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Beyond the Wheel | Pasado - Hasegawa Shin - 25-09-2026 Día 82, Primavera. Año 17.
Hora: 16:32 Los transeúntes se reflejaban en el cristal de sus gafas oscuras, uno tras otro continuando con las típicas rutinas que mantenían a un pueblo vivo tanto en productividad como en su propia apariencia. Hasegawa no los observaba, y de hecho la forma en que parecía estar dormido en su puesto de vigilancia volvía disonante la pequeña escena cercana a la entrada de Baquella, pues al albino no le importaba aparentar ser un marine hecho y derecho, sonriendo o transmitiendo seguridad a los civiles a su alrededor. Sus orbes cerúleos, teñidos de cansancio, se ocultaban a la perfección, fijos en el suelo mientras intentaba estar atento al resto de sus sentidos por si sucedía algo. La cabeza se mantenía gacha, con su espalda apoyada en una pared perteneciente al comercio donde solía comprar el pescado que utilizaba en sus comidas diarias, y desde él sólo se podían distinguir suspiros intermitentes, encarnando en su máxima expresión el pecado de la pereza, al menos visto desde una perspectiva externa. Porque por dentro, nunca le desearía sus pesares a nadie. Y a veces consideraba que era mejor estar muerto. Agitó esas ideas sacudiendo la cabeza, abandonando el soporte a su espalda y enderezándose, primeras señales de movimiento en un largo rato, y no era para menos, quedarse quieto o renunciar a los estímulos que habitualmente solían llenar su mente lo terminaban llevando a recuerdos crueles sobre un pasado que prefería disolver entre sus manos. Cicatriz eterna en su corazón, que vino acompañada de una serie de ideales por los cuales estaba obligado a seguir viviendo, buscando la libertad del mundo, que todos puedan ver... —¡No... puedo quedarme!
Súbitamente, su atención se vio redirigida a un pequeño callejón por donde también se podía entrar al pueblo quitando las entradas principales. Demasiado agudo como para adjudicarlo a una persona adulta, eso hizo que el albino se moviera hacia la zona con bastante prisa, ondeando la chaqueta oversized con los logos de la marina recubriendo el uniforme veraniego, porque todavía existían algunas brisas frescas de la primavera, aún y si el verano iba anunciando su llegada en los días más próximos. No tardó en llegar debido a las distancias, siendo ese el motivo que lo hizo prescindir de su fruta al menos por el momento, especialmente al considerar que no la controlaba al cien por ciento, y lo que vio frente a él se convirtió en una escena que gritaba a los cuatro vientos la necesidad de su intervención; Un niño, aparentemente se chocó con una mujer en la salida de aquel callejón, cayendo de inmediato al suelo, prácticamente sentado sobre el susodicho. Eso en principio no daría a entender ningún tipo de idea rara, el problema radicaba en la herida sangrante sobre la sien izquierda en el menor y una bolsa de tela negra que aferraba contra su pecho. Además, el miedo en sus ojos no se iba, irrumpiendo en él con más profundidad al detectar los pasos acercándose del marine. Prácticamente se ocultó detrás de la mujer, pronunciando nuevas palabras al margen de sus jadeos expresando cansancio y terror. —¡V-vete! ¡Y-yo no hice nada malo! —ocultó detrás de sí los objetos resguardados que le llegó a ver antes, y eso consiguió que el marine ladeara la cabeza, aún centrado por completo en el joven y su herida. —Eso lo decidiré yo, pequeño. —se señaló a sí mismo, simulando una voz más grave de la que habitualmente utilizaba, aunque el personaje no le duró mucho tiempo, ya que terminó soltando aire desde la nariz ante la reacción del azabache, conteniendo una carcajada. —Descuida, es una broma. —la breve pausa confirmó lo que temía; eso no lo relajó. —Además de marine, soy médico. No sé qué es lo que te pasó, pero podrás contármelo mientras trato esa herida de tu cabeza. —durante esos instantes, recordó a Nyra. Imaginaba cómo actuaría ella con los infantes, su tacto cálido y particular le permitían una mejor cercanía con los susodichos, sin embargo, él... carecía de ese talento, sólo podía cumplir el rol de payaso. —No hay tiempo, yo... —miró hacia el callejón, luego otra vez a las gafas del albino, quien ni siquiera pudo hacer el ademán de acercarse o ponerse a su altura, intentando atravesar la defensa humana que representaba la mujer. —...debo irme. —confirmó finalmente. —De acuerdo, de acuerdo, podemos irnos a otro sitio. Pero después de que revise por qué estás sangrando. —insistió, muy a pesar de que el niño ignoraba esa prioridad impuesta. Al final, el albino suspiró con pesadez, rascando su zona cervical y rindiéndose ante la cabezonería del más joven, en ese instante se quitó las gafas de sol, guardándolas en el interior de la chaqueta y observó directamente a los ojos a la otra adulta en aquella escena, exponiendo así sus orbes cerúleos —¿Te importaría darme una mano? —preguntó en un tono relajado, casi divertido, tratando de mantener el ánimo elevado a pesar de su mirada cansada, así evitando que la energía alrededor de las preocupaciones del chico empeorasen. —En otras circunstancias no tendría problemas con curar a ese pequeño diablillo a la fuerza, pero... —con su sonrisa habitual, algo egocéntrica y según a quien se le pregunte, carismática, se explicó —Sería descortés pasarte por encima. —confesó por fin, manteniendo intacta su cuota de payasadas y galanterías. Aunque la forma en que evitó profundizar demasiado en ello indicaba que realmente se estaba tomando la situación muy en serio, y no sólo le preocupaba la salud del niño. Quería saber de qué estaba huyendo. |