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Forget my charms (Pasado-Social) - Kayseira Ashter - 02-12-2025 Mantenerme ocupada, esa ha sido la clave para mantenerme mentalmente cuerda, sana y estable…Más o menos. Una parte de mi simplemente ha guardado todo en un extraño cajón que ha tirado al mar, y ha visto cómo se perdía en silencio. El cigarro va muriendo entre mis labios, mientras el humo se pierde lentamente. Ahora que íbamos a cambiar de barco, tenía la oportunidad de dejar atrás todo lo que me recordaba a él. Tener algo nuevo, mío, donde no hubiera un recuerdo de él persiguiéndome como si fuera alguna clase de fantasma. Pero entonces me di cuenta de algo, de un pequeño detalle que dio vueltas en mi mente. Vale, joder, lo de pequeño era quizás redundante teniendo en cuenta el tamaño de nuestra nueva compañera, Alana. Nos habíamos presentado, hablado cordialmente un par de veces y poco más, luego había llegado la discusión de los sitios y todas esas cosas en el barco. Resulta que como tontata no ocupaba un sitio en concreto, un espacio, algo en mi no sintió demasiado bien aquello. Maldita sea, quizás estoy cruzando una línea que no tenía que cruzar y Alana se molestaba conmigo…Pero me había servido para tener las manos ocupadas, y era algo que realmente agradecía. -Alana…¿tienes un momento? -Estábamos en el barco antiguo, estábamos terminando de sacar cosas, prepararnos para venderlo y todo lo demás. Me senté en el suelo un momento, cruzando las piernas en posición india,mientras dejaba delante mia lo que había traído finalmente. -Se que no nos conocemos tanto, mierda, creo que hemos cruzado palabras tres veces, pero como carpintera de esta tripulación.-Una carpintera un poco inútil, teniendo en cuenta el pastizal que vamos a tener que dejarnos porque nos compren y reformen otro barco porque yo no puedo. -Quería hacer algo por ti, creo que al final todos merecemos tener nuestro propio espacio en el barco.-Le enseñé entonces lo que había hecho, quitando la tela con algo de vergüenza, mientras me pasaba los dedos por la nuca, entre mis cabellos mas largos. Era una casita de madera de estilo tradicional chino, como todo nuestro barco nuevo, entero, tenía varias plantas, habitaciones, una salita, había medido todo al tamaño de Alana, para que fuera como para ella. Su propio espacio, su propio lugar en el barco, su hogar dentro del nuestro, del que ella formaba parte. -Aunque puedas estar bien en cualquier sitio, creo que como parte de nuestra tripulación te mereces tener tu propio lugar en tu nuevo hogar.-Y ahí estoy, mirándola nerviosa, dudando, quizás me tire la casa a la cara, quizás no, bueno. Habrá que descubrirlo.
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RE: Forget my charms (Pasado-Social) - Alana Sahiba - 03-12-2025 Ayudar a Dong, quedarme hasta que abrió los ojos después de aquella operación, ver cómo respiraba… ese había sido el momento en que sentí que la hebra que me ataba al Cabaret se rompió pues después de aquello, cuando todo se calmó, cuando comprobé por mi propia mano que Gwen estaba viva, que Eros seguía siendo él mismo, torpe y dulce y sobreviviente… algo en mí simplemente dijo "basta". Ya no era mi hogar. Lo había sido por un tiempo, pero cada vez me sentía más espectadora que parte, y eso en el Cabaret no podía ser. Nada malo, nada dramático, no había odio. Solo… había caminos que ya no eran el mío. Me preocupaban el resto, por supuesto: Varo, Rosse, Mercedes… Probablemente no descansaría bien hasta que supiese qué había sido de todos ellos. En cambio, Mano Vacía había sido otra cosa. No sé si fue Dong, o la calma que había detrás de su sugerencia mientras aún volábamos, o el modo en que todos a su jodida manera peculiar se habían abierto un hueco donde cupiese alguien como yo, un hueco no necesariamente grande, todo hay que decirlo, pero para mí eso es suficiente. Estaba guardando mis cosas, que en mi caso eran media manta doblada, un par de frascos, vendas y un par de herramientas quirúrgicas que me había empeñado en no perder aunque hubiéramos salido ardiendo del barco si hacía falta. Cuando escuché mi nombre, me sobresalté un poco, porque Kayseira, desde mi altura, tenía esa voz que sonaba entre cansada y peligrosa. Como si fuese capaz de sonreír o de arrancarte la cabeza dependiendo de la respuesta. — ¿Mm? Sí, claro —respondí, sacudiéndome el polvo de las manos. La vi bajar con aquella elegancia rara suya y sentarse en el suelo, como si fuera ella la pequeña y no yo. Ladeé la cabeza, curiosa. Cuando empezó a hablar, intuí que estaba nerviosa. Los humanos grandes creen que lo disimulan bien, pero desde mi altura se les ve todo: los dedos inquietos, la respiración más corta, el movimiento de los hombros. Quise hablar pero me callé, porque había usado la palabra “mierda”, y eso significaba que se venía confesión emocional. Y vaya si se vino. Cuando retiró la tela, sentí que algo me golpeaba en el pecho. Era precioso. No bonito, no útil, no simpático. Pre-ci-o-so. Una casita entera, con más detalles de los que mi vista podía abarcar. Y había pensado en mí. No en el tamaño, sino en mí. Me quedé muda. Absolutamente muda. Me acerqué despacio, dejando que mi mano, de mi tamaño, pequeña, casi insignificante al lado de la casa, tocase la madera con delicadeza. Tragué saliva, porque de pronto la emoción me subió hasta los ojos y, a ver, una puede ser pequeña, pero no frágil. Al menos no quería parecerlo. — Kay… —murmuré, y mi voz salió chiquitita incluso para mí—. Esto es… es demasiado. En serio. No… no tenías por qué… Respiré hondo, levanté la mirada hacia ella y casi tuve que empinarme para que me viera bien. Abandoné lo que para algunos podía ser una maqueta y di un par de pasos hacia ella—. Gracias. De verdad. No sabes cuánto significa para mí —añadí, y se me escapó una sonrisa pequeñísima—. Y si querías cruzar alguna palabra pues mira, esto es incluso mejor. Me puse en jarritas, por pura costumbre tontatta—. Lo único que te advierto es que… ahora tienes una responsabilidad enorme —dije, señalándola con dramatismo cómico—. Si me haces una casa así de bonita, tienes que aguantarme encima del barco por mucho tiempo. Ya no te libras, lo siento mucho —y me reí sola—. ¡Ah! Y tendrás que hacerme un tour por la casa, ¿no? RE: Forget my charms (Pasado-Social) - Kayseira Ashter - 05-12-2025 Sospecho que quizás tiene que ver con que últimamente necesito sentirme feliz, como si pudiera elegirlo, invocarlo, convencerme a ello. Al final, estoy haciendo cosas que hacen al resto feliz, porque durante un instante, mientras ellos sonríen, no puedo evitar imitarlos, sonreír de forma suave. -Claro que si, soy carpintera, suficientemente mal me siento con no poder hacer nada por nuestro barco nuevo, al menos quiero poder hacer algo por ti.- Refunfuñe de forma suave, cruzándome de brazos, el tema seguía siendo una patada a mi orgullo y mis habilidades, pero al menos hacía cosas para compensarlo un poco. -Me encantaría Alana, ahora eres parte de nuestro hogar, que menos que sepas lo loca que estoy.-Le guiñe un ojo con cierta diversión, de manera traviesa, aunque la verdad es que quería saber más de ella que hablar de mi. Es algo que me gusta, escucharles, ver como se emocionan, como me dicen algo sobre ellos, como si fuera un secreto a voces, algo solo para mi. -¿Hum? Oh vamos, contaba con el placer de tenerte con nosotros todo el tiempo del mundo y más, así que acepto la responsabilidad con gusto.- Para mi ellos son mi hogar, mi familia, y a veces estas cosas pasan. Unos se van, otros llegan, pero al final del día, lo importante es que todos se sientan cómodos, como en casa. -Lo del tour, claro, a ver.- Gire la casa con cuidado, dejando la entrada de frente a ella, para que pudiera verla.-Hice un jardín zen, tiene arena, un rastrillo, por si te estresas, dice que ayuda a manejar esas cosas.-A mí no es que me haga falta, soy más de tallar cosas para mantener las manos ocupadas, pero quien sabe. -Los bonsáis y las plantas, puedes cuidarlas si quieres, si ves que es muy molesto podemos quitarlo, el estanque es de agua corriente, así que no se estanca.-Así evitamos tener que limpiar nada, la verdad, lo único que no pensaba hacer era ponerle peces, no se me ocurre uno lo suficientemente pequeño, la verdad. -Ya dentro de la casa, mira si pasas por la entrada.-La invite a que entrara por las escaleras que podían verse en la parte frontal.-A la izquierda es una pequeña terraza con diván, por si quieres quedarte a leer algo, luego una salita con una mesa para tomas el té.-Señale con cuidado por la ventana, para que pudiera seguir la explicación. -Es mesa camilla, es decir, si tienes frío tiene abajo un brasero que puedes encender, y arriba está la habitación.-Creo que no me dejaba nada más realmente, aparte de lo que ella pudiera querer añadir o algo más. -¿Hay algo que te gustaría añadir? Estoy abierta a sugerencias.-Señale la casa con curiosidad, se podía añadir una ampliación por los laterales, alguna que otra planta si era necesario.- Si ahora en verano hace mucho calor, podemos añadirle piscina.-Me crucé de brazos, pensando en aquello, era una posibilidad interesante a mirar. O quizás yo quería innovar demasiado. RE: Forget my charms (Pasado-Social) - Alana Sahiba - 06-12-2025 No suelo quedarme sin palabras. De hecho, soy famosa por exactamente lo contrario: hablar de más, a destiempo, y con comentarios que en ocasiones (muy pocas, poquísimas) me ganan collejas figurativas y a la vez no tan figurativas—. Eres carpintera, pero no por ello tienes que molestarte. Este trabajo ha debido de requerir tanta paciencia y precisión… —pero mientras Kay giraba la casita, me quedé quieta. Quietísima. Cola incluida. Y eso ya es decir mucho. — Kay… —mi voz sonó más bajita de lo que quería. Carraspeé, intentando recuperar mi tono habitual, evitando que se quebrase, aunque se me escapó una risa suave cuando se cruzó de brazos y refunfuñó—. Oye, oye, que si te sientes mal por lo del barco puedo darte martillazos simbólicos en la cabeza, aunque para eso ya tienes tu gran esfuerzo con nosotros, pero lo que haces… lo que haces ya es demasiado bonito para ser penitencia. — Pero no deberías sentirte mal, ¿sabes? —dije más tranquila—. No por eso, ni por nada. Y desde luego no estás sola en este barco con tu locura. Pero esto… joder, Kay, esto demuestra tu compromiso a más que mil tablas rotas y después arregladas —alargué la mano y toqué la barandilla del puente que coronaba el estanque, mientras iba paseando por cada uno de los lugares que iba describiendo con calma. Cuando me guiñó el ojo, no sé si fue su intención o no, pero me mordí el labio para no sonreír como idiota. Era tan fácil conectar con ella sin que uno se diese cuenta… que daba hasta respeto. La seguí mientras me mostraba la casa, paso por paso, habitación por habitación, como si fuera una anfitriona a la que le daba respeto entrar en su propio santuario; yo iba detrás de sus palabras como una cría de cinco años siguiendo un cometa, con las manos entrelazadas y el corazón en la garganta. — ¿Un… jardín zen? —pregunté al ver el rastrillito diminuto—. ¿Sabes la de horas que voy a pasar aquí dándole a la arena hasta que se me funda el cerebro? Kay, esto es… esto es de otra liga —pues cuando no sabía encontrar la respuesta a una pregunta de medicina, a veces tendía a boicotearme a mí misma. Consecuencias de que el pasado aún duela. Pero poder salir de esos pensamientos era casi una bendición. Me subí por las escaleras marcadas en la madera, tocando cada superficie como si estuviera viva. El bonsái, la terracita, el diván… el brasero. Me dio un vuelco el pecho. — ¿Cómo… cómo has pensado en tanto para mí? —susurré, más para mí que para ella. La casita estaba hecha con una atención que sólo se tiene por alguien que te paga o… te importa. Mucho más de lo que una Tontatta como yo está acostumbrada. No sabría si llamarlo detalle, cariño o demencia creativa, pero lo que fuese me golpeó con fuerza. — Una piscina —me eché a reír, incapaz de evitarlo—. ¿Quieres que me convierta en un anfibio? Porque eso es tentador. Me giré hacia ella, buscando su mirada a través de los muebles y paredes—. Kay… no sé qué te ha pasado últimamente —no pregunté, no hacía falta—, pero si esta casita es parte de tu manera de demostrarlo… gracias. De verdad. Porque lo has conseguido. Conmigo, al menos. Di unos pasos hacia ella (tres pasos para mí, medio para ella), buscando abandonar el umbral de la casa, llegando al jardín zen otra vez. Mi cola se movía en ese vaivén suave que me sale sin querer cuando estoy emocionada—. No quiero añadir nada —negé con la cabeza, despacio—. Está perfecta. Es la primera vez que siento que un lugar es mío, de verdad. No prestado, no temporal. Mío. Luego levanté la mirada, un poco más pícara, para romper el momento antes de que fuera demasiado tierno—. Ahora bien: si esta casita es tu forma de demostrar lo “loca” que estás, cariño… vamos a necesitar un barco entero barco solo para poder seguirte el ritmo —la cola se me movió como un latigazo alegre acompasada por una liviana carcajada—. Te diría de estrenarla juntas pero por desgracia no entras ni agachándote mucho. Pero oye, si quieres intentarlo… dicen que la flexibilidad es importante para las carpinteras —¿quién lo dice? Yo, de repente. RE: Forget my charms (Pasado-Social) - Kayseira Ashter - 11-12-2025 Dejé escapar una risa divertida al escucharla, más animada, sin duda la idea de que me de un golpe puede parecer tierna, casi como alguna clase de broma…Pero he visto cuanto peso puede llegar a levantar esta mujer y como me de un golpe, de la ostia que me como no me levanto por otra. La verdad. Puede que si, que si me convierto en hielo bla bla pero no, no haría eso con un miembro de mi tripulación, de mi familia. No podría perdonarme si saliera herida por culpa de mi hielo. -Con que le saques partido me conformo, la verdad, a mi esas cosas me estresan más de lo que me relajan, pero porque yo soy muy inquieta.- Me gusta hacer cosas con la arena los primeros cinco minutos, luego empiezo a perder la atención y a frustrarme. Por eso tal vez prefiero hacer cosas más complejas, retos, algo que no sea totalmente monótono -Yo siempre pienso en la gente de mi tripulación, Alana…A veces demasiado.-Lo dije más como una queja hacia mi misma, que como algo malo. No por nada en concreto, si no que se que a veces peco de preocuparme demasiado de los demás y puedo llegar a agobiarles o ser demasiado protectora. -¿Hum? Han pasado muchas cosas, la persona que murió de la tripulación era importante para mi, pero a la vez siento que he ganado demasiada gente maravillosa como para estar triste.-Le habíamos contado a Alana, aparte de que en los periódicos había salido en su momento la recompensa de Cao, lo que había pasado con él. No le había contado sobre nuestra relación, pero tal vez porque yo nunca supe exactamente que éramos…Una parte de mi se negó a darle nombre, y a veces creo que fue mejor de esa manera. Alce una ceja ante su ofrecimiento, antes de negar, con una carcajada divertida, mirándola con cariño.-Me conformo con hacerte compañía mientras tomamos algo, ¿Qué dices? Yo me traigo una cerveza y brindamos por tu nuevo hogar.- No solo la casa, nosotros, quiero que se sienta bienvenida, que sepa que la aceptamos con las manos abiertas en este lugar. -Puedo traerte otra cosa si prefieres, sea la bebida que sea no te preocupes, estará fría.-Le dije con cierta burla, diversión, incluso aunque se hubieran olvidado dejarlas en hielo o enfriarlas no tenían que preocuparse. Algo bueno tenía que tener aquella akuma…¿no? Como cuando te acercas a Lan en invierno para que te de calorcito, aunque yo no pueda sentirlo. RE: Forget my charms (Pasado-Social) - Alana Sahiba - 13-12-2025 La escuché con esa media sonrisa que me sale sola cuando Kay intenta hacerse la dura y la responsable a la vez. Era tierna. Tierna de una forma que jamás le admitiría a la cara, porque seguramente intentaría morderme para compensar, o congelarme tal vez un mechón del pelo, que la conozco, y tiene de tierna lo mismo que de mala hostia. Gélida y cálida a partes iguales; si bien tenía la intuición de que era más cálida que gélida, ¡y ya es decir! Pues si es capaz de construir una mini-casa para alguien recién llegado, ¿qué no será capaz de hacer por alguien a quien verdaderamente ama? Se me ponían los pelos de punta con solo pensarlo. — ¿Tú? ¿Inquieta? Qué va, mujer… si solo te he visto dar vueltas por todo el barco como si te persiguiera un puma hambriento, ¡y mira que no hay muchas posibilidades de que aquí te persiga un puma hambriento! —comenté, llevándome una mano al pecho en gesto dramático mientras avanzaba hacia mi pequeña casita. El aire olía a madera recién cortada, al musgo húmedo que Kay había dejado en los bordes para “que encaje con la isla”, y al leve rastro helado que siempre la seguía sin que ella fuese consciente. Me giré hacia ella, ladeando un poco la cabeza. — Pero oye… que me dediques cinco minutos de atención ya es un lujo, como entenderás valoro cada pequeño detalle —añadí, guiñándole un ojo. Cuando mencionó lo de preocuparse demasiado, dejé caer los hombros en un gesto suave—. Mira, Kay… que te preocupes mucho no es malo. Malo es que no lo hagas. Y créeme, peor es sentir que no le importas a nadie. Tú eres todo lo contrario —dije con voz más bajita, mientras abandonaba la pequeña casa para ir junto a ella a por esa bebida fría—. Eres intensa, quizás. Protectora, también. ¿Agobiante? Bueno… depende de si nos gusta que nos quieran —le di un toquecito en el brazo tras dar un pequeño salto para poder dar ese golpe, sin fuerza, sin malicia, tan solo llamar su atención—. Y en mi caso, cariño, me encanta. La mención del tripulante muerto me pilló en mitad de la vuelta a tierra (o madera), así que me quedé quieta. No me puse triste, pero sí seria. El tipo de seriedad que te sale cuando respetas el dolor ajeno—. Ya me lo imagino… Cuando alguien importante se va, no todo lo que se siente tiene que ser tristeza —murmuré, reflexiva, no era quién para hablar de una muerte personal pues aunque convivía con ella, no había sufrido aún ninguna muerte cercana—. Por fortuna o desgracia la vida es más compleja que solo tristeza o solo pérdidas. Igual que a veces una muerte es más compleja que reducirla a un simple balazo, pudiendo haber más fallos. Intenté suavizarlo al instante, porque no quería hundirla en nostalgia. Así que me acerqué al bajo de su ropa, la tomé del bajo de la tela para tirar de ella, como un elefante bebé que se agarra a la cola de su madre. Ella ofreció beber algo juntas, y el corazón me dio un pequeño vuelco, de esos tontos que no admites ni bajo tortura—. Una cerveza pinta bien… pero si la traes tú sabe mejor —dije, sonriendo con descaro—. Y si viene fría, más aún. Que yo calentar bebidas no sé, pero calentar ambientes… bueno, eso sí —le saqué la lengua de forma juguetona y me metí dentro para que me siguiera—. ¡Aunque advierto que la cerveza me sube rápido! Me reí, ligera, mientras me giraba para revisar la casa improvisada por el rabillo del ojo que Kay había hecho para mí, como si fuese lo más normal del mundo tener a una mujer de hielo trayéndome cerveza después de entregarme una casita de madera—. Si me haces más regalos así, al final voy a tener que plantearme escribirte un poema o algo. Y créeme, nadie sobrevive a eso. Podría ser devastador para tu reputación. Solté el borde de su ropa por ningún motivo en particular, cruzando los brazos. Me acerqué a la entrada de la casita, porque por lo obvio quería disfrutar de la bebida en mi nuevo jardín—. ¡Venga! Muévete. Que como tardes demasiado, igual me da por empezar a decorar esta casita sin tu supervisión, y luego no quiero escuchar que si “Alana, eso no pega”, que si “Alana, la mesa no va ahí”, que si “Alana, deja de colgar cosas brillantes del techo”. La señalé con el dedo índice, arqueando una ceja con diversión. — ¿O es que tienes miedo de dejarme sola y que convierta este sitio en un cabaret tropical? Porque aviso: tengo cintas, tengo flores, y tengo talento para el drama —me giré con un giro gracioso, levantando la mano en un gesto teatral mientras caminaba por el interior—. Así que tú decides, ¿me traes esa cerveza antes de que la liemos o quieres arriesgarte a ver qué hace una princesa desocupada con una casa recién estrenada? La provocación quedó servida, apetitosa, lista para que Kay la mordiera o por lo menos se riera de ella. RE: Forget my charms (Pasado-Social) - Kayseira Ashter - 19-12-2025 ¿Sabéis? Es curioso, porque yo puedo ser todo lo protectora y tranquila que queráis, pero ya he contado más de una vez que me gusta escuchar a la gente hablar, expresarse, más cuando hablan de algo que les gusta, claro. En este caso, Alana me tiene atenta, como si esperara una charla o más bien estuviera recibiendo una reseña de cómo me he comportado hasta ahora de ella. Me remuevo un poco, no puedo evitarlo, me pone ligeramente nerviosa lo que piense de mi y me preocupa porque tal vez he puesto demasiado esfuerzo en querer gustarle.- Me alegra escucharlo querida, en serio, casi pierdo años de vida pensando que ibas a decir que quizás soy demasiado.- Se me escapó una risilla, divertida, suave, mientras la miraba saltar hasta mi brazo, mirándola con cariño. Sin duda es agradable sentir ese calor en el pecho, ese que te hace sentir apreciada. -Mi vida, el día que algo se caliente en mis manos, preocúpate.-Se notó el doble sentido a kilómetros, la verdad, pero me di cuenta de que a lo mejor ella no sabía sobre mi fruta. Al final era algo que nos habíamos contado antes de llegar los Cabos entre algunos.- Quiero decir, soy de hielo, literalmente hablando, me comí una de esas frutas del diablo y bueno, mi cuerpo ahora es de hielo…Soy un polo.- Esto es como explicar un chiste, incómodo, extraño y sin gracia, pero a veces necesario. -Apuntado sobre tener cuidado con la cerveza y sobre tu afición a la poesía, algún día te pediré que me recites alguno que te guste.-La verdad es que tenía curiosidad, alce ambas cejas ante la idea, podía ser bastante interesante si lo pensamos en realidad. Seguramente no me entere de una mierda porque soy bastante lenta para esas cosas, pero es lo que hay. La vida me dio manos, fuerza y un cubo de hielo por cuerpo, pero no demasiado cerebro. O si me lo dio pero no tengo ni idea de cómo sacarle provecho. -Mira mi reina, no eres princesa, eres reina.- Le incline suavemente el rostro a modo de reverencia, con una sonrisa ladeada.- Tu puedes hacer con la casa lo que quieras, no voy a juzgarte, la realidad es que siempre visto de negro porque tengo un gusto horrible para combinar colores.-Por eso la mayoría de acabados de mis trabajos son en tonos madera, simples, sencillos, nada terriblemente llamativo. Como mucho me pego a una temática, a su gama de colores y ale. -Tal vez tenga que dejarte que me hagas la vida algo más cabaret, la verdad.-Chasquee la lengua con algo de diversión, mientras agarraba las cerveza de la cocina, abría la mía y abría otra para ella. Obviamente había puesto en la cocina una pequeña vajilla para ella, así que tome una jarra para ella, dejando que se enfriara entre mis dedos, antes de ponérsela delante, ya llena del liquido dorado para que pudiera tomarlo entre sus manos. -Brindemos por la morada, palacio, cabaret…Lo que tu quieras que sea, de la Reina Alana. Al final ella desidia como era, lo que era, entonces me di cuenta de una cosa. -...Pero si quieres ponerle neones avísame, seguro se nos ocurre una forma.-Nunca se sabe lo que pueden llegar a pedirme, siempre es momento de ponerse imaginativos, la verdad. RE: Forget my charms (Pasado-Social) - Alana Sahiba - 23-12-2025 A veces me pregunto cuándo empezó exactamente. No el momento concreto, sino el punto en que dejé de verla solo como Kay, la carpintera y empecé a verla como algo más difícil de definir, como a una persona con sus blancos, negros y por supuesto sus grises. Kay me hace sentir que puedo bajar la guardia sin que pase nada malo. Y eso, para alguien como yo, no es poca cosa. He pasado media vida midiendo cada gesto, cada palabra, cada sonrisa; calculando cuánto de mí podía enseñar sin que luego doliera. Y ella, sin darse demasiada cuenta, había empezado a desmontar ese sistema pieza a pieza, con algo tan simple, y raro, como escuchar de verdad. Yo hablo mucho. Siempre lo he hecho. Al menos cuando alguien me da pie a hablar. Bromeo, provoco, me adelanto a las conversaciones antes de que puedan volverse incómodas. Es una forma de control, supongo. Si me río yo primero, nadie puede hacerlo por mí. Pero Kay…. se queda en los silencios. Y cuando habla, lo hace como si no tuviera prisa por irse a ningún sitio. Como si no temiera lo que pudiera salir de la boca ajena. La miré mientras hablaba, con esa media sonrisa que me sale sola cuando Kay intenta hacerse la dura y la responsable a la vez. Era tierna. Tierna de una forma que jamás le admitiría a la cara, porque seguramente intentaría morderme para compensar, o congelarme tal vez un mechón del pelo. La conozco lo suficiente (-mente poco) como para saber que tiene de tierna lo mismo que de mala hostia: ambas cosas en equilibrio peligroso. Y aun así, ahí estaba yo. En una casita que había construido para mí. Escuchándola. Sintiendo ese calor extraño que no viene del cuerpo. Sonreí cuando parecía confesar que le ponía nerviosa lo que yo pensara de ella. No me reí fuerte, no era momento. Fue una sonrisa pequeña, incluso nerviosa, ladeada, de esas que salen cuando algo te toca justo donde no esperabas. — Kay… —empecé, alargando un poco su nombre—. Si de verdad fueras “demasiado”, ya habría salido corriendo. No ahora, claro, estamos en un barco. Y mírame —abrí un poco los brazos, señalando la casa, el jardín, la escena entera—. Sigo aquí. Bastante cómoda, además. Me acomodé mejor, apoyando el hombro contra la madera de la casa, cruzando los brazos con gesto relajado, aunque por dentro estaba un poco menos tranquila de lo que aparentaba. — Y para que quede claro —añadí—, preocuparse no resta puntos. Al contrario. Que alguien se tome la molestia de pensar en ti, de cuidarte sin pedir nada a cambio… eso no agobia. Cuando vine con Dong hasta aquí, tuve la oportunidad de irme, de volver con mi gente, sin embargo encontré otra gente con la que convivir, otra gente con la que me sentía más… plena —sin desmerecer al Cabaret. Cuando explicó lo de la fruta, ladeé la cabeza, observándola con atención renovada, como si de pronto encajaran un par de piezas sueltas. No me había ido a una tripulación muy común, desde luego. Su explicación me recordó a la fruta que Rosse había comido. Le daba un poder bastante característico y propio de él. — ¿Un polo? —arqueé una ceja, divertida—. Vale, eso explica muchas cosas… y hace que otras sean todavía más interesantes —sonreí con descaro—. Pero tranquila, no pienso salir corriendo a pesar del peligro que conlleve que me puedas congelar. He estado en sitios peores: en el hombro de Dong. Y además… —me encogí de hombros—, siempre viene bien alguien que mantenga las bebidas frías. Aunque tal vez en climas más fríos extrañaríamos algo de calor. Me acerqué un poco más cuando me habló de la poesía, bajando la voz casi por instinto. — Cuidado con eso —advertí—. ¡Me gusta, pero no se me da bien! Pedirme que recite poesía es abrir una puerta peligrosa. Puede que te recite algo bonito… o puede que te recite algo que te haga arrepentirte de haberlo pedido. No hay término medio. Solté una pequeña risa cuando me llamó reina. No me burlé, no le quité peso. Simplemente lo acepté de buen grado, como si por una vez no me pareciera exagerado. — Reina suena bien —admití—. Pero solo si la reina puede mancharse las manos, ¡no pienso dejar de utilizar el bisturí, eh! Esperé a que volviera. Tal vez debía acompañarla, aunque fuera por hacerle compañía pero la pena se me pasé en cuanto me tendió la jarra fría, la tomé con ambas manos, cerrando los ojos un segundo por puro placer, y luego alcé la bebida. — Brindo por la casa —dije—. Por el cabaret, por la Mano Vacía, por el palacio, por lo que sea que termine siendo… y por la arquitecta con peor gusto para los colores y mejor paciencia para las rarezas. En honor a Kayseira en resumidas cuentas. Di un trago largo, sin prisas, y luego la miré por encima del borde de la jarra. — Y sobre los neones… —sonreí, con ese brillo travieso que siempre anuncia problemas—. No te prometo nada. Pero si un día ves luz rosa saliendo por la ventana, finge sorpresa ante los demás. Será nuestro secreto, ¿sí? Me giré un poco hacia la casa, apoyándome en la puerta e imaginándome dichas luces. |