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[Aventura T2][Presente Absoluto] La encarnación de la violencia - Sigurd Haakon - 04-11-2025 Mediodía del día 69 de Otoño del año 16
La guerra es más intensa que nunca en la ciudad de Pinion. Los líderes militares empiezan a ver resultados positivos en el avance fronterizo desde que se puso en marcha el programa de entrenamiento de tropas "Primaris". Esto no solo ha fortalecido la moral en la población masculina, sino que hay más reclutamientos que nunca. Los jóvenes se están alistando como locos con la esperanza de formar parte de la inminente victoria de la región. Todos buscan dar el golpe en la mesa y convertirse en los héroes de una nación consumida por el odio al extranjero. Sin embargo, poco se habla de las consecuencias de este maravilloso progreso. La mortalidad juvenil en el campo de batalla como en los cuarteles ha aumentado de forma tan drástica que se ha consolidado una brecha generacional alarmante. Por la calle y en trabajos mundanos hay una ausencia de gente joven de entre 18-30 años. La natalidad se ha frenado en seco y la gente de avanzada edad se acumula mientras puestos de trabajo quedan vacíos por falta de interés. Toda Pinion ha sido consumido por su propia codicia militar. Jerome Caonabo, nuestro protagonista, avanza ansioso por las calles principales de la ciudad. Tiene un objetivo claro y no piensa ceder hasta lograrlo. Es mediodía. La vuelve a sus trabajos después de comer y las calles están poco transitadas. Aún así, Jerome, es mal visto por todo el mundo. Pinion se ha convertido en un epicentro de intolerancia hacia el extranjero y un mink semidesnudo con cara de pocos amigos no pasa desapercibido. Sin embargo, nadie tiene la más mínima intención de frenarlo o plantarle cara, nadie es tan valiente. Nadie quiere vérselas con un hombre-lobo de cuatro metros de alto. La calle principal conduce a Jerome a su destino sin que este se pierda. El Gran Cuartel General de Nuevos Reclutas de Pinion. Todo el asunto del proyecto "Primaris" se lleva aquí dentro. El entrenamiento de reclutas, la mejora genética de soldados, las estrategias de combate... Todo lo que tenga que ver con producir a los mejores guerreros en masa, se encuentra en este lugar. Y nuestro protagonista, en su búsqueda incesante de convertirse en el artista marcial más poderoso de los mares, no puede desaprovechar la oportunidad de enfrentarse a los mejores militares del país.
Cuartel General de Nuevos Reclutas de Pinion
Los rumores son ciertos. Firmar parte del ejército o del programa de entrenamiento, siendo extranjero, es imposible. Eso deja una opción clara. Llamar la atención lo suficiente para que vengan a por tí o colarse directamente y partirle la cara a cualquiera que se cruce en tu camino. Ahora mismo nos encontramos frente a la única entrada del Cuartel. Es una puerta de hierro sólida, custodiada por un guardia que cumpliendo una magnífica labor, se ha quedado dormido con la llave colgando del pecho. A los lados de la puerta, se alzan dos muros de 8 metros con alambre de espino en la superficie. Imposible trepar para cualquier humano vulgar Pero Jerome no es ni humano ni mucho menos vulgar. Así que es otra opción. Al otro lado de la muralla se escuchan ruidos y gritos de jóvenes que entrenan al aire libre, así como órdenes de sus superiores. Tras de tí, observas un furgón blindado que en escasos minutos te alcanzará y se introducirá en el cuartel. Podrías colarte en el furgón. Pero sea la decisión que tomes, ha de ser rápida, porque con la entrada del furgón, tal vez la situación cambie. ¿Qué hará nuestro protagonista? ¿Se infiltrará de forma sigilosa o entrará de forma épica llamando la atención de todos?¿Encontrará un método único con el que acceder o tal vez decide pasar del tema y gastar su día en otra parte? La decisión es tuya
Datos de interés
RE: [Aventura T2][Presente Absoluto] La encarnación de la violencia - Jerome Caonabo - 05-11-2025 Para Jerome, la ciudad Pinion no era más que un parque de atracciones para niños, un sitio donde buscar con quién jugar a su manera, a golpes, a sudor, a piel contra piel. Sin embargo, algo en aquel lugar lo irritaba profundamente. No encontraba rivales, no hallaba miradas que se atrevieran a sostener la suya. Era como si toda la gente fuerte, los jóvenes con hambre de pelea, hubiesen desaparecido apenas el mink puso un pie en la ciudad. Lo notaba en el aire, en los pasos apurados, en los silencios que se formaban cuando cruzaba una esquina. Pinion se había vaciado de coraje, y para Jerome, eso era lo más cercano al aburrimiento absoluto. Mientras el mink de pelaje oscuro avanzaba por las calles de Pinion, sus pasos resonaban con un ritmo despreocupado, casi perezoso, como si cada movimiento fuera una danza sin música. Buscaba algo de diversión, o quizá alguien que recordara lo que significaba tener sangre en las venas. Y entonces, por pura casualidad si es que el destino juega con casualidades, Jerome se encontró frente al Cuartel General de Nuevos Reclutas. Había escuchado rumores desde que puso pie en la ciudad, historias sobre jóvenes prometedores entrenando para volverse guerreros, soldados, algo así. El edificio se alzaba con pretensiones de grandeza: muros impecables, banderas ondeando, puertas altas que parecían querer imponer respeto. Para Jerome, todo eso no era más que un decorado. Majestuoso, sí, pero vacío. Una caja bien pintada que probablemente guardaba dentro un puñado de aspirantes sin hambre real. El mink sonrió. En su mente, aquel cuartel no era una institución, sino una invitación. Una puerta abierta a la posibilidad de demostrar que todos esos muchachos uniformados, disciplinados y orgullosos, no eran más que tontos jugando a ser fuertes. Y mientras ajustaba el peso de su cuerpo sobre el talón, con el sol cayéndole sobre el lomo, pensó que, tal vez, ese era el tipo de día en que el aburrimiento podía volverse interesante. Del otro lado del muro se oían rugidos, gritos, golpes secos contra madera y carne; el sonido inconfundible del entrenamiento en grupo, de cuerpos intentando domarse a sí mismos. Aquello despertó algo en Jerome, una chispa breve, una curiosidad casi infantil. En la entrada, un guardia dormía con la boca entreabierta, el casco torcido sobre el rostro, completamente ajeno a la presencia del mink. Y a unas calles más abajo, un camión de aspecto militar avanzaba en línea recta, con rumbo evidente hacia el cuartel. Jerome observó la escena un instante, evaluando las posibilidades. Luego simplemente sonrió. No era hombre de darle muchas vueltas a las decisiones; el impulso era su brújula. Así que sin pensarlo demasiado, apoyó una garra en la pared y comenzó a escalar. El muro tendría unos ocho metros de alto, coronado por un anillo de alambres de espino que brillaban a la luz del sol como un conjunto de dientes metálicos. Sabía que dolería. Y eso lo hizo reír, el dolor, para él, no era un obstáculo, sino una confirmación, la prueba de que estaba vivo, de que su cuerpo seguía respondiendo, latiendo, rugiendo. Cada vez que una espina le rozaba la piel, cada vez que sentía cómo el metal se clavaba en el pelaje o le abría una fina línea de sangre, sentía una oleada de satisfacción. El mundo se reducía a eso: a la fricción entre carne y acero, al calor del esfuerzo, al zumbido que deja el dolor en el cerebro. Cuando por fin alcanzó la cima, Jerome se detuvo un segundo, el pecho agitado y los brazos tensos, y miró el interior del cuartel desde aquella altura. Bajo él, los reclutas se movían como insectos disciplinados, siguiendo órdenes, repitiendo golpes, gritando con voces sincronizadas. Jerome dejó escapar una carcajada baja, ronca, casi un gruñido. Luego, sin buscar un punto de apoyo ni medir la caída, se dejó caer al otro lado. Aterrizó con el peso de una bestia y la precisión de un cazador. Sus manos, grandes y duras como rocas vivas, se cerraron instintivamente sobre los cráneos de dos reclutas que tuvieron la mala suerte de pasar justo debajo de él. Los cuerpos de ambos chocaron contra el suelo con un estruendo seco, un golpe que levantó polvo y arrancó gritos ahogados de sorpresa y dolor. El aire se llenó del eco de ese impacto, un silencio breve, pesado, antes de que todo el entrenamiento se detuviera. Los ojos de los demás se clavaron en la figura del mink de pelaje oscuro, que se irguió despacio, con una calma inquietante. Jerome se frotó el antebrazo donde el alambre de espino le había dejado una marca rojiza. Sangraba un poco, pero no parecía importarle. Dolía, sí, pero ese ardor era lo más parecido a la alegría que había sentido en días. Respiró hondo, dejando que el olor a tierra, sudor y miedo se mezclara en su nariz. Aquello era vida. El caos recién nacido de un acto impulsivo, el momento exacto en que el mundo se tensaba ante él, sin saber si reír o huir. Jerome soltó una risotada baja, gutural, que fue creciendo hasta convertirse en su ya inconfundible carcajada. —Magagagagaga—retumbó su voz en el aire, rebotando contra los muros del cuartel —¡Buenos reflejos, cachorros! — Los dos reclutas bajo sus manos gemían, aturdidos, y él los soltó con una palmada que más parecía un aplauso satisfecho. Se estiró, moviendo el cuello hasta que las vértebras crujieron, y luego giró la cabeza hacia los soldados que lo observaban en formación, confundidos y tensos. El mink levantó una ceja, una sonrisa peligrosa cruzándole el hocico. —¿Así entrenan a los nuevos? —dijo con tono burlón, mientras pasaba la lengua por uno de sus colmillos —Si esto es el futuro de la fuerza en esta ciudad, entonces no me extraña que todos los hombres fuertes hayan desaparecido. —Y con eso, Jerome dio un paso al frente, el polvo aún girando a su alrededor como una nube de guerra recién invocada. RE: [Aventura T2][Presente Absoluto] La encarnación de la violencia - Sigurd Haakon - 07-11-2025 ¿Qué es lo que ha hecho que Jerome Caonabo acabe en este lugar? Tal vez el destino lo ha conducido hasta aquí. Quizás la violencia de la isla lo ha atraído como un imán. Puede que su propia sed de sangre sea la responsable de que se encuentre en esta situación. Lo único que es cierto es que su presencia no pasa desapercibida y eso, a nuestro protagonista, le gusta. Frente a la base militar, el mink no tiene miedo alguno, al contrario, está decidido a entrar. Busca la forma de acceder. ¿Preguntar amablemente? ¿Infiltrarse en sigilo? No, Jerome está hecho de otra pasta. Cuando ve la inmensidad del muro, lo toma como un desafío personal. Decidido, escala la pared clavando sus garras en la roca. Cuando llega arriba y observa la hilera de zarzas y cuchillas afiladas, no duda. Lo que para cualquiera es una herramienta disuasoria, para el peleador es una muestra más de entereza y resistencia. Un camino hacia el dolor. Y nada fortalece más que el dolor en la carne. Cruza. Se entrelaza sin miedo por el metal afilado que se clava y desgarra las extremidades de Jerome. La sangre brota de las heridas y los cortes, pero él siente un placer que solo los más fuertes pueden llegar a experimentar. Con una leve acrobacia final, llega al otro lado y se deja caer. No rapela ni se ayuda de sus garras para caer con suavidad, no. Se lanza contra el suelo, pero no como un loco, sino como un cazador. No es casualidad que bajo sus pies entrenan dos jóvenes reclutas que son aplastados bajo el peso del musculoso Caonabo. Te has colado, puedes ver el interior. Un terreno amplio que cuenta con carrera de obstáculos, cuadrilátero de tierra para pelear y diferentes dianas para pruebas balísticas. Decenas y decenas de soldados obedecen órdenes de un joven aunque imponente instructor, que se alza en una plataforma central de unos cinco metros de alto. Él, que es el primero en verte, carraspea. -Tchh. ¿Pero qué tenemos aquí?- y escupe hacia un lado. No le hace falta dar ningún aviso. Tu risa y tus palabras alertan a todos los presentes. Muchos se sorprenden y se asustan. Otros se encabronan con tu prepotencia y viendo como maltratas a sus compañeros. Las consecuencias de tus actos no tardan en aparecer. -¡Pelotón 17, rodead y reducid al intruso!- grita el mandamás mientras te señala, sonriente y chulesco.
Fry Kentucky Jr, Instructor de soldados
Los soldados más cercanos a tí, dejan sus funciones para enfocarse en detenerte. Un total de 20 hombres, preparados para la batalla. Unos armados con porras y machetes, otros con fusiles y arañas de fuego, alguno desarmado que va a puño limpio. Pero todos con la intención de castigarte por lo que has hecho. Estás rodeado contra la pared del muro que acabas de escalar. No hay escapatoria. Todos se detienen a cuatro metros de distancia de tu posición, dibujando un semicírculo a tu alrededor. El más adelantado de los militares, te habla directamente. -De rodillas y sin movimientos bruscos. Es tu última oportunidad.- sus palabras son imperativas, pero se nota un temblor en su voz. Miedo. Miedo que hueles y sientes en cada uno de aquellos que prometen detenerte. Pero han cometido un error. Ellos creen que tienen la situación bajo control y te vas a rendir, pero tan solo te han abierto una ventana de oportunidad para deshacerte de ellos. Ahora o nunca. Rendirse o pelear. La elección está en tus manos. ¿Decidirás someterte ante la adversidad y encontrar otra forma de escapar?¿O seguirás tus instintos violentos y barreras con cualquiera que ose pararte? Solo Jerome Caonabo es dueño de su propio destino.
Datos de interés
RE: [Aventura T2][Presente Absoluto] La encarnación de la violencia - Saint Sheperd Ju Peter - 24-11-2025 TEMA CERRADO
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