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(Pasado) No puedo crear que esas sean dos entidades sumamente diferentes. - Elara Vangrim - 12-12-2025 ![]() -¡Ay… por favor… ¿por qué todo en esta isla hace tanto ruido?!- Elara llevaba ya casi una semana dando vuelta entre los callejones, plazas de entrenamiento y mercados de la Isla del Karate, y aunque le parecía todo muy fascinante, verdaderamente fascinante, también era verdad que su corazón no estaba preparado para tanta intensidad junta. Estaba realmente sorprendida por lo que veían sus ojos, pero no era algo que fuese demasiado complicado, al menos no para ella. La gente comenzaba a gritar, entrenar, discutir, vender, levantaba cosas imposibles, peleaba amistosamente en mitad del a calle… aquello no tenía nada que ver con su hogar ni con los Blues que ella conocía. Era como vivir dentro de un tambor gigante que no paraba nunca, por nada y ni por nadie. Y claro, la pobre muchachita, tan tímida, tan pequeña al lado de tanta exuberancia física, caminaba siempre apretando contra sí misma su bolso con el arco dentro, como si con eso pudiera mantener algún tipo de control sobre su propia calma. Y no solamente era eso lo que la perturbaba, debido a que cómo había tantos entrenadores, y gente entrenando, siempre estaban con un físico envidiable… ¡y ella le ponía muy nerviosa eso! Debido a que había varios hombres que eran demasiado lindos, y eso la hacía ser demasiado torpe. Elaria estaba casi como en un castigo. Un castigo que no podía… bajo ningún motivo, intentar escapar. No sabia como hacerlo. Y no sabía si sería capaz de hacerlo. Sus pobres alitas se movían con muchísimo nerviosismo, sus mechoncitos capitales terminados en bolitas aunque los tenia adornados con cuernitos, temblaban levemente y ella con sus mejillas coloraditas ya de por sí, buscaba algo tan simple como un bar donde sentarse a refrescarse después de caminar bajo el sol incremento que era testigo de lo mucho que sufría ella. -¿Uuun bar? Sí… sí, eso estaría bien… nee~ ✿- Lo dijo en bastante voz bajita, como si quisiera hablar para sí misma y no poder llamar demasiada la atención como la mayoría de los que se encontraban en aquel lugar. Vio un pequeño local con un cartel medio torcido y unas mesas afuera; no parecía peligroso, ni ruidoso, ni lleno de gente enorme rompiendo mesas con la palma de sus manos, y eso era lo que a ella más le intimidaba, no quería tener problemas por eso. Por eso, intentando armarse de valor, caminó para intentar mover la puerta del bar, cuando escuchó un ruido que la hizo detenerse totalmente y eso la preocupó bastante. Un golpe. Luego otro golpe. Un quejido. Un sonido de esfuerzo. Luego otro golpe mucho más fuerte. La pobre pelirroja parpadeó varias veces. Giró lentamente la cabeza hacia el callejón lateral del bar. Sus alas se pusieron rígidas por el nerviosismo, como siempre que parecían ser lo que reflejaba ella, un instinto innato de supervivencia que la hacía sentirse algo inquieta. -¿E-Estará alguien… peleando? ¿O… o herido? Nee…- se asustó un poquito. Debido a que no estaba acostumbrada a este tipo de situaciones. Porque una cosa era un bar ruidoso, y otra MUY distinta era escuchar ruidos de hombre gigante sufriendo o entrenando a espaldas del local. Y claro, ella, que jamás sabía cuándo debía retirarse o cuándo debía meterse donde no la llamaban, decidió, como era habitual, ir a mirar. Caminó bordeando el bar. Los golpes se hicieron aun más fuertes, tan constantes que parecían una especie de entrenamiento marcial. El corazón de Elara empezó a latir más rápido, no de miedo todavía, sino de ese nerviosismo suyo que aparecía cada vez que se encontraba en una situación desconocida. Y entonces lo vio, cosa que quedó completamente congelada… Ocurrió así: Un hombre alto, ABSURDAMENTE MUSCULOSO, tan grande que hacía sombra, levantaba lo que parecía ser un tronco completo como si fuese una barra de entrenamiento. El torso desnudo estaba completamente marcado, los brazos parecían columnas hechas para cargar el mundo entero, y los pectorales… bueno… los pectorales parecían dos criaturas independientes moviéndose cada vez que él exhalaba. Sudaba. Brillaba. Y cada movimiento suyo hacía que las venas se marcaran como pequeños ríos bajo su piel. -¿E….. eeeeeeh?- La voz prácticamente le salió como un quejido. Sus alas se levantaron un poquito por puro reflejo. LAS MEJILLAS, dios tanto, parecían un tomate. Elara dio un paso hacia atrás, sin dejar de mirar, porque era imposible dejar de mirar. O sea, ¿cómo iba a no mirar? Era demasiado para su pobre cerebro tan poco acostumbrado a cuerpos masculinos aceitando el aire de puro sudor. Ella quiso retroceder más, pero una caja impidió que ella se moviera y hizo un ruido grande, exhibiéndola. ![]() -A-Ah! P-Pero… nee… ¡lo siento! Yo.. emmm. No… n-no vine a espiar ni nada… yo solo… yo buscaba… un jugo… o algo… para… refrescarme…-
Y ahí seguía, clavada en el piso, mirando la espalda ENORME del hombre cuando bajo el tronco, el ruido grave que hizo golpear el suelo casi la hizo saltar, o morir, una de dos. Ella tragó saliva. Varias veces. El corazón seguía haciendo “pum, pum, pum” con fuerza casi absurda. Ella había visto hombres fuertes, pero no así. No TAN así. No tetones nivel dios marcial así. -¿U-Usted está… e-entrenando.. verdad? Nee…. Y-yo… n-no quería molestar… solo… eh… escuché ruido.. y pensé que quizá… se había lastimado… o… o…- Sus palabras salían muy nerviosas, porque su cabeza dejó de funcionar desde que lo vio. Había visto algo casi prohibido en seguir observándolo. Algo que hacía que sus ojos verdes se quedaran pegados al movimiento de esos músculos enormes. Intentó mirar a otro lado, no pudo. Intentó calmar sus alas, tampoco pudo, empeoraron. Intentó sonreír. La sonrisa le salió temblorosa como una jalea, y ella pensó que se quedó atrapada en la belleza del contrario. Era demasiado grande, fuerte, tetón, todo. Y ella no estaba lista para ese tipo de paisaje visual. Ni por asomo. Él podía hacerle lo que quisiera a ella. No se iba a negar. Lo era todo. RE: (Pasado) No puedo crear que esas sean dos entidades sumamente diferentes. - Rackham Uker - 17-12-2025 El sonido de la caja de madera moviéndose hizo que el hombre se diera la vuelta. Corpulento, musculoso, observó a la mujer con un poco de cansancio en la mirada. - ¿Y tú quien…? -. Recién en ese momento pudo verla bien, al parecer. La analizó con sus ojos, de arriba a abajo, para luego sonreírle de una forma para nada amistosa. - Bueno, hermosa, seguro que puedo mostrarte un buen lugar para eso -. En cuanto se giró para acercarse a la pelirroja, se tambaleó, casi cayendo sobre otras cajas y bolsas de basura que había en ese callejón. - Podremos… hip… divertirnos… -. Estaba borracho, incluso a esas horas de la mañana. En su mano, una botella con un líquido desconocido y medio vacía, muy seguramente alcohol que no había terminado de beber. Sus pasos torpes y su cuerpo poco grácil lo llevaron hacia la joven, relamiéndose los labios en cuanto se le acercó. - Si… podemos… hip… divertir… -. No pudo terminar de hablar antes de que el sonido de una puerta abriéndose a sus espaldas llenara el ambiente de pronto. - Mierda, incluso saliendo dos horas antes no creo que pueda alcanzara comprar todo -. La voz de otro hombre resonó en el callejón mientras que este mismo salía por la puerta. Su rasgo más característico, el mechón blanco que caía sobre su frente, completamente dividido del resto de su cabello. - Nadie en este grupo es capaz de dar una mano, malditos anima… -. Su boca se cerró en cuanto observó la situación, en cuanto vio tanto a la mujer como al hombre borracho. - ¿No te dijimos que no vuelvas a aparecer por aquí? -. El borracho bufó, dejando de lado a la mujer y acercándose con una mirada de enojo al recién llegado. - Nadie me impedía estar aquí hasta que llegaste, cocinerito -. Parados frente a frente, el más joven perdía en cuanto a altura y musculatura, pese a que sus dos metros no eran para nada poca cosa. - Ya te dije que me da igual, vete antes de que te saque yo mismo -. Incluso ante la mole de 3 metros, su mirada se mantenía serena, desafiante incluso. - ¿Tú? ¿Con ese cuerpecito? -. El hombre que antes había hablado con la mujer le dio un pequeño empuje en el hombro al otro, utilizando dos de sus nudillos de la mano derecha, simulando un golpe. - Te sorprendería, aunque no creo que sea mucho problema ganarle a un borracho que perdió su dojo ante un perro -. Eso pareció desatar algo en el gigante. Su vena se marcó en su cuello y su frente, a la vez que levantaba su brazo izquierdo y lo descendía con fuerza sobre al que había llamado “cocinerito”, buscando golpearlo con la botella que aún cargaba. Los siguientes sucesos fueron demasiado rápidos para que cualquiera que no estuviera prestando atención los notara. El borracho terminó con la espalda estrellada contra el suelo, con el brazo izquierdo atrapado por la mano del antes atacado, quien no le dio tiempo ni siquiera para quejarse antes de estamparle la suela de su zapato en la cara. El calvo quedó inconsciente, la botella que antes sostenía se estrelló contra el suelo unos metros detrás, pues había salido volando en cuanto el más joven hizo su primer movimiento. - A la próxima te pensarás mejor el atacarme -. Una frase claramente dirigida a quien ya no podía oírlo. Su mirada se alzó de nuevo, notando por fin a la pelirroja que antes había sido acosada por el hombre que ahora adornaba el suelo del callejón como si de una alfombra de piel de animal se tratase. - ¿Él te estaba molestando? -. Ni la había notado en cuanto le habló al otro sujeto, pues por su altura quedaba bastante escondida detrás de él. - Lo siento por eso, suele venir a emborracharse aquí, aunque ya le dije que no lo haga -. ![]() - Rackham Uker, un gusto -
Fue lo que dijo en cuanto se acercó a ella, extendiendo su mano y sonriendo a la mujer. Una sonrisa pura, diferente a la del tipo anterior. RE: (Pasado) No puedo crear que esas sean dos entidades sumamente diferentes. - Elara Vangrim - 20-12-2025 Elara ni siquiera pudo parpadear de lo emocionada que ella se encontraba en estos momentos, y también sorprendida por lo que estaba ocurriendo, era más que obvio que todo esto era increíble para ella... En un segundo estaba a punto de ser abusada por el aliento a alcohol de aquel tipo y, al siguiente, el mundo se dio la vuelta de una forma tan violenta que sus alas se quedaron rígidas y también paralizadas. Jamás se imaginó que ella viviría en una situación como esta. Completamente sorprendida por todo lo que estaba pasando. Era realmente extraño, pero también interesante. Lo que vieron sus ojos fue... simplemente cine.
Aquel hombre, el que acababa de salir por la puerta con un mechón blanco dividiéndole el rostro, no solo intervino, sino que lo hizo con una calma que a Elara le pareció de otro planeta y eso la sorprendió pero demasiado, quizás porque estaba más que acostumbrada a no relacionarse tan directamente con las demás personas. Vio cómo el brazo del gigante bajaba como un mazo, pero el hombre atractivo se movió con una precisión que sus sentidos aumentados apenas pudieron registrar, ya que lo hizo con suma dificultad que la preocupó un poco. El golpe del borracho impactando contra el suelo y el sonido del zapato contra su cara fueron tan reales que Elara dio un saltito hacia atrás, soltando un ruidito de sus labios ya que eso le sorprendió pero muchísimo. — ¡Ah! ¡Nee~! —exclamó, tapándose la boca con las manos mientras veía al calvo quedar inconsciente en el suelo como si fuera un simple saco de papas. Realmente ese guapetón era muy fuerte, lo que la hizo sentirse protegida por él. Se quedó ahí, mirando la espalda de Uker mientras él le hablaba al cuerpo inerte. La diferencia de presencia era absurda. Uker no necesitó ni despeinarse para demostrar que mandaba en ese callejón. Cuando él se giró hacia ella, Elara sintió que el aire se le escapaba por la garganta. Si antes estaba roja por el calor, ahora sus mejillas eran de un rojo brillante, casi a juego con su cabello. Debido a que ese hombre desprendía un aura magnífica, algo sorprendente. Que hacía que la pobre esté bastante nerviosa. Pero tenía que mantener la calma. No avergonzarse rápido. Pero era casi inevitable que ella se iba a poner demasiado avergonzada por lo que sucedía. Él le preguntó si la estaba molestando y se disculpó con una sonrisa... una sonrisa que era tan diferente a la del anterior que Elara sintió un vuelco en el estómago, sentía como maripositas, pero todo estaba siendo más que difícil. Era una sonrisa pura, de alguien que salva personas antes de irse a comprar los suministros del día. Y eso hizo que su corazón comenzara a latir fuertemente. ![]() — R-Rackham... Uker... —repitió ella, buscando aprenderse su nombre... cómo si no quisiera olvidarlo, pero jamás. Quería pensar en que todo estará bien con eso. Pero no sabía nada... solo tenía que intentar ser fuerte dentro de todo. Cuando él le extendió la mano, Elara se quedó mirando esos dedos unos segundos antes de reaccionar. Estaba embobada. La forma en que lo había derrotado, esa mezcla de "cocinerito" y guerrero imbatible, la tenía completamente descolocada. Alargó su propia mano, que parecía minúscula comparada con la de él, y lo tocó con una timidez extrema. Al sentir el contacto, una corriente le recorrió las alas, que dieron un aleteo casi como un espasmo, se avergonzó por eso, pero intentó desviar la atención hacia otro lado... no quería sentirse más avergonzada de lo que ya estaba. Aunque todo esto era más que difícil. ![]() — S-sí... es decir, no... o sea, ¡gracias! —balbuceó, perdiendo el hilo de lo que decía porque no podía dejar de mirar lo sólido que se veía de cerca. — Ha sido... increíble. Lo ha dejado fuera de combate sin siquiera soltar un respiro. ¡Nee~ ! No pudo soltarle la mano, aunque le costaba y sabía que no podía hacerlo, empezó a juguetear nerviosa con los mechones de su pelo con la mano que ella tenía libre. — Soy Elara... Y... y no se preocupe, estoy bien. Es solo que... en mi casa las peleas no son tan... tan impresionantes. Usted es... muy fuerte, señor Uker. Mucho. Casi me da pena interrumpirlo, se veía que tenía prisa por ir a comprar cosas... —hizo una pausa, mirando hacia la puerta por la que él había salido y luego volviendo a sus ojos con una curiosidad que no pudo frenar. — ¿Dijo que nadie de su grupo le ayuda? Eso es... muy injusto. Alguien que cocina así de bien... bueno, que se ve que cocina bien y que además defiende así a los desconocidos... debería tener a alguien que al menos le cargue las bolsas, ¿no cree? — Se puso aún más roja al darse cuenta de lo que estaba insinuando, pero su honestidad no la dejaba parar. — Yo... bueno, yo me había perdido buscando un jugo, pero soy muy buena cargando cosas... aunque a veces me tropiece. Si me deja acompañarlo a comprar, prometo no estorbar mucho y... y así me aseguro de que ningún otro borracho me confunda con una pared, nee~ . ¿O es que el "mejor cocinero" de la zona prefiere ir solo? — Ella sin querer, estaba hablando simplemente sin pensar. Todo era nuevo para ella, pero al menos le dedicó una de sus mejores sonrisas hacia él. Queriendo de que, este encuentro, se extendiera por mucho más, debido a que Elara se había interesado por primera vez, en intentar dejarse llevar. RE: (Pasado) No puedo crear que esas sean dos entidades sumamente diferentes. - Rackham Uker - 05-01-2026 La actitud de la ajena lo hizo mover un poco la cabeza hacia un lado. Esas palabras entrecortadas, el aleteo repentino de las pequeñas alas que poseía, su cara roja como un tomate que parecía no querer ser vista. - ¿Impresionante? No fue nada del otro mundo, en verdad -. No era más que un borracho con ganas de armar problemas, poco esfuerzo significaba dejarlo nuevamente en el suelo, por muy maestro marcial que sea. Las siguientes palabras de la pelirroja lo hicieron sonreír, casi reír, pues encontraba gracioso la forma en la que ella se refería a él. - ¿Mejor cocinero? ¿Alguien ya te habló de mí? -. Colocó una de sus manos en su barbilla, intentando exagerar un gesto de autoconfianza que se vio roto al poco tiempo. - Bien, puedes acompañarme, pero no te dejaré cargar las bolsas -. No podía permitir que una desconocida le hiciera el trabajo que le tocaba. - Y si encontramos un lugar donde vendan jugos podemos sentarnos y tomar uno, ¿Qué te parece? -. Al fin y al cabo, ella misma dijo que había estado buscando una bebida así. Con la compañía de la muchacha, Uker avanzó por el pueblo y su mercado. Visitaron algunos puestos, muchas veces no encontrando lo que querían o simplemente evitando aquellos que ponían un precio muy excesivo para algunas cosas. El dinero no le sobraba a esta tripulación, así que tocaba guardarse lo que podían. - Dime, ¿vienes de una isla lejana? No recuerdo que los habitantes de este lugar tengan un par de alas tan tiernas a su espalda -. Para este punto, llevaba en sus manos varias bolsas, con bastantes ingredientes, apenas dejando que Elara cargue alguna que no poseía mucha cosa ni pesaba mucho. - Me gusta hablar con gente de otras islas, las comidas tradicionales de cada una suelen ser tan variadas que da miedo -. Incluso hablando de miedo, sonreía mientras su mirada buscaba algún otro lugar donde seguir comprando. Su mirada encontró un local peculiar, por lo que no dudó en agarrar la mano de la mujer y dirigirlos a ambos hacia ahí. Había cruzado algunas veces por ese lugar, nunca dándole mucha importancia, pero ahora parecía el perfecto para la ocasión. Al poco tiempo, ambos estaban parados frente al lugar, un local de desayunos y comidas similares. - Aquí podrían tener jugos, ¿aún deseas alguno? -. Volvió a sonreírle, soltando su mano sin siquiera notar que podría haber sido incómodo para la mujer. - Podríamos tomarnos un descanso, llevamos algo de tiempo recorriendo la ciudad -. Y así lo hizo, no dudó en sentarse en una de las mesas, esperando a ser atendido por un trabajador y realizando su pedido. Por su parte, un jugo de naranja y unas cuantas galletas para acompañar, nada muy complicado, tras lo que dejó a Elara decidir y mencionar sus deseos. Ya estando solos, volvió a hablar con la mujer. - Así que, eso del “mejor cocinero”... -. Realizó incluso el gesto de las comillas con sus manos, acentuando que no fue algo dicho por él. - ¿Lo escuchaste de algún lado? O tal vez… -. Apoyó su rostro en su mano, mirando a la muchacha con una expresión calmada y segura. - Tal vez simplemente querías saber más de mí, cosa que me haría sentirme increíblemente halagado -. Rio por lo bajo, bajando la mirada y evitando su propio comentario. - Hablando en serio, no soy tan bueno, simplemente me gusta mi trabajo. La gente no entiende lo bien que uno trabaja si le agrada aquello en lo que está poniendo empeño -. RE: (Pasado) No puedo crear que esas sean dos entidades sumamente diferentes. - Elara Vangrim - 06-01-2026 Elara sentía que su pequeño y pobre corazón le iba a mil por hora por todo lo que estaba viviendo ahora mismo, debido a que de su día aburrido, terminó por entretenerse bastante desde que apareció ese agradable varón que estaba frente a ella. Cuando Uker le tomó la mano para dirigirla al local, ella se quedó muda, mirando sus dedos entrelazados. Su mano era grande y firme; le daba una seguridad que nunca había sentido anteriormente en ninguno de los momentos atrás. Sus alas dieron un pequeño espasmo de pura alegría contra el respaldo de la silla, pero intentó controlarse para no parecer una niña pequeña. ¡Le daba muchísima vergüenza! Pero intentó controlar su corazón de la mejor manera posible. No podía otra cosa. Quería demostrar que podía controlar su nerviosismo. Le pareció un detalle de lo más tierno que él fuera tan considerado como para dejarle cargar la bolsa que menos pesaba. Lo miró de reojo mientras caminaban, admirando cómo cargaba todo lo demás sin apenas quejarse. “Es tan fuerte y tan atento...” pensó, sintiendo que su fetichismo por esos hombros anchos la estaba dejando sin palabras. ¡Tenía que controlarlo! Pero sentía un sentimiento bastante bonito, sus manos eran cálidas, mientras que el rostro de Elara reflejaba lo nerviosa que estaba, pero con una tranquilidad que realmente valía la pena sentir, al menos de momento. Una vez sentados, Elara escuchó con atención. Cuando Uker hizo el gesto de las comillas y soltó esa frase de que se sentiría "increíblemente halagado" si ella quería saber más de él, Elara casi se atraganta con su propio jugo. Su honestidad saltó como un resorte. ¡Tenía que dejárselo bien en claro! Elara no se quedaba callada en ese tipo de cosas, menos cuando ella no podía esconder nada de eso. — ¡P-pues sepa que se tiene que sentir muy halagado! ¡Nee~ ! — exclamó, dejando el vaso con un golpe un poco fuerte en la mesa — Porque es verdad... no me lo dijo nadie, lo vi yo misma. Vi cómo me defendió y cómo cuidó cada ingrediente en el mercado... ¡y me pareció alguien fascinante! — mencionó con una sonrisa en el rostro. Sus pequeñas alas en la espalda la dejaban demasiado en evidencia. ¿Cómo la colita de un perrito cuando se emocionaba? ¡Algo así! Las mismas estaban moviéndose muchísimo, de lo feliz que se encontraba. Se inclinó hacia adelante, emocionada por el tema de las comidas. — En Skypiea, de donde yo vengo, la comida es distinta... casi todo es más ligero. ¡Pero me encanta que le guste hablar de otras islas! Yo puedo contarle miles de cosas de las nubes, y de todo lo que se vive allí. ¿Has viajado hacia allá? — dijo con un brillo especial en los ojos, algo sumamente sorpresivo, pero estaba demasiado emocionada por lo que pasaba. — Y sobre lo de que le gusta su trabajo... se nota. Se nota en cómo brilla su mirada cuando habla de cocinar. Eso es mucho más importante que ser "el mejor", señor Uker. — soltó, con un rostro de confianza y también una sonrisa amplia. De repente, Elara se dio cuenta de que tenía una pequeña miga en la comisura de los labios. Al intentar limpiarse rápido con la manga, su torpeza natural hizo que golpeara su propia cuchara, que salió disparada hacia el regazo de Uker. — ¡A-ah! ¡Nee~! ¡Qué tonta soy! — se asustó demasiado. A veces Elara pecaba mucho de ser media torpe. Pero no podía hacer mucho más. Por puro instinto, Elara se estiró sobre la mesa para tratar de agarrar la cuchara antes de que cayera al suelo, pero calculó mal la distancia para su desgracia. Sus dedos no solo rozaron la tela del pantalón de Uker, sino que su mano acabó presionando directamente su antebrazo firme. Al sentir el calor de su piel y la dureza de su músculo nuevamente, Elara sintió un escalofrío que no era eléctrico, sino puro nerviosismo humano. ¡Era realmente demasiado para su mentecita! Pero en el corazón, en el fondo de su corazón... ella estaba demasiado feliz, pero... Ya no sabía qué pensar.
Se quedó congelada en esa posición, medio inclinada sobre la mesa, con su mano aún apretando el brazo de él y su rostro a escasos centímetros del pecho de Uker. Podía olerlo de cerca: y eso le sumamente avergonzó, era más que obvio. Pero ya no había mucho más que ocultar, al menos ella sentía que eso era bueno. — L-lo siento... — susurró, completamente roja, pero sin ser capaz de retirar la mano todavía porque el contacto la tenía hipnotizada — Es que... es usted tan... tan... fuerte... que me asusta un poquito... pero de forma buena, nee~ — reconoció. Levantó la vista hacia los ojos celestes de Uker, dándose cuenta de que estaba invadiendo totalmente su espacio personal, pero su belleza y su aura angelical hacían que el momento, en lugar de ser incómodo, fuera extrañamente dulce. Le gustaba de alguna manera. — En las islas del cielo, el cielo es... bueno, infinito. Pero nunca conocí a nadie con unos ojos tan celestes como los suyos, señor Uker. Se parecen al mar que veo desde arriba... ¡al que jamás imaginé que conocería de algún modo! — soltó sin pensar, y al segundo se puso tan roja que sus alas dieron un aletazo de lo emocionada que se había puesto. ¡Estaba hablando de más! Pero al menos Elara no podía mentirle a Uker, él tenía todo lo que hacía que ella fuese demasiado, pero demasiado honesta en todo sentido. Para intentar disimular, Elara tomó una de las galletas que Uker había pedido y la partió a la mitad, ofreciéndole un trozo con timidez. A pesar de su Sentido del gusto atenuado, quería compartir ese momento con él, probar lo mismo que él probaba. — Tome... comparta conmigo, nee~ . No quiero comérmelo todo yo. Además, me gustaría saber... ¿cuál es su plato favorito? No el que mejor cocina, sino el que le hace sentir feliz cuando lo come. Mi padre decía que los cocineros siempre tienen una receta secreta que guardan para los días tristes — lo miró con una curiosidad bastante sincera en todo sentido, apoyando también sus codos en la mesa, acortando la distancia entre los dos, sin darle una situación a él — Yo no tengo recetas, pero si algún día necesita que alguien le cargue las bolsas... o que le cuente historias de cómo es vivir entre las nubes para que se ría un rato, me encantaría ser esa persona. — sus alas se relajaron y cayeron con suavidad a los lados de la silla, como si se sintieran seguras en presencia del bonito hombre. Elara ya no solo estaba agradecida por el rescate; estaba empezando a sentir que ese hombre "sólido" era el ancla que su corazón de pajarito mareado necesitaba para dejar de dar vueltas. ¡Pero recién lo conocía! Pero había algo que él, que quizás era magnético, algo que ni la propia Elara podía como descifrar fácilmente. — Me gusta estar aquí, con usted. Es... es muy tranquilo, nee~ — su muletilla saldría nuevamente, mientras que pensó que había hablado muchísimo de más. Pero sabía que no había mucho más qué decir. Esperaría a ver qué es lo que Uker tenía que decirle, estaba segura de que había algo divertido por detrás. RE: (Pasado) No puedo crear que esas sean dos entidades sumamente diferentes. - Rackham Uker - 04-02-2026 El movimiento nervioso de la mujer lo confundía, había estado así desde que salieron juntos en busca de lo que él necesitaba, no podía comprender que se le pasaba por la mente. - ¿Más ligero? -. No era la primera vez que ese término se asociaba a la comida, pero si era cierto que tal vez le faltaba comprender mejor a qué se refería. - Pues tuve la suerte de trabajar de lo que me gusta, simplemente eso. No hay interés en ser “el mejor” por mi parte -. Tras decir eso, tomó una de las galletas y la partió a la mitad con sus dientes. ![]() Un movimiento veloz a la vez que torpe. La cuchara que la muchacha usaba acabó volando en cuanto esta le propinó un golpe, acercándose más a él. Tal vez el movimiento de Elara fue accidental, tal vez solo lo hizo para acercarse a él, pero la mente del cocinero simplemente se movió con rapidez ante un impulso, otorgándole algo de esa velocidad a su cuerpo. Su mano izquierda atrapó la cuchara a medio vuelo, mientras su otro brazo sostenía con gentileza el cuerpo de la joven. - Ten cuidado -. Le devolvió la cuchara y devolvió el cuerpo ajeno a su lugar con la misma delicadeza con la que le había evitado que se golpeara con él. - ¿Fuerte? -. No se consideraba para nada fuerte, Maki lo era mucho más que él si debía poner un ejemplo, nunca había podido vencer a su maestro, aún le faltaban cosas por mejorar en los aspectos básicos de su forma de pelear. No, no era fuerte, pero no era un pensamiento que debía compartirle a la mujer. ![]() - Supongo que sí - - Mi plato favorito… -. Aceptó la galleta que le ofrecieron y la dejó danzar un poco entre sus dedos, a la vez que su mirada descendía y su cerebro se enfocaba en recordar algo. No fue difícil, había una comida que le recordaba a un tiempo mejor, a esas 3 personas por las que había comenzado su viaje, a la memoria de 3 individuos aún amados por el muchacho. - Aún no puedo superar el de mi padre, pero diría que es el Caldo de Pollo -. Simple, básico, nada de recetas complicadas o preparaciones que duran horas o días. - Podría decir que esa es mi comida favorita -. RE: (Pasado) No puedo crear que esas sean dos entidades sumamente diferentes. - Elara Vangrim - 02-03-2026 Elara se quedó un poco quieta cuando sintió que Uker la devolvía a su sitio con tanta delicadeza. Aunque agradecía que fuera un caballero, en el fondo quería haberse quedado un ratito más pegada a su brazo. Se sentía algo tonta por haber sido tan torpe y por soltarle tantas cosas bonitas mientras él solo respondía con frases cortas. Sus alas, que antes se movían como locas, se quedaron muy bajitas, como si estuvieran un poco tristes... nee~. Pero cuando él habló del caldo de pollo de su padre, Elara sintió que su corazón se ablandaba de nuevo. — ¿Caldo de pollo? ¡Nee~! Eso suena a algo que te abraza por dentro cuando tienes mucho frío — comentó ella con una voz muy suave, intentando recuperar su sonrisa mientras lo miraba a esos ojos celestes que tanto la hipnotizaban. — Me gusta que sea algo simple. A veces las cosas más sencillas son las que más se guardan en el corazón, ¿no cree, señor Uker? — preguntó buscando una respuesta un poco más profunda de su parte. Se sentía un poco invisible porque él parecía estar recordando a su familia y ella quería ser parte de su presente. Así que, con toda su honestidad, decidió ser un poquito más atrevida, aunque se muriera de la vergüenza después de hacerlo. — Sabe... yo no sé cocinar, soy un desastre muy grande en la cocina, nee~. Pero soy muy buena escuchando. Si ese caldo le trae recuerdos... a mí me encantaría que me los contara — soltó ella, inclinándose hacia él para lograr que sus miradas se cruzaran de verdad. — Porque me parece que usted guarda muchas cosas dentro, y no es justo que un hombre tan bueno cargue con todo solo, como hacía con las bolsas del mercado — admitió con una mezcla de admiración y ternura. Le dio un mordisco pequeño a su mitad de la galleta, aunque no le supiera a mucho por su sentido del gusto atenuado, pero lo hacía por estar en sintonía con él. Estaba muy nerviosa porque sentía que estaba abriendo su alma frente a alguien que era como un mar profundo y difícil de leer. — Y sobre lo de ser fuerte... — continuó ella, bajando un poquito la vista a las manos del cocinero. — Quizás no haya vencido a su maestro, pero para mí es el hombre más fuerte que he conocido. Porque hace que una desconocida se sienta segura en un lugar extraño, y eso es un poder muy grande, nee~ — añadió con un hilo de voz, esperando que él no fuera tan "piedra" esta vez. Elara quería ser importante para él y que la mirara no solo como a una chica despistada que rescató, sino como a alguien que de verdad quería quedarse a su lado. Se quedó ahí, apoyada en la mesa, esperando ver si lograba romper un poco ese muro de cortesía que Uker se ponía para protegerse. |