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[PR][FIC-Entrenamiento] Kárate en las nubes 3: Ahora es personal - Juan Sebastian - 21-08-2026 Día 6 de primavera, Año 18
Parte 1: Un golpe de realidad Tras un merecido descanso posterior a dominar el Samehada Shotei, tuvimos una agradable comida los cuatro juntos. Pocas cosas son más agradables que un buen almuerzo después de terminar un exitoso entrenamiento, más cuando era acompañado de tan grata compañía. Tanto Ginja como las gemelas tenían personalidades marcadas y extravagantes, pero después de varios días con ellas, no me cabía duda de que eran unas magníficas personas. En cierto modo me recordaban a mis compañeros de la División Ochenta, todos tan distintos… Tan… ¿Propios? Durante la comida hablamos de cosas cotidianas, por una vez, nada de kárate o de entrenamientos. Qiang comentó que su deseo era bajar algún día al mar azul, idea que Lei apoyaba con firmeza. Querían llegar a una isla en específico cuyo nombre desconocía. —Seremos las primeras en ir de lo más alto del mundo a lo más bajo, creo… —dijo Qiang con aire soñador. Era encantador ver a jóvenes promesas soñando sobre su futuro, me recordaba a cuando era un pequeño crustáceo que fantaseaba con ser un héroe mientras leía los cómics de aquel marine… —Deberíais apuntaros a la Marina, ¡podríais ser heroínas! —les sugerí con ilusión, nada como inspirar a nuevas promesas para la Marina. Los rostros de Qiang y Lei, sin embargo, esbozaron una exagerada expresión de rechazo, la fascinante idea de luchar por la justicia no parecía ser su estilo. —Eso suena… —dijo Lei. —Aburrido. —Completó Qiang. —Muy cliché. —remató Ginja tras limpiarse la boca con delicadeza. Triste y abatido continué comiendo mientras susurraba: —Los marines molan… Molan mucho… —Siendo incapaz de ocultar mi tristeza, que poco importó al resto de integrantes de la comida. Cuando todos terminamos de comer y de recoger la mesa, nuestra maestra tuvo unas palabras con nosotros. —Los tres habéis progresado de forma excelente en vuestro entrenamiento, no hay mucho más que tenga por enseñaros. —Hizo entonces una breve pausa antes de continuar hablando. —Salvo una cosa, venid. —Su semblante relajado se tornó juguetón por unos instantes antes de darnos la espalda para que la sigamos de camino a una de las habitaciones del dojo. —¿Qué me tocará limpiar esta vez? —pensé mientras la seguía. Al llegar a la habitación, siguió hablando mientras se miraba con atención a las uñas, buscando cualquier posible desperfecto. —Muy bien, en esta ocasión será más sencillo demostraros cómo funciona la técnica en lugar de ponerlo en palabras. ¡Atacadme todos a la vez! —dijo sin titubear. Las gemelas y yo nos miramos incrédulos, pero tras un breve momento de incertidumbre, asentimos con confianza. Sabíamos que la maestra era fuerte, mucho más fuerte que nosotros, por lo que atacaríamos con todo, sin contenernos. De forma instintiva, Qiang y Lei empezaron a rodear a Ginja, como si de depredadores rodeando a su presa se tratase. Cuando todos estuvimos en nuestras posiciones, un silencio que podía cortar el aire inundó la habitación. Nuestra maestra podría ser todo lo fuerte que quisiera, pero no podría defender tres ataques de distintos ángulos. Al mismo tiempo, los tres alumnos nos lanzamos con un movimiento explosivo hacia la esbelta gyojin, estába seguro, la teníamos donde queríamos y no íbamos a fallar. Cuando ya estábamos casi encima de ella, nos preparamos para realizar un devastador triple golpe simultáneo. —Senma…—
—Igawara…—
—Seik- —
Antes de que pudiésemos terminar de gritar el nombre de nuestro superataque, de una forma confusa, Ginja realizó un golpe directo al aire ¿Había fallado? Nada pareció ocurrir al momento del impacto. Pero antes de que nuestros golpes conectaran, y sin que pudiésemos procesar qué estaba pasando, los tres fuimos repelidos por una extraña fuerza, un impacto invisible que nos estampó contra las paredes del dojo, desplazados como chinorros por las olas de la costa. Al resistir mejor el golpe, yo apenas alcancé a tocar la pared, mientras que las gemelas quedaron clavadas como clavos en las paredes del dojo. Confuso por el impacto, no fui capaz de levantarme por unos segundos, durante ese tiempo, Ginja se puso a recoger a las gemelas como quien limpia una habitación desordenada. —¿Qué fue eso? —pregunté incrédulo. —Si fallaste el golpe…— Traté de convencerme a mí mismo. Mi maestra se acercó luego de dejar a las gemelas sentadas y, sin mediar palabra, me dio una buena colleja. —Yo nunca fallo, deberías saberlo a estas alturas. Incluso cuando alguna vez me veas fallar, no fallo. —Asentí a modo de disculpa. —Muy bien, ahora quiero que me expliquéis, ¿qué ha pasado? —nos preguntó. La primera en levantar la mano fue Lei. —¡Magia! —dijo de forma inocente. —¡Error! —respondió Ginja después de hacerle un soplamocos en la frente. La siguiente en responder fue Qiang, que había levantado su mano casi al mismo tiempo que su hermana. —¡Magia muy poderosa! —Una respuesta no muy distinta a la de su hermana que, evidentemente, no era correcta. —¡Error! —volvió a responder la maestra, aplicando el mismo castigo sobre la gemela. El tercero y último en responder fui yo, tras tanto tiempo surcando los mares, viendo cosas extrañas y conociendo a gente peculiar, tenía claro de qué se trataba. —¡Una fruta del diablo! —respondí con la decisión que me caracterizaba. Yo, por mi parte, recibí un puñetazo directo al estómago. —¡Y último error! No tenéis clase ninguna… —Dolorido en el suelo, pregunté: —¿Por qué a mí un puñetazo?— a lo que ella se limitó a responder: —Eres muy duro, gordito, no me quiero romper la uña.— Volvíamos a estar frente a un horrible caso de racismo contra los cangrejos, pero era algo a lo que ya estaba acostumbrado… La maestra se sentó en el suelo para estar a nuestra altura mientras nos explicaba. —Lo que hice fue golpear el aire. El Karakusagawara seiken se basa en enviar una onda de vapor que avanza alrededor del usuario para golpear al oponente. —Los tres nos quedamos observando a nuestra maestra en silencio, inclinando la cabeza hacia el mismo lado, en el mismo momento, no habíamos entendido nada. —Pero… Maestra, ¿cómo se golpea el aire? —preguntó Qiang, diciendo lo que todos pensábamos, pero con la valentía que nadie tenía. —¿Acaso lo habéis olvidado? —dijo Ginja. —El kárate gyojin se basa en el dominio del agua, da igual que sea gaseosa o líquida, mientras tengáis humedad en vuestro entorno, podréis aprovecharla. No todo va a ser simplemente pegar puñetazos, el kárate gyojin es mucho más profundo que eso. —Sus palabras empezaban a tener sentido, habíamos estado tan centrados en los golpes y bloqueos que habíamos olvidado la esencia propia del kárate, el agua. —Iréis a entrenar al Mar Blanco-Blanco, quiero que seáis capaces de producir una onda en las nubes de mar de al menos un metro de distancia. No tenéis permitido volver hasta entonces. —Ante sus palabras, los tres nos pusimos de pie con determinación, y solo dijimos una cosa antes de abandonar el dojo: —¡OSU!—
—¡OSU!—
—¡OSU!—
Parte 2: Tres tontos vs las nubes Los tres salimos del dojo con una decisión absoluta, iríamos al mar, lograríamos nuestro propósito y regresaríamos en un pis pas para continuar el entrenamiento. —¡Muy bien, en marcha! —dije con energía antes de dar un par de pasos. Las gemelas, se colgaron a mis hombros y me observaron con atención, de forma inquisidora. —Vamos, Juan… —dijo Qiang con una voz aterradora. —Te seguimos…—añadió Lei con malicia. —... —dije nervioso, entre sudores. —Eeee… No sé dónde está la playa. —¡Imbécil! —gritaron ambas mientras me daban una colleja con fuerza. Llegados a este punto, ya había aceptado la forma de ser de aquellas dos, ni siquiera me molestaba. Era como tener un par de hermanitas pequeñas con espíritu de cucarachas, muy tiernas a su modo, pero no por ello menos dolor en el culo. Mientras avanzábamos, me pude percatar de algo, aparte del agradable clima que se respiraba en el lugar, y era mi propia resistencia física, recordaba perfectamente cómo hace pocos días me resultaba asfixiante andar por aquel lugar. La falta de aire producida por estar a diez mil metros de altura cada vez se hacía menos pesada y mi cuerpo por dentro se sentía limpio, por decirlo de alguna manera. —¿Será que de verdad me estoy haciendo más fuerte? —me pregunté a mí mismo mientras me rascaba el mentón con la pinza. —Por cierto. —Les dije a mis compañeras de entrenamiento mientras andábamos. —¿Desde cuándo me he convertido yo en el transporte? —les pregunté arqueando una ceja a las pequeñas aprovechadas que se habían sentado en cada uno de mis hombros. Ambas hermanas se miraron. —¡Los caballos no hablan! —dijo Qiang. —¡No lo hacen! —recalcó Lei. Mi destino estaba sellado, una vez más sería el transporte. —Esto es culpa de Enji… —pensé, logrando que algo se iluminase en mi cabeza. —Hmmm, igual vais más cómodas así. —Fue en ese entonces cuando mi cuerpo de crustáceo empezó a mutar lentamente, viendo reducida mi altura, pero ganando la fisonomía de una esbelta, carismática y, ¿por qué no decirlo?, atractiva tortuga. —Uooo —exclamó Qiang. —¡Juan también es un mago! —expuso Lei mientras me daba vueltas para observarme mejor. Tras la sorpresa inicial, ambas se montaron encima de mí y una vez más reanudamos el camino al Mar Blanco-Blanco. —¡Adelante, tortucarro! —dijo Lei de pie sobre mi caparazón mientras apuntaba al horizonte. —¡Raudo, el éxito nos espera! —añadió Qiang sentada en el mismo caparazón, con los brazos y las piernas cruzadas y sin abrir los ojos. Cuando por fin llegamos a la playa, las chicas se bajaron de mi caparazón y adopté mi forma híbrida para poder entrenar más cómodamente. Las vistas de la costa del cielo no dejaban de maravillarme, ver el mar tan blanco como la nieve era algo mágico sin lugar a dudas. —¿Por dónde deberíamos empezar? —les consulté a mis dos compañeras de entrenamiento. —Eso es obvio. —Respondió Lei. —Muy evidente. —recalcó Qiang, justo antes de mojarse hasta las rodillas en el “agua” de la playa. Yo me uní a ellas sin remangarse los pantalones, después de todo, durante toda mi vida había sido lo habitual estar mojado. El momento en el que lo hice, pude sentir cómo algo de mi fuerza abandonaba mi cuerpo, como si estuviese incubando alguna especie de enfermedad, pero no era algo tan malo como para abandonar el entrenamiento. Ya en el agua, los tres hicimos una reverencia y adoptamos la misma postura justo antes de empezar a soltar puñetazos al aire al grito de: —¡HYA!, ¡HYA!, ¡HYA! —Ellas alternaban las manos para dar los puñetazos, yo, por mi parte, me veía obligado a doblar la velocidad para seguir el ritmo del compás solo con mi puño izquierdo. Era un cangrejo muy ceñido a las pautas que me daban para entrenar, Ginja dijo claramente que la técnica era un puñetazo, por lo que debía usar mi puño, no la pinza, y acataría eso hasta la muerte si fuese necesario. La tarea en poco tiempo se volvió agotadora, en parte se debía al esfuerzo físico, pero más cansado era no apreciar nada cercano a un avance. —Uff… No termino de entenderlo… Una cosa es sentir el agua que hay dentro de mí mismo para ayudar en el ataque, ¿pero cómo voy a golpear el aire? —La idea que trataba de aplicar era la misma que cuando aprendí el Hyakumaigawara Seiken en el South Blue con Kuririn y Batch Kalao, pero no funcionaba y, a juzgar por la explicación de nuestra maestra, la clave aquí yacía en otra cosa. Las chicas, cansadas del entrenamiento, decidieron darse un baño en el mar, cosa que era imposible para mí por motivos evidentes. —Vapor… —pensé mientras miraba el agua que no emitía ningún reflejo más que el del propio sol. Cerré los ojos por unos instantes y traté de olvidarme de todo, me enfoqué únicamente en las sensaciones que emanaban de mi cuerpo, traté de sentir mi respiración, la humedad del mar que entraba por mi nariz y salía por mi boca, el sudor que, a causa del entrenamiento, caía por mi coraza y se evaporaba de forma muy ligera. —Golpear… —Pensé justo antes de realizar un feroz golpe seco contra el aire, que se sintió ligeramente diferente a los demás ataques que había realizado. Esta vez estaba golpeando el aire, no lanzando golpes que se perdían en el mismo. Aun así, el agua bajo mis pies apenas se vio perturbada. Eso daba igual, había un avance, un paso al frente es un paso, por pequeño que sea, y eso liberaba mis escamados hombros de cualquier sensación de cansancio. Seguí de forma militar con mi entrenamiento, había bajado la cadencia de los golpes, pero había más intención en cada uno de ellos, sentía todo mi cuerpo en cada ataque, sentía cómo mi entorno reaccionaba al mismo. Qiang y Lei se volvieron a sumar al poco tiempo de descanso y se adaptaron al ritmo que había empezado a llevar. Las gemelas, prodigiosas como eran, no tardaron nada en pillarle el tranquillo como había hecho yo mismo. Tras otro rato más dando golpes al aire, las ondas en el agua se empezaron a hacer más y más evidentes, estábamos cerca de lograrlo. Finalmente, con nuestros cuerpos empapados en sudor, la respiración agitada como pocas veces y emitiendo un calor que algunas personas podrían jurar apreciar desde la distancia, logramos dar un golpe que avanzó un metro sobre la superficie del mar, pudiendo apreciarse el avance del mismo en la vibración de las nubes en las que estábamos parcialmente sumergidos. Parte 3: ¡Amplitud! El regreso al dojo donde Ginja nos esperaba tuvo una energía triunfal, habríamos logrado un gran avance en muy poco tiempo. Si pensábamos en la técnica que realizó nuestra maestra contra nosotros, daba la sensación de que realmente estábamos cerca de lograr nuestro objetivo. —¿Por qué nuestra maestra habrá tardado en enseñarnos esta técnica? Se siente como si pudiéramos haberla aprendido hace mucho… —Mencionó Lei. —Confía en la maestra, ella siempre tiene razón, ¿recuerdas? —le contestó Qiang, a lo que yo asentí con optimismo. —Tch, tch, tch… No puedes ser tan impaciente, Lei. —dije negando con la cabeza al ritmo de mi chasquido de lengua. Lei, en un arrebato de furia, se me colgó de la nuca, agarrándome de los pinchos de la cabeza. —¡De mí no te vas a reír, gordito! —me replicó. Sin poder agarrarla debido a lo escurridiza que era, no me quedó más opción que suplicar clemencia. —¡Por favor, piedad! ¡Solo soy un pobre cangrejo tortuga! Tras el cachondeo, y después de una agradable caminata, acabamos llegando de vuelta al dojo. Pero, para nuestra sorpresa, la maestra Ginja acababa de llegar al mismo tiempo que nosotros. —¡Oh! ¿Ya estáis aquí? Imagino que habréis terminado con vuestro ejercicio —nos dijo con un tono serio. —En fin… Vamos adentro, os enseñaré lo que debéis practicar a continuación. Ya no quedan hombres de verdad… —Por lo visto, se trataba de otra cita fallida, otro fracaso en su ajetreada vida romántica. Por momentos me preguntaba qué era lo que ocasionaba que fuera incapaz de encontrar pareja. ¿Será que es muy escrupulosa? ¿Quizás es por ser una gyojin en la isla del cielo? ¿Será que los hombres de hoy en día rehúyen a las mujeres fuertes? Esto último era impensable, solo un cobarde, un necio, un boquerón rechazaría a una mujer por una virtud… Igual era eso, solo los recios, solo los fuertes eran dignos de acabar con una mujer fuerte. Ya dentro del recinto del dojo, Ginja nos llevó a uno de los patios exteriores. Allí podíamos encontrar una sala llena de nubes ligeramente densas, no tanto como las que construían los suelos y las casas de Skypeia, pero sí más que las del mar Blanco-Blanco. —Muy bien, Juan, empieza tú. —Me ordenó señalando los cúmulos de vapor denso que se encontraban frente a nosotros. Sin dudar ni un ápice, di un paso al frente y repetí lo que habíamos estado haciendo en la playa, con los ojos cerrados, me dispuse a realizar el golpe. Mi puño izquierdo se movió con velocidad, logrando impactar el aire y desplazando hacia el frente a parte de las nubes que me rodeaban. —Jejeje—. La maestra asintió de forma satisfactoria y mandó a Qiang y a Lei a realizar lo mismo, tarea que llevaron a cabo a la perfección y sin despeinarse. —Nada mal. —Nos halagó de forma recatada. —Ahora quiero que me digáis, ¿qué diferencia había entre mi golpe y el vuestro? —Las gemelas no tardaron en saltar para dar una respuesta, una bastante lógica, que era la misma que se me había pasado por la mente. —¡LA FUERZA! —dijeron ambas en perfecta sincronía. Ginja se acercó a ambas y, cuando parecía que les iba a dar unas palmaditas en la cabeza, les soltó otros soplamocos directos a sus frentes. —¡Error! —dijo mientras ambas se retorcían de dolor en el níveo suelo del patio. Entonces, nuestra maestra fijó su mirada en mí, esperaba una respuesta, y yo sabía cuál sería el castigo si fallaba, el error no era una opción. Me estrujé con fuerza el cerebro mientras goterones de sudor salían de mi coraza, había truco, ¿pero cuál? Tras unos segundos que se antojaron horas de angustia, una respuesta aterrizó en mi cabeza con la fuerza de un meteorito. —¡Tu ataque nos repelió a los tres en todas direcciones, el nuestro solo hacia el frente! —Tras responder, adopté una postura defensiva, preparándome para el inminente golpe, golpe que nunca llegaría, pues Ginja se había quedado quieta y asintiendo en señal de aprobación. —¡Muy bien! Pues con eso claro, vuestro siguiente objetivo es más que obvio. En este lugar debéis conseguir empujar todas las nubes de vuestro alrededor con la técnica de golpeo que estáis empleando. —Tras decir esto, hizo una pausa dramática. —¡Y quien tenga más nubes alrededor para cuando vuelva de ducharme, se encargará de las tareas del dojo durante las próximas dos semanas! —La amenaza del castigo resonó con fuerza dentro de mi interior, era algo que no podría cumplir, pues en ese tiempo debería volver con mis compañeros, a quienes había aprovechado para ver en los descansos de mis entrenamientos, tendríamos que volver pronto al mar azul… —Eeee… Yo no puedo cumplir eso. —dije de forma honesta. —Debo volver con mis compañeros pronto para regresar al trabajo. —Ginja clavó sus afilados ojos en mí, y me respondió: —Ese es tu problema, cara de culo, si pierdes, volverás dentro de dos semanas, aunque tenga que tirarte por un agujero. —En sus palabras no había mentira, ahora esto no era solo un entrenamiento, mi futuro como marine dependía de ganar a dos niñas en dar puñetazos al aire… Parte 3: Batalla por mi futuro como marine Con las reglas claras, me situé en mi posición al mismo tiempo que las gemelas se colocaban en sus puestos. Los tes a la misma distancia el uno del otro, los tres a la misma distancia de cada muro del patio, listos para empezar a golpear. El sol brillaba con fuerza, en nuestra respiración aún se podía apreciar la dificultad de respirar por el cansancio de la fase del entrenamiento anterior. El escenario consistía en un patio vacío y amplio, solo adornado por una masa de nubes que me cubría hasta la rodilla, a las gemelas hasta el torso, cubriendo todo el espacio de forma homogénea. Nos miramos de forma amenazante y, tras un largo silencio, empezamos con la batalla por evitar tener que hacer las tareas. El primer golpe determinó la ventaja de cada uno en la técnica por el momento, mi golpe fue el que más nube alejó, logrando coger ventaja sobre las gemelas que estaban igualadas. Pero no era eso lo que determinaría al ganador, de nada serviría pegar más fuerte si alguna de ellas comenzaba a poder transmitir su golpe por todo su alrededor para cubrir más cantidad de nubes al empujar. El duelo no estaba solo en nuestros músculos, teníamos que terminar de entender la técnica. Pasaron los minutos, poco avance significativo se pudo apreciar más allá de una mejora en el rango frontal del impacto. Me logré mantener a la cabeza, pero las chicas recortaban distancia por momentos. Si seguía de este modo, acabaría perdiendo, lo perdería todo. Con eso en cuenta, y viendo mi inminente derrota, opté por la decisión más arriesgada, reduje aún más la cadencia de cada golpe, lo que extrañó a Qiang y a Lei, que se miraron confusas por un momento mientras continuaban con su golpes. De este modo, lo inevitable sucedió, ambas me adelantaron y fui relegado al último lugar. ¿Mi táctica había sido suicida? Quizás, pero todos saben que las tortugas no ganan las carreras por su velocidad, lo hacen por su perseverancia. Tras un par más de minutos, algo empezó a cambiar en mis golpes, el aire de mi alrededor empezaba a moverse por rachas, al ritmo de mis golpes, con una pequeña sensación de pausa antes. las nubes que cubrían mis rodillas, se empezaban alejar más y más, logrando sacar cuatro veces más eficiencia por golpe que los que tenían las gemelas, que se veían forzadas a apuntar en cada dirección cada vez que golpeaban. Lo estaba logrando, esto se parecía mucho más a lo que nos mostró nuestra maestra dentro del dojo. No sabía si esto sería suficiente, la ventaja que me habían sacado era bastante para ese punto, y el tiempo límite era indeterminado. Ahora que yo estaba empezando a recuperar ventaja, esperaba que Ginja tardase tanto como parecía que solía tardar en el baño para estar perfectamente arreglada. Tenía que conseguirlo, tenía que hacerlo, mi camino como marine no podía terminar aquí, perdiendo contra dos niñas, no había luchado contra tantos criminales para acabar de ese modo, tenía muchas cosas pendientes que lograr con mis compañeros. Debía encontrar a ese maldito Diosdado, a los jefes responsables de los asesinatos de aquellos marines en Kyodaina, debía mantener un ojo puesto en aquel pirata moreno llamado Ubbe, por los civiles, por los niños… Pero más importante que todo esto, debía encontrar a María, que estaba siendo utilizada por piratas, engañada seguramente para cometer actos delictivos… Qiang y Lei, temerosas también ante la posibilidad de perder, intentaron aumentar el ritmo, pero se vieron incapaces de apretar más. Aún más, la fuerza en sus golpes empezó a verse mermada, haciendo que mi ventaja aumentase de forma exponencial en cada golpe hasta que, finalmente, Ginja regresó de su baño. —¡Tiempo! —exclamó ella mientras hacía una pose extravagante para llamar la atención. Desde su posición, adoptando de nuevo una postura más normal, determinó al perdedor. —Muy bien, con todo mi pesar, el perdedor o perdedora es… ¡Qiang!— —¡VAMOS! —gritamos Lei y yo dando un salto con el puño en alto. Mientras tanto, Qiang cayó de rodillas, miró al cielo que le observaba sin clemencia y gritó: —¡NOOOOOOOOOOOO!—
Tras escuchar con respeto sus lamentos, Ginja se dirigió a nosotros de nuevo. —Ya… Ya… No hay por qué hacer tanto escándalo. Juan, tengo que hablar contigo. Si bien Qiang ha perdido, Lei ha quedado prácticamente empate con ella. Pero tú tienes la técnica prácticamente dominada, descansa diez minutos y la pondrás a prueba contra Qiang y Lei. Si lo logras, tendrás tu graduación. —En sus palabras había un orgullo contenido, era evidente que le agradaba ver cómo sus alumnos crecían por sus enseñanzas. Era difícil saber si su alegría era por poder considerarse a sí misma más genial de lo que ya pensaba que era, o si era alegría por nosotros, pero daba igual, había sido una gran maestra y yo siempre le estaría agradecido. Durante el descanso le di un repaso a todo lo que había aprendido, no solo aquí, sino también en el South Blue. —¿Cómo estarán Batch Kalao, Kuririn, Jiho y Nyan? —me pregunté. —Me gustaría volver a verlos algún día… —No pude evitar esbozar una sonrisa mientras descansaba tumbado sobre el suelo ahora despejado de nubes del patio. —Tendría que volver a limpiar algún estanque algún día… Para no olvidar la sensación, jajaja —me dije a mí mismo. Cuando pasaron los diez minutos, llegó por fin el momento de poner lo que había aprendido a prueba. La idea era repetir lo que hizo Ginja cuando nos enseñó la técnica, yo contra Qiang y Lei. La gemelas empezaron a rodarme, su modus operandi era el mismo, pero yo tenía la presión de que, si no lo lograba, recibiría un devastador golpe por la espalda, algo que ya había sufrido cuando entrené Samehada Shotei y que no era nada agradable, aún tenía una contractura en las lumbares por aquellos… El tiempo se detuvo, las gemelas me miraron con picardía y me dirigieron unas palabras encantadoras. —Nos vamos a vengar, gordito… —dijo Qiang con sequedad. —Nadie nos pasa de largo de esa manera —añadió Lei. En cuanto terminaron de hablar, ambas dejaron de andar a mi alrededor y desaparecieron prácticamente de mi vista. En ese momento lo supe, debía atacar, no era necesario ubicarlas para hacerlo, solo tenía que golpear el aire con la confianza de que ellas llegarían a mi posición. Mi puño salió disparado hacia el frente, mi rostro era serio, y de mi boca apenas salieron dos palabras: —¡Karakusagawara seiken!—
Pude sentir cómo mi puño chocaba con el aire, pude sentir cómo el vapor del mismo era empujado, no solo hacia el frente, sino hacia todas direcciones, creando una onda que avanzaba con fuerza. Las gemelas Qiang y Lei fueron empujadas con fuerza en direcciones contrarias, chocando contra los muros del patio. No fue con la misma fuerza que el golpe de la maestra, pero se sintió diferente al resto de golpes que había dado antes, esta si era realmente la técnica. Ginja se puso a aplaudir con calma, de forma elegante. —Bravo. No está nada mal para alguien con tu cara. —Realmente era imposible para ella recordarme lo feo que era cada vez que abría la boca… Antes de nada, fui a ver cómo estaban las gemelas, pero no hubo nada por lo que preocuparse, si aguantaron los puñetazos de la maestra, sin dudas podrían resistir los míos sin ningún problema, realmente eran de temer… —Maldita sea… —dijo Lei mientras se rascaba la cabeza. —Sigue estando gordo. —añadió su hermana Qiang, incapaz de aceptar la derrota. Sus palabras eran duras, pero no necesitaba que me dijeran lo que de verdad opinaba, en pocos días había llegado a conocerlas muy bien. Parte 4: ¡Adiós, cangrejo! Tras un breve respiro, Ginja se acercó a mí. —¡Muy bien, señor cangrejo! Has dominado la técnica, y con esta, todas las técnicas que tenía para enseñarte. Ahora ha llegado el momento de tu graduación. —Cuando dijo esas palabras, mi cuerpo se relajó, solo pude pensar en lo contento que estaba por haberlo conseguido. Ahora llegaba el momento de graduarme… —¿Graduarme? —pregunté. Por alguna razón se me hacía extraño, me darían un diploma o algo así, no me iba a vestir con otra ropa que no fuese la de la Marina, que era mi orgullo, mi seña, mi corazón. —En efecto, Juancito… Te toca gra-du-ar-te. ¡Qiang, Lei, ayudadme! —dijo Ginja antes de que las hermanas se acercaran hasta mí con rostros divertidos de malicia. —¡Será un combate! Tú contra nosotras tres. —Ante la sugerencia de la maestra, me quedé congelado. —Pero… Pero yo… —dije en un intento de evadir el momento. —¡Ni peros ni peras, ponte en guardia y aprieta esos glúteos! —pasé a mi forma híbrida de tortuga, aumentando notablemente de tamaño, hundiendo mis gruesas garras en el suelo de nubes y colocando mi pinza por delante de mi torso. ¿Querían una graduación? Pues tendríamos una graduación y no sería yo el que saldría escaldado de aquí. El combate fue corto, demasiado corto, lo único que resaltó por encima del sonido hueco de los golpes eran los aullidos de dolor de un pobre cangrejo con corazón de tortuga. —No… ¡Por favor!—
—¡Mordiscos no!—
—¡En la cabeza no, que estoy estudiando!—
—¡PIEDADDDD!—
Si bien había sido algo sufrido, al terminar lo que realmente había sido poco más que una paliza, me sentí verdaderamente pleno. Tumbado en el suelo, mirando al cielo, pude sentir el dolor de cada parte de mi cuerpo, la patada en el abdomen de Qiang… El mordisco en la mano de Lei… El Senmaigawara Seiken en el rostro de Ginja al grito de —¡Quieto, que voy a arreglarte la cara!—... Y a saber cuántos golpes más, no era dolor vacío, eran lecciones, recuerdos de los momentos que había pasado en este dojo. Tras pasar un minuto acostado, me incorporé, sentándome con las piernas cruzadas. —No ha sido mucho tiempo, eee —dije con una sonrisa. —No, no lo ha sido. Después de todo, soy una maestra excepcional —respondió Ginja, con una sonrisa de orgullo. —Mi maestro de kárate gyojin en el South Blue, Batch Kalao, me dijo que era muy impaciente… Creo que lo sigo siendo, jejeje —dije con una sonrisa pura. —¿No te dijo que eras feo? —apuntó Qiang. —¿Tampoco te dijo que eras bobo? —añadió Lei. —JAJAJAJA, pues ahora que lo decís… —Les respondí mientras me levantaba, antes de acariciar sus cabezas por última vez. Una vez de pie, me estiré, arqueando la espalda para mirar al cielo que se abría sobre nosotros. Estaba contento, pero cuando me hice a la idea de que era posible que nunca volviese a ver a ninguna de las tres, un sentimiento de melancolía me inundó. —¡Va siendo hora de que me marche! —les dije, pero Ginja me agarró del hombro para recordarme algo. —¿No te habrás olvidado del trato, no, cara de papa? Tienes que presentarme a ese amigo tuyo.— En ese momento recordé algo que se me había olvidado por completo, pero que pensaba cumplir. —Oooo, es cierto, Akira te va a encantar, es una muchacha superagradable. —le respondí como si nada, ignorando el evidente problema de mis palabras. —¿Chica? —dijo con sequedad. —¡Sí! Verás, por algún motivo se cambió de… Ow…Eeeee… —Pude empezar a ver cómo su rostro se encendía en furia. La única opción que me quedó fue la más evidente, correr por mi vida. —¡MALDITO ADEFESIO! —Dijo Ginja mientras corría para matarme. —¡FUE UN ERROR! —Me excusé mientras corría por mi vida. Mientras tanto, Qiang y Lei me despedían desde la distancia, moviendo sus bracitos de lado a lado sobre sus cabezas. —Ahí va… El mejor cangrejo que he conocido nunca…—dijo Qiang. —¿Has conocido más? —preguntó su hermana con asertividad. —No...— Nunca olvidaría lo que viví en este dojo…
Cajita de tortuga
RE: [PR][FIC-Entrenamiento] Kárate en las nubes 3: Ahora es personal - PX-6 - 24-08-2026 ✓ Entrenamiento: Completado COSTE: — Karakusagawara seiken («Verdadero golpe del arabesco de tejas»)
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