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[Presente Absoluto][Auto T3] Acostumbrarse a lo nuevo. - Versión para impresión

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[Presente Absoluto][Auto T3] Acostumbrarse a lo nuevo. - Chloe Dendro - 02-09-2024

18:00
Día 6 de Otoño. Año 13.
Báltigo, Valle del Silencio.

Había comenzado el día como uno más desde que atracamos en el puerto de la isla rocosa, con una relajante y reconfortante ducha de agua bien fresquita que me despertaba del todo después de una plácida noche de descanso reparador, algo que va genial para mantener una piel sana, tersa y joven. Comencé a vestirme antes de abandonar el baño, poniéndome ropa cómoda para el ejercicio que aún no había decidido si haría o no, pero necesitaba mentalizarme de que tenía que hacer para no quedarme demasiado atrás en comparación con mis compañeros. Mi conjunto era muy sencillo, un top ajustado de color mostaza con los bordes blancos y la palabra “MUSCLE” en él, del mismo blanco que los bordes pero con un delineado verde lima; del mismo verde lima eran los shorts que iban a juego, con estampado de camuflaje que mezclaba otras tonalidades de verde, aunque no es como si fuera a servir de mucho un camuflaje verde en una isla casi por completo gris, si acaso me haría destacar aún más; cubriendo el top y mi cuerpo cogí una chaqueta fina, blanca y con dos franjas verdes, una en la parte más baja, a la altura de los shorts y una más, con el estampado de los pantalones, que nacía en la punta de las mangas y subía por el brazo hasta llegar al hombro, atravesado por dos franjas del mismo amarillo apagado que la palabra que lucía sobre mi pecho, y finalizando con unos zapatos deportivos blancos por todos lados menos en los laterales, que tenían el mismo estampado que simulaba camuflaje y con una gruesa plataforma acolchada. En cuanto ya estuve vestida y lista me preparé para ir a la cocina a tomar el desayuno usual, un revuelto de huevos con trozos de carne y ralladura de queso, no me terminaba de sentir integrada por lo que mis desayunos solían ser rápidos y cuando nadie más, ocasionalmente Viktor, con quien mi relación no era tan seca como con Sohem, ocupaba la cocina; y tras eso volví a lo que era mi lugar en el barco.
 
Mi camarote en el Parabellum era pequeño en comparación a lo que tenía en mi vida de antes, pero me había acostumbrado a su reducido espacio con sorprendente velocidad. Mis dedos también se acostumbraron a la madera desgastada del viejo rifle, se deslizaban con una curiosa familiaridad por la superficie de mi nueva arma. Era un arma mucho mejor, más robusta, mejor equilibrada, con un cañón más largo que prometía, a la vez, una mayor precisión y más alcance. Mientras limpiaba con cuidado el polvo y la suciedad que durante años se habían acumulado en el arma, no pude evitar pensar en lo diferente que habría sido mi entrenamiento con Viktor si hubiera tenido este rifle desde el principio. ¿Le habría hecho algo de daño con este arma? ¿Lo habría alcanzado con aquél primer tiro? No valía la pena pensar en el pasado tanto, lo hecho, hecho estaba. Volví a montar el arma pieza por pieza, sintiendo una satisfacción extraña al oír cada uno de los clics metálicos de las partes encajando a la perfección. A pesar de las circunstancias en las que lo encontré, me había encariñado con ese rifle. — Decidido. — dije mientras me levantaba de la cama, tras asegurarme de que el rifle estaba cargado y en perfecto estado, ya era hora de ver realmente de lo que era capaz. Salí del camarote y la brisa marina me recibió en cubierta, refrescante en comparación con el calor sofocante que había en el barco unas horas antes. Viktor estaba ocupado revisando las cuerdas del mástil y Sohem se encontraba en la popa del barco junto a su nueva mascota, mirando al horizonte con su perpetua expresión de concentración, o así me lo imaginaba, me resultaba muy difícil saber en qué estaba pensando, y el casco no hacía más que dificultar esa tarea, pero por suerte no era algo que me debiera incumbir. Les pasé de largo sin decir nada, mi mente ya estaba centrada en lo que tenía que hacer. Báltigo, la isla en la que nos encontrábamos, no era más que un pedazo de tierra pedregosa en medio del océano, al bajar del barco mis botas golpearon la roca áspera, haciendo un sonido seco y corto, siento la calidez del suelo a través de las suelas, el sol aún está alto, pero no tan agresivo como horas antes, lo cual es un alivio que se ve mermado por la capacidad de la roca de mantener la temperatura.
 
Caminé durante un rato, buscando un lugar adecuado para la práctica de tiro que tengo en mente, y me detengo cuando encuentro un espacio plano entre las  pequeñas pero continuas montañas de rocas, en este lugar no hay vegetación que obstruya la vista, aunque tampoco la hay en el resto de la isla, solo están el cielo despejado sobre mí y el suelo duro bajo mis pies. Me agaché y comencé a amontonar unas piedras para conseguir una forma similar a una pirámide, formando dos montículos triangulares que me servirían de objetivos improvisados. Era un trabajo rápido, torpe y rudimentario, pero efectivo. Uno de los montículos es un poco más grande, con una piedra más redonda colocada en la parte superior como si fuera la cabeza de un muñeco. Me alejé unos pasos, midiendo la distancia con la mirada, coloqué los pies firmemente en el suelo y levanté el rifle, apoyando la culata contra mi hombro, tomé una profunda bocanada de aire, exhalando lentamente mientras alineaba la mira con el primer objetivo, mi dedo se posó suavemente sobre el gatillo, sintiendo el frío metal bajo la yema, y ¡BANG!, el disparo resonó como un trueno en el aire quieto de la isla. El retroceso fue mucho más fuerte de lo que esperaba, sorprendiéndome gratamente, pero me conseguí mantener firme. El montículo de piedras explotó en fragmentos que volaron en todas las direcciones al recibir el impacto de la bala, dejando solo una nube de polvo suspendida en el aire. Bajé el rifle con una sonrisa que no podía contener, el poder de esta arma era asombroso, mucho mayor que el que tuve antes. Con esta demostración de poderío no me extrañaba nada que aquel que  una vez lo empuñó se aferrase a él incluso en la muerte. Me preparé para el segundo disparo, esta vez, ajustando mi postura ligeramente, anticipándome al retroceso, el muñeco improvisado está en la mira, la piedra que hace  las veces de cabeza está bien centrada, vuelvo a contener la respiración y aprieto el gatillo, otro tronante rugido del rifle partió el silencio y la calma de la isla, el disparo fue limpio, preciso, la piedra superior del montículo quedó destrozada en mil pedazos, y yo me quedé mirando con satisfacción la obra de mi puntería.
 
Me incorporé y relajé mi postura, acercándome a ver como ambas pirámides improvisadas eran ahora solo ruinas gracias a mi y a mi nueva arma. — No está nada mal. — murmuré para mí misma, con una sonrisa de satisfacción. — Pero no es suficiente. — me dije a mí misma resignada. Quería más, necesitaba más, ver hasta dónde podía llegar con este nuevo potencial, debía poder lograr sin dificultad algo más que simples disparos a blancos estáticos. Dejé el montículo destruido detrás de mí y me giré, mirando el cielo, en busca de algún objetivo que se moviera, algo que pudiera poner a prueba mi habilidad de verdad, un reto. Tras varios minutos caminando mis ojos se detuvieron en una bandada de aves cerca de la costa, estaban volando en círculos y sus sombras al moverse de forma errática sobre las olas dibujaban su trayectoria de forma fácil de leer. Era perfecto. Me agaché ligeramente, asegurando mi postura en la línea de rocas inestables que dibujaban el límite entre costa e interior de la isla, y levanté el rifle una vez más. La culata vuelve a su lugar en mi hombro, y apoyo mi mejilla contra la madera, alineando mi ojo con la mira del arma, y esta con el ave más cercana. El viento es apenas una brisa, pero lo tomo en cuenta, su dirección me hace ajustar ligeramente mi objetivo. Respiro hondo una vez más, mientras exhalo mi dedo se coloca en el gatillo y aprieto. El ave cae en picado, el disparo atravesó su cabeza con una precisión casi quirúrgica. La bandada se vuelve aún más caótica, sus movimientos erráticos se intensifican mientras intentan huir de un peligro que no pueden ver, pero eso no me frena, al contrario, me motiva aún más, eso sí sería un reto. En cuanto tuve un objetivo claro disparé una segunda vez, esta vez a un ave que se elevaba sobre las demás. El retroceso me empuja un poco hacia atrás, pero mantengo el rifle firme y mi postura me deja anclada en el suelo, el desplazamiento es mínimo. El ave cae, girando en el aire antes de estrellarse contra las pequeñas rocas de la playa grisácea. Mis labios se curvan en una retorcida sonrisa de satisfacción mientras vuelvo a centrar la mirada y el arma en una tercera ave, que cae igual de rápido. Tres disparos, tres objetivos abatidos. El resto de la bandada se dispersa antes de que pueda seguir con mi práctica de tiro, dejando el cielo despejado y solo el sonido del mar rompiendo contra las rocas. En ese momento relajo mi cuerpo, bajo el rifle y normalizo mi respiración, sintiendo una oleada de orgullo. — Soy buena, muy buena. —, me repetía a mi misma. Este rifle era ahora una extensión de mí misma, un arma que podía manejar con una precisión que ni siquiera sabía que tenía. Me acerqué a mirar los cuerpos de las aves con más detenimiento. Estaban inmóviles en el suelo pedregoso, gracias sin duda a mi destreza con el arma y la precisión de mis disparos. El orgullo inflaba mi pecho, pero esa sensación de triunfo se desvaneció rápidamente cuando me di cuenta de lo que seguía: tenía que recoger esas aves y llevarlas al barco. Fruncí el ceño, sintiendo una punzada de repulsión en mi estómago, no me importaba dispararles, pero tocarlas era otro mundo completamente diferente, aunque por desgracia no me quedaba más remedio, la carne de ave sería una buena cena, además eran de bastante buen tamaño, y no iba a dejar que esos disparos se hubieran gastado en vano.
 
Me acerqué a los cuerpos con cuidado, casi esperando que volvieran a la vida y volasen lejos para evitar que los tocase, pero, por supuesto, no sucedió. Estaban muertos, y debía lidiar con ello, tragué saliva con fuerza, sintiendo cómo mi estómago se revolvía al agacharme, al borde de la arcada, conseguí enrollar la correa del rifle alrededor de los cuellos de los pájaros, uno por uno. La sensación de las plumas y la carne fría contra mis dedos me hacían estremecerme del asco, pero apreté los dientes y terminé la tarea lo más rápidamente posible, y ya con las aves colgando del rifle, empecé a caminar de vuelta al velero que se había convertido en mi nuevo, y disfuncional, hogar. Mis hombros se sentían pesados, no tanto por el peso de las aves, que era considerable, sino por la resistencia mental que me  estaba costando tocar esos cuerpos inertes y mantenerlos levantados para que no se destrozasen contra el áspero suelo de rocas. Pero mientras camino, el orgullo comienza a volver a mi mientras repaso la tarde que he tenido, he demostrado que puedo ser una tiradora excelente, una compañera en la que tal vez puedan depositar su confianza llegado el momento. y además ahora, ya había cena para esa noche, porque la había conseguido yo, yo sola. Subí al barco, satisfecha con lo que había logrado, y aunque aún perduraba una ligera sensación de incomodidad por manipular los cuerpos de las aves muertas que traía, eso no importa. Hoy, me había demostrado que era la mejor, y no había nada ni nadie que pudiera quitarme eso.

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RE: [Presente Absoluto][Auto T3] Acostumbrarse a lo nuevo. - PX-3 - 02-09-2024

Aventura Tier 3 Autonarrada Completada
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