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El lunarian de la mascara de hueso [Pasado] - Versión para impresión

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El lunarian de la mascara de hueso [Pasado] - Fyodor - 30-09-2025

Siento tener que comunicaros que los sucesos que se van a relatar en este diario no van a ser alegres y, si estáis junto a algún infante, recomiendo sacarle de la habitación antes de continuar. El diario que vais a leer tiene partes extremadamente desagradables y nadie os culpara si decidís cerrar la pestaña, apagar el ordenador y distraeros con un paseo bajo la agradable luz de la luna, permaneciendo con ello ajenos a los sucesos que aquí serán narrados. Sin embargo, si os gustan las historias que muestran cuan cruel puede llegar a ser el ser humano… Os aconsejo que consigáis unos aperitivos, os centréis en la pantalla y os preparéis para leer la historia del joven Fyodor, donde presenciaremos los 6 días más importantes antes del comienzo de su aventura

Mi nombre, por si os lo preguntáis, no es necesario en esta historia, pero, tras 7 tranquilos años apartado en la soledad el bosque, me veo en la triste obligación de regresas a mi vieja maquina de escribir y volver a documentar un relato de estas características.

Capitulo 1: Bienvenido al mundo.

Año 1

Nuestra historia comienza en un lugar desconocido para muchos, con un pasado sangriento, traicionero y despiadado que queda oculto por el lujo y la ostentosidad que rezuma cada rincón de sus calles. A 10000 metros sobre el nivel del mar, en la Tierra Sagrada de Mary Geoise, donde el mundo entero queda a los pies de los tenryubitos, gobernantes del mundo que dictan las normas y acababan con cualquiera que se atreviese a desafiarles.

Allí, quitando el inmenso castillo de Pangea, pocas edificaciones destacaban por encima de las otras en el Dominio de los Dioses, la ciudad donde residen los nobles mundiales, pero el hogar de la familia Tsvetnik lograba eso gracias a sus enormes jardines florales que, gracias a la armonía artística que tenían y al excelso cuidado que recibían por parte de la familia y sus esclavos, hacían resaltar la enorme mansión de mármol blanco, de sobrecargado y pomposo estilo victoriano en la que, quitando los ya mencionados elegantes jardines, lo que más destacaba eran los 2 ángeles armados con llameantes espadas y con grandes alas en su espalda, cincelados con sumo detalle encima de la entrada principal y de un blanco tan puro que, a esas horas de la noche, reflejaban sin impedimentos la hermosa luz de la luna llena que bañaba la cima del mundo y las casas de sus habitantes.

Cualquier otro día nadie habría osado encender una luz por la noche en aquella imperial mansión. El cabeza de familia, Saint Tsvetnik Lev, era muy estricto con los horarios de sueño y cualquier luz, por mínima que fuese, estaba terminantemente prohibida después de cenar y eso era algo que todos los esclavos sabían muy bien. Aunque, al igual que hace casi 4 años, algo especial estaba pasando ese día y las luces encendidas en una de las habitaciones de la casa así lo reflejaban, con una suave luz proveniente de una elegante lámpara de techo.

-  “¡Fyodor, ve al baño y trae mas toallas limpias!” - Exigió con tono preocupado una anciana sirvienta, de largas trenzas canosas, grandes alas blancas en su espalda y que mediría cerca de 2 metros de altura, a un pequeño niño, diminuto en comparación, de no mas de 4 años y que destacaba por tener unas grandes alas negras en su espalda, el pelo blanco como la nieve y un tono de piel de tez morena que hacia destacar su cabello. Acompañando al lujo y la elegancia que estaba impuesta en aquella sala, el cuerpo del pequeño estaba cubierto con la impoluta y ajustada ropa de servicio, aunque había una prenda que desentonaba con la vestimenta del pequeño, una larga y roja bufanda repleta de remiendos con elegantes bordados de diferentes flores, de calidad extraordinaria pero vieja y gastada y cuya función era cubrir el rostro del joven lunarian. 

El joven no había levantado su cabeza desde que ingresó a esa instancia hace más de una hora, escondiendo su rostro todo el tiempo mientras estaba atento a cualquier orden que le diesen, al igual que otras 4 sirvientas que estaban pegadas a la pared, con sus pequeñas alas de skypiean casi rozando la pintura, esperando pacientes a que su superiora las necesitara.

- “¡Sí, señora!” - Con sólo esa afirmación y sin apartar la mirada del suelo, el pequeño niño salió velozmente de la única habitación iluminada de la casa, utilizando la puerta de servicio y dejando a la hija de la familia, que estaba dando a luz al futuro heredero de los Tsvetnik, junto a las 5 sirvientas.

Los angostos pasillos secretos por los que se movía el pequeño Fyodor habrían sido un inconveniente para cualquier otro, pero el lunarian pasaba la mayor parte de su tiempo metido ahí dentro, escondido por orden del cabeza de familia, y había memorizado a la perfección aquel laberinto como si fuera la palma de su mano. La oscuridad casi absoluta, por su parte, tampoco suponía ningún problema para los ojos de Fyodor, que había convertido a la oscuridad en su mejor amiga gracias a sus ojos, rojos como la sangre, con un patrón similar a unas espinas en el iris y capaces desde su nacimiento de ver en esa oscuridad. Gracias a esto pudo llegar al pomposo baño, recoger las toallas y volver a la habitación en menos de 3 minutos, haciendo gala de una eficiencia impropia de un niño normal de su edad.

Nada más cruzar Fyodor el umbral de la puerta oculta, un grito agudo e irritante taladró los oídos de todos los presentes. - “¡Llegas tarde! Quédate ahí y no molestes.” - Recriminó con tono severo la anciana al pequeño niño mientras le quitaba con fuerza una de las toallas limpias que había llevado, envolviendo hábilmente y con suma delicadeza al pequeño bebé antes de entregárselo a su madre, una hermosa y joven lunarian de unos 4 metros, de tez morena, con un cabello de un blanco tan puro que reflejaba cualquier luz y que, ahora despeinado y cayendo sobre su espalda, tapaba parte de sus grandes alas negras, de unos 25 años y que, pese al notable agotamiento físico y mental, mantenía una gentil sonrisa en su delicado y extremadamente bello rostro mientras trataba de calmar al recién nacido meciéndole en sus delgados brazos.

- “¿Dónde están mi padre y mi esposo?” - Preguntó con voz débil y con un tono de casi imperceptible de tristeza debido al recuerdo de su madre, ahora postrada en cama por una rara enfermedad y que está vez, al contrario que hace casi un lustro, le había impedido ayudar en el parto.

Mientras la anciana se giraba en dirección a la ventana para ver los elegantes jardines que eran el orgullo de la familia, haciendo un gesto con la mano para mandar fuera al resto de sirvientas y encendiendo con la otra el den den mushi de su oreja para tratar de localizar a los dos miembros restantes de la familia y que así pudiesen conocer al nuevo miembro de los Tsvetnik. Fyodor, por su parte, seguía inmóvil al lado de la puerta de servicio, siendo, como de costumbre, ignorado por el resto de personas y esperando nuevas órdenes que acatar. El bebé, por su parte, seguía taladrándole la cabeza con su agudo e incesante llanto y, pese a que lo tenía prohibido, la curiosidad terminó por ganar la batalla y hacer que levantase ligeramente la cabeza para poder ver como era el nuevo miembro de la familia. El joven lunarian, con el rostro levantado y descubierto al no taparse con la bufanda, se encontró con una bola de carne de color oscuro, con dos alas negras, tapado hasta la cabeza con la lujosa toalla que había llevado él mismo minutos antes y que, pese a los intentos de su madre, no paraba de llorar mientras intentaba abrir los ojos, consiguiéndolo poco a poco.

El silencio se hizo absoluto en el momento en el que Fyodor y el bebé, que pudo ver por primera vez el mundo que le rodeaba, cruzaron miradas. Aquél pequeño e indefenso ser, con unos pocos instantes de vida y protegido por los brazos de una madre que ignoraba lo que estaba sucediendo, estaba sintiendo un miedo primigenio capaz de helar la sangre del más valiente y que, en esos momentos, atenazaba sus pequeños pulmones y le impedían respirar, incapaz de apartar la mirada de esos siniestros ojos rojos, los mismos que acompañaban un deformado y aterrador rostro, digno de un monstruo de alma siniestra y más oscura que la noche más cerrada.

Apenas pasaron un par de segundos antes de que una gran mano impactara en el rostro de Fyodor. - “¡Idiota!” - El grito de la anciana sirvienta rompió el silencio justo antes de que el pequeño cuerpo del lunarian golpease en la pared del fondo, asustando con ello al resto del servicio y a la joven madre que pedía explicaciones con la mirada a la sirvienta que la había acompañado toda su vida, protegiendo con sus brazos y alas al pequeño recién nacido que había retomado su llanto de forma aún más escandalosa. - “No pasa nada, señorita Irina. El joven Fyodor no preparó el vino antes de subir a ayudarnos con el nacimiento del nuevo miembro de la familia y próximo heredero.” - Mintió, con un tono dulce que contrastaba enormemente con lo que había sucedido hace apenas unos segundos.

- “No hace falta que seas tan dura con el pobre Fyodor. A madre no le gusta que le tratéis así.” -Respondió con tono condescendiente mientras giraba el rostro lo suficiente como para ver a Fyodor levantarse torpemente, con la cabeza gacha y ajustando la vieja bufanda al mismo tiempo que las lagrimas caían poco a poco de sus ojos y empapaban la roja tela. -  “Puedes retirate. Has hecho un buen trabajado ayudando a la vieja Kostya a traer al pequeño Viktor al mundo.” - Concluyó, sin terminar de ver como se levantaba el pequeño e indiferente al sufrimiento y dolor de Fyodor, centrada solamente en su hijo recién nacido y demostrando con ello una falta de interés y empatía absoluta por el pequeño lunarian.

-  “Gra-gracias.” - Tartamudeo con voz temblorosa Fyodor antes de retirarse por la puerta de servicio, sabiendo que el castigo que le esperaría esa noche por parte de la anciana sirvienta que, en esos momentos, sonreía a la joven madre tras lanzar una mirada fulminante al pequeño Fyodor antes de que este desapareciese en la oscuridad de la noche.

Si alguien con algo de luz hubiese estado en ese mismo lugar, podría haber visto al pequeño Fyodor caminando sin rumbo por los angostos y oscuros pasillos de servicio, llorando de forma ahogada y con su vieja bufanda abierta, manchada de lagrimas y revelando el horrendo rostro del niño, extrañamente similar al de un vampiro de terror y, ahora, hinchado y surcado por las lagrimas del pequeño lunarian.

- “No vales para nada. Eres un inútil. Todo lo haces mal. Nadie te quiere.” - La voz de la anciana sirvienta invadió sus pensamientos. No era la primera vez que aquella voz aparecía para atormentarle y, desde luego, no sería la última vez que lo haría. - “No mereces mirar a nadie a la cara. Eres escoria que no debería haber nacido y que solo ha traído desgracias a la familia Tsvetnik. Tu abuelo debería haberte cortado la cabeza nada mas verte.” - Continuaba la voz de su cabeza mientras el pequeño se tiraba en el suelo, apoyando su espalda en la fría pared mientras cubría por completo su pequeño cuerpo con sus enormes alas negras y tapaba sus pequeñas orejas de soplillo con sus pequeñas manos, tratando inútilmente de ahogar la voz de la anciana sirvienta que venía del interior de su cabeza, atormentándole sin cesar.

Nuestro pequeño protagonista acababa de descubrir una de las más crueles verdades del mundo. El amor y la detestable capacidad de las personas de negárselo a determinadas personas por el simple hecho de ser diferentes. Pero tranquilo, ávido lector. Esto es sólo el comienzo de la historia y, por cruel que sea, en toda historia siempre hay un lugar para la ilusión… aunque tarde en llegar.


RE: El lunarian de la mascara de hueso [Pasado] - Fyodor - 06-10-2025

Puede que para nosotros el simple hecho de pasar de capitulo no nos haya llevado más que unos segundos, pero al joven Fyodor le ha llevado algo más de 2 años avanzar hasta esta nueva encrucijada de su triste historia. Si todavía queréis continuar el diario estáis en vuestro derecho. Ya os advertí al comienzo de esta historia y no volveré a hacerlo, por lo que iniciaremos con esta parte más calmada, donde el inicio de nuestro joven protagonista será aclarado.

Yo, por mi parte, volveré a hacer acto de aparición en el siguiente capítulo, así que espero volver a veros allí.


Capítulo 2: La revelación.

Año 3

En estos dos años el pequeño Fyodor, pese a la reticencia del barón, se había convertido en el esclavo personal de la señorita Irina. Aquello había supuesto una mejora sustancial en su calidad de vida. Por su parte, Kostya seguía vigilando de cerca al pequeño lunarian por orden del barón, aunque esto no lo sabía nadie más que ellos.-

 -Fyodor, ve a buscar a mi padre y a mi esposo. Vikyor ya esta cambiado y listo para irse a su primera cacería. - La alegre voz de la señorita Irina sirvió para que una feliz e inocente carcajada saliese del pequeño bebé, que estaba vestido con un trajecito dorado que hacía resaltar un pelo igual de blanco que el de su madre y el de Fyodor, al igual que las grandes alas negras que los 3 portaban a sus espaldas.

-Claro. En un momento vuelvo. - Respondió con un tono igual de alegre el joven lunarian, que seguía ocultando su rostro con aquella remendada pero elegante bufanda y con un impoluto traje de servicio, tan blanco como su pelo y con detalles en dorado que demostraban el poder adquisitivo de la familia Tsvetnik.

 -Deben de estar en el estudio. Diles que les esperamos en el vestíbulo. - Añadió antes de que el joven lunarian desapareciera por la puerta secreta.

Pese a haber dejado de servir como ayudante de la anciana sirvienta y pasar directamente a órdenes de la joven Irina, Fyodor seguía utilizando los pasillos secretos para moverse velozmente por la gigantesca casa. Su pequeño tamaño y su extraordinaria capacidad para haber memorizado todos los pasadizos le hacían perfecto para desempeñar velozmente las tareas que le encomendaba su joven ama.

-Señor. Tiene que hacer algo respecto a su hija y esa cosa. -No había pasado ni un minuto recorriendo aquellos angostos pasadizos cuando la voz de la vieja Kostya llegó a los oídos de Fyodor mientras llegaba al pasillo del estudio. - La joven ama al final descubrirá que le mentimos. Es sólo cuestión de tiempo.

La conversación, amplificada por los estrechos pasillos, llegó al oído de Fyodor y le permitió escuchar aquello antes de llegar al pasillo que daba a la entrada del estudio, haciendo que aminorase el ritmo hasta ir caminando mientras trataba de pensar en qué podían mentido a la joven ama.

-Lo sé. Pero la niña es demasiado caprichosa y no puedo negarme cuando me pide algo. - La grave voz del señor de la casa Tsvetnik resonó en la cabeza de Fyodor antes de que el ruido de una silla al arrastrarse y unos posteriores pasos pesados revelarán el movimiento del anciano. - Esa maldita promesa de hace 6 años es lo que condenará a esta familia. Tendría que haberle matado nada más nacer y haber tirado el cuerpo al mar.



Hace 6 años.



La luz del frío atardecer otoñal se reflejaba sobre la fachada de la casa de Saint Tsvetnik, haciendo que su blanca fachada adquiriera un tono dorado similar al reflejo de la llama de una hoguera.

El ajetreo en el interior de la casa anunciaba un acontecimiento importante en el núcleo de aquella familia y, por tanto, en la vida de todos los habitantes de aquella isla. La joven Irina se encontraba en esos momentos dando a luz a su primogénito, siendo atendida por su madre, una mujer pequeña y extremadamente delgada, vestida completamente de un negro igual de puro que el de sus grandes alas, y la, aún mas imponente en comparación, Kostya, encerradas en una pequeña pero ostentosa habitación con todo lo necesario para llevar a buen puerto el milagro que se estaba dando en la cima del mundo.

-Empuja un poco más, Iri. - Guiaba la que sería la abuela del pequeño mientras agarraba una toalla. - Lo estás haciendo muy bien, sólo queda un último esfuerzo.

Segundos después y tras soltar un último grito de dolor, la joven Irina se quedó inconsciente tras lograr dar a luz al pequeño después de un parto que había empezado la mañana del día anterior y que había tenido más complicaciones de lo normal.

-Kostya. Llama de inmediato a mi marido. - El tono serio de la señora de la casa contrastaba con la alegría que debería haber tenido tras tener a su primer nieto en brazos.

-No pasa nada, señora Ilya. La joven Irina se ha quedado agotada después de todo el esfuerzo. - La voz de la anciana sirvienta trataba de aliviar a su señora, aunque el grito ahogado que salió instantes después de su garganta dio toda la razón a su señora, que estaba envolviendo con una toalla al recién nacido antes de dejarlo a los pies de la cama de su madre.

-Trae a mi marido y sólo a mi marido. Que nadie más sepa lo que sucede, Kostya. - El pequeño tamaño de su cuerpo contrastaba con el imponente aura que emitía la señora de la casa. Su convicción le dotaba de una seguridad que hacía ver pequeña a la gigante Kostya, la cuál, antes de salir por la puerta, lanzó una última mirada de preocupación y dudas al pequeño bulto silencioso que era el recién nacido.

-Fyodor... - Un suave susurro salió de los labios de su inconsciente madre, revelando con ello el nombre que quería dar a su recién nacido. Aunque nunca recordaría ese nombre.

-No te preocupes, Fyodor. - La ahora abuela se acercó al pequeño bulto que era su nieto, separando cuidadosamente la manta para ver la cara del extrañamente silencioso bebé y que, al contrario que el resto de su familia que olía a flores, emanaba un aroma a madera quemada...a chimenea. - Aunque nunca lo sabrás siempre serás un Tsvetnik. La sangre de esta noble casa corre por tus venas y  juro por sus fundadores que no dejaré que te hagan nada. - Concluyó, segura y sin apartar la mirada del rostro de Fyodor, más similar al de un vampiro que al de un lunarian.

De vuelta al presente Fyodor acababa de llegar a la puerta que daba al estudio, abriéndola tras anunciar previamente su llegada, sin saber que aquello significaría el fin de su vida tal y como la conocía.

-Señor. La joven ama se encuen…- Antes de que pudiera terminar de transmitir su mensaje, la enorme mano de Kostya le apresó el cuello y le levantó a más de dos metros de altura con una velocidad impropia de alguien de su edad.

Fyodor no entendía que estaba sucediendo. El aire apenas le llegaba a los pulmones y, por mucho que pataleara y tratara de aflojar el agarre de la anciana Kostya, todo era inútil, dejándole únicamente la opción de buscar con la mirada a Saint Tsvetnik Riurik, para tratar de comprender que sucedía. Por su parte, el caballero sagrado, un hombre espigado de unos 60 años pero que aparentaba muchos menos, con el pelo corto, un extraño patron capilar en el rostro y vestido con un elegante traje negro azabache, del mismo tono que sus grandes e imponentes alas, iluminadas por un potente fuego que salía de su espalda, lo único que hizo fue sentarse de nuevo en su lujosa butaca, apoyando los brazos sobre la elaborada mesa de madera oscura llena de documentos y mirando la escena mientras mil pensamientos cruzaban su cabeza.

-Kostya, déjale en el suelo. - La grave voz del caballero sagrado inundó la habitación, consiguiendo que un temblor recorriera el cuerpo de la anciana, que soltó el cuello de Fyodor al momento.

El pequeño esclavo aterrizó sobre una mullida alfombra, que amortiguó la caída de 2 metros de altura, sobre la que se quedó tosiendo mientras trataba de recuperar el aire que le había sido privado con el fuerte agarre de la anciana sirvienta, que esperaba al lado de Fyodor una orden por parte del señor de la casa y cabeza de la familia Tsvetnik.

-Cuéntame qué has escuchado. - La inquisidora mirada del tenryubito se centró en el joven esclavo que ya había terminado de toser y se había levantado tembloroso, sin saber que estaba sucediendo pero ya acostumbrado al castigo físico.

-Que habéis mentido a la joven ama y una promesa de hace 6 años.- Respondió con sinceridad, ajustándose la bufanda para que no se le viera parte del rostro y sin levantar la mirada, sabiendo que si lo hacía un nuevo correctivo le sería aplicado.

-Bueno. Eso nos facilita mucho las cosas.- Empezó Saint Tsvetnik Riurik tras soltar un suspiro de alivio, como si se estuviera quitando un gran peso de encima. - Kostya, ponte en contacto con los Saint O'Heil y diles que tenemos un nuevo esclavo para llevar a Kutsukku... Creo que era Dragov la escoria que se encargaba de esa zona, pero los O'Heil lo sabrán mejor. - El tono del barón denotaba una firmeza tal que impedía cualquier movimiento por parte de Fyodor, el cual se había quedado congelado y estaba empezando a comprender lo que sucedía y quién era en realidad. El motivo por el que era el único esclavo lunarian... el porqué la señora de la casa le trataba tan bien... la reticencia de Saint Tsvetnik Riurik a que la señorita Irina me tuviese como esclavo personal... Todas las piezas habían estado ahí puestas y, tras un pequeño empujón que había quitado la venda de mis ojos, todo empezaba a encajar.

-¿Quiere que me encargue del esclavo antes? - Preguntó la anciana mientras ponía una de sus enormes manos sobre la cabeza de Fyodor para evitar que escapara. Pese a eso, tras un simple gesto de negativa con la cabeza por parte del cabeza de familia, abandonó la estancia dejando a anciano y niño solos en aquella habitación.

-Le prometí a tu abuela que no derramaríamos tu sangre y, debido al amor eterno que le tuve y aún mantengo, seguiré sin incumplir esa promesa. - Continuó el anciano mientras se acercaba al pequeño Fyodor, quedándose parado justo delante, levantando la barbilla del joven y cruzando miradas con él por primera vez desde que Fyodor era un recién nacido, revelando que ambos tenían los mismos ojos, de un color rojo sangre y con una oscuridad latente en su interior capaz de amedrentar al más valiente. - Es curioso como el destino se quiere burlar de ti y como, pese a todo, tienes más sangre pura de los Tsvetnik que tú hermano pequeño. Habrías podido ser un digno sucesor de no ser por tu asqueroso aspecto. - Concluyó con un ligero tono de orgullo, liberando del hechizo que había provocado con su voz y que atenazaba los músculos de Fyodor, colocándose a su lado para, acto seguido, golpear con el dorso de la mano el cuello de su nieto. - Demuéstrame que eres digno de vivir aquí.

La oscuridad se hizo instantánea para Fyodor, que acabaría despertando un par de días después en la sucia bodega de un barco, encadenado junto a otra veintena de niños de entre 7 y 12 años, casi todos con la mirada perdida y con varias capas de suciedad y sangre seca por encima.