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[FIC-Entrenamiento] Teja a Teja - Versión para impresión

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[FIC-Entrenamiento] Teja a Teja - Juan Sebastian - 27-02-2026

Isla del Kárate día 25 de Verano, año 17

—Hablo— —Pienso—
 —Kuririn— —Batch Kalão—  —Señor—


Parte 1: De vuelta al Dojo

No pasó nada de tiempo desde que estuve entrenando en el dojo, pero había algo que me estaba molestando, el maestro me enseñó una técnica que me hizo más versátil en batalla, y era genial, pero no podía quitarme de la cabeza la necesidad de algo que se acoplase mejor a mi personalidad, un golpe cuerpo a cuerpo, más directo. Mientras entrenaba para aprender Uchimizu pude ver a algunos alumnos practicando golpes, si pudiese incorporar los conocimientos del Kárate Gyojin en mis poderosos golpes podría pasar al siguiente nivel.

Me decidí al volver al Dojo, por lo que, una vez más, puse rumbo a la montaña para continuar mi entrenamiento. Mientras subía la montaña las sensaciones eran completamente distintas a la primera vez, lo que antes era curiosidad ahora era determinación, lo que antes era ilusión ahora era confianza. Después del tiempo que estuve entrenando aquí, los gigantescos bonsáis me seguían pareciendo impresionantes, pero no por la calidad de la madera, si no por la tranquilidad que emanaban, una paz que contagiaba todo el monte, acostumbrado a selvas tropicales con bestias que acechan en cada esquina, aquí daba la sensación de que podría dormir la siesta tranquilamente sin preocuparme de nada. —¿Alguien los habrá sembrado o crecerán aquí de forma natural?—

[/i]A medida que subía notaba como mi respiración se agitaba y mis piernas se sentían más pesadas, esta montaña no cambiaba, subir seguía siendo un desafío por si mismo. Mientras subía, viendo ya el Dojo a lo lejos, me crucé con un hombre que me saludó mientras corría, un humano de una edad considerablemente avanzada, era un hombre bastante escuálido, de cabello liso castaño y que llevaba un uniforme Gi de kárate  —¿Será un alumno del Dojo?— Era encantador ver a los hombres mayores teniendo pasión por seguir mejorando, al menos mientras fuese para hacer el bien. Finalmente llegué al dojo, esta vez el dúo de tritones no estaban allí para recibirme, por lo que entré para buscar al maestro Batch Kalao.


Parte 2: Bienvenido de nuevo, impaciente

Fui a la sala común del Dojo y allí me encontré a Kuririn y al maestro. El alumno gyojin se encontraba de rodillas, con las manos en los muslos y se encontraba absorto en las palabras que Batch Kalao le decía. Esperé a que terminasen de hablar y saludé —Buenos días ¿Trabajando duro?— Kuririn se levantó rápidamente y se abalanzó sobre mi —¡¡Juaaann!! No esperaba verte tan pronto otra vez—  El maestro se acercó con las manos cruzadas en su espalda, impasible, sereno, pero contento —Podría decir lo mismo ¿Qué te trae por aquí muchacho?— Mientras acariciaba la cabeza de mi querido amigo me dirigí a mi maestro —Realmente el motivo es el mismo que la primera vez ¡Necesito ser más fuerte!— El gyojin pez Verde me miró con severidad —No has tardado mucho en querer aprender más ¿Diligencia o Impaciencia?—  Quería responder rápido, con decisión, pero por algún motivo no pude hacerlo. Realmente no sabía la respuesta, por lo que me limité a mantenerle la mirada con determinación —Está bien, señor impaciente, toma asiento junto a Kuririn. Esta vez seréis compañeros de entrenamiento— 

Me senté junto a mi amigo en el suelo del dojo y escuché con atención lo que el maestro tenía que decir. —Como le estaba comentando a Kuririn anteriormente, un maestro del Kárate gyojin no debe centrarse únicamente en técnicas a distancia, de momento ambos habéis perfeccionado Uchimizu, pero el corazón el Kárate Gyojin se encuentra en los golpes, directos, precisos y poderosos. Venid un momento— Nos levantamos y fuimos a una habitación conjunta, en la que habían varias estructuras de tejas, que estaban colocadas una delante de otra, a la altura del torso —El éxito de vuestro entrenamiento se basa en poder romper estas tejas, adelante, probad— Confiado en mi fuerza, me dirigí primero a la prueba, esto era algo puramente físico, al contrario que en mi anterior entrenamiento, tenía una buena base para esto. Me coloqué delante de las tejas y después de adoptar una pose de combate, con las manos pegadas al cuerpo y una pose baja, aguanté la respiración y golpeé con todas mis fuerzas, rompiendo 5 tejas, me fijé en Kuririn a mi izquierda, que había roto tres tejas, el llevaba más tiempo entrenando en el dojo, pero después de todo había una diferencia notable de fuerza bruta. Volvimos al lado del maestro y pregunté con confianza —¿Cuántas se supone que deberíamos ser capaces de romper para saber que hemos dominado la técnica?— El maestro me miró como si no entendiese mi pregunta —¿Cuántas? Las cien por supuesto, para eso están...— Kuririn y yo nos quedamos perplejos, más por incredulidad que otra cosa, obviamente se trataba de una broma, pero el maestro no acostumbraba a bromear, de ahí nuestra sorpresa. Batch Kalao suspiró, profundamente —Muy bien, observad— Entonces se colocó frente a una de las estructuras y adoptó una postura de concentración, con los ojos cerrados, las piernas flexionadas, usando su palma izquierda para medir la distancia y con su puño derecho cerrado pegado al abdomen. —¡Hyakumaigawara seiken!— Fue un golpe veloz, pero más que nada, poderoso, las cien tejas fueron reducidas casi como si fuesen de algún material frágil. Atónito, miré mi pinza, con una magulladura fruto de mi intento anterior, intento que ahora comprendía lo patético que había sido... —Es la hora de comer, haceos a la idea mientras descansáis, el Hyakumaigawara seiken no es sencillo— 

Kuririn y yo no comimos en el comedor, llevamos la comida al cuarto en el que nos quedaríamos ambos mientras  entrenábamos la nueva técnica, de camino al cuarto nos cruzamos con un gigante de color azul que pasaba por allí, era casi tan grande como lo era Dev y, al igual que él, fumaba de una enorme pipa que dejaba una estela de humo a su paso —Incluso alguien tan grande se preocupa por entrenar eee...— Le dije a Kuririn, mientras él asentía con su cabeza de forma repetida —El tamaño no lo es todo Juan ¿Nunca te lo habían dicho?— . Una vez llegamos a la habitación hablamos sobre la demostración del maestro  —Eso fue... Increíble— Le miré y tras tragar el arroz que estaba masticando respondí —Demasiado para ser real ¿Podremos lograr algo así?— Ver la diferencia de fuerza entre el maestro y yo fue un golpe duro a mi orgullo, sabía perfectamente que era más fuerte que yo, pero... ¿Tanta era la diferencia? Kuririn cortó el silencio tenso —Bueno, nosotros debemos centrarnos en el entrenamiento y confiar, yo tardé meses en aprender Uchimizu— En eso tenía algo de razón, la vez anterior empecé a dudar sin razón, pero esta vez algo era distinto, no era falta de comprensión, era falta de confianza. 


Parte 3: La base

Una vez terminada la comida e intentando mantener el optimismo, Kuririn y yo pusimos rumbo a uno de los patios al aire libre del Dojo, donde esperamos a que llegase el maestro —¿Qué esperas del entrenamiento Juan?— Giré mi cabeza observando a mis alrededores, intentando buscar tareas que fuesen necesarias para hacer —¿Cortar el césped?— Ambos nos miramos por unos instantes antes de reírnos sin parar, sobre todo porque no sería descabellado que ese fuese el entrenamiento visto lo visto. El maestro Batch Kalao por fin apareció y nos indicó cual sería la primera parte de nuestro entrenamiento —En este entrenamiento no me andaré con rodeos, primero debéis trabajar en mejorar vuestro físico. El Hyakumaigawara Seiken es un ataque cuerpo a cuerpo, por lo que vuestra propia fuerza es vital para un impacto poderoso— Sus palabras tenían sentido, demasiado sentido la verdad, esperaba algo más abstracto visto lo visto. —En este patio hay numerosas rocas de múltiples pesos, las usaréis para entrenar, cuando seáis capaces de empujar la de trescientos cincuenta kilos de lado a lado del patio habréis terminado con esto— ´

El maestro se fue y nos dejó solos con las piedras —¿Mover esta piedra enorme? Pero si el patio son como doscientos metros de largo... — Kuririn estaba tan abrumado como yo, que estaba muy callado desde la prueba de las tejas, pero no podía seguir así, vine para hacerme más fuerte, y por supuesto que sería un desafío, ninguna virtud nacería de la comodidad. Decidido, me di unas "palmadas" en las mejillas con la intención de espabilarme —¡Muy bien! Solo tenemos que ponernos con el entrenamiento— Mientras Kuririn me observaba, me acerqué a la roca más grande, aseguré bien los pies en el suelo y empujé con todas mis fuerzas para moverla, pero no cedió ni un palmo. —Me cago en... — Dije con frustración luego de darle una patada a la roca que me dolió más a mi que a ella. Kuririn se acercó con los hombros bien rectos y el mentón en alto, como si se tratase de un noble que circula entre campesinos —Disculpe caballero, hágase a un lado— E hizo el intento de empujar la misma roca. Mientras lo intentaba podía apreciarse como su cara se ponía roja en contraste con el tono azulado que le caracterizaba, parecía un salmón al final de su vida. Cuando terminó su infructuoso intento, acercó la cara a la base de la roca —¡AJÁ! Mira esto, lo moví 2 centímetros— Incrédulo me acerqué a revisar las marcas del movimiento en la tierra —¡Esas las hice yo hombre! Está clarísimo—. Una vez dejamos de lado la infantil discusión decidimos usar otras rocas menos grandes para entrenar.

Lo ideal para entrenar sería una piedra que pudiese mover como mucho la mitad del camino, y progresar desde ahí, por mi parte elegí una de alrededor de 250 kilogramos, mientras que Kuririn optó por una de 200 kilogramos, y con esto empezamos a entrenar en series mientras movíamos las piedras. Era un trabajo tan duro como esperaba, al poco tiempo de empezar ya sentía la respiración agitada de mi cuerpo y mis piernas se resbalaban cada vez más y más en la tierra movida. Tras unas horas sin descanso me senté un momento con mi compañero  —¿Cómo lo llevas?— Él se tomo tiempo para responder, mientras daba amplias bocanadas de aire —De puta madre... *Uff uff* ¿No se nota?— El entrenamiento continuó varios días, en los que sólo movíamos piedras, pero había progreso, finalmente podíamos usar las rocas más grandes para entrenar por lo que llamamos al maestro para supervisar el entrenamiento. 

Al llegar el maestro Batch Kalao, Kuririn y yo realizamos con éxito la tarea de empujar la piedra gigante de un lado al otro del patio, a duras penas. —Buen trabajo ambos, habéis progresado. Ahora podréis empezar con la segunda parte, la postura, venid dentro— Choqué las manos con Kuririn y seguimos al maestro al interior del Dojo para seguir con nuestro entrenamiento.


Parte 4: La postura


Una vez en la sala de dentro del dojo Kuririn y yo nos sentamos, una vez más, de rodillas mientras estábamos expectantes a las indicaciones del maestro. —Muy bien, primero de todo ¿Cuáles han sido vuestras sensaciones durante el entrenamiento? Tu primero Kuririn— Era raro que nos hiciese preguntas, así que no había pensado en ello antes de entrar, suponía que Kuririn tampoco —Bueno... Aún siento el cuerpo dolorido, pero no deja de ser trabajo físico, nada especial— Mi forma de pensar al respecto era bastante similar y cuando me dio la palabra respondí —Opino lo mismo ¿Quizás para una técnica de golpeo no hay mucho más en lo que enfocarse?— El Maestro arqueó su ceja derecha y me propinó un golpe seco en la cabeza —Muy impertinente de tu parte responder una pregunta con otra, Juan— Seguido de esto, golpeó a Kuririn mientras intentaba ocultar su risa girando su rostro y tapándose la cara. —No cantéis victoria tan rápido, por supuesto que una técnica del Kárate Gyojin tiene más que fuerza física. Pero hay un mínimo de fuerza requerido por supuesto. Ahora entrenaréis postura, equilibrio, tiene que ser perfecta. Y por supuesto no dejaréis de lado los entrenamientos físicos mientras lo hacéis—

El Maestro nos enseñó las posturas que debíamos practicar. La primera consistía en mantener las piernas flexionadas mientras manteníamos una postura de combate, no parecía nada difícil, la segunda era mantener los brazos estirados hacia adelante mientras debíamos sostener piedras de 50 kilogramos en las manos, parecía algo más desafiante a decir verdad, y la última consistía en una postura de meditación, para mejorar la concentración —Bajo una cascada— —¿Bajo una cascada?— —Bajo una cascada— —¿De agua?— —Como todas las cascadas— Pues eso... bajo una cascada, además saldríamos a correr todos los días a las CINCO DE LA MAÑANA, un castigo inhumano. El maestro se fue una vez más y Kuririn y yo salimos fuera para iniciar nuestra etapa del entrenamiento —Lo peor de esto va a ser salir a correr ¿Qué mierda es eso de a las cinco de la mañana? Si a esa hora aún es de noche— Kuririn negó con la cabeza, como un adulto que juzga a un niño que no entiende como funciona el mundo —Disciplina Juan, madrugar trabaja la disciplina— Yo era disciplinado (más o menos) pero eso no era incompatible con mi gusto por dormir.

Con eso dicho nos pusimos en marcha con nuestro entrenamiento, el maestro había preparado afuera unos troncos horizontales sobre los que practicar la postura, lo que no nos dijo era que estaban a cierta altura sobre el suelo, no era una caída bonita —Bueno, lo único que tenemos que hacer es no caernos jeje— Dije con optimismo y nos subimos a los troncos. De primeras parecía algo sencillo, pero a los pocos minutos de mantener la postura las piernas empezaban a quemar y al cerrar los ojos para aguantar el dolor y mover ligeramente mi pierna resbalé y caí al suelo de forma estruendosa, Kuririn cayó detrás de mí al asustarse por el sonido del golpe. —Esta caída mía no cuenta, ha sido culpa tuya— Mentira no era pero ¿No debería ser soportar distracciones parte del entrenamiento? Estos incidentes se repitieron en numerosas ocasiones mientras entrenábamos. 
Al día siguiente empezamos con la segunda parte ya que la idea era ir intercalando entre los tres ejercicios. Sostener las rocas era más sencillo a nivel técnico que lo anterior, pero era ridículamente cansado, podía sentir como los hombros temblaban y me salían callos en las manos, a la hora de empezar ya no podía levantar más las rocas, era físicamente incapaz, por lo que nos tomamos un descanso —Esto es demasiado— Dijo Kuririn angustiado, parecía como si su espíritu empezase a flaquear por primera vez desde que le conocí —Si... Es demasiado, y solo llevamos día  y medio ¿Realmente esto te hace más poderoso? El entrenamiento de Uchimizu tenía sentido por el control del agua y eso pero esto no parece nada especial, es solo ejercicio raro y extremo. Pero bueno, hay que confiar y seguir— Me levanté mientras terminaba de hablar y le di una palmada en la espalda a mi amigo —¡Siempre hacia adelante!— Y regresamos al entrenamiento que terminamos cuando cayó el sol, sin poder sentir los brazos y sabiendo que a la mañana siguiente tendríamos que levantarnos temprano, a mi de chico me enseñaron que debía entrenar, comer bien, jugar y dormir mucho.

El siguiente día comenzamos corriendo, el cansancio acumulado lo hizo más duro de lo que debería, pero aún así pudimos hacerlo sin mayores problemas y con muchas quejas mientras lo hacíamos. Al terminar nos acercamos a la cascada, ambos éramos gyojin por lo que no esperábamos tener mucho problema con ello, pero de cerca el ruido de la cascada era atronador e imponente, aún así, nos quitamos la parte superior de los Gi y entramos donde caía el agua. Una vez sentados podía sentir el peso del agua en todo mi cuerpo, y el ruido me impedía incluso hablar conmigo mismo, era estresante, intentaba tomarme el entrenamiento lo más serio posible y dejar la mente en blanco para meditar pero era incapaz, el ruido de galones y galones de agua se introducían en mi cabeza sin pedir permiso. Conseguimos aguantar todo el día bajo la cascada y quise comentarlo con Kuririn —¿Qué te ha parecido esto?— Kuririn se intentó quitar algo del oído —¿QUUÉ?— —QUE QUE TE HA PARECIDO EL ENTRENAMIENTO— —NO TE OIGOO— Si tuviésemos que hacer esto todos los días acabaríamos sordos, pero a decir verdad, mis músculos se sentían más relajados.

Continuamos durante días con el ciclo de entrenamientos, y la frustración crecía al mismo tiempo que la fatiga en nuestros cuerpos. Llevábamos mucho más tiempo con esta parte que con la totalidad del entrenamiento del uchimizu, y la sensación de progreso no aparecía, era algo más fuerte físicamente eso por supuesto, pero eso era algo que podría hacer yo por mi cuenta, no venía aquí para esto, ya me pasé mi juventud moviendo rocas y golpeando árboles con las manos. Por suerte, poco antes de tirar la toalla, el maestro volvió —Ya deberíais haber entrenado suficiente postura, la siguiente parte la haremos en el interior, venid—

Parte 5: Empujar


La entrada al dojo me llenaba de expectación, sabía que cada cambio en el régimen de entrenamiento significaba que el maestro reconocía nuestro avance. Después de todo quizás todo acabaría sucediendo como al aprender Uchimizu, y cobraría sentido con el próximo entrenamiento. —Muy bien, os explicaré la siguiente parte del entrenamiento— El maestro se paró frente a una mesita, no era muy grande ni muy pequeña, solo era una mesita que estaba ahí, existiendo... Cogió una de las tantas tejas que estaban amontonadas en una esquina de la habitación y la colocó de canto sobre la mesa sobre la mesa, de la misma manera que las cien tejas que rompió anteriormente pero esta vez sin soportes ningunos, una brizna de aire podría tirarla, pero claro, estábamos en el interior. —Esta vez os haré primero la demostración— El maestro se colocó en la misma postura que cuando hizo aquel sorprendente golpe, pero esta vez estaba algo más alejado, demasiado como para dar el golpe, de esa manera no llegaría a impactar —¿Quizá va a avanzar justo antes del impacto?— Pensé, era algo que había visto varias veces entrenando junto a Enji y Akira, sujetos rápidos que se movían al mismo tiempo que golpeaban. El maestro cerró los ojos, y tras una respiración profunda los abrió con firmeza —¡Hyakumaigawara seiken!— El golpe estalló en toda la sala de forma ensordecedora, pero no se movió de su posición, me había quedado tan embobado mirando sus movimientos, esperando un avance, que pasé la teja por alto, esta no se había roto, pero había caído sobre la mesa como consecuencia del impacto al aire. Tras su demostración, Batch Kalao se dio la vuelta hacia nosotros, y con su inexpresivo rostro y un gesto de su brazo, nos invitó a intentarlo.

—¡¡Me toca!!— Grité con ganas, esto parecía algo mucho más sencillo y apacible. Imité todos y cada uno de los pasos que el maestro había realizado, separé las piernas, me agaché ligeramente y cerré los ojos, entonces, golpeé con todas mis fuerzas, acompañando el ataque de un sonido gutural, con la intención de darle fuerza al impacto, el maestro siempre decía el nombre del ataque, no sabía si eso era una parte importante o si simplemente le gustaba el nombre. Mi golpe no dejó un sonido en la habitación, solo el silencio acompañó la escena, un silencio que se burlaba de mí, ¡Se mofaba! Y no solo el aire se burló de mi, la teja también, erguida, recta, impasible... Como una colosal montaña que observa a los humanos desde las alturas, sabiendo que estaría allí mucho después de que todos nos hayamos ido. Antes de volver a mi posición y cambiarme con Kuririn, le di un ligero toque con la pinza para tirarla, y tras un ligero balanceo hacia delante y hacia atrás, se desplomó —Ja! Por gilipollas— Susurré mientras chocaba la mano a mi amigo para hacer el cambio, esa maldita no se volvería a reír de mi. Al volver al lado del maestro, me arrodillé para observar el turno de Kuririn, pero antes de que mi compañero tuviese tiempo de llegar a su posición, Batch Kalao me propinó un golpe veloz y seco en la cabeza ¿me lo había ganado? La verdad es que si para que mentirme. El turno de Kuririn llegó y el resultado fue el mismo que el mío, otra victoria para esa bastarda... Se lo haría pagar... Tarde o temprano. 

—Bien, este será vuestro entrenamiento, debéis aprender a tirar esta teja sin tocarla con vuestro golpe, el kárate gyojin no es solo fuerza física, es mucho más. Debéis ser capaces de transmitir la fuerza del golpe más allá, si no, nunca romperéis las cien tejas— Una vez terminó su explicación, el maestro volvió a marcharse, como si no esperase que lo lográsemos pronto, como si tuviese la certeza de que no seríamos capaces... —Voy a demostrarle de lo que soy capaz— Me levanté con convicción para dirigirme a la posición para golpear la tabla. Comencé a golpear al aire una y otra vez, no me daría por vencido, no sería derrotado por una teja, solo tenía que hacerla caer, no era para tanto, seguramente soplando un poco al momento del golpe sería suficiente para tirarla. Pero si era tan sencillo ¿Por qué no era capaz? Miles de golpes al aire, y ni uno movió la teja ni siquiera un poco.

Cansado física y mentalmente me fui al comedor, necesitaba comer algo con urgencia mientras me replanteaba las cosas. Quizás con Uchimizu era suficiente, no necesitaba aprender todas las técnicas habidas y por haber del Kárate Gyojin. Con esto en mente llegué a la conclusión de que lo dejaría a la mañana siguiente, físicamente ya era bastante fuerte, quizás con entrenar mucho sería suficiente para conseguir la fuerza que buscaba. Pero mis pensamientos fueron interrumpidos por un señor bastante mayor que se sentó a mi lado. El hombre, de cabellos castaños salpicados de numerosas canas comenzó a hablarme —Te noto consternado hijo ¿Qué te atormenta?— Al mirarle a la cara pude observar sus ojos, con tonos aceituna que me miraban desde la experiencia de una vida entregada a cultivar su cuerpo —Estoy pensando en dejarlo, creo que esto no es para mi...— Los ojos del señor se afilaron, no con furia, sino con severidad. —No es lo tuyo eee... Ya veo...— Volvió a comer de su plato, y, tras lubricar su garganta con un profundo trago de agua volvió a dirigirse a mí —Tu cara no me suena mucho ¿Cuánto llevas entrenando?— Le respondí sin pararme a pensar en lo estúpido que sonaba —Llevo unos días para aprender Uchimizu y otros pocos inentando aprender el Seiken... — El tipo permaneció callado mientras terminaba de comerse su plato y entonces se levantó para marcharse —Tardé 3 años en aprender Hyakumaigawara Seiken, y aún no he dominado el Uchimizu... No vivas con impaciencia muchacho, el talento puede llevarte hasta cierto punto, pero debes cultivarlo o se secará— 

Pensé en lo que me dijo mientras terminaba de comer, sus palabras me recordaron a lo que me dijo el maestro hace unos días, era impaciente... ¿Por qué estaba tan frustrado? ¿Acaso tenía prisa para algo? Mis padres me enseñaron en el taller que un trabajo rápido no era bueno, todo debe tener su tiempo y su dedicación, además ¿Por que estaba tan serio? Sin darme cuenta me había convertido en una persona que no era yo, mi filosofía era tomarme las cosas siempre con positividad y optimismo. Por mi mente pasaron los rostros de aquellos piratas que se llevaron a María años atrás, tenía sus rostros grabados a fuego en mi memoria, y ahora recordaba que ellos eran capaces de usar estas técnicas  —¿Acaso ellos son mejores que yo?... ¡¡NOO!! ¡¡Si ellos en algún momento pudieron romper cien tejas, yo romperé mil!!—

Volví a la sala donde se encontraba Kuririn, que yacía en el suelo, exhausto y abatido por el entrenamiento —No puedo más Juan... Estoy destrozado... Me voy a descansar un rato ¿Vienes?— Había vuelto con la determinación de darlo todo hasta que no pudiese más, así que le respondí con una sonrisa confiada —Seguiré un rato más, estoy lechuga— Una vez mi amigo se fue, me quedé solo en la habitación, pretendía ponerme a lanzar otros mil golpes al aire, dos mil si fuese necesario, pero en lugar de eso, me puse a reflexionar. —Hay que empujar...¿pero como?— Pasaron los minutos y yo seguía mirando la teja fijamente, esperando que de alguna manera la información cayese sobre mi por arte de magia —Caer sobre mi...— Susurré —Claro... Como la cascada— Mi obstinación por dar golpes fuertes había apartado todo el significado del Karate Gyojin de mi mente —No es solo fuerza, mi golpe debe fluir, para arrastrar... De la misma forma que el cauce un río arrastra todo a su paso— En el entrenamiento de Uchimizu lo vi todo mucho más claro porque estaba manejando el agua de forma que pudiese verla, para que mi puño tuviese la esencia del kárate, tenía que mover el agua que se encontraba en mi cuerpo. Sonreí con una pizca de pillería, el momento en el que mi mente procesó esa información, sentí como si un mundo se abriese frente a mí. 

Con las ideas claras y la mente serena, me dispuse a poner a prueba la teoría. Adopté la postura y tomé aire de forma profunda, y entonces solté un poderoso puñetazo que resonó en toda la habitación, la tabla seguía en pie, pero no de forma impasible e imponente, permanecía en pie mientras se tambaleaba ligeramente hacia delante y hacia atrás, haciendo un esfuerzo titánico por conservar su posición. Un gran avance, delante de mi era capaz de ver el progreso y me llenaba de satisfacción el saber que el conocimiento de los últimos días, era realmente útil. Repetí varias veces más los golpes pero la teja se mantenía sin caer, era una hija de puta obstinada, pero yo lo era más. En mi último golpe, cerré los ojos mientras tomaba el aire y entonces, me imaginé el agua de la cascada cayendo sobre mí, con ese sonido ensordecedor,  desde entonces, mantener la concentración me resultaba más fácil, como si nada pudiese distraerme y entonces... Solté un puñetazo que tiró la teja de forma abrupta al suelo. —Nada mal... Aunque sigues siendo impaciente de eso no me cabe la más mínima duda — Miré a la puerta con sorpresa y allí se encontraba el maestro, con las manos tras su espalda y mirando con una seriedad complaciente. —Me gustaría que no hables con Kuririn de ello, debe llegar a la respuesta por si solo. Has trabajado bien Juan, como Kuririn aún no está listo, harás la prueba final solo—

La prueba final consistía en lo obvio, yo y cien tejas... Cien tejas y yo... —Afortunadamente tenemos una gran cantidad de tejas para usar, siéntete libre de usar las que necesites— Está vez el maestro se quedó a mirar el entrenamiento, era lo último que aprendería en este dojo, y quería estar presente. No solo él, También Kuririn estaba allí, sentado sobre sus rodillas a la izquierda del maestro. —Si no consigues romper las cien tejas debes continuar pegando hasta que no quede ninguna antes de reponerlas— Sus palabras demostraban severidad en el tono, como si supiese que lo que sucedería durante este tramo del entrenamiento no sería bonito de ver ni de sentir. El rostro de mi amigo también era serio, tragaba saliva de forma nerviosa mientras se secaba el sudor de la frente —¿Existe la posibilidad de que las rompa todas en el primer intento verdad?— Preguntó con inocencia Kuririn —No.— Respondió el maestro de forma implacable, no por maldad o porque no reconociese mi talento, sino porque hacer falsas ilusiones en este punto solo haría más daño al alumno.

Con todo lo aprendido en mi mente, me coloqué frente a las tejas, adopté la postura y cerré los ojos, manteniéndome así durante unos segundos que se antojaban minutos. Tomé aire y entonces, tras abrir los ojos con intensidad, golpeé la primera tabla, que trataba de ser un muro para las demás. 

*CRAKAKAKAKAKAKAKAKAKA*

El sonido de multitud de tejas haciéndose pedazos invadió la sala, ante mi asombro y el de Kuririn, y ante la mirada seria e impasible de Batch Kalao —No pares, sigue— Tras un momento de duda seguí golpeando las tejas, con mi primer golpe fui capaz de romper cincuenta, era asombroso teniendo en cuenta mis primeros intentos, pero aún estaba lejos del objetivo final. Repetí todo el proceso para lanzar el golpe y destrocé las cincuenta que quedaban —Repón— Coloqué todas las tejas una vez más las tejas y volví a lanzar los golpes. Todo esto se repitió numerosas veces a lo largo de los minutos, el sonido de los golpes y las tejas rompiéndose solo estaba acompañado por los ánimos de Kuririn y las instrucciones de Batch Kalao, que a medida que me iba cansando me daba instrucciones sobre como enfocar mi respiración y de como debería corregir mi postura, que cada vez estaba más desparramada. —¿Debería tomar un descanso?— Dijo Kuririn, visiblemente preocupado por mi condición —No, debe seguir— Y eso hice, seguí golpeando, mientras en cada golpe rompía más tejas que en el anterior. Con el paso de las horas otros sonidos empezaron a acompañar la escena, gritos de dolor que soltaba cada vez que impactaba un puñetazo, adornados con la sangre que salpicaba de mis puños al suelo. Kuririn trató de apartar la mirada, incapaz de seguir observando el sufrimiento de su amigo —Vista al frente Kuririn, no le faltes al respeto—Final mente llegué al punto donde rompí noventa y nueve tejas, estaba feliz, por saber que el siguiente intento sería el último, pero frustrado al pensar que, si me hubiera salido un poquitín mejor, solo un poco, ya habría dominado la técnica. El proceso fue el mismo, 100 tejas, un golpe, pero en este hubo un punto de diferencia. Al momento de realizar el impacto, mi voz salió con firmeza, y acompañada de un tono que reflejaba el desgarrador dolor que sentía 

—Hyakumaigawara seiken— 

Y todas las tejas se partieron, finalizando así con el entrenamiento. El maestro y Kuririn me felicitaron por mi hazaña y me acompañaron a la puerta. De camino a la puerta me despedí de Jiho y Nian, y finalmente llegué a la entrada del dojo —Yo no tengo nada más que enseñarte Juan, pero eso no significa que tu aprendizaje del Karte Gyojin haya terminado. Aún te falta mucho por aprender... En el Grand Line hay maestros que podrán instruirte... Cuídate— Le hice una cordial referencia al maestro en señal de agradecimiento y tras eso me giré hacia Kuririn, quién sin darme tiempo para reaccionar, se lanzó a darme un abrazo y tras separarnos me dijo —Ni se te ocurra olvidarte de mi Juan. En cuanto termine mi entrenamiento iré a la Isla Gyojin, ¡¡Seré el mejor!!— Ante sus palabras le sonreí de forma amplia —Estoy deseando verlo jajaja. Bueno... Supongo que es todo. Me marcho, muchas gracias por todo— Y entonces me puse en marcha, de vuelta a la costa para regresar a Baterilla, mis compañeros me esperaban.

Resumen



RE: [FIC-Entrenamiento] Teja a Teja - PX-5 - 27-02-2026

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Entrenamiento Gyojin Kárate Completado


Juan Sebastián obtiene la técnica Hyakumaigawara seiken, lista para entrenar.
STAFF DE NAKAMA NO MI