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Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Versión para impresión

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Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Fyodor - 12-09-2025

Día 54
Verano año 16
10:00 am

El viaje hacia Briss había sido largo y tedioso. La falta de un marinero que pudiese domar un barco en aquellas tranquilas aguas había hecho que perdieses de vista a tu alado compañero y, por lo tanto, que llegases de forma solitaria a aquella isla con forma de gota.

En cuanto saliste de aquella suave playa descubriste que el duro paraje no podía ser más diferente del que había adornado tu vida durante los últimos 3 meses. Los grandes bonsáis y frondosos bosques habían quedado atrás y ahora lo único que podías ver era un páramo oscuro de rocas graníticas, con la única decoración de una vegetación de unos yerbajos salvajes que siendo explorador podrías identificar con facilidad.

Durante decenas de kilómetros no había apenas relieve y podías apreciar a lo lejos la forma de la ciudad del Reino de Briss, pintada de un color rojizo y lúgubre debido a las columnas de humo que filtraban la luz del sol.

Pese al lejano olor del alquitrán que invadía toda la isla, tú prodigiosa nariz logra captar una esencia que ya conocías y que no estaba lejos. Era el característico aroma de la sangre y no estaba lejos

Si decides investigar, gracias a tu karma de sentido aumentado: olfato podrás seguir el rastro que te lleva hasta uno de los cientos de pequeños montículos de rocas graníticas que hay en esa explanada.

Justo detrás de ese montículo está el cadáver reciente de una mujer de unos 30 años, vestida con gastadas ropas de trabajo manchadas de sangre y destrozadas por algún desalmado que dejaba expuesto su delgado cuerpo.

En su mano derecha lleva una carta, agarrada por una esquina con sus ultimas fuerzas como si está fuese su última esperanza y con el rigor mortis haciendo que permaneciese junto a ella sin ser llevada por el viento, pero con las suficientes manchas de sangre como para que no pudieses leerla bien.

Querida C...

Estamos encerrados ... los hermanos Onyx. Jess y ... muerto en ...

Nuestro plan para salvar a ... foso ... fallado. Huye ... la ciudad... peligrosa.

No ... hacerte ...  esta carta ... de pensar en ti. Te ...

Si algo se podía sacar en claro de aquella carta es que algo malo pasaba en aquella isla y, para mejorar las cosas, no sabías dónde se encontraba Fyodor... aunque tenías un modo para tratar de localizarle.

Off



RE: Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Krysser - 13-09-2025

Krysser avanzó lentamente tras dejar atrás la barca, sintiendo bajo sus pies el contraste de aquel terreno hostil. La arena húmeda dio paso a un suelo áspero, cubierto de rocas graníticas y yerbajos secos que se agitaban con el viento como espectros quebradizos. El tigre alzó la vista y ya no había nada. Nada de los colosales bonsáis, nada del verdor que lo había acompañado durante meses, nada de vida. Aquella tierra parecía muerta, gris, castigada por la presencia constante del alquitrán que impregnaba incluso el aire.

Entre aquel paisaje gris, las ropas que llevaba el Mink pasaban completamente desapercibidas. Una túnica larga con capucha que cubría hasta el ultimo rincón del cuerpo enorme del tigre, a modo de abrigo, era su principal defensa habitual ante la inclemencia del mar y del clima. En la oscuridad de su capucha, solo sus ojos dorados brillaban, como un aviso de muerte a quien se los cruzara.

Y en aquellos ojos se reflejaba ahora la silueta de la ciudad, a lo lejos, que se alzaba como un coloso ennegrecido. Columnas de humo ascendían hacia el cielo y filtraban la luz del sol, tiñendo todo de un tono rojizo y siniestro que hacía que incluso el día pareciera el preludio de una noche eterna. La cola de Krysser se agitó con un movimiento lento, incómodo, como si su instinto le recordara que ese lugar no recibía a los forasteros con los brazos abiertos.

Entonces lo sintió. Un olor inconfundible se coló en su nariz felina, cortando de raíz cualquier divagación. Era el hedor metálico y penetrante de la sangre. Su cuerpo se tensó y sus orejas giraron en dirección al rastro invisible que sus sentidos captaban con claridad.

-Tch... -Chasqueó la lengua, comenzando a andar con paso firme, siguiendo aquella estela como un cazador tras su presa. Aquello significa una cosa habitualmente, una que le parecía perseguir fuera donde fuera.

El rastro lo condujo hasta uno de los muchos montículos de roca que poblaban la llanura. El tigre se movió en silencio, bordeando el bloque granítico hasta encontrarse de frente con la verdad. Allí yacía la mujer, joven aún, con las ropas de trabajo desgarradas y empapadas en sangre. Había luchado por aferrarse a algo en sus últimos instantes, y lo había conseguido, pues sostenía una carta manchada, atorada en sus dedos con la rigidez de la fría muerte.

Krysser se agachó junto al cadáver. No dijo nada al principio, simplemente, permaneció unos segundos con los ojos clavados en aquella figura frágil y ya sin vida. Luego tomó la carta con cuidado, arrancándola de sus dedos con un respeto casi reverencial.

Las manchas dificultaban la lectura, pero con paciencia logró descifrar algunos fragmentos.

"Querida C...

Estamos encerrados ... los hermanos Onyx. Jess y ... muerto en ...

Nuestro plan para salvar a ... foso ... fallado. Huye ... la ciudad... peligrosa.

No ... hacerte ... esta carta ... de pensar en ti. Te ..."


Las palabras incompletas eran suficientes para comprender la magnitud del peligro. El mink frunció el ceño, los colmillos asomando levemente mientras apretaba la carta en su mano.

-Problemas. -Murmuró para sí, pronunciando así el nombre de aquello que lo acompañaba a donde iba, mientras permanecía observando el horizonte donde Briss se erguía, oscura y silenciosa, como si ocultara algo en cada calle oscura.

Se incorporó, dejando el cuerpo de la mujer en paz, y llevó la garra libre a su abrigo, buscando entre los pliegues el pequeño Den Den Mushi que había conseguido junto a Fyodor antes de separarse. El caracol, aún adormilado, abrió lentamente los ojos cuando lo sacó.

Krysser lo sostuvo con firmeza, acercando sus fauces y pronunciando con voz grave y clara.

-Parece que hay problemas en la ciudad. Será mejor reunirnos en otro lado, y marcharnos pronto de esta isla. -Tras decir aquello, escuchó cómo las interferencias del humo en las ondas de radio hacían mella en el pobre caracol, quien se vio incapaz de continuar enviando o recibiendo mensajes. 

No se enfadó con el pobre animal, pues entendía que la frustración era mutua. Al contrario, aquello solo le confirmó lo que ya sabía. La estancia en Briss y el reencuentro con su compañero no iban a ser una tarea sencilla.

Por lo pronto, se dedicaría a buscar por la zona a Fyodor, con la esperanza de que ambos hubiesen desembarcado en la misma costa o, al menos, en el mismo extremo de la isla. 

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RE: Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Fyodor - 15-09-2025

A tu izquierda el extenso mar y la suave arena de la playa. A tu derecha el desértico y oscuro páramo de rocas.

No había nada ni nadie en kilómetros a la redonda y tu paseo fue monótono y cuyo único entretenimiento se daba por el romper de las olas en las costas de Briss y por la esporádica presencia de algún extraño insecto que habría sido un manjar para tu alado y extraño compañero que no parecía haber desembarcado en aquella zona.

Pero tú perseverancia logro sus frutos. A lo lejos puedes discernir el característico olor de una fogata y de varios pescados diferentes cocinandose en esas llamas. Si sigues tú olfato podrás llegar a un pequeño campamento, cercano a la playa pero protegido por una gran formación de rocas graníticas de 5 metros de alto y 7 de ancho que evitaban que pudieses ver quién había detrás de ellas.

-¡Estoy hasta la polla de ese cabronazo! - Antes de llegar al campamento pudiste oír la desagradable voz de un borracho proveniente de ese campamento. - ¡Yo capture a esa guarra y yo debería habermela follado! - Grito mientras unos vítores le acompañaban. - ¡Cuando venga ese anormal del hacha le voy a obligar a que me coma la pollaaaaa!¡Y me la suda que sean los putos hermanos Onyx! -Rugió ante la risa de sus compañeros que no se podían creer lo que estaban escuchando, aunque este jaleo se cortó de raíz cuando un silbido proveniente de la playa corto el aire.

-- ¡A las armas!¡Hay un puto intruso! -El grito de advertencia llegó desde la playa, de alguien camuflado con el ambiente y portador de un tridente, había podido ver tu enorme cuerpo antes de que te acercases lo suficiente.

Segundos después todo el campamento había recogido sus armas y habían salido desde detras de la roca, mostrando un desperdigado grupo de 10 hombres con ropajes oscuros y desgastados, armados con diferentes armas y con actitud amenazadora.

-Quiza ese quiera comerme también la polla. - Por fin habías puesto cara al borracho, un tipejo de 2 metros de altura, con pelo y ropas grasientas y portador de un enorme martillo de 2 manos.

-- Dejate de soplapolleces, Scott. Vamos a acabar con este cabrón antes de que venga el jefe y nos pegue una paliza a todos por no haber podido controlar este terreno. -Le respondió con tono más serio el usuario del tridente mientras el resto de sus compañeros, lejos de las risas previas, mostraban una mirada decidida y seria, dispuestos a acabar contigo pese a tu imponente presencia.

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RE: Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Krysser - 15-09-2025

Krysser clavó los ojos en el grupo que emergía tras las rocas. No había sorpresa en su rostro, sólo la fría aceptación de quien sabe que la violencia es a menudo el primer idioma que entienden muchos en este mundo. La voz del borracho y las bravatas previas se habían difuminado en la crudeza de la amenaza, y el olor a humo de la fogata se mezclaba ahora con el hierro de la sangre que aún flotaba en el aire, que ahora tenía un origen claro.

-¿Quién fue? -Preguntó, con voz grave y calmada.

Sin un atisbo de prisa, dejó que su cuerpo se cargara como un muelle. Sus músculos se tensaron bajo la túnica y la capucha se pegó un instante a su frente por el movimiento. No había prisa por acabar con ellos, ni necesitaba hacer alarde de fuerza, había tiempo para medir, para colocar cada golpe donde hiciera falta para escuchar la respuesta que quería oír.

Dio un paso adelante, su silueta se ensanchó, y el crujir de la gravilla bajo sus pies fue una advertencia muda. Los hombres alinearon sus armas, gruñendo, confiados en su número. Krysser sólo abrió ligeramente sus fauces, mostrando los colmillos, pero no en una sonrisa, sino en un gesto de furia que les llegó como un reto.

El primer asalto fue digno de encabezar un libro, algo de primero de cazador. Cuando el tridente se lanzó hacia su torso, el mink se agachó con sorprendente rapidez para su tamaño y, con la garra izquierda desvió la punta del arma con un chasquido metálico que resonó en la playa, clavando el mismo en la pierna de otro de los hombres que se abalanzaba sobre él. El impacto lo aprovechó para girar el cuerpo, usar el impulso del golpe y lanzar un barrido con su otra garra a la altura de las piernas del que portaba el bastón. El bandido perdió el equilibrio y fue al suelo con un alarido. Krysser no buscó degollar ni quebrar, buscó neutralizar, pues vivos eran más valiosos. 

Dos habían caído ya, restaban ocho.

Se lanzó rápidamente hacia el frente, y sus garras cortaron cuerda, rompieron empuñaduras, abollaron cascos, y cuando fue necesario, desgarró la carne de aquellos guardias con impactos bien colocados que mermaban brazos enteros. Para cuando el destello naranja había cruzado el campo de batalla, solo quedaban tres de ellos en pie.

Los últimos atacantes intentaron aprovechar la cada vez más escasa superioridad numérica, pero Krysser los trató como a presas dispersas aterradas y decidió acabar rápido con sus fútiles esperanzas. 

Saltó contra el costado de una roca, usándola de plataforma para impulsar una rodilla al estómago de otro de aquellos asaltantes. La fuerza del impacto lo envió rodando entre piedras, dejándolo completamente fuera de combate.

Cada movimiento del mink era economía de fuerzas, no desperdiciaba golpes, sino que los colocaba con precisión hasta que los hombres, uno a uno, comenzaron a perder el ánimo y la voluntad de seguir. Solo los dos más valientes permanecían erguidos, armados con su martillo y su tridente, el cual el tigre le había dado tiempo a recoger a propósito a aquel sujeto. Cada uno desde un costado midieron al inmenso Mink, tratando de encontrar la apertura.

Finalmente le llegó el turno al penúltimo de ellos, que se le abalanzó por la espalda, empuñando el tridente esta vez cuerpo a cuerpo. El tigre lo recibió con un giro brusco, mientras sus garras se hundían en la carne del sujeto por su propia inercia del salto, tras haber desviado con facilidad el extremo de su astada arma de nuevo.

Lo vio caer de bruces al suelo, herido y renqueante, quejándose de dolor. Ya casi había acabado. Algunos quedaron inconscientes sobre la arena; otros, sangrando en el borde de la lucidez, suplicando por clemencia que Krysser no negó, pero habiendo dejado en claro con un gruñido de acero que no tendría piedad si se levantaban de nuevo.

Cuando el borracho del martillo intentó envalentonarse para la última embestida, Krysser lo sujetó con una mano enorme por la solapa y lo alzó del suelo como si fuera un saco. Con la misma mano empujó su cara cara con fuerza contra la madera de una caja cercana, destrozándola en el acto.

-Fuiste tú. ¿Cierto?

El hombre sollozó, rindió lo que le quedaba de valentía y cayó desmayado. El martillo cayó lejos, clavado en la arena, como reflejando la poca dignidad de su portador. Los anteriores vítores ahora se transformaron en murmullos de miedo. Al final fueron diez los hombres que quedaron reducidos, varios inconscientes, los demás con moretones, cortes o roturas que no permitirían seguir peleando en mucho tiempo.

Krysser permaneció erguido, respirando con lentitud. La marea lamía la orilla como si nada hubiese pasado, indiferente. Miró a su alrededor con ojos afilados y solo encontró un campamento con tiendas volcadas, el humo que escapaba de la fogata, algunos fardos y un mar de cuerpos apenas conscientes. No buscó limpiar escenas ni rematar enemigos. No era un justiciero que buscara venganza gratuita, pero aquellos hombres no merecían su respeto, no habían usado su fuerza, por escasa que fuera, como debía usarse.

Antes de marcharse a revisar el campamento con más calma en busca de pistas, Krysser alzó la vista hacia el mar, hacia la línea donde esperaba que la figura de Fyodor aún pudiera aparecer. 

Luego, sin más dilación, se agachó junto a los hombres apenas conscientes, lo suficiente cerca como para que sintieran su respiración pesada y profunda sobre ellos. Era una clara amenaza, y sabían lo que podía hacer.

-Bien. ¿Quién va a contarme qué pasa en esta isla?

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RE: Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Fyodor - 17-09-2025

El terror atenazaba los músculos de unos bandidos que, tras haber sido derrotados de manera aplastante, sabían que no tenían ninguna posibilidad contra la bestia salvaje que había surgido de las sombras de aquella isla.

Pese a ese miedo, tu pregunta no obtuvo respuesta alguna. La cara de aquellos hombres reflejaba un miedo aún mayor al que te tenían, seguramente al jefe que habían nombrado antes.

Antes de que pudieses proceder a un interrogatorio más específico, pudiste apreciar con tu felino oído un ruido extraño, como el de un filo rozando contra el duro suelo de aquella isla, acompañado de unos pesados pasos y una multitud de pasos más ligeros que se iban acercando a vuestra posición.

Segundos después pudiste ver cómo aparecían tras una columna de humo un grupo de 10 individuos comandados por un hombre igual de grande que tú y que arrastraba un hacha aún más grande. En cuanto te vieron, los más pequeños se pusieron en guardia, desenvainando todos unas katanas y esperando la señal de su jefe para saber que hacer.

- ¿Quién coño te crees que eres para tratar a mis putas de esa manera? -Pese a tu apariencia, el tono de seguridad de aquél hombre te hacía ver qué no te tenía nada de miedo. -Me voy a hacer un abrigo con tu puta piel y a romperte el puto culo antes de matarte ¡NADIE TOCA A LAS PUTAS DE AXEL ONYX Y VIVE PARA CONTARLO! -Concluyó con un grito, mezcla de furia y alegría por el combate que se avecinaba, antes de que te diese tiempo a interrumpirle y haciendo un ligero gesto con la cabeza hacía tu dirección.

Con ese simple gesto los nuevos hombres que había traído consigo se lanzaron sin miedo hacia tu posición, con las 10 katanas listas para cortar tu atigrado cuerpo y dejarte listo para que su jefe terminase el trabajo.

- ¡EL QUE PEOR LO HAGA ME LIMPIARA LA POLLA DESPUES DE QUE LE PARTA EL CULO A ESE TIGRE! GYARIRIRIRI -Rugió mientras levantaba su gigantesca hacha con una mano, usando la otra para colocarse su descomunal paquete al mismo tiempo que su desagradable risa envolvía el ambiente junto a los gritos de sus hombres.

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RE: Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Krysser - 18-09-2025

En el instante en que la figura del hombre del hacha emergió entre el humo, algo se tensó en Krysser como un arco que se preparaba para disparar. No hubo siquiera tiempo de escuchar la vulgaridad de sus insultos ni la grotesca ostentación de su violencia, pues antes de todo eso la certeza fría que le recorrió la columna vertebral le dejó clara la situación. Era él. El culpable, aquel tipo había que manchado la tierra con sangre inocente, y la muerte de la mujer no era casualidad sino parte de su nombre y su negocio. La rabia, primitiva y clara, se encendió en lo más profundo del tigre.

¿Cuántas veces le habían llamado aquello? Demasiadas. Era casi una segunda forma de referirse a él, o tal vez, la primera. Un sobrenombre a menudo más escuchado que su propio nombre por sus oídos, una palabra a la cual había cogido asco, pero con la cual había hecho las paces recientemente. "Bestia". Así lo llamaban ellos, así lo veían. Pero, en realidad, ellos eran los auténticos monstruos. 

No hubo vacilación en los ojos de Krysser. Con un rugido contenido que no necesitó ser más alto para helar la sangre en las venas de los presentes, cargó hacia adelante con toda su velocidad. Sus grandes patas golpearon la grava con la precisión de un depredador que conoce el terreno, la capucha se desprendió de su rostro dejando ver su mirada ensangrentada en rabia, mientras su cuerpo se inclinaba en un impulso brutal. Los hombres intentaron cerrar el cerco, las katanas brillaron en una ráfaga, pero para entonces ya no eran más que sombras laterales en su visión. Los había dejado atrás. No era a ellos a quienes buscaba. 

Al llegar a distancia de choque, el mink separó sus enormes manos y las tensó como dos mazas, envueltas en aquella garras brutales que prometían desgarrar a cuantos enemigos se cruzaran en el camino del tigre. Inspiró un aire profundo y, concentrando todo el peso de su masa y la velocidad acumulada en aquel arco de movimiento, descargó la técnica que llevaba practicando desde sus primeros días como guerrero, el "Puño de la Bestia".

-Goken. -Pronunció en voz alta sin alzar demasiado la voz, pues sus cuchillas hablarían por él. Aquel no era un golpe simple, sino la unión de ambas garras en un solo golpe, un impacto sincronizado que buscaba quebrar la voluntad además de cercenar la carne.

El sonido fue seco y a la vez manchado por un chapoteo, fruto de un doble que partió el aire combinado con el apuñalamiento brutal de sus armas. Mika y Gege, sus garras de brillos dorados, cortaron la luz por un instante antes de chocar contra el cuerpo del jefe bandido con una fuerza que hizo vibrar la arena bajo sus pies, cada garra persiguiendo un objetivo distinto. El impacto no sólo le dobló el cuerpo hacia atrás, arrancó de la empuñadura el hacha por la inercia, que salió volando como una luna metálica describiendo un arco para clavarse en la arena a varios metros.

Krysser retiró las garras inmediatamente, controlando el desequilibrio propio, dejando que la lección se asentara con dolor. Sus ojos dorados se clavaron en el bastardo del hacha, que ahora yacía en el suelo, tambaleante. No dijo nada, no lo necesitó. El silencio del tiempo justo después del golpe fue una sentencia.

Los hombres, viendo a su líder derribado, probablemente vacilaron. Algunos tal vez intentaron agruparse, y otros retroceder en confusión. Krysser, respirando con pesadez pero entero, avanzó un paso y dejó claro con la sola presencia que no habría misericordia si aquel hombre volvía a levantarse. Su Goken había hablado por él, pero si la conversación continuaba, aún tenía mucho más por decir.


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RE: Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Fyodor - 19-09-2025

La sangre del cabecilla del grupo bañó tu torso, brazos y piernas en cuanto retiraste tus valiosas, afiladas y letales armas, Mika y Gege, del pecho y brazo de aquel enorme bandido, ahora tendido de rodillas en el duro y oscuro suelo mientras la roja y brillante sangre le salía a borbotones de sus recientes heridas.

Los 10 hombres que había traído consigo no sabían cómo reaccionar. Tenían las katanas desenfundadas pero el miedo se había apoderado de ellos al ver cómo aquella gigantesca y salvaje bestia había acabado con el jefe al que tanto temían de un sólo golpe.

Mientras avanzabas un paso hacía ellos pudiste ver como 5 de ellos se quedaban paralizados del miedo y con un temblor generalizado presas del pánico, como 3 habían soltado sus katanas y habían caído de rodillas preparados para suplicar por su vida esperando que aquella indomable bestia fuese clemente y, por último, como los 2 restantes habían salido corriendo hacía el centro de aquella isla en dirección a la ciudad, gritando despavoridos tras soltar sus armas.

- Ca... cought -La grave voz del cabecilla se cortó por una intensa tos en la que el suelo se llenó aún más de su sangre. - Cabronazo... Mi hermano... Te... Te matará. -Dijo, reprimiendo el intenso dolor que le impedía incorporarse, levantando el rostro y mostrándote una sonrisa ensangrentada en la que demostraba que, pese a la situación en la que se encontraba, seguía sin tenerte miedo. - ¡Estás muerto y no lo sabes!... Ggyarcoughthcought -La risa de aquel gigantesco hombre se cortó mientras le daba un nuevo ataque de tos en el que volvió a bañar con su sangre todo el suelo que estaba cerca.

El jefe de los bandidos, pese a estar todavía consciente, estaba completamente derrotado. Su hacha se encontraba a 3 metros de distancia y sus hombres, fieles debido al temor que le tenían, le habían dado la espalda y no iban a luchar contra ti.

Si querías obtener respuestas del jefe sobre lo que sucedía en aquella isla esa era tú oportunidad, pero tendrías que darte prisa pues las heridas que le habías provocado no tardarían en dejarle inconsciente si no recibía tratamiento de forma urgente.

Por otro lado, tenías para interrogar a sus 8 subordinados a escasos metros y a los otros 2 que se estaban alejando cada vez más mientras se perdían en el humo, aunque con tu velocidad, olfato y vista no te debería costar alcanzarlos.

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RE: Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Krysser - 20-09-2025

Tras aquel brutal ataque, la escena quedó suspendida en un silencio pesado, roto sólo por el crepitar distante de la fogata y los jadeos húmedos de Axel Onyx, arrodillado en su charco de sangre. La tensión era palpable, los hombres temblaban, divididos entre el miedo y la desesperación, mirando de reojo las armas caídas sobre la arena ennegrecida.

Krysser avanzó un paso más, y el crujido de la grava bajo sus zarpas bastó para que los bandidos se replegaran instintivamente. El tigre los barrió con su mirada dorada, cargada de un brillo frío y amenazador.

-Quietos. -Fiel a su forma de ser, no necesitó más palabras para expresar lo que quería decir, sólo gruñó aquello, en un tono pesado, bajo y grave, dejando que el aire vibrara con la amenaza implícita. Su cola azotó una piedra cercana con un chasquido seco, un movimiento tan veloz que seguramente ninguno de ellos pudo siquiera seguirlo con la mirada. Aquello seguramente bastó para que ninguno de los hombres que quedaban a su alcance se atreviera a dar un paso en falso, o al menos, para que entendieran el mensaje. Si trataban de huir, no llegarían demasiado lejos.

Sin apartarles la vista, giró lentamente el rostro hacia Axel, aún jadeante, cuya risa moribunda no conseguía borrar la sombra de la derrota marcada en su cuerpo desgarrado. El mink inclinó la cabeza, acercándose lo justo para que su sombra cubriera por completo al hombre arrodillado, mientras este lanzaba amenazas vacías, pero en las cuales él parecía depositar su fe y esperanza.

-¿Tu hermano? -Preguntó el mink con voz grave, consciente de la importancia de aquella revelación. Sus garras aún goteaban la sangre fresca que lo bañaba, un recordatorio del castigo que había resuelto darle a aquel hombre por todo lo que había causado en aquella isla. Pero, ¿y si no era el auténtico responsable? 

El silencio tras la pregunta fue denso, interrumpido apenas por la respiración rota del bandido. Y mientras lo observaba, Krysser lo comprendió. Axel no era más que el filo romo, un verdugo que se recreaba en la crueldad, pero no el verdadero cerebro de aquel tormento. Había otro, alguien más fuerte, alguien a quien Axel temía y al mismo tiempo respetaba. Su hermano.

-Dime quién es. -Preguntó sin mayor demora, atento a sus palabras. Parecía adorar a su hermano, así que seguramente no tendría inconveniente en presumir y vanagloriarse de su vida, obra y milagros, y Krysser se aprovecharía de toda la información que pudiera serle útil.

El verdadero dueño de la tragedia de Briss. El verdadero monstruo al que debía dar caza.

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RE: Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Fyodor - 20-09-2025

Los hombres que tenías cerca no necesitaban más motivación para rendirse por completo. Por otro lado, los 2 que habían empezado a correr estaban tan asustados que no atendían a ninguna lógica posible, teniendo el único objetivo de salir corriendo de ahí presas de un terror tal que, aunque aquello les perjudicará, no podían fijarse en nada ni nadie.

Tú pregunta, breve y concisa, atrajo la atención de un jefe que se acababa de dar cuenta de que eras un ignorante que había acabado en su isla sin saber lo que pasaba en realidad. Situación que le sacó una carcajada llena de espasmos y sangre que denotaban que, si no recibía atención médica pronto, no le quedaba mucho en este injusto mundo.

- Gyaracoughthcought. Si... Si me... Si te comes mi enorme polla me pensare si te digo algo Gyaracoughthcought -Terminó riéndose mientras volcaba de puro agotamiento y se quedaba boca arriba, con la cabeza inclinada para no ahogarse en su propia sangre y aprovechaba para mirarte directamente a tus ojos, salvajes y capaces de amedrentar a cualquiera menos insensato que aquél hombre que, por loco que pareciese, se estaba sujetando con el brazo que le quedaba sano y con las pocas fuerzas que le quedaban su enorme miembro que le llegaba hasta la rodilla.

El ambiente era tan tenso que se podía cortar sin necesidad de usar tus afiladas garras. Los subordinados de aquél loco no sabían cómo ibas a reaccionar, pero estaban tan derrotados mentalmente que, aunque podían moverse y pelear pues no estaban heridos, sus cuerpos no les respondían.

Lo único que te había quedado claro con ese breve interrogatorio es que aquél hombre moribundo no tenía miedo a la muerte ni al sufrimiento. Su locura y desprecio tanto por la vida ajena como por la suya propia iba más allá de lo que podrías llegar a comprender y no ibas a poder sacarle nada por mucho que lo intentases.

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RE: Una carta de amor y despedida. [Aventura T2-Presente absoluto] - Krysser - 21-09-2025

Krysser lo entendió al instante. Aquel sujeto llamado Axel no iba a decir nada coherente, fuera fruto del mal estado en el que lo dejó o de su convicción y lealtad. Lo que era evidente era que la locura del tipo, mezclada con la sangre y la tos, había cerrado cualquier vía de información útil. No había respeto por la vida en ese hombre, sólo ruido y vomitivo desprecio, perder tiempo intentándolo era un lujo que no se podían permitir. Con un gruñido corto, el tigre apartó la vista del jefe moribundo.

-No importa. -Aunque sí importaba, había mejores métodos de obtener información que tratar de arrancarlo de la lengua de alguien al borde de la inconsciencia. Entre ellos, los hombres que quedaban allí, o aquellos que habían tratado de escapar.

Por la línea de humo que levantaba con sus torpes pasos rápidamente distinguió al primero de los que habían huido, apenas había avanzando un par de metros cuando Krysser estiró las patas y se lanzó en su persecución. No necesitó correr como un poseso, solo un par de sus enormes y potentes zancadas. En dos saltos ya estaba sobre el hombre, lo tomó por la nuca con una mano enorme y, con la otra, le dio un golpe seco y calculado en el cuello. El atacante cayó como un saco, inconsciente antes de tocar siquiera el suelo. El impacto fue limpio, sin espectáculo innecesario, como todos los que lanzava el tigre. Krysser lo dejó allí, controlando su respiración, mientras comprobaba con un gesto que no mostrara signos de vida reales más allá de la inconsciencia momentánea.

El segundo fugitivo, al ver caer a su compañero caer frente a sus ojos, intentó acelerar la huida, pero no llegó ni a dar tres pasos. Krysser se plantó ante él sin levantar la mano. Sin esfuerzo aparente, con la sola sombra que proyectaba y la intención en su mirada, hizo que el hombre chocara contra su propio terror. El reo se detuvo, temblando, con los ojos abiertos como platos. Krysser se inclinó un poco y, con voz baja y peligrosa, le dejó claro que cualquier intento de continuar sería su última decisión. No necesitó soltar un golpe, la amenaza del mismo era igual de efectiva seguramente. Con movimientos medidos, ató las manos del hombre con una cuerda que encontró entre los enseres del campamento y lo dejó sentado, exhausto y dominado. Tomándolo sin esfuerzo, junto al hombre inconsciente del suelo, regresó con el grupo inmóvil que le esperaba aterrado por completo.

Alzando la vista hacia el campamento y luego hacia la ciudad humeante a lo lejos, Krysser dejó escapar un suspiro que sonó más a promesa que a cansancio. Había neutralizado la fuga y reducido la banda, pero la raíz del mal seguía ahí, en alguna sombra más allá. Guardó silencio por un momento, escuchando el leve aullido del viento entre las rocas, y se preparó a hurgar entre las pertenencias de los capturados en busca de algo que señalase al verdadero responsable, mientras dejaba en el aire la pregunta para agilizar el proceso.

-¿Quién va a contarme qué está pasando aquí? -Fue claro, no preguntó quién quería hacerlo, sino quién lo haría, dándolo tan por supuesto que dejaba manifiesta la amenaza velada de sus palabras para todos. No responder no era una opción, o al menos, no lo era si no querían sufrir. Krysser no era un torturador, pero era lo suficientemente amenazante para parecerlo. Además, solo quería la información que la calaña como ellos manejaría, de bajo nivel y escasa importancia, pero suficiente para lanzarse a territorio desconocido con un mínimo de información. 

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