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[Pasado | Social | Owen] El robo menos sutil de la historia - Versión para impresión

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[Pasado | Social | Owen] El robo menos sutil de la historia - Mei Blackclaw - 18-12-2025

Verano, Año 16

Poca gente se lo veía venir, probablemente por su aspecto bestial y aparentes costumbres de cabeza de músculo, pero eso no cambiaba que leer fuese el hobby preferido de Mei. Un amor que había sido nutrido por su padre, que ahora era parte de la identidad de la Mink. Que sí, que le era físicamente incómodo sostener libros hechos para manos humanas, con sus manos masivas y un poco absurdas, y claro que rara vez se podía comprar uno en buenas condiciones que no se terminase de romper a los pocos meses, pero eso no le quitaba la felicidad de leer uno nuevo. Eso era lo único que apaciguaba un tanto su conciencia al momento de robarlos, que en general no le molestaba robar, pero podía imaginarse lo que se sentiría que le robasen a ella algo tan importante y mucha gracia no le hacía.
 
¿Y por qué estaría dándole vueltas Mei al asunto de robar libros? Pues obviamente porque hoy planeaba hacerlo.
 
Era un día como cualquier otro en la Isla del Karate, con gente trabajando en los campos de arroz y muchos, muchos otros sufriendo con el abrumador entrenamiento de los dojos. Todavía era relativamente temprano, el sol apenas había salido unas horas atrás, y los pueblos y villas más cercanos a los arrozales permanecían medio vacías. Mei, aplicando todo el conocimiento pirata que su padre le había heredado, se había levantado temprano, solo para caminar hasta el lado opuesto de la isla. Lógica básica, realmente, por no decir el querer evitar meter en problemas a quien la estaba hospedando. Dispuesta a irse a cazar libros, todo su plan dependía de poder encontrar algunos que fuesen fácil de agarrar y correr. Luego de mucho caminar, de darse vueltas por una aldea que apenas conocía y ser el objeto de muchas miradas curiosas su objetivo se daría a conocer: Un joven pelirrojo, leyendo con toda la calma del mundo en las afueras. Junto a él un par más de libros que, si Mei podía adivinar por los nombres que apenas podía leer de lejos, debían de ser ficción.
 
Demasiado perfecto como para que se pudiese resistir. El pisoteo de su pata derecha contra el piso delataba su ansiedad.
 
- Espero algún día puedas perdonarme, diminuto pelirrojo, pero en serio quiero esos libros -Fue el único pensamiento de Mei antes de abalanzarse por su presa. El tema del sigilo se le daba así como muy, muy mal, entre medir cuatro metros y sus pisadas fuertes poco valía la pena intentarlo. No, la estrategia de Mei era otra: Abusar de su anatomía animal y su absurda zancada para entrar, tomar lo que quisiese, y salir corriendo. Era un espectáculo, realmente, ver a sus poderosas piernas hacerla saltar hacia adelante, sus orejas sacudiéndose de forma turbulenta, sus garras lanzándose al frente como si estuviese por echar a correr a cuatro patas -Cosa que podía hacer, si quisiese-. El pobre muchacho de más que lo sentiría venir, que una liebre gigante se le había abalanzado por la espalda sin sutileza alguna. Sería solo un instante, pero Mei lo aprovecharía para agarrar los libros al lado del joven, los cuales abrazaría contra su pecho al caer y rodar por el piso, solo para terminar apoyada en su mano izquierda como si de un animal cojo se tratase.
 
- Um… ¿Perdón? -Sería lo único que diría la muchacha, su mirada mostrando que buscaba una ruta de escape más que remordimiento sincero. Un segundo de incómodo silencio y bam, nuevamente echaría Mei a correr, ahora a tres patas -Su mano derecha aún abrazaba los libros como si su vida dependiese de eso-, claramente intentando alejarse lo más rápido posible de la escena del crimen.


RE: [Pasado | Social | Owen] El robo menos sutil de la historia - Owen Yang - 20-12-2025

[Imagen: 013f5d749585d634887d13c28a2c0c1f.jpg]
-¿Así que los minks masculinos también tienen lápiz de labios?-

Exactamente un día después de haber conocido a Helena, una muchacha loba-blanca que iba con su acompañante/amigo/¿Novio? (Muy difícil explicarlo) Pavlo, Owen comenzó a tener una curiosidad atronadora por aquella especie de humanos antropomórficos que, teniendo todos los componentes que volvían interesante a un humano, lo imbuían en cada detalle y ápice que haría que la mezcla entre ambas cosas sea tan feroz como poderosa; La mujer-lobo y el muchacho, ciertamente, eran imponentes, fuertes, grandes y estaban bastante tonificados, lo que los volvía poderosos y feroces desde los albores de su concepción, casi superiores a un humano convencional en primera instancia.

Owen llama más la atención que un Marine trabajando y obrando en buena ley; Ese cabello algo desordenado, rojo brillante, esa chaqueta de cuello grande, casi del mismo tono que sus pelos, y sus ojos, de pupilas pequeñas pero celeste brillante, le daban ese aspecto aniñado y curioso mientras tenía, justo delante de sus narices (Robado, por supuesto) un libro de "Bases de la Anatomía Mink: Una raza con muy pocas (O muchas) pulgas" -"Los Minks, sin importar su raza o especie, también, pueden tener descendencia mestiza con muchas de las razas existentes alrededor del mundo..."- en voz alta, textualmente, repetía aquello que estaba leyendo con sus ojos. El pelirrojo, pese a no ser muy degenerado (Muy, porque un poco sí lo es) estaba intrigado de ver cómo aquellos animales antropomórficos eran una especie más que, incluso, podían mezclarse con cualquier otra -¿Pero cómo coño harías?- hablaba consigo mismo, alzando su rostro hacia el cielo mientras llevaba su mano al mentón. En su posición y sintiendo el trinar de ciertos pajaritos donde, en el banco del poblado en el cual prestaba atención con interés a cada imagen y texto, además, este era uno de varios que tenía en una pila justo a su lado (Robados, por supuesto...otra vez).

Distraído, pensativo, le daba vueltas a algo tan curioso como sería el mestizaje de un humano con un Mink, ¿Acaso, un Mink, ya de por sí no era el mestizaje entre un humano y un animal? -¿Acaso el primer Mink nació de un tipo demasiado curioso? ¿Qué pasaría sí...? Nah, no creo...- y, su mirada, ahora si, iba hacia el lado izquierdo, teniendo una imagen mental automática de lo que puede llegar a ocurrirle a una cabra con un campesino que sufre...demasiada soledad -...o si?-.

Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por una sombra gris desde su rabillo del ojo derecho, una que, sin ningún tipo de pleitesía y como si fuese un cuervo tomando lo primero que vio porque le llamó la atención -¿Acaso se habrá fo- y antes de que siquiera pudiese seguir con su línea de pensamiento, todo su rostro se vio completamente aplastado por una suave pero muy pesada alfombra peluda -¡¿QUÉ?!- que, casi inmediatamente, le obligó a voltear de manera inmediata para sentir cómo le aplastaba por completo una silueta que le duplicaba su propia altura y, con torpeza -¡BFBFMMM!- y sin siquiera poder pronunciar palabra por lo asfixiante mientras se podía ver cómo sus extremidades se sacudían en múltiples direcciones por ser asfixiado, ahora, dejaba ese gran peso para abalanzarse directamente hacia su montón de libros hacia su, ahora, izquierda, al haberse girado.

[Imagen: hvYywLF.png]
-...qué...cojones...?-

Y, cuando quiso entrar en sintonía con la realidad, se irguió de repente, quedándose sentado en el suelo y viendo como escuchaba el "perdón" de algo que le llamó poderosísimamente la atención -¡UNA CHICA CONEJO!- La coincidencia era tan gigantesca que ya era avasallante, ¿Ayer, Helena, hoy, una coneja exuberante y demasiado curvilínea? La señaló acusadoramente, abriendo sus ojos celeste brillante en sorpresa cuando vio que ella le estaba robando todos y cada uno de sus libros, enterrándolos en sus pechos para que sea, incluso, aún más complicado quitárselos.

[Imagen: 1d03484d84770e3b4181ec022a4e4c2e.jpg]
-¡Ladrón que le roba al ladrón se lo lleva la corriente!-

No era así el dicho, no importaba, él quería dejar en claro que ella estaba haciendo algo tan pecaminoso y degradante como tener que hurtar las cosas de alguien más. Dios, ¿Cómo ella iba a ser capaz de semejante atrocidad? No es que Owen lo esté haciendo a diario y hasta casi por deporte, en lo absoluto -¡NO TE VAS!- y, en el instante que ella decidió correr, no se percató de un pequeño detalle:

Owen se había olvidado que era un simple humano, y ella, un titán de como cuatro metros.

¡TAC! Llegó a lanzarse hacia ella en el momento que estuvo a punto de salir disparada, aferrándose al pompón que tenía saliente justo en donde debería estar su cola -¡DETEEENTEEEEEEEEEAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!- y sin percatarse de la gigantesca fuerza que ella tenía, estar colgado de ella como si fuese un banderín rojo y oscilante ante la fuertísima estampida y alza de polvo que provocaba el rapidísimo movimiento de la gigantesca mujer -¡ESTABA- tiró un poco del pompón, el cual era impresionantemente suave, demasiado, buscando empezar a treparse por su pelvis mientras, inconscientemente, sus larguísimas orejas le golpeaban una y otra vez, sacudiéndole -LEYENDO- Gritaba con fuerzas, esperando quitarle el interés a la mujer-conejo-animal con su palabrería -SOBRE GESTACIÓN MINK!- tuvo que cerrar sus ojos, el viento le sacudía los cabellos y la ropa -¿¡ACASO QUIERES SER MAMÁ, O QUÉ TE PASA!?- esperaba que siendo una garrapata agarrada a su cintura, aferrándose a lo felpudísimo de su cuerpo pudiese reaccionar y detenerse, o bueno, moriría en el intento de ser aplastado por una coneja gigante -¡¿SABÍAS QUE PUEDES TENER HIJOS CON CUALQUIER RAZA QUE EXISTE?!- un dato que no se le olvidó y que gritó, obvio.


[personajeinvalido=2045]


RE: [Pasado | Social | Owen] El robo menos sutil de la historia - Mei Blackclaw - 20-12-2025

Robar no era nada nuevo para Mei, aun si la absoluta falta de sigilo al hacerlo decía lo contrario. Lo hacía desde los doce, desde que William Blackclaw la había tomado bajo su manto, como robar exitosamente y aprovechado sus talentos específicos había sido la primera de todas sus lecciones como padre. ¿Buen estilo de paternidad? Probablemente no, pero era en gran parte lo que mantenía a Mei con vida, así que la muchacha no se quejaba -Tampoco es que tuviese memoria de otra crianza como para darse cuenta-. El viejo pirata solo podía darle a Mei las mismas herramientas que él había tenido, y bueno, la joven liebre las atesoraba tanto como una niña normal hubiese atesorado una receta familiar.

Lo más importante que su padre le había enseñado era el hacer uso de todas sus herramientas naturales para salirse con la suya, y aunque habían cambiado con los años -Definitivamente era más fácil huir cuando media menos de dos metros-, la idea seguía siendo igual de aplicable. En ese momento su mayor ventaja era su cuerpo enorme, que le daba una amplia zancada, y su capacidad natural para correr cual animal. Al final del día, Mei era una liebre, y por brutales que fuesen, correr lejos del peligro siempre sería lo más natural. En su cabeza el plan había sido extremadamente sencillo: Entrar con un grácil salto -No había salido-, tomar los libros sin mucho problema -Más o menos-, salir corriendo a toda velocidad sin dar tiempo a reaccionar -Eso lo había arruinado aún peor-, y hasta donde sabía lo estaba ejecutando correctamente. Que sorpresa fue darse cuenta de que no, claro que no.

- ¡¿Eh?! ¿¡Eeeeeh?! -Su primera reacción no sería precisamente coherente, nada más que ruidos de confusión tanto por sentir que le habían jalado la puta cola como por escuchar la voz del chico gritando. Su primer instinto fue el hacer como caballo desbocado, lanzando patadas para atrás y sacudiendo de lado a lado bruscamente sus caderas, llegando a girar sobre la mano que le quedaba de apoyo en un intento de mandar al pelirrojo a volar. No lo lograba, por más que intentaba. No solo era el muchacho demasiado pesado como para que un simple caderazo común se lo sacara de encima, las calles del pueblo no eran precisamente amplias como para dejarla dar una buena vuelta que generara más fuerza. Y claro, tener a un chico colgando de su posterior le hacía más bien poca gracia.

- ¡Ugh, que asco, no digas eso mientras cuelgas de mi trasero, uuuughhh! ¡Aaaaaaagh, nononono, ascooo! -La sacudida se volvió peor, ahora haciendo más énfasis en saltar de arriba abajo y amenazar con estrellarse contra una pared cercana, de verdad parecía un bronco completamente salido de control, pero eso no duraría mucho. Luego de una sacudida más, otro intento de mandar al muchacho lejos, Mei frenó en seco antes de volver a acelerar de frente, pero habría una principal diferencia: En lugar de correr a tres patas, Mei se erguiría un poco para dejar su mano izquierda libre. Esa mano, esa garra, no dudó en rasgar de un tirón sus propios pantalones, lo que debía de estar siendo el principal agarre del chico. El ruido de la tela rompiéndose sería casi abrumador, no solo por la osadía de la muchacha de exponer sus bragas tan públicamente, sino por lo que significaba para el rodeo de Owen.

- ¡No te cuelgues de la cola de una dama, enfermo, pervertido! ¡No le hables de hijos a una chica a la que estas tocando, sucio, cerdo! ¡Y YA SUELTAMEEEEEEEEE YAAAAAAAAAA! -Sabiendo que su prenda ya no aguantaría la mezcla de sus sacudidas y el peso del muchacho, Mei giró bruscamente una última vez mientras tiraba su cadera al costado con todas sus fuerzas, llegando a nuevamente rodar por el piso. Rodó y rodó hasta darse contra una pared cercana, no con demasiada fuerza, pero sí la suficiente. O el chico había salido volando, o sería aplastado por el nada pequeño trasero de Mei. Sin esperar a enterarse, Mei se levantó, respirando de forma un poco pesada y ahora sin sus pantalones, que se había quedado unos metros atrás. Podía repararlos, tal vez, pero eso era problema para luego.

¡Joder, ¿qué tenéis los hombres con asumir que todas queremos ser mamás!? ¡Ni siquiera me gustan los hombres, ugh! ¡Guárdate tu sucio libro, ya no lo quiero! -Sonaba tan escandalizada como molesta, pisando firmemente con su pata derecha, refunfuños sin sentido escapando de su hocico. Mei generalmente no era de enojarse tan fácil, pero carácter no le faltaba y ser una liebre -Muy seguido confundida con una coneja- en serio la había llevado a demasiadas malas experiencia con chicos un poco muy… Lanzados- ¡Me vuelves a tocar el trasero y te pateo la cabeza! ¡Es más, debería hacerlo, en nombre de todas las chicas que seguramente has acosado! ¡PERO CON TUS LIBROS ME ES SUFICIENTE! -Y entonces levantó dichos libros sobre su cabeza, su hocico en una sonrisa triunfante.


RE: [Pasado | Social | Owen] El robo menos sutil de la historia - Owen Yang - 26-12-2025

- ¡Ugh, que asco, no digas eso mientras cuelgas de mi trasero, uuuughhh! ¡Aaaaaaagh, nononono, ascooo! -

[Imagen: cc248b4e53e10d6db1afbe1fbcb2bed5.jpg]
-¡ENTONCES DEVUÉLVEME MI LIBRO DE GESTACIÓN MINK!-

El muchacho seguía completamente obsesionado en decir cuál era el contenido del libro (El cual tenía parte de gestación Mink, sí, pero era el 0,00009% del libro, necesitaba frustrarla), pero esto, en lugar de detenerla, provocó que la mujer bestia-conejo se pusiese aún más enloquecida; Ahora parecía casi la doma de la mujer-conejo gigante -¡OH, NO! ¡NONONONONO! ¡¿PERO QUÉ COJONES TE PASAAAAAAAAAAAAA?!- un manchón rojo que volaba en direcciones aleatorias, como si fuese un trapo agitándose al viento mientras que la espectacular animal-humanoide generaba estruendos, escándalo y por sobre todas las cosas, llamar muchísimo la atención a su paso al campesinado y pueblerinos oriundos que, como SIEMPRE pasaba con Owen, se volvía el epicentro de un espectáculo tan funesto como payaso. Si la cosa se había puesto degenerada, ahora, se había puesto muchísimo peor -¡¿QUÉ ES ESO?!- cuando quiso percatarse, una sombra enorme, colosal, comenzó a taparle el destello de un sol tan vivo como despejado en el cielo de Isla del Karate. No era un pájaro ni un avión, no: Era una de las enormes manos de la mujer-conejo que provocó que el chico, por acto reflejo, cerrase sus ojos ante lo inminente del impacto que iba a sufrir.

¡SRRRRRRRRRRIUHK! Cuando quiso percatarse, estaba levitando en el aire, producto de la altísima velocidad y revoloteo provocado por el agitamiento del cuerpo de la gigante y, entre sus manos, yacía -Oh...qué es...- y su cuerpo, por la inercia, empezaba a girar en círculos en sentido horario en plena levitación, reduciendo la velocidad de él mismo por acción del viento -...esto?- y la chica, que seguía agitándose y ahora replicando, parecía haberse puesto aún más brava producto de cómo Owen la había hecho sentir. Bien hecho, hermano, tienes un don de gentes excelso. ¡PLAF! Su cara cayó al suelo sin siquiera titubear. Fue arrastrado varios metros, los suficientes para que quedase, de forma caricaturesca, ligeramente hacia arriba y con un montículo terroso a la altura de su frente, lastimándose y raspándose un poco la cara en el proceso producto del movimiento rectilíneo que adquirió. Incluso, se enterró un poco su cabeza, haciendo un contrapeso que dejó su mano derecha con el pantalón corto y rasgado de la mujercita conejo-gigante y su cuerpo hacia adelante, con una pierna volteada y despatarrado de forma estúpida. Llegó a percatarse en pleno vuelo, pero todavía su mente no lo había procesado: Tenía la prenda inferior de la muchacha entre sus manos, una que era colosal y muy caderona, acaparando dos Owens y cuarto aproximadamente.

¡Joder, ¿qué tenéis los hombres con asumir que todas queremos ser mamás!? ¡Ni siquiera me gustan los hombres, ugh! ¡Guárdate tu sucio libro, ya no lo quiero! -

[Imagen: 23bcb035872427f15c6481581714e435.jpg]
-¡No tienen que gustarte los hombres para querer tener hijos! ¡Hay unos programas de intercambio Mink espectaculares!-

Tenía la cara llena de tierra. Se veía entre molesto y nervioso por la situación, con su cuerpo y rostro que habían sido arrastrados varios metros hasta que ella, finalmente, se había detenido completamente mosqueada. Pudo verla directamente al rostro: Era una muchachita que no parecía exactamente un conejo, sino, más bien, una liebre, de esas que tienen orejas gigantescas. Era excepcionalmente bonita, mucho más que lo era Helena, la chica lobo-albino, aunque la muchacha tenía unas complexiones físicas desmesuradas y sumamente voluptuosas. Le resultó ligeramente turbio ver que, producto de su zarandeo, ella quedó completamente expuesta de la cintura para abajo y, en su mano derecho, yacía aquel enorme pantalón corto rasgado que pendía de su mano como si de una bandera se tratase -¡Joder!- y cuando notó que lo tenía al ver directamente hacia la ropa interior de la chica, decidió comportarse como todo un adulto maduro y honesto: Esconder la prenda detrás de él, como si la misma no existiese. Además, como acotación, sí, el libro hablaba de "qué hacer si un mink decide gestar por motus propio", página doscientos trece del libro "Guía de especies humanoides para tarados: Minks", sección de "FAQ"" (Preguntas frecuentes). No pudo olvidarlo, fue un dato extremadamente curioso que hasta le vino como anillo al dedo para entablar conversación con ella.

En cuanto fue declarado como acosador -¡¿JAAAAH?!- Automáticamente se ofendió, poniéndose de pie en esos dos metros que le diferenciaban de la gigantesca mujer a la que tenía la necesidad imperiosa de alzar el rostro para intentar verle a sus ofendidos ojos. Distraía mucho no solamente que se encontraba en ropa interior, sino, que su "parte superior" generaba demasiada sombra como para querer mantener un contacto visual -Podré ser un ladrón,- mantenía el ceño fruncido y comenzaba a contar con el dedo índice empujándolo con el mismo de la mano contraria hacia atrás -un estafador,- hacía lo mismo con el del medio -una paria social,- lo mismo pero el anular -un despojo,- y ahora, cerró su puño, señalándola acusadoramente -¡Pero acosador, jamás!- lo que no se dio cuenta es que, mientras decía TODO esto, ¿Qué colgaba de su puño cerrado? Efectivamente, el pantalón corto de la muchachita que tenía justo delante de él y que se balanceaba como un péndulo producto del movimiento de un Owen que, al percatarse -¡!- no dudó en tirar su palma hacia atrás, ya que cuando la señaló parecía que de su mano colgaba un banderín.

[Imagen: P0V0QwL.png]
-¡Te despelotaste sola!-

Se puso terriblemente nervioso, y le resultó completamente inevitable no sentirse tremendamente culpable del hecho -Por muy ladrona que seas,- bajó su mirada, durante un segundo, a la parte inferior de la chica -no dejaré que andes en bolas por ahí.- costaría tiempo intentar conseguir un repuesto de pantalón que cubra dos Owens y cuarto; Ella era caderona, muy piernuda y muy grande como para una odisea semejante, por lo que tuvo una idea mejor. ¡BBBBBIIIIIIIK! -Toma.- y, desabrochando los primeros botones y, posteriormente, bajando el cierre de su característica chaqueta de cuello largo, se la quitó, entregándosela -Intenta ponértela.- comenzó a caminar hacia ella con una mirada desviada hacia un lado, sería totalmente factible comerse un pisotón de la gigante en cuanto la diferencia de distancias de ambos fue de menos de un metro. Con el brazo extendido y quedándose solamente cubierto con una camiseta negra que usualmente solía tener como prenda inicial, tenía en la izquierda el pantalón raído del mujerón y su prenda característica en la derecha. Brazo estirado, chaqueta colgante. Tal vez podría ser suficiente para cubrirle o, posiblemente, le quedase bastante ajustado; Ella parecía ser...demasiado caderona, dejémoslo así -Tengo doscientas como estas. Me encantan. Te regalo una.- y era cierto, por muy mentiroso que el pelirrojo suela ser, tenía unas veinte copias de la misma prenda.

-Soy Owen Yang.- mantenía su mirada ladina, temerosa, avergonzada. No se sonrojaba porque se resistía por los nervios que le provocaba la situación (Y ser probablemente aplastado por una nalga o pie de la super-liebre que tenía delante) -¿Sueles mangarle a la gente de Karate?- era una pregunta para romper el hielo más que para buscar avergonzarla por intentar robarle a él -Lo que sí, le estás robando al tipo equivocado. Creo que puedo ayudarte a robar algo mejor.- porque si algo sabía el pelirrojo, ciertamente, era de eso.

Abrime



RE: [Pasado | Social | Owen] El robo menos sutil de la historia - Mei Blackclaw - 31-12-2025

La doble moral de Mei era un poco fascinante, a decir verdad. Estaba horriblemente ofendida de que el muchacho se hubiese colgado de su trasero, más que nada porque le había agarrado por sorpresa y por lo generalmente orgullosa que estaba de dicho posterior, pero le daba bastante igual que el pelirrojo ahora la viese en ropa interior. Era tal vez su fuerte afinidad por sus instintos más salvajes, o porque hacía bastante mucho calor en la condenada isla, pero terminar semidesnuda era el menor de sus problemas. Tal vez no se notaba porque todas sus musculosas le quedaban igual de horriblemente ajustadas, pero en ese minuto a sus pechos solos los tapaba un sostén deportivo gris, también hecho a mano. Le daría, si acaso, un poco de ternura que verla así le diese vergüenza, probándola equivocada sobre sus intenciones con ella.
 
- Hu… ¡Oops, mis disculpas entonces! ¡Ajajajá! -Mei se empezó a reír, mientras se rascaba la nuca con una de sus enormes garras. Su risa era estruendosa, y como se reía con ganas, tanto sus orejas como sus tetas rebotaban un poco. Una vez terminó de reírse de su propia idiotez, recibió con cuidado la chaqueta roja. Era bien bonita, si acaso un poco muy tapadora para el usual gusto de Mei. De haber sido mucho, mucho, mucho más grande, se la habría probado con gusto, pero era bastante claro que ni una de sus orejas entraba en eso- A ver, veamos… -Pero era terca. Tomando su propio pantalón roto, Mei improvisaría el atarlo con las cortas mangas de la chaqueta, apenas logrando creando un cinturón que le diese vuelta a su cadera. La chaqueta caería en frente de ella, tapando sus bragas… Por el frente, por atrás aún se le veía casi todo, pero era algo- ¡Listo, con eso nadie debería multarme! -Sí, había pasado algunas veces.
 
- Yo soy Mei, Mei Blackclaw -Se presentó con una sonrisa, y… Un poquito de culpa. No planeaba devolver los libros, pero… Ugh, iba en contra de su moral robarle a alguien que había sido bueno con ella- … Toma, tus libros. Me has hecho un favor así que… No puedo llevármelos -Los dejó caer frente al joven, junto con un suspiro. Se acomodó la oreja derecha como quien se acomoda el pelo, asegurando que ambas estuvieran cayendo detrás de sus hombros- Y trato de no robar demasiado por aquí, me he quedado mucho tiempo como para, tú sabes, no ser reconocible. Pero me gustan los libros y ando muuuuuy corta de efectivo, así que… -Se encogió de hombros, solo era la verdad de su situación.
 
- ¡Oh, me estás haciendo una oferta, Owen Yang? ¿Acostumbras ofrecerle tus servicios a las chicas que te muestran sus bragas? ¿Acaso estaba en lo correcto y si eres un pervertido? -Y con la sonrisa más altanera posible, Mei se agachó lo más que pudo para mirar a Owen, claramente buscando molestarlo un poco.


RE: [Pasado | Social | Owen] El robo menos sutil de la historia - Owen Yang - 04-01-2026

- ¡Listo, con eso nadie debería multarme! -

[Imagen: sIo23iB.png]
-¡Te queda de lujo!-

Owen mentía un poco, ya que lo único apreciable era cómo la chica-liebre gigante, tan voluptuosa y extremadamente curvilínea, era cómo la fusión de ambas cosas (Chaqueta del pelirrojo y pantalón raído) formaban una especie de cinturón-taparrabo que, al menos de manera provisoria, tapaba la parte delantera femenina de ella y el chico, tímidamente por la pena de la situación, buscaba fingir demencia a unos niveles estratosféricos -Podrías salir a enamorar a quien quieras vestida a así, estás para matar.- y, con el remate de sus palabras, finalmente, ella decidió presentarse: "Mei Blackclaw". El pelirrojo le miraba detenidamente, teniendo que alzar la vista en ese metro de diferencia que les separaban y que, encima de todo, debido a la inmensa altura de la muchacha, parte de su rostro se veía opacado por la gigantesca delantera que portaba, al igual que sus dos larguísimas orejas que caían a su lado y se columpiaban con cada movimiento que hacía, acompasando sus acciones, ¡PLOF!, los libros que la chica había robado hacía escasos segundos, en un sonido sordo, impactaron justo en ese metro de distancia que les separaban el uno del otro -Me gusta la gente noble.- contestó casi de manera automática mientras ella cedía ante el hurto y demostrada que, realmente y dentro de ella, había bondad e inocencia. Ese tipo de gente, ciertamente, enternecían mucho al pelirrojo y le generaban cierto sentimiento de protección. El muchacho, sin ningún ápice de duda, se aproximó hacia aquella pila de libros y, tomándolos con la izquierda, los aproximó hacia él, apiladitos uno encima del otro mientras le prestaba atención al mujerón delante de sí.

- ¡Oh, me estás haciendo una oferta, Owen Yang? ¿Acostumbras ofrecerle tus servicios a las chicas que te muestran sus bragas? ¿Acaso estaba en lo correcto y si eres un pervertido? -

[Imagen: TfAii5d.png]
-¡No-no-no, mi reina! Te estás equivocando. No soy un prostituto.-

Delante de ella comenzó a negar con el dedo con una expresión burlona, pudiendo sentir su inmensa presencia justo delante de él y, desafiante, frunció el ceño, mostrando esa sonrisa de dientes blancos, largos colmillos y expresión feroz que le caracterizaba en demasía -Si estás corta de efectivo, haremos lo siguiente.- y, quedándose a muy pocos centímetros de diferencia y teniendo su gran cabeza orejuda a la altura de su cuerpo, pareció comenzar a orquestar un plan que...como siempre, sería tan desastroso como absurdo.

-La cuestión es la siguiente:-

14:30
Dos horas después del primer encuentro
Isla del Karate
Templos para intercambios de parejas

[Imagen: d6fae5b90ed3d00a2c1138722a738586.jpg]

-¿Que quieres ir adónde?-

[Imagen: cxTNuUQ.png]
-¿Dónde se encuentra el lugar para intercambio Mink? Ya sabes, para encontrar pareja.-

Owen, con el increíble don de la inventiva que siempre lo caracterizaba, había viajado, con su nueva compañera, Mei, hacia donde se encontraba un interesantísimo templo (Bajo su criterio) dentro de la propia Isla del Karate; Si bien uno pensaría que el foco central de la misma sería, efectivamente, el karate, ¿Qué ocurría con aquellos individuos más timidones que querían encontrar un rival con el cual pelear? ¿Qué ocurría con los solitarios? ¿Qué ocurría con los que querían creer en el amor? Para todo eso, y mucho más, existía un lugar donde los Minks de todos los lados (Y especies) podían congregarse y, así, cumplir sus deseos físicos (Y carnales, si hiciese falta) -O-oh...lo siento, no quería incomodarte.- delante del pelirrojo yacía otra chica de la misma especie que Mei pero, en lugar de ser una coneja humanoide, era una gata negra que, en cuanto escuchó al pelirrojo envuelto en una gabardina tan chapucera como evidente, se sonrojó al estar tocando un tema tan delicado como "la reproducción" -¡No te preocupes! Soy un mestizo entre humano y mink, mira.- Owen, dando un pequeño salto, buscaba "accionar sus piernas". Era imperceptible, pero creo que con la imagen anterior parecía completamente claro: El muchacho estaba subido encima de la chica-liebre que, gracias a su gigantesca altura, hacía ver al pelirrojo como uno un poco más alto de la especie de ella.

[Pequeño flashback]

-La cuestión es la siguiente:- el chico, aproximando su mano pegada hacia la comisura intermedia de los labios, buscaba generar complicidad con sus ojos entre-cerrados -¿Recuerdas lo de la gestación, y toda la cosa esa?- preguntaba, como si ella tuviese conocimiento de causa al respecto -Bien, a esos centros de intercambio Mink todos ponen como un dinero por entrar. ¿Como la limosna de una iglesia? Pero degenerado, porque es para que puedan conocerse Minks de todos los lados del mundo y hacer chanchadas, ¿Me entiendes?- su manera de hablar y gesticular, ciertamente, hacían que todo aquello resultase tan bizarro como estúpido...pero bueno, los berries son los berries -Vamos a utilizar un poco de éstos,- su mano derecha, la desocupada, velozmente, voló hacia su bolsillo del mismo sentido, sacando una bolsita que, tintineando con sus monedas dentro, acompasaba el movimiento -Acompáñame al sastre de aquí cerca. Tengo un plan.-.

[Fin del flashback]

-A todo esto, ¿Hay algún lugar donde pueda cambiarme de ropa?- la chica, nuevamente incómoda y tartamuda, reaccionó -¡A-am! ¡Ehm...! El baño está...por la izquierda de este pasillo...- parecía generar como muchísima incertidumbre y había una fuerte timidez de su parte. Confundida, observó su brazo derecho -A todo esto, ¿Porqué tienes un trozo de escob-VOYYYYYYYY PARA ALLÁ!- y Owen, interrumpiéndola rápidamente, dio un pequeño toque con su pierna derecha hacia la chica de la cual estaba sentado sobre su espalda. El movimiento, errático, torpe y muy convulso, podría generar una cantidad de sospechas enormes, pero allí, la gata-negra-humanoide solo le vio confundida, y hasta ruborizada -...es...guapo...-.

[Imagen: 988d070be67d53542f5e321feb3fe3fe.jpg]
-Fase uno completada, Mei.-

Ella era grande, muy, mucho, pero ambos entraban adentro de aquel cubículo de madera del baño de hombres en el cual se encontraban. Era como si el baño estuviese diseñado para personas gigantes ya que, incluso, si Owen decidiese sentarse en el inodoro, ciertamente, sería comido por este. No podría decirse lo mismo de la muchacha conejo que, siendo muy caderona y voluptuosa, estaba perfectamente diseñado para ella. El muchachito, mucho más pequeño, sonreía con emoción mientras mostraba sus dientes blancos y perlados. La estrategia era tan simple como efectiva: Disfrazados en una gabardina (Y él encima de ella, a caballito) disimularían ser un humano-mink para poder ingresar al lugar de intercambio de parejas. Finalmente, una vez allí, robar "el pozo de dinero" y repartirlo en partes iguales. Era complicado esconder a la mujer gigante en aquella prenda marrón; Era tan voluptuosa, caderona, sus pechos eran tan grandes que hacían ver al muchacho bastante deformado en cuanto los botones se soltaban. Precisamente y por eso, inicialmente, ella había estado sumamente apretujada en aquella prenda hasta que pudieron salir a tomar aire -Vamos, robamos y nos vamos, así de simple. Miti y miti. Todos contentos, todos felices. Me viniste como anillo al dedo, tía.- y, llevando su mano izquierda, pellizcó muy suavemente esa tremendamente felpuda mejilla del mismo sentido -No podía colarme por mi cuenta. Tuvimos bastante suerte de que el sastre ese nos haya conseguido una gabardina de gigante enano. Incluso tú, eres enorme, te queda grande.- Llevó ambas manos hacia los laterales de su cintura, en posición en jarra -¿Y si te conseguimos una novia, de paso?- sonrió con simpatía y complicidad, entre-cerrando los ojos y haciendo que su rostro vaya de lado mientras reducía la distancia entre ambos -¿O qué es lo que te mola? Hacemos dos por uno. Yo me llevo la pasta, luego nos encontramos y te dejo aquí haciendo...tus cosas.- porque pese a que no tenían ese tipo de complicidad, ahora, estaban juntos y metidos en este meollo.