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Combate contra la bestia del océano // FIC Recolección // P.R. - Rackham Uker - 06-09-2026 Día 38 de Verano, Año 18
14:03
“Necesito cambiar, necesito ser más fuerte”
Se repetía esas palabras internamente mientras sus piernas lo llevaban rápidamente a través del archipiélago en donde Los Sepultura habían parado. Eros y Kiyoshi habían dicho, tras su pequeño viaje de investigación el día que llegaron, que la isla estaba formada por distintas masas de tierra, seguramente conectadas en lo profundo, pero que no podrían cruzar nadando ni siquiera aquellos que no cuenten con una fruta del diablo. Como hombre inquieto que era, Uker decidió comprobarlo por sí mismo. No era el simple hecho de moverse, su cuerpo y su mente le pedían un tiempo a solas, momentos para procesar sus pensamientos y acomodarlos, algún lugar donde no tuviera que dar explicaciones, y una isla tan solitaria parecía ser el sitio correcto. Sus pies se asentaban con fuerza sobre el verde prado, impulsándolo una y otra vez hacia un destino desconocido. Uno de sus brazos se movía al ritmo de sus piernas, acompañando su movimiento, el otro mantenía su mano apoyada en la empuñadura de una de las katanas que llevaba colgando de su cintura. Nadie parecía querer atacarlo, nadie, ni nada, parecía estar cerca, pero se había vuelto una costumbre mantener su guardia en alto, y ahora que podía notar presencias a su alrededor esa costumbre no se hizo menos para nada. Poder ver posibles peligros antes de que se vuelvan una verdadera amenaza era útil, sobre todo para el cometido con el que supuestamente salió del barco esa tarde: Cazar. Había dicho que necesitaba ingredientes, que sus reservas se estaban agotando, pese a que no habían consumido ni la mitad de lo que tenían en el barco. Finalmente llegó a un callejón sin salida. Sus botas se clavaron en la tierra en cuanto comenzó a detenerse, dejando un pequeño rastro de césped levantado y roto mientras bajaba la velocidad a la fuerza. Frente a sus ojos, uno de los “lagos” que separaban cada parte de la isla, al cual se acercó con solo un par de pasos para poder ver mejor. Podía ver la otra masa de tierra justo frente a él, pero era cierto que la distancia que los separaba era lo bastante grande como para no ser atravesada solo a nado. La profundidad también parecía suficiente como para no poder pasar a pie, por lo que empezó a preguntarse si acaso los locales tenían formas de cruzar. A lo lejos, en la zona frente a él, pudo ver a un animal. Una especie de reno, pero tan alargado que parecía una cruza extraña con un perro salchicha. Se le quedó observando un momento, apoyando una de sus rodillas en el suelo y su antebrazo en la otra. Su mano libre rebuscó en la tierra debajo de él, sacando un piedra , la cual lanzó haciendo que gire horizontalmente, logrando que rebote un par de veces en el agua. Su padre le había enseñado a hacerlo una vez que otros niños se burlaron de él por no poder lograrlo, cosa que le tomó todo una tarde hasta conseguir que una piedra pudiera dar dos rebotes. Estaba lejos de esos tiempos, lejos de esa isla, lejos de ese mar y lejos de los cuerpos que esas personas dejaron. Ya no era el mismo que en ese entonces, y aún así no parecía ser suficiente para destacar en este mundo donde ahora vive. Tomó otra piedra del suelo, pero antes de lanzarla notó que algo se movía en el agua. Entrecerró los ojos para poder ver mejor esa cosa, la cual comenzó a avanzar hacia su dirección en cuanto notó su presencia. Lo único que podía ver era una aleta, asomándose por sobre el nivel del agua, su mano que antes se apoyaba en su rodilla ahora fue a parar hasta una de sus katanas, dispuesto a desenvainarla de ser necesario. Ocupó también esa nueva habilidad que había aprendido en la isla del cielo, preparándose para detectar y conocer el aura de esa aparente amenaza, pero no hizo falta la violencia. - ¡Hola, extraño! -. Un hombre salió del agua, un hombre con características de animales marinos, con la piel rosada así como sus ojos, con sus escleras tan oscuras como el color de su cabello. - Es bueno ver una cara desconocida por aquí, los locales no suelen meterse en problemas -. Le sonrió, sin sacar su cuerpo al completo del agua aún, como si esperara que el cocinero se presentara. - Aja… -. Podía notar su aura, era mucho más grande que las de muchos que se pasearon por las calles de Shandora, con tonos púrpuras y azules que se combinaban en una maraña de electricidad. - ¿Acaso quieres algo de mí? -. Preguntó por fin el pirata, a lo que el desconocido solo se le quedó mirando, parpadeando un par de veces antes de responder. - Pues, veras… -. Se rascó la nuca mientras hablaba, como si lo que fuera a decir iba a darle vergüenza. - Mis hermanos y yo queremos pasar a uno de los otros islotes, pero un animal marino nos impide el paso, y tampoco queremos esperar a que las corrientes bajen -. Uker solo lo observó dar su explicación, sin emitir juicio ni opinión con sus palabras, pero claramente lo hizo con su mirada. - Vi a otro grupo por la isla, un grupo de gente que no es local, pero esos parecían muy enfocados en sí mismos… -. El gyojin cerró los ojos y llevó una de sus manos a la mandíbula, pensativo, volviendo a abrir los ojos para mirar al pirata. - Ya que pareces ser un solitario, pensé que podrías ayudarme y… - No hago favores -. Uker fue cortante, incorporándose y dándose media vuelta para comenzar a caminar de vuelta por donde había llegado. - ¿Eh? Espera, necesitamos ayuda, ¿no le darías una mano a alguien que pide por una? -. Uker simplemente se giró para verlo. Su aura le decía que era fuerte, tal vez tanto como Eros en su forma humana, no se le hacía sentido que un simple animal le de problemas a alguien así al punto de tener que pedir ayuda. Aún así, no podía notar rastros de mentira o malas intenciones con solo verlo, se veía como alguien puro. - Como dije, no hago favores… -. Tal vez podría sacar algo de esto, y de paso obtener un poco de entrenamiento. - Tendrás que pagarme por el trabajo -. El gyojin se lo pensó por un momento, antes de salir con una respuesta. - Los habitantes de un poblado cercano tienen una buena relación conmigo, pueden darte víveres en mi nombre y luego yo les pagaré. ¿Eso te parece suficiente? -. De nuevo un trabajo a cambio de ingredientes, no podía evitar recordar que esa misma situación se dio en la isla de Jaya. - Supongo que estará bien, pero la cantidad será en base a lo difícil del trabajo -. Dijo Uker, cruzándose de brazos, a lo que el desconocido aceptó levantando su pulgar y asintiendo con la cabeza. **************************************
Siguió al desconocido, quien se había dignado a salir del agua para guiarlo con más seguridad hacia donde se encontraba la amenaza mencionada. Recorrieron la isla durante varios minutos, Uker no temía decir que muy probablemente fue más de una hora, pero en un momento pudo sentir algo gracias a su recién adquirida habilidad. En el agua, frente a ellos, una gran masa de energía se movía de forma errática y sin aparente propósito. El aura era tan grande que podía tragar a una docena de hombres y aún así no podría ser acallada. Si eso que atacaba a los gyojins era tan poderoso, comenzaba a ver el porqué pedir ayuda incluso si era más fuerte que él. - Parece que ya lo viste -. Dijo el desconocido que lo llevó a ese lugar, en cuanto notó como Uker miraba fijamente el agua. - ¿Crees que puedes encargarte? Podrías hacer sushi con esas espadas que tienes -. Al decir esto, movió sus brazos de arriba a abajo, como si estos fueran espadas cortando algo. Uker simplemente lo miró por sobre el hombro, notaba como el otro hombre no se acercaba al agua, lo que sea que se encontraba ahí abajo debía enfrentarlo solo. - Como sea... -. Giró su rostro, buscó con la mirada algo con lo que comenzar, encontrando un camino de rocas a medio hundir que llevaban hacia más adentro de la corriente. Saltó hacia estas, rápidamente pasando de una a otra con saltos ágiles, hasta llegar a una que serviría completamente como plataforma. Apenas tenía unos cuantos metros de ancho y largo, pero ahora se encontraba casi en el medio de esa gigantesca aura que podía ver dentro del agua. El movimiento de lo que sea esa cosa provocaba olas y agitaciones en el agua, evitando que pudiera ver dentro de esta, pero aún así si mano izquierda alcanzó una de sus katanas. La marea empeoró a su alrededor, el aura comenzó a subir hacía él, haciéndolo suponer que esa cosa había notado su presencia y ahora planeaba atacar. Cerró sus ojos, separó un poco sus piernas para evitar caer, esperó solo por un momento hasta que… Lo vio. Una pequeña parte del gran poder escondido salió hacia la superficie, saliendo disparado desde dentro del agua hacia su posición en un arco dirigido a la parte trasera del hombro izquierdo del pirata. Uker pudo verlo, su mano solo se tomó un instante para desenvainar la espada y ocupar ese mismo movimiento para girar el cuerpo. La hoja recibió una pequeña resistencia por un momento, mientras cortaba aquello que lo atacó, hasta que ese trozo de aura dejó de brillar. Uker abrió los ojos, a sus pies ahora se encontraba una figura alargada. con dientes triangulares y filosos, con las aletas propias de un pescado pero estiradas como cada animal de esa isla. Una piraña, una que por las características locales lo hacía parecer más a una anguila, pero una piraña al fin y al cabo. Si lo que lo atacó era un solo individuo, entonces lo que se encontraba debajo de él era… Giró su rostro para volver a ver al hombre que lo había “contratado” para ese trabajo, quien simplemente se encontraba en la orilla, sonriendo y levantando los pulgares. Dijo que era una bestia muy fuerte, no que era un cardumen de peces peligrosos, por lo que Uker no tardó en molestarse. A un enemigo se lo podía vencer atacando su punto débil un par de veces, un cardumen de peces era más ágil y molesto, obligándolo a golpear más de lo normal. Otro ataque llegó, los dedos del pirata hicieron girar la katana entre ellos, acomodándose perfectamente para recibir al animal atacante con el lado filoso, cortando un lado del cuerpo del pez antes de que cayera sin vida en el borde de la piedra. Otro más se abalanzó desde su costado, a lo que Uker simplemente lanzó un tajo en esa dirección, cortando sin problemas al animal que acabó recibiendo su espada en cuanto quiso morderlo. Uno más desde el frente, su mano se aferró con fuerza a la katana y cerró los ojos al colocarla frente a él, dejando que el filo partiera perfectamente por la mitad al atacante y que ambas partes se separaran antes de tocar su cuerpo, pero dejándolo cubierto de sangre en el proceso. El aura no parecía disminuir en potencia, los peces aún mantenían muchos de su números, los ataques aumentaron su cadencia y cantidad, así como la molestia de Uker incrementaba poco a poco. 3 pirañas aparecieron y atacaron desde diferentes ángulos, obligándolo a moverse y poder cortar solo a dos mientras esquivaba a la última. Cuatro más atacaron, Uker dio un salto al mismo tiempo que giraba para cortar a dos con su espada y agarraba a una de estas por el cuerpo, usándola como un látigo para golpear a la cuarta y mandar a ambas al agua de nuevo. Aterrizó en el borde de la piedra luego de la maniobra, impulsándose inmediatamente hacia adelante mientras su mano libre tomaba otra de las katanas. Sus rodillas se doblaron y sus piernas se arrastraron por el suelo para evitar a dos que fueron a por su cabeza, una de las katanas se clavó en la piedra justo antes de que cayera al agua, utilizando para impulsarse de vuelta a la piedra al mismo tiempo que un grupo de varias pirañas saltaba del agua intentando atrapar los pies del cocinero que casi entran en su territorio. Antes de que pudiera caer de nuevo al agua, el movimiento de Uker lo hizo dar toda una vuelta a la espada clavada en la piedra y con eso partir horizontalmente a cada pez de ese grupo. Otras dos fueron a atacarlo por sus costados, siendo evitadas al echar su cuerpo atrás y cortadas con la espada en un movimiento ascendente. En cuanto su espalda tocó el suelo, le dio fuerzas a sus piernas para seguir el movimiento y dar una vuelta sobre sí mismo para caer de pie, evitando a otro grupo que apuntó a cazarlo estando en el suelo. Dio un salto con giro en cuanto otras pirañas se acercaban, pateando a una con uno de sus pies, cortando a 3 más con la katana y atrapando a otra en medio vuelo entre su otro pie y el suelo al aterrizar, la cual no recibió más que una katana clavada en el cráneo para que dejara de molestar. Eran demasiadas, atacaban sin parar, Uker no iba a quedarse sin energías, pero ¿Quién preferiría quedarse cortando pescados toda una noche en vez de estar descansando en su casa?. Cortó a otro atacante más, mientras sus pies lo llevaron sin problemas al borde de la piedra, en donde observó el agua solo por un momento, antes de dejarse caer hacia el interior de la marea. Ahí dentro podía sentir incluso más difusamente la separación entre cada animal, el cardumen tardó unos momentos en darse cuenta de la nueva posición de su presa, pero rápidamente procedieron a rodearlo, nadando en círculos a su alrededor. No esperaron para volver a atacar, ahora con la velocidad y agilidad que les daba estar en su hábitat natural, pero Uker era aún lo suficientemente fuerte para que la velocidad de sus cortes superara la de esos animales. No era su idea ingresar al agua solo para dar ventaja a su oponente, eso sería bastante estúpido. Sabía, con muy poca certeza en verdad, que sus golpes más potentes podrían generar ondas de aire, las cuales no llegaban a cortar como lo hacían sus ataques normales, pero sin duda demostraban la fuerza de sus brazos empuñando espadas. La sangre de los animales que empezaban a morir por sus ataques teñía el agua, por lo que en este punto simplemente cerró los ojos y se guio con su haki sintiendo los movimientos del aura que se formaba a su alrededor. Tomó su katana con fuerza, apenas evitó un embate moviendo su cabeza, pudo ver como un gran grupo se formaba frente a él, sabía que era suficiente para atacar. La visión desde fuera del conflicto no era la más normal tampoco. El chico gyojin había esperado sentado en el césped mientras observaba al otro hombre encargarse del problema, tampoco hizo nada en cuanto lo vio saltar al agua como si quisiera acabar con su vida. En cuanto la sangre comenzó a manchar el agua, él solo hizo un puchero, pues esperaba que las pirañas dejaran algo de ese pirata para… De pronto, una gran ola se formó desde el punto en el que Uker había ingresado a la marea, llevando el agua en dirección a la orilla y empapando completamente al hombre pez, quien se vio envuelto en sangre, vísceras, huesos y cabezas de pirañas en cuanto el agua volvió a retirarse. Esos eran muchos más animales de los que había cortado estando sobre la piedra, y sus restos no mostraban solo cortes de espada. Había partes de sus cuerpos arrancadas, ojos salidos de sus órbitas, huesos desprendidos y clavados en otros individuos. El extraño solo pudo escupir varias veces y sacudir su cabeza, esperando que nada de todo eso termine arraigado en su cabello. Solo tras unos segundos, algo más emergió del agua. Los cabellos negros del pirata salieron hacia el exterior, tan mojados que aquellos blancos se ocultaban tras la maraña de cabellos oscuros. En cuanto sus piernas pisaron por fin el césped, clavó una de sus espadas en el suelo y utilizó esa mano libre para tirar hacia atrás su pelo, pues le molestaba a los ojos. A diferencia de aquel que se había quedado fuera del agua, Uker apenas tenía algo de sangre en su rostro, la cual seguramente no fuera suya, su única preocupación sería tener que esperar a que esas ropas se secaran. - Bueno, problema solucionado -. Tomó de nuevo su katana y la revisó un poco. - Te toca cumplir -. El gyojin lo observó, pestañeando un par de veces como si no se creyera lo que escuchaba. Ese hombre se tiró a un cardumen de pirañas y terminó casi ileso. - Claro que sí -. Dijo al fin, sonriendo y levantándose rápidamente de un salto. - Dejame llevarte al pueblo donde te darán lo prometido -. Tras otra larga caminata, mucho más molesta debido a lo empapado que se encontraba ahora, llegaron a las afueras de un pequeño poblado cuando los últimos rayos de sol los bendecían con su presencia. - Espérame aquí un momento -. Dijo el gyojin, adentrándose en el pueblo mientras que el pirata limpiaba y se aseguraba de que sus katanas y sus guardas estuvieran secas. Esperó ahí mientras el desconocido charlaba con gente, hasta que en un momento lo perdió de vista, pero una mujer que parecía tener su misma edad se le acercó, cargando en su hombro una gran bolsa de cuero, que parecía bastante pesada. - Aquí está la otra parte del trato, tu compañero dijo que te lo entreguemos a ti -. Uker observó cómo dejaba la bolsa en el suelo con cuidado, mientras analizaba esas palabras. - ¿Compañero? -. Preguntó sin más, tomando una de las sogas que ataban la bolsa para cargársela al hombro. - El gyojin, tú compañero, nos dijo que podrían encargarse de las anguilas a cambio de dinero y unos cuantos víveres -. Uker solo sonrió. - Claro, claro. Me alegro haber ayudado entonces -. Antes de que pudiera darse media vuelta, la mujer lo detuvo tomando uno de sus hombros. - Estás algo cansado, ¿qué te parece si te quedas a acompañarme con un trago mientras tus ropas se secan un poco? -. Uker no lo contestó y tampoco se giró a mirarla, simplemente se liberó de su agarre con un movimiento de su hombro y comenzó a caminar de vuelta al barco. A mitad de camino, en cuanto encontró un árbol, volvió a apoyar la bolsa con suavidad en el suelo. Observó la planta un momento, su mano se cerró en un puño, echó su brazo hacia atrás y terminó por propinarle un golpe a la madera que la agrietó lo suficiente para hacer tambalear todo el árbol. De nuevo lo habían usado para hacer un trabajo, ¡y ahora le habían pagado la mitad! La próxima vez que se encontrara con ese gyojin lo iba a cortar en partes hasta que le devolviera el dinero que le robó. Por culpa del enojo que sintió le había rechazado un trago a una mujer hermosa y ahora se sentía incluso más estúpido que al enterarse de que trabajó gratis. Pero al menos ahora tenía ingredientes en gran cantidad. Algo es algo, ¿no?
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RE: Combate contra la bestia del océano // FIC Recolección // P.R. - Sentomaru - 07-09-2026 ✓ Recolección Completada Materiales: — Viveres: 320 unidades. |