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Una bestia al acecho del mundo [Pasado - Fic] - Mika Reze - 18-09-2026 66 de verano / Año 16
Su camino comienza en la zona más alejada del río, donde las viviendas son más firmes, la comida más deliciosa y nutritiva, y las personas gozan de una vida que ya quisieran muchos otros a lo largo y ancho del mar. Ahí es donde, una muchacha que destaca por sobre el resto, corre a toda prisa. Debido a su tamaño, muchos voltean a mirarla. Por más que pasen los años, sigue sorprendiéndoles su presencia. Si bien en el pasado la miraban con odio y temor, en la actualidad, la historia es diferente. No se puede aseverar que la quieren, pero han aprendido a tolerarla. Ayuda mucho que la jovencita cuente con la protección de una pareja respetada de la isla. De no ser así, seguiría viviendo huyendo y escondiéndose. Incluso las personas más desafortunadas, destinadas a criarse en la oscuridad, observan el sol salir alguna vez. Podría quedarse ahí y estar tranquila, pero por mucho que aquellas personas que la adoptaron se esforzaron en educarla para pertenecer a ese sector de la sociedad, lo cierto es que ella siempre supo que ese no era su hábitat. Ser una chica de clase alta que viste vestidos lindos y floreados era todo lo opuesto a lo que sentía que debía presentar. Por supuesto, ha decidido vivir como ella quiere. Ser libre es su estilo de vida. Y lo será hasta el día en que muera. Sus pasos hacen retumbar el suelo. Es mucho más grande que los humanos promedios, y en vez de esforzarse por pasar desapercibida, llama la atención. Ríe fuerte mientras corre, incluso canta, permitiendo que todo aquel que se encuentre cerca se maraville con su tono de voz, quiera o no. Hakuna matata, una forma de ser…
Hakuna matata… ¡Nada que temer! Sin preocuparse es como hay que viviiiir A vivir así Yo aquí aprendí ¡Hakuna matata! Entrar en la selva puede ser un desafío para algunos. Para otros, el desafío de sus vidas. Para Mika, la aventura diaria que no puede dejar de vivir. Palmotea los troncos de los árboles, acaricia las flores, da vueltas mientras avanza como si representase la más bella de las danzas. Sol, viento, naturaleza. Todo unido le fascina. — ¡Amo esto, bobis! — Incluso se detiene a acariciar a todo animal que se encuentra en el camino. Hace globos con su goma de mascar favorita, explotándole en la cara y dándole más risa. Finalmente llega a la zona más cercana al río kilométrico que divide la isla, en donde también se encuentra gente más humilde, y también más humana. No de raza, sino de sentimientos… Bueno, ustedes me entienden. El tema es que aquí, Mika ha sido mucho más aceptada que en donde vive, por lo que disfruta viajando a diario hasta acá. Ciudadanos la saludan apenas la ven, le dicen lo linda que está. Ella responde los saludos, incluso le da un abrazo a uno que otro que ha sido amable en el pasado. Regalarle una fruta, darle una palabra de consuelo cuando estaba triste de más joven, todos esos detalles que de más pequeña no valoraba, pero que con los años ha aprendido a atesorar. — Me pregunto dónde andan esos bobis. Les dije que vendría a esta hora. Bueno, aparecerán tarde o temprano. Les encanta estar con alguien como yo. — Como siempre, tiene mucha confianza en ella misma, y por eso mismo es que hay cosas que no se toma a mal, como que sus amigos no estén recibiéndola. Hoy es un día especial. Ayer se percató en el puerto de la llegada de un barco pirata. ¡Era realmente hermoso! Desde hace años es que fantasea junto a su grupo sobre convertirse en piratas y lanzarse al mar a vivir cientos de aventuras, ¡pero no es nada sencillo! El tema es que decidió esperar a ver hacia dónde irían para luego echarles un vistazo. Cuando se percató de que siguieron hasta el centro de la isla, decidió ir al día siguiente. Tal como planeó, a unos diez metros de distancia, dentro de un modesto bar, se encuentra la banda. Ya quisiera ir hasta donde ellos y pedirles que la lleven con ella, pero, por muy egocéntrica que sea, su fanatismo por los piratas le supera. Además, ya tiene más que decidido que la travesía será junto a los suyos, no junto a extraños. Pepito, un niño de 12 años que conoce a Mika desde hace un tiempo, se le acerca al verla. Y cómo no percatarse de su presencia, si mide cinco metros. Todos están al tanto de que está ahí. — ¡Mika, Mika! ¿Los estás viendo? Son auténticos piratas. Incluso llegaron ondeando su bandera. ¡Fue impresionante! Sonriente, la buccaneer asiente enérgicamente con la cabeza, agachándose un poco para acariciar la cabeza del menor y revolverle el cabello, despeinándolo. Por la diferencia de porte, parecía que la mano le ahorcaba, pero ella se preocupa mucho por no hacer daño. — ¡Recuerda esto, Pepito! ¡Yo, Mika Reze, con mis amigos los bobis, seremos unos piratas realmente increíbles, mucho más que ellos! Algunos aldeanos se preocupan de que estas palabras puedan ser provocadoras para los piratas, pudiendo iniciar un pleito. Sin embargo, los guerreros del mar azul se percataron del tono de voz que usaba Mika, recordándoles a ellos mismos antes de empezar su viaje. No vieron en ella a una amenaza, sino a alguien con el mismo sentimiento que ellos. Por tanto, en vez de tomárselo a mal, alzaron todos sus jarras de sake mientras gritaban. — ¡ASÍ SE HABLA! Pepito ríe. Mika ríe. El mundo aún le espera. RE: Una bestia al acecho del mundo [Pasado - Fic] - Mika Reze - 25-09-2026 10 de verano / Año 17
— Me pregunto cuándo estará listo ese bobi. Ya me estoy cansando de esperar… Me está dando sueño… — La voz que se escucha es de una joven Mika de 17 años. Días atrás, salvó a un herrero de la isla que estaba siendo atacado por un grupo de ladrones. Fue justo en medio de sus paseos por la Selva Anozama. Para nada es una heroína que lucha por la justicia, pero aquel hecho atentaba contra la paz de los animales, por lo que decidió interceder. Le salió bien. Además de no costarle derrotar a los bandidos, quienes al verse en inferioridad de fuerza, salieron corriendo prometiendo venganza. El hombre atacado, que cargaba con un gran carro lleno de instrumentos, se mostró agradecido cuando la muchacha le ayudó a levantar todo e incluso empujó el carro hacia el destino deseado por el tipo. Durante el trayecto, hablaron de distintas cosas. Mika se caracteriza por ser una persona bastante extrovertida, por lo que no se cortó al hablar sobre sí mismo, incrementando su ego y dejándolo en evidencia. El tema es que logró transmitir la idea de que le gusta cantar, pero que solo lo hace para sus amigos. Eso sí, tenía la meta de poder alegrar a más personas con su voz. Ahí fue donde al herrero se le ocurrió una idea para agradecerle a la muchacha. Llegando al pueblo, le pidió que espere unas horas fuera del taller. Ella aburrida, solo se dedicó a cantar algunas canciones en voz alta mientras estaba recostada en el suelo mirando hacia el cielo. A su costado yace una alabarda de colores distintivos que le habían regalado tiempo atrás por su cumpleaños. La responsable fue una herrera que conoce desde años. Permitió que Mika le dé el diseño que ella quería. Cuando la puerta del taller se abre, Mika está durmiendo. Aunque, por el ruido, abre los ojos y se incorpora. Ante él aparece el herrero acompañado de otro hombre, uno con una apariencia muy diferente. Pues el primero luce fuerte, bien preparado físicamente. El otro aparenta ser más delicado, delgado, y con clase. Eso no importa. Lo clave aquí es el micrófono que lleva en la mano con el mismo diseño que su arma. Los ojos de Mika se ponen como estrellas a la vez que grita de emoción. — ¡ES INCREÍBLE! — Los dos hombres solo ríen. Resulta que el taller del herrero tiene profesionales de distintas áreas en el rubro de la creación de objetos. Por lo mismo, se le ocurrió la idea de pedirle a uno de sus compañeros que cree un micrófono para que la futura cantante pueda hacer llegar su voz a más personas. Además, se había percatado de la apariencia de su alabarda, inspirándose en ella para sugerir el diseño del micrófono. Mika tuvo que contener las lágrimas, pues a veces es algo sensible cuando le regalan cosas. Traumas de una muchacha que, en su infancia, no tuvo nada. Solo odio del resto. Desde ese día, Mika intenta cantar a donde fuera que vaya. Si hay pocas personas, solo usa sus cuerdas vocales. Si hay una multitud, se ayuda con el micrófono. El artefacto fue bautizado como “coral flama”. |