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Vibra como el fuego  [Fic Presente: Entrenamiento Hasshoken] - Versión para impresión

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Vibra como el fuego  [Fic Presente: Entrenamiento Hasshoken] - Heras - 25-11-2025

Días entre 10-29 de Invierno del año 16
Primera parte: Un nuevo maestro
Vivir tanto tiempo en un lugar te hace que poco a poco te conviertas cada vez más en parte de sus costumbres y culturas. Aprendí que viajar es grandioso, es una libertad, pero los lugares tienen su magia y llevarte algo bueno de cada lugar es lo que hace aún más mágico el poder surcar los mares. Recientemente había comenzado a adoptar este nuevo estilo, el respeto, el cumplir tu palabra. No me puedo decir que ahora soy alguien honorable, no me siento digno de eso pero no por ello me siento menos. Trabajar en las cosechas de arroz, hacer las cosas con el sudor de tu frente y ganar y de tu espalda bajo el sol se sentía muy diferente. Era un poco sofocante pero no es como tener que trabajar en una habitación. 


Igual esta sociedad puede hacer cosas malas. Me juzgan, los tatuajes en mis brazos son unas marcas que aborrecen mi piel, mi aspecto. He escuchado que me llaman “Tengu” o perro caído. Concretamente no me molesta pero cuando lo hacen de frente es cuando más me molesta. A pesar de que la vida digna me gusta, ciertamente cuando las personas tienen una opinión tan baja de ti es un problema. Te sientes cómo una gota de aceite dentro del agua pues no eres capaz de mezclarse con los demás. 


No respondo a esas provocaciones, yo comprendo que mi aspecto es diferente y puede que mi altura, el tamaño de mis manos, todo puede intimidar. Sin embargo eso no cambia que intento parecerme un poco a ellos. Trabajo en los campos igual que los demás. Aunque yo llevo una cesta más grande que el resto. Recojo más que los otros humanos, aunque me pagan un poco menos. Cuando ya el sol está algo fuerte cedo la cesta y agradezco imitando la reverencia que algunas personas hacen. 


Adopte el usar ropas como el zubon, el kasa, son excelentes para los climas, cuando está con demasiada lluvia o demasiado sol, en estos veranos, son agobiantes. También he comenzado a ver el entretenimiento al visitar aquellos torneos, competiciones de artes marciales donde los diferentes dojos miden las habilidades de sus pupilos. Hay torneos oficiales, pero yo solo veo competiciones pactadas entre los mismos aprendices. 


No me involucro demasiado solo los puedo ver de lejos pues mi apariencia tampoco es muy bien recibida ni entre los estudiantes ni entre los maestros. Por mucho que no buscase el conflicto no me dejan la oportunidad de aprender o participar. Puede parecer broma pero yo no he sido mucho de pelear y ciertamente mi aspecto siempre trae problemas frente a los humanos. Sobre todo si andan un grupo de ellos. Ya luego de vivir en la isla Karate, ver que ellos tenían un código y que la violencia no siempre era la opción pensé que si se adapta a ellos me aceptarían. Tristemente los intentos siempre fueron rechazados. 


Había ido a Dojos Humanos, sin mucha suerte. Odiaba cada intento así que intenté probar suerte con los gyojin. Su Dojo cerca del mar fue fácil de encontrar porque fue cuestión de sobrevolar cerca de la playa. La academia portaba un estilo sólido. Se escuchan muchas personas entrenando adentro y en cuanto llegó a las puertas principales del Dojo me encuentro a uno de su especie. Parece llevar rastas de cabello, pero su porte y su altura dejan ver claro el mensaje. “Aquí no pasarás.”

Guardian de la puerta


—Qué buscas aquí.— No hay modales, ni presentaciones. Solo semblantes y murallas. Me doy cuenta de que las cosas nunca van a suceder cómo yo quisiera que ocurran. Me muevo a un lado y luego al otro y su vista me sigue con la misma velocidad que me muevo. Si voy lento o rápido, no me escapo de él. Tras las pruebas sin demasiado exito le digo. 


—Yo quisiera que me pudier...—
—No, eso no pasara.—


Se complica el asunto. Yo veo la puerta cerrada tras él y es seguro que allí dentro hay acción marcial. Los gritos, que siempre van sincronizados. Si, yo quisiera unirme a un espacio como ese para tener la correcta oportunidad de entrenar y aprender buenas artes de pelea. 


—¿Debo hacer algo para poder entrar?—
—No.—


Tragué seco, parece un ser incorruptible, no suelo meterme en problemas y realmente quiero avanzar. No quiero pecar de necio pero él no me está ayudando mucho que se diga. Traté de pasar por su lado pero extendió su brazo de color azul y fue una clara señal de que no me iba a dejar pasar. 


—No pasarás por mucho que lo intentes, así que te recomiendo que no lo intentes. Simplemente no tienes permitido acceder. Este Dojo no es para personas como tu, no mereces la presencia del gran maestro Bachalao.— Que sorpresa, estas personas pescado, que ya de por sí huelen feo, son feos, buscan pleito en los pueblos y en las plantas de arroz me rechazan también. 


—Amigo pero por lo menos dame la oportunidad de intentarlo.— 


—Seras un desperdicio de tiempo, alguien cómo tu no puede estar haciendo que el maestro pierda su tiempo. No podrás desarrollar las habilidades para nuestro arte.—


—No es justo que me trates de esa manera. Al menos dame una oportunidad de probarme. — Inmediatamente me empujó con una fuerza suprema y me hizo caer sobre mi espalda a unos metros de él. No me pude ni defender, ni nada, solo pude estar rodando en el suelo y ponerme de pie nuevamente. Si él no me quiere dejar pasar por las buenas tendré que usar las maneras difíciles. 


Su guardia era sólida, las piernas abiertas y rodillas flexionadas, junto con los brazos perfectamente listos para luchar en ataque o defensa. Lo ví y tras sacudirme la tierra busqué armar mi guarda dando unos brincos y manteniendo mis brazos cerca de mi torso. Corrí con la guardia preparada, confié en mi agilidad y cargué y de inmediato esperé darle un buen golpe, pero para mi sorpresa en menos de un parpadeo ya estaba comiendo tierra en medio de una nube de polvo.

Inició un combate marcado por un ritmo donde yo quería pasar y él no me lo permitiría. el orgulloso estaba completamente herido, tanto la forma física si no más la forma emocional. Cargar contra él siempre terminaba en un lanzamiento y por mucho que nuestras dimensiones pudieran ser similares, era imposible que yo pudiera darle la talla en un combate a manos limpias. 



Intercambiar golpes no daría el mejor resultado, mi rostro que tiene ya un ojo apagado me deja en claro que no es la mejor de las experiencias. No quise volar, podría haberlo hecho, pero me parecía una escapatoria fácil. Además no me quería imaginar siendo atrapado y arrojado contra el suelo. Luché por ponerme de pie, las rodillas no me responden bien. Yo no me considero un tipo frágil. En absoluto, yo te diría que mi piel podría resistir la zarpa de un animal salvaje.  


El no se anda con rodeos, pero algo me dice que él no está usando toda su fuerza. Por una vez siento que mi tamaño o mi fuerza o mi agilidad no son suficientes para lidiar con algo en particular. Tampoco es que busque pelea todo el tiempo. Tragué seco, no me podía contener el enojo y cargué una última vez para darme cuenta. Ese fue mi último recuerdo, en cuanto desperté que abrí ¿Los ojos? No es un solo ojo, mi cara duele, mi cuerpo también duele. Estoy todo amarrado y no de la manera que me gusta. Me quiero mover de un lado al otro. No puedo. Me estresa un poco el estar cómo inmovilizado. 


Escucho el deslizar de la puerta corte oriental. —No esperaba que despertaras tan pronto.— La miré. Su apariencia de mi edad, o más joven, piel clara y ojos oscuros y pelo rojo fucsia. Posee un flequillo con un corte de sierra que finaliza, a ambos extremos con la caída de un mechón en cada lado que llega hasta la altura de sus clavículas. Su sonrisa me dice que ella sabe algo.  La garganta me duele ligeramente al tratar de hablar, no me sale la voz. 


Lo miré con atención. —No tienes que hablar. Ya imagino lo que sientes. Te enfrentaste a uno de los más diestros estudiantes de Batch Kalão— No tengo muy claro que me habla, creo que por eso me duele tanto la cabeza. Ella camina por la habitación sin preocuparse por mi y luego se sienta en postura de seiza me acomoda la almohada tras la cabeza. Parece que me estaba cuidando, también me puso una toalla húmeda en la frente.


—No te apresures por levantarte, te dieron una buena, te trajeron aquí porque lo pedí. Me sentí un poco mal por ti, no podía dejarte tirado — A pesar de sus palabras se escuchan auténticamente de alguien buena. Encendió unas velas y unos inciensos aromáticos. Tengo recuerdos sobre eso pero estos tienen un olor más fuerte. —Te espero mañana así que descansa.— La miré sin decir nada y vi tras ella la ventana, todo estaba oscuro. Debe haber pasado todo el día pero mi vista se fue en negro de nuevo. 


Sonidos de aves llegan a mi. Mi ojo se abre nuevamente y a mi lado veo una enfermera. Sentada esperaba por mi despertar. Hago fuerza para hablar y ahora si tengo voz. —Hola.— Hice le esfuerzo de levantarme pero ella saltó de su lugar para poner sus manos sobre mis hombros. 

enfermera

—Quedese quieto. No invente por favor que no está en condiciones.—


—Yo entiendo, solo quiero recostarme.— Ella ceso su esfuerzo por acostarme y me ayudó. No querría forzarlo a nada. Con una sonrisa amable comencé a hacer preguntas evidentes. —¿Donde estoy? ¿Quién es uste? ¿Quien era esa muje? y ¿Por qué siento un profundo agradecimiento con ella?—


—¿Sira Matcha? Ella solo es una buena persona. Ayuda a todos por igual. Debería aprovechar para sanar bien antes de irse, allá afuera no lo atenderán igual.— Sus palabras me parecían una advertencia, pero si algo aprendí es que quien sigue consejo llega a viejo. Le asentí con una sonrisa dolorida. Me dió por revisar mis dientes con la boca y me percaté que estaban todos mis dientes, eso me dió una gran tranquilidad. Perder los dientes no es algo muy atractivo que se diga. 


Me dejé descansar y que ella atendiera mis heridas. 


Con el pasar de los días me contó historias sobre una gran maestra que es capaz de derribar a todos con un solo movimiento. Que no existe defensa alguna para ello. Parece que aquella mujer había heredado las técnicas definitivas. Era curioso también me explicó que aquí era un Dojo donde entrenaban solo algunos cuantos. No demasiado conocido ni demasiado popular. 


Con el pasar de los días las vendas que cubrían sus heridas fueron desapareciendo, quedando sólo la de su torso. Su rostro ahora frente al espejo disfrutaba mucho esa apariencia varonil y no aquella cara hinchada de los golpes. Con un valor impulsado por historias y una enfermera paciente agradecí sus atenciones con una reverencia. Si, no hice nada extraño, ya que yo no tenía que tener actividades cuestionables con cada ser que respire. Ella me había tratado bien, siempre con un aura tan pura, no me hacía nacer ningún pensamiento ni intención degenerada. 


Ese día me uní a ellos y me dieron una ropa muy extraña, blanca era esa ropa de artes marciales. Se siente extraña, es pesada, pero tengo que admitir que uno se siente protegido cuando la tengo puesta. Sin mangas, pues así me veo mucho más fachero y que no me gusta mucho usar mangas, pero para no desentonar no me quité la parte arriba completa que es lo que deseaba. 

—Buenas chicos, los vi entrenando y pensé que podía unirme a ustedes. Para aprender una cosa o dos. Soy Heras.— Me presenté con toda la intención de ser bien recibido, no eran un grupo numeroso y todos eran Humanos así que de una forma clara desentoné pero por una vez no parecía que existiera un rechazo por mi aspecto.
Heras Karateka


Los primeros días de entrenamiento con mis compañeros fueron aprendizaje del ruido. los demás estudiantes parecen ser de una comunidad muy unida con ciertos principios que se pueden notar. Una manera muy amigable de ser de todos, enseñando técnicas y acondicionamiento físico. Posturas en las que se te coloca un peso encima de la cabeza para hacerlo más difícil. Ciertos ejercicios se concentran en mantener el cuerpo de costado sostenido por el costado de la cabeza. Ejercicios que no te pueden salir a la primera más nunca. 



Pero la fuerza del cuello no es lo único que me enseñaron los otros alumnos. El resto del cuerpo también es importante. Mucha preparación física para poder resistir el dolor, no a base de tortura, pero era una seria de ejercicios enfocada en aguantar. Postura de plancha con peso por encima del cuerpo. Seguido con posturas agachadas cargando cubetas llenas de agua. El cuerpo y la mente deben soportar. También me hicieron entrenar al meterme en tinas y soportar la respiración. Que tuvieron un antes y un después debido a que en un inicio parecían ser para que mi mente pudiera estar centrada aun bajo la presión del océano en tus hombros.  


No solo eso, también es que en los sucesos recientes había tenido un encontronazo con estudiantes en las cercanías del Dojo. El maestro Dan, a quien llamó así por ser quien se ha tomado el mayor tiempo de enseñarme los conocimientos básicos de como ser un buen practicante de las artes marciales. Dan, que es un hombre de un aspecto sencillo, centrado, muy serio, no parece entender las bromas y parece no cansarse nunca. 


—Maestro.—
—Sabes que no me gusta que me digas maestro ya que aun no soy digno de ese rango en Hasshoken.—
—Maestro, usted ciertamente no se agota nunca de repetirme lo mismo siempre.—
—Hasta que la gran maestro de la isla no me postule como un digno sucesor no puedo ser considerado un Maestro. No dejaré que tu arruines el trabajo que he venido haciendo por varios años ya.— 
—Pero maestro Dan, usted me ha enseñado todo lo que yo podría querer. Desde que estoy en la isla nadie se había tomado la molestia de entrenarme.—
—¿Enseñarte, entrenarte? Yo lo que hice fue preparar tu cuerpo, aun no te he enseñado nada del verdadero arte del Hasshoken. Eso solo puede hacerlo la maestra.—


Cómo va  aser que el me va  a decir este tipo de cosas, me dejó sorprendido y sin palabras. Ya que mi entrenamiento no fue de una hora o dos, desde que había dejado la enfermería me había tomado semanas poder aclimatarme a la intensidad de los entrenamientos y casi siempre eran en solitario. Nunca metí a otra persona a formar parte de las lecciones.


—Maestro Dan, pero como usted me va a decir eso. Yo pensaba que ya estaba por cumplir mi ciclo de entrenamientos. Entonces solo hice el ridiculo.— Claro ahora me preocupa que yo no hubiera hecho ningún avance luego de semanas de entrenar mi cuerpo hasta llevarlo al límite. —Pero entonces esto que estuvimos haciendo de amanecer hasta el anochecer que fue exactamente.—


Dan quien todo el tiempo me miró con una seriedad como ninguna otra comenzó a caminar por el patio de entrenamiento común con una sonrisa. —Lo que pasaste es lo que unos llaman una iniciacion, yo lo llamo acondicionamiento. Ya que si no hubieras pasado por todo esto en estas semanas no te recomendaría para dar el siguiente paso.— Ahora mismo son un negro muy confundido, de inmediato comencé a seguirlo
 ya que su paseo lo llevaba cada vez más lejos de mi y era complicado seguir la conversación. —Heras. La maestra no es la típica persona que le guste enseñar a cualquiera. Ella solo fue buena contigo cuando te salvó, cuando te trajo. Nadie esperaba que fueras a durar tanto.— 


Pasamos por las distintas zonas donde otros chicos con mucha menos fortuna que yo aun seguían haciendo entrenamientos muy extenuantes. —Pasaste por cada una de estas etapas, mucho más rápido de lo se esperaba. Incluso venciste a personas fuera del Dojo, en su nombre se escuchó que buscaste la paz.  Pero que cuando te tocó defenderte demostraste que estabas más que preparado. Esos cuentos llegaron a los oidos correctos y por eso ella me ha dicho que te llevará a la siguiente etapa.—


Nuestro caminar nos llevo a una puerta corrediza donde se escuchaban gritos y lamentos desde el otro lado de la misma. —Bienvenido al Dojo del Hasshoken.— Al abrir la puerta se pudo ver a muchas personas las cuales estaban sentados en posturas de Seiza, unos en silencio meditando, otros observando. En medio de un cuadro marcado en el suelo unos chicos luchaban. Movimientos rápidos, consecutivos en ataque y en defensa. Se escuchaban los golpes aun cuando eran bloqueados. 


Nuestros pasos al cruzar dejaron en claro que habíamos llamado la atención. Las miradas sobre nosotros no eran demasiado curiosas y no duró demasiado tiempo. Luego todos volvieron al combate. Donde la contundencia cambió drásticamente a agarres y lacamientos. Demostrando potencia, control y gracia ya que ninguno era fácilmente vencido por el contrario. 

—HAIYAA—

Un grito intenso se escuchó antes de ver una medida desesperada uno sujetaba al otro del cuello antes de impactar sus frentes. La bienvenida fue silenciosa por parte de los demás. Dan quien me invita a unirme y tomar asiento así puedo ver de primera mano una demostración. El cabezazo sonó potente y seco, como si un martillo se diera contra una roca. Miradas cruzadas durante el tiempo suficiente hasta que uno de los dos fue cediendo hasta derretirse en el suelo. 


Lejos de estar encantado estaba tragando seco. El combatir contra personas era una idea que no me encantaba. Yo no podía luchar así, medirme contra otras personas no es lo mío. Menos si los veo luchar con tanta intensidad, no podría contenerme en absoluto. De seguro terminaría dejándome llevar y cometiendo un crimen en medio de los artistas marciales más intensos de la isla.


—Hasta que por fin te unes a nosotros pequeño pajarito.—


La voz fué familiar, mi cuerpo se tensó y comencé a buscar y de inmediato comencé a buscar y verla ponerse de pie. Todos se pararon firme cuando ella se puso en el centro del cuadro de combate. Ella me ve con mucha atención y es como si el actuar así de todos fuera algo tan normal cómo respirar. 


—Pensé que te darías por vencido cuando tardaste tanto en llegar. O que habías ido a cobrar venganza contra quien te madreó. Pero veo que te recuperaste bien. — Me quedé mirando seriamente y veo que Dan hace una reverencia. El maestro Dan presentando el respeto entonces esa mujer tiene que ser. 



—Sira sensei.— Sus palabras luego de aquella señal de respeto era más que obvio que ella era una mujer sumamente importante aquí. Es la cabeza principal y que sorpresa es que ella fuera la maestra de este lugar. Esta no es la típica mujer, ella es la cabeza aquí. 


—Dan. Creo que me has traído al lugar incorrecto. Aquí es todo violencia y yo necesito es aprender a defenderme.— La maestra suelta una risa y me hace ese ademan de restar importancia mientras la carcajada es pronunciada. Los estudiantes la miran con atención y yo no estoy seguro de estar leyendo la situación de la manera correcta ya que para mi estaba más que tensa.


—Polluelito. Este arte marcial lo usamos para defendernos, no para agreder a otros. Si yo supiera que quieres usar esto para el mal ni te habría recibido. Aquí todos entrenamos y damos toda nuestra fuerza en cada golpe. Lo único es, que luego de eso es que seguimos siendo compañeros luego de entrenar.— Sus palabras fueron un poco confusas, pienso que debería irme de allí pero Dan se puso tras de mí impidiendo el camino.


—Que dices. ¿Estás listo para el siguiente paso?—  Claro que tengo cierto temor pero no soy un cobarde. Claro un catalizador importante es que Dan me dio una palmada en la espalda, pero una palmada tan fuerte que me empujó dentro del cuadro junto con la maestra de artes marciales. La maestra sonriente, tranquila, pequeña, yo la veo y no entiendo muy bien pero esto parece una especie de iniciación. 


—Entiende que lo que ocurre aquí no nos hará enemigos. Cómo todos estas aquí para aprender y yo te enseñaré, también supe lo que ocurrió con el chico pez globo. Tienes mi visto bueno.— Ella luego de sus palabras junto su palma izquierda con mano derecha en forma de puño y la enseño. —Esto es un saludo que señala que tienes fuerza en tu interior y que implica que puedes controlarla.— La puerta corrediza se vio cerrada. Lo que ocurrió allí fue un intenso entrenamiento donde Heras comprendió por qué aquella mujer que parece tan pequeña e inofensiva es la cabeza, líder de aquella academia de peso en la isla.


Una lección en la que por primera vez Heras dejó salir sin contención y los estudiantes eran sus iguales. Los golpes no tenían contención algunos, una fuerza única, incontenibles, golpes tan intensos que parecía que estaban forjando acero con un martillo. Aprender a disfrutar los combates no fue un proceso que ocurriera, fue más bien como estar encerrado con bestias, un medio de supervivencia. 


Aquella fue una clase que acabó a altas horas de la noche, cuando las puertas fueron abiertas de nuevo. Los astros nocturnos se iluminaban acompañados de las lámparas de aceite posicionadas para que el patio y los pasillos no quedarán a oscuras. Un Heras adolorido se arrastraba por el suelo saliendo de aquella habitación. De todos era quien tenía el estado más deplorable. Los demás compañeros salían adoloridos, pero caminaban algunos se ayudaban al llevar a los hombros de manera mutua.

 
Heras cómo pudo se sentó en las escaleras que eran sólo un trío de ellos que separaban el suelo de madera de la fría tierra. A mi lado se sentó quien había sido mi maestro. Dan. Tenía la cara claramente marcada, igual que yo, nos habían dado una buena bienvenida allí adentro. Lo miré sin sonreír, estaba agotado pero consciente de lo que había ocurrido.  —¿Qué te ha parecido todo? — Por primera vez en su mirada pude notar que tiene un cierto interés en saber de mí. 


—Lo odié, cada segundo que pase allí adentro y que me hicieron luchar contra otros expertos de las artes marciales.— De su boca salió la carcajada más disfrutada que podría haber oído jamás de una persona tan seria como lo es él. Me dio unas palmadas en la espalda que fueron como un golpe de seda. Reconfortantes, suaves, como un alivio luego de un duro día de trabajo.


—Entonces todo va muy bien. ¿Te veré mañana para continuar con el acondicionamiento?— No tengo tanto tiempo conociéndolo, pero que me preguntara si volveré me generó una sensación en el pecho como ninguna otra. Me hizo sentir tranquilo y a su vez me hizo sentir importante. La verdad deseaba decirle que no y que no regresaría jamas a un entrenamiento tan violento. No lo pude hacer, la verdad es que con cada encuentro pude ver que las maneras de luchar aquí son otra cosa. Los golpes siempre duelen, siempre, y es imposible no luchar aquí sin salir herido en lo absoluto. 


—¿Por qué me hiciste pasar por esto si sabes que no me gustan las peleas?— Desde la curiosidad no podría dejar pasar la oportunidad de averiguar que era lo le había hecho elegirme. Una isla donde las personas llevan este codigo como una ley, una manera de vivir que no se puede renunciar. Se vuelve la razón de existir, luchar te cambia desde la manera de respirar y de caminar. 


—Es por que me recuerdas a la maestra. Ella no es de luchar sabes, pero cuando le toca. Ya viste que no se contiene y no luchará hasta que averiguar cual es la razón y en cuanto lo hace no duda. Ella no se pregunta lo hace por el bien, solo lo hace hasta asegurarse de que ese día no morira.—  Sus palabras me dejaron pensando. Tenían algo de sentido y conservaban cierto parecido con lo que decía la maestra. No usarlas para agredir, pero si te toca defenderte usar toda la fuerza. 


—Además, si la maestra vio algo más en ti, espero valiera la pena. — Tras esas palabras volvió a reír y se puso de pie para inmediatamente seguir su camino fuera del Dojo. Ciertamente yo ya tengo la fuerza suficiente para volver a casa, pero ahora mismo tengo tantas cosas en la cabeza que se me dificulta ponerme de pie. 


A  estas horas de la noche es cuando las dudas existenciales comenzaron a recorrer mi cabeza. Una tras otra con preguntas de si merezco o no merezco de este valor que ellos están poniendo sobre mi hombros. Dan no parece el tipo de hombre que diga ese tipo de cosas a la ligera y la maestra parecía que había algo que quería enseñarme y yo francamente quería darme la oportunidad. Merezco saber si tengo ese valor que ellos ponen sobre mis hombros. En momentos como este también venía a mi cabeza la idea de que un hombre Uker y como Ryota parecían que habían querido algo de mi. 


Tener el valor suficiente para darte tu lugar es una cosa con la que no todos tienen que lidiar, esa duda no es el típico temor a fallar. Es fallar y decirte a ti mismo que siempre esperabas que no lo puedes lograr, ya había pasado antes que las personas siempre que no pusieran lo que soy parecen darme una oportunidad para crecer. Lo medité esa noche mientras me daba una clara oportunidad de ver si yo tenía eso que las demas personas podían ver en mi pero yo era incapaz. 


Reposar, recobrar energías fue necesario. Al dia siguiente en cuanto el sol se hizo visible una buena aseada para quitar del cuerpo el agotamiento del día anterior, el polvo, el sudor y sangre mientras me ponía de nuevo el kimono. Tenía un olor peculiar, a sudor, me desagrada mucho, pero no tenía mucha ropa como para darme el gusto de ponerme otra. Allí entonces decidí trabajar mi acondicionamiento. 


Estiramientos. Preparaciones del cuello hacia arriba, los ejercicios que había hecho con Dan los realicé esas primeras horas, mientras el sol aun no se daba la oportunidad de salir. Una sonrisa mientras mi cuerpo poco a poco comienza a transpirar, otra sonrisa, mientras el dolor poco a poco recorre mi cuerpo. Rutas que ya fueron marcadas el día anterior. Postura de plancha, de sentadilla, parado de manos. Donde el equilibrio y la fuerza son muy importantes. Seguido de golpes al saco, uno tras otro, con intensidad. Usaba las tacticas que había desarrollado ya previamente. No me reservo, uso los brazos, uso los pies, los codos para atacar con todo y ello una voz rompe mi estado de fluidez que estaba teniendo durante el entrenamiento. 


—¡Heras!— Llamó la maestra que ya se había alistado para entrenar. —Veo que comenzaste temprano. ¿Te vas a unir al entrenamiento desde tan temprano?— Negue con con la cabeza inmediatamente. Terminando la sesión de mi ejercicio antes, para luego ponerme de pie, recto, respeto ante ella que aprendí a tener a las malas. Tras eso una ligera reverencia para completar el ritual que llevan todos en la isla y que forma parte de los códigos no escritos. 


—Creo que aun no me he recuperado de ayer, maestra.— Me ve con atención aguda, casi como un felino, estoy seguro que la primera vez que nos vimos esos ojos no me observaban de esa manera. Parecía a la expectativa, ella no mostraba ningún moretón ni gesto de dolor, de hecho ella nos había vencido a todos en múltiples ocasiones. Mostrando estar al nivel máximo nivel de una persona en south blue. 


—Entiendo. Aprovechemos el tiempo y te enseñaré algun movimiento nuevo. Ayer lo diste todo y me di cuenta de lo que te falta es experiencia. Te cederé este movimiento el Buto kaiten. Seguro te servirá más adelante en tu vida. — Señaló uno de los muñecos de práctica que yo estaba golpeando. Le puso una armadura y junto a él puso a otro sin armadura. —El Hasshoken es un estilo que no se puede bloquear Heras, no importa cuanta protección tengas, por eso no te recuperas. Tu piel ya suficientemente en rústica, tan ruda que duro que lo cuchillos común y corrientes te corten, el los golpes del Hassho te pueden herir, por que no es un golpe simple, es un ataque que puede vibrar y para eso no hay defensas.— 


Tras esas palabras ella cargó contra el muñeco y giró como un trompo. Pero su giro fue intenso como ningún otro si no es por lo rápido del giro si no también por la potencia justo antes de golpear al muñeco y hacerlo salir volando. Este voló unos diez metros y al caer al suelo es cuando pude ver que el muñeco se había deshecho aun cuando la armadura seguía sobre él cubriendolo. 


—Ese es el secreto de Hasshoken, por eso no se puede bloquear facilmente.— Ella inmediatamente comenzó a luchar con su trenza de caballo dejando solo con una demostración impresionante de puro poder y de pura potencia. 


Impresionado y cautivado por la técnica de la maestra ahora me quedaba sin palabras. Entonces en ese momento comenzaron a llegar los demás estudiantes que venían preparados para una larga jornada de entrenamiento. A ellos ni el frío del invierno es capaz de detenerlos. Con la llegada de ellos estuvo Dan que me encontró con un desastre hecho pues el muñeco, la armadura, más lo que yo había usado. 

—Veo que te has motivado a entrenar tu mismo. Eso es un avance.— El no lo sabía pero ahora yo realmente quería alcanzar un nivel cómo ese así que lo mire convencido. —No tienes idea de cuanto. Ahora mismo ya se lo que quiero hacer.— En ese instante me até el cabello en una coleta alta y comencé a vestir el muñeco que ella había puesto con una armadura como la que ella le puso. Tenía que ser capaz de alcanzar técnica tan fina como esta. La motivación por entrenar había comenzado a fluir en mi.


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