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El reflejo de un pez (Pasado/Libre] - Chen Huizen - 25-09-2025 El mar me trajo hasta aquí después de varios días de navegación. No esperaba encontrarme con un lugar como este: la Isla Karate. Desde la distancia ya podía distinguir su silueta extraña, casi perfecta en forma circular, con aquella montaña colosal en el centro que parecía tocar las nubes. No era una montaña común; de sus laderas emergían bonsáis gigantescos, con ramas tan gruesas como barcos y hojas que brillaban con un verde intenso. El viento que bajaba desde su cima traía consigo un aroma fresco, a tierra húmeda y madera viva. Mientras me acercaba, escuchaba los ecos de tambores, gritos de esfuerzo y el choque de cuerpos entrenando. Dojos construidos a distintas alturas de la montaña resonaban como colmenas llenas de vida, la disciplina impregnaba cada rincón de la isla, era palpable, casi como si el aire mismo estuviera cargado con la energía del Ki de quienes aquí dedicaban sus vidas al entrenamiento, a los pies de la montaña, arrozales interminables reflejaban el sol como espejos verdes, vi hombres y mujeres descendiendo en cuclillas, cargando cubos de agua, riendo y esforzándose al mismo tiempo, como si incluso el trabajo del campo fuera parte de un arte marcial. No vine a competir, ni a buscar un maestro, vine porque el mar me arrojó aquí y porque sentí que debía detenerme, aunque solo fuera por un momento, el viaje reciente había sido largo, y dentro de mí sentía una necesidad silenciosa, detener el ritmo, respirar, escuchar de nuevo. Me aparté de los caminos que conducían a los dojos y seguí el sonido del agua. A un lado de los arrozales encontré un río poco profundo, de aguas claras y corrientes suaves, no era grande, pero el murmullo del agua era constante, como una canción discreta que parecía llamarme y las piedras en el lecho brillaban bajo el sol, y pequeños peces nadaban entre mis pies cuando me acerqué. Me quité los zapatos negros y recogí mi túnica blanca para no empaparla demasiado. El agua estaba fría, un frío limpio, que me recorrió los tobillos como si me recordara que seguía viva, entonces caminé lentamente hacia el centro del río, dejando que la corriente se acomodara alrededor de mi cuerpo, no me resistí, simplemente me senté, doblando las piernas sobre una roca plana que apenas sobresalía de la superficie. El río me recibió en silencio, con una paz que pocas veces se encuentra en medio de la vida de un pirata, cerré los ojos, respiré. Inspirar, mantener, soltar, ese mismo ritmo que aprendí en el monasterio y que aún me guía, el sol me calentaba la piel mientras el agua me rodeaba, y en ese contraste encontré un equilibrio. Podía escuchar todo a mi alrededor con claridad, el canto de los insectos en los arrozales, las risas lejanas de los aprendices que entrenaban, el murmullo de los bonsáis gigantes al mecerse con el viento y más allá, en lo profundo, un silencio aún mayor, ese que no viene del exterior sino de dentro. Me sentí de nuevo como una niña en la isla donde crecí. El eco de los rezos de los monjes regresó a mí, suave, lejano, como si fueran olas en mi memoria, recordé las largas horas en posición de loto bajo la sombra del templo, los mantras repetidos con paciencia, el peso ligero de mis alas dobladas a mi espalda, todo eso lo llevé conmigo siempre, pero en el ruido constante del mar y de la vida pirata, a veces se pierde, hoy, aquí, lo recuperé. No necesito ganar un torneo para sentirme fuerte, no necesito demostrar nada en un estadio ni ante un rey del Kárate. La verdadera fuerza, lo sé bien, está en mantener la calma cuando todo alrededor exige prisa, en escuchar cuando otros gritan, en proteger cuando otros destruyen. Mientras meditaba, un pez se acercó hasta mi mano derecha, rozando mis dedos con su aleta, fue cuando abrí los ojos lentamente y vi cómo la corriente lo arrastraba río abajo, sonreí, la vida es así, siempre fluyendo, siempre siguiendo su curso, sin detenerse jamás. Quizás yo también soy arrastrada, lo sé, pero eso no me da miedo, tengo prisa, sí, porque mi tiempo es breve, pero cada instante en calma es un regalo. Hoy mi huella en esta isla no será la de una batalla ganada ni la de un enemigo vencido. Será simplemente esta: una mujer alada sentada en medio de un río, respirando, recordando quién es, y dejando que el agua le enseñe a seguir fluyendo. RE: El reflejo de un pez (Pasado/Libre] - Einarr - 29-09-2025 Tenia ya un par de días del haber arribado en la isla Karate un lugar que preferiblemente evitaría en la medida de lo posible, pero ese no fue el caso esta vez, solo tenia un par de meses que me había separado de mi grupo anterior de forma abrupta, al pasar prácticamente la mayoría de mi vida en su cuidado y ahora no tenia idea de que hacer de aquí en adelante. Termine en Karate de pura casualidad por así decirlo, no tenia un motivo en especifico para estar aquí ni para seguir quedándome mas allá de registrar la belleza natural que se extendía en esta gran montaña a pesar de la cantidad de gente que la residía, decidí que me quedaría por un tiempo para explorarla en su totalidad en lo que decidía cual seria mi objetivo de aquí en adelante, cosa que no veia con claridad en estos momentos. Actualmente estaba explorando un pequeño riachuelo de agua cristalina que descendía por las faldas de la montaña, esta me parecía la zona mas idílica de la isla, un lugar donde un sin fin de especies se reunían y donde podía escapar un poco del ruido provocado por el sin fin de dojos ubicados en la montaña, los cuales por supuesto no eran de mi mayor agrado. Al caminar por la orilla del riachuelo siguiendo su corriente, entre las aguas cristalinas alcanzaba a ver varios peces los cuales iba documentando en mi bitácora. Ver pasar especies tan variadas una tras otra era sin duda alguna una actividad relajante, observar como un sin fin de peces de varios tamaños recorrían las aguas traslucidas siguiendo la corriente como un desfile de colores y brillos fascinantes que me dejaban embelesado. Caminando por un rato mas sintiendo la brisa que levantaba las ráfagas de aire que golpeaban contra mi cara, llegue a una zona con un paisaje hermoso lleno de bonsáis y una formación de rocas que hacían relucir el fluir del rio como una tela de seda que se desliza entre bellas campanas generando un sonido que calificaría hasta hipnotizante. El bello paisaje me absorbió de tal manera que solo pasados varios minutos me percate de una figura que resaltaba en medio del rio, una mujer de cabello plateado y liso, con facciones delicadas que le daban un aire de realeza, con una mirada bañada en color esmeralda y absorta de igual manera en el ambiente que la rodeaba. Sin embargo, había algo que llamo mucho mas mi atención que todo lo demás, alas de un tono blanco puro mucho mas grandes que las de un Skypeano. Con cautela mantuve mi distancia de ella, observándola de lejos, era la primera ves en toda mi vida que me encontraba con alguien de mi misma raza, no sabia como actuar o que pensar con relación a eso, simplemente espere a la distancia y observe con curiosidad que es lo que hacia en aquel arroyo. RE: El reflejo de un pez (Pasado/Libre] - Chen Huizen - 03-10-2025 El río no me ocultaba del mundo, pero tampoco me revelaba del todo. Sentada en la roca, con el agua fría deslizándose alrededor de mis piernas, me dejé llevar por la respiración y el murmullo constante de la corriente. No esperaba compañía, este era un momento de silencio, de regresar a mí misma después de días en altamar. Sin embargo, el oído nunca me engaña. Un crujido leve de pasos sobre piedras húmedas, un roce contra la hierba… no necesitaba abrir los ojos para saber que alguien más estaba cerca. Cuando lo hice, lo vi de pie, a cierta distancia. No se acercaba, no intentaba interrumpir, solo me observaba con una cautela extraña, como si me hubiera descubierto y no supiera si debía creer en lo que veía. Su mirada no era hostil. Más bien era la de alguien que busca respuestas en un reflejo. No me incomodó. Estoy acostumbrada a las miradas largas, a la curiosidad que despiertan mis alas. Muchos las ven como un signo divino, otros como una rareza que no encaja en este mundo. Para mí son simplemente parte de mi cuerpo, aunque sé que me separan de los demás. Pero en sus ojos había algo distinto: no era sorpresa ni miedo, era un reconocimiento que me intrigó. Decidí hablarle, no con un grito ni con desconfianza, sino con la calma que aprendí en el monasterio. —El agua está fría, pero el corazón se acostumbra rápido —dije con voz suave, apenas lo suficiente para que el río no se llevara mis palabras. No sabía quién era ni qué buscaba, pero sí sentí que había un lazo invisible entre nosotros, tal vez era el aire de soledad que llevaba en su porte, o quizá ese brillo en su mirada que me decía que no era del todo ajeno a lo que soy. No lo invité a acercarse de inmediato, a veces es mejor dejar que la corriente decida si dos caminos deben unirse o solo cruzarse por un instante. Así que volví a cerrar los ojos, dejando que el silencio hablara por mí, aunque mi respiración estaba atenta, abierta a lo que él quisiera compartir. Porque, aunque olvido nombres y rostros con facilidad, nunca olvido la sensación que me deja un encuentro verdadero. Y aquel extraño que me observaba desde la orilla ya estaba dejando una huella en mí. RE: El reflejo de un pez (Pasado/Libre] - Einarr - 05-10-2025 Mientras me encontraba aun sumergido en mis pensamientos y dudas, observando aquella mujer misteriosa sentada en medio del arroyo. Ella capto mi presencia, un escalofrió recorrió por mi espalda, muy pocas personas eran capaces de detectarme con tanta facilidad, aunque siendo sincero no estaba tratando de ocultarme, simplemente me había quedado paralizado por la imagen de ver tan de repente a una dama de mi misma especie. Pero al contrario de lo que creía, ella no estaba consternada, permanecía serena a la mitad del riachuelo, como si mi presencia no existiera para ella, pero aun así, ella claramente había dirigido sus palabras hacia mi, aunque tenue su decir, logre percatarme de que me había hablado, con una voz tan suave que apenas y se alzaba sobre el ruido constante del agua que corría entre las piedras. No supe que decir al momento, por lo que después de pronunciar sus tenues palabras el silencio volvió a dominar el ambiente por un par de minutos, hasta que mi mente dejo de divagar entre la duda y le respondí. -Perdón por interrumpir su calma señorita- dije aun con duda entre mis palabras, mientras me acercaba un poco mas a las orillas del rio. No sabia que mas responder, supongo que estaba mas nervioso de lo que pensaba, el simple echo de ver a una mujer como ella me dejaba con una sensación rara en el cuerpo, si hubiera sido cualquier otra persona, probablemente ni siquiera me hubiera detenido a mirar, pero simplemente había algo que me empujaba a hablarle. |