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[Estilo Canon] Los principios del Hashokken - Versión para impresión

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[Estilo Canon] Los principios del Hashokken - Ryota Miyamoto - 09-02-2026

Isla Karate 10:00AM
Fic de entrenamiento que narra los días 63 al 79 de Primavera.



Ost



“¡ICHI! ¡NI! ¡SAN! ¡CHI! ¡GO!”

El retumbar del imponente conteo de decenas de hombres quebraba el pacífico silencio en la montaña más alta de la isla Karate. Todos ellos eran estudiantes reunidos con un solo propósito, llegar al pináculo de su arte, un estilo marcial tan milenario como impresionante que despertaba pasiones y envidia por igual.

En los determinados rostros de aquellos guerreros no existía espacio para ninguna duda, la excelencia era el único final que buscaban y sin importar que sus estómagos murieran de hambre o sus cuerpos lloraran con sudor, no se detendrían hasta que la figura de autoridad les diera el permiso de hacerlo.

“¡¿A eso le llaman golpes?! ¡Mi abuelita golpea el aire con más ímpetu a sus 120 años! ¡Más fuerza!” Gritó un hombre de aspecto imponente, barba larga y blanca que desciende hacia las finas telas de su vestuario ornamental y se ubicaba frente a los estudiantes, viendo con atención cada uno de sus movimientos. “¡Recuerden! ¡la disciplina es el único camino para la excelencia! ¡Confíen en esta y ni siquiera los dioses serán un límite para ustedes!”

“¡HAI!” Respondieron todos al unísono, dando un poderoso golpe al mismo tiempo que movieron los cabellos del anciano entrenador. “Eso está mejor, Junjunjun” Rio con regocijo, sintiendo que tenía una buena camada para presentar ese año.

Fue entonces cuando lo vio.

Un estudiante con una técnica tan majestuosa que lo dejó sin habla, su distribución del peso, apoyo en las rodillas y forma de adelantar el hombro al golpear, lo hacían pensar que el mismísimo dios de las artes marciales había reencarnado en un hombre. Ese estudiante poseía un talento que se veía solo una vez por generación. “Impresionante, simplemente impresionante…” Dijo a sus adentros, mientras caminaba por entre las filas que formaban sus alumnos hasta llegar a él.

“¡Chico! ¡por favor dime tu nombre!” Imploro el maestro, feliz por encontrar un diamante en bruto, uno que sin lugar a dudas elevaría el nombre de su arte marcial a lo más alto y lo catapultaría al escenario mundial, otorgándole muchos más años de vigor.

“Mi nombre…” Respondió el alumno de cabellos castaños, mirada tranquila y sonrisa coqueta. “Mi nombre es…” Continuó abandonando su posición de golpeo para mirar los ojos de quien sería su maestro. “Me llamo Kagasawa Rentaro.” Termino de hablar. Era un chico de cabello largo, traje tradicional blanco y una paz absoluta. “Rentaro…” Repitió el maestro como si se tratara de alguien que acababa de ver por primera vez el oro, tanto que olvidó por completo lo más importante de aquel nombre…

“Kekekekeke, se llama Kagawasa Kekekekekekeke” Una sonora carcajada invadió el escenario desde la puerta principal del dojo. “Kekeke perdona bro, en serio lo siento” Trato de disculparse, al tiempo que todos los presentes detenían su entrenamiento para ver hacia su dirección. “Pero kekeke vaya cagada ese apellido.” Continuó riendo, encontrando en sus palabras un motivo aún más grande para no detenerse. “Kekekekeke, vamos, vamos, ay… ay… es muy temprano para reirse asi… carajo… me atraparon con las guardia baja… me disculpo.” Seco sus lágrimas, inclinando el abdomen en reverencia ya habiendo molestado a todos los presentes. Algunos de ellos se veían lo bastante molestos como para echarlo por la fuerza.

El recién llegado no era otro que Ryota Miyamoto, un rumoreado pirata del que los presentes no tendrían la más mínima idea de su existencia. Sus vestiduras, ropas de confección local que apoyaban al aprendizaje de artes marciales, adornaban su cuerpo bien entrenado al igual que algunas vendas en sus puños, una bomba de chicle en boca que reventaba para mascar y en su espalda cargaba un pequeño morral en forma de bolsa sobre su hombro.

“Eso fue muy descortés.” Resalto al maestro con aparente malestar. “¿Quién te crees para venir aquí a insultar a uno de mis estudiantes de esa manera?” Busco defender a su estudiante, en parte para ganarse el favor del novato prodigioso que acababa de encontrar, al igual que el respeto impoluto de todos los demás.

“Oh, bueno, me llamo Ryota, es un placer, vine a aprender a golpear.” Ya habiendo abandonado la risa, se erigió por completo con una sonrisa inocente, como si aquello que pedía pudiera complacerse en un par de horas.

“¡Insensato!, ¡son las 10 de la mañana, los novicios fueron citados a las 5! ¡esto es una falta de respeto para con el dojo!” Una vena de furia brotó en la frente del apacible maestro, arruinando su aire inquebrantable.



“Waos, ¿a las 5?”

Respondió genuinamente sorprendido. “Creí que era una broma cuando lo escuché en el pueblo. Es decir, ¿quién se levanta a las cinco? eso es demasiado… ¿podríamos programar mis sesiones para las diez?” Concluyo creyendo que era la mejor forma para su desarrollo como artista marcial.

“¡Maldita escoria perezoza! ¡antes muerto que enseñarte algo! ¡gente como tú representa todo lo que está mal! ¡voy a darte tu merecido!” La inmaculada posición del maestro se desarrolló, pero antes de lanzarse a por quien veía como su oponente, la mano de Kagasawa lo detuvo.

“¡Maestro! Discúlpeme, pero este sujeto no es digno de su fuerza, ¡por favor permítame ponerlo en su lugar!” Rentaro inclinó su cabeza al realizar su petición, juntando sus dos manos frente a él en señal de súplica. “Además, fue a mí a quien ofendió, por lo tanto, debo hacerlo pagar por el honor de mi apellido.” La determinación del alumno agradó al maestro, quien recobró la compostura al ver cómo un digno aprendiz florencia ante sus ojos.

“Tienes razón, Rentaro, enseñale a este tonto lo que se necesita para siquiera ser un estudiante de este dojo.” La confianza se marcó en el rostro del maestro. Este último no veía al talento personificado de Rentaro perdiendo frente a un don nadie que ni siquiera era capaz de una tarea tan sencilla como llegar a tiempo. Además, previamente confesó ir hasta allí para aprender a golpear, por tal razón debía tratarse de un novicio de las peleas. “Junjunjun Rentaro te enseñara modales maldito punk.” Penso con cierto cinismo.

“¿Que? No, esperen, no tengo intenciones de combatir, solo me tomo por sorpresa, vamos…” Ryota miró a Rentaro que caminaba en dirección a él, para luego buscar la mirada del maestro. “Vamos, no sean tan exagerados, es como si escucharan que alguien se llamaba Benito Camelas, Debora Melo, Aitor Tilla, Rosa Mesta, no hay necesidad de pelear por eso, bros.” Forzó una sonrisa para tratar de apaciguar las aguas, pero lo que pudo ver en los rostros de los demás fue que no lo dejarían ir así como así.

“Irrespetaste al dojo llegando tarde, irrespetaste a mi estudiante con su apellido y francamente no tienes lo necesario para dominar el arte que impartimos, pero no podemos dejarte ir solo con palabras, sería maleducado no enseñarte una lección, ¡así que te enseñaremos modales! ¡Rentaro si lo eliminas te haré mi pupilo estrella!”

Tras el discurso y la orden de su maestro, Rentaro se disparó con violencia en dirección a Ryota.

Los escasos siete metros que los separaban fueron recorridos en un instante por el aprendiz, que realizó una patada circular perfecta a la altura del rostro, buscando el impacto en el flanco derecho. El furioso sonido del choque resonó en la montaña sorprendiendo a todos por la forma en la que Rentaro ejecutó su movimiento, para quienes lo vieron fue como si la brisa misma lo hubiera levantado y articulado su cuerpo para igualar la perfección.

“Hey bro, en serio no vine a pelear, solo quiero aprender a golpear más fuerte.” La voz de Ryota quebró el asombro de los estudiantes y el maestro, pues se encontraba sin ningún daño al haber bloqueado el ataque con su diestra, la cual sostenía la cuerda que mantenía su morral en su espalda sin caer al suelo.

“¡Vamos, Rentaro, acaba con él!” La presión de sus compañeros cayó sobre la espalda de Rentaro, impulsándolo a continuar con el castigo. Un golpe de palma al pecho, seguido por un impacto de codo directo al rostro, y finalmente un giro perfecto de 360° con el que engancharía su pierna derecha a la cabeza de Ryota, estrellándolo contra el suelo.

Sin embargo, ninguno de sus ataques conectó. El golpe al pecho fue bloqueado por la mano izquierda de Ryota; el codazo fue esquivado al mover el torso hacia un costado y, finalmente, la patada giratoria fue evitada al flexionar las piernas y dar un salto hacia atrás.

“En serio, Rentaro, ¡no vine a luchar!, ¡solo quiero aprender!” Sus palabras parecieron sorprender al aprendiz… pero no fue así. Lo que realmente lo desconcertó fue que, por primera vez, sus ataques habían sido evadidos con tanta facilidad. En sus dieciocho años de existencia, ningún otro luchador de su pequeña aldea había logrado siquiera igualarlo. Y ahora, un extranjero imbécil demostraba una velocidad que no solo se equiparaba a la suya, sino que parecía superarla.

“¡¿Qué crees que haces, Rentaro?! ¡Termina con él!” Ordenó el maestro de manera iracunda, instando a su estudiante a lanzar un grito embravecido y buscar, a como de lugar, derribar a su oponente.

Sin embargo, tal intención jamás llegaría a darse, en un abrir y cerrar de ojos, una sombra aparecería en medio de los dos, girando como si de un torbellino se tratase, expulsando a ambos combatientes a lugares opuestos, a una distancia de diez metros.

“¿Pero qué?” Fue el pensamiento fugaz de Ryota antes de sentir el duro impacto de su espalda contra el suelo. “Bro… ¿qué carajos fue eso?” Levanto la mirada en una mezcla de molestia y asombro a partes iguales, ni siquiera había podido ver una imagen clara de aquello que lo acababa de atacar.

Sira Matcha//Maestra del Estilo Hashokken


Frente a él, una joven y hermosa dama de cabellos fucsia permanecía de pie, rodeada por pequeños remolinos de viento que aún persistían tras la extraña técnica que acababa de ejecutar. “¿Quién, quién eres tú?” Preguntó el castaño con aparente asombro al ver que una joven de apariencia tan frágil tuvo la fuerza para lanzarlo junto con Rentaron a tal distancia.

“Sira Matcha, la maestra de este dojo.” Respondió con agrado y gentileza.

De inmediato, todos los aprendices, el anciano que actuaba como maestro e incluso el mismo Rentaro, inclinaron sus cabezas ofreciendo su respeto a la mujer.

“¡Maestra!” Dijeron todos al unísono en un verdadero anuncio de respeto.

“Maestra Matcha, no la esperábamos el día de hoy en el dojo, por favor, no pierda su tiempo con esta pequeña discusión, este hombre mancilló el honor del dojo y tan solo queríamos…”

“¿Darle una lección?” Sira terminó las palabras del anciano con una expresión seria. “Chico” se refirió a Rentaro, desviando su mirada hacia la dirección en donde este apenas se reincorporaba del golpe anterior. “¿Crees que estabas dándole una lección?” Pregunto sin muestra de emoción en su rostro.

Rentaro se sintió avergonzado, su pelea reflejó una verdad que no podía aceptar. “Yo, ¡yo estuve a punto de…!”

“Silencio.” La orden hizo que Rentaro cerrara la boca y se parara firme. “Sin importar sus modales, él fue claro en su petición, no quería luchar contigo.” Suspiró, elevando los hombros en un gesto de desilusión. “No hay nada peor que enfrentar a alguien que no quiere combatir, así que por eso intervine. Una pelea solo es divertida cuando ambas partes dan todo de sí. De lo contrario, se convierte en abuso.” Remarco el hecho con pesar, como si en realidad hubiera querido ver que la pelea se llevara a cabo con ambos peleando al ciento por ciento.

“Maestra… le ruego me disculpe.” Rentaro inclinó su cabeza de nuevo en una reverencia que todos los demás miembros del dojo imitaron en dirección a la joven mujer que parecía ser una figura de respeto que estaba muy por encima del viejito que entrenaba a los reclutas.



“Si… bueno, ¿entonces estamos bien? ”

Preguntó Ryota algo confundido, después de haberse acercado lo suficiente del lugar en donde lo había lanzado el golpe.

“Uhm, sí, cuida tus palabras a partir de ahora, extranjero.” Respondió Rentaro de mala manera, para desviar su rostro y darle la espalda al castaño, quien simplemente suspiro mientras lo veía alejarse. En realidad no había querido que lo tomaran de esa forma, pero entendía el disgusto del aprendiz.

“En ese caso…” Ryota vio a la Maestra del dojo, sin saber cómo llamarla en un principio. “Maestra.” Eligió lo que creyó oportuno. “¿Podría enseñarme a golpear? Escuche en el puerto que el estilo Hasshoken tiene la mejor ofensiva de la isla.” Trato de imitar la reverencia de los presentes, juntando sus manos e inclinando su cabeza. La mujer en respuesta sonrió con un gesto malicioso, bastante pequeño como para ser notado, pero los estudiantes se sorprendieron y algunos de ellos sintieron una victoria al final de todo.

“¿En serio quieres aprender de mí? ¿No preferirías estudiar con el viejo Manamu?” Respondió Sira observándolo con detenimiento.

“Ah, claro, es decir, creo que el viejo sería bastante riguroso y usted parece alguien más amable, además de bonita.” Sus palabras fueron coquetas y amables, pero a ojos de los aprendices y el maestro de mayor edad, fue como si el mismo extranjero acabase de ponerse una soga al cuello por sí mismo. Estaban todos aguantando la risa de lo que estaba sucediendo, mientras Sira de manera recatada y amable sonrió. “No se acostumbra enseñarle a los extranjeros, así que primero, entrena conmigo por una semana y después de eso, si aún quieres. Prometo que te enseñaré a que tus golpes destruyan a tu oponente.” A oídos de Ryota la respuesta de la mujer es perfecta, pero quienes la conocían, sintieron pena por el pobre extranjero, ya que, lo que le corría pierna arriba era una semana en donde morir se sentiría como un premio. “Kekeke, de acuerdo, seguro será algo tranqui ¿no?”

Después de eso, Sira Matcha comenzó a entrenar junto con Ryota y tan solo al primer día, el hombre de cabellos castaños había quedado con más hinchazones, agujetas, moretones y dolor de los que había sentido en toda su vida.

Fue así que con la cara llena de bultos ante los innumerables golpes de la mujer de hebras fucsias. Cuando la noche arropó la montaña y sin pensárselo dos veces, se escaparía de la habitación que le habían dado con la intención de nunca más regresar. “Y una mierda, no necesito aprender a golpear fuerte si me voy a morir. Solo unos estúpidos entrenarían de esta forma una semana. Lo unico que ganare sera morir, no mamen, ni ganas de quedarme, podra estar muy buena y todo, pero no estoy tan pendejo.” Refunfuñaba al mismo tiempo que se escurría por los patios del dojo para llegar hasta la puerta de salida.


Sin embargo, en la puerta se encontraba Sira, sentada en posición de loto, como si ya hubiera sabido que él fuera a hacer eso.

Ryota se detuvo frente a ella con la cara y el cuerpo magullados, sin decir palabra alguna.

“¿Ya abandonas?” Pregunto a ella con solemnidad.

“Si wey, no mames, ¿no ves como tengo la cara? no estoy tan pendejo para durar asi una semana, tengo amor propio.” Respondió en el acto, aparentemente molesto por la situación en que el mismo se había metido. “Voy a pasar por un ladito si no es molestia… y como dijo monchito, yo me voy a mi ranchi…”

“Espera.” Interrumpió, Sira. “Antes de que te marches, quiero preguntarte algo.” Levanto la mirada desde el suelo hacia Ryota quien se detuvo antes de pasar junto a ella para irse.

“¿Por qué quieres dar puños más fuertes?” Pregunto con genuino interés. “No eres del tipo que entrena, ¿no? Vi tu pelea contra Rentaro, tienes unos reflejos y velocidad dignos de un novato aprendiz, pero no los adquiriste con esfuerzo, tan solo los tienes, ¿verdad? mi pregunta es, ¿por qué interesarte en venir hasta aquí para conseguirlo? ¿no eres del tipo perezoso que espera salirse con la suya al final?” La pregunta alcanzó al de orbes de color miel.

“Si, soy de ese tipo y por eso me largo.” Indicó ofuscado, pero Sira volvió a detenerlo.

“¿Quieres hacerte más fuerte porque dudas de que tu suerte sea suficiente, no?”

Ryota se detuvo en ese momento, frente a quien por un día fue su maestra. ¿Ella tenía razón? ¿realmente era eso lo que quería? “Te equivocas, no tengo ninguna duda al respecto, solo no quiero depender de otros para llegar a donde quiera.” Respondió tajante, sintiéndose acorralado por las palabras de alguien que no podía conocerlo tan bien.

“Qué gracioso, ¿no estás acostumbrado a experimentar la duda no es así? pareces un niño caprichoso que no quiere admitir una verdad irrefutable y de la que hoy te has dado cuenta.” Sira lo miró afilando la mirada, directo al rostro contrario. “Eres débil y por lo tanto, ya no puedes verte llegando a donde ahnelas. Es más, al saber que eres tan débil, incluso temes que aquellos que te rodean carguen contigo. Pues, si no quieres depender de otros, significa que hay otros.” Las palabras de la maestra pusieron en Haque al chico de hebras castañas.

Por más que le frustrase admitirlo, ella tenía razón. El shock de haber sido apaleado de esa manera no le agradaba en absoluto. Ni tampoco el haber tenido que utilizar esa maldita transformación en la arena para no ser un completo estorbo. Si seguía de esa forma, jamás podría tener lo que deseaba, jamás iría a donde deseaba. Ryota sentía como una gran muralla que aparecía frente a él y no poseía ninguna herramienta para sobrepasarla.

En ese momento, ante la verdad irrefutable, solo pudo cerrar la boca y sentir la amargura de su propio temor.

“Si quieres irte no te detendré, pero tampoco deseo entrenar a alguien que no sepa en qué punto está. Esquivar y tener velocidad te trajeron hasta aquí, pero si decides tolerar esta semana, te daré la herramienta perfecta para derrumbar esa muralla que está frente a ti.” Sin cruzar otra palabra, Sira avanzó, pasándole a un lado y marchándose. “Te veo mañana si decides quedarte y seré aun más severa que hoy.” Terminó con un tono cantarín, mientras los ojos de Ryota se enfocaban en la salida, pero completamente inmovil para tomar una decisión.

“Espera.” Ahora fue Ryota quien detuvo el andar de ella, sin girarse para verla. “¿Realmente, en realidad existe esa herramienta?” Tenía dudas, pero algo dentro de él anhelaba escuchar que era verdad.

Una herramienta para derrumbar esa muralla, la idea de poseerla hacía hervir su cuerpo, por más dolor que sintiera. Nunca le importó ser el más fuerte, jamás le interesó estar por encima de otros, pero ahora que ese tipo de sujetos comenzaban a aparecer uno detrás de otro atentando contra sus propios deseos, no podía quedarse de brazos cruzados.

“Sabía que eras de los buenos, sí, estoy segura, que descanses.” Respondió la maestra alejándose del todo y dejándolo allí solo. Por alguna razón, ella decidió creer en él, tenía potencial para convertirse en alguien a quien poder enfrentar en algún futuro y eso por extraño que fuese, le agradaba.

Tras un largo suspiro, Ryota peinó sus cabellos hacia atrás y volvió de regreso a su dormitorio.




Después de ello, vivió una semana de innumerables golpes, cabezazos al suelo, ejercicios de equilibrio sobre la cabeza, tratamientos de primeros auxilios, entrenamientos infernales y meditaciones en riscos de la isla. En los cuales demostró ser digno de ganarse la oportunidad para aprender el arte milenario que dominaba Sira Matcha.

Lo había logrado, sobrevivió a la semana del demonio con la maestra del estilo. Solo para recibir el secreto que destruiría todas las murallas que conforme el tiempo pasara, comenzaron a mostrarse en frente suyo.

Fue entonces que, al día siguiente, pasados los 7 días, Sira pidió a Ryota que la acompañara al lugar donde ella solía entrenar, un espacio apartado de los principiantes para no entorpecer su crecimiento. De esa forma, la pareja llegó hasta la orilla de un hermoso y cristalino estanque, cuyos extremos estaban adornados por un camino de pequeñas piedras que se extendía cinco metros a la distancia.

Sira se ubicó a escasos centímetros del estanque, quitándose los zapatos y adentrándose un par de pasos hasta dejar solo sus pies sumergidos. “Ven.” Le indico a Ryota, quien no tardó en imitarla, colocándose junto a ella con vista hacia el río.

“Presta atención, este es el primer ejercicio con el que dominarás uno de los principios fundamentales. Tendrás que repetir hasta el hartazgo esto, hasta que lo domines.” Sira sonrió, extendiendo sus piernas a sus costados e incliéndolas, tomando una posición agachada, luego llevó sus puños a ambos lados de su cintura. “El arte marcial de los ocho impactos basa su fuerza en aprovechar las vibraciones que rodean el cuerpo del usuario para alcanzar un poder descomunal, pero estas no salen de la nada… debes aprender a dominarlas.” Tras sus palabras, suspiró ligeramente, manteniendo su diafragma inflado de aire y luego, como si se tratase de un rayo impactando contra la superficie del agua, su siniestra se movió a una velocidad que Ryota no pudo percibir. Apenas notó cuando el puño se detuvo adentro del agua, sin generar la más mínima ondulación en su superficie.

“¿Cómo…? ¿Cómo lo hizo…?” Pregunto estupefacto a lo que acababa de ver, pues tal velocidad sería suficiente para generar un impacto atronador que salpicara el agua según la física lo tratase.

“Las vibraciones que usamos en nuestros ataques se originan en tus músculos, por lo tanto, tienes el dominio de ellas, usa tu cabeza para pensar y cuando seas capaz de impactar el agua sin generar la más mínima vibración en ella, estarás listo para continuar.”

Tras su enseñanza, Sira regresó a la orilla, tomando un libro y sentándose sobre las piedras observando a Ryota de vez en cuando. Este último lo intentó cuantas veces pudo durante toda la mañana, pero no lo lograba. Su cabeza no podía creer cómo su mano, aunque fuera con toda su velocidad, pudiera adentrarse en el agua sin generar vibraciones. ¿Era siquiera posible? Llego a pensar.



No obstante, el castaño no se rindió, continuó con el pasar de los días, incluso después de que el sol se posara sobre el ocaso, seguía intentándolo hasta que las estrellas adornaran el firmamento. Sentía que no mejoraba con el pasar del tiempo, pero no había decidido ir con todo para rendirse cuando apenas estaba aprendiendo. Además, comparado con el entrenamiento de la semana previa, eso era nada.

“Espera… esto no es nada…” Se sorprendió a sí mismo al pensar en ello tras pasar tres días de intentarlo, Ryota estuvo chapoteando en el agua durante ese tiempo hasta altas horas de la noche, pero no se sentía cansado. Pese a que su cuerpo estaba caliente, bajo la luz del sol matutino y la transpiración se escurría por su espalda, no era para nada una sensación de agotamiento a la que solía sentir. “Entiendo… preparo mis músculos durante toda esa semana de intenso entrenamiento…” Dedujo con una sonrisa agradecida en la misma posición que Sira le enseñó días antes.

“Quizás no solo preparo mis músculos… tal vez me dio los secretos para dominar esto… que hice esa semana… piensa…” Cerró los ojos tratando de recordar algún consejo, algún indicio, lo que fuera que pudiera ayudarlo.

Entonces fue que lo recordó, algo que escuchó de Sira cuando estaba en una de sus sesiones de balance sobre la cabeza.

“El equilibrio es fundamental para nuestro estilo, toda la fuerza que se distribuye por el cuerpo lo hace gracias a tu balance corporal. Por ello, cada aprendiz debe dominar ese balance, para que la energía fluya por tus músculos. No eres una roca o algo duro, eres loable, versátil, flexible, aunque tus extremidades tiemblen, imagínate como un estanque de agua en perfecto equilibrio… sereno, apacible e imperturbable.”

Los ojos de Ryota se abrieron. “Blance…” Pensó como si hubiera encontrado la respuesta a sus problemas. Todos sus impactos anteriores, pese a mantener una buena postura, no contaban con un flujo que mantuviera ese balance; pues siempre distribuía toda la fuerza con su puño en vez de hacerla fluir por su cuerpo.

Fue allí cuando decidió serenar su mente, relajar los músculos de su espalda, y tensar ligeramente los de las piernas.

La mirada de Sira se elevó del libro, sonriendo con agrado.

Ryota luego disparó un rápido golpe a la superficie del agua distribuyendo la fuerza con fluidez gracias a su movimiento muscular. En esta ocasión, en vez de centrarse solo en su puño, se centró en todos sus músculos, distribuyéndolos para mantener un balance perfecto, si su brazo se adelantaba, el otro se retraía para no perderlo, si su torso se movía, su hombro hacía peso en el otro extremo.

Ningún sonido se escuchó, el agua ni siquiera se movió y el puño de Ryota, ahora se encontraba sumergido en el agua.

“¡SIRA! ¡MAESTRA! ¡LO HICE!” Gritó emocionado al haberlo conseguido, corriendo en dirección a su maestra para alardear de sus avances. “¡Lo logre! ¡por fin conseguí no generar ninguna onda en el agua! ¡soy lo máximo!” Bromeo agradecido por las enseñanzas de la joven de cabellos fucsias.

“Hahahaha felicitaciones aprendiz, ahora entiendes que para manipular las ondas de tus músculos, el balance es una clave importante. Ahora… pasaremos al siguiente nivel.” Indico la maestra con agrado.

“Noo claro que no hahaha, ¡vamos a ir a celebrar! ¡esto amerita una copa!” Trató de convencer a la joven maestra levantándola en sus hombros para llevarla consigo, pero solo consiguió que lo lanzaran de regreso al agua para que se enfrerara.

“Aprovecharemos la luz del día para la siguiente lección.” De esa forma Sira lideró el camino hasta la montaña, en donde se ubicarán en uno de los tantos peñascos de la edificación natural. Era un terreno amplio de roca que daba a una caída de varios cientos de metros. Allí, el viento soplaba fuertemente contra el cuerpo de ambos, empujándolos con fuerza.

“¿Que? ¿Qué es este lugar?” Pregunto el castaño luchando contra la fuerza natural que lo empujaba de regreso hacia los árboles de la montaña.

“Aquí deberás aprender el segundo principio para dominar el puño de los ocho impactos.” Comentó con fuerza para que el viento no silenciara sus palabras. “Ya dominas el secreto del balance, el flujo mismo de la fuerza que recorre tus músculos.” Camino dos pasos hacia adelante, de cara al precipicio. “Ahora, deberás llevar ese flujo mientras añades la fuerza de rotación a cada uno de tus golpes.”

Al terminar de hablar, la maestra cerro sus ojos, adoptando una figura relajada con un pie adelante y otro atras para tener un puto de apoyo. El risco sobre el que se encontraban poseía unas medidas de veinte metros de largo por nueve de ancho y finalizaba en una punta de lanza hacia una caída mortal.

Ambos se encontraban justo en la mitad, cuando la maestra comenzó a moverse con fluidez pese al viento. Se trataba de una kata marcial en el que Sira se movía con soltura, ofreciendo diferentes giros con cada una de sus extremidades mientras avanzaba como si el viento no estuviese empujándola. Ryota quedó sorprendido por lo que veía, la fuerza de rotación de sus caderas, torso, hombros, brazos y piernas, contrarrestaba el poderoso viento que la empujaba y la hacía ver como si realmente estuviera danzando pacíficamente.

“¿Qué esperas, Ryota? ¡Trata de imitarme para vencer al viento!”

La voz de Sira animó al castaño, quien de inmediato trató de imitar los movimientos que observaba, aunque en su primer giro erro su movimiento de caderas y perdió el equilibrio hacia el suelo. “Bro...” No pudo creer lo difícil que era, pero de inmediato se levantó para continuar tratando de imitar los movimientos de Sira.



Esta etapa del entrenamiento les costaría otros tres días, hasta que por fin Ryota fue capaz de imitar los movimientos de su maestra a la perfección. Cada giro lo hacía con fluidez, con la fuerza de rotación suficiente para que el viento no fuese un problema.

Se acostumbró inconscientemente a distribuir la fuerza de su cuerpo con un balance perfecto mientras añadia poder y control con la rotación de su cuerpo, era una habilidad asombrosa pero aún no era suficiente para emocionarse y eso lo entendió cuando el último lugar de entrenamiento fue en el claro de pequeño un bosque de bambú cercano al dojo.

Ambos individuos se ubicaban frente a frente en el centro de un área verde con un diámetro de 20 metros.

“Hasta aquí, ya eres capaz de controlar a la perfección el balance de tus movimientos y has aprendido a hacerlos más fuertes gracias a tu poder de rotación. Sin embargo, aún no aplicas esos secretos en una técnica compleja para generar las vibraciones de las que tanto te he hablado.” La sonrisa en los labios de Sira demostraba su agrado por el chico. Quien se quejó el primer día de su estadia allí había desaparecido y ahora tenía frente a ella a un verdadero artista marcial, enfocado en un propósito. “Te has ganado el derecho a aprender la primera técnica del estilo Hashokken Ryota Miyamoto, así que espero que la observes bien y graves en tu cuerpo la sensación para que puedas reproducirla.” Terminó sus palabras, colocándose en guardia frente a quien era su oponente.

Ryota no tardó en imitarla, abriendo sus ojos para no perderse nada de lo que estaría por suceder. Apenas fue un impacto, un destello breve que los disparó por los aires rompiendo todas sus defensas y lanzándolos hacia el otro extremo. Su cuerpo cayó de espaldas contra el suelo y sus ojos apenas pudieron reaccionar a lo ocurrido; la fuerza de un tornado acababa de impactarlo sin misericordia. No podía respirar del todo bien por el dolor, pero había conseguido entender lo importante, el cómo las ondas del ataque rompieron cualquier defensa imaginable e impactaron su interior sin problema alguno.

“Cof.. cof… esto… esto es lo que vine a buscar…” Dijo emocionado, mientras se arqueaba adolorido en el suelo. Pese a su sufrimiento pudo sentir cómo tocaba lo que había ido a buscar, el secreto para que sus golpes tuvieran mayor peso, la forma en la que aunque no tuviera la fuerza de Runin o la destreza de Barald, sus ataques penetraran en sus oponentes.

De allí en adelante, Ryota entrenó todo el día para dominar aquella técnica, combinando el flujo del balance, la fuerza de rotación y finalmente el secreto para generar en su impacto vibraciones capaces de atravesar las defensas de su oponente. Sira observó orgullosa como el extranjero que había tomado como aprendiz, dominaba con el tiempo su técnica y le ocasionaba un golpe que, si bien no fue la gran cosa, la disparó por los cielos.

Ryota al fin lo había conseguido tras tanto esfuerzo, la herramienta que necesitaba para derrumbar las murallas que se alzaban frente a él.

“De ahora en adelante, sigues la senda del artista marcial, tu fuerza es equiparable a tu habilidad y como mi estudiante, deberás cumplir un requisito. No pierdas, vence la adversidad y avanza en el camino que elijas, lleva el nombre de este estilo marcial al límite y conviértete en un maestro.”

Fueron las ultimas palabras que Sira le dijo una vez dominada la técnica, pues no poseía nada mas para enseñarle, ahora dependía de Ryota, la fuerza que había adquirido debía perfeccionarla y avanzar en su sendero del guerrero para que su ambición, jamás volviera a ser obstruida.

Sin lugar a dudas, lo primero que haría al bajar de la ladera montañosa en donde los dojos se ubicaban. Sería… apostar en el casino y lanzar a todos por los aires con el “¡Buto kaiten!”



Off Rol



RE: [Estilo Canon] Los principios del Hashokken - PX-6 - 09-02-2026

  • Felicidades! Has obtenido exitosamente la técnica Buto Kaiten.

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TEMA: CERRADO

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