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everybody wants to rule the world [Pasado] - Versión para impresión

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everybody wants to rule the world [Pasado] - Wyatt Goldstar - 11-02-2026

Ya iba cayendo la noche cuando dejó el último saco de arroz junto a una pila. Ese en particular, venía perdiendo granos y dejando un caminito bien hilado del que las hormigas iban a hacerse un botín. Un botín explosivo, claro, porque estaban metiendo dinamita lista para reventar su colonia desde dentro —. Bingo. Como un "caballo de troya". — aunque no sabía exactamente qué significaba aquella frase que había oído recitar a algunos miembros de su antiguo grupo. Y es que quizá no tuviese siquiera un significado real, quizá alguno proveniente de un mar muy lejano que él desconocía, pues no había oído del término en toda su vida, que tampoco había sido de una persona muy docta. Tampoco sabía si era real o simplemente un mito aquello de que el arroz explotaba cuando esos insectos antenudos lo introducían dentro de sus colonias. No es algo que le quitase el sueño, pero sí era curioso.

— ¿Dijiste algo, muchacho? — preguntó un señor un tanto mayor, de ropajes sencillos y frente sudada, que acomodaba la montura de un caballo oscuro presente en aquél cobertizo abierto. Wyatt negó y agitó las manos, suspirando y riendo para sí mismo. Otra vez había hablado solo. No era para nada charlatán, pero desde su llegada a la isla hacía unos días, apenas había intercambiado mucha palabra con nadie, pues disfrutaba de la soledad. Y claro, luego de una jornada entera donde estaba sólo con su alma, creyó estar solo cuando lanzó aquel comentario.

Se estiró un poco y se acercó a aquél hombre, que señaló la pérdida del saco —. Lo siento. — se disculpó de inmediato el rubio, descolgando el bolso de arpillera en el que llevaba sus pocas pertenencias, que había recogido de la gaveta que le ofrecieron a la mañana. El hombre sonrió ante la actitud comprensiva, y agitó la mano antes de rebuscar unas monedas de su bolsillo —. Descuida, no te descontaré nada. Es tarde, ni los que lo usan de entrenamiento se quedan tanto.

Aceptó el pago y lo guardó sin echarle mucho ojo. De su bolsa sacó una bolsa más pequeñas con zanahorias y se la alcanzó, cabeceando hacia el equino —. Mi estofado igual sabrá bien sin esto. Son un regalo para él. — y sonrió dándose media vuelta, mientras cerraba su bolsa y la ajustaba en su hombro —. Me quedaría a dárselas yo mismo, pero se me hace tarde.

¿Para qué se le esfumaba tanto el tiempo?

Quince minutos después, estaba tirado a un par de metros del camino, entre los arrozales. Bastante frondosos en esa zona, que todavía estaba terminando de crecer. Allí, entre el humedal y los canales que rodeaban las plantaciones, un Wyatt salvaje se daba un baño en el arrozal. Había dejado su bolsa y su ropa amontonada en el camino de tierra, y no podía verlo bien por la vegetación, así que se alarmó bastante cuando oyó ruidos provenientes de la carretera. Se puso de pie y sacudió la cabeza, intentando discernir qué era y de dónde venían los ruidos. ¿Algún animal? ¿O gente que pasaba? Temía, sobre todo, que el dueño del campo se hubiese percatado de que él estaba allí bañándose, así que se quedó quieto y guardó silencio. Para colmo, había dejado su revolver en la bolsa, así que se sentía más desnudo que lo que ya estaba.


RE: everybody wants to rule the world [Pasado] - Tezca Norova - 12-02-2026

Kárate ya se sentía como mi segunda casa. No porque hubiese nacido allí, ni porque tuviera raíces profundas en su tierra húmeda y fértil, sino porque el tiempo y los negocios bien llevadosterminan echando anclas invisibles. Llevaba lo suficiente en la isla como para que algunos rostros me saludaran por mi nombre y otros bajaran la voz cuando me veían pasar. Lo suficiente para entender el ritmo de sus mercados, el humor de sus puertos y el valor real de su arroz más allá del precio oficial.
 
Mis intercambios habían prosperado. Es lo que ocurre cuando uno sabe escuchar antes de hablar… y cobrar antes de que olviden pagar.
 
Aquel día, sin embargo, había sido particularmente lento. El calor parecía haber adormecido hasta a los más ambiciosos, y ni siquiera el muelle tenía el movimiento habitual. Por suerte o por costumbre siempre había una excepción en mi agenda.
 
Madame Ashowin. Tan nómada como su poco humilde servidor, aunque con un gusto bastante más refinado para instalarse temporalmente. Su “casa” de turno no era más que una residencia alquilada con elegancia exagerada: biombos tallados, telas ligeras que danzaban con la brisa y ese aroma constante a incienso especiado que anunciaba su presencia antes que su voz.
 
Como tantas otras veces, me encontraba sentado frente a ella, con una taza de té entre las manos, actuando con la naturalidad de quien entra en su propio salón. No porque lo fuera… sino porque uno debe comportarse como si perteneciera a todos los lugares donde pisa. El vapor ascendía lento desde la porcelana fina. Jazmín, con un fondo apenas perceptible de algo más amargo. Siempre elegía mezclas que parecían delicadas… pero dejaban huella.
 
Ella estaba allí, recostada con estudiada comodidad. La cabellera morada caía sobre sus hombros como tinta derramada, y sus ojos siempre calculadores me observaban por encima del borde de su propia taza. No necesitaba hablar para imponer ritmo. Sabía que yo no desperdiciaba el silencio.
 
Yo tampoco.
 
 
Esperaba sus órdenes. —Tezca, mis amigos en el muelle tienen preguntas que esperamos que puedas solventar…— Habló la mujer de forma mezquina, con un potente olor a frutas directo de su perfume: Me mareaba. —necesito que revises los arrozales; el flujo de los canales está bajando y algunos campos ya reciben menos agua. Quiero que verifiques las compuertas y confirmes que nadie esté desviando el cauce. Si hay una mano detrás de esto, deseo saber cuál… y que lo manejes con discreción. — ¿Qué pensaba esta mujer? ¿Había perdido la cabeza Era más que obvio que yo no sabía nada sobre cultivos de arroz o drenaje: ¿Aun así se notaba muy decidida? Así que no me quedaba otra opción.
 
—Veré que puedo hacer. —
 
[…]
 
Era tarde, pero finalmente había llegado. La brisa nocturna comenzaba a enfriar la humedad acumulada del día y, tras cambiarme a algo mucho más cómodo, me interné en los arrozales con la intención de empezar la inspección. Si el flujo estaba fallando, allí encontraría la primera señal. Tal vez debí contratar a alguien que supiera más de compuertas y sedimentos, algún agricultor viejo con manos curtidas y ojos atentos… pero la discreción tenía más peso que la experiencia. Avancé con cuidado por el borde del camino de tierra, siguiendo el murmullo constante del agua entre los tallos. El arroz crecía frondoso en esa zona, alto y espeso, dificultando la vista más allá de unos cuantos pasos. Fue entonces cuando mi pie chocó contra algo blando. Bajé la mirada.
Una bolsa. Y junto a ella… ropa. Me detuve.
No parecía abandonada. Estaba demasiado ordenada para ser desecho, demasiado reciente para haber sido olvidada. La tela aún conservaba la forma de quien se la había quitado hacía poco. Alcé la vista con mayor atención y avancé despacio, apartando los tallos con una mano. El agua se movía más adelante, no por la corriente… sino por algo que respiraba.
 
Una silueta. Desnuda.
 
Parpadeé una vez, procesando la escena con fría incredulidad.
 
¿Quién demonios decide bañarse en pleno arrozal… a esta hora?
 
Me quedé inmóvil unos segundos, evaluando. No parecía estar manipulando nada. No había herramientas, ni señales de sabotaje. Solo… un hombre tomando un baño clandestino como si el mundo entero no pudiera verlo.
 
Exhalé por la nariz, entre sorprendido y levemente exasperado.
 
Definitivamente no era el problema que esperaba encontrar. —He escuchado que el arroz es excelente para el cuidado de la piel pero esto es excesivo… ¿me entiendes? — Hablé con cierta normalidad, evitando mirar al hombre para voltear al costado. —¿Tiene que bañarse aquí? —
 



RE: everybody wants to rule the world [Pasado] - Wyatt Goldstar - 24-02-2026

Tras el revoltijo de la vegetación y los pasos que anunciaban a aquél que osaba interrumpir su baño exótico, la alta y esbelta silueta de este extraño se hizo luz ante los ojos de un Wyatt desnudo, con el agua apenas llegándole por encima de la cintura — considerando, además, que estaba arrodillado sobre el barro sedimentado del fondo del canal —.

Wyatt no pudo evitar ruborizarse, no por pudor, sino porque creyó estar faltándole el respeto a, quien a su juicio, debía de ser el dueño de aquella parcela donde se cultivaba arroz. ¿O no? Se paró a pensarlo durante un segundo, pero claro, primero se zambuyó en el agua, bajando todavía más y echándose hacia atrás un metro para caer en un pozo y hundirse. Solo unas burbujas salieron a la superficie de aquél agua, que permaneció un tanto inquieta mientras Tezca preguntaba si debía ser allí.

Era obvio que no tenía que ser allí.

Pero ante la pasividad del rubio, el Goldstar entendió un poco más los tantos y, finalmente, emergió, echando su cabello hacia atrás mientras movía sus inquietos mechones de su rostro. Lo observó durante unos segundos, todavía cubierto hasta su ombligo por el agua —. Claro que es excesivo, sepa disculparme. — chasqueó la lengua y no pudo evitar hacer una mueca risueña, pero no rio —. Rento una posada que tiene las instalaciones de su baño averiadas, y así conseguí un mejor precio. Es un poco miserioso, pero no me molesta usar las aguas del canal para asearme. Después de todo, tienes razón...

Chapoteó con sus palmas un poco y luego elevó las manos, dejando que el agua escurriera entre sus dedos antes de señalar con el índice a su interlocutor —. ¡Bingo! El arroz efectivamente es bueno para la piel. Y la arcilla acumulada en el fondo del canal es buen exfoliante para los pies. —. Aunque no visible para el rubio, Wyatt estaba frotando la planta de los mismos contra el fondo para aprovechar las particularidades del elemento natural que bendecía aquel terreno inundado.

— Puedo notar que no estás enojado, así que doy por hecho que estos arrozales no son de tu propiedad. ¿No es así? — especuló mientras comenzaba a moverse hacia la orilla, ya poniéndose de pie. Aprovechó que los ojos de Tezca no eran curiosos y que, por respeto al pudor y las buenas costumbres, estaba viendo hacia otro lado. Después de todo, ¿qué podía hacer un hombre desnudo que había olvidado su revolver junto a sus ropajes? La indefensión era total, pero el Goldstar se mostraba tan manso y seguro, que denotaba que claramente no percibía al otro como una amenaza. O más bien, estaba muy confiado en su intuición y sus capacidades.

— No te molestará entonces que salga, me vista y abandone el lugar sin más... ¿O sí? Si tienes alguna objeción, habla antes de que toque tierra. — comentó mientras se frenaba antes de llegar a poner un pie en el barro un poco más elevado, allí donde los arrozales comenzaban a crecer en el húmedo terreno.


RE: everybody wants to rule the world [Pasado] - Tezca Norova - 28-02-2026

El hombre parecía perspicaz e inteligente, no solo porque mencionara con soltura las propiedades del arroz y la arcilla al fondo, sino porque había deducido casi de inmediato que yo no era el dueño del lugar. No lo dijo con arrogancia, pero tampoco con duda; simplemente lo afirmó.  Escuché el movimiento del agua cuando salió. El chapoteo breve al tocar tierra firme, el leve goteo constante rompiendo el silencio.  Confiando quizá más de lo prudente, me crucé de brazos y mantuve la vista al frente, firme, inmutable, no quería voltear y encontrarme con alguna sorpresa. — Estás en lo correcto ¿me entiendes? No soy el dueño, pero tampoco estoy de a gratis, me envía el dueño. — Ni del todo verdad, ni del todo mentira, pero una excusa justa, dándome la vuelta para retroceder y darle espacio para dejarle vestirse.
 
Entonces tuve una idea. Trabajador gratis.
 
Brillante.
 
Carraspeé un poco, más para romper el silencio que por verdadera necesidad, tentando a voltear apenas un instante, pero sin concederme el movimiento. Mi mano fue directa a mi cabello, apartándolo hacia atrás con un gesto casi automático, como si acomodarlo ayudara también a ordenar mis pensamientos. Una sonrisa se posó en mi rostro, discreta; aunque el hombre no podía verla por el momento. —ah, verás… Pareces un hombre sabio, un conocedor del… arroz. — No era un buen inicio, pero decidí continuar, pateando un pequeño pedazo de tierra acumulada cerca de mis zapatos. —Tengo un pequeño problema, en tu relajante baño ¿Notaste un nivel de agua normal? ¿Cuántos días llevas bañándote aquí? Al parecer los arrozales están teniendo problemas con el nivel del agua y me han enviado a trabajar, pero debo tristemente admitir que no tengo conocimiento alguno ¿Podrías ayudarme? A cambio de tu generosa ayuda no diré que te bañas en el arrozal. —