invito yo —dije alzando mi jarra a modo de brindis en el aire para llevármela a la boca y pegar otro largo trago. Sinceramente, no esperaba volver a cruzarme con ese tipo en mi vida, pero tras haber comprobado que sus entrenamientos dieron sus frutos y me ayudaron a aumentar mi comprensión y mi habilidad con el haki, no solo quería agradecérselo, sino proponerle que me ayudase hacer lo mismo con el otro tipo de haki. No sabía si pensaba cobrar por ello, pero yo no pensaba soltar un duro a menos que fuese estrictamente necesario. Sería buena idea dejar de lado mi lado más seco para tratar de acercarme a él de forma más amistosa. A pesar de que me había tratado como una estúpida durante mi entrenamiento, no tenía nada en su contra. —Oye, gracias por lo del otro día. Yo sola hubiese tardado mucho más en dominar el haki —dije percibiendo que en su boca se comenzaba a asomar una sonrisa socarrona. Imaginaba que porque él creería que habría sido incapaz. Debía reconocer que era complicado, pero estaba convencida de que con mi cabezonería habría sido capaz de aprender a dominarlo, aunque hubiese tardado años. No sabía cuánto tiempo podríamos quedarnos en aquel lugar, pero no era habitual que pasásemos demasiado tiempo en una misma isla, así que tenía que aprovechar que había encontrado a alguien como él y entrenar todo lo que pudiera. No pensaba rogarle, no era una arrastrada, pero intentaría buscar la manera de agradarle o, por lo menos, de no desagradable demasiado.
—Ahora que pienso en ello con una cerveza bien fría entre manos he caído en la cuenta de que solo con una jarra no podría agradecértelo, así que tómate las que quieras, que esta noche pago yo. Eso sí, quería hacerte una pregunta. ¿Conoces el otro tipo de haki? —aquel trato me pareció algo más justo y llamativo que el anterior. Era posible que ese ofrecimiento decantase la balanza a mi favor. El hombre rio de forma escandalosa, lo cual tomé como que sabía perfectamente por dónde iban los tiros. No había que ser un genio para adivinarlo. No tardó en responderme ni siquiera un segundo. —Por supuesto, ¿por quién me tomas? Pero otra cosa es que vaya a ayudarte de gratis. El pago por las bebidas de hoy no está nada mal, pero, ¿qué te parece el pago de las bebidas de aquí hasta que consigas dominar el otro tipo de haki? Cuanto más tardes en aprender, más caro te saldrá. Es una buena forma de motivación, ¿no te parece? —preguntó con una sonrisa en el rostro. El tío era mucho más aprovechado de lo que pensaba, ¿cuántas cervezas podría beber en un día? Estaba bastante segura de tener el dinero suficiente para poder pagarlas, pero otra cosa era que quisiera gastarme mi dinero en que este desgraciado se pusiese morado. Aun así, si lo pensaba bien podría llegar a valer la pena. Tan solo tenía que intentar aprender lo más rápido posible y mantenerle entretenido para evitar que bebiese demasiado. —Trato hecho —acepté de forma rápida antes de que se lo pensase y se le ocurriese pedir algo más.
Tras establecer el trato y pasar un par de horas de aquella noche bebiendo con él, cada uno fue a su casa a descansar, en mi caso al hostal y, en su caso, ni puñetera idea, para encontrarnos al día siguiente en el mismo lugar en el que me había visto entrenar con las burbujas el haki de observación. Estaba bastante animada y dispuesta a darlo todo en el entrenamiento. No me importaba lo que costase, pensaba centrar todas mis energías y mi esfuerzo en dominarlo cuanto antes. Ya no solo por el dinero que me tendría que gastar en bebida, sino porque estaba ansiosa por conocer las posibilidades de aquel poder y ser capaz de manejarlo a mi antojo. Tal vez el resto de los Alas Negras hubiesen aprovechado su estancia en la isla de la misma forma y también conociesen esa especie de mejora del haki, pero, si no era así, iban a alucinar cuando se lo contase, sobre todo Sasha y Kenzo, los más ambiciosos en combate y los más obsesionados por fortalecerse. Seguramente por ello no les sorprendiera lo que les contase y no me extrañaría que también lo hubiesen entrenado. A pesar de haberme acostado un poco tarde, me levanté antes de la hora. Ya le había pagado las bebidas de anoche, así que solo esperaba que no me hubiese engañado y que él también estuviese en el lugar que habíamos acordado a la hora fijada. Me vestí con mi ropa habitual, cogí mis dos katanas y mi bolso con mis objetos personales antes de salir por la puerta cochambrosa de aquel hostal. Tuve que contenerme para no acelerar el paso y llegar excesivamente pronto. Ya no solo eran las ganas de entrenar, sino también la necesidad de comprobar que él se encontraría allí.
Al llegar, el lugar estaba vacío y en completo silencio. Eran las ocho y media de la mañana, en la parte más habitada de aquel manglar la gente ya había comenzado a moverse para asistir a sus trabajos y comenzar a abrir algunos comercios y negocios, pero en esa zona algo más apartada no había ni un alma. Aunque había intentado no adelantarme demasiado, todavía había llegado unos minutos antes de lo esperado, así que ahora solo me quedaba tener un poco de paciencia. Me senté en el suelo, en ese césped pringoso del que salían burbujas, esperando la llegada de mi nuevo maestro. Era algo asqueroso, pero ya me había acostumbrado y prefería estar cómoda antes y durante el entrenamiento. Cuando llegó la hora tan solo tuve que esperar un par de minutos que se me hicieron eternos antes de ver la figura de aquel hombre apareciendo tras uno de los manglares. Ya estaba incluso pensando en cómo buscarle y obligarle a cumplir el trato que habíamos hecho. Por suerte, no sería necesario. —Llegas tarde —fue lo único que le dije cuando paró de caminar a un par de metros de mí. Él solo me respondió volteando los ojos hacia arriba. Ahora que me fijaba, llevaba con él una de esas burbujas y, dentro de ella, había un pack de seis cervezas y una botella de ron. —¿Se puede saber qué…? —antes de terminar la frase me di cuenta de que no tenía sentido, ya conocía la respuesta. Era evidente que mientras me entrenase no se iba a quedar de brazos cruzados mirando, sino que aprovecharía para beber todo lo que pudiese, ya que era yo la que lo iba a pagar. Por lo menos lo que llevaba en esa burbuja no me parecía excesivo. Era bastante para tomar en un día, sobre todo un día de entrenamiento y sin contar con lo que pudiese beber por la noche, pero era algo costeable. —Mira, haz lo que quieras, pero más te vale no malgastar mi tiempo ni perder facultades por culpa del alcohol o no te pagaré ni una gota de lo que bebas—. Que sí rubita, no te preocupes. Si eres una buena alumna y me haces caso aprenderás a dominar este tipo de haki antes de lo que te des cuenta. Es más, si finalizas el entrenamiento y me quedo con alguna bebida sin terminar la pagaré yo mismo. ¿Contenta? —dijo con un tono de prepotencia, pero que pretendía se conciliador. Me bastaba. —Vale. Vamos a empezar —me puse en pie y desenvainé mis katanas de inmediato— ¿Qué hay que hacer?
El tío se rio estrepitosamente, como si acabase de encontrar algún chiste. Al ver mi cara se apresuró para explicarse. —Sabía que eras entusiasta, pero no hasta qué punto. Vale. Imagino que conoces las utilidades y cómo funciona el haki de armamento. Si lo tienes tan poco desarrollado como el otro, tal y como me has contado, sabrás que de momento tan solo te sirve para poder atacar de forma tangible a algunos usuarios de frutas del diablo. No está nada mal, es bastante útil, pero se puede llevar más allá y que te sirva para atacar a cualquier tipo de persona de forma más eficaz o protegerte. No sé si te lo habían contado antes, pero te lo repetiré para que te quede claro y sepas qué debes buscar y hasta dónde vas a poder llegar con este entrenamiento. Observa mi brazo —en ese momento, alzó su puño derecho hacia el cielo y vi como todo su brazo se volvía de color negro. No recordaba haber visto nunca antes algo similar. Tras eso, llevó su brazo hacia adelante, hacia mí. —Ahora quiero que lo toques y, después, que intentes cortármelo con tu katana.
Parecía totalmente seguro de lo que decía. Yo solo esperaba que no estuviese subestimándome y acabase sin un brazo, porque no pensaba poner ninguna pega. Hice exactamente lo que me dijo, envainé mi katana derecha para tocar con esta mano su brazo. Simplemente al tacto ya se notaba que era más duro de lo habitual. No solo me limité a pasarle la mano por encima, apreté algunas partes para comprobar que, efectivamente, obtenían los músculos más duros que había visto nunca o estaba haciendo algo con el haki de armamento. El color oscuro me indicaba que era esto último. No obstante, no era suficiente para convencerme de que aquella habilidad era espectacular. Tenía que comprobarlo por mí misma, así que agarré la katana que sostenía con la mano izquierda con ambas manos y realicé un corte vertical con ella en su antebrazo. No me atreví a emplear toda mi fuerza, se trató de un corte sencillo, pero qué habría pasado para causarle alguna herida, por pequeña que fuese. En cambio, además de no conseguir hacerle ni un rasguño, sentí como si mi espada hubiese chocado con una barra de acero. Me sorprendió ligeramente, ya me esperaba que su brazo fuese más duro que lo normal, pero aquella robustez era totalmente inusual. —Vale. Ya entiendo —dije escuetamente. Lo más complicado sería llegar a comprender cómo dominar aquella habilidad, pero la descripción era bastante sencilla. Es decir, podría endurecer partes de mi cuerpo para atacar o para defenderme, pero, ¿eso me serviría con mis armas? —¿El haki solo se aplica a partes del cuerpo?
—No. Sabía que acabarías preguntando esto. Primero vas a tener que aprender como imbuir partes de tu cuerpo en él, pero después también puedes aprender a extenderlo e imbuir tus armas. Ahora sí que podemos comenzar con el entrenamiento. De momento no vas a necesitar tus armas así que puedes envainar tu katana. Ya sabes cómo expandir tu haki, así que tienes un buen trecho del camino ya recorrido —mientras decía esto, se sentó en el suelo cogiendo una de sus cervezas para abrirla y darle un trago. Fruncí el ceño. Si empezaba tan pronto, me iba a salir caro. —¿Y se puede saber cómo se hace eso de imbuir partes de mi cuerpo? —quería que fuese al grano y que no tratase de engañarme con explicaciones largas, aburridas y que le permitiesen beber más de una lata de cerveza. Después de un largo trago que pareció disfrutar especialmente por mi impaciencia, comenzó con la explicación y no se fue por las ramas, lo cual agradecí. —Ya sabes cómo concentrarte y canalizar tu haki. Tan solo tienes que concentrarte de la misma forma que lo haces cuando utilizas el haki de armamento, esta vez tienes que lograr distribuirlo a la zona concreta que desees y, no solo eso, también conseguir que sea más potente. Para ello, nos podemos saltar la parte de dirigir el haki, eso lo conseguirás fácilmente con el conocimiento que ya tienes. Lo que debes hacer ahora es endurecerlo más aún y para eso… —dijo volviendo a llevarse la lata de cerveza a la boca para terminarla de un solo trago —tienes que resistir mis golpes. Es muy sencillo, yo toco primero la parte donde te voy a golpear y luego te golpeo. Tienes que ser rápida para dirigir tu haki hacia esa zona. Ya sabes cómo golpear con él, pero no como defenderte, así que vamos a centrarnos en eso, ¿Te has enterado?
Asentí con la cabeza sin estar demasiado convencida. Estaba dispuesta a aceptar cualquier tipo de entrenamiento por duro que fuese, pero no me gustaba la idea de recibir golpes de forma gratuita. Estaba pensando en cómo poder afrontar el entrenamiento cuando él se precipitó para comenzarlo. No dijo nada más, no hubo ninguna charla, simplemente extendió su dedo índice y me tocó el hombro izquierdo. Más le valía no pasarse con el sobeteo. Justo después, llevó su puño hacia atrás, lo cual indicaba que ahora era cuando venía el golpe. Casi no me dio tiempo a reaccionar. Estaba convencida de que logré activar mi haki, pero no pude dirigirlo hacia esa zona, así que simplemente recibí un puñetazo en el hombro que me dejaría un morado. No le di el gusto de quejarme, permanecía en silencio, aunque molesta por lo rápido que había comenzado en entrenamiento. No estaba preparada. Antes de que dijera nada, volvió a señalarme, esta vez a mi muslo derecho. —Espera. Dame unos segundos para concentrarme —le pedí para que el entrenamiento diese sus frutos y no se convirtiese en un juego de apalearme. Él asintió, se colocó en posición para asestar el golpe, pero se quedó quieto. Aproveché ese momento para activar mi haki y tratar de dirigirlo hacía esa parte de mi cuerpo. No estaba demasiado convencida, no sentía que mi pierna fuese más dura ni veía que se hubiese oscurecido como su brazo cuando me mostró cómo funcionaba aquel haki. Él tenía que verlo también. Seguro que sabía que no estaba dirigiendo el haki de la forma correcta, pero eso no le detuvo y volvió a golpearme en el muslo. No tardé en reponerme cuando él tío se giró para coger otra lata de cerveza y comenzar a beber. —Esto va para largo y golpear da mucha sed —dijo antes de señalarme la boca del estómago.
Tal y como dijo, el entrenamiento se alargó hasta casi el anochecer. Sentía todo mi cuerpo dolorido. La parte buena de que se hubiese pasado todo el día bebiendo era que sus golpes cada vez iban perdiendo más fuerza. Sin embargo, el constante martilleo de sus puños contra mi cuerpo había hecho mella en mí. Ya no sabía si quedaba alguna parte de mi cuerpo en la que no fuese a salir algún morado. Comenzaba a pensar que esto no era un entrenamiento, sino una forma de torturarme y obtener bebida gratis. Una vez más, me señaló, esta vez a la cara. Era una zona que me fastidiaba especialmente, pero me negaba a esquivar el golpe. Fruncí el ceño, harta del entrenamiento y de solo recibir golpes. Cuando echó el puño hacia atrás sentí un cosquilleo. Esta vez algo era diferente. Cuando su puño impactó en mi cara, no sentí nada. Él pareció sorprendido en el buen sentido. Hasta ahora pensaba que disfrutaba golpeándome, pero ahora veía que no. —Qué ven mis ojos. Al final lo has conseguido —dijo pronunciando con dificultad. No sabía si alegrarme por mis progresos o lamentarme por mi bolsillo. Lo único que hice fue llevarme la mano a la cara para ver si notaba algo diferente. Estaba bastante más firme. Sentía que nada podría hacerme daño si me golpeaba en ella, aunque sabía que era tan solo una sensación y que un golpe lo suficientemente potente sí que podría lograrlo. El problema era que había reaccionado de forma instintiva y que no estaba segura de poder volver a repetirlo. —¿Quieres volver a intentarlo? —me preguntó como si me hubiese leído la mente—. No, creo que ya lo tengo —le contesté tras reflexionar y darme cuenta de que ya tenía la clave y que con un poco más de práctica podría llegar a dominarlo sola sin necesidad de más golpes. No hacía falta imaginarlo, había una forma de comprobarlo. Me miré la mano e intenté concentrar el haki en ella. Al principio no pareció dar resultado, pero al recordar la sensación que anteriormente había experimentado, algo se encendió en mi interior. Noté cómo se expandía hasta mi brazo e, inmediatamente después, este se volvió negro. Finalmente, tantos golpes habían valido la pena, pero yo solo podía pensar en una cosa. —Genial, ya puedes parar de beber porque a partir de ahora no pienso pagar nada que te lleves a la boca.
Él se limitó a asentir, satisfecho con su pago, y más le valía. Durante todo el día se había conseguido beber casi todo lo que había traído. No quería que ese hecho ensombreciera mi gran triunfo. Ya estaba un poco más cerca de conseguir mis objetivos. Aquella isla iba a conocer quiénes éramos y encontraríamos a Yamamura. —Gracias por todo —le dije de repente al recordar que podía haberle pagado, pero no le había mostrado gratitud. Nada le obligaba a enseñarme a dominar el haki de armamento y, aún así, lo había hecho. A mí me podía haber costado algunos berries, más de los que me gustaría, pero este conocimiento ya permanecería conmigo para siempre. Incluso podría transmitírselo a los demás miembros de la banda, si es que no lo habían aprendido por su cuenta estos días. Algo que había aprendido de ellos era que, a pesar de sus excentricidades, eran trabajadores y no iban a descansar hasta alcanzar sus propias metas. —Un placer —fue lo único que dijo antes de coger la burbuja en la que había traído todas sus bebidas para largarse con ella —. Ya que esto está comprado y apenas queda no vamos a malgastarlo, así que me lo llevo como parte de mi pago. No te olvides de seguir entrenando por tu cuenta.
Tras estas palabras, dio media vuelta y comenzó a caminar para adentrarse en el bosque a trompicones. Seguramente estaba acostumbrado a beber y tampoco le conocía tanto como para preocuparme, ya me había enseñado todo lo que tenía que enseñarme y eso era lo importante, así que dejé que se fuera y yo también comencé a caminar hasta el hostal en el que nos hospedábamos. Quería descansar, tumbarme en la cama y no despertarme en muchas horas, pero sabía que primero iba a tener que tratarme las heridas. Cuando me encontrase mejor ya compartiría mi alegría con los demás.
![[Imagen: 8Rsjucn.png]](https://imgur.com/8Rsjucn.png)
