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El tesoro tropical [Pasado, Kiyoshi] - Alastor Morningstar - 26-11-2025 La desgracia de hacerse mayor era no ser consciente a tiempo de cuan importante era cuidar de la salud propia cuando se es posible. Alastor no creía que fuera a necesitar preocuparse por ello, y ciertamente no buscaba tener que estar tan atento a un tema tan "mediocre" que solo le sumaba preocupaciones, con las que ya tenía a sus espaldas aunque no lo pareciera. Mas, desgraciadamente, después de tantos años de fumar compulsivamente casi tabaco: era necesario poner remedio a los efectos adversos que estaban dando ya en su salud. Toser era una cosa, tener la voz más carraspeada a causa del humo era otra: ¿pero perder capacidad pulmonar?
No podía ser un buen compañero de travesía si se la pasaba tan solo diez segundos bajo el agua antes de perder todo el aire de sus pulmones, pero estaba realmente desgastado por muchos malos hábitos. ¿Y qué remedio iba a ponerle a ello? El que pudiera, especialmente: el que pudiera costearse. Porque sí, era fácil querer poner remedios: pero uno debía pagarlos como era requerido y... no es que fuera especialmente multimillonario precisamente. Así que, por esa misma razón, había contactado con un médico del que había escuchado tras rebuscar mucho, mucho, para intentar dar con uno que no fuera a costarle precisamente la venta de sus dos riñones. Así fue como dio con aquel hombre con el que había quedado en una de las rutas del sur de Sorbet, en el cual le había dejado una persona que se había cruzado y que tenía un mínimo de buen corazón, cuando se le daba un poco de dinero, ya que de un principio Alastor se había perdido irremediablemente entre los altos árboles tropicales del camino, haciendo que posiblemente llegase más tarde de lo acordado. Justo cuando le iban a dejar por la zona indicada, se retiró la ropa hasta quedar en calzonas con estampado de corazones rojos, como si fuera su bañador, y se colocó bien la mochila a su espalda, rebuscando tras las hojas de los helechos bajos en busca de una figura. — ¿¡HO-LA!? — Su voz se alzó lo suficiente como para que fuera audible a unos metros más de distancia de sí mismo, con un tono despreocupado y casi vacilón, como si los peligros del entorno no fueran con él. RE: El tesoro tropical [Pasado, Kiyoshi] - Kiyoshi Maeda - 28-11-2025 — Señor Maeda, tengo un conocido que pide un médico urgente, pero no tiene mucho dinero. ¿Cree que pueda ayudarlo? — Cobro lo que tengo que cobrar. Para nada soy un médico cari, así que no me pidas una oferta. — Pero, señor, realmente dice que necesita ayuda. ¿No podría hacer una excepción solo una vez? — Soy un profesional. Si me ven flaquear, todos querrán que baje el valor de mis consultas. Es más, hasta tú podrías aprovecharse de eso en el futuro. — Se lo juro que no. Por favor, prometo recomendarlo más en mi círculo de amigos. Además, él también podrá expandir la voz. Haría más fructífero su viaje a la isla. — Está bien, está bien… Solo dime que no es tan tonto y es una persona higiénica. Porque de lo contrario, no haré ningún trato con él. — ¡No se preocupe por él! ¡Es de lo más decente que hay al sur de Sorbet! Bajo esa premisa es que Kiyoshi se encuentra por esta zona. Ya quisiera haber tomado un barco que lo regrese a casa, pero ese espíritu de médico lo inspiró al final a hacerse cargo de este caso. No le gusta mucho ser contratado de esta manera tan informal, pues reclama que atenta a su profesionalismo, pero lo decidido, decidido está. Ya no hay vuelta atrás. El clima es soleado, lo cual es bueno y malo para él. Bueno porque es mejor que el frío al que es débil. Y malo porque el caminar hace que sude y se canse más, activando de vez en cuando su problema respiratorio. Esto lo obliga a tomar varios descansos en medio de su caminata, pues no encontró un buen transporte que pudiera llevarlo cómodamente al lugar acordado en la charla efectuada a través de los Den Den Mushi. Estas paradas repentinas provocan que no pueda ser puntual y que Alastor se vea obligado a esperarlo. Y bueno, si quiere un médico y casi sin pagar, no puede quejarse por algo así. — Dijo algo de un problema por el tabaco. ¿No es tan simple como dejarlo y ya? Que reemplace el vicio por otra cosa. — Aunque seguramente se trate de algo más serio. Los fumadores no tienden a buscar ayuda médica, así que ese dato en particular terminó por atraerlo a esta improvisada consulta. Solo espera que el equipo que traje en el maletín sujeto por su mano derecha sea suficiente para hacer algo para él. Porque si no, no habrá más alternativa que derivarlo a algo mucho más grande y que sí o sí será más costoso. Ahí ya no tendrá más excusa. Ah, y como siempre, en la espalda lleva consigo colgado su rifle, uno que siempre prota para protegerse en caso de necesitarlo. Normalmente lo lleva dentro de un bolso, pero esta vez en particular desistió. Kiyoshi está acostumbrado a atender pacientes en el sector norte de la ciudad, y siempre le han comentado que si alguna vez al a sur, lo mejor es que vaya asegurado. Comentarios típicos de la zona adinerada en contra de la zona más humilde. No tiene por qué ser una realidad esa amenaza, pero Kiyoshi, que para este momento de la historia aún estaba aprendiendo a abandonar esa protección que siempre tuvieron consigo en su casa, toma en cuenta cualquier advertencia y ejecuta las precauciones necesarias. Si debe disparar para garantizar su seguridad, lo hará. Para él es así de simple. Ya cerca del punto de encuentro es que escucha pasos, incluso ropa. ¿Qué? Sí, ropa. Se asoma cuidadosamente, ocultándose detrás de lo que haya en el lugar. Se percata de la existencia de un tipo algo más alto que él y… ¿en calzones? ¿Es Kiyoshi o el tipo que espía acaba de prácticamente desnudarse en la calle? ¿Acaso no se da cuenta de que pueden pasar más personas, niños, lo que sea? Es un desvergonzado y, por consiguiente, lo considera una amenaza. No critiquemos demasiado a Kiyoshi por sacar conclusiones tan rápido. Siempre fue protegido por sus padres, viviendo en un encierro donde lo tenía todo. Ahora que se ha lanzado al mundo para trabajar y conocer, tiempo es lo que necesita para adaptarse a los distintos entornos y tipos de personas que se le pueden aparecer por el camino. Opta por esconder su maletín bajo unas plantas y toma su rifle previamente cargado con ambas manos. A paso lento se acerca hacia donde aparece Alastor buscando algo o a alguien. El primer ser vivo que se encuentra es a Kiyoshi apuntando directamente a… ¿su entrepierna? — Eres un degenerado y un sucio. No des un solo paso más hacia adelante o créeme que lo lamentarás. Los médicos sabemos perfectamente dónde hacer daño. — Y por los ojos que tiene —no se puede decir cara ya que tiene una mascarilla blanca que cubre su boca—, realmente está hablando en serio. — He venido aquí a buscar un paciente. Soy muy profesional con mi trabajo y no quiero que se encuentre una escena tan lamentable. — Le lanza una mirada de pies a cabeza y culmina poniendo cara de asco. — Vístete y vete inmediatamente. Te daré solo 20 segundos, ¿lo tienes claro? RE: El tesoro tropical [Pasado, Kiyoshi] - Alastor Morningstar - 17-01-2026 Alastor parpadeó una vez, luego dos.
No fue tanto por la amenaza en sí, ya que se mentiría si se dijese que había sido la primera vez que se encontraba en esa situación, sino por el detalle específico del lugar al que aquel muchacho había decidido dirigir su rifle con una convicción casi científica. Y mientras alzaba las manos hasta la altura de los propios hombros, en señal de paz, bajó la vista apenas lo justo para confirmar lo evidente y, por un instante, se preguntó si aquella escena no era algún tipo de castigo cósmico por haber fumado más de la cuenta esa misma mañana. Suspiró, largo, como si ya estuviera cansado de una conversación que técnicamente aún no había empezado. — Vaya… — Murmuró con ese tono tranquilo que solía usar prácticamente siempre, incluso cuando la situación se le iba un poco de las manos — Y yo que pensaba que mi recibimiento iba a ser un apretón de manos o, como mucho, una mirada de desconfianza. Pero esto… esto es nuevo. — Ni siquiera era porque pensara que fuese la persona con la que había entablado un encuentro, que vaya momento más oportuno para encontrarse. Aunque si lo pensaba: tampoco veía el problema de estar así en un ambiente tan cálido como en el que estaban. Alzó ambas manos con parsimonia, despacio, exagerando el gesto solo lo suficiente como para que quedara claro que no tenía intención alguna de lanzarse heroicamente contra un rifle cargado con aspiraciones de cirujano. El paraguas quedó colgando de sus dedos, balanceándose levemente, como si tampoco supiera muy bien qué papel debía jugar en aquel momento. Se giró un poco sobre sí mismo, buscando a tientas la mochila con la cadera. — Si, sí... Todo claro, dame un momento. — Ríe como el que está nervioso con la situación, sin buscar ser exagerado. — Si te sirve de consuelo — Añadió, mientras empezaba a rebuscar ropa con la misma calma con la que uno busca una moneda en el fondo de un bolsillo — No pensaba que hubiera nadie alrededor, la gente se pone muy sensible cuando ven abdominales — Sonríe con ese aire de querer raspar el hielo de esa situación y limar asperezas con la palabra, pues desde hace tiempo había renunciado a la violencia en el primer acto. Eso sí: tener un rifle apuntándote a las partes ayudaba a pensártelo dos veces. Sacó una camiseta arrugada y se la pasó por la cabeza sin demasiada prisa, como si aquellos veinte segundos fueran más bien una sugerencia amable que una cuenta atrás real. Fue entonces cuando alzó por fin la mirada hacia los ojos tras la mascarilla, evaluándolo con la misma atención con la que el otro lo estaba apuntando. — Siento haber roto la magia de nuestro primer encuentro —Dejó la frase en el aire, terminando de vestirse lo más importante: cuerpo entero excepto por sus zapatos. — Diría que acabas de encontrarlo. Aunque prometo que normalmente mi presentación profesional no incluye ir en calzones. — O sí, pero quería suavizar la impresión que había dado, por la forma de haberle recibido el contrario entre aquellas hojas. Se terminó de ajustar la ropa, dio un pequeño paso atrás, esperando no salir mal parado, y confiando que la amenaza solo era hacia el dar el paso hacia delante, para finalmente abrir los brazos con la abertura concreta de una presentación a sí mismo. — Ahora, si no te importa bajar un par de centímetros el rifle, quizá podamos hablar como personas civilizadas... Soy Alastor Morningstar. — Una parte de sí mismo no le preocupaba la idea de morir, y si tal cosa ocurría implicaba que era su momento, casi una nueva filosofía que había ido aceptando con los años. Cierto era que no se esperaba la situación frente a sí, ni que aquella fuera a ser su forma de reaccionar nada más verle. Sintió que había escalado más de lo que hubiera deseado, pues tampoco era lo suficiente idiota como para no caer en cuenta que aquello podía, o haría, la situación mucho más incómoda para el hombre ahora que tenían que trabajar juntos en la salud del payaso. Porque una cosa era clara: hacía falta más que esta situación para sentirse Alastor incómodo, o una completamente distinta. — Que conste: solo descansaba un rato y comenzaba a tener mucha calor, ¿podemos empezar de nuevo con todo esto? — Con una mano se acompaña con un gesto circular del dedo, como el rebobinar. — ¿Todo bien ya? — Porque él no bajaría las manos de un "alto". Sin duda, haber llegado a su nivel de imbécil... era parte de su delito pirata. RE: El tesoro tropical [Pasado, Kiyoshi] - Kiyoshi Maeda - 17-01-2026 Se enfada más al entender una supuesta provocación a su persona. Sin embargo, su rostro mantiene la misma expresión. Lo que sí, se escucha el sonido de la bala preparándose para salir, siendo un gesto amenazante ante tanta calma que se toma el rubio para cumplir la orden. — Me pregunto qué tan sensible se pondrá la gente si encuentra un tipo con un tiro en los testículos. ¿Quieres que hagamos ese tonto experimento? — Da unos pasos más hacia el frente, queriendo lucir más amenazante. La sangre fría que expresa es digna de estudio. Puede comportarse así por un motivo bastante simple: no planea disparar. Claro, a no ser que reciba un ataque. Dispara cuando es necesario por defensa propia, nada más. — Anda, apúrate, que mi paciente puede estar por llegar. Tendrá una mala impresión de mí y quizás eso afecte a mi reputación como médico. Eso es algo que no puedo permitir. — Como nunca, hoy Kiyoshi está bastante lento en cuanto a lo que pensar y analizar la situación se refiere. Y es que cuando encuentra personas sucias, en diferentes sentidos, su mente se vuelve más cerrada. Se niega a escuchar cualquier otra cosa que no tenga que ver con la limpieza y la decencia y, lamentablemente, Alastor está siendo la víctima de hoy. Para peor, aunque en cierto sentido el tipo obedece pues se ha puesto ropa, sus pies siguen descalzos. — ¿Es que no se da cuenta de las bacterias que puede haber? Debe ser de estos tipos callejeros que no se bañan. Debo tener cuidado. — Porque por mucho que pueda ser un médico con buenas intenciones la mayoría del tiempo, no deja de ser un tipo que se crio prácticamente en la alta sociedad, rodeado de comodidades y buenas compañías. Por tal motivo es que siente cierto desdén hacia aquellos que muestran peores modales o un estilo de vida que se escapa mucho del suyo. En términos simples, los discrimina o los mira en menos. Nada más. Obligado se siente a bajar el arma ante las pistas más directas que entrega el otro hombre. Imposible es que su rostro no exprese sorpresa, por mucho que esa mascarilla oculte varias de sus facciones. — Espera, ¿tú eres…? — No, no, aquí debe haber un error. — Ese tonto… Sabe perfectamente cómo soy y me convence de que tome como paciente a un tipo como este. Bueno, supongo que podré equilibrar la balanza cobrándole más de lo que tenía pensado. Sin embargo, ahora que ya está claro que este tipo es su contratista, por decirlo de alguna forma, la forma de comportarse de Kiyoshi cambia radicalmente. Para empezar, guarda su rifle en la espalda, manteniéndolo colgado y bien sujeto. Esto no significa que baje la guardia. — Discúlpame que te lo diga, pero una persona civilizada no anda descalza. Claro, a no ser que estés acostumbrado a tontos incivilizados. — Aun así, se le acerca mientras saca un pañuelo desde sus bolsillos para rodear aquella mano ya enguantada por defecto. Al llegar a la cercanía, extiende la mano cubierta para ofrecerle un apretón en forma de saludo. El paño tiene como objetivo no contactar directamente con su mano, pues está de más decir que no confía en la higiene que puede tener. — Dr. Kiyoshi Maeda, a su servicio. — Tras el apretón, vuelve a retroceder unos pasos. — Tu contacto intercedió por ti y me convenció de rebajar considerablemente mi tarifa. Aunque antes de darte el precio, necesitaré evaluarte para analizar qué tanto debo trabajar contigo. — Su voz ya no suena tan agresiva como antes, sino que mucho más tranquila. Está siguiendo su protocolo como médico al igual que con cualquier otro paciente. No le habla a Alastor como si hubieran empezado la relación con el pie izquierdo. — Podemos seguir caminando para el pueblo para hablar más cómodos. Renté desde la distancia una pequeña consulta. — Porque Kiyoshi siempre viene preparado; no le gusta improvisar. Mientras caminan en la dirección indicada, pudiendo ver que les tomará varios minutos llegar, no gira el cuello para ver a Alastor. Pareciera que siga molesto por lo anterior. Si debemos ser sinceros, está enfadado consigo mismo. Apuntarle con su rifle a un paciente no es algo de lo que le haga sentir orgulloso. — De acuerdo, puedes ir comentándome qué es lo que sucede. Tienes un problema con el cigarrillo, ¿no es así? — Básicamente, es el único dato que tiene, por lo que se agarra de esa información para ir recopilando más datos. — ¿Qué buscas? ¿Dejarlo? ¿Sientes algunos síntomas raros? ¿Has visto a otro médico antes? ¿Qué te dijo? Demasiadas preguntas en muy poco tiempo. Ojalá el pobre Alastor no se maree. |