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Estoy aqui pero no soy yo [P.R] [Inconsciencia] - Masato Ami - 19-08-2026 Día 2 | Año 18 | Primavera | Skypea, Zona de los Cielos El contramaestre había sido tan amable de ayudarme económicamente que ni siquiera sabía cómo agradecérselo. Había pagado el proceso para que Pawurs pudiera extraer mi Akuma no Mi y, después de tantas dudas, finalmente estaba a punto de descubrir cómo sería mi vida sin aquella transformación, pero todo ocurrió demasiado rápido. En cuanto Pawurs utilizó su poder sobre mí, sentí un extraño estremecimiento recorrerme de pies a cabeza. Intenté mantenerme consciente, intenté siquiera entender qué estaba sucediendo, pero mis fuerzas comenzaron a abandonarme. Mis piernas dejaron de responder y todo a mi alrededor empezó a perder claridad. —¿Pawurs...? —alcancé a murmurar. Mi voz apenas salió de mis labios. Lo último que recuerdo fue sentir cómo mi cuerpo se volvía pesado mientras la vista se me apagaba lentamente. No hubo tiempo para asustarme, ni siquiera para arrepentirme de la decisión que acababa de tomar, simplemente cerré los ojos y caí en un profundo estado de inconsciencia, pero aquello no era una oscuridad vacía, de pronto estaba en otro lugar. No había gradas, ni público, ni Skypea, ni siquiera parecía estar en el Grand Line. Frente a mí se extendía un paisaje que reconocía perfectamente, aunque hacía bastante tiempo que no lo veía, mi querida baterilla, el lugar donde todo había comenzado. Caminé unos pasos sin entender qué estaba haciendo allí. El viento movía suavemente mi cabello y, a lo lejos, podía escuchar algo que me resultaba demasiado familiar. El sonido de unas maracas. —¿Pero qué mier...? —murmuré, mirando alrededor, entonces la vi, aquella fruta, la misma que una anciana me había entregado meses atrás. La Akuma no Mi que había cambiado mi vida. Me quedé mirándola durante unos segundos, sintiendo una mezcla extraña de nostalgia y rechazo. Había pasado tanto tiempo intentando aprender a convivir con aquel poder que casi había olvidado cómo era mi vida antes de consumirla. Recordé mis primeras transformaciones, las veces que no podía controlar mi cuerpo, las situaciones vergonzosas, las peleas, las veces que aquella transformación me había ayudado y también las veces que había deseado desesperadamente poder librarme de ella. Extendí una mano hacia la fruta, pero antes de tocarla escuché una voz detrás de mí. —¿De verdad quieres dejarla atrás? — Me giré y no había nadie, solo aquel paisaje y el sonido de las maracas, tragué saliva y no era por miedo, sino otra sensación que llenaba mi cuerpo. —No lo sé, tesoro—respondí con honestidad. Miré nuevamente la fruta. —Supongo que una parte de mí sí quiere, pero otra parte, ya se había acostumbrado a vivir maldito. — Bajé la mirada hacia mis manos. RE: Estoy aqui pero no soy yo [Pasado] [Inconsciencia] - Masato Ami - 19-08-2026 En ese momento exacto, y de la nada, apareció frente a mí un grupo de personas que conocía perfectamente. Eran ellos. Mi antiguo grupo de la adolescencia. Me quedé completamente inmóvil al verlos pasar frente a mí como si el tiempo jamás hubiera transcurrido. Llevaban tambores, güiras y guitarras, y en cuestión de segundos todo aquel lugar se llenó de salsa, de aquella música que durante tanto tiempo había formado parte de mi vida. Mis ojos se abrieron con sorpresa tesoro. Incluso pude reconocer la manera en que cada uno tocaba, la forma en que se movían y esas sonrisas que creía haber olvidado. La música comenzó a envolverlo todo y, frente a mí, aquella Akuma no Mi que había estado observando desapareció lentamente, como si nunca hubiese existido. —¿Masami? —escuché y entonces giré la cabeza para ver que uno de ellos estaba mirándome directamente mientras golpeaba la tambora, siguiendo el ritmo con una sonrisa enorme. —¡Masami, suena esas maracas, mija, que se sieeeeeentaaaaa! — El ritmo aumentó y el ¡Pum! ¡Pum-pá! Hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas casi de inmediato. No sabía si estaba soñando, si aquello era un recuerdo o si mi propia mente estaba intentando decirme algo, pero escuchar aquella voz otra vez hizo que algo dentro de mí se estremeciera. Miré hacia mi cintura y mis maracas estaban ahí. Las tomé lentamente entre mis manos y por un instante olvidé completamente que estaba en Skypea, que acababa de perder mi Akuma no Mi y que, en algún lugar del mundo real, probablemente el contramaestre Gaufrid estaba intentando averiguar si seguía respirando pero que más da ahora mismo solo existía aquella música, aquella gente que tanto quise durante mi adolescencia y sobre todo y el chico que fui antes de convertirme en Masami el marine. —¿Qué tan ustede esperando eh, tesoros...? —murmuré con una sonrisa temblorosa, levanté mis maracas. —Si vamo a recordar eta vaina vamo a hacerlo bien. — y comencé a agitarlas al ritmo de la tambora mientras se acercaban los demas con sus instrumentos y se lograba sentir el ambiente de la verdadera salsa, la musica que siempre me ha dado la inspiración para seguir siendo yo mismo. RE: Estoy aqui pero no soy yo [Pasado] [Inconsciencia] - Masato Ami - 19-08-2026 Cuando todos los instrumentos comenzaron a sonar al mismo ritmo, sentí como si aquella música estuviera arrastrándome cada vez más profundo dentro de mis propios recuerdos. Ya no estaba viendo a los muchachos de mi adolescencia. Ya no estaba viendo las calles de Baterilla como las recordaba. Había viajado mucho más atrás hasta cuando era apenas un niño. Fruncí el ceño al verme allí, pequeño, con aquella ropa que tanto me gustaba y el maquillaje de mi madre todavía un poco torcido sobre el rostro. Me quedé observándolo desde unos metros de distancia, completamente confundido. Era yo ¿verdad? Sí, era yo, pero al mismo tiempo sentía que estaba viendo a otra persona. El pequeño Masami caminaba intentando esconderse, mientras algunas voces comenzaron a escucharse detrás de él. —¡Mírenlo! ¡Otra vez vestido como una niña! — , —¡Qué raro! —, —¿Por qué usa el maquillaje de su mamá? — Las palabras comenzaron a multiplicarse. Una detrás de otra. Algunas eran insultos que recordaba perfectamente y otras ni siquiera sabía que todavía guardaba en algún rincón de mi memoria. Mi pequeño yo bajó la cabeza y apretó los labios y yo, desde donde estaba, sentí un nudo en la garganta. ![]() —Ay Tesoro —susurré y quise acercarme, tomarlo de la mano y decirle que no tenía nada de malo, que podía ponerse aquella ropa, que podía maquillarse, que no tenía que esconderse, pero mis pies no se movieron mientras la salsa continuaba sonando detrás de mí, alegre, llena de vida, como si los músicos estuvieran intentando recordarme que incluso dentro de los momentos más dolorosos siempre había existido una melodía que me pertenecía. Entonces vi al pequeño Masami correr y como se refugió detrás de una pared y se limpió rápidamente las lágrimas con las mangas. Después sacó nuevamente el pequeño espejo que había tomado de su madre y volvió a mirarse y, aunque estaba llorando, sonrió era una sonrisa pequeña y tímida, pero real. —Algún día voy a ser bonito.—murmuró el niño y en ese mismo momento sentí que algo dentro de mi pecho se rompía porque ahora entendía por qué nunca había querido abandonar aquella parte de mí, no se trataba solamente de ropa, ni del maquillaje, ni de las maracas, ni siquiera de la forma en que me gustaba presentarme ante los demás. Ese niño había encontrado en todas aquellas cosas una manera de decir este soy yo cuando el mundo entero parecía decirle que estaba equivocado, apreté las maracas entre mis manos. —Y lo fuiste, mi amor —dije con la voz quebrada —Lo sigues siendo. — ![]() RE: Estoy aqui pero no soy yo [Pasado] [Inconsciencia] - Masato Ami - 19-08-2026 Me di la vuelta, y por lo visto el destino había decidido burlarse de mí de todas las formas posibles, porque lo que encontré frente a mis ojos fui yo mismo, pero unos cuantos años más joven. Un Masami adolescente. Ahí estaba aquel muchacho con un pantalón negro bastante ajustado, una camisa sencilla, maquillaje suave sobre el rostro y un violín acomodado a su espalda. Tenía el cabello un poco desordenado y esa mirada de quien todavía creía que el mundo podía ser exactamente como uno quisiera y estaba coqueteando, por supuesto que estaba coqueteando. ![]() Frente a él había un muchacho cualquiera, de esos que desde lejos uno podía identificar como ese te va a romper el corazón, mi amor. Pero el Masami adolescente no parecía tener la más mínima preocupación al respecto. Todo lo contrario, estaba encantado con la conversación, sonriendo como un tonto mientras intentaba impresionarlo. —No puede ser.—murmuré, llevándome una mano a la frente — ¿Yo era así? — Me quedé observando la escena con una mezcla de vergüenza y ternura. Aquel muchacho todavía no sabía absolutamente nada de la vida. No sabía cuántas veces le iban a romper el corazón, cuántas personas pasarían por su vida, ni cuánto tendría que luchar para convertirse en quien realmente quería ser, pero tampoco había perdido algo que con los años aprendería a valorar muchísimo, la ilusión, ese adolescente estaba enamorado de la vida. No de aquel chico en particular, aunque claramente creía que podía ser el amor de su existencia en ese preciso momento. Estaba enamorado de la música, de la ropa que elegía, del maquillaje, de salir con su violín, de conocer gente y de imaginar que algún día podría vivir exactamente como quería. Lo observé durante unos segundos más. —Ay, mi niño tú sí que estabas perdido. — El adolescente soltó una pequeña risa mientras se acomodaba el cabello y continuaba hablando con aquel muchacho. Entonces levantó una mano y señaló su violín. —Toco desde pequeño. Algún día voy a tocar para muchísima gente, y quiero besarte en primera fila, digo digo, verte en primera fila tesoro — Me quedé completamente quieto, aquella frase me golpeó más fuerte de lo que esperaba, miré mis propias maracas, después miré nuevamente al adolescente, ¿Cuándo había cambiado el instrumento? ¿Cuándo había cambiado mi forma de vestir? ¿Cuándo había cambiado mi forma de maquillarme? Había cambiado prácticamente todo y fue justamente cuando me uní a la marina, pero aquella persona seguía ahí, sigo con la misma necesidad de expresarme, con el gusto por la misma música, sigo teniendo la misma sonrisa coqueta y el mismo deseo de ser visto exactamente como quería ser. —Mira nada más. —susurré con una sonrisa triste —Al final sí llegamos bastante lejos, ¿verdad, mi niño? — El adolescente no podía escucharme. Ni siquiera sabía que yo estaba allí, pero verlo así me hizo comprender algo, quizá nunca había necesitado deshacerme de todas aquellas partes de mí, quizá solamente necesitaba aprender a llevarlas conmigo, soy un Okama, lo he sido desde que tengo uso de razón, aunque antes lo llamaban de otra forma. —Mírame ahora. —murmuré, observando a aquel adolescente que era yo mismo —Soy un marine y casi no salgo con nadie. Casi no me da tiempo ni de maquillarme, ya no uso esa ropa tan ceñida al cuerpo ni aquellas camisas que dejaban mi pecho al aire— bajé la mirada hacia mí mismo por unos segundos, el uniforme de la Marina, las botas, el cinturón, las armas, las maracas todo aquello parecía pertenecer a una versión completamente diferente de mí. —Pero sigo siendo yo, ¿verdad, tesoro? — Sabía perfectamente que no podía escucharme. Aquello no era más que un recuerdo, un sueño, quizá mi propia mente intentando enseñarme algo que llevaba demasiado tiempo ignorando, pero, aun así, necesitaba decirlo. Mi yo adolescente dejó de hablar con aquel muchacho, giró ligeramente la cabeza y me miró, me quedé completamente inmóvil. No podía verme, no de verdad. Sus ojos simplemente habían pasado por aquel lugar donde yo estaba parado, pero entonces ocurrió algo que me dejó sin palabras, me sonrió, una sonrisa pequeña, tranquila era la misma sonrisa que yo había visto en aquel niño escondido detrás de la pared y sentí un puto nudo en la garganta. —¿QUÉ? ¿QUÉ COÑO ME ESTAS TRATANDO DE DECIR? — Grité, entonces lo entendí, no estaba allí porque extrañara mi adolescencia, mi mente no me había traído hasta allí porque quisiera volver a usar aquellas camisas, ni porque necesitara recuperar la vida que tenía antes de convertirme en marine. Me había traído hasta aquí porque había comenzado a alejarme de mí mismo, había empezado a pensar demasiado en cómo debía verme para ser tomado en serio. En ser más fuerte, en entrenar. En demostrar que merecía pertenecer a la división 80. En convertirme en un marine digno de respeto y en medio de todo aquello había dejado de ser Masami, no por completo, pero sí lo suficiente para que mi propio pasado tuviera que venir a recordármelo, me llevé una mano al pecho. —El Okama Way. —murmuré y la sonrisa de mi versión adolescente parecía hacerse más grande. —No se trataba de parecer una mujer. Nunca se trató de eso. — Respiré profundamente. —Se trataba de ser yo, de putear como yo lo hacía, seguir siendo la parte más libre de mí mismo. — Las maracas descansaban todavía entre mis manos entonces las levanté lentamente y dejé escapar una pequeña sonrisa. —Puedo ser marine y seguir siendo una diva. Puedo entrenar, pelear, disparar, usar uniforme y seguir maquillándome cuando quiera. Puedo ponerme un vestido, una camisa enorme o este uniforme y ninguna de esas cosas decide quién soy. — Miré nuevamente a mi yo adolescente. —Gracias por recordármelo, honey. — Él volvió a sonreír y comprendí que aquella sonrisa no era una despedida, era una bienvenida, la bienvenida de volver a encontrarme conmigo mismo. RE: Estoy aqui pero no soy yo [P.R] [Inconsciencia] - Masato Ami - 19-08-2026 Me moví de nuevo, siguiendo aquel sonido de la salsa que parecía aparecer cada vez que algún recuerdo importante estaba a punto de mostrarse frente a mí. Caminé varios metros, atravesando aquella especie de escenario extraño que era mi propia memoria, hasta encontrarme con una escena que casi había olvidado. Me quedé paralizado porque aquel recuerdo era del día en que había decidido pertenecer a la Marina. Ahí estaba yo, con diecinueve años. El cabello negro me caía largo por la espalda, con aquellas puntas rojas que tanto me gustaban, aunque en aquel momento lo tenía recogido en una especie de cola de caballo mal hecha. Mi maquillaje estaba corrido y bastante lejos de ser perfecto. Las ojeras eran evidentes, profundas, como si hubiera pasado noches enteras llorando y probablemente lo había hecho, todavía tenía el corazón hecho pedazos por aquella ruptura, pero ahí estaba, sonriendo. Frente a mí se encontraba un instructor de la Marina, observándome con una expresión que prácticamente gritaba que no quería dejarme entrar. Me quedé mirando la escena con una mezcla de vergüenza y nostalgia. —Ay, Masami. —murmuré. Parecía un vagabundo revolucionario que se había equivocado de edificio y había terminado frente a una oficina de reclutamiento. El Masami de diecinueve años, sin embargo, no parecía darse cuenta de eso. O quizá simplemente no le importaba. —Quiero entrar a la Marina. —dijo con una seguridad que incluso a mí me sorprendió. El instructor lo observó de arriba abajo. —¿Tú? —, —Sí, yo. —, —¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? — El joven Masami sonrió todavía más. —Completamente. — Yo observaba desde unos metros atrás, incapaz de apartar la mirada, entonces apareció la duda que tantas veces había evitado hacerme. ¿No quería aceptarme porque era un Okama? ¿Porque llevaba maquillaje? ¿Porque mi cabello, mi ropa y mi manera de comportarme no encajaban con la imagen tradicional de un marine? ¿O simplemente porque, siendo honestos, aquel muchacho tenía una apariencia tan descuidada que parecía que llevaba tres días durmiendo debajo de un puente? —Bueno —murmuré, mirando nuevamente la escena —Tampoco puedo culparlo del todo, honey. — El Masami de diecinueve años se acomodó el cabello y levantó el mentón. ![]() —Quiero proteger a las personas. Quiero que nadie tenga que sentirse avergonzado de ser quien es. Y quiero demostrar que alguien como yo también puede llevar este uniforme. —Mi sonrisa desapareció lentamente, aquellas palabras yo las había olvidado, había olvidado que ese había sido el verdadero motivo por el que había querido entrar, no para ser fuerte ni para demostrar que podía vencer a los demás, tampoco para convertirme en el mejor marine. Había entrado porque quería que algún día otro niño pudiera mirar a un marine como yo y pensar "Yo también puedo hacerlo." Me llevé una mano al pecho. —Ese era el sueño, era mi sueño. — El joven Masami continuaba frente al instructor, esperando una respuesta y aunque todavía tenía los ojos cansados y el maquillaje hecho un desastre, sonreía como si estuviera a punto de conquistar el mundo. —Qué muchacho tan terco. —susurré con una sonrisa nostálgica —Menos mal que no cambiaste esa parte, tesoro. — El reclutador mantuvo los brazos cruzados durante varios segundos. Su mirada recorrió al Masato de diecinueve años desde aquella cola de caballo mal hecha hasta sus zapatos gastados, deteniéndose especialmente en el estuche del violín que cargaba a la espalda. El silencio comenzó a sentirse incómodo, incluso para mí, que solo estaba contemplando un recuerdo ocurrido hacía años. —No pareces tener lo que se necesita para pertenecer a la Marina, muchacho. — La sonrisa del joven Masami perdió un poquito de fuerza. —¿Cómo dice? — —Mírate. —El hombre suspiró —No pareces un marine. Pareces un músico callejero que se perdió camino a una taberna. — Sentí aquellas palabras como si me las estuvieran diciendo nuevamente, recordaba ese momento a la perfección, ese momento si se clavó en mi interior, lo recordaba muchísimo más de lo que quería. El joven bajó la mirada hacia su ropa, después tocó inconscientemente el estuche del violín sobre su hombro. Las ojeras, el maquillaje corrido y aquel aspecto desastroso no ayudaban precisamente a vender la imagen de un futuro defensor de la justicia. —Vete a casa, Masato. Busca un escenario. Toca tu violín, canta, baila, haz lo que sea que hagan los artistas. La Marina no es para ti. — Mi yo de diecinueve años permaneció en silencio, por un instante pensé que iba a llorar porque conocía perfectamente aquella expresión. Había pasado demasiadas noches llorando por alguien que no merecía ni la mitad de aquellas lágrimas y ahora, cuando finalmente había reunido fuerzas para intentar comenzar una nueva vida, alguien volvía a decirle que no pertenecía. —Ay, mi niño. —susurré desde la distancia, el joven Masato apretó los puños. —No. — El reclutador levantó una ceja. —¿Qué dijiste? — Respondió el reclutador con cara de incredulidad. —Que no. — Esta vez levantó la cabeza. Sus ojos seguían cansados. Todavía había tristeza detrás de ellos y su sonrisa había desaparecido completamente, pero algo diferente había ocupado su lugar, determinación. —No me voy a ir. — —Muchacho...— El instructor parecía ya cansado de lo mismo. —Puede decirme que no parezco un marine. Puede decirme que parezco músico, vagabundo, mujer, hombre o lo que usted quiera, tesoro. —Se señaló el pecho con firmeza —Pero usted no decide lo que puedo llegar a ser. — El reclutador endureció la expresión. Yo, en cambio, sentí que los ojos comenzaban a humedecérseme, esa era una de las partes que había olvidado. —Yo sigo el Okama Way —continuó aquel Masami mucho más joven —Y no significa que tenga que vestirme de una manera determinada ni que tenga que actuar como alguien espera de mí. Significa que este es mi camino y que voy a recorrerlo siendo exactamente quien soy. — El reclutador permaneció callado. —¿Y qué tiene que ver eso con la Marina? — Masato respiró profundamente. —TODO!! — Su mano volvió hasta el violín. —Ustedes hablan de justicia como si solamente existiera una. Pero yo tengo la mía. — La salsa que había estado escuchando desde que comenzó aquel extraño sueño volvió a aparecer suavemente en la distancia. Primero la güira, después la tambora y finalmente unas maracas que parecían acompañar cada palabra de aquel muchacho. —Mi justicia es que ningún niño tenga que esconderse detrás de una pared para ponerse la ropa que le gusta. Mi justicia es que nadie tenga que sentirse menos por amar diferente, verse diferente o vivir diferente. Mi justicia es proteger a quienes no pueden defenderse y hacerlo sin tener que convertirme en otra persona para que ustedes me acepten. — Sentí una lágrima recorrer mi mejilla. Ahora lo recordaba, esa era mi justicia, antes de los rangos, antes de la división 80, antes del Grand Line, antes incluso de aquella maldita fruta ya existía Masami. El reclutador señaló la puerta. —Te estoy diciendo que te marches. — Mi yo de diecinueve años miró hacia donde señalaba y después volvió a mirarlo a él para entonces sonreír —Pues mañana regreso. — El reclutador casi pareció bufar del estrés. —Te volveré a rechazar. — Aparentemente se había vuelto una competencia de perseverancia y yo simplemente había olvidado todo eso. —Entonces regreso pasado mañana. — —Y volveré a decirte que no. — Masato se encogió de hombros. —Pues espero que tenga café, porque nos vamos a ver bastante, honey. — No pude evitar sonreír entre lágrimas, ahí estaba terco como una mula. Con el corazón roto, maquillaje mal puesto, un violín en la espalda y probablemente dos berrys en el bolsillo, pero dispuesto a plantarse frente al mundo entero hasta conseguir su oportunidad. El reclutador lo miró incrédulo. —¿Realmente estás dispuesto a insistir tanto? — Masato sostuvo su mirada. —No tienes idea tesoro, insistiré hasta que me deje demostrarle que está equivocado. — El recuerdo comenzó a desdibujarse lentamente a mi alrededor. El escritorio, las paredes y el símbolo de la Marina fueron perdiendo forma mientras la salsa se hacía cada vez más clara. Yo permanecí mirando a aquel muchacho. —No cambies. —murmuré, pero entonces corregí mis propias palabras. —No. Cambia todo lo que quieras, tesoro. Enamórate, equivócate, hazte marine, córtate el cabello, déjatelo crecer otra vez, usa uniforme, ponte vestidos, cambia el violín por unas maracas si te da la gana. — Apreté las maracas contra mi pecho mientras las lágrimas continuaban bajando por mis mejillas. —Pero esa forma, esa forma de ser tu no la cambies nunca. — Porque finalmente comenzaba a comprender qué me estaba mostrando aquel sueño, mi Akuma no Mi nunca había definido quién era, la Marina tampoco, ni mi maquillaje, ni mi ropa, ni siquiera el nombre de Masami, lo que si me definía era que ya desde incluso antes de ser marine ya tenia mi propia justicia y ella caminaba de la mano con el Okama Way. El reclutador todavía señalaba la puerta cuando el Masato de diecinueve años llevó lentamente una mano hacia su espalda. Por un instante pensé que simplemente acomodaría el estuche del violín, pero lo vi retirárselo del hombro y colocarlo directamente sobre la mesa del instructor. El sonido seco del estuche contra la madera hizo que ambos guardaran silencio. Masato abrió los broches uno por uno. Levantó la tapa y allí estaba aquel violín que había cargado durante tantos años. La madera tenía algunas marcas del uso, pero seguía siendo hermoso. Yo lo recordaba perfectamente, tesoro. Recordaba las noches tocándolo hasta que me dolían los dedos, las canciones que había aprendido cuando todavía era un niño y las veces que aquel instrumento había sido lo único capaz de hacerme compañía cuando no quería hablar con nadie. Mi sonrisa desapareció. —No. —murmuré desde donde observaba el recuerdo. El joven Masato tomó el violín entre sus manos mientras el reclutador frunció el ceño. —¿Qué estás haciendo? — Masato lo miró directamente a los ojos en ese momento podía jurar que no había vergüenza ni lágrimas. —¿Quiere ver qué tan dispuesto estoy a unirme a la Marina? — El instructor apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Masato levantó el instrumento y, con un movimiento fugaz, lo estrelló con toda su fuerza contra el suelo, el sonido me atravesó, la madera se partió en dos y las cuerdas quedaron colgando entre ambas mitades y una de ellas vibró durante algunos segundos, produciendo una nota horrible, quebrada, que lentamente murió en medio de aquel despacho, en ese momento sentí que el pecho se me cerraba. —Ay, Masami, ¿Qué hiciste? — Lo recordaba, pero había olvidado cuánto dolía verlo, no quisiera volver a recordar cuanto dolía vivirlo. ![]() El muchacho observó durante unos segundos aquello que quedaba de su violín. Sus dedos temblaron ligeramente. Romperlo no significaba que hubiese dejado de amarlo, precisamente por eso aquel gesto había sido tan doloroso. Estaba destruyendo algo que había formado parte de su vida para demostrarle a un desconocido cuánto significaba aquella oportunidad, entonces levantó la mirada. —No me tache de raro, de mujer o de músico sin más. —Su voz tembló apenas, pero no retrocedió —Puede pensar lo que quiera de cómo me visto o de cómo hablo, pero no utilice ninguna de esas cosas para decidir de lo que soy capaz. — El reclutador bajó lentamente el brazo con el que todavía señalaba la salida. Masato dio un paso hacia su escritorio. —Puedo ser músico y marine. Puedo maquillarme y pelear. Puedo usar una falda mañana y ese uniforme suyo pasado mañana. Una cosa no borra la otra, Tesoro. — Señaló los restos del violín. —Eso era importante para mí, muchísimo, pero estoy dispuesto a dejar atrás una vida entera si eso significa que algún día puedo proteger a alguien que necesite de mí. — Sus ojos se humedecieron, pero, aun así, mantuvo el mentón en alto. —Así que no me mire y decida que no sirvo solamente porque no me parezco a sus hombres. — El silencio se apoderó del despacho. —Puedo ser un marine igual o mejor que cualquiera de ellos. — El reclutador miró el violín destrozado y luego lo miró a él. —¿Y si después de todo esto sigo diciéndote que no? — Masato tragó saliva. —Recojo mi violín. — Se agachó y tomó cuidadosamente las dos partes del instrumento. —Lo arreglo como pueda, para poder tocar y ganar unas monedas para comer— Guardó ambas dentro del estuche. —Y mañana vuelvo. — Aquello me hizo bajar la cabeza. Ahora comprendía algo que a los diecinueve años todavía no podía entender, no necesitaba haber roto aquel violín, no necesitaba destruir una parte de mí para demostrar que merecía convertirme en marine, pero ese muchacho todavía estaba aprendiendo eso. Me acerqué unos pasos, aunque sabía que no podía escucharme. —Ay, mi niño, si supieras que ahora somos marines —susurré con los ojos húmedos —No habrías tenido que demostrarles nada de esa manera. — Masato cerró el estuche y volvió a mirar al instructor con aquella terquedad que todavía conservaba a mis veintiún años. —Puede echarme hoy, tesoro, pero para hacer que me rinda va a necesitar algo bastante más fuerte que una puerta cerrada. —
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RE: Estoy aqui pero no soy yo [P.R] [Inconsciencia] - PX-2 - 25-08-2026 ✘ TEMA: CERRADO Puedes despertar |