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[Auto T3] - Cambios - Versión para impresión

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[Auto T3] - Cambios - Joe - 03-01-2024

Isla Toko
Año 11 - Otoño
Día 3 - 11:07


Isla Toko ha sido una montaña de emociones.

Empezando por lo más doloroso, enterrar al joven Minato. Nunca supe de donde venía, no sabía nada de su familia, me hubiera gustado poder enterrarle en un sitio mejor para él, pero las circunstancias eran las que eran y no podía hacer nada. Lo único que pensé es en darle un entierro digno, aunque fuera con sus compañeros. A su vez, el grandullón de Taka, el cual conocí poco, pero ese poco me sirvió para saber que era un guerrero con honor y mucha fuerza, jamás olvidaré como me abrió los ojos de lo grande que es este mundo. Por desgracia, esto fue cosa de dos, y el otro fue Sohem. Arrogante y maleducado a más no poder. Se encontraba también en isla Toko, pero a saber donde estaba, me daba un poco igual, se llevó su recompensa por todo lo que pasó desde los cabos gemelos hasta tocar tierra en el Grand Line. Espero que, aunque fuera un pirata con un cartel de recompensa, lo entregase sano y salvo en algún sitio, Sohem no es que trate especialmente bien a las personas.

Por otra parte, Vulkan. Ha desaparecido, no sabemos nada de él, es como si la tierra se lo hubiera tragado. La última vez que estuvimos con él fue al desembarcar en Toko, y se le notaba extraño, confuso, raro, desorientado. No era el Vulkan de siempre, lleno de energía, intenso y con mucho espíritu. Eso es lo que más me preocupa, estaba mal y no supe el porqué y tan solo desapareció de allí ¿Y si fue por mi culpa? ¿Algo que dije o hice? No servía darle vueltas a estas alturas, solo esperaba con todo mi corazón que estuviera bien y a salvo. Luego, el encontronazo con Viktor, el cual empezó tenso y difícil de controlar, pero que al final todo resultó en un malentendido, aunque más adelante pude sentir en mis carnes el filo de su katana con su falsa traición. Poca broma, casi no lo cuento, desde luego era un hombre fuerte. Aquella misión fue totalmente una decepción para mí. No pude terminarla como me hubiera gustado. Mi cometido era acabar con la banda de los Dalton y yo caí al suelo completamente derrotado por aquella jirafa que se inmoló completamente, tan solo para ver cumplir el sueño de su dueño, Blackmore. Vale que Viktor sí que se llevó lo que quería, pero yo no, no cumplí ni cerré la misión. Fue un golpe duro para mí ¿Acaso no estaré preparado? Era algo que rondaba mi cabeza continuamente, y lo pienso ahora que estoy en la habitación del hostal, recuperándome de lo sucedido, sentado encima de la cama, con las manos en la cabeza, totalmente a merced de mis pensamientos más dañinos.

Al menos, no todo iba a ser malo. En nuestra estancia de isla Toko, Karl y Sephi parece ser que consiguieron unirse algo más, no una exageración, pero sí algo más. Me contaron lo que hicieron con los esclavistas, estaba muy orgulloso de ellos. Se estaban volviendo fuertes y eso me tranquilizaba en cierto aspecto. Luego la incorporación de Daisen, el cual era más mayor que yo - no solo en tamaño - pero podría tener esa experiencia que yo no tengo para algunas cosas, y no hablo de la Marina, sino de la vida en general, era un buen soporte por el cual me sentía arropado. Y por último, Tenma e Ikirami, dos jovencitos que se han añadido en el último momento. Tenma de una manera muy directa y sorpresa, quería ser mi mano derecha ¿Qué habría visto en mí? Tan solo soy un número más en la marina, pero espero que al menos consiguiera trasmitirle algo positivo y de aprendizaje. Lo mismo para Ikirami. Cierto es que ella ya ha sido reconocida por una labor realizada en el West Blue, no sé qué es lo que haría, pero desde luego para salir en el periódico y querer mandarla a tierras más peligrosas, su mérito tendría. Pero de nuevo, tenía a 2 personas más a mi cargo, en enseñarlas, y lo más importante, protegerlas a cualquier costo. Es una carga que pesa mucho en mis hombros. Ya perdí a Minato, delante de mis ojos, y no pude hacer nada. No quería volver a pasar por lo mismo. No soy ningún héroe de los cabos gemelos. No soy nada. Pero la gente confía en mí por alguna razón que no entiendo, y eso me supera totalmente. Tengo en mi grupo gente con mucha energía, con sueños, aspiraciones, y si les pasa algo no me lo perdonaría jamás. Pero tenía que dejar de pensar en ello, no podía comerme más la cabeza. Simplemente, tenía que seguir hacia adelante y hacerme más fuerte para protegerlos.

Necesitaba una ducha con agua fría. Procedí a quitarme la ropa y meterme al cuarto de baño de mi habitación, solamente con una toalla a mi hombro. Abrí la mampara, me metí dentro, y encendí el agua lo más fría que se pudiera. Levanté la cabeza, mirando fijamente al techo durante unos segundos y a continuación cerrándolos, dejando que el agua simplemente cayera. Me mantuve así tan solo un minuto, pero para mí fue mucho más tiempo, como si hubiera estado horas meditando tranquilamente, solamente yo y mi mente en blanco. Abrí los ojos lentamente, el frío recorría todo mi cuerpo, como si estuviera congelado, inmóvil, pero mi mente seguía funcionando, pude mover el cuerpo y responder ante los estímulos. Primero, levantando ambos brazos hacia arriba, luego hacia delante, cruzando los dedos de ambas manos, crujiendo los nudillos, para acabar inclinando mi cuerpo tanto hacia la derecha como la izquierda. Me encontraba bien, estaba concentrado, así que solo procedí a terminar la ducha lo más rápido posible. Tras salir con la toalla atada a mi cintura, me fui delante del espejo, y observé mi reflejo con atención, por desgracia, lo que más destacaba era la gran herida que Viktor me hizo con su katana. Aún dolía un poco, chasqueé la lengua. En ese momento, recordé uno de los momentos que pasé en Isla Toko, especialmente con Karglass, la cual me confesó que quería adoptar un pequeño gatito negro que se encontró sin hogar ni familia, Joseba. Tras eso, me suplico, junto a Ikirami, que lo aceptara en el grupo, como si fuera uno más. No hay nada de raro en ello, al fin y al cabo, cualquiera puede pensar que es lo normal, pedir permiso a un superior por algo. Pero lo que realmente rondaba mi cabeza era la manera en la que Karl me lo pidió. No sé si lo hizo adrede o no, pero parecía que no confiaba totalmente en que fuera a decir si a una acción tan noble y humana como es salvar la vida de un animal indefenso.

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Ahí me cuestioné muchas cosas. Que una persona que no me conociese de nada, entiendo que pueda pensar que sea una persona seria, a la que no le gusta hablar o relacionarse ¿Pero mis propios compañeros? ¿Encima Karl? La cual siempre he tratado lo mejor que he podido para que confiase en mí. Apoyé las manos en el lavabo y me miré fijamente, observando mi reflejo en el espejo - ¿Quizás... un cambio de imagen? - Dije levemente, intentando buscar cuál sería la manera correcta para que mis compañeros me vieran como una persona amable. Está bien ser serio cuando el momento lo requiere, pero que todos pensasen que soy serio, incluso en los momentos que hay que reír o estar más desinhibidos era algo que se me hacía bola. En aquel baño del hostal no faltaba de nada, tenía hasta el último utensilio para el aseo personal. Me fijé que había un kit completo para el afeitado de la barba. Me miré de nuevo al espejo. Ahora mismo estaba tranquilo, sereno, más calmado, pero no podía verlo en mi reflejo. Realmente las sensaciones que mi rostro daba eran de seriedad continua, negatividad y frialdad - ¿Quizás por esto mis compañeros me tratan así? - Pensé. Gran parte de culpa la tenía mi barba. Desde mi niñez, Spike era la persona que siempre estuvo conmigo, y ya en la adolescencia, cuando empezó a salirme bello facial, siempre me decía lo mismo una y otra vez - ¡Déjate la barba larga, Joe! ¡Así es como un hombre es respetado! - Se me metió tanto en la cabeza que era algo que tenía asimilado en mi pensamiento. Siempre me mantuve muy firme a las enseñanzas de Spike, absolutamente en todo, hasta en el detalle más tonto. Pero por primera vez, empecé a darme cuenta de que estaba en desacuerdo en algo. Un hombre no es respetado por su apariencia física, si no por sus actos y sus acciones hacia los demás. Ese era el respeto que quería tener por parte de los míos, y no ser una fachada de seriedad a todas horas. Así que, sin más dilaciones, me puse manos a la obra. Cogí las tijeras de barbero y empecé a recortarme la barba, poco a poco y con cuidado, llegando a quitar toda la parte más frondosa de esta. A continuación, eché la crema de afeitado en la brocha para extenderlo alrededor de la boca, seguido de la navaja para afeitar, procedí a quitar bien todo lo que la crema había tapado. Algún arreglo que otro en otras zonas, como las patillas, y ya estaba terminado todo. Me eché agua por toda la cara para así quitar la espuma y pelo sobrante que hubiera por la zona, me restregué bien con las manos y luego con la toalla, poniéndome recto frente al espejo. Comencé a bajar la toalla lentamente hasta por fin poder el reflejo de mi cara en el espejo.

Hacía bastante tiempo que no me veía así. Demasiado tiempo diría yo. La última vez que tuve menos barba fue antes de la muerte de Spike. Empecé a entender un poco todo. A raíz de ese suceso fue cuando me volví más serio, más frío. Tanto que llevé a rajatabla cada una de las enseñanzas de Spike sobre mi persona. Algunas realmente eran muy buenas, pero otras muchas muy estrictas. Pero no era momento de pensar en aquello. Ahora mismo solo pensaba en una cosa, y es como me verán mis compañeros así. En especial Karl. Siempre me veía como un superior, como alguien que solo sabe dar órdenes e indicaciones. Puede que sea su superior, pero para mí, primero está la persona y la amistad, y luego el trabajo. Lo mismo para el resto de compañeros. Quiero que me vean como alguien en quien confiar, en el que se sinceren sobre lo que piensan. No quiero que vean... al falso héroe de los cabos gemelos.

Recogí todos los utensilios de afeitado, no sin antes lavarlos bien y dejarlos limpios. Salí del baño directo a la silla donde tenía la ropa de la Marina de repuesto que recogí del barco que vino cuando se me informó de la misión de los Dalton. Me vestí completamente, arreglándome bien, ajustando las mangas de mi camisa para, acto seguido, ajustarme los botones del cuello, pero... paré. Decidí dejarme el cuello suelto, para dar un toque de frescura y diferente a mi nuevo look. Añadido al calor que hace en Toko, no me vendría mal - aunque pasar calor es algo que soporto muy bien de por sí - Salí de la habitación, cerrándola con la llave y pasando a continuación por la recepción, donde estaba la adorable anciana dueña de todo aquello. La saludé como siempre, de manera normal y simpática, pero su reacción fue un tanto rara, como si no me conociera. Supongo que era algo normal, puesto a que mi cambio físico era bastante notorio. Salí del hostal directo a la calle, me apetecía dar un paseo. No pensé en querer avisar a mis compañeros de todo esto, simplemente cuando llegase el momento, ellos mismos verían el cambio en mí, pero yo también tenía que demostrárselo. Quería que confiaran en mí más, no como su "superior" o "comandante", si no como su compañero... Y porque no, como su amigo.


RE: [Auto T3] - Cambios - PX-1 - 03-01-2024

Aventura Tier 3 Autonarrada Completada


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