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Buenas tetas, bro... ¿bro? | PR. - Versión para impresión

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Buenas tetas, bro... ¿bro? | PR. - Enji - 22-08-2026

Anteriormente en “Mi bro ahora es una piba que está buenísima”

"—Ese idiota está planeando alguna estupidez… —dijo, para justo después fijar su atención en Bertram, que acababa de dejar a Masami recostado en la banca a la derecha de su grupo. Como el resto de ex-usuarios, estaba noqueado—. ¡Ja! ¿El rubiales convertido en mujer? —A su cabeza llegó la imagen de Akira, exactamente como era, pero con los labios pintados de rojo y gruesos como los del mismo “Cariños Carlos”—. ¡SHIHAHAHAHA! ¡Pagaría por ver eso!"

Día 2 de Primavera, año 18.
Acaban de terminar Los Juegos del Soberano y nuestros protagonistas están siendo escoltados fuera del estadio.

Los Juegos del Soberano habían llegado a su fin. Zarutsuki, emperador de los cielos y Ouka Shichibukai, anunció el cierre del telón para su adorado evento mediante otro largo discurso del cual Enji, por supuesto, sólo prestó atención a la mitad. Destacó los datos importantes, como que tendrían una semana para vacacionar sobre las nubes antes de tener que bajar de regreso al mar azul, una vivienda particular, provista por el anfitrión, a disposición de cada grupo durante su estancia, la libertad para incursionar en sus artes combativas y... nada más. El anciano no habló de comida, bebida ni un servicio de cocineros gourmet, así que Enji asumió que seguirían comiendo lo que Juan Sebastian cocinase para ellos. Tampoco mencionó nada de guías turísticos, bares, noches de fiesta temática; todo muy aburrido, sinceramente. ¡Y la peor parte! ¡No se podían partir la cara con nadie! En una isla llena de marines y piratas de renombre, ¡prohibición total a la violencia! Ni siquiera un intercambio amistoso de puñetazos en el morro, como Juancho y él solían hacer de tanto en tanto.

—No nos dejan ser, Juancho —comentó a su fiel amigo, compañero y mano derecha, la increíble tortuga ( que por algún motivo no dejaba de ser una tortuga ) Juan Sebastian, mientras caminaba a su lado rumbo a la salida. Los Custodios ( Navur, Naver, Navor… etcétera ), estaban escoltando a los participantes de los Juegos del Soberano fuera del enorme estadio. Se habían repartido para mantenerlos a todos vigiliados y, para su desgracia, Navur seguía demasiado atento a sus movimientos. O quizá era impresión suya—. En este estadio se podría armar un buen espectáculo. ¿Qué te parece? Peleas de uno contra uno y en bolas, hasta que a uno se le llenan las pelotas o los ovarios de arena. El ganador será juzgado por el rey y si le baja el ala… ¡Pam! ¡Sueltan a un tigre en la arena! ¡Shihahaha!

El marine se agarró el abdomen mientras reía. Se dio dos palmadas en el intento de panza cervecera, que nunca sería tal, y después llevó sus manos detrás de la cabeza y suspiró olor a cerveza. Estaban cerca de la salida del estadio, donde se terminaban las gradas y empezaba la ciudad.

—Por cierto, ¿dónde se habrá metido el imbécil de Rubiales? —Akira había entrado en la arena cuando el ( ¿o “la”? ) hombre ( ¿mujer? ) de tentáculos ( ¿Tetas? ¿Culos? ¿Penes? ) negros apareció en escena. Enji sospechaba que su compañero no volvería con la misma apariencia con la que partió de su asiento—. ¡Eh! ¡Atento! —Atizó a Juan en el hombro con el dorso de su mano derecha—. Si hizo la idiotez de cambiarse de sexo, ¡busca a la rubia más horrible que hayas visto en tu vida! ¡Seguro que esa es! ¡Shihahahaha!

No podía evitar reír, y reír a carcajadas, cada vez que trataba de imaginarse a Akira convertido en mujer. Su ( corta ) imaginación sólo podía ponerle labial y rubor en los pómulos al rubio que había sido su compañero de división desde el primer día, cuando los designaron juntos a los tres y empezaron a ser hermanos de armas. Ya quería verlo y burlarse de él. ¡Qué bien se lo iba a pasar molestándolo!


RE: Buenas tetas, bro... ¿bro? | PR. - Juan Sebastian - 22-08-2026

OST
Lo que hablaba aquella especie de pepino de mar llamado Cariños Carlos parecía ser pura majadería, cosas sin sentido para sacarle el dinero a gente desesperada por un cambio en su vida. Pero, para ser francos, después de lo que parecía haberle hecho aquel venerable anciano al resto para extraer los ¿diablos? de las frutas… Ya nada me parecía imposible, de verdad vivíamos en un mundo sorprendente. La cuestión era que Akira había acudido para solicitar sus servicios, acción que apenas pude llegar a contemplar, ya que estaba completamente borracho llegados a ese punto.

Tras el acto de la señora Cariños… O del señor Carlos… Lo que fuese, el emperador dio por concluidos los juegos. Había sido divertido, había pasado un buen rato con mis amigos, había conocido gente nueva, como los muchachos de la división sesenta o el banquero Jin, que al final pareció no ser un criminal… Solo había tres cosas que lamentaba al final de aquel gran evento organizado en los cielos. No había podido llegar a participar en las pruebas de combate, perdiendo la oportunidad de demostrarle al mundo de lo que era capaz una tortuga en plena forma. Tampoco fui capaz de comerme aquel cubo de palomitas, realmente me apetecían esas palomitas. Y por último, no teníamos permitido hacer nuestro trabajo aquí, capturar a todos estos piratas podría suponer salvar cientos de vidas de civiles en el mar azul.

—Y que lo digas —le dije a Enji mientras andábamos de regreso. Afortunadamente, el efecto del alcohol ya había remitido, simplemente sentía un cosquilleo leve. —Yo, como tortuga, ya voy técnicamente desnudo la mayor parte del tiempo, jajaja. Espera, ¿por qué sigo siendo una tortuga? —Al darme cuenta de mi situación, hice que mi cuerpo mutara de golpe, recobrando mi tamaño habitual. —¡Oooh! Y yo que pensaba que toda la gente que había por la zona era realmente alta. — Al llegar a la salida, Enji se puso a llamar a Akira, que estaba en paradero desconocido desde que fue a ver a don/doña Pepino, yo traté de ayudar. —¡AKIRAAAAAAAAA! —vociferé mientras mantenía mi enorme pinza en alto, sobresaliendo por toda la multitud que salía del estadio.

Enji pensó que Akira volvería convertido en una rubia de aspecto horrible, en mi mente podía ver claramente la imagen de Akira, recio como era, con los ojos pintados y con los labios exageradamente carnosos. —¡Puajaja! Pagaría para verlo… —Le contesté a mi querido amigo. —De todas formas, me preocupa el dinero, si la… ¿Señora Carlos? Le ha timado… Tendremos que hacerle una visita para ajustar cuentas… —Aún con todo, no sabía si Akira realmente deseaba ser una mujer, pero eso eran cosas suyas, yo le querría igual siendo un hombre, una mujer o un mono… —A todo esto, ¿Masami se fue con un chico de la división sesenta, no? El pelirrojo. —Era un marine, así que sabía que podía contar con él, pero no podía evitar preocuparme por el que era el miembro más inexperto de la división, más aún en tierras (o nubes) infestadas de piratas…


Cajita de tortuga



RE: Buenas tetas, bro... ¿bro? | PR. - Akira Raito - 23-08-2026

Esta sensación era curiosa, ¡y genial! No me notaba raro, me notaba diferente, me notaba a gusto—. Bienvenida a tu nueva vida —esas palabras de Cariños Carlos se me clavaron en la mente como se me clavaron sus largas y afiladas uñas en las costillas de mi costado derecho. Notaba como un poder extraño y hormonal era segregado a través de aquellas agujas, como mi cuerpo empezaba a medio convulsionar pero sin llegar a echar espuma por la boca, pero era como si algo por dentro me recorriera todos y cada uno de mis músculos, todas y cada una de mis venas, de mis arterias, mi sangre, mis células, todo. Menos mi mente—. ”¿Qué es esto? De verdad que está haciendo que cambie…” —me retorcí mientras le mantenía la mirada e intentaba mantener la compostura, inútilmente.

El que me segregara esas hormonas, que seguramente fueran estrógenos en cantidades absurdamente grandes, al mismo tiempo que absorbía mi testosterona, no dolía. Lo que dolía eran sus cinco dedos clavados en mi cuerpo y notar como me había perforado sin ni siquiera avisar.

Pasados unos segundos, apartó la mano y se quedó mirándome fijamente, sonriendo, orgullosa, u orgulloso… Y mis convulsiones empezaban por fin a hacer que mi cuerpo se retorciera y empezara a cambiar ya no solo por dentro, sino también por fuera. Se me encogieron los huevitos y la colita hasta desaparecer y me crecieron los pechos. Perdí la nuez en la garganta y la mandíbula marcada la notaba más fina, como mi mis brazos, mi espalda, mis pectorales, mis piernas, mi piel, que ahora era muchísimo más suave Y MI PELAZO DORADO Y PINCHUDO QUE ME HABÍA CRECIDO CASI UN METRO.

Ahora tenía un cuerpo femenino, un cuerpo de mujer. Seguía fuerte, me sentía fuerte, algo más débil en comparación, pero no por mi, sino por lo que me había hecho Carlos. Y entonces empecé a tocarme todo el cuerpo sin parar, me miraba las manos, me miraba las tetas, me metía la mano en los pantalones notando, o mejor dicho, sin notar, cosas que ¡ya no estaban!

—¡Mis bolas de dragón, he perdido mis bolas de dragón! Oh, espera… ¡MENUDO PAR DE ESFERAS DE MÁGICAS! —me abrí la camisa para contemplarlas mejor desde arriba, tremendo. Me gustaba.

Y luego siguió con el cambio de Tezca, a quien acompañó Jin el estafador prestamista, y lo siguiente fue que nos escoltaran fuera de la arena, primero a los de las gradas, a quienes apenas les dio tiempo a disfrutar de mi cambio de sexo, y luego a los que nos encontrábamos en el centro del estadio. Quedándome, como siempre, el último. Digo, la última (a pesar de ser bien rápida).

Observé como se llevaban a mis compañeros de división a las afueras tras las palabras de Zarutsuki de que nos permitía quedarnos unos cuantos días en las islas del cielo, al tiempo que diferenciaba como el elfo de Bertram se llevaba a Masami, que todavía seguía inconsciente tras la extracción de su akuma… Iba a ser curioso verla comportarse ahora que no se convertía en serpiente. Pero mi atención estaba en el resto de mis compañeros, ya que a ella todavía le quedaban unas horitas hasta recuperarse del todo y retomar de nuevo la conciencia, así que me fije en los pelos sucios y quemados de Enji y en, dificilmente, una pequeña tortuga verde que movía sus patitas al ras del suelo.

Corrí a su posición y me ubiqué justo a sus espaldas, como siempre, escuchando las conversaciones que estaban teniendo y escuchando como a Enji le parecía una idiotez mi “nueva vida”, como me explicó Cariños—. ”¿Me está llamando fea? Qué envidioso es… Veremos ahora si me insultas tanto, pedazo de imbécil” —pensé mientras me acercaba y seguía escuchando a Juan responder que pagaría por ver mi gran cambio. Realmente no apostaban nada por mi yo chica. Y aprovechando que sabía bien que Enji era un baboso, aproveché el momento para sacarme una teta fuera.

—¡EY, ENJI! —le grité para que se volteara. ¿Se desangraría por la nariz? Eso sí que sería gracioso… Lo demás ya sería cosa suya y de nuestro compañero, el cangrejo más resistente de nuestra generación. A saber cual sería la reacción de estos dos...

Info.




RE: Buenas tetas, bro... ¿bro? | PR. - Enji - 25-08-2026

La guerra… la guerra nunca cambia.

¿O sí?

Bueno, la guerra se actualiza. De pelear con palos a usar espadas, y ahora las armas de fuego, las Frutas del Diablo, los diales… La guerra sigue siendo guerra, claro, pero la forma de librarla evoluciona a cada momento, así como se distorsionan los conceptos de ganador y perdedor. Hay quien dice que en una guerra todos pierden. Que la mera existencia de la guerra en tiempos modernos es una pérdida constante para todas las partes involucradas, pues se paga cada segundo de guerra con la moneda más valiosa: la vida de la gente. Vidas que, solemnes, se ofrecen en pos de lo que consideran un bien mayor. No existe mayor tragedia que esa pérdida.

¿O sí?

¿Existe mayor tragedia que la guerra? ¿Mayor derrota que tener que recurrir a ella? Sí, existe. Y Saint Vangelis Enji estaba a punto de sufrirla.




—No sé de dónde habrá sacado el dinero ese rubio tarado, pero como no haya roto su propia alcancía y ahora le debamos dinero a alguien le voy a cobrar cada centavo de su sueldo. ¡Y lo peor es que el cabrón no cobra ni mierdas! —bufó. Pisaba fuerte al caminar, las manos enganchadas por los pulgares sobre la chaqueta que tenía atada en la cintura—. Diez putos millones... como se haya gastado diez millones de verdad sólo para hacer la gracia, más le vale hacerme reír como burro.

Odiaba deber dinero. Mentira, en realidad lo que odiaba era deber dinero que no había podido disfrutar. Después de todo, si él se hubiera endeudado para conseguir diez millones y esos diez millones los hubiera gastado en una fiesta, no le importaría la deuda. Estaba amortizada con el terrible reventón, era una inversión en felicidad. ¿Pero tener que pagar una deuda por la diversión de OTRA persona? Ah, no. Por ahí no pasaba.

Se calmó un poco, y dejó de pisotear el suelo como si quisiera romperlo, al escuchar mencionar a Masami, el otro compañero de su división que faltaba.

—Bertram dijo que se llamaba —respondió, para después agregar—: Yo le digo Berto, pero el cabrón va a cuidar de Masami hoy así que se ganó que diga bien su nombre. Mañana volverá a ser Berto el pelirrojo.

Se encogió de hombros. Masami había elegido al arquero de la división sesenta para que lo acompañase al centro de la arena, donde le extirparon la fruta del diablo. Confiaba en él para que lo cuidara. ¿Por qué iban a desconfiar ellos? Eran compañeros y, más allá de que considerase a los marines de la división sesenta bastante sosos y aburridos —con excepción del leopardo—, existía una confianza intrínseca entre ellos. Ninguno dejaría al resto sin papel en el inodoro.

—¿Crees que Masami le haya echado el ojo?

Se alejaban del estadio. Paso a paso la distancia crecía, el grupo se dispersaba y quedaban cada vez más solos y libres. Un hombre y su compañero cangrejo-tortuga, solteros y listos para arrasar con la noche de skypiea.

¿Dónde podía encontrar un buen bar en el cielo?

— ¡EY, ENJI! —

Oh, no…

La tragedia se deslizó de forma sigilosa a su espalda y, como un asqueroso gusano, se introdujo primero en sus oídos. Pobre e inocente criatura, siquiera fue capaz de preverlo. No reconoció un solo rastro familiar en esa voz aguda, intensa y decididamente femenina.

Oh, no, no, no, no, no.

Enji arqueó las cejas, detuvo en seco su andar y volteó la cabeza hacia atrás, seguida por el resto de su cuerpo. ¿Lo que encontró? Una mujer, claro. Una musa de cabello rubio, largo y sedosos que le caía como una cascada dorada detras de la espalda. Un rostro anguloso, hegemónico, bello; uno que pudiera haberle arrancado un sonrojo a cualquier persona un poco más inocente.

¡No!

Su mirada siguió bajando. Ignoró inconscientemente algunos detalles para fijarse en la joya de la corona, la frutilla del pastel, la bendición que los cielos le habían guardado: un seno femenino, perfectamente redondo, que se asomaba fuera de las ropas blancas y de corte militar en las que esa diosa estaba ataviada. La sonrisa en sus labios se ensanchó rápidamente.

¡NO!

—Hey. —Sus cejas se movieron de forma fluída y sugerente mientras cerraba distancias con la rubia, obligado a agachar la cabeza y encorvarse un poco para mirarla a los ojos—. ¿Eres mi premio de consuelo, babe? —Con una mano le capturó la cintura y con la otra le apartó un mechón rebelde de la cara, mismo movimiento que aprovechó para acariciarle la línea de la mandíbula hasta el mentón—. Porque damn, Shandora palidece ante tus ojos, shawty. Ven conmigo al Transit y déjame sacarte hasta los… miedos…

Aretes. Reparó en ellos demasiado tarde. Un par de aretes con una borla dorada colgaban de las orejas de esa misteriosa mujer, esa misteriosa rubia. La volvió a mirar, volvió a escrutarla de arriba abajo y, aunque ese seno descubierto se quería robar su atención, se quemó el cerébro para ver un poco más allá. Se fijó en el uniforme marine, los aretes, el mechón, el color de los ojos... y algo dentro suyo se quebró en mil pedazos.

Su dignidad.

"¡¡EY, CHICOS, MIRADME!! ¡¡NO OLVIDÉIS ESTA CARA!!"



—Juan… mátame ahora mismo…



RE: Buenas tetas, bro... ¿bro? | PR. - Juan Sebastian - 27-08-2026

Mientras esperábamos a Akira, la conversación siguió por el camino de Masami. —Pues puede ser… Nunca le he preguntado sus gustos… —Tratando de diluir de alguna forma el alcohol en sangre que arrastraba desde el clímax de los juegos, me compré un refresco de esos que se beben con pajita, un invento completamente revolucionario, a todo el mundo le gustan las pajitas…

Nuestra conversación fue cortada en seco por una voz femenina. —¿Será una fan? —pensé mientras me daba la vuelta. Al observar a la muchacha que estaba a nuestras espaldas me quedé igual que al principio, era una muchacha que no me sonaba de nada. Pero entonces mis ojos bajaron ligeramente su posición, pudiendo ver que la muchacha tenía un pecho fuera. Incapaz de contener la sorpresa, me atraganté con el refresco. —*Cough* *Cough* —Ninguna palabra salió en ese momento de mi boca, era completamente incapaz de reaccionar a lo que estaba pasando.

Como buen marine que era, multitud de posibilidades pasaron por mi cabeza en cuestión de un milisegundo. —¿Será una conocida de Enji? —pensé. Después de todo le llamó a él cuando nos asaltó por la espalda. Pero fue entonces cuando un detalle fugaz pasó justo por delante de mis ojos. Unos pendientes, después de llevar tanto tiempo junto a mi querido compañero, podría identificar en cualquier lado aquellos adornos que Akira siempre llevaba a cualquier lado. —Espera… —susurré justo antes de que Enji reaccionase.

No pude predecir la reacción de Enji, quien claramente no pudo deducir que aquella bella muchacha se trataba de nuestro amigo. Las señales eran claras, el cabello rubio, la estatura, el uniforme, sus adorados pendientes, era Akira, nuestro Akira, ¿o nuestra Akira? Bueno, eso era asunto para otro momento. La cuestión era que Enji, ignorante de la situación y movido por su perpetuo sentido de la lujuria y la perversión, pensaba que se trataba de una chica cualquiera que quería ligar con él.

  —Enji… —

Susurré mientras mi capitán agarraba la cintura de la muchacha, haciendo un esfuerzo titánico por contener una mueca de risa que empezaba a desbordar por los bordes de mi boca. Cuando Enji comparó los ojos de Akira con la belleza de Shandora, intenté avisarle de nuevo, con aún más dificultades de las que ya estaba teniendo para contener mi risa.

  —Enji… —

Este era uno de los mejores momentos de mi vida, podría recordarle esto a mi compañero hasta el día que nos jubilemos.

Podía imaginarlo perfectamente, los tres sentados en una residencia de veteranos de la Marina, meciéndonos en nuestras butacas al ritmo de un chirrido que resuena por la silenciosa habitación. Para entonces, romper el hielo senil en el que nos encontrásemos para decir. "—¿Os acordáish de cuando Enji agarró a Akira de la cintura y se la quiso ligar? —"  Estos viejos… Hay que quererlos.

Enji finalmente se dio cuenta, su de por sí pálida piel se puso blanca como las nubes, parecía un cadáver, la perfecta descripción de alguien muerto en vida. Cuando me pidió que lo matase no pude aguantar más, caí de rodillas al suelo, apoyé mi mano izquierda y mi pinza en el suelo y, simplemente, reí.

  —¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!! —

Tras dar varios puñetazos con mi pinza al suelo, sin parar de reír ni por un segundo, miré a mi capitán. Mis ojos lagrimosos se encontraron con los suyos, le señalé con mi dedo índice y continué riendo y riendo.

—¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!! Es que… Es que… —

Mientras más intentaba poner en palabra lo que había pasado, más incontrolable era mi risa. De no ser por mi color de piel natural, se podría apreciar como mi rostro cambiaba de color, el aire me faltaba. 

—¡JAJAJA! JAJAJA… La has agarrado como si… ¡JAJAJAJAJAJA! —

Reí y reí sin parar, y no paré hasta que, finalmente, me terminé de quedar sin aire. —Uf… Uf… Me duele la barriga…jajaja. —Con el rostro inundado de lágrimas, me repuse para volver a levantarme, pudiendo entonces dirigirme a Akira. —Akira ¿Qué te ha pasado, lo de Carla era de verdad? No sabía que querías ser una chica… Me alegro por ti colega. —Tras mis últimas palabras, extendí mi mano izquierda en alto para que me chocase los cinco. —Pero creo que deberías taparte, hay niños y los padres te están mirando raro…


RE: Buenas tetas, bro... ¿bro? | PR. - Akira Raito - 11-09-2026

Tenía una sonrisa picarona, aprovechándome de la situación y de este nuevo cuerpo para ver si realmente podía extender mi nueva técnica de dominio a mis compañeros de división. ¡Y vaya que sí! Y menudo panorama… Sabía que Enji era un tipo que sentía una atracción casi enfermiza por cualquier mujer que se le cruzara por delante, pero el hecho de que se me acercara tan rápido y me agarrara por la cintura me pillo totalmente desprevenido—. ”Mierda… Ahora qué hago, ¿sigo con la broma?” —no podía ni casi aguantarme la risa cuando empezó a hablar, pero ya cuando terminó por recorrer la línea de mi mandíbula fue que exploté por dentro.

—Comodoro Enji… Qué cosas dices… Me sonrojas… ¿Al Transit? Será todo un honor… —expresé mientras ladeaba ligeramente la cabeza en dirección a su mano y entrecerraba los ojos simulando un sentimiento de vergüenza, para después volver a mirarle y guiñarle un ojo con descaro y un vacile que ni yo mismo, misma, me hubiera imaginado nunca. Y ya, por fin, explotar de risa, pero explotar del todo.

¡¡TCHAAAAACHACHAAAAKIKIKIYAAAA!!!

Le aparté con un empujón y le señalé junto con Juan, que también estaba jartándose de Enji y tirado en el suelo. El comodoro estaba pálido, más blanco que la leche, cualquiera lo confundiría con un vampiro en aquel momento. Se le había salido el alma del cuerpo y estaba completamente en shock. Sin duda aquello había merecido la pena.

¡¡TCHACHAKIKIKIYAAAA!!!

Me caí de culo al volver a guardarme el pecho, acompañando de esta manera a mi amigo crustáceo, en el suelo y entre unas risas incontrolables que hacían que se me saltaban las lágrimas y me costara hasta respirar—. ¡Ojalá lo hubieras grabado Juan! ¡Se lo recordarás toda la vida! ¡Tchakikikiyah! —no podía con la situación. Solo por eso había merecido la pena el cambio de sexo.

—¡Ay, qué bueno! —me levanté junto a Juancho—. Volvería a cambiarme de sexo cien veces más solo por repetir este momento… ¡Qué risa! —Enji seguía pálido, paralizado, tieso. Me lo había cargado sin querer—. Venga Enji, que no pasa nada, mira, tengo otra —y le volví a mostrar un pecho, pero esta vez el otro, para después volver a guardarlo y responder a Juan—. Pues la verdad es que me da igual una cosa que otra, era por ver que se sentía y en parte por hacer la broma… Pero creo que ya no puedo volver a ser hombre… —terminé mirando arriba de manera pensativa y rascándome el cogote con la mano.