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[T1 - P.Absoluto] - Un nuevo inicio - Parte 1 - Versión para impresión

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[T1 - P.Absoluto] - Un nuevo inicio - Parte 1 - Panko - 16-01-2024

Dia 47 Otoño - Año 11 - Reino de Illisia


Panko había navegado por las aguas del West Blue con la misma pasión que guiaba sus pasos en tierra firme. Cada isla era una nueva oportunidad para descubrir sabores únicos, panes y bollos que reflejaban la diversidad de las culturas locales.
En una isla pesquera, probó panes rellenos con mariscos frescos, mientras que en una isla montañosa disfrutó de bollos esponjosos con miel de las colmenas cercanas. Cada panadería y puesto callejero ofrecía una experiencia culinaria diferente, y Panko, con su libreta en mano, registraba meticulosamente cada descubrimiento.
Las historias de las personas que encontraba durante su viaje también enriquecían su travesía. Conocía a panaderos apasionados que le compartían secretos centenarios y aprendía sobre las tradiciones locales que influían en la creación de cada pan. En algunas islas, participaba en festivales donde la comunidad se reunía para celebrar el arte de la panadería, intercambiando recetas y compartiendo risas alrededor de un horno de barro.
Sin embargo, cada aventura llega a su punto de retorno, y Panko, con su libreta llena de experiencias y su corazón lleno de sabores inolvidables, decidió emprender el viaje de regreso a casa. Navegó con nostalgia, llevando consigo el conocimiento y las recetas recopiladas en su periplo por el West Blue. 
A medida que se acercaba a las aguas familiares, Panko reflexionaba sobre el viaje que lo había llevado a través de tantas experiencias y lugares. Sabía que su regreso sería un reencuentro con su familia y con el pueblo que siempre había considerado su hogar, pero también llevaba consigo la riqueza de las culturas que había explorado y los sabores que se convertirían en parte de su identidad como panadero.
El horizonte del hogar se dibujaba en el horizonte, y mientras el barco de Panko se acercaba a la costa conocida, se preparaba para compartir con su gente las historias y los sabores que había descubierto en su travesía. Aunque su viaje no había terminado aún, pues su misión era recorrer todos los mares en busca de más sabores, pero habiendo viajado por todo el mar al que tenía acceso, decidió parar por casa una última vez antes de partir hacia la Grand Line.
<Papá, mamá, que ganas de veros y contaros todo lo que he visto...> el muchacho se sentía orgulloso del viaje que había hecho, pues había conocido a mucha gente interesante, probado muchos tipos de panes y bollos, y sobre todo había conocido otras culturas e islas. Había crecido como persona, un viaje así cambiaba a cualquiera, aunque realmente, Panko seguía tan risueño como siempre. Lo que no se esperaba, es que ese mismo día, esa sonrisa se borraría lamentablemente de su rostro.



El pequeño barco de Panko navegaba con suavidad hacia el puerto familiar, las aguas conocidas del West Blue acogían su regreso. El sol descendía en el horizonte, pintando el cielo con tonalidades cálidas que reflejaban el espíritu reconfortante del hogar. Panko, de pie en la cubierta, observaba con nostalgia las siluetas familiares del puerto que se perfilaban a medida que se acercaba.
Al atracar su barca en el puerto, una mezcla de emociones invadió a Panko. Por un lado, la alegría de volver a casa después de meses de exploración; por otro, la melancolía de despedirse de las innumerables experiencias que había vivido en el West Blue. Se aseguró de amarrar su barco con cuidado, como si cada nudo fuera un vínculo con los recuerdos que traía consigo.
Con su mochila al hombro y la libreta de apuntes en la mano, Panko cruzó el muelle y se dirigió a paso ligero hacia su hogar. El sendero familiar le resultaba tan acogedor como siempre, y la brisa salada del mar le recordaba que estaba de vuelta en su querido pueblo.
A medida que se acercaba a su casa, la emoción crecía en su pecho. Planeaba sorprender a su familia con historias y recetas que habían tomado forma durante su travesía. Visualizaba la cálida bienvenida de sus padres y el bullicio de la panadería familiar al reabrir sus puertas después de su ausencia.
Sin embargo, mientras avanzaba por el camino antes de llegar a su hogar, una nube de humo se cernía en la distancia.
<¿Eh? ¿Humo?> Frunció el ceño, preocupado por lo que podría estar sucediendo. Aceleró el paso, su corazón latiendo con inquietud a medida que se aproximaba.

Panko, con la libreta apretada contra su pecho, corrió con desesperación hacia la panadería familiar que ardía en llamas. <¡LA PANADERÍA!>Sus piernas eran más fuertes que de costumbre, dando zancadas como nunca antes lo había hecho. El resplandor del fuego iluminaba la oscuridad de la tarde, y el calor sofocante aumentaba con cada paso. Gritos de angustia de los vecinos llenaban el aire, pero la ausencia de voces familiares lo llenaba de un temor indescriptible. 
Al llegar, la visión era devastadora. - ¿¡PAPÁ!? ¿¡MAMÁ!? - Las llamas, insaciables, devoraban la madera que conformaba la panadería que había sido su hogar desde siempre. El corazón de Panko latía con fuerza, y la impotencia se reflejaba en sus ojos al no encontrar rastro de sus padres. La libreta, ahora manchada por el humo y las lágrimas, apenas se sostenía entre sus manos temblorosas.
Panko, sin pensarlo, se sumó a la frenética lucha por apagar el fuego, aunque la cruel realidad le pesaba en cada acción.
Sacó fuerzas de su interior, como nunca antes lo había hecho, y se integró en las llamas con la convicción de salvar a sus padres en caso de que siguieran allí dentro. 
Cada madera apartada era un intento desesperado de salvar no solo la panadería, sino también la esperanza de encontrar a sus seres queridos con vida. Tras unos minutos donde Panko luchaba por su vida tanto como por la de sus padres, salió de entre las llamas sin nada más que la ropa quemada, y la cara llena de lágrimas. El tiempo parecía detenerse mientras las llamas seguían, y la posibilidad de una tragedia indeseada acechaba en la penumbra del humo. Llegaron algunos marines del pueblo para intentar ayudar, y entre estos, los vecinos y Panko siguieron intentando apagar el fuego hasta que solo quedaron ascuas y algunas pequeñas llamas controladas.
Panko, entre lágrimas y el clamor de las llamas, buscaba desesperadamente alguna señal de sus padres entre los escombros chamuscados.
Finalmente, cuando el último rescoldo fue sofocado, el silencio que se instaló en el aire pesaba como plomo. Panko, con la mirada perdida en las ruinas, se dio cuenta de que la panadería, que alguna vez representó su felicidad y seguridad, ahora era un testigo mudo de una pérdida irreparable.
La libreta, que había sido su compañera en tantas aventuras culinarias, ahora se convertía en un símbolo de las historias que jamás podría compartir con quienes más amaba. La nube de humo que una vez simbolizó el caos ahora se disolvía, dejando atrás un paisaje desolador y la sombra de un futuro incierto.
Panko, arrodillado entre las ruinas, abrazaba la libreta con fuerza, sus ojos reflejando una mezcla de dolor y determinación. La vida, de repente, le había arrebatado lo más preciado. Uno de los marines se acercó al chico con la gorra entre las manos. Panko no le estaba prestando ninguna atención a este, pues estaba completamente bloqueado por la situación. Dejándose llevar por el marine, este le acompañó hasta la base de la marina de la isla, donde le atendieron lo mejor posible.


Tras un ligero tratamiento de las heridas del muchacho, el mismo marine que le trajo hasta la base se le acercó de manera apesadumbrada. 
El marine extendió sus condolencias a Panko, expresando su pesar por la tragedia que había caído sobre la panadería. Le explicó que, según las investigaciones preliminares, se sospechaba que el incendio había sido provocado por piratas que ya se habían enfrentado a otro grupo de marines de la isla. La noticia golpeó a Panko como un mazazo, y sus ojos se llenaron de incredulidad y tristeza.
La conversación entre ambos era sombría y llena de preguntas sin respuesta. El marine compartió detalles sobre el enfrentamiento anterior y la posible conexión con los responsables del incendio. Panko, con la libreta aun entre sus manos, asimilaba la impactante realidad de que no solo había perdido su hogar, sino que sus padres podrían haber caído víctimas de la violencia de estos piratas. Había pensado en la posibilidad de que el incendio se debiera a algún fallo en el horno, pero esto era mucho peor. 
A medida que el marine proporcionaba información, Panko se debatía entre la tristeza y la frustración. Sin embargo, la chispa de resiliencia que había surgido entre las cenizas comenzó a encenderse más fuerte.
Panko, con determinación en la mirada, agradeció al marine por la información y prometió colaborar en lo que pudiera para buscar respuestas y justicia. El dolor se mezclaba con la voluntad de honrar la memoria de sus padres y contribuir a poner fin a la amenaza que los piratas representaban para su hogar y su comunidad.

El marine, agradecido por la intención de Panko de colaborar, pero consciente de los riesgos y limitaciones que implica la participación de un civil, le explicó con seriedad que no puede permitir a alguien sin entrenamiento militar se involucre directamente en la caza de piratas. Sin embargo, Panko, con la determinación ardiente en los ojos, toma una decisión que cambiará su destino y su propósito de vida.
Convencido de hacer todo lo posible para evitar que más familias sufran como la suya, Panko, con la libreta firmemente agarrada, se dirigió hacia la entrada del cuartel. Aunque su experiencia anterior estaba arraigada en la creación de panes y delicias, ahora su motivación estaba marcada por un nuevo objetivo: proteger a la gente y luchar contra la amenaza de los piratas.
- Soy Panko Dipagnotta, panadero, y quiero ser un Marine. 

Fin de la primera parte.


RE: [T1 - P.Absoluto] - Un nuevo inicio - Parte 1 - PX-5 - 16-01-2024

AVENTURA AUTONARRADA T1 - COMPLETA

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