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Expandiendo los sentidos[Fic Entrenamiento Kenbunshoku][PR] - Versión para impresión

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Expandiendo los sentidos[Fic Entrenamiento Kenbunshoku][PR] - Bertram Gaufrid - 19-08-2026

3 de primavera, Año 18, Skypiea
El joven arquero de la marina ha logrado superar el peculiar, arriesgado y misterioso viaje desde los mares azules hasta las aguas del cielo, o nubes, aún no se acostumbra a como se encuentra todo formado allá arriba, no sabe si definir la zona de navegación como agua, nube o algo diferente. Tras ese viaje repleto de misterios, ruido y aventura, los marines no llegaron simplemente a las islas del cielo, se encontraron con todo un evento organizado por el gobernante de la isla, y donde cada uno de los visitantes se enfrentó a un desafío diferente, preparado para poner a prueba diferentes capacidades de los participantes. Tras todo lo ocurrido en aquel viaje tan movido y lleno de sucesos inesperados y aventura el arquero se embarca en una misión particular, una misión que tiene mucho a ver con una información que corría entre los recién llegados sobre la presencia de al menos dos maestros en la famosa isla del cielo que están perfectamente capacitados para instruir a otros en el uso del haki, algo que el joven pelirrojo solo puede hacer con el haki innato que nació dentro suya y le ayudó a tumbar a los osos y conejos que le atacaron tanto a él como a sus compañeros en la misión de Drum. Con eso en mente el joven marine decide adentrarse en la isla en busca de algunos de esos maestros para pedirle que le ayude a despertar el haki y le enseñe a dominarlo a un nivel básico que le permita emplearlo en futuras peleas, aventuras y misiones, sobre todo para pelear contra enemigos que por el momento son inmunes a sus ataques, por ejemplo aquellos con akumas del tipo logia al ser inmunes a la mayoría de ataques si no llevan haki, un metal concreto o sean de un elemento que dañe naturalmente al elemento en el que se transforman.
 
Sin embargo, el joven antes de buscar al maestro investigó un poco sobre los maestros presentes en la isla y sobre los hakis, preguntando a gente de la zona por la ubicación de los dojos, siendo que prefiere conocer un poco más de cada maestro antes de elegir a quien acudir a pedir su ayuda con los hakis. Conforme el joven investiga va descubriendo que hay un maestro en Shandora, la ciudad donde se llevaron a cabo los juegos del soberano, una competencia entre visitantes que llegan desde el mar azul organizada por el gobernante de la isla, en la cual el joven arquero participó y tuvo la suerte de poder quedar en un muy buen puesto en su propia prueba. El otro maestro se encuentra en el poblado Birka, una zona que el arquero pelirrojo aún no ha visitado y que tiene en mente visitar antes de dejar esa zona de forma prácticamente permanente, salvo que haya un motivo de peso real para regresar, pues el viaje no es algo sencillo.
 
El joven pelirrojo ajusta su arco en su espalda con firmeza, asegurándose de que permanezca en su sitio y que esté puesto de forma que no moleste a los demás al caminar ni choque con nada, lo último que quiere es ser una molestia para la gente que, a pesar de no ser de la zona, nota cómo la gente lo trata con respeto y sin prejuicios en su mayoría, aunque tal cómo ocurre en otros lados, hay gente que sí muestra cierta desconfianza y otros que parecen despreciar a determinados grupos, viéndolos como inferiores, algo que el joven cazador nunca entendió ni entenderá. Los ojos del contramaestre permanecen avizores y atentos al entorno, fijándose en cada detalle del lugar por costumbre, mapeando mentalmente el lugar y clasificando los caminos según la utilidad que cada uno pueda tener. En lo que respecta a valorar rutas de escape las evalúa en función de la amplitud, la facilidad para perder a los persecutores, pero sobre todo, Bertram prioriza los caminos en los que su escape no pondría en riesgo a gente inocente, aunque espera no tener que llegar a la necesidad de escapar.
 
Tras un rato caminando y meditando, el joven decide ir al dojo del poblado Birka, a entrenar con la maestra de allí, aparentemente una joven prodigio que en lugar de dejar que eso le infle el ego y la haga menospreciar a los demás, parece alguien paciente dispuesta a entrenar a todos. El motivo por el que el joven cazador tiene esa impresión es que muchos de los habitantes hablan abiertamente del tema tras el evento que recién termina, siendo que al parecer no es la primera vez que se organiza y la última vez al parecer varios de los participantes provenientes del mar azul, nombre que dan allí arriba al mar del que viene el marine, aprovecharon para aprender a manejar el haki con algunos de los maestros de allí, y al hablar de ellos la mayoría decía que el maestro de Shandora era bastante exigente y estricto, pero que la maestra del poblado Birka era más paciente con aquellos que tal vez no tengan tanta facilidad para aprender o desarrollar sus capacidades, siendo que algunos dicen que algunos de los que fueron a entrenar con ella estuvieron semanas o meses hasta lograr controlar el haki de forma básica.
 
El arquero sopesó ir con el maestro estricto con una alta exigencia y que se sabe que no duda en dejar de enseñar a alumnos que muestren ciertas características, o con la joven prodigio que en lugar de dejarse consumir por el ego de su talento, decide usarlo para ayudar a otros a mejorar. En la mente del pelirrojo la decisión es clara, lo que escucha de la personalidad de Jalindra es exactamente lo mismo que hacía su difunto abuelo con todo aquél que quisiera aprender a usar un arco o a cazar, alguien muy talentoso que en lugar de pensar ser mejor que los demás, decide usar su talento para ayudar a otros a lograr mejorar. El joven marine se detiene en una pequeña panadería a comprar algo para comer en el camino a modo de desayuno, el viaje desde donde su embarcación se encuentra que es donde el joven descansa junto a su fiel montura, la cual no sale del barco de momento porque el marine está ocupado, y no confía en dejar que su compañero salga a una isla llena de criaturas que no conoce sin él, pues puede pasar de todo, desde que lo tomen por una criatura salvaje y lo quieran llevar con ellos a ser atacado por criaturas, depredadores o por los habitantes al no reconocer una criatura y tomarlo como una posible amenaza.
 
Tras hacerse con una bolsa de croissants, el joven arquero de la marina camina por el sendero que lo lleva hasta el poblado Birka, siendo el camino bastante nostálgico para el joven pelirrojo pues cuanto más avanza por él más lo rodea la naturaleza, con diversos tipos de árboles, arbustos y todo tipo de flora mientras que el aire se llena del sonido de la fauna actuando con naturalidad, sin ser hostil ni parecer tomar su presencia como una amenaza, pues el joven solo está de paso, manteniéndose en el camino marcado y sin intenciones de actuar como un cazador, en ese momento sólo le interesa llegar al dojo y empezar el entrenamiento con la maestra. A paso ligero, sin dejar de prestar atención al entorno y mantener el ojo avizor, el joven arquero no tarda en llegar a su destino, sin embargo, conforme se va acercando al poblado empieza a notar un cambio en el ambiente, hay menos Lunarians presentes y un aire más humilde, más relajado que en la ciudad de Shandora.
 
El arquero se acerca poco a poco y ve un grupo de personas reunidas en lo que parece una plaza y se dirige allí y dice -Disculpen, soy uno de los viajeros de los mares azules y ando buscando a una persona en concreto, una que según he oído enseña el haki a otros, creo haber escuchado se llamaba Jalindra o algo similar sir.- Ante esas palabras un anciano que estaba en la conversación se gira a mirar al joven pelirrojo con una mirada cálida y tranquila, siendo que el marine no nota ningún tipo de hostilidad ni sentimientos negativos en la misma como desprecio o similares, el anciano sonríe y dice -Ah sí, la muchacha genio. Normalmente se encuentra en el bosque al otro lado del pueblo, le gusta estar en contacto con la naturaleza al parecer, y efectivamente, está dispuesta a enseñar el haki a quien esté dispuesto a esforzarse, siendo paciente con ellos, he llegado a ver un forastero quedarse casi un año para aprender de ella. A estas horas seguramente la encontrarás allí.-
 
-Muchas gracias por las indicaciones señor, tengan un hermoso día sir.-
 
Tras despedirse del anciano y sus compañeros con una ligera reverencia, el joven marine emprende el viaje hasta el bosque siguiendo las indicaciones del anciano, con el fin de encontrar a la joven que le enseñará el haki. Por mucho que la mayoría prefiriese recomendar al otro maestro, el Lunarian de Shandora quien parece ser más estricto y exigente con a quien enseña, para el joven cazador una persona como Jalindra se le hace más cercana y fácil de tratar al parecerse a su yo del pasado, despreocupado y abierto a ayudar a cualquier persona, sin el efecto del desprecio generado por el trauma de su pasado. Los pasos del marine son calmados y sin prisa, no se apura ni se agobia sabiendo que para aprender algo la paciencia es clave, junto a la determinación. Su arco se mantiene en su sitio, colgado de forma eficiente para evitar que se agite o golpee a la gente a su paso, y conforme va cruzándose con las personas las saluda con un pequeño gesto de cabeza y una sonrisa amable. Poco a poco va cruzando el pequeño poblado, de edificaciones sencillas y humildes, con paredes blancas y una apariencia limpia y ordenada, algo que le recuerda un poco a su pueblo donde todos tenían su pequeña cabaña, algo sencillo donde resguardarse de las inclemencias del tiempo al dormir y trabajar, pero sin demasiados lujos.
 
Los pasos de Bertram siguen un ritmo continuo y su mente tararea una melodía cantada por su abuela mientras cocinaba uno de los platos favoritos del arquero y de Titta, siendo que mientras avanza los recuerdos de Titta inundan su mente mezclándose con los recuerdos de la competición organizada por el emperador en la que participó el arquero y donde aquella joven mestiza de sirena le hizo un nuevo peinado, un peinado que memorizó cuando ella se lo hizo. El joven lleva la mano a su bolsillo sacando un pequeño anillo de un color blanco plateado que ante el incesable sol del lugar brilla con fuerza, una de las razones por las que el joven arquero eligió ese metal para fabricar el anillo en lugar de el acero o cualquier otro. El joven observa los anillos, aun no sabiendo con certeza el motivo por el que los hizo o qué pretendía conseguir con ellos, pero algo en el momento de su fabricación algo en su interior le dijo que era lo adecuado.
 
Los ojos color fuego del arquero observan con detenimiento su entorno, sobre todo cuando llega al bosque sintiéndose cómodo en ese lugar, al recordarle a su infancia, una época en la que pasaba casi todo el día en entornos naturales regresando a casa solamente para comer y dormir, aunque a veces comía en el bosque para poder seguir a su objetivo. El joven no quiere perderse y respeta mucho los bosques, sabiendo que el exceso de confianza en esos lugares es letal por lo que aumenta la atención a los detalles, fijándose en los árboles, en la distribución de las ramas y raíces, en como se entrelaza la flora y memorizando los caminos y lo que se ve alrededor de cada uno. Ya está en el bosque, ahora queda dar con la famosa Jalindra, algo que de primeras puede parecer complicado, pero entre que el joven pelirrojo es un cazador acostumbrado a moverse por el bosque siguiendo rastros, y no parece ser que haya mucha gente por la zona no será complicado dar con ella.
 
El joven marine avanza con calma, cuidado y mucha atención al entorno al entrar al bosque, sabe de sobra el peligro que es avanzar por una zona boscosa desconocida sin prestar atención al entorno ni tener el cuidado adecuado, siendo el menor de los peligros acabar regresando al punto de partida y llegando a perderte por completo al desorientarse o ser atacado por las criaturas que habitan en el lugar. Los ojos rojizos escanean el lugar con total precisión, atención al detalle y cuidado, una costumbre aprendida de su abuelo cuando apenas estaba aprendiendo a cazar y a manejar el arco, la misma que le permite observar con detenimiento a sus enemigos y buscar sus puntos débiles, de momento todas sus reacciones dependen exclusivamente de sus sentidos, mayormente su visión, y su capacidad de seguir los movimientos con su capacidad de reacción, algo que no es totalmente destacable en el marine, pues se centró en mejorar su capacidad de usar el arco de forma perfecta, a su máximo potencial. Durante su camino por el bosque, atento al entorno, la mente del joven recuerda esos momentos en las gradas de la competición junto a María y los demás, recordando como la joven le hacía las trenzas que aún lleva el arquero y las conversaciones con los demás marines y el doctor misterioso que conoció en Isla Karate tras una noche de patrulla y un encuentro repentino en las calles nuevamente.
 
Los recuerdos hacen que el camino sea más liviano, sin caer en la repetición y mantiene mi mente activa, pues no hay nada más peligroso a la hora de moverse por un bosque como dejar de prestar atención al volverse todo monótono y repetitivo, haciendo que la mente dejara de prestar atención al entorno de forma activa y lo tomara simplemente como una imagen de fondo. Mientras camina sus ojos perciben un pequeño rastro en el camino, ligero y discreto, casi imperceptible si no estás acostumbrado a seguir rastros en zonas del estilo siendo la muestra clara de alguien acostumbrado a moverse por el bosque sin delatarse. El joven arquero ajusta su arma en su hombro, se asegura que las flechas están en su lugar para no llevarse sorpresas si llega a necesitarlas. Afortunadamente parece que no hay riesgo de ser atacado por la zona, bien por la proximidad con el pueblo o porque la joven que dicen ser maestra del haki es lo suficientemente fuerte para que los animales instintivamente la eviten, pero eso facilita as cosas para al arquero que camina manteniendo una postura erguida con la espalda recta y los ojos fijándose en el entorno.
 
Tras un rato caminando sin nada ni nadie alrededor, solo el sonido natural del bosque y ese sutil rastro el joven empieza a vislumbrar a lo lejos la figura de una altura similar a la suya, tal vez ligeramente más bajita que él, pero su postura y presencia dejan claro que no es una persona cualquiera, y eso se nota en la naturalidad con la que se mueve y su postura, la cual pese a ser natural y relajada no deja ver ninguna apertura para un ataque furtivo. Bertram camina calmada y naturalmente hacia ella, evitando cualquier postura o movimiento que pueda ser considerado hostil o amenazante. El marine se acerca a la joven que, antes siquiera de escuchar las pisadas del marine que sabe moverse en silencio por el bosque, al menos haciendo la menor cantidad de ruido posible en ese tipo de terrenos. La joven al darse la vuelta observa al marine con una mirada calmada y bastante seria, denotando una madurez mayor que muchos adultos que conoció el contramaestre a lo largo de su vida. La joven mantiene la postura recta y firme, una mirada firme esperando una palabra del marine, quien se acerca con calma rascándose tras la cabeza y dice
 
-Buenos días señorita, andaba buscando por estos lugares alguien que me enseñara nuevas formas de pelea sir.-
 
El joven mantiene la posición, observando el rostro de la joven que lo analiza calmadamente y con atención mientras dice
 
-Entiendo, pero no pareces ser alguien que realmente necesite aprender a pelear de manera diferente por lo que vi durante las pruebas, entonces ¿qué es lo que buscas exactamente señor marine?-
 
El joven marine la observa con calma, sus atentos orbes carmesíes avizores permanecen observando no solo a la joven sino a todo el entorno en lo que el joven dice
 
-Buscaba a alguien que me enseñara lo que se conoce como Haki, algo que me pueda ayudar a lidiar con amenazas que hasta el momento se escapan a mis capacidades sir. Y cuando pregunté por el lugar me dijeron que aquí encontraría a Jalindra, una joven muy hábil que podría enseñarme.-
 
La joven mira al marine con mayor interés ahora, como si estuviera analizando su persona en profundidad, como buscando saber si el joven arquero oculta algo o no está diciendo la verdad. Bertram mantiene la calma y una postura natural, esperando la respuesta de la joven Birkaniana quien no cambia su expresión y dice
 
-Entiendo, probablemente seas uno de los visitantes de los mares azules que no permanecen en Shandora para entrenar, es normal que muchos de los llegados de abajo quieran aprender el haki aquí, pero antes de enseñarte has de demostrar tener cierta capacidad, para ello me gustaría ponerte a prueba con un pequeño juego. Acompañame.- El arquero sin entender del todo lo que pretende la joven decide acompañarla, si lo dice será por algo. El joven contramaestre la sigue sin dudarlo pues al ser a quien pidió que le enseñe tendrá sus motivos para hacerlo. Los pasos de ambos jóvenes con apenas unos pocos años de diferencia en sus edades eran calmados y discretos, los pasos de dos personas acostumbradas a moverse por ese tipo de lugares hasta llegar a lo que parece ser un patio trasero, una zona del bosque que se ve tomada por una edificación que parece destinada al aprendizaje. Una vez allí, en mitad de ese patio rodeado de una valla sencilla, lo bastante para mantener a los animales fuera y tener una zona donde relajarse y tomar el aire, se encuentra lo que parece un pequeño tocón de un árbol que fue talado, rodeado de pequeños taburetes que se mezclan perfectamente con el entorno. La joven se acerca a dicho tocón y saca lo que parece ser un tablero de reversi, y mirando al joven arquero dice -Vamos a jugar a un pequeño juego de reversi, las normas son simples, cada uno tiene fichas de un color, y las va colocando en el tablero. Cuando colocas una pieza de tu color de forma que dos de tus fichas flanqueen las fichas del rival, todas las fichas entre ambas fichas de tu color pasarán a tomar tu color, y viceversa, si lo hace tu rival tus fichas tomarán su color. Gana el que tenga más piezas en el tablero al final de la partida, que es cuando se ocupen todas las 64 casillas.-
 
El joven arquero toma asiento en un lado del tocón, mientras ella toma el lado opuesto y le cede el inicio al marine. El joven marine entiende las normas básicas del juego tras esa explicación y empieza a jugar, siendo que la primera partida que juegan lo hace regular, algo torpe en lo que es decidir donde colocar sus fichas y en comprender totalmente la estrategia del juego, por lo que como es de esperar termina perdiendo la partida enseguida. Sin embargo, lejos de desanimarse por ello o sentirse mal sonríe y dice
 
-Probemos otra vez sir, creo ya entiendo mejor el funcionamiento del juego.-
 
La joven sonríe y redistribuye las fichas nuevamente, siendo que en esta ocasión el joven marine se desenvuelve con mayor soltura y más precisión con sus decisiones, siendo que hace algunos movimientos que parecen darle la ventaja, sin embargo al igual que en la primera partida pierde de forma estrepitosa. El joven se niega a rendirse y le pide a la joven que vayan jugando, para ver si puede lograr vencerla, siendo que una y otra vez, el joven va mejorando su juego y sus decisiones, dicho por la propia muchacha, pero no importó que tanto el joven mejorara y que tan bien lo hiciera, había algo que le impedía que el joven ganara, casi como si estuviese predestinado a perder todas y cada una de las partidas. Por mucho que el joven arquero trate de entender cómo logra saber el mejor movimiento casi al instante, porque no hay apenas intervalo de tiempo entre el movimiento del marine y el movimiento de la joven, dando la vuelta a varias fichas del pelirrojo, quien normalmente solo da la vuelta como a un setenta y cinco por ciento de las fichas de lo que ella logra. La joven lo observa y dice
 
-Descansemos por hoy, regresa mañana a ver si logras averiguar una forma de vencerme, o al menos entender qué es lo que te está haciendo perder en todo momento, algo que no parece que sepas aun. Por mucho que me encantaría seguir ayudándote, mientras no averigües lo que falla no podremos avanzar y yo he de atender otros asuntos por hoy.-
 
El joven asiente con calma y respeto, por mucho que el joven quisiera seguir intentando y observando a la joven para tratar de averiguar el secreto tras sus derrotas, respeta las responsabilidades ajenas, por lo que se reajusta su equipo antes de marcharse del lugar, pues no fue invitado a permanecer en ese lugar a descansar y el pelirrojo no es de aquellos que invaden casa ajena o permanecen más tiempo del que fue invitado. El joven se adentra unos cuantos metros en el bosque, caminando con la misma calma que siempre, sintiéndose más cómodo en el bosque que en zonas muy construidas por su forma de crecer. Una vez llega a un árbol cuya forma y ramificación es idónea para descansar, el joven escala en el mismo colocando sus cosas en una zona segura mientras se recuesta en un tronco lo bastante ancho y resistente para poder dormir sin miedo a caerse o que se rompa. El pelirrojo se recuesta recordando las múltiples veces que en el pasado durmió en el bosque para cazar a una presa a primera hora de la mañana, o simplemente para aprender a adaptarse a todo tipo de entornos a la hora de cazar y para la vida en general, un cazador aprende a adaptarse al mismo tiempo que aprende a usar un arco y a respirar de forma controlada, de esa manera puede ir a diversas zonas para cumplir con su labor.
 
El joven permanece quieto en el lugar, aún no es tan tarde como para dormir, pero no tiene nada que hacer hasta que no empiece su entrenamiento del haki, y para ellos debe descubrir la causa oculta de sus derrotas, aunque más que una causa oculta es algo que seguramente a simple vista a pesar de que el joven no lo pueda reconocer todavía. El joven aprovecha el tiempo y mantiene su mente pensando en el tema mientras usa sus manos para hacer como que lanza flechas o crea algo, una manía que tiene y que le ayuda a pensar en ese tipo de situaciones así como la que tiene actualmente entre manos. Sus ojos al mismo tiempo recorren el bosque, o más bien el cielo dejando volar su mente y recorrer todas las ideas que pueda tener, entre ellas está el tema de que tiene las fichas trucadas o algo similar, pero eso no debería afectar a ese tipo de juegos y la joven no parece del tipo de personas que recurre a esa clase de trucos para ganar.
 
Finalmente, conforme el joven piensa en explicaciones y posibles ideas para vencer a la joven el tiempo va avanzando y la zona se va oscureciendo poco a poco, y de forma paulatina el bosque cambia, pasando de tener las criaturas diurnas para las misteriosas criaturas de la noche, siendo en su inmensa mayoría insectos y aves, aunque también había algunos mamíferos. El joven arquero adora pasar tiempo así, rodeado de naturaleza, le ayuda a lograr equilibrar sus emociones y sus pensamientos, manteniendo la mente afilada a la vez que tranquila, un estado poco común para la mayoría de personas comunes, pero muy utilizado y corriente entre cazadores experimentados. El joven decide que es hora de ir a dormir, ya que quiere despertar temprano al día siguiente para entrenar un poco antes de regresar al lugar donde jugó con la joven hasta que ella tuvo que retirarse y dejar el preparar al joven para el próximo día. Bertram cierra los ojos con calma, ocultando sus carmesíes obres del mundo y colocando su gorra sobre su rostro para cubrir sus ojos, no por molestarle la tenue iluminación del bosque por la noche, sino para que al amanecer el sol no le afecte demasiado a la vista al impactar de lleno en sus ojos.
 
El joven duerme completamente estático, acostado en el árbol con una postura natural y recta, manteniendo todos los huesos en una posición de descanso natural y sana, evitando contracturas en todas las articulaciones y notando como su energía se recuperaba de forma más rápida y con mayor cantidad que las últimas veces al sentirse como en casa. El joven duerme del tirón, cómodo casi como si estuviera en un hotel de lujo, acompañado del suave sonido de la vida nocturna en el bosque, la brisa suave de la zona que refresca lo justo para hacer el ambiente perfecto para el descanso. El joven se mezcla perfectamente con el árbol, siendo como un animal más en el lugar mientras la noche avanza y el resto de la fauna, sobre todo los depredadores, no lo toman como presa y siguen buscando su comida. El joven arquero descansa tranquilamente, renovando su energía y volviendo a sentir la alegría de dormir y vivir en el bosque hasta que llega la mañana y el sol le llega y empieza a despertarse poco a poco, no por deslumbrarse, sino porque al notar el calor del sol el cazador se despierta, siendo que su cuerpo una vez se encuentra en el bosque actúa como cuando era un cazador, viviendo acorde a un ritmo circadiano más natural y primitivo, siguiendo su naturaleza propia que varía de individuo a individuo, siendo que el del joven arquero lo hace levantarse temprano y aprovechar mejor el día.
 
El joven se despierta como nuevo, su cuerpo lleno de energía y con las ideas más claras, al haber pasado tiempo en la naturaleza regresó un poco a su forma más instintiva de procesar las cosas y al mismo tiempo más perceptiva. El joven entonces regresa al lugar donde estuvo jugando con la joven para volver a encontrarse con ella, que se encontraba ya esperando en el lugar con una cara de seriedad, pero un esbozo de cercanía en el rostro, como si realmente esperara que el joven cazador lograse avanzar en su intento de entender lo que ocurre, o más bien, como si lo deseara. El joven arquero se acerca y saluda con una sonrisa diciendo
 
-Buenos días señorita, tengo algunas ideas en mente para ver si logro vencerte sir.-
 
La joven sonríe y le indica que tome asiento mientras dice -Sabía que se te ocurriría algo, durante los juegos mostraste una gran capacidad de observación, además de que tus ojos siempre están atentos a los detalles, casi como un cazador siguiendo a su objetivo. Buenos, veamos si tus ideas son las correctas.-
 
El arquero se acerca rascándose tras la cabeza, una costumbre que le cuesta quitarse y le persigue, afortunadamente nunca se ha dado en un momento donde hacerlo le resultaría problemático, pudiendo causarle daños severos como en mitad de combate. El joven deja el arco a su lado, manteniendo las flechas a su espalda pues resulta más cómodo que el arco. El joven toma sus fichas y empieza la partida, observando el tablero con calma, colocando su primera ficha en un punto, esperando el movimiento de la joven y repitiendo ese proceso, intercalando los turnos, salvo cuando uno se queda sin movimientos o decide pasar para mejorar sus movimientos más tarde. El joven observa no solo el tablero, sino los movimientos de la joven, su postura, sus gestos inconscientes los cuales suelen delatar las intenciones de uno, siendo probablemente lo que use ella para adivinar las intenciones del joven pelirrojo y adelantarse a sus movimientos, pero eso no explicaría que pudiese prever exactamente su movimiento.
 
Un movimiento tras otro terminaron nuevamente en una derrota para el marine, quien sigue intentando partida tras partida no solo vencer a la joven, Partida tras partida el joven se va adelantando a sus movimientos gracias a observar sus tics, pero no es suficiente para ganar, pero para más o menos la décima partida el joven mira a la joven y dice
 
-Puede que esté equivocado, pero parece que no importa lo que intente parece que ves exactamente lo que voy a hacer, como si vieras el futuro antes de que ocurra sir.-   
 
Ante esas palabras del joven marine, la joven prodigio que siempre está dispuesta a entrenar a otros en el dominio del haki sonríe ampliamente, como si fuese exactamente lo que estuviera esperando todo ese tiempo a que el pelirrojo se percatara de ese pequeño detalle, no de lo que lo provocaba sino de que ella parece poder prever lo que él va a hacer antes siquiera de que lo haga y dice
 
-Parece que no me equivocaba al pensar que eras alguien altamente perceptivo y muy bueno percatándose de los detalles. Si le sumo eso a tu arma, asumo que creciste en bosques como cazador. Eso explicaría la elección del arco como arma, el hecho que siempre andes observando el entorno y fijándote en los detalles y la forma en la que participaste en el torneo. Sin embargo nada de eso es realmente relevante, lo importante aquí es que has logrado desvelar el secreto tras mi ventaja, y precisamente eso es lo que es el Kenbunshoku Haki, también conocido como el Haki de Observación. Pese a que yo lo hago no es algo que se logre fácilmente, se requiere entrenamiento constante y consistencia para lograr eso, pero viendo tu desempeño estoy segura que lo lograrás.-
 
La joven se levanta alegremente y se ajusta un poco las ropas después de estar tanto tiempo sentada mientras dice -Ahora que lo has averiguado empezarás el entrenamiento en sí del haki, para ello iremos a una zona diferente y allí te explicaré lo que tienes que hacer.-
 
El joven pelirrojo se levanta ajustando también su uniforme de la marina y le sigue con paso tranquilo, su arco en una mano y los ojos rojos observando el camino, con calma, manteniendo su costumbre de estudiar el entorno, los caminos derivados y los posibles peligros y refugios, algo que aprendió viviendo en el bosque y observando a su abuelo cazar, un hombre que pese a ser bastante mayor era considerado el mejor cazador del clan hasta que la desgracia asoló el lugar, un grupo de piratas los pilló por sorpresa y acabó con la vida de ambos abuelos del pelirrojo que se marchó en busca de su amiga de la infancia, mejor dicho su hermana adoptiva, y proteger a otros del mismo destino. La joven se fija en el rostro del joven que refleja ligeramente el recuerdo del pasado y está por decir algo cuando el propio marine consigue contener las emociones y no dejarse dominar, haciendo que la maestra sonría y diga
 
-Ese control sobre las emociones que acabas de demostrar te ayudará bastante en el entrenamiento y en desarrollar el haki. La mayoría falla precisamente en esa parte.-
 
El joven sonríe, sabiendo que a pesar de eso tiene por delante un arduo trabajo para lograr dominar el uso más básico del mismo, teniendo que dedicarle aún más tiempo y esfuerzo hasta mejorarlo y alcanzar un uso aún incompleto de lo que acaba de demostrar la joven, pero si hay algo en lo que destaca el marine del rayo es su alta capacidad de constancia y dedicación a la hora de entrenar. Ambos caminan calmadamente hasta otra parte diferente de lo que sería el dojo bajo las enseñanzas de Jalindra, una que al parecer era perfecta para el entrenamiento que empezaría ahora. El joven marine observa el entorno y camina hasta que la ve detenerse en lo que tiene toda la pinta de ser una zona del bosque incorporada a su dojo y controlada por ella. Echando un vistazo más certero, Bertram logra ver que hay unas cuantas entradas de distintos tamaños y diversas formas, a distintas alturas y en distintas direcciones. Al principio no entiende lo que pretende Jalindra, pero eso se solventa en el momento en el que ella empieza a hablar, diciendo
 
-Muy bien, a partir de ahora estarás continuamente dentro del dojo, incluso dormirás aquí, concretamente estarás en esta zona en la que cada momento hay una cantidad diferente de presencias, desde personas que pasean, entrenan o simplemente descansan aquí hasta animales, tu misión será permanecer en el centro con los ojos vendados y tratar de sentir las presencias que notes, y memorizar el orden y el momento, siendo que cada vez que notes un cambio en la cantidad podrás mirar un reloj que tendrás cerca para saber la hora exacta. Obviamente yo también estaré vigilando y sabré en todo momento la cantidad de presencias que debe haber. Al final del día deberás decirme cuantas presencias notas y hasta que distancia de tu cuerpo las puedes notar, pues esa capacidad varía conforme avance tu entrenamiento, desde la precisión hasta el alcance. Cuando logres acertar todo durante 4 días seguidos sabrás que tienes el control mínimo del kenbunshoku y conocerás también tu alcance máximo, el cual mejorará conforme más entrenes el haki.-
 
El joven asiente dice -Entiendo, básicamente la base de este haki sirve como una especie de radar que permite al usuario saber cuantas personas hay en una determinada zona a su alrededor, además de sus emociones por lo que entendí, sir.-
 
La joven sonríe y asiente indicando que el joven marine está en lo correcto y dice -Así es, el uso más básico de este haki es percibir las presencias a tu alrededor y las emociones de dichas presencias, pero conforme lo entrenes se volverá cada vez más fuerte, hasta que logres ver ligeramente el futuro, más bien percibir sus intenciones inmediatas, por lo que podrás hacer lo mismo que hice yo contra ti en las partidas. Es importante que te sientas cómodo y relajado durante el entrenamiento por lo que ponte cómodo, viste de la forma que prefieras y trata de no depender de tus sentidos habituales para saber cuántos seres hay cerca.-
 
El joven asiente y se rasca tras la cabeza antes de colocarse en el centro de la zona donde va a entrenar y dejar su arco y su carcaj a un lado, junto a todos los objetos que se encontraban dentro de su ropa y se retira la camisa y la gorra, colocándolo todo junto a un lado bien doblado y ordenado para tomarlo luego. Una vez hecho eso se sienta en el suelo, con las piernas en posición de flor de loto, las manos reposando sobre sus rodillas y los ojos vendados listo para empezar. Tal y como suponía el joven pelirrojo, no es algo tan sencillo pues por mucho que conozca el principio del mismo no es tan sencillo ponerlo en práctica, sobre todo por ser tremendamente complejo no depender de sus sentidos, algo que lleva toda la vida haciendo sin pensarlo, tan natural como el respirar. Al principio el joven no logra nada, se sienta allí, los ojos tapados tratando de percibir lo que le rodea sin depender de sus sentidos, pensando inicialmente en tratar de anular voluntariamente el uso de los mismos, desviando la atención hacia su interior y desde ahí extender una percepción más pura del entorno, sin que se vea afectada por efectos adversos como ilusiones, engaños y otros medios usados para ocultar la realidad.
 
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Durante un tiempo que se le hace eterno al joven no logra mucho, solo empezar a aislar su mente del entorno, entrando en una especie de trance que solo suele alcanzar cuando medita en calma, mayormente en zonas controladas donde sabe que no corre peligro. Su mente se vacía de pensamientos innecesarios manteniendo la mente casi al completo en blanco, recibiendo toda la información del entorno sin adulterar, sin aplicar ni un solo filtro y absorbiendo la esencia misma de lo que le rodea. Su cuerpo semidesnudo nota claramente cada racha de viento, cada brisa en la zona, y cuanto más pasa el tiempo más sensible parece volverse a ello, notando incluso la más suave de las brisas. Durante horas el joven no nota nada más que el aire, su corazón latiendo y el suave sonido de las hojas agitadas por el viento. Todo completamente dentro de lo habitual del cazador, mezclarse con el entorno, entrar en completa armonía con la naturaleza. Sin embargo, cuanto más tiempo va pasando algo raro empieza a pasar, el joven empieza a notar pequeñas presencias a unos pocos centímetros de su cuerpo. El joven no está acostumbrado a esa sensación, la cual inunda cada rincón de su mente ocupando por completo su capacidad de procesar la información, casi como si inundara por completo sus receptores.
 
Pese a que ya empieza a notar algo, el joven no lo nota todo el tiempo, son pequeños impulsos como una cosquillas en la parte más profunda de su mente aparentando a algo que quería salir de su jaula y comienza a formar una entrada y un camino, con persistencia y cabezonería la igual que el propio arquero cuando se decide a lograr algo no hay forma de que lo detengan sin una fuerza de peso. El joven permanece inmóvil, respirando con parsimonia y en un estado meditativo al sentir que esa es la mejor opción para lograr su objetivo, algo que de momento sigue pareciendo estar bastante lejos de su alcance. El joven afortunadamente no es un apresurado, es consciente que aprender algo lleva su tiempo, y en función de lo que se esté aprendiendo el tiempo puede ser mayor o menor, por lo que la paciencia y perseverancia son las claves para aprender lo que sea que quieras aprender, a usar un arco, a reconocer los rastros de los animales, haki, todo tiene su proceso y su tiempo, y nunca apresurar el tiempo de algo ha dado buenos resultados.
 
Bertram sigue manteniendo la concentración y la compostura, tratando de familiarizarse más con la sensación cada vez que la nota siendo el camino más rápido para poder reproducirlo a voluntad como parecía hacerlo Jalindra en todo momento al conocer exactamente cómo se sentía el marine en cada momento. El marine permanece calmado, su mente focalizada en el entorno, su cuerpo haciéndose uno con el ambiente y de pronto se le viene a la mente una antigua técnica de tiro que potencia tu precisión al concentrarte en el objetivo y, en palabras de su abuelo, trasladar tu conciencia hasta el objetivo como si viajaras mentalmente hasta allí y lo marcaras. El joven sonríe entonces al recordar eso y piensa -Tal vez si empleo esa mentalidad de base y la extrapolo al uso del haki puedo llegar a controlarlo medianamente.-
 
El joven une las manos en una postura que sus cuando quiere concentrarse todavía más, uniendo los dedos y formando como una especie de óvalo con los pulgares hacia arriba mientras incrementa la introspección y asimila cada vez mejor el entorno. Poco a poco el joven es cada vez más consciente de las presencias cercanas, aunque no se expande demasiado, como mucho llega a un metro. Notando unos pequeños ratones pasando por la zona, un total de 7. De pronto nota como entra uno más, anotando el cambio y volviendo a empezar. Durante todo el día el joven apenas y logró avanzar un poco más, llegando la hora de dar el informe a la maestra. El cazador pelirrojo se levanta, repasa las notas que tomó y se dirige a la puerta donde ya se encuentra la joven y le dice -Durante el día estos fueron los cambios, aunque solo en aproximadamente unos 5 metros a mi alrededor sir.-
 
La joven sonríe y dice -No  está mal, alcanzaste una buena área para ser el primer día, te pasaste por algo unos cuantos cambios pero no es mal comienzo, pareces tener experiencia con este tipo de entrenamientos.-
 
Tras ese pequeño intercambio de palabras la joven le dice que puede quedarse a dormir en esa zona, diciendo que muchas veces permanecer en el entorno donde uno entrena ayuda a mejorar el resultado, sobre todo en cuestiones como las del haki. El pelirrojo hace una leve reverencia de agradecimiento y se acuesta a dormir tranquilamente, manteniendo la trenza bien cuidada y controlada para que no se deshaga. Acostumbrado a dormir a la intemperie y rodeado de animales, el arquero no se incomoda por pasar la noche afuera, es más, llega incluso a disfrutarlo al mismo tiempo que siente que esas veces es cuando mejor duerme. Poco a poco el tiempo va pasando y día tras día el joven repite el mismo entrenamiento una y otra vez, expandiendo poco a poco su alcance, pero concentrándose primero en lograr percibir totalmente todo lo que se encuentra en la zona que ya alcanza a percibir con el haki, algo que no es sencillo, pues tiene que acostumbrarse a simplemente sentir las presencias, no con sus cinco sentidos naturales, más bien sentirlas como si algo dentro de él pudiera captar la energía que liberan y distinguirlas unas de otras, al igual que el oído distingue las diferentes voces y los ojos las diferencias físicas, el haki también distingue las presencias, siendo que cada ser tiene su propia y única presencia. El joven solo detiene el entrenamiento para cazar algo y comer, aunque incluso cuando sale a cazar sigue entrenando, tratando de percibir sus presas antes de que entren en su rango de visión, algo que le facilita bastante encontrar las presas, sobre todo aquellas que son escurridizas.
 
Los ojos rojizos del cazador permanecen casi todo el tiempo cerrado, su mente atenta a todo lo que le rodea, no solo a los sentidos habituales, sino que también a la extraña sensación que cada vez arde con más fuerza en su interior, como un faro que empieza a tomar fuerza y asentarse en su posición. Jalindra pasaba de vez en cuando a comprobar el avance del pelirrojo, siendo que el arquero al principio no se percata de ello, pues ella se asegura de comprobar tanto si el joven percibe ya todo lo que pasa a su alrededor y el alcance que tiene el mismo, siendo que toma en cuenta que el joven se encuentra en el centro de una especie claro circular tan amplio que necesitarías ser capaz de expandir tu haki hasta un diámetro de unos 300m para percibir a alguien nada más entrar; y al conocerlo a la perfección sabe exactamente las distancias a la que se encuentra del joven cuando finalmente la detecta pudiendo comprobar el avance de su alcance.
 
El joven mantiene siempre la misma postura, sentado en posición flor de loto, la misma posición de las manos y la espalda completamente recta, una postura firme y a la vez natural, evitando futuros problemas de espalda. Poco a poco el joven va dando su informe a Jalindra, siendo que poco a poco iba acercándose cada vez más a la cantidad exacta de presencias en el área concreta que demostraba controlar, y conforme iba acertando iba tratando de expandir el alcance, haciendo el proceso de forma meticulosa de la misma manera que entrenó para incrementar su alcance con el arco, primero se centró en acertar todos los tiros a una distancia y luego la incrementó, permaneciendo en esa nueva distancia hasta volver a acertar todos los disparos y volver a incrementar la distancia, así hasta alcanzar el alcance máximo del arco. Y cada vez que se hacía con un arco con mayor alcance repetía el mismo proceso hasta perfeccionar el dominio y la distancia del nuevo arco.
 
Durante los siguientes dos días el joven fue mejorando el control del haki que llegado a un punto estaba escribiendo tranquilamente y sabía perfectamente todo lo que ocurría dentro del claro, hasta que en un punto el joven se halla tranquilamente en el mismo punto donde inició su entrenamiento, acariciando un conejo que suele pasar por allí cuando nota a Jalindra acercarse, aún fuera del claro al poder percibir incluso más allá de los límites de la zona donde está entrenando, levantándose con calma y dirigiéndose al lugar por el que seguramente vaya a entrar la joven, quien seguramente sepa ya que el marine la percibió, pues probablemente podría controlarlo desde mucha más distancia de la que el joven cazador es capaz de percibir. El joven se detiene en la puerta de entrada desde donde la ve llegar y nada más poder distinguir las facciones de la joven ve una enorme sonrisa en su rostro, y nada más llegar a donde se encuentra el marine dice
 
-Sabía que lo ibas a lograr, en el momento que te acercaste a pedirme que te entrenara noté algo en ti distinto, una fuerza interna que arde con fuerza, y que ahora la noto aún más intensa, eres el tipo de persona que no se rinde fácilmente y no busca atajos, sino que se esfuerza, hecha todo lo que tiene en el trabajo y al final logra un resultado perfectamente pulido aunque sea una base, pero una base firme es la forma idónea de empezar a desarrollar nuevas habilidades. y bien, dame tu último reporte antes de que pueda decirte oficialmente que has aprendido las bases del Kenbunshoku Haki.-
 
El joven esboza una sonrisa alegre mientras se rasca tras la cabeza y empieza a darle el informe de todo lo que pasó en la zona a lo largo del día, incluso diciendo lo que ocurría fuera del claro llegando a una distancia de unos 325m, siendo totalmente preciso y dando la información exacta, incluso datos que no son necesarios pero los da igualmente porque está emocionado por haber logrado tanto tras varios días entrenando sin descanso. Su mirada es firme a la vez que calmada, la mirada de un cazador experimentado pues aprendió a mantener la firmeza sin mostrar hostilidad, al mismo tiempo le sirve para que la gente no lo subestime sin llegar a dar la sensación de ser una amenaza o alguien volátil. Esa mezcla ayuda a inspirar confianza y lograr que colaboren con él cuando necesita reunir información sobre lo que ocurre en una zona o si alguien tiene alguna pista sobre el criminal que busca. Al terminar la joven sonríe aún más alegre y le dice
 
-Felicidades, acabas de demostrar que tienes total control sobre la base del Kenbunshoku Haki, la capacidad de percibir lo que hay en el lugar sin la necesida de verlo, pero recuerda que eso es solo el principio, para avanzar en el mismo debes seguir entrenando y no descuidarlo, pues al igual que el dominio del arco por ejemplo, si no lo entrenas no lo mejorarás y eventualmente puede que no puedas seguir usándolo y debas volver a empezar. Esto es algo que siempre recuerdo a los estudiantes, pero en tu caso probablemente no fuera necesario, pues te estuve observando y seguías entrenando incluso mientras buscabas comida.-
 
Bertram hace una reverencia formal ante Jalindra antes de decir -Ahora que logré controlar la base del Kenbunshoku descansaré para luego empezar con el Busoushoku.-
 
Tras eso el joven se retira a comprobar como están sus compañeros y el estado del barco antes de volver a reunirse con la maestra y aprender el otro haki.



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RE: Expandiendo los sentidos[Fic Entrenamiento Kenbunshoku][PR] - PX-6 - 19-08-2026

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Entrenamiento: Completado
COSTE:

— Kenbunshoku Haki (Base)

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