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RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Sohem - 18-02-2024 Chloe me respondió dejando entrever que quizá si pudiera haber acertado, pero no obtuvo una respuesta a ello por mi parte. Por el momento no era conveniente avivar más situaciones complicadas, pero esto era una empresa y una sociedad lucrativa, implicar amoríos y romances sólo iba a darnos problemas y por supuesto, como buen paranoide, no iba a permitir que la siguiente persona en la jerarquía después de mi tuviera de su parte a la único miembro por el momento, aunque en el futuro tuviéramos más personas a sueldo, pues ella seguiría siendo una de los miembros fundadores. Tampoco quería otro escenario en el que la situación se torciese para ellos y uno de los dos tuviera que abandonar el grupo... el dinero ya estaba pagado - aunque ella aun tuviera una deuda conmigo - pero eran herramientas útiles de cara al futuro y no quería arriesgarme a perderlos por una disputa pasional. Pero ya me encargaría de apagar las llamas de esa remota y posible rebelión en el futuro, dependiendo de cómo se desarrollase. Mientras caminábamos y avanzábamos por aquel camino y tortuoso sendero empinado y rocoso, Chloe comenzó a informarnos de lo que había visto de cara a desembarcar — Familias y trabajadores... — espeté sin mirarla, rumbo adelante — Es imposible que habiendo un acceso tan sencillo a este lugar no haya servido de cebo para atraer a un montón de piratas importantes y con buenas recompensas por sus cabezas... pensadlo. Es una zona remota, con un acceso restringido y con libertad legislativa, completamente ajena a tus delitos en tierra firme. Es un buen lugar para desaparecer, o para esconderse un tiempo — concluí, alzando la vista hacia el sol, más grande y más brillante que nunca, sonriendo por un instante pensando en que quizá algún día yo podría ser un símbolo igual de reconocido y poderoso como él, desprendiendo su poder en lenguas de calor que bañaban el mundo. Entonces giré la cabeza para mirar a Viktor — Tú te pasas el día leyendo — dije llamando su atención — ¿Qué sabes de este sitio? ¿Dónde nos estamos metiendo? — le pregunté y volví a mirar al frente, todo esto sin dejar de avanzar — ¿Cómo de importante es ese pomposo "Emperador del Cielo Maruchuqui" — y sonreí. Si era un emperador tenía que ser un pez gordo... y tener mucho, mucho dinero. Podríamos sacar una buena tajada si 'solucionábamos algunos problemas' en este evento. Con el pasad de las horas llegamos al final de nuestro camino, un risco, una cumbre rocosa que nos mostraba un claro llano hacia el que nos dirigíamos sin saberlo: Una ciudad completamente de oro — Por las tetas de las sirenas ¡todo esto es oro! — exclamé quitándome el casco para poder ver directamente aquel paisaje, con bastante entusiasmo en mi voz, observando la ciudad con detenimiento mientras escuchaba las expresiones de sorpresa de mis compañeros, observando a lo lejos aquella imponente pirámide que brillaba aun más intensamente que el resto de las edificaciones — Si usan el oro para edificar no me imagino qué es lo que habrá en las arcas de su gobernante — y sonreí, arrugando la cicatriz de mi cara volviendo a colocarme el casco, girándome para mirar a mis dos compañeros — Aquí no hay Gobierno, ni ley, ni crimen ni castigo... o al menos, no lo hay bajo los estándares de nuestro mundo — alcé la mano para señalar al castillo en la lejanía — Me da igual si hay piratas con recompensa, un premio por estos juegos, o un tesoro real escondido en una cámara acorazada... no nos vamos a ir de aquí hasta que hayamos conseguido suficiente oro como para comprar una puta isla — y volví a mirar hacia el castillo, descendiendo entonces la mirada hacia el pueblo al igual que descendía el brazo, permaneciendo en silencio unos cuantos segundos dejando a mis compañeros hablar, si es que tenían algo que decir, mientras clavaba una rodilla en el suelo para observar mejor el panorama. Desde aquella altura se podía ver gente emergiendo de los bosques, y gente viviendo en la ciudad de oro. Éramos los únicos en esta altura y seríamos los últimos en llegar si dábamos la vuelta para retomar algún otro camino. Me erguí, me recoloqué la chaqueta y agarré con mi mano izquierda a Ein Hauch, sacándolo de su reposo en mi espalda y apoyando el extremo más grueso de este sobre el suelo — Pase lo que pase nuestra prioridad es conseguir tanto oro como el Parabellum pueda cargar — una pausa para que se entendiera el mensaje, y asentí con solemnidad — Nos vemos abajo — afirmé, y terminando de girarme por completo, di un salto hacia el vacío del risco, precipitándome hacia aquella vertiginosa caída. — ¡¡ WRYYYY HA HA HA HA !! —
Reía, preso de la emoción mientras descendía, con el cuerpo totalmente extendido y los brazos elevados por encima de mi cabeza, sujetando a Ein Hauch con la siniestra y viendo como el pavimento se acercaba cada vez más y más hacia mi. Por la altura que había visto desde lo alto del risco, era una distancia que creía podría asumir sin problemas, y era la ruta más rápida de descenso desde aquel peñasco. Y así fue. Un estallido de polvo, tierra y pequeños guijarros surgían de mi ubicación al contacto de mi cuerpo con tierra firme, ocultando mi figura unos instantes. Aterricé clavando los dos pies al unísono en el suelo flexionando las rodillas, amortiguando el impacto y haciendo que mi trasero prácticamente llegase casi a tocar el suelo. Mis brazos, extendidos hacia cada uno de mis flancos, se encontraban en paralelo con el suelo y ligeramente arqueados con los codos hacia el cielo, en una postura primate adoptada por puro instinto. Mi espalda estaba encorvada y echada hacia delante y mi cuello completamente extendido con la cara apuntando al frente. El estallido de mi nada sutil aterrizaje se fundió con mi carcajada, y la polvareda generada por este se disipó de un único manotazo con la diestra, de lado a lado, mientras me erguía lentamente colocándome el kanabo sobre el hombro de la mano que lo sostenía, observando en derredor a todos los presentes a mi alcance. Guardando un sepulcral silencio.
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RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Sasha - 18-02-2024 La semioni reflexionó las palabras que le habían dicho tanto Kuraku como Tobías, si se ponía a hacer la imbécil podía liarla hasta el punto que se fueran hacia abajo de nuevo, y por la distancia y sin un paracaídas podría ser mortal, además de no olvidar que estaban sobre el mar siendo todos usuarios. Por lo que Sasha se centró en no volver a tocar nada para no ponerlos en peligro, lo último que quería la chica era añadir más bajas a su tripulación. El mink panda amigo de Garnet se había unido a ellos para ir por el camino que habían decidido seguir, la rubia iba delante sin perder detalle de lo que veía manteniendo la distancia. Le hizo gracia lo de los nombres en clave y que cada uno tuviera uno diferente demostraba lo payasos que llegaban a ser, aunque ya se había visto con los disfraces que llevaban.
De pronto, la joven vio un río salir de la tierra, aquello tenía que llevar a alguna parte. — ¡Galaxy Wars! — gritó llamando la atención de todos — Tú también formas parte del grupo — añadió mirando al mink para que se diera por aludido. — Vamos a seguir este río tan claro y con… Peces… De colores… — a medida que iba hablando se estaba dando cuenta de sus palabras y calló. Con el ceño fruncido miró el río. — Pero si el mar era de nubes… — comentó en voz alta viendo como también había agua como la que tenían abajo. — Bueno, da igual ¡La aventura nos espera! — sentenció antes de seguir por donde había dicho tomando el liderazgo.
Tras una hora, la semioni se empezaba a aburrir porque solo había bosque y más bosque. — ¿Falta mucho? — dijo forma exasperada en voz alta a nadie en concreto. Para la rubia llevaban una eternidad caminando y sin nada que hacer, entonces miró el río y tuvo una idea. Pero Garnet enseguida llamó su atención al preguntar por un apodo para el panda, Sasha pensó durante unos segundos hasta que se le ocurrió el mejor nombre del mundo, uno que demostraba poder solo con pronunciarlo. — ¿Qué te parece Chewbacca? — se giró la semioni emocionada hacia el mink esperando si le gustaba el nombre. — Tiene fuerza y pega mucho con el del resto — se justificó pero manteniendo un brillo en los ojos queriendo saber si pensaba lo mismo.
Otra hora después, la rubia seguía igual de aburrida y harta de caminar sin ver nada diferente. Los inmensos arboles del bosque seguían tapando el sol y ya nada le parecía entretenido. — ¿Faaaltaaaa muuuchoooooo…? — Repitió la pregunta con más exasperación, harta de que todo fuera igual y solo tuvieran el entretenimiento de ver peces de colores en el río. Entonces recordó la idea que había tenido antes, Sasha se giró hacia el músico pero tal vez este quería pasar tiempo con su amigo panda por lo que miró al lunarian y al vaquero. — ¡Kuraku, Tobías, vamos a jugar! — comentó emocionada señalando el río, así de alguna forma practicaban de cara a lo que podían encontrarse en aquella isla, al fin y al cabo habían venido por aquellos juegos. — Vamos a contar peces del mismo color — propuso con una sonrisa, estaba segura que no sería la única aburrida en el trayecto y no sabían cuanto podía faltar. De pronto un pez azul bastante grande pasó nadando a toda velocidad y lo señalo. — ¡Me pido los azules! Llevo uno — dijo con orgullo por ser la primera en puntuar.
Después de pasar una hora más desde que habían empezado a caminar siguiendo el río y que la joven se cansase de jugar cuando llegó al pez número cincuenta, se volvió a quejar otra vez. — ¿Faaaaaltaaa muuuu…? — pero paró en seco su queja cuando pudo apreciar como delante de ella había unas construcciones doradas y al fondo un palacio de oro. Sasha abrió la boca y se le pasó por la mente hacer lo mismo que en la mina de isla Toko, enseguida desistió en la idea al recordar como le dijeron que se controle. La rubia apreció como había mucha gente con alas y muy diferentes entre si. — Wooow… Hay muchos Garnets, Kurakus y Nekahs — dijo de forma suave sorprendida de que hubiera gente viviendo ahí.
De pronto Sasha escuchó una estridente y conocida risa a su izquierda, buscó con ansias e ilusión al causante de ella pero solo había polvo. Una vez se disipó pudo ver como una figura con casco y un kanabo al hombro, la semioni sonrió y dio un paso hacia él pero enseguida se arrepintió, sería mejor esperar un poco antes de saludar a Sohem debía quedarse con sus amigos. Había hecho la entrada más épica, tenía muchas cosas que aprender de él. Apreció como el hombre miraba a su alrededor así que manteniéndose en su sitio le saludó con la mano derecha mostrando una gran sonrisa. — Solo sonríe y saluda — pensó antes de girarse a mirar a sus compañeros y al mink que habían adoptado también. — ¿Ya podemos roba… Digo, jugar? Para eso hemos venido — preguntó sin saber bien lo que tenían que hacer.
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RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Viktor - 18-02-2024 Sohem se tomó a broma mi indicación para comunicarle la ruta que habíamos escogido. Ante mis tres dedos, el enmascarado optó por alzar única y exclusivamente el corazón. Si tiene sentido del humor, pensé. Cabroncete sin cara... va a caerme bien al final, pensé sonriéndome. Mientras el enmascarado desembarcaba, Chloe me contestó escuetamente que si pasaría algo en caso de que alguien le interesase. No entendía la respuesta, si es que lo era. — Si te interesa, nos interesa. Confío en tus ojos. — contesté y tras eso, giré la cara hacia el barco, arqueando las cejas y los labios con gesto de incertidumbre mientras sujetaba y ajustaba a Shimei Kaeru en mi cinturón. ¿Habría dicho algo inadecuado? No tenía esa sensación, pero... mujeres. Sohem había desembarcado y Chloe le remarcaba que obviamente no íbamos a marcharnos sin él, para, justo después, informar de lo que había visualizado. Nada sumamente interesante. Yo por mi parte no podía aportar nada más, pues cuando bajé del barco, ya habían desaparecido de mi campo visual las figuras que la peli morada había avistado. Sohem por su parte señaló lo óptimo de una situación como la que nos acontecía. Un evento como este era, con casi toda seguridad, un reclamo para piratas y desgraciados con más peso por su cabeza que lo que podían cargar y... para su mala suerte, nosotros estábamos dispuestos a aliviar dicho peso. Una vez que Sohem se unió a nosotros, juntos, iniciamos el camino por la ruta tres, justo en el centro de las cinco disponibles y señalizadas. El camino atravesaba el bosque de pleno y parecía adentrarse a la vegetación sin ningún tipo de camino señalizado por el hombre antes. Desconozco si era un camino transitado a menudo, pero poco a poco, conforme avanzábamos, el terreno se volvía cada vez más inestable, lleno de piedras y maleza que dificultaban el paso. Durante el camino, Sohem se dirigió a mí directamente para cuestionar qué sabía sobre Skypiea aludiendo a mi afán por la lectura. — Skypiea. Hogar natal de los skypieanos y, para muchos, un mito. El porqué se realiza aquí el evento, lo desconozco, pero es un terreno completamente neutro, y eso permite ciertas... Libertades. — expliqué, mientras continuábamos ascendiendo con cierta dificultad, cada vez más, por el pedregoso sendero, siendo Sohem quien abría camino, con Chloe detrás y en la última posición, cubriendo la retaguardia, yo. Además del lugar, al jefe le interesaba el organizador, el tal Zarutsuki. — Zarutsuki. — espeté corrigiendo al enmascarado — Aquí lo llaman Emperador, pero en realidad es uno de los Ouka Sichibukai. No es una presa fácil de cazar o robar. — maticé seriamente — Tú mejor que nadie sabes de lo que son capaces. — concluí, continuando el camino, apoyando de vez en cuando la mano sobre la rodilla para impulsarme y salvar algún desnivel algo mayor al de un escalón común. Pasadas unas horas alcanzamos el final del camino, llegando a un enorme risco que permitía observar en su totalidad la civilización. Ante nosotros una enorme arena rodeada por una ciudad dorada con edificaciones no demasiado grandes. Al fondo, de manera majestuosa, un enorme palacio de oro contemplaba la escena desde las alturas. Mientras Chloe simplemente se quedó impactada, Sohem se paró y retiró el casco para observarlo mientras se volvía totalmente loco por la estructura dorada. Quizás la peli morada pudo verle la cara al jefe, pero yo estaba muy mal posicionado. Y sinceramente, no me interesaba para nada. Yo, por mi parte, no estaba tan impactado, pues ya había leído ampliamente sobre el lugar, pero solo el áureo resplandor del sol sobre los edificios hacía justicia a las palabras de mis libros. Era fascinante. — Bienvenidos a Shandora, damas y caballeros, la ciudad dorada. — introduje a mis asociados mientras me sacudía un la ropa y me secaba el sudor de la frente, a unos cinco metros por detrás de mis compañeros. Sohem se enfundó su casco de nuevo, giró y dio la orden: conseguir lo suficiente para comprar una isla. — Suena bien. A ver cómo lo hacemos. — pensé. La prioridad había pasado de los juegos, los piratas y los tesoros a simplemente el oro. Tras esto, se volvió hacia la arena mientras parecía que seguía analizando la escena. — Si nos separamos, actuemos para no levantar sospechas y, cuando haya oportunidad... Showtime. — dije mientras observaba como Sohem, tras volver a matizar la prioridad, saltaba al vacío dejándonos en el risco. Desconocía si Chloe puede realizar tal acrobacia, pero... yo sí. — Si tú saltas... — mascullé mientras reaccionaba como una centella y corría hacia Chloe, que aún miraba hacia la arena, agarrándola por las rodillas con mi brazo derecho y sobre la espalda con mi izquierdo, para saltar con ella al vacío detrás del jefe, llevándola en mis brazos. La caída que, a priori, no era ningún problema, sucedió rápidamente y nos permitió atajar una cantidad de tiempo increíble. — ¡WOO HOOOO! — gritaba presa de la emoción de la caída. Era la primera vez después de Ebony Shard que me adentraba con un gremio en una misión y estaba emocionado. Aterricé con Chloe sobre mis brazos en una posición de zancada, con mi pierna izquierda por delante y clavando la diestra en el suelo, amortiguando la caída mientras flexionaba tobillos, rodillas y cadera, dejando a la tercera del equipo sobre el suelo. — Por la vía rápida. — dije animado mirando a Chloe mientras colocaba mi puño hacia ella en gesto de camaradería para que lo chocara con el suyo para, justo después, posicionarme a la siniestra de Sohem, dejando mi brazo izquierdo reposando sobre Shimei Kaeru y observando a mi alrededor mientras el polvo del aterrizaje se disipaba.
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RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Triana Tempesta - 18-02-2024 Al girarme para comprobar que Jolyne y Yamamura tomarían el mismo camino que yo me lo pude creer. Si venir a este lugar había sido una locura, ir acompañada de ellos dos era un despropósito. La tiradora iba sin su gorra, con las antenas al aire, vestía una especie de saco mugriento y tenía la cara embarrada. Parecía una mendiga. Yamamura no se quedaba atrás, en un intento por ocultar su rostro se había puesto una máscara de caballo completamente ridícula. Para colmo, yo iba hasta las trancas de maquillaje y vestida como si fuese una trabajadora de las que debía traer mercancía. Mi apariencia tenía sentido si iba junto a Aspros, ahora llamábamos demasiado la atención. Si alguien me preguntaba pensaba decir que no les conocía de nada, que formarían parte de algún circo ambulante que venía a dar un espectáculo. A pesar de sus pintas, se tomaron muy enserio lo de fingir que habíamos ido a la isla a llevar abastecimiento, sobre todo Jolyne, que bajó una caja del barco. Esperaba que no fuese la nuestra de alcohol. Cuando se aproximaron a mí y comenzamos a caminar ambos preguntaron por Aspros. Ahora que caía en la cuenta, ellos se encontraban en el interior de la bodega mientras ascendíamos y no habían visto nada de lo que había ocurrido. —Digamos que Aspros se ha ido a su aire —les dije sin ahondar en detalles. Yamamura no parecía preocupado, pero si se enteraba de que había salido despedido a saber qué locura se le ocurría hacer. Era probable que saliese volando a buscarlo y llamase la atención de todas las personas de la costa. Si Aspros estaba muerto poco podíamos hacer ya, si estaba consciente y necesitaba ayuda podía pedirla por el den den mushi, así que si no nos llamaba significaba que no nos necesitaba. O que estaba muerto. —Cornell es un nombre bastante feo. Prefiero llamarte Marcus, pero como veas. La verdad es que estaría bien que nos llamásemos entre nosotros de otra forma. Jolyne, tú puedes ser J.J. A mí llamadme Storm —les dije mientras avanzábamos por el camino rodeado de vegetación, que cada vez parecía ocupar más espacio, hasta el punto de casi cubrir nuestro alrededor por completo. El camino parecía sacado de una pesadilla, completamente asqueroso, oscuro e incómodo. Los insectos danzaban por doquier, cada poco se podían escuchar sonidos entre la vegetación, sonidos que parecían de animales salvajes acechando, esperando el momento preciso para lanzarse a por nosotros. Nada de eso ocurrió, pero la tensión durante el largo viaje fue constante. Además, había que caminar con cuidado debido a la escasez de luz. El organizador del evento no parecía tener demasiadas luces, primero un ascenso potencialmente mortal y ahora un camino en medio de una zona selvática y en semi oscuridad repleta de animales. Para amenizar el recorrido me decidí a hablar a Yamamura sobre su máscara. Sabía que no había mucho que pudiese hacer para convencerle de que se quitase esa cosa, pero tenía que intentarlo. —Cornell, ¿cabría la posibilidad de que te quitases esa máscara y la cambiases por…? No sé. ¿Una capucha hecha de estas hojas? —le pregunté señalando con la palma de la mano hacia arriba a nuestro alrededor. A Jolyne no me iba ni a molestar en proponérselo. Si se ponía una hoja en la cabeza iba a parecer una habitante loca de los bosques. Una especie de hada vagabunda con esas antenitas y las alas diminutas que ocultaba. Tardamos una eternidad en llegar al final de aquel tortuoso camino, pero por fin alcanzamos a ver la salida. Lo primero que nos indicó que nos estábamos aproximando es que la luz del sol comenzó a abrirse paso, lo cual se agradecía. Finalmente, la vegetación acabó disipándose para dejar a la vista un paisaje más asombroso, si cabía, que el anterior. ¿Qué era aquel lugar? Una isla en las nubes con una ciudad dorada, parecía sacado de un cuento infantil. Ahora que lo pensaba, Jolyne había mencionado que había visto algo a lo lejos. ¿Sería el brillo que emitían aquellas edificaciones? Si realmente estaban hechas de oro, podíamos dar el golpe de nuestras vidas. El diamante que habíamos robado hacía algunos días no era más que un diminuto guijarro en comparación con lo que teníamos delante de nuestros ojos. Jolyne, ¿todo esto es oro? —había visto a la tiradora distinguir lo valioso que era un anillo o una moneda mordiéndola. Tal vez si mordía la pared de una de las casas podría averiguarlo. No entendía cómo podía existir un lugar así y que todavía no hubiera sido completamente saqueado. Tendríamos que llevar cuidado. —Yamamura, eres un genio. ¿Cuál es el plan? —le pregunté imaginando que esta era su idea desde el principio. Parecía que lo que fuesen aquellos juegos iban a comenzar en cualquier momento. Tal vez pudiésemos aprovechar eso para robar lo que pudiésemos. Aquellas espectaculares vistas casi me hacían pasar por alto a las personas que caminaban por las calles. Todas ellas tenían una particularidad bastante llamativa, las alas a su espalda. Por primera vez, nuestro capitán no llamaría tanto la atención, ni tampoco Jolyne si decidía descubrir su espalda. Todo en aquel lugar era absolutamente insólito, pero mi mente no dejaba de pensar en el oro.
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RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Max D. Bambú - 18-02-2024 Su viejo compañero de batalla Garnet se giró alegando que su nombre no era ese. —Ah, secretismo, claro. —La ilusión de los disfraces se rompió durante unos instantes cuando Garnet comenzó a reírse como un loco y a gritar su identidad, aunque por suerte con un apodo por el que no le reconocían. —Si lo dices más alto igual te escuchan los marines, amigo mío. —Soltó una carcajada, aunque no tan alta como la de su amigo y se giró para asegurarse de que no había demasiada gente cerca. La invitación de Garnet fue como un poco de sol tras semanas de lluvia. —Claro que me gustaría. Me temo que he vivido más aventuras de las que me hubiera gustado, pero eso ya lo sabrás. —No dejó que la triste sonrisa que cruzó su rostro se quedase durante demasiado tiempo. No era el momento de la melancolía. Junto a Garnet viajaban varios sujetos que debían de formar parte de su banda, los Shogun Gari. Por un lado había dos sujetos enormes, un poco más grandes que el panda, y además contaban con la compañía de lo que debía de ser un humano que le llegaba por la cintura a Don Bambú. Todos iban disfrazados, incluso Garnet. La figura encapuchada y con gafas de sol que era Sasha, aunque Don Bambú no la conocía por ese nombre, apuró la marcha para adentrarse en la selva a la que llevaba el camino. El otro gigante de cuatro metros, raza indeterminada en aquel momento, saludó al panda con energía, quizás demasiada, pero como no le conocía de nada, no llegó a conclusión alguna al respecto. —Sí, puedes llamarme Panda. —Pensó en ofrecerle la mano, pero teniendo en cuenta que no se conocían más que de vista prefirió ser cauteloso por el momento. La figura estaba cubierta con una capa y disimulaba su rostro con gafas de sol. Si le dedicaba unos instantes podría llegar a conclusiones sobre su identidad, pero la necesidad imperiosa de adentrarse en la selva no lo favorecía. El humano no le habló, pero llevaba un sombrero bastante chulo.
Comenzaron el viaje en compañía. No tardaron en llegar al cauce de un río que los acompañó durante prácticamente todo el viaje. Sasha gritó emocionada el nombre en clave del grupo, incluyendo en este a Don Bambú, decidió que debían seguir el río. Cuanto más se fijaba en ella más la recordaba por momentos. Cómo olvidarla, si era una chica enorme con un Kanabo. La energía del grupo le resultaba extraña, pero reconfortante. Había toda clase de plantas que el panda era incapaz de reconocer. Tenían colores vivaces y formas extrañas que nunca en su vida había visto antes. Skypiea era un lugar extremadamente bonito, tenía que reconocer. Más incluso que como la había soñado en aquellos meses en la jungla mortal que era Little Garden. Don Bambú era bastante silencioso. Se limitaba a mirar a su alrededor con curiosidad y caminaba aparentando cierta despreocupación. Garnet fue el primero en hablar del tema. Su rostro de agrietó ligeramente cuando mencionó a Kovashi. —Más o menos quince metros, pero los había que medían casi veinte. Era una tribu entera de gigantes. A veces les robábamos comida. En la última incursión Kovashi actuó demasiado a lo bruto y le dieron un golpe. Fui a buscar a los demás, pero habían desaparecido. Cuando volví, ni siquiera Kovashi estaba. —Apretó los dientes con creciente ira en el pecho. —No sé qué pensar. Nunca encontré los cuerpos... pero sospecho que no han sobrevivido. —Confesó, quitándose por el momento un gran peso de encima. Por fin había dicho en voz alta lo que más se temía. La historia de Garnet no era mucho mejor. Finn. Lo había leído en el periódico. —Ese jodido psicópata. —Comentó. Al parecer habían perdido mucha gente. Era incapaz de reconocer a la gente que faltaba, aunque tenía el vago recuerdo de que había un gyojin. —Me invitas a una y yo a vosotros a otra. Por libraros de ese cabrón. —Le dio una palmada en la espalda y sonrió levemente. Al menos no estaba solo. Pasó el tiempo. En la mente del panda pasaba demasiado deprisa. Hilaba un pensamiento con otro sin parar. Veía un pez y trataba de imaginarse qué tipo de alimentación llevarían. Debía de haber alguna clase de planta subacuática de la que se alimentasen o tal vez otra clase de vegetación más extravagante. La clase de depredadores autóctonos de Skypiea tenía que ser fascinante. De vez en cuando sus pensamientos se veían interrumpidos por sus compañeros de viaje. En una ocasión, por ejemplo, Sasha propuso llamarle Chewbacca. No sabía cómo sentirse al respecto, pero decidió que le daba igual. —Me sirve. Podéis llamarme así. —Y así continuaron su viaje. Cuando estaban más o menos a mitad de camino y la cabeza del panda ya estaba divagando de nuevo, enlazó pensamientos con el recuerdo de Zarutsuki, el emperador de Skypiea y organizador de los juegos que tenían lugar, al parecer, cada década. De por sí le causaban nauseas las figuras nobles tales como duques, reyes y emperadores, pero Zarutsuki no era cualquier emperador. Se trataba de un Shichibukai, uno de los siete señores de la guerra del mar. El recuerdo de Utakata resonó en su memoria. —Por cierto. —Decidió mencionarlo. No estaba seguro de que sus compañeros estuvieran muy puestos en el tema. —¿Recordáis a Utakata? El señor que controla a las Unidades de Destrucción Masiva. El robot de los Cabos Gemelos. Él es un Shichibukai. —Mencionó. Esto ya debían saberlo, pero quizás lo habían olvidado. Bambú hablaba con total seriedad. —Zarutsuki es otro. Precede a todos los que están actualmente. Tened... tened cuidado. —Podría decírselo a sí mismo también. Hablar de los Shichibukai, no digamos verlos, le encendía sobremanera. Eran casi peores que los marines. Finalmente, tras tres horas de viaje que al panda no se le hicieron demasiado largas, lograron ver al final del camino una gigantesca estructura de brillo dorado. Se trataba de una especie de pirámide que debía cumplir la función de palacio. Sintió un cosquilleo en su cabeza. Quizás hubiera leído sobre qué era esta ciudad en algún libro, pero se le había olvidado o quizás sólo tenía la falsa idea de haberlo estudiado. Ante ellos se alzaba una ciudad dorada y eso era todo lo que importaba. Un recinto de tierra batida les esperaba en lo que debía de ser el área del espectáculo, pues alrededor del mismo estaban dispuestas las gradas para los espectadores. Entre ellos podían apreciarse a los nativos de skypiea, los cuales se parecían muchísimo a Garnet, birkanianos y lunarians. Al único al que no habían visto todavía era al propio Zarutsuki. Mientras Don Bambú se bebía las impresionantes vistas de aquella ciudad tan extraña, la risa de un maniático le hizo girarse hacia su izquierda. Una humareda de polvo se había levantado al recibir el impacto de algo o alguien. La identidad de esa persona se desvelaría segundos más tarde, ya que con un solo movimiento disipó la propia humareda. Tenía la sensación de que conocía al sujeto, pero desde la distancia fue incapaz de hacer la conexión de forma inmediata. Otro sujeto aterrizó de la misma forma que lo había hecho el enmascarado. A éste sí que no lo conocía de nada, ni a la muchacha que llevaba en brazos. Decidió que lo mejor sería guardar las distancias por el momento y permaneció junto a los Shogun Gari.
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RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Kuraku Natta - 19-02-2024 El bosque era inmenso, tanto que incluso para la altura de Kuraku y Sasha, que eran de los más altos, era un bosque realmente grande. El camino por dicho bosque, fue largo y tedioso, salvo por los momentos en los que Sasha, Tobías y Kuraku intentaron distraerse con un juego de contar los peces de colores que fueran viendo. Kuraku quería elegir el Azul, pero Sasha se le adelanto así que el siguiente que vio fue un pez naranja - ¡Yo naranja! - y así siguieron pasando el rato mientras andaban. Garnet les había presentado a su amigo como Don Bambú, el cual Kuraku recordaba de la historia de los cabos gemelos que les habia contado Garnet. No parecía un enemigo así que el lunarian se relajó respecto a esa idea de estar a malas con el nuevo acompañante. Cuando llegaron al final del camino, apareció ante ellos una imagen imponente, una especie de palacio dorado, rodeado en ese momento de muchos seres de distintas razas. Había muchos Lunarian, lo cual descuadró por completo a Kuraku, pues no había visto nunca tantos juntos en un mismo sitio. También había una especie que no reconocía, y por último lo que parecía que era Garnet. <¿Así que Garnet proviene de aquí eh? ¿Entonces yo también? Quedandose con esos pensamientos, se quedó embobado viendo la escena frente a sí.
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RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Jolyne Jones - 19-02-2024 Los tres entramos por la primera ruta decididos, pero sin tener ni idea de lo que nos podíamos encontrar. Según Triana, Aspros se había ido por su cuenta y sin avisar para disfrutar del festival. Me encogí de hombros al aceptar su respuesta y continué con nuestra marcha; no me sorprendía nada teniendo en cuenta lo independiente que había sido siempre ese chico. Mientras tanto, nosotros nos quedaríamos juntos para disfrutar del evento. Yojimbo, que se había puesto una máscara de caballo en la cabeza, nos dejó claro que a partir de ahora le llamáramos Cornell para no ser descubiertos. Era una idea muy buena para venir de Yojimbo, y siguiéndola, Triana decidió que el mío sería J.J y el suyo Storm. – Pues a mí Cornell me gusta, suena a Señor de tierras. Pero Storm me parece algo agresivo – me rasqué la cabeza mientras miraba a la espadachina. – Un clásico Dorothy o Trinidad creo que tendrían más gancho - continué, chasqueando los dedos con ritmo. Por mi parte no le puse ninguna pega a J.J.; era claro y conciso.
Desde que abracé mi nueva vida como fugitiva, me había acostumbrado a esta serie de cambios. Un día en una isla, al siguiente en alta mar y al otro simplemente siendo J.J. Sumado a nuestros atuendos, esperaba que pudiéramos disfrutar del festival sin que se nos diera más importancia. Con un saco para patatas a modo de poncho y la cara llena del barro que dejaron nuestros zapatos, me adentraba cada vez más por un camino repleto de árboles y naturaleza de gran tamaño. Pero lejos ser una experiencia idílica, conforme crecía la vegetación, la senda se volvía más estrecha y oscura, resultando ser un auténtico agobio. Llegó un punto en el que la penumbra no me dejaba ver entre los árboles. Los sonidos que se podían escuchar eran cada vez más inquietantes, los insectos un completo incordio y avanzar enredándonos con la maleza un verdadero problema. - ¿Seguro que es por aquí? – pregunté algo tensa. El camino parecía bien señalado con la antorcha del principio, pero con tantos obstáculos parecía más una yincana, y de las peligrosas. No tenía muy claro que esa ruta fuera a algún lado, y como si no fuera preocupación suficiente, en medio de aquella oscuridad era bastante probable que se escondiera algún animal salvaje. A cada paso que daba, solo podía alegrarme de que no nos hubiera atacado todavía.
Rodeada de las plantas que Triana pretendía que Yojimbo se pusiera en la cabeza, yo discrepé. – Sí, para que ardamos todos como la yesca – dije con cuidado de no desviarme. Teniendo en cuenta sus llamas y lo despistado que era, más nos valía que se quedara con la máscara para no tener disgustos. Cuando ya llevábamos casi tres horas andando, mis dudas se volvieron a manifestar. – Yo creo que nos hemos perdido. Apoyando mi mano sobre la espalda de Triana para guiarme y cuando estaba al borde del desaliento después de tanto tiempo andando en la penumbra, por fin pudimos ver algo de luz al final del camino. La maleza dejó de ser tan densa y por fin pudimos salir al exterior. Tapando algo de claridad con la mano, poco a poco se reveló ante mí una ciudad increíblemente reluciente. Llamaba la atención una inmensa construcción dorada se erguía al fondo del todo, probablemente lo que vi desde los barcos. Más cerca de donde estábamos había otras, aunque mucho más pequeñas y con menor brillo. Pero sin duda, lo que más me impactó, fue ver el enorme recinto del centro y a los lugareños que había por los alrededores. Cuando la espadachina me preguntó por el material de las cosas, yo me quedé quieta. - ¿Y eso a quién le importa? ¿¡Has visto a esta gente y el recinto que tienen!?
Algunos de ellos compartían exactamente mis dos antenas y las dos pequeñas alas blancas de gallina, otros no tenían nada en la cabeza y otros eran igual que Yojimbo. ¿Eso confirmaba que éramos parientes? En completo silencio abrí las palmas de mis manos. – Era cierto – observé con perplejidad todo el paisaje. – Soy una bendición caída del cielo. ¡No era mentira! Durante muchas primaveras había creído que solo me lo decían por los cuchicheos de la gente del pueblo, y tal vez así fuera, pero como decía el dicho: Ver para creer. En ese momento mi cabeza se llenó de interrogantes y empecé a susurrar. - ¿Y cómo es posible que no me estampara si no sé volar? Bueno, da igual. No me importa. Ahora tendríamos tiempo para conocer más este lugar.
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RESUMEN
RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Tobias Murray - 19-02-2024 Así pues, con Sasha a la cabeza, los Shogun Gari junto a Don Bambú se dispusieron a adentrarse en el bosque siguiendo el camino. La vegetación era enorme y tan densa que no podían ver otra cosa a las lindes del sendero. Tobías se acercó al mink oso panda al cual, tras saludarse con Garnet, reconoció como el revolucionario que salía en el periódico, el pelirrojo lo llamaba Panda, pero el carpintero no había leído ese nombre en su cartel de se busca. Como les había contado el músico, era un tipo realmente fuerte que había combatido junto a él contra Finn en los Cabos Gemelos. - Buenas, Don Bambú, ¿no? Yo soy... - Hizo un barrido de trescientos sesenta grados para cerciorarse de que no había nadie más que ellos por allí. - ...Tobías, pero en esta isla seré Kenobi jish jish jish. - El joven barba turquesa saco la caja de sus cigarros y le ofreció uno al mink mientras el se llevaba uno a la boca, lo encendía y le daba una calada. - ¿Fumas? Siento mucho lo de tus compañeros... Sé lo que es eso. Será un placer compartir esta aventura contigo. - Le dedicó una sonrisa sincera, entrecerrando los ojos y arqueando levemente las cejas. A su diestra apareció un gran agujero, como una gruta, que se tragaba un ancho rio que provenía de la dirección a la que se dirigían, camino arriba. El agua era cristalina, se veía muy limpia y la moraban diversos peces de colores y tamaños distintos. Tras una hora de caminata, Sasha demostró su tedio preguntando si quedaba mucho camino por recorrer. Guiada por la idea de Garnet, escogió un nombre en clave para Don Bambú, Chewbacca. A Tobías le pareció perfecto, ya tenían todos apodos molones, ahora a esperar que se encontraban al final de aquel camino. El mink mencionó algo sobre Utakata, el Shichibukai que envió al MDU-6 a los Cabos Gemelos y que el que se hacía llamar Emperador Zarutsiki, también era uno de esos piratas que se habían pasado al bando gubernamental. A Tobías no le gustó mucho escuchar eso, si eso era cierto, el anfitrión debía ser un tipo peligroso, al menos fuerte y todo eso no le inspiraba demasiada confianza. Otra hora más caminando por aquel bosque, la semioni no podía más así que propuso un juego para amenizar el trayecto. Escoger un color y contar los peces con el escogido tono. A Tobías le pareció graciosa la idea, él estaba en su mundo imaginando que se les podía venir encima, pero ya estaba harto de elucubrar, no servía de nada, sin saber con seguridad que se iban a encontrar no podía trazar ninguna estrategia. Así que se sumó al juego junto a Kuraku, Garnet estaba poniéndose al día con Chewie (jijiji). Sasha había sido la primera en escoger color y Kuraku se le adelantó al carpintero escogiendo el naranja, el cual había decidido al ver uno de ese tono. Con el ceño fruncido rebuscó con la mirada entre las aguas y vio un pez chiquitín de un color rosa precioso. - Vale, yo escojo el rosa. Apuesto todo el dinero que llevo a que cuento más que vosotros. - El pistolero se sentía con suerte y con una sonrisa socarrona comenzó a contar. - Ya llevo uno. ¡No, dos! Jish jish jish, voy en cabeza pringaos. Preparad vuestra pasta. - Si que iba a funcionar ese juego para distraerse de sus pensamientos, ahora estaba concentradísimo en la tarea. Pasaron los minutos y seguía con dos en el contador, mientras que Sasha llevaba diecinueve y Kuraku trece. La sonrisa se había convertido en una mueca de enfado, acompañada de refunfuños. Casi llevaban una hora jugando, la semioni había dejado de contar al alcanzar el pez azul número cincuenta, hasta el moño de su propio juego, Kuraku seguía contando e iba por el sexagésimo quinto pez naranja y Tobías, a la cola, seguía con dos. Que rabia le daba que el lunarian se le hubiera adelantado, el color de su barba le hubiera dado la victoria y habría ganado algo de dinero por ello. Aún así no se daba por vencido y seguía buscando peces rosas por el ancho rio, tan ensimismado que, tras pocos pasos, no se dio cuenta de que los arboles no les cubrían y todos se habían detenido para contemplar lo que se les presentaba delante. Chocó con su cabeza la baja espalda de Don Bambú. Bordeó al mink y contempló la imponente ciudad dorada que se plantaba frente a ellos. Había una especie de fortaleza altísima, también dorada, debía ser lo que había visto asomándose sobre el bosque desde el Frog Guild. Tobías seguía echando vistazos al rio, intercalando miradas a la espectacular ciudad que tenían delante, en busca de peces rosas, con la absurda esperanza de encontrar más que Kuraku y ganar la apuesta. Obviamente ya había perdido. Había un terreno circular con tierra batida en la parte más próxima a ellos de la ciudad, con gradas repletas de seres alados, muy similares a Garnet y a Kuraku. No había nadie sin alas. ¿Sería esta la tierra natal de ambos? Un estruendo a su zurda, precediendo a otro, interrumpió la vista a la ciudad y el juego de contar peces. Una polvareda escondía tres siluetas. Así como el polvo se iba asentando de nuevo en el suelo, Tobías pudo reconocer a dos de esos tres individuos. Eran Sohem y Viktor, acompañados de una joven de cabellos violetas a la que nunca había visto. Un escalofrío recorrió la espalda del joven barba turquesa, esos dos eran unas bestias pardas. Al enmascarado lo había visto en acción contra Flint, el gyojin orca, y al peliblanco lo había enfrentado en isla Toko, en aquella taberna de pueblo Kakutasu. Entendió al verlos juntos que el segundo también era cazarrecompensas y que la chica que les acompañaba debía ser peligrosa también si iba con esos dos. No le gustó verlos por ahí, los Shogun Gari habían aumentado considerablemente sus recompensas y eso sería como un refresco en el desierto para esos tipos.
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RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Zarek - 19-02-2024 Me acerco sin ningún tipo de sutileza y con toda la intención de abusar de esa belleza de mujer. O bueno, tal vez no hacía falta usar la violencia y ella también estaría interesada en recibir todo mi amor. A escasos dos metros de ella la reviso de arriba abajo mientras me mantengo con el pecho inflado y los brazos en jarra, marcando musculatura. Sin duda tenía un cabello dorado precisos, y un par de mogambos que quitaban el hipo con sabrosura. El problema llega cuando la miro directamente a los ojos. Sin duda gozaba de una gran belleza, y el maquillaje, aunque algo corrido por la caída, es llamativo y provocador. Pero algo se me hacía raro... Algo no encajaba. También tenía la sensación de haber visto esa cara en algún sitio... Quizá era mi radar de pito de burro lechero, o tal vez que el panorama salvaje e inhóspito me quitaban el morbo que flipas, pero decido dar un paso atrás y retractarme. -¿Sabes que? Te libras por hoy.- declaro mientras niego con los ojos cerrados cabizbajo. Luego escupo hacia la derecha. -Me las piro de aquí, que tengo cosas que hacer. Tú haz lo que se te cante.- Alzarme para ver qué había más allá de la arboleda había resultado en algo estúpido e infructuoso. No había conseguido elevarme más allá de las copas de los árboles más altos y no conseguí averiguar nada del entorno en el que me encuentro. Igualmente, desde mi posición, si haces el esfuerzo, puedes llegar a ver un pequeño sendero marcado en la tierra. Nada formal ni pavimentado, pero si un pasillo entre la exorbitante flora del lugar, como si ya otros lo hubieran recorrido en el pasado y nos hicieran de lazarillos. Decido entonces abandonar a la mujer a su suerte y me adentro por el sendero selva a través. Voy avanzando con calma, atento a los ruidos diversos de la fauna del lugar. Zumbidos, siseos, cantos de aves que no soy capaz de reconocer. Todo aquello se me hacía algo familiar, pero nada agradable. Cada vez que puedo, evito tocar plantas, frutillas o arboles. -Que puto asco de sitio - critico mientras esquivo la vegetación tanto como puedo, apartando también a manotazos los puñeteros mosquitos o moscas o los recurrentes bichos que se intentan posar en mi para acabar pegados en mi piel pegajosa. -De verdad, que putas ganas de salir de aquí, cojones...- Luego estaba el tema de la chica. No sé si me sigue de más cerca o de menos, si me habla o si se desnuda tras de mi. Yo había tomado la delantera y simplemente paso de ella, aunque estoy atento a mi alrededor por si le daba por acercarse de más y tenías que ponerla en su sitio. A ella o a cualquier animal salvaje que sonaba de fondo que quisiera un poco de acción. Pasadas las horas, el camino se abre un poco más frente a mi, denotando ya el final del mismo. Con el sendero acabado, frente a mi se abre una gran ciudad pasado un río. A mí izquierda un gran peñasco, que daba paso a la ciudad. En esta, veo una gran estructura circular elevada, como un gran estadio o muro interior. Rodeándolo hacía su derecha, una zona urbanizada, con casetas de poco tamaño pero a montones, con calles transitadas por diferentes razas aladas diversas. Otro detalle de sumo interés, es que las casas brillaban un huevo con el astro rey pegándoles desde arriba, reflejando un haz de luz dorada. Bien lejos, a la izquierda del todo, se alza una estructura colosal, pero que, debido a la gran distancia, se hace difícil de ver. -Vaya, vaya... Parece que por aquí puedo pasar más desaparecido...- maquino mientras me froto las manos con gesto avaro. -Algo me dice que voy a sacar un gran botín en este lugar, SHIHahaHAHaH- luego miro de un lado al otro de la ciudad -¿Por donde empezar...? Vale, vamos al sitio más grande, SHIHahaHAHaH- Dejando la selva atrás, decido avanzar a toda prisa hacia la estructura cerrada de madera, la de forma ovalada. Tal vez podría empezar por ahí a ver los rincones de la ciudad, por el sitio más grande, a lo loco. No obstante, lo primero era cruzar el río que se oponía paralelo a la ciudad.
Aclaraciones
Personaje
RE: [EVENTO FASE] Billete a las nubes. - Karlglass - 19-02-2024 Cuando Joe me indicó que ya me había oído dejé de gritar, sin pararme de mover por la emoción esperando que mis compañeros llegaran para adentrarnos en aquel bosque, Ikirami nombro algo de mi pollo de fuego, pero tanto primero Sephirot que había llegado el último como Joe, hablo de su fruta a Ikirami la intentaron tranquilizar y Joe dijo que nada de secretos y que igual ella podía contarme más cosas de mi fruta:. -¡Oh! Lo siento amiga, por supuesto que no queríamos ocultar nada, mira, soy un jodido semi oni enorme para lo que sois el resto de humanos, para mí, esto no es tan raro. Pero deja que te enseñe lo que puedo hacer. Dicho esto me convertí a mi forma híbrida mostrándosela a Ikirami: - Mira Iki, normalmente uso esta forma, pero creo que obtendrás más información de mí si utilizo mi otra forma. Esta es la forma de pollo Cósmico, me ha costado dominarla, pero su forma me permite moverme a gran velocidad en el aire. Y dicho esto me convertí en mi forma completa, pero antes de que pudiéramos hablar de ello y Iki me pudiera contestar, dos pollos, aproximadamente el doble de grandes que yo y más gordos que Daison, si me permite mi amigo el gigante la comparación, nos cortaron el paso levantando una gran polvareda y provocando que me pusiera en guardia, sin embargo, no demostraron una actitud agresiva tras el susto y que Joe muy rápidamente nos había dado instrucciones de permanecer detrás de él, transformandose de forma inmediata en su forma hibrida, hizo que me mantuviera serena y sin atacar. Las grandes (y gordas) aves parecían intentar indicarnos otro camino distinto al que habíamos elegido, Joe hizo caso y se adelantó a mis deseos diciendo que no podíamos adoptar a ninguna de esas aves. -Jo Comodoro, como me conoces, supongo que me tendré que conformar con Joseba. El camino por el que nos mandaron los pájaros gordos era enorme y cabíamos de sobra, tanto los marines a nuestro cargo como los civiles, decidí quedarme sobrevolando a mis compañeros, fue una ruta larga y además los civiles y la magnitud y tamaño del grupo hicieron que tuviéramos que ir a un paso más lento de lo habitual, no obstante aprovechamos esto para charlar sobre nuestro futuro e ilusiones, Joe nos habló de que tendríamos nuestro propio barco, que él iba a costearlo todo y que podríamos tener lo que quisiéramos. -Yo quiero que mi habitación tenga una cama grande y blandita en la que Joseba y yo estemos a gustito, además de muchos juguetes para que no se aburra cuando yo no estoy Joe, si hace falta también pondría de mi dinero, al final poco a poco estoy ahorrando. También nos comentó que nada de lo que había por el camino era comestible y grito para que todos lo supiéramos. -Teniendo comida como la que preparas, no creo que nadie vaya a comer de lo que se encuentre por ahí, estoy deseando terminar la misión y que me prepares platos aún mejores en esa gran cocina que anelas jefe, no obstante, voy a avisar por la cola por si algún hippie no te ha oído. Volé bajo comunicando el aviso de Joe a todo el mundo, aunque a alguno casi le da un parraque por ver a un pájaro gigante hablándoles de esta forma. Durante la travesía fui dando vueltas por el camino, alerta, por si acaso algo requería que paráramos o había alguna amenaza que requiriera mi intervención, aun volando, no era capaz de ver el resto de caminos, la selva aunque agradable y ancha por el camino recomendado por los pájaros, era inconmensurablemente alta y gigantesca, además, procure no salirme en ningun momento del camino, pues esas eran las instrucciones que nos habian dado. Por fin, tras unas tres horas de caminata, llegamos al final del camino, decidí volver a mi forma de semioni y dirigir la marcha con el comodoro para no llamar más la atención, pues no sabíamos lo que íbamos a encontrarnos allí. Era una gran ciudad de oro, con casas de distintos tamaños y un montón de gente alada festejando, ¿Tal vez aquí no sería un bicho raro? No parecía haber otros humanos sin alas o al menos no nos encontramos con ninguno fuera de nuestro grupo, pero lo que más llamaba la atención era un gran palacio que teníamos relativamente cerca y que se alzaba a una altura imposible, al cielo de los cielos, si seguíamos rectos llegaríamos a una especie de coliseo improvisado donde supuse que es donde se realizarían los juegos esos por los que habíamos venido. Joe nos dijo que tendríamos que encontrar a alguien encargado que nos dijera que hacer. -¿No tenemos ninguna otra instrucción jefe? Si estamos a cargo de la seguridad, yo diría que primero deberíamos asegurar el pueblo y esa especie de coliseo, podemos preguntar a una autoridad local, si encontramos algún tipo de cuerpo de policía. tú mandas. ¿Tal vez debería intentar subir a lo alto de ese gran palacio? jejejeje Sabía que Joe me iba a negar mi petición, pero el cuerpo me pedía subir a lo alto de ese lugar y visualizar en todo su esplendor aquella ciudad dorada llena de seres extraños, primero, seres diminutos y ahora gente con alas, el mundo estaba lleno de cosas por descubrir y yo estaba emocionada por seguir esta aventura, aunque intente ser lo más profesional posible como el resto de mis compañeros, aunque me costaba.
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