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¿Se acuerdan esa vez que Eros aprendió Haki de Armamento? [Fic Haki - Presente R.] - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: Zona Especial (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=273) +---- Foro: Skypiea (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=274) +---- Tema: ¿Se acuerdan esa vez que Eros aprendió Haki de Armamento? [Fic Haki - Presente R.] (/showthread.php?tid=4081) |
¿Se acuerdan esa vez que Eros aprendió Haki de Armamento? [Fic Haki - Presente R.] - Eros Focalor - 18-08-2026 Parte I - Llegada Día 3 de Primavera del año 18 Un día había pasado tras los grandes juegos Se paró frente a la puerta del dojo en cuestión ¿Cómo había llegado hasta allá? No fue tan difícil como le hubiese gustado admitir, en Skypiea la gente conocía sobre el haki como si fuese algo cotidiano, corriente. No todos eran igual de versados a la hora de aprenderlo, no todos eran capaces de instruir a los demás sin ningún tipo de problema y no todos podían aprenderlo así como así pero Eros no era precisamente uno más del montón, y si lo era, estaba dispuesto a cambiarlo. Necesitaba aprender ese dichoso haki de observación que le permitiría saber la posición de sus oponentes aunque sus ojos de topo fuesen ciegos, y eso lo había traído en esa ocasión al dojo de Kaelith en Shandora. Avanzó por el camino de piedras de Shandora alrededor de la falta de un monte, a medida que se iba acercando podía sentir el aroma de la tierra removida y el sudor de las personas que no lejos de ahí estaban dándolo todo en sus entrenamientos. Al llegar a las afueras del dojo contempló decenas de estudiantes que practicaban sus ataques de manera sincronizada usando armas de entrenamiento, algunos estaban golpeando objetivos de practica produciendo fuertes estruendos con cada golpe, mientras que otros alumnos parecían estar haciendo ejercicios de aguante físico al soportar extenuantes pruebas en las cuales cargaban peso en sus extremidades sin moverse, con los ojos cerrados y la mente libre. ¿Dónde podría estar el maestro? Con la mayor solemnidad posible el capitán de los piratas de la Sepultura avanzó por el recinto principal del dojo tras entrar por la puerta que conectaba con los jardines. Adentro había una exhibición de combate, Eros se sentó con la misma postura que los discípulos para observar a los Lunarian dándolo todo con técnicas de ártes marciales. Muchos veían el combate… Con los ojos cerrados. Entonces Eros comprendió que se trataba de Haki, su emoción por el combate fluctuó a un tono de admiración. El también podría ver sin ver, entender el mundo que lo rodeaba igual que el malnacido de Jin El combate siguió su cauce hasta que, finalmente, el golpe de una espada enfundada contra el suelo hizo que los combatientes realizaran una reverencia volviendo a sus respectivos lugares para despejar la vista hasta Kaelith, el maestro del Dojo que supervisaba el combate sentado en su silla. Era un imponente ser de cuatro metros, y alado, Eros no recordaba la palabra usada en Skypiea para ellos pero definitivamente se trataba de alguien cuya maestría estaba en otra liga. Hubo un silencio espectral, pues la mirada del maestro estaba fija sobre Eros. No cabía duda que estaba siendo cuestionado con la mirada. Inspiró tímidamente y se acercó un par de pasos hasta estar frente al espadachín a quien saludó con una reverencia. — Mi nombre es Eros Focalor, quiero volverme su púpilo —Si bien era extraño recibir personas del mundo bajo en Skypiea, cuando eso pasaba no era descabellado pensar que busquen aprender el Mantra de parte de los nativos. No obstante los discípulos se miraron nerviosos, pensativos, expectantes. El maestro se levantó de su trono. — ¿Por qué debería enseñarte? ¿Qué te hace diferente a tantos otros? ¿A mis otros discípulos? —preguntó el ángel. Eros entonces posó su diestra en el mentón, pensativo y después rascó su nuca nervioso. Kiyoshi, Uker y Varo sin duda eran mucho mejores para las situaciones sociales pues Uker sabía decir las palabras exactas sin exagerar, Varo era intrínsecamente simpático y agradable con todos mientras que Kiyoshi entendía el arte de la diplomacia pese a lo tosco de sus formas ¿Pero que tenía Eros? El simplemente era sincero, lógico. — Pues nada, no soy más que ellos la verdad… Pero tampoco menos. Considero que soy exactamente digno —Era honesto, Eros no tendía a mentir, Eros confiaba en sí mismo, Eros conocía sus límites. Entonces el ángel no parecía más que juzgar negativamente lo que él estimaba era arrogancia en la boca del Sepultura, posó la diestra en su sable y la desenvainó con un movimiento rápido que envió una onda cortante hacia el Sepultura. El golpe fue casi instantáneo, el hombre topo no hizo más que recibirlo incapaz siquiera de seguir su movimiento con la mirada. El corte impactó contra su pecho lanzándolo diez metros volando para caer en su espalda. Hubo algunas risas, el Sepultura se mantuvo derribado. El espadachín enfundó su sable para volver a su trono. Si bien los discípulos parecían convencidos de que el capitán o había muerto, o saldría huyendo, tras escucharse un suspiro pronunciado el ensangrentado capitán herido se levantó del suelo. Tronó su cuello, se paró de vuelta en el punto donde había sido atacado y asintió con la cabeza. — ¿Cuándo empezamos? —Inquirió Eros. — Mañana durante el alba —Dijo Kaelith. Parte 2 - Ver sin ver. El amanecer había llegado a Shandora, el sol ya iluminaba la ciudad dorada que Eros percibía como obsidiana en su totalidad. El clima que traía consigo la humedad de la jungla hacían sentir al capitán como en casa, pues Shandora tenía un clima similar a Baterilla. A primera hora estaba rodeado de discípulos del maestro, todos vestían las mismas ropas de entrenamiento pues no había distinciones entre discípulos, quizás en parte para que abandonaran el ego un rato antes de entrenar pues, lo que iban a entrenar, era algo que ciertamente hacía que uno tuviese al menos una disposición abierta lo que lo rodeaba. Iba a ser el Haki de Observación. Estaban sentado en el mismo recinto donde el trono de Kaelith se alzaba y Eros había visto la demostración del entrenamiento el día anterior, en esa ocasión le tocaba algo más llamado a la meditación, pero la primer lección parecía ser solamente guardar silencio mientras el maestro andaba de lado a lado de la hilera de discípulos comprobando la postura de cada uno de ellos. Las heridas de Eros se habían curado, en parte gracias a su mano médica, y en parte gracias a su regeneración natural. Había podido descansar más horas inclusive que en la Black Widow, pero se lo permitió pues en ese momento no se trataba del orgullo capitán llevando a cabo sus funciones sino uno más de los tantos discípulos que estaban allí para poder entender el Haki. — El Haki es un parámetro en común que tienen todos los seres vivos, es un sentido más que se puede entender como todo el resto. Si bien muchos fallan en despertarlo, o viven sus vidas enteras sin saber de él, está en todos. Hay dos tipos de Haki que se pueden entrenar permitiendo no solamente usar esa energía, sino también percibir la misma en otros —Explicó el maestro en primer momento a medida que andaba de lado a lado del recinto usando su sable cual bastón para marcar un sonoro “Tac” tras cada paso, todos parecían estar escuchando, inclusive el mismo Eros. — El Mantra, o como lo llaman los habitantes del mundo inferior, Haki de Observación les permitirá sentir con el espíritu como un sentido más conectado al mundo que los rodea. Para poder reforzar el entrenamiento algunos ya tienen éste criterio, seguirán con las pautas que les he marcado en días anteriores mientras que la nueva camada del pupilaje —Eros levantó la mirada pues entendía se estaban refiriendo él y a unos poco otros que habían empezado a entrenarlo el mismo día que él. — Empezarán por entender su propio espíritu. Su alma. —Exclamó Kaelith finalmente. El ejercicio en cuestión era algo complejo pues había que meditar para poder alcanzar un nivel de comprensión propia plena antes de poder expandir esa conciencia hacia sus entornos, y la verdad es que a Eros eso le costaba. Nunca había sido gran amigo de sí mismo, de su introspección, de la soledad o de los pensamientos habiendo suprimido sus propios deseos durante 25 años hasta que su padre murió y comenzó a vivir una rutina vacía que terminó el día que se hizo a la mar. Nunca había disfrutado demasiado de hablar con si mismo. Cerró los ojos, sintió el aroma de unos inciensos que crepitaban en la habitación convirtiendose en cenizas compactas, se entregó a la meditación apagando su mente por unos instantes ”Hola yo. Soy yo… Ésto es raro ¿Que debo buscar? ¿Qué debo sentir? ¿Qué debo pensar? ¿Es acaso la temperatura? Hace frío, un poco sí, todavía es temprano y el viento es fresco… ¿Quizás eso no tiene nada que ver con el Haki? No lo sé… No sé lo que no sé, y sé lo que se constata con mi realidad. Saber. Realidad ¿Acaso el espíritu desafía la lógica? ¿Tiene algún peso? ¿Qué pasa con el Haki cuando morimos?” La mente de Eros trataba de concentrarse en dejar de concentrarse, en pensar, pero era difícil para alguien tan lógico y adepto a las ciencias exactas. Eros era alguien amigo de lo empírico, aquello que podía ser demostrado ¿Pero es que acaso no le habían demostrado el Haki ya? Su comprensión de la realidad era algo que debía ser puesto en Haki, su entendimiento de sí mismo ¿Pero cómo podía dejar de lado su propia voz? El ego, aquello que lo comprendía, aquello que lo instaba a ser quien era, a luchar por su gente, por sus amigos, por sus deseos. Recordó a los difuntos, recordó a todos los que perdió en el camino ¿Qué sería de él hoy en día sin Rosse, Alana o Giyuu? “Que cosa interesante, el instinto de cada uno, su origen intrínseco... ¿Serán nuestras almas información que ya viene moldeada? Me gusta pensar que si, pero que la vamos descifrando a medida que estamos en contacto con otras almas “ Había pensado en su momento hablando con Alana en aquella enfermería, cuando se permitió expresar en voz alta su verdad. Aquel criado para ser un ente mecánico, repetitivo, frío. Toda su vida había sido meticulosa y repetitiva, siguiendo pasos, procesos, indicaciones. Repitiendo la misma labor una, y otra vez hasta que finalmente dejó atrás la soledad que había llegado con la muerte de su padre para decidir hacerse a alta mar con la excusa de buscar las tumbas profanadas. Las tumbas profanadas… Se vio de pie frente a sí mismo. El que estaba frente a él era él pero sus ojos eran distintos, su mirada, el cómo se paraba, él como sostenía el mentón… Era él antes de partir de Baterilla. No era él — Tenias un deber que cumplir, Eros Focalor de Baterilla. Las elegías para los muertos, el recuerdo, nuestra labor es cuidar a aquellos que han partido Entonces Eros, el real, giró la cabeza para ver una figura que lo hizo abrir los ojos de par en par. El pelo blanco, largo, atado en una trenza. Era su padre. Junto a él estaba… Él, pero era más pequeño, joven. Esto había pasado cuando él tenía no más de seis años, estaba en el suelo con la rodilla raspada llorando en silencio, pues no se le permitía llorar en voz alta para no desconcentrar a su padre. Recordaba ese día, asistiendo a su padre se cayó haciéndose una herida abierta en la rodilla. Aún tiene la cicatriz. — Podrías usar el tiempo que estás invirtiendo en llorar, en algo productivo como ayudarme. No morirás por una rodilla herida, ni habrá que amputarla. Si llegases a morir quizás sería más útil para todos porque no estarías entorpeciendo. Si, su padre era un hombre severo. No lo recordaba con cariño, apenas lo recordaba en su día a día. Nunca lo extrañaba. Su padre era por toda definición lo que él como pirata enfrentaba, alguien con poder que imponía sus deseos sobre otros como si fuesen ley, su madre no lo toleró yéndose. O eso le había dicho su padre, la verdad fue otra, la echada de la isla fue ella. Por su padre, por culpa de su padre ¿Los muertos tenían la culpa entonces? Se preguntó Eros meditabundo a la par que ponía en cuentas claras su oficio. — ”Alguien tiene que hacerlo” Es la respuesta más simple, pero es complejo pensarlo de esa manera porque en ese caso estamos hablando del deber, y creo firmemente que vivimos en un mundo sin deber. No quiero escapar de las obligaciones éticas, morales y sociales, pero entiendo la banalidad de la existencia. No tenemos un propósito, no todo lleva a cabo un utilitarismo tan extremo y es por eso que somos libres. La libertad entonces, al existir, hace que efectivamente nadie “tenga” que hacerlo. Eso vuelve valiosa de verdad la labor de quienes lo hacen… —Entonces Eros dió un paso en su mente caminando por un río de oscuridad perpetua que generó una onda como agua en un lago, convirtiéndose en escaleras que él comenzaría a bajar. Elevó el índice espiritual. — Podemos entonces inferir que no “debo” hacerlo, y que las imposiciones de mi padre solo lograron fomentar en mí una suerte de recepción a los estímulos que me rodean que se involucran por medio de la culpa reprimiendo mis deseos más intrínsecos detrás de un deber y una culpa que se producía inconsciente por la sensación de falta a éste deber —Entonces recibió un golpe en la nuca que lo trajo de vuelta a la realidad, se había quedado dormido intentando meditar. Suspiró con pesadez, rascando su nuca pese a la claridad mental a la que estaba llegando. Quizás meditar sería más difícil de lo que él pensaba debido al talento que tenía para poder quedarse dormido en cualquier posición, en cualquier momento y en cualquier lugar. Pensó que había fallado nuevamente, por un momento recapitulo en todas las veces que no había podido conseguir lo que quería. Quedar cuarto en la prueba de fuerza en Skypiea, el hundimiento de la Black Widow, la cantidad de personas que había perdido, que no había podido proteger… ¿Todo llegaba a ese momento? A ese preciso instante en el que él intentaba en vano profundizar en su inconsciente ¿Acaso podía conectar con el mundo si no podía conectar siquiera consigo mismo? Se mordió el labio inferior meditabundo mientras mantenía la mirada gacha a la par que Kaelith seguía pasando por la hilera de alumnos que, a su vez, estaban de la misma manera que Eros intentando profundizar sus sensaciones para alcanzar ese nivel de claridad mental que permitiría canalizar el espíritu. ¿Entonces por qué él no podía? Sentía como la ansiedad reptaba por su cuerpo, por su piel, por cada milímetro de su cuerpo como una decena o centena de serpientes que iban envolviendo hasta que finalmente cubría la totalidad de su cuerpo. Su respiración se tornó pesada, no podía mantener la calma, tenía que aprender el Haki lo antes posible pues la vida de sus tripulantes estaba en juego si él se mostraba ineficiente como capitán. Ineficiente, no apto, débil, lamentable. Sintió un dolor en el pecho, sostuvo con su diestra sus ropajes tratando de entender si aquello que estaba apresando su pecho era algo físico o solamente su mente jugándole malas pasadas. Hacía tiempo que no se sentía abrumado de esa manera por su propia cabeza, por sus miedos e inseguridades. Desde que había partido de Baterilla, cuando conoció a los Cabaret, cuando tras los Cabos Gemelos se unió con Varo y Kiyoshi. Todo había pasado tan rápido que ni él mismo podía dar cuenta de cuánto había cambiado. ¿Cuánto era eso? Si se ponía a analizar quién era a los 27 años y quien era ahora a sus 30 podría decir que era la misma persona con distintas experiencias. Había matado gente que quería matarlo, había matado gente que quizás no estaba dispuesta a matarlo, había protegido a quien consideró que necesitaba protección y nunca había dejado que nada, ni nadie se pusiese frente a los objetivos de su gente ¿Pero no había fallado? Él cuyo objetivo de vida siempre había sido recordar a los difuntos, honrar a los que no estaban, ahora había matado y asesinado personas cuyo nombre no recuerda, ni recordará gente que no extrañará. Había vuelto la muerte algo banal buscando encontrar sus límites ¿Pero cuál era su límite? Se preguntó mientras contemplaba la quietud de sus párpados cerrados en eterna parsimonia. Se preguntó si este límite era algo físico o, quizás, se trataba de una traba subconsciente que él mismo estaba poniendo. Recordó cuando habló con Alana en la enfermería de la Crimson Stage hace más de un año, cuando finalmente pudo aceptar que él deseaba cosas ajenas a como había aprendido a vivir, o como le habían enseñado, recordó sus sentimientos encontrados a la hora de aceptar que él disfrutaba con crecer la violencia. Bastante batalló con su moral para poder reconocerse como un guerrero adiestrado en un oficio pacifico, bastante intentó hacer las paces con la idea de que podía usar esa facilidad para la violencia que estaba tan intrínsecamente grabada en su psique para el bien ¿Y ahora? ¿Qué pasaría si no solo hubiera fallado como un sepulturero, como un cuidador de criptas, como tanatopractor sino también como guerrero, como pirata y como capitán? Eros no lo notaba en ese momento, pero todos los demás compañeros sí pues su respiración era lo suficientemente fuerte y jadeante como si estuviese sido asfixiado por dos manos invisibles de las que no podía zafarse, como si sus propias manos lo estuviesen matando en frente de todos. Entonces sintió el golpe seco de la punta del bastón del maestro que lo observaba reprimente, el mismo había podido sentir en todo momento del estudiante más nuevo gracias a su haki de observación y no parecía alegre de lo que estaba viendo. Primero Eros se quedaba dormido, después hiperventilar por las propias trabas que se estaba poniendo en la cabeza ¿Acaso era todo lo que podía darle un pirata con 250,000,000? Eros cerró su puño entendiendo el mensaje, la simple mirada del maestro reprobando lo que estaba sintiendo era suficiente para que él se diese cuenta. Tenía que concentrarse y lograr encontrar su eje, su centro, de ninguna manera podía permitir que las emociones se apoderaran de él. — Con ese nivel de incertidumbre nunca lograrás conectar con el mundo que te rodea para percibir el mundo, necesitas encerrar tus demonios para poder fluir como un río y que el mundo pase por tí —Las palabras resonaron por Eros. La mente de Eros entonces se llamó nuevamente a una reflexión concienzuda. Primero que nada se volvió consciente de la posición que estaba ocupando en ese momento, sentado como un loto alrededor de tantos otros buscando el mismo objetivo. Respiró intentando calmar su pecho errático y violento, pero le costaba, se sentía frenético. Entonces usó sus 181 de inteligencia para pensar lo que se esperaba de él, necesitaba poder conectar con algo que escapaba de su entendimiento, de su percepción de su realidad, de su entendimiento de lo real, lo cotidiano ¿Podía hacerlo? Inspiró con profundidad, parpadeó un par de veces para recordar que estaba vivo y entonces volvió a cerrar los ojos llamándose nuevamente a un intento de meditación. Una vez más sintió la totalidad de su masa, la totalidad de su cuerpo y fue consciente de los detalles que normalmente se escapaban de su entendimiento. Tras tratar de relajar los músculos tensos de su cuerpo trató de ir a lo más simple de lo más simple, su postura en éste caso. Estaba sentado de piernas cruzadas cómo un loto sintiendo la fría temperatura de la madera bajo él como su primer sensación, entendía también en qué punto empezaba el contacto con el mismo pudiendo ser consciente de la misma manera de, en base a su postura, donde estaba poniendo el peso de su centro de gravedad ¿Era cómodo? No, estaba lo suficientemente incómodo para poder pensar en ello mientras analizaba algo tan esencial, básico y simple como permanecer sentado e inmovil. Sentía la gravedad tirando su cuerpo hacia el centro del planeta, o así le gustaba pensarlo al manitas que desconocía los detalles exactos sobre el tema. Intentando agarrar esa sensación de entendimiento como si fuese una mosca con palillos intentó concentrarse en algo tan simple como los puntos de contacto de su cuerpo con los alrededores.Entonces empezó a asignarle inconscientemente un valor de pesaje a cada una de sus extremidades pues, tras un momento ya se estaba volviendo segundo por segundo cada vez más consciente de sus extremidades como si fuesen puntos separados de su autonomía. Entendía el peso de cada parte de su cuerpo, de cada una de sus extremidades, cuanto valor tenía su cabeza, su torso y brazos, sus piernas, sus pies. Buscó entonces, en ese momento de entendimiento ser consciente de los dedos de sus pies ahora ligeramente aplastados por sus propios muslos, sentía el calor de su propio cuerpo conviviendo con la frialdad de la madera a medida que su propia temperatura reinaba por encima de la misma por la transferencia exotérmica. Intentó empezando mover los dedos uno por uno, desde su meñique hasta sus dedos gordos de los pies. Entonces intentó mover su foco de concentración y consciencia hasta sus tobillos que ahora se sentían fríos por la mala circulación de su postura subiendo entonces por tus pantorrillas ¡Ahí encontró el punto de conexión con el suelo de sus piernas bajas! Se emocionó, sintió como concentrarse en cada parte de su cuerpo había logrado estabilizar los pensamientos… Pero no podía dejar que volviesen a imperar sobre él. Inconscientemente dejó de corregir por unos momentos la postura con rectitud dejando que su cuerpo se venciese por cómo calzaban sus articulaciones casi naturalmente, asi él no fuese consciente de ésto mismo. Entonces fue que pudo sentir en cierto punto como la tela de su ropa entraba en contacto con su piel sintiéndose como un campo que acababa de ser labrado e irrigado con agua que se expandía por sus laderas. El dorso de sus manos contra sus rodillas le transmitía en cierta manera un calor ajeno a su temperatura, un poco mayor, entendiendo no solo la presión que estaba ejerciendo su cuerpo con sus alrededores sino la temperatura del mismo, del mundo que lo rodeaba. Suspiró. Al relajarse aún más se volvió consciente de la forma de su espalda, de la tensión que estaba ejerciendo en los músculos de su cuello ¿Tenía las cervicales desviadas? ¿Qué había de la columna? Recordando las palabras de Kaelith entendía que si intentaba acomodarse constantemente de manera inconsciente entonces nunca podría conectar con el mundo que lo rodeaba de la manera que era necesaria para poder aprender el haki. Por eso entonces decidió respirar profundamente primero inhalando para llenar su pecho de aire, manteniendo el aire unos momentos que se volvieron largos segundos y finalmente exhalando de manera sostenida. Entonces volvió a su relajación plena enfocándose ésta vez en la palma de sus manos que, de alguna manera, se sentía como una suerte de campo. Cada milímetro de sus palmas era algo sensible a las texturas, temperaturas, humedad. Eros era alguien que trabajaba con las manos, y normalmente utilizaba guantes a la hora de manejarse en su cotidianidad, pero ese día era distinto. Sentía la temperatura de Skypiea, los rayos de sol pegando en la piel de sus manos encallecidas por su oficio como carpintero. Sentía como el dorso de sus manos descansaba sobre las rodillas finalmente venciendo el peso de sus brazos que procedió a relajarse, pero no se estaba quedando dormido ésta vez, estaba siendo consciente de sus sensaciones apagando su mente de todo lo que en cierta manera no era necesario. Finalmente la sensación recorrió su cuerpo por su columna y su espalda hasta su cuello cuando encontró una contractura. Realizó un movimiento ligero, y sintió como su cuello sonó finalmente descontracturando el hueso. Movió sus dedos uno por uno, comenzando por el meñique de ambas manos para finalmente moverse hacia el anular, el mayor, el índice y el pulgar. Uno por uno movió los dedos suavemente de manera apenas imperceptible, pero esos escasos milímetros fueron suficiente para sentir el hormigueó de la sangre bombeando por sus extremidades. Su piel, su temperatura, músculos, nervios, huesos, tejido, tendones. Si, como tanatopractor tenía tan naturalizado todo pero ahora estaba llamando a sentir desde un lado que escapaba a su lógica cotidiana. Parte 3 - Fluir Entonces comenzó a mover los dedos de sus pies poco a poco como si fuesen renacuajos que comenzaban a mover sus colas mientras buscan moverse por la cercanía de la superficie del arroyo. Sintió el hormigueó que recorría el comienzo de sus extremidades irrigando la sangre de pronto pese a la postura e inclusive la sensación de su sangre irrigando, eso fue quizás el punto en que el hombre se relajó por primera vez desde que había llegado a Skypiea. El entumecimiento es una sensación conocida, es la misma sensación de libertad que sentía en un combate. Bien ¿Que? Sí. Si bien no era masoquista, Eros recibía la estimulación necesaria en un combate que él podía asociar perfectamente bien al entumecimiento de una extremidad dormida. Lo hacía sentir vivo, lo hacía detener un poco el tren de pensamiento de su cabeza para finalmente relajarse y permitirse sentir. El recorrido de la sangre irrigando por su pierna finalmente comenzó a trepar como arañas que reptaban por todo su cuerpo desde su cadera hasta su torso, para entonces moverse velozmente hacia sus brazos cabalgando como una estampida de caballos. Una leve sensación eléctrica hizo sentir a Eros que la temperatura en sus manos contrastaba con el aire, entonces fue que pudo permitirse dejar de pensar en cada parte de su cuerpo a medida que las iba sintiendo. Decidió que quería poder enfocarse en lo que su mente dispusiese ¿Y por qué no? Si siempre que los Sepultura se proponían algo lo intentaban, y vaya si no sabían cuándo rendirse. Dejó ir sus pensamientos, al enfocarse en su pecho pensó que se estaba nuevamente enfocando demasiado en la mecánica detrás de su respiración. Pese a que se estaba entregando a las emociones podía notar como inconscientemente una parte de sí se oponía si se quería una resistencia tácita a entregarse a las emociones sin encontrar una lógica mecánica detrás de todo. No quería tener que saber a que velocidad estaba respirando, ni si la estaba acompasando correctamente o si ese era el estadío correcto para meditar en comparación a los demás. Sería nuevamente caer en la serie de bucles y paradigmas que lo habían llevado a fracasar en primera instancia. Seguía estando en control, y eso era un poco el punto de poder conectar con sus alrededores. Una vez más sintió como si en mitad de la oscuridad de sus párpados su cuerpo inerte cayese en caída libre entregándose hacia la nada misma, hacía solamente el sentir. Voló por las praderas de la nada misma sin hacer otra cosa que no fuese respirar, sin intentar controlar esa respiración ni medirla de ninguna manera se limitó a respirar. Un segundo eventualmente dio paso a un minuto que a su vez acompañó a otro, y otro. Eventualmente simplemente respiraba y, tras algún que otro minuto pasando estaba tan inmerso en su respiración que dejó de sentir el ruido a su alrededor. Por un momento los golpes secos del bastón de Kaelith desaparecieron a su vez que las sandalias de madera de los alumnos en el suelo de piedra del exterior, la respiración pesada de sus compañeros era también una historia y lo más sorprendente es que los sonido se fueron aislando uno por uno finalizando por el ruido de la tensión en la madera de los arcos del techo, ruido que Eros oía en todos los lugares. El viento fue lo último que dejó de sentir y, quizás en parte, por cuan asociado al tacto estaba. Entonces se entregó a fluir por fluir. Apagó su mente visualizando una gota de agua que caía en mitad de la nada de manera incesante. La gota fluctuaba su forma e intención. Pudo sentir que esa gota era una lágrima, era un poco de miel, era un poco de lluvia y también una salpicadura de vino. Siguió cayendo sin rumbo, sin destino, hasta su forma comenzó a fluctuar nuevamente y sus dimensiones a cambiar. Poco a poco se fue expandiendo de manera inconmensurable hasta finalmente a sus costados aparecieron hermosas praderas y valles, sintió el hormigueo de la vida pues los peces nadaban del lado de la corriente y, para su sorpresa, ya había un cauce. Como el río que visualizaba avanzaba a través de su paso fluvial golpeando con islotes, golpeando con las orillas e imponiendo su paso a medida que el cauce se iba ramificando o obstaculizando. Siempre buscaba la manera de seguir moviéndose, de seguir avanzando. Cuando poco a poco sentía que estaba pudiendo abrir su percepción a aquello que, normalmente, no podía ser percibido sintió entonces ese latido. Un latido ajeno. Tuc Tuc. Tuc Tuc. Tuc Tuc ¿Cuánto latía tan rápido ese corazón? Era un latido que conocía era… El latido de un topo. Si, un cuerpo pequeño, un cuerpo igual de ciego, un cuerpo más ligero pero en definitiva ¿Suyo? Percibía la realidad desde dos formas, percibía la vida como un hombre y una bestia. El instinto no necesariamente podía siempre jugara favor, y en este caso se podía evidenciar al Eros sentir el latido de la bestia en contraposición a la armonía que lo ayudaba a abstraerse del… Parte 4 - Ego A medida que se veía fluir en ese río, la sensación de un latido ajeno lo hacía romper la armonía que tanto le había costado encontrar. Finalmente ese río se volvió un cuerpo, su cuerpo aunque etéreo, ligero, carente de sí. Frente a él, o quizás a su lado, sintió la presencia ajena del topo. La criatura era pequeña pero Eros sabía bien que más allá de su tamaño, su fuerza era real, su ferocidad, y ante todo él como la bestia percibía el mundo que lo rodeaba. ¿Por qué ahora se involucra en su entrenamiento? El lado del topo en comparación al suyo se sentía como una feroz cabalgata, y frente a él no solo se hallaba una bestia silenciosa e inamovible si no una dicotomía que en cierto punto le impedía conectar con el mundo como le gustaría. Era tal vez aquello mismo que, en su momento, le había impedido llegar a una concentración absoluta sin ahondar en sus inseguridades, miedos, arrepentimientos y bloqueos mentales. El motivo de todos ellos, el motivo de cada uno de los puntos que lo mantenían atado a si mismo e incapaz de expandir su consciencia. Era su ego. Su esencia. Su ser. De esa manera Eros se encontró cara a cara con un espejo de su esencia, y en la bestia frente a sí veía todos los males del mundo, o cada uno de esos factores de sí mismo que, en realidad, no quería reconocer. Donde el veía una bestia, deseaba ser un hombre, más sabía que sus sentimientos eran más cercanos a los de un depredador visceral. Eros Focalor el hombre, Eros Focalor la bestia. De la misma manera tuvo que enfrentarse a otra realidad, que pese a llamarse un hombre de las ciencias y la lógica, un intento de inventor, era esta ferviente necesidad de abrazar una lógica tangible poco más que una manera de tapar que su emoción, y su razón, se regían en primera instancia por un instinto incapaz de ser explicado, incapaz de ser entendido. Incorrecto, según su padre, incorrecto según él. Queriendo ponderar en el terreno del pensamiento, era incapaz de hallarse dueño de su reacción cuando se despertaba esa sensación violencia que colmaba su interior. No había lugar para la paciencia cuando había algo que proteger, cuando había alguien que cuidar, cuando había una oportunidad de usar esa violencia para el bien. Porque eso era todo lo que un capitán podía hacer ¿Verdad? Pues lo era, un capitán ante todo, una figura que cuidaba y hermanaba. Un guía y un sostén. Eso le gustaba pensar cuando frente al espejo veía, quizás, a quien temía fuese un depredador. Alguien con la suficiente visceralidad para torcer sus objetivos y terminar hiriendo al inocente, al débil, al oprimido ¿Cuán lejos estaban acaso de ser los monstruos contra los que luchaban? ¿Era acaso el propósito que esgrimía un verdadero altruismo, o era solamente una forma de convencerse para seguir avanzando? De repente frente a él se pudo ver a sí mismo desde afuera ¿Se estaba disociando? Estaba recordando. Se recordaba leyendo, se recordaba trabajando ataúdes en su taller, se recordaba estudiando libros de medicina que le robaba a Kiyoshi para aprender a curar a aquellos que quería. De la misma manera una sensación amina, amena. Se observó estrangulando a un muchacho en Samba mientras el otro se retorcía entre sus patas tratando de zafarse, también observó cuando sus garras sintieron el último aliento de Uosan Sakana escapando de sus pulmones cayendo tras el abrazo de la dulce muerte que lo rodeaba. Sí, era un Sepulturero y un asesino. Asesino, asesino múltiple y asesino en masa. Recordó cuando afianzó su vínculo con Uker bañando sus garras en sangre en Whisky Peak, o la vez que luchó contra un gigante uno contra uno durante todo un día junto al volcán en plena erupción de Little Garden. Cada batalla lo había hecho un poco más fuerte, cada batalla le había enseñado y ante todo, en cada una de ellas él había abrazado una filosofía muy simple que lo acompañaba a día de hoy. Aquellos dispuestos a matar, deben estar dispuestos a morir. ¿Entonces por qué sentía a esa bestia frente a sí como una presencia hostil que luchaba en contra de su deseo? ¿Porque sentía que le impedía encontrar la paz? Se vio frente a su forma completa ¿Es que debía hacer algo así como intentar aceptar esta violencia que habitaba dentro suyo? ¿Aceptar sus instintos salvajes? No entendía y no fue hasta que extendió su mano para tocar al topo que escuchó su propia voz resonando como un eco por su subconsciente. ”Mi nombre es Eros Focalor de Baterilla…” Cuando escucho estas palabras sintió el eco que resonaba a lo largo y ancho de las barreras de su propia mente. Kaelith notaría desde su ubicación como el aura de Eros comenzaba a fluctuar de manera notoria, su espíritu de combate estaba en aumento, su sed de combate también, pero sus músculos e intenciones reflejaban una paz que aun no había sentido en ese hombre, siquiera cuando él había llegado a buscar tutela. Pues siempre tenía una voz detrás de la oreja. Muchas siluetas suyas se hicieron presente, hablando al unísono aunque una serie de palabras y diálogos que no podía distinguir unos de otros. “Eros Focalor de Baterilla “ “Capitán de los Piratas de los Sepultura“ “Tanatopractor “Carpintero” “Inventor” “Guerrero” “Comandante” “Amigo” “250,000,000” “Me cuesta hablar con gente que no conozco” “Puedo dormir en cualquier lugar” “Las cosas tiernas… me gustan, si ""Extraño a mi mamá” “Odiaba a mi padre” “A veces me consuela saber que moriré” Las voces lo ensordecían, se sentía como si quisieran enloquecerlo. Entonces, aquel obstáculo que le impedía abrir su percepción. — La bestia… Es mi ego — Dijo sin darse cuenta en voz alta al notarlo en su mente. Parte 5 - Yo, la bestia. Solo sabiendo luchar Eros entendió las variables estadísticas de aquello que estaba pasando, fue quizás eso lo que hizo que Kaelith no lo detuviera cuando inclusive aquellos que estaban entrenando su observación se vieron desconcentrados por ello. Efectivamente Eros estaba luchando contra un bloqueo mental mucho más violento de lo que uno esperaría, mucho más palpable. Si bien el sentido común indicaba que ese muchacho por lo acostumbrado que estaba a percibir el mundo como un animal ciego de sentidos agudizados en cuanto a tacto y olfato, era lo mismo que estaba deteniendo. Era su lógica, sus trabas inconscientes, su incapacidad de abrirse a aquello que no fuese lo empírico, lo comprobable, lo tangible y palpable. No obstante, Eros quería cambiar, Eros debía cambiar, Eros debía prevalecer. La forma completa frente a sí se tornó su forma híbrida, y entonces la vio venir hacia él. En respuesta el capitán de los Sepultura comenzó a lanzar estas imágenes etéreas de si mismo que repetían incesantemente datos sobre él a su forma híbrida quien con sus garras iba disipando uno por uno a los espectros de la identidad del mismo hasta que el capitán ya no tuvo que faceta de sí mismo usar para enfrentarse a la bestia. Para negar su salvajismo. — Si no me dejas ver sin ver… tendré que golpearte hasta convencerte —Lo que siguió no fuera para nada glamoroso, cada uno de los golpes que la bestia le daba a Eros repercutía en su aura. Cada golpe que Eros le daba a la bestia de la misma manera hacía que la llama púrpura de su energía se ondease ligeramente. Si, era por ese mismo bloqueo que Eros tenía para aprender la observación que esto estaba siendo posible. Era gracias a su falta de talento que estaba logrando en cierta manera prevalecer al usar los mismos preceptos para poder canalizar su voluntad como un arma, con cada uno de los golpes fue haciendo que la bestia retrocediera, y retrocediera. Finalmente se vio de pie en la cubierta de la Black Widow, la noche era tormentosa y frente a él yacía la bestia caída. Eros levantó su puño tembloroso dispuesto a dar el golpe final, y finalmente se detuvo observando a la bestia, y viéndose a sí mismo. — Abre los ojos — Ordenó el maestro, y así lo hizo Eros. Su brazo estaba en alto igual que en su trance meditativo, el suelo frente a él completamente destruido y aunque Eros no lo podía ver, en su puño fluía su aura. — Esta emoción que estás sintiendo, la voluntad que estás poniendo en tu puño… Este entrenamiento se suponía sirviese para que lograsen encontrar el Haki de observación como se le suele llamar. No obstante, tras ponerte en contacto con tu propia fuerza de voluntad comencé a sentir la resistencia de tu inseguridad… Que decidieses golpear tus inseguridades y le pongas toda tu voluntad a tu puño. — Kaelith no parecía reprobarlo pese a todo, suspirando cuando el espíritu de Eros finalmente se desvaneció incapaz de seguir manteniendo su haki de armadura. Entonces Eros se sintió verdaderamente exhausto, como si años de su vida se acaban de esfumar de entre sus dedos por el esfuerzo que acababa de llevar a cabo. Solo había golpeado un par de veces, no obstante cuando cayó de espaldas observó el techo en silencio. — Ponerle mi voluntad a mi puño… —Repitió Eros pensativo levantando su mano cansada hasta poder verla en contraste con el techo, aun incapaz siquiera de incorporarse para sentarse. — A partir de ahora entrenaremos el Haki de Armamento, esto que has logrado conseguir ahora aunque sea por unos momentos… El Haki de Observación quizás requiera de mayor esfuerzo, más meditación y definitivamente que trabajes tu problema principal —La funda de la espada de Kaelith se posó sobre la frente de Eros, no obstante no buscó hacer presión solo marcar puntos. Su frente y su corazón. — Tu instinto es fuerte, pero tu lógica busca reprimir tu instinto constantemente. Tu lógica es rápida pero tu instinto tiende a interponerse en su camino. En la medida en que no puedas intentar encontrar una armonía entre tu sentir y tu pensar, tu bestia y tu persona, no podrás aprender la observación con la facilidad que deberías —Aclaró el maestro entonces observando como Eros se sentaba en el suelo nuevamente. — Pueden descansar diez minutos. Sepultura, conmigo —Ante la orden del maestro todos se tomaron un momento para tomar agua, respirar, descontracturarse y caminar mientras que el pirata tenía que acompañar al alado ¿Se sentía relativamente regañado? Quizás pero, sorprendentemente, Eros estaba más que cómodo con las dinámicas de poder verticales quizás por lo acostumbrado que estaba a que su padre se pase el día dándole órdenes, y regañandolo. Apenas sus compañeros los dejaron solos, Eros levantó su mirada inquisitiva hacia el docente en cuestión. — Si este Haki de Observación permite ver sin ver… ¿El haki de armamento permite tocar sin tocar? —Preguntó el Baterillano, y quizás esa analogía fue la que le permitió recibir un visto bueno del maestro que ahora tenía la lengua mucho más suelta que el día anterior. — En la final del torneo de Skypiea, el combate que detuvo el emperador… Uno de los luchadores usó Haki de Armamento para poder tocar al otro que poseía un poder de fruta del diablo que normalmente lo volvería intocable —Eros entendía sin tener que ahondar en detalles, pues él mismo se había sorprendido en su momento. Así que poder tocar lo que no podía ser tocado… Emoción, en su pecho. Una sonrisa en su rostro. Kaelith no podía entenderlo quizás, pero eso significaba que… — Puedo golpear fantasmas —Era interesante a la vez que difícil de comprender cómo operaba la mente de Eros, pero lo cierto es que desde pequeño él había temido a los fantasmas pese a criarse entre tumbas, criptas y sepelios pues “Solo le temo a lo que no puedo tocar”. Eso significaba que, a grandes rasgos. — No hay nada a lo que temer —Pues si, era lo suficientemente simple como para que el poder golpear lo que sea que tuviese en frente fuese consuelo suficiente para poder enfrentar lo que fuese con determinación y valor. Entonces elevó su puño, pensativo. Inspiró con profundidad, y cubrió su puño de Haki de Armamento. — ¿Estoy… Haciendo algo? —Inquirió pues debemos recordar que Eros era incapaz de ver su propia aura aun, el maestro asintió con la cabeza y Eros disipó la energía. Para ponerlo a prueba el espadachín elevó su arma acercandola a la frente de Eros, se sintió por un momento como cuando a uno se le ponía un antiséptico solo que una espada afilada era más cariñosa que su padre en la infancia. — Tres, dos, uno — Contó atras el maestro sin ningún tipo de segunda intención o truco antes de apuñalar la frente de su alumno, Eros había sido incapaz de detener el filo ¿Por qué? No le importaba, pues estaba en un trance de entrenamiento que se podía ver en sus ojos dorados. No tenía tiempo de dudar, solo de seguir aplicando lo mismo. — Una vez más por favor —Pidió a medida que el ligero corte de su frente se regeneraba frente a sus ojos, bendita la fisionomía del hombre bestia. El maestro levantó su espada, llevó su mano hacia atrás y observó el pecho de Eros. Entonces Eros observó a su maestro y comprendió que debía ser capaz de sentir su cuerpo entero como un puño, de poder sentir su propia voluntad como un motor. Asi como la sangre se irrigaba en su cuerpo al despertar, sentía su energía siendo transmitida por distintas partes. El cauce del río se movió desde su puño hasta su muñeca pasando por su codo, entonces hacia el hombro rebotaba por el pecho y desde el centro de su esternón se expandía poco a poco. A Eros le costaba mantenerlo esforzándose visiblemente, físicamente. Sus dientes se apretaron comenzando a rechinar entre ellos, todos los músculos de su cuerpo se tensaron y finalmente se hipertrofiaron cuando él esforzaba todo su cuerpo al unísono en pos de mantener esa sensación, ese pensamiento, ese momento. Poco a poco el Haki de Armamento comenzó a expandirse por su cuerpo, por sus piernas, por sus brazos y finalmente en su cabeza. Con Haki de observación medio se podría notar quizás una llamarada que ardía como una pira funeraria de hermosos tonos rosáceos y purpurinos. Eros había logrado casi por error y pese a torpe y desprolijo, por exactamente 3,5 segundos mantener el Haki de Armamento en todo su cuerpo antes de que pasase lo más sensato cuando alguien se excedía entrenando con el Haki ¿Murió? Tampoco tanto. Pero efectivamente sus rodillas se clavaron contra el suelo, y finalmente sintió como toda la tensión que venía acumulando desde que había llegado al dojo, tras pasar la prueba de Kaelith, curarse de sus heridas y finalmente meditar en contra de sus propias resistencia se liberaba de pronto desvaneciendo como un ancla que se estaba levando. Sus hombros se sentían libros como las alas de una gaviota, y a medida que su mente divagaba desmayándose exhausto Eros Focalor sonreía. Finalmente su rostro impactó contra el suelo, y eso es todo lo que Eros recuerda de su primer día de entrenamiento con Kaelith. En sí mismo su entrenamiento constó de aproximadamente dos días intensivos. De día reforzaba la información sobre los distintos tipos de Haki que existían, lo que conllevaba ir aumentando el dominio y la experiencia de los mismos asi como todo lo que tuviese que ver con el marco teórico del Haki con Kaelith, mientras que buscaba entrenar moviendo el Haki por su cuerpo con determinados patrones y ritmos para mejorar la velocidad de respuesta del mismo, mientras que por la noche mientras el maestro dormía Eros destinaba dos a tres horas para meditar intentando poder controlar con mayor soltura la carga emocional que representaba liberar su espíritu. Finalmente cuando todo estuvo dicho, llegó La prueba final - Parte 6 — Esta vez no contaré Eros, ni te diré en donde será ¿Sabes lo que significa? —Parecía un juego en ese punto, pero era todo lo contrario. Gran parte del entrenamiento de Eros lo había llevado a entender que el Haki de Armamento en gran parte trataba no tanto así de atacar tanto así… Como de resistir. El aguante lo era todo para poder canalizar el espíritu de una forma tan violenta, la concentración del aura en una zona de manera tan palpable físicamente hablando constituía gran esfuerzo. Que Kaelith no contase implicaba que Eros tendría que confiar en sus propios reflejos para poder reaccionar al ataque de su maestro… O eso sería el caso si, por supuesto, tanto Kaelith como el capitán de los Sepultura no se conociesen lo suficiente en esa semana para saber que él no podía, efectivamente, esquivar siquiera notando los ataques. Pues era el terco definitivo. Entonces ambos llegaban a la misma deducción, el examen final era una prueba de resistencia tanto física como espiritual. Estaban frente a frente en el mismo recinto en el cual, días atrás, Eros había recibido un poderoso corte del maestro antes de volverse su alumno. Si bien pocos días habían pasado, el espíritu de Eros que se paraba frente a su maestro se sentía distinto. La ambición con la que había llegado ahora exhibía una calma que pocas veces se ve de parte del capitán. Movió los brazos preparando las piernas en el ancho de hombros, inspiró profundamente y entonces liberó todo su aire ¿Lo sorprendente? Cerró sus ojos. Cerró sus ojos porque no le importaba ver, sabía que nunca podría seguirlo, sabía que el ataque vendría. No le causaba ansiedad, ni miedo, sabía que iba a pasar, sabía que su cuerpo estaría tan listo como pudiese y que su espíritu. Su espíritu debía estarlo. Nuevamente su espíritu fue liberado cubriendo sus extremidades, pero ahora su aura no se expandía con violencia como una pira fúnebre, sino que lo envolvía como si bailasen alrededor del sepulturero. Manteniendo su foco mental, pasaron los segundos, pasaron los minutos, y su energía no fluctuaba. En su rostro se podía notar la transpiración, inclusive en sus músculos se veía el desgaste que estaba llevando a cabo… Pero su espíritu, de todas maneras, no flaqueaba. Entonces pasó lo que tenía que pasar. El paso del maestro fue raudo, no solo Eros hubiese sido incapaz de verlo. Era verdaderamente una saeta. La espada del maestro conectó en el hombro derecho de Eros cortando su pecho y el hombro izquierdo con un movimiento horizontal en un corte rápido y violento. El corte fue inmediato, la sangre brotó y Eros nuevamente como la primera vez que había llegado a ese dojo voló decenas de metros antes de caer al suelo. Parecía haber fallado la prueba cuando el espadachín enfundó su espada, él no necesitó verlo sonriendo pero fue la voz de uno de sus alumnos la que rompió el silencio. — ¡Aún lo tiene! —Exclamó, pues pese al corte, a la caída, al dolor, al cansancio… El haki seguía en el pecho de Eros el caído, quien risueño contemplaba el techo. — El poder de hacer trampas… —Dijo para sí mismo finalmente calmando su haki para sentarse en el suelo quitandose el polvo, y entonces levantarse. El maestro por su parte se acercó a su discípulo, asintiendo con la cabeza. — Tu entrenamiento del Haki de Armamento está listo Focalor, ahora seguiremos con el Observación. No tenemos tiempo que perder, esto fue solo la primera parte… No piensas quedarte —No necesitó usar su haki de observación para interrumpirse a si mismo, pues el capitán de los piratas de la Sepultura levantaba el pulgar con una mirada serena aunque inexpresiva, para variar. — Si, no, lo siento… Quiero ir a mi barco y la verdad me estresa mucho eso de meditar pero… ¡Gracias por sus enseñanzas maestro! —Eros hizo una reverencia, y así fue como dio su primer paso en el mundo de la maestría del Haki. RE: ¿Se acuerdan esa vez que Eros aprendió Haki de Armamento? [Fic Haki - Presente R.] - Sentomaru - 19-08-2026 ✘ TEMA: CERRADO Ya tienes el Haki para entrenar |