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Luna Blanca: El Burro y el Cactus [Fic Sulong] - Zhang Guolao - 05-12-2025 Luna Blanca: El Burro y el Cactus Día 60 de Otoño, Año 16
Isla de Whisky Peak
--- Dicen que el tiempo lo cura todo, pero aquel recuerdo de los Cabos Gemelos parecía seguir latente sobre su cuerpo, y las cicatrices ardían como un recordatorio constante de su propia debilidad. Fue cuestión de suerte, y Zhang, el burro, no lograba entender aún qué había pasado aquella extraña noche: el ruido ensordecedor, la ausencia repentina de sus compañeros y la luna marcada por seres poderosos que usaban sus cuerpos como simples conejillos de indias, y aquellas personas en lo alto... Era mucho por procesar. Pese a que solo habían pasado un par de días desde los acontecimientos de aquella velada, tal vez un par de semanas, y tras un viaje teñido de tristeza y desolación, marcada por la perdida de un compañero, por fin se encontraban en la Grand Line, lo "habían conseguido". Aquello era una idea antes difusa que ahora se convertía en una aplastante realidad... Pero la "Mano Vacía" no había empezado su viaje cuando ya se sentía fragmentada; sus cuerpos, cansados y maltratados, anunciaban un camino tormentoso. Zhang tragó saliva con dificultad mientras apretaba sus manos, agotadas tras aquellas semanas de incesante navegación, de manejar el timón, de rezar por Cao y Dong. Terminaron en Whisky Peak. Como era bien sabido, las formaciones y climas de las diferentes islas de aquella ruta marítima no tenían sentido alguno, desafiando toda lógica. Era la primera vez que pisaba este lugar, una isla extrañamente diferente. Había plantas de gran tamaño que, a la distancia, se alzaban como gigantescas montañas verdes similares a un cactus. Esto llamó la atención del burro al instante: ¿tendrían espinas? Era muy posible que encontrara hierbas especiales allí y tenía que descubrirlo. Podría haber invitado a Bai, pero aquel día Zhang prefería encontrarse totalmente solo. Al menos por un par de días. Silencio. Luego de tanto tiempo, se había acostumbrado a la presencia de los demás miembros de la Mano Vacía y, de vez en cuando, los seguía para vivir una pequeña aventura acompañado de sus compañeros. Sin embargo, ese era un día para Zhang, quien debía descansar y reflexionar sobre todo lo sucedido. Su miedo al Sulong se había materializado en una bestia salvaje; Krysser, el Mink tigre, le había dejado un recuerdo imborrable de aquel poder desbordado. Aun le dolía un poco la marca del Mink, su cuerpo viejo, pero aun resistía un poco de dolor. Zhang hizo una pequeña mueca amarga. No deseaba pasar por algo así de nuevo. De hecho, estaba preparado para enfrentarse a sus temores; de algún modo, Zhang debía ser capaz de dominar a su bestia interior. Apretó su mano con fuerza mientras observaba el cielo oscuro cernirse sobre su rostro. Sucedería de nuevo... pero esta vez sería diferente. A pesar de que Zhang no solía sufrir por el calor, el sol y la humedad dificultaban la visión del viejo, quien de día observaba cómo la luz se reflejaba agresivamente en la arena dorada, creando un ambiente extraño y denso en el aire. Zhang optó entonces por permanecer en su forma helada y, gracias a ello, algunas personas se acercaban a él, intentando obtener un poco de frescura y descanso ante la inclemente fuerza del sol. El sol... Hace mucho tiempo, aquel burro había dejado su tierra atrás. Intentaba actuar de forma acorde a lo aprendido, pero el mundo no era fácil, y a veces los caminos correctos no son necesariamente los más sencillos. Se encontraba debajo de uno de esos inmensos cactus, resguardándose del calor, y se tomó el tiempo necesario para agradecer por lo vivido. Recordó entonces a Cao, quien bajo su resguardo había caído al mar... Una muerte más a su lista. Vivir cargando con ellas no era nada fácil. Parecía que vivir era un sinónimo de perder; la vida nunca se detenía y, en ocasiones, Zhang se cansaba de aquella rutina oscura que conllevaba conocer personas nuevas solo para verlas partir. Cao había sido quien inició aquella aventura, un viaje en busca de la libertad, de la independencia y del crecimiento. Su corazón se encogía cada vez que recordaba al hombre de lodo, pues a pesar de su efímero encuentro, había dejado un legado que llevarían por toda aquella ruta marítima. Zhang, el médico errante, ahora estaba destinado a navegar. Hacía años no lo hacía, pero estaba listo para asumir el reto. Por este motivo, durante sus días en Whisky Peak estudió navegación con ahínco, intentando rescatar todo lo que los años habían dejado en el olvido. Permaneció allí durante varios minutos, quizá un par de horas. Recordando, agradeciendo y rezando al cielo por la vida y la muerte de aquel joven de ojos negros. Pasados los días, el burro estaba un poco más tranquilo, pero aquel recuerdo los seguiría por siempre. Por eso estaba obligado a continuar, a mejorar y a crecer. Se sentía una persona débil, o mejor dicho, un burro débil. Y si quería, de algún modo, ayudar a sus compañeros, no tenía más remedio que entrenar y hacerse mejor cada día. Por ello, esa noche de luna llena, Zhang Guolao, el ermitaño del mar, se enfrentaría a uno de sus más oscuros temores. Una vez oscureció, decidió emprender el camino. Aquella primera isla era tan pequeña como encantadora, por lo que buscar un lugar adecuado y discreto para transformarse no sería sencillo. Pero tendría que hacerlo. Por fortuna, Zhang podía moverse por los aires, así que continuó su travesía en busca del sitio ideal. Y pronto lo descubrió. Lejos del bullicio de los hombres, y cuando la noche comenzaba a alzarse en su plenitud, Zhang sintió un picor extraño en su piel, como una alerta ancestral de aquel cambio que sufría todas las lunas llenas. Luego de toda una vida, su cuerpo ya se preparaba para la transformación. Intentó buscar un punto alto y encontró refugio sobre uno de aquellos cactus; una vez en la cima, notó que era mucho más gigantesco de lo esperado. Aquello que haría esa noche no era la primera vez que lo intentaba. De hecho, se hablaba de ello en Zou y en su antiguo templo, donde luego de hacer las paces con su interior, algunos Minks habían logrado domar a sus bestias, dominar el Sulong, dejando de ser un peligro para el resto. Aquellas personas, sin duda, eran fuertes. Y no solo físicamente; su cuerpo y alma eran tan recios que lograban domar la furia que la luna traía consigo. Zhang tembló por un momento, sintiendo un frío que recorrió su espina dorsal. Y es que aquella sensación, aquellas transformaciones y tanta, pero tanta destrucción que había causado años atrás, lo empujaban contra el abismo del miedo. Era posible que si tal vez, solo tal vez, Zhang hubiese sido más fuerte, hubiese logrado salvar a Cao. Zhang tomó asiento, se desvistió y se volvió uno con el viento cálido de la noche. Respiró profundo mientras esperaba la llegada de la luna llena. Cerró los ojos confiado, con la esperanza de que aquella noche Zhang Guolao descubriría por fin los secretos de aquel poder misterioso. Si hubiese sido más fuerte, sabría quiénes los habían capturado, hubiera protegido a todos... Respiró profundo una vez más. —Hmmmm... —comenzó a emitir aquel sonido, característico de su raza. Sin abrir los ojos, Zhang inició un pequeño viaje de introspección. Su vida había sido un cúmulo de errores y aciertos. Luego de tantos años, intentaba estar tranquilo con su historia, y vaya que era difícil: la soledad, no ser querido por tu madre o por tu padre, sufrir abandonos y muertes, llevar la carga de la parca en tus hombros y, aun así, intentar ver la vida con ojos de amor. Su pelaje se erizó y, en algún instante de la noche, su Electro se despertó de forma instintiva, crepitando. Zhang continuó con sus ojos cerrados; estaba en una batalla interna y necesitaba entenderlo. ¿Pero qué cosa? Estaba más confundido que cuando había empezado. Tras todo lo ocurrido, su mente estaba mucho más intranquila y fuera de sí. ¿Sería posible que todo lo que le habían enseñado tiempo atrás no era más que un ancla que lo hundía, en lugar de una balsa que lo sostuviera? Sus pensamientos volaban a mil por hora, y cómo no hacerlo: el recuerdo de la sangre del Gyojin se sentía caliente sobre su cuerpo helado... Otro más a la lista, y es que aquel burro ya ni siquiera recordaba el nombre de todas sus víctimas. Tragó saliva de nuevo. ¿Era posible que Zhang fuese una mala persona todo el tiempo? Aunque intentara evitarlo, aquella fuerza y destrucción residían dentro de él, y lo más sano para su mente era, sin duda, intentar mantener la calma. Tarea difícil en aquel mundo cruel. Zhang lo intentaba, pero no era sencillo cambiar las cosas. Sin embargo, a pesar de todo, era el amor lo que lo guiaba. Nunca había estado completamente solo. Silencio era un amor, era paz en su alma, y tan sincero, que hacía que Zhang saliera de sus sombras internas solo con pensarlo. Era extraño cómo dos seres tan diferentes podían ayudarse tanto el uno al otro. Y de nuevo... era el amor lo que lo transformaba, lo que lo llevaba a sus extremos e incluso lo hacía olvidar su humanidad. ¿Bueno? ¿Malo? Zhang no lograba encasillarse, y en parte era lo mejor. Zhang llevaba años transformándose en aquella criatura blanca, y aunque lo quiso, nunca había sido fácil controlarlo. Pero, sin saberlo, el pensar demasiado en todo lo sucedido había causado algo extraño en él. Al parecer, en otras ocasiones, el burro se predisponía negativamente a aquella fase lunar y él mismo provocaba que su mente se nublara y tendiera a la oscuridad. Era algo que Zhang no había esperado, y aún no lo entendía del todo. Pero como otras cosas en la vida, la clave era tan simple como soltar. No evitarlo, no evadirlo, sino sentir realmente aquellas emociones que, luego de tantos años, ya eran parte de su cuerpo, parte de sí mismo. Al final, después de tanto tiempo, las respuestas siempre estuvieron en Zhang. El ruido del electro se mezcló con la fuerza del mar, que, como Zhang, se sentía en su punto máximo de poder gracias a la majestuosa luna que se posaba sobre su cuerpo. Poco a poco, Zhang se tranquilizó y su mente comenzó a permitirse avanzar por aquel camino tormentoso. Aquella noche, en la primera isla de la Grand Line, Zhang Guolao estaba, por fin, aprendiendo a dominar el Sulong. Y así pasaron varias horas más. Sin saberlo, Zhang Guolao, en su imponente forma Sulong, se encontraba sentado sobre aquella montaña vegetal. Pese a que su instinto lo obligaba a moverse y destruir, aquel encuentro con su ser interior era mucho más poderoso que cualquier fuerza natural. El ermitaño del mar había dado un paso enorme, y no se trataba solo de dominar el Sulong, sino de entenderse y aceptarse... El camino de un burro puede ser duro y forzoso, pero ese nunca sería el destino final. Luego de varias horas, Zhang abrió los ojos y lloró en silencio. Observó sus manos fuertes y adoloridas, marcadas con los callos de aquel timón, y se sintió aliviado. Por su mente pasaron los rostros de las muertes y muchas más que no recordó al instante. Luego de tantos años de dolor, por fin había conseguido algo de paz. Zhang continuó allí el resto de la noche, aceptando su poder y su destino; alegre, triste y con mil cosas en mente. Pero lo estaba logrando. Al salir el sol, Zhang regresó a sus aposentos. Se encontraba bien, no había lastimado a nadie y, aunque su cuerpo dolía por la exigencia de la transformación, su espíritu estaba tranquilo. Y eso era algo que no sucedía hace mucho tiempo. Al llegar a la embarcación, se encontró con sus compañeros, quienes lo esperaban angustiados. Luego de algunas semanas juntos ya conocían un poco los temores del burro; aquella noche fatídica de los Cabos Gemelos los había unido aún más, y ahora eran casi como una familia. Zhang, visiblemente cansado, contó brevemente su aventura y, aliviados, festejaron con un poco de té. Al finalizar, Zhang se dejó caer sobre su camarote, donde el sueño lo venció al instante. En unas semanas saldrían de nuevo al mar, y ahora estaba seguro de que no sería un peligro para sus compañeros.
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RE: Luna Blanca: El Burro y el Cactus [Fic Sulong] - Saint Ethanbaron V. Nusjuro - 06-12-2025 ✓ Técnica Sulong: Aprendida RECOMPENSAS: — Sulong añadido a la ficha. |