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T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Versión para impresión

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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Kisuke Kageyama - 11-08-2026

Parecía que la diplomacia funcionaba, al menos en una parte. El tipo estrafalariamente vestido como un candado no tenía intención de abrirles la puerta, a pesar de haber usado la contraseña, porque sabían de sobra quienes eran ellos, lo cual tenía sentido, y tampoco es que el antiguo pescador tuviese muchas esperanzas al usar aquella argucia. No obstante, empezó a contarles muchos datos de interés. Aparte del principal culpable, quien era el que generaba ese terror irracional tanto en él como en el hombre candelabro, había otro tipo bastante hundido en esa mierda, que resultó ser el tipo-reloj que les había comentado el muchachillo que había acudido a ellos buscando ayuda.

"Por fin información útil de verdad..."

Lo siguiente que contó el candado, hizo que Kisuke hirviese de ira y empezase a aflorar en él esa sed de sangre que le invadía cuando se enteraba de atrocidades como aquella. Como se había temido al saber que dos de las potenciales víctimas eran mujeres, y, según todos los indicios, el resto de las afectadas, también, estaban ante un claro caso de abusos sexuales y quien sabía que macabros fetiches más, porque según iba hablando el hombre candado, más turbio se estaba volviendo aquel asunto. Kisuke suspiró tratando de calmarse porque era capaz de derribar la puerta y empezar a cortar cabezas a diestro y siniestro sin pensar, tenía que mantener la cabeza fría, al menos por el momento. Finalmente les dio la localización de las chicas, al menos las vivas, dijo sin tapujos, por lo que ya, para empezar, era demasiado tarde para alguna de las muchachas. Una de las cosas que había hecho a Kisuke entrar en la Armada Revolucionaria era la de acabar con aquellos hijos de puta con poder que se creían impunes para violentar y abusar de las mujeres. Aquello en concreto, le sacaba de sus casillas especialmente.

"Mataré a esos hijos de puta..."

Pero justo en ese momento entró en escena el candelabro, haciendo la mayor estupidez que podría haber hecho, gritando a grito pelado que los Toros Negros estaban allí y acto seguido un terrible rugido, como el de una bestia muy enfadada, resonó por todo el desfiladero donde estaba oculto el castillo. Kisuke se llevó al mano a la empuñadura de Yamigiri inmediatamente dispuesto a rebanarle el pescuezo al lamentable tipo, pero Panda ya había salido a por él gritandole, por lo que le dejaría hacer al mink; mientras, el se concentró en lo que le dictaminaba su haki y podía percibir muchas presencias irrumpiendo en su radar sensorial, mientras detectó dos más poderosas que el resto, una varias veces más intensa que la otra. Había que aprovechar el tiempo y la prioridad estaba clara, las rehenes. Haciendo uso del ratón que todavía permanecía en el hombro del úrsido, Kisuke le dio sus órdenes en voz baja.

-Pandita, las chicas, después de limpiar con la basura, vete a por ellas y sácalas de aquí, yo entretendré a los peces gordos...



En ese momento, justo cuando el mink aterrizó a su lado después de haber acabado con el candelabro, las puertas se abrieron y Kisuke se transformó al instante en hollín, incrementando su percepción a un nivel superior y bajando su rango a 10 metros, para pasar de largo de la horda que les atacaba e ir directamente a por el tipo que estaba comandándoles, el famoso hombre reloj. Pudo ver en su forma incorpórea como un mink león se retiraba; ese debía ser el cabrón que estaba detrás de todo esto. No quería perder de vista a los dos peces gordos, y menos aún al hijo de puta que había perpetrado todo aquello.

"¿Vas a salir con el rabo entre las piernas, gatito?"

Pensó esto mientras se convertía en su forma corpórea de nuevo a 7 metros del hombre reloj, y sacando a Yamigiri y Onikiba de su vaina, mientras activaba su busoshoku imbuyendo su haki en la hoja de ambas katanas dispuesto a ir con todo a por el hombre reloj, que era el objetivo que tenía más a mano. A la vez que hacía esto, una nube de hollín empezó a envolver con su oscuro manto los filos de sus preciadas katanas.

-Susu no koromo...

Kisuke no estaba para tonterías por lo que adoptó una posición particular con sus espadas y se abalanzó hacia el hombre reloj con un salto, con las katanas colocadas en forma de equis, dispuesto a embestir con toda la furia de los Toros Negros a aquel miserable.

-Nitoryuu... Arashi no nami

Tras el ataque, retrocedió dos metros, con las espadas en guardia dispuesto a saldar aquel asunto de la manera más violenta y rápida posible. Habían cabreado al Comandante de los Ejercitos del West Blue de la Armada Revolucionaria, y lo iban a pagar muy caro.

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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Conde Adam - 15-08-2026

En la oficina.

Subi las escaleras con prisa y entre en mi oficina, mi haki seguía activo, así que podia notar que estaba sucediendo abajo, me acerqué a mi tocadiscos y puse una melodía que siempre me reconfortaba, hecho esto me crucé de brazos y me recosté sobre mi escritorio viendo directamente la puerta de mi oficina, a la espera de que aquellas dos personas, Kisuke y Bambú cayeran muertas.

Sin embargo, quienes estaban muriendo eras mis cuchillos, mis utensilios de cocina, estaban siendo masacrados y borrados de la faz de mi castillo, por el aura negro-blanca con forma de llama… Maldita sea, comencé a tamborilear, con los dedos nervioso, el aura de Dondindin seguía allí, pero yo era precavido, no habia sobrevivido tanto tiempo sin serlo, así que camino al armario detrás de mi asiento y saque mis dos escudos, colocándome uno en cada brazo, volviendo a mi posición original, pero esta vez sin cruzar los brazos.

En la entrada.

El fiero ataque del Panda, diezmo a una velocidad impresionante a los cuchillos finos del Conde, Dondindin, estaba convencido que esto se debía a que el hombre encargado de aquello era un mink como si amo y señor, pero lo raro es que el otro tipo se deshizo en una nube de…¿Humo?, el hombre reloj se preparó, no le quito en ningun momento los ojos a la nube de humo, si bien no tenia las habilidades de su amo y señor, sabía que estaban bajo asedio, en el instante en que el hombre humo volvio a su forma normal, vio que solo los separaban 7 metros e interpuso tan rapido como podia su báculo reloj entre él y las espadas del hombre y vio horrorizado como este se rompía a la mitad, fruto del impacto que no fue capaz de soportar. – MALDITO HIJO DE PUTA, ESE ERA MI ATIZADOR. – Pero Dondindin, no era idiota, una cosa era abusar de chicas desarmadas y otra de un tipo que acababa de romperle su báculo en un parpadeo y ademas le habia hecho daño, por lo que, le dio la espalda al antiguo pescador, mientras gritaba. – AMO SALVEME, POR FAVOR SALVEME. – Al mismo tiempo que subía por las escaleras con intensión de llegar a la oficina del Conde y sitio donde sabia que podia estar a salvo.

En la oficina (Otra vez)
Mi buen oído, me permitió escuchar la maldición que Dondindin habia lanzado ante el hombre del aura verde, Kisuke, al parecer este habia roto el báculo que mi sirviente usaba para imponer el orden, pero lo que me saco de mis cabales, fue escuchar su otro grito de auxilio, maldito cobarde, escoria, ya lo mataría cuando me encargue de estos 2, respire profundo, no podria dejarme llevar por la ira, al menos no por ahora, la melodía del tocadiscos me ayudo a mantenerme calmo. Dondindin estaba intentando subir las escaleras, por lo que entendía que queria atraer a los invasores a mi oficina, bien…., una jugada que me gustaba, pero aun así lo mataría.

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Bélico



RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Max D. Bambú - 16-08-2026

La mayoría de hombres cuchillo murieron con el primer ataque en área de Bambú. El Bearquake era una técnica temible, aunque más temible todavía era su Oleaje, que había perfeccionado tanto a lo largo de los años que requería de una increíble habilidad para su ejecución. Habilidad de la que no disponía en esos momentos por haberse centrado en demasía en dominar los secretos del haki, de modo que tuvo que rematar al resto de cuchillos con una técnica más débil e imperfecta, pero igualmente devastadora: Tsunami. El resto de cuchillos que quedaban perecieron con el impacto de aquella gigantesca ola de pavimento, la cual terminó de arrancar las puertas de sus goznes y de arrastrarlas hasta el exterior hechas pedazos. Con aquellos dos ataques, no quedó cuchillo alguno para hacerle daño a nadie. El daño que habían hecho, eso sí, permaneció como innumerables marcas cortantes en el cuerpo del mink panda, cuyas heridas, si bien no eran graves, podrían suponer un problema en la batalla venidera contra el conde Adam.

La pelea de Kisuke parecía ponerse interesante. El hombre reloj demostró una habilidad mayor a la que le atribuyó el panda en un principio al lograr interponer su báculo frente al ataque de su comandante, sin embargo su bastón nada tenía que hacer contra el poder de Kisuke, capaz de partir muchas más cosas que un simple bastón de madera. La suerte estuvo del lado del relojero, que logró evitar una muerte prematura con aquel movimiento azaroso. Cobarde como era, empezó a retirarse suplicando la ayuda de su señor y Bambú vio con claridad una apertura para rescatar a los rehenes. —¡Voy a ello, comandante, volveré en cuanto sea posible! —No dudó ni por un instante de que Kisuke se las apañaría bien en el primer encontronazo contra el conde del castillo, si es que decidía enfrentarlo directamente en lugar de preparar el terreno a su favor o sencillamente acompañar a Bambú.

Adolf se lo había indicado con claridad. Las chicas se encontraban en el sótano, bajando las escaleras de la cocina y girando a la izquierda para llegar a donde estaban. También les había advertido de DonDinDin, que estaba huyendo; de los cuchillos, que habían muerto; y del látigo del relojero, que a estas alturas uno podría asumir que era otra persona disfrazada. No necesitaba navegar por los complejos pasillos del castillo para encontrar la cocina para llegar a los rehenes, pues poseía los poderes sobrenaturales que le otorgaba la Oshi Oshi no mi. El suelo se deformó bajo los pies de Bambú, síntoma de que sus poderes habían empezado a funcionar. Extendió su kenbunshoku básico como un radar en un radio de 200 metros para localizar a los rehenes, cuyas presencias debían de estar en el subsuelo y seguramente evocarían emociones negativas tales como el miedo en sus auras, y empezó a excavar en dirección hacia ellas. La boca del túnel, situada directamente entre las escaleras y la puerta, tenía un diámetro de cinco metros de ancho, suficiente para que el mink y unas cuantas humanas pudieran salir y maniobrar sin demasiadas dificultades. Orientó el túnel en una diagonal descendente hacia el lugar donde se encontrarían las presencias en el subsuelo y confiaría en que Kisuke hiciera lo que creyese más adecuado.

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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Kisuke Kageyama - 16-08-2026



Kisuke lo sabía, aún era demasiado lento moviéndose como para sorprender siquiera a un tipo como aquel. Su ataque, aunque poderoso, apenas había servido para romper el arma de aquel estrafalario tipo, que parecía bastante molesto por haber perdido su arma, con el que seguramente se empalmaba maltratando a las chicas. Kisuke escupió a un lado dispuesto a atacar de nuevo, pero, cual cucaracha aquel tipo no se iba a quedar quieto. Soltó una maldición para sí mismo, consciente de que aún le faltaba muchísimo entrenamiento cuando no era capaz ni de derribar a un tipo como el reloj con patas aquel. Vio sin mucha sorpresa como huía pidiendo auxilio a su jefe como un cobarde escaleras arriba. Aquello sin dudas era lo que esperaba de alguien como él, vistos los dos especímenes anteriores. Aquella ratas, porque no tenían ni el suficiente valor siquiera para afrontar sus malas decisiones, no iban a plantear una pelea ni medio justa siquiera.

"Este se piensa que yo he nacido ayer..."

Claramente, aquel tipo pensaba llevarle a una encerrona junto a su temido jefe, lo cual trató de disfrazar de una desesperada huida. Pero el antiguo pescador tenía suficiente Grand Line a sus espaldas como para reconocer este tipo de burdas tretas. No iba a ofrecerse fácilmente a aquel mink león, que seguro estaba ansioso por eliminarlos a los dos, por lo que cuando Panda dijo que se ponía con el tema de las rehenes, aprovechando aquella maniobra del reloj, pues el tipo cerrojo les había indicado donde estaban supuestamente las rehenes, Kisuke le susurró, a través del ratón, mientras se marchaba.

-Sácalas, pero fuera de la mina, Panda... En cuanto termines vuelve, que tendremos que repartir estopa aqui...

Había algo que le preocupaba al respecto del tema de las rehenes, porque el tipo cerrojo bien pudo haberles engañado de alguna manera, aunque según su percepción el tipo estaba siendo honesto cuando les dijo aquella información. No osbtante, si se daba aquel caso, Kisuke confiaba plenamente en el juicio y las capacidades de su amigo, no en vano, era miembro del ejército revolucionario y llevaba navegando desde antes de que él se hiciese a la mar, por lo que no habría problemas en ese caso.

"El Peluchito sabrá que hacer... Ese cabrón es más listo que yo... Kuhahaha..."

Por su parte, el antiguo pescador tenía que decidir que iba a hacer si no se iba a dejar atraer donde el reloj quería llevarle. Mantuvo su percepción del kenbunshoku activa y se dedicó a inspeccionar el vestíbulo y las escaleras, en busca de posibles trampas y tratando de memorizar bien las dimensiones y obstáculos de aquella estancia. Conocer bien el terreno de combate era una regla básica y no iba a desaprovechar aquella ventaja que les estaba dando el señor reloj con su cobardía, y el mink león con su indolencia. Ese cabrón no sabía con quien estaba tratando aún. Tras inspeccionar el vestíbulo, se puso en el centro de la sala y se quedó de brazos cruzados, esperando que alguno de aquellos dos se atreviese a dar la cara. Sacó un cigarro y se lo prendió.

-Susu no jigoku...

Contenido Oculto
Desenvainó a Yamigiri con toda la parsimonia del mundo. No tenía muy claro que debía hacer. No quería poner en riesgo el trabajo de Panda, por lo que era imperioso que aquellos tipejos estuviesen controlados en todo momento, no podía permitir que su hermano de armas fuese atacado mientras trataba de sacar a las chicas de su encierro. Por lo que en esta ocasión ni siquiera te contuvo.

-¡¡VAMOS GATITO!! ¡¡VEN AQUI SI TIENES PELOTAS YA QUE TANTO TE GUSTA USARLAS TE HARÉ UN LLAVERO CON ELLAS, PEDAZO DE CABRÓN ACOJONAO!!

Gritó aquellas palabras a pleno pulmón sin cortarse ni un pelo, esperando herir el orgullo de aquel cabrón abusador. No se merecía menos que aquellas palabras pero Kisuke pensaba darle más, mucho más que aquellas burdas palabras. Odiaba con todo su ser a ese tipo de gente, y pensaba acabar con él de la manera más dolorosa y humillante posible, no se merecía menos. Se mantuvo en guardia, con la espada alzada y el Kenbunshoku activo en un radio de 15 metros a su alrededor, incrementando ligeramente su radio para estar mejor preparado ante cualquier ataque sorpresa que aquellos cabrones cobardes le pudiesen intentar hacer.

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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Conde Adam - 18-08-2026

Mi haki de observación sintió como el Ailuropoda Communismus Melanoleuca ó Panda Comunista Gigante, abandonaba la escena, rumbo al sótano o mejor dicho mí despensa. Allí era donde estaba mi comida, estos malditos no solo venían por mí, sino que tambien por lo que me pertenecía, mi ojo frío seguía fijo en la puerta, cuando el marica de Dondindin entro por allí ensangrentado, claramente habia recibido un ataque y el muy MARICA, no habia sido capaz de pelear, lo mire con una mezcla de desprecio y asco, este cerro la puerta y me dijo.- Amo, amo mío, perdóneme, pero el tipo este, Kisuke es demasiado rapido, me rompió mi bastón, mi atizador, AMO, ¡HAY QUE MATARLO! .- En ese instante escuché la provocación que venia de abajo, sonreí con malicia y mis blancos dientes centellaron, pero mantuve la calma, ayudado en parte por la canción del tocadiscos, le iba a demostrar a este cabrón que era el miedo, el verdadero miedo.

Me di la vuelta y caminé hacia una de las estanterías de mi oficina, estaba reservando esto para la noche, pero bueno, me ayudará a matar al comunista. Tire de un libro de anatomía y un compartimiento especial se abrió, en este reposaba la muchacha que habia estado satisfaciendo mis deseos estos últimos dos días, estaba vestida con un largo traje amarillo de gala, la tome en brazos, yo mismo la habia puesto en este estado de coma, para evitar oírla gritar.

Una vez en mis brazos, le dije al marica de Dondindin. – Espérame aquí, luego de que acabe con los revolucionarios vendré a ajustar cuentas contigo roar. – Camine a la salida de la oficina y comencé a bailar por el pasillo que conducía a la escalera que bajaba al vestíbulo, una vez llegue al inicio de la escalera, me detuve y ajuste mi haki de observación, pasándolo al medio y reduciendo el rango de efecto de esto a solo 20 metros, allí parado, aun con mi juguete agarrado, comencé a bailar, mientras bajaba la escalera y dije. – Sea bienvenido comandante de los Ejércitos del Oeste, de la Armada de los Maricas, rarararararara, Kisuke Kageyama, a este MÍ baile de la muerte. . – Llegue al final de esta y lance a la muchacha que hasta hace poco me habia servido de pareja hacia mi lado izquierdo, su cuerpo inerte cayo sin oponer resistencia.

Mi ojo miro y mi nariz miraron a Kisuke, tambien el agujero que estaba cerca de este y le dije. – Acá estoy Kageyama o acaso vas a salir corriendo como él panda que te acompañaba. – Dije mientras adoptaba una pose de batalla, colando mi brazo izquierdo por delante con el puño y el derecho más atrás preparado para reaccionar y en ese instante comencé a sentir un cosquilleo que me empezaba a llenar todo el cuerpo, estaba preparado.


Camino al sótano.
Nuestro querido Bambú puso patas en polvorosa en búsqueda de, las o los supervivientes, que Adolf les habia comentando, bueno, más bien hizo uso de su poderosa akuma no mi para abrir un túnel, mientras desplegaba su temible poder “Trabajadores sin Sindicato”, uno que usaba para rastrear a cuanto laburante sin asociación existiera en un rango bastante amplio.

Su poder cubrió una gran parte del castillo, donde pudo notar auras inquietas, que parecían no saber que pasaba en realidad, pero lo más llamativo eran las 15 auras agrupadas casi una encima de la otra a solo 20 metros de su posición inicial,  junto a estas, habia un aura mucho más fuerte que la suma de estas 15, esta a diferencia de todo el castillo y del Conde Adams, estaba expectante, como deseoso que el Panda llegara.
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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Max D. Bambú - 18-08-2026

Mientras Bambú excavaba diligentemente, entró en el radar de su percepción extrasindical cómo había cerca de una veintena de presencias no laburantes hostiles en el subsuelo, a 20 metros de su posición original. Parecían confundirse la una con la otra, ya que estaban como apiladas de alguna forma extraña. Al lado de estas auras había otra más que tenía más fuerza que las quince juntas sumadas. La emoción que prevalecía en su aura era la expectación. ¿Sabía que Bambú estaba bajando a por él? Si así era, probablemente fuera usuario del haki de observación. ¿O tal vez su expectación venía de la mera presencia de intrusos en el castillo? Sea como fuere, si alguna de esas presencias estaba herida y él era el culpable pagaría el precio de sus crímenes multiplicado por diez sobre su propio cuerpo. Mientras el panda efectuaba su descenso hacia el sótano, redujo su haki de observación básico a cincuenta metros de distancia, ya que detectado exitosamente a los rehenes sin problema.

Mientras cavaba con la determinación de llegar a su destino y salvar a todas las prisioneras de su precaria situación laboral, la voz de Kisuke le susurró al oído a través de su ratón de hollín en su hombro izquierdo. Le ordenaba que sacara a las muchachas fuera de la mina y que luego regresase para pelear. Así era como debía ser, desde luego. Primero poner a salvo a los rehenes y luego asegurar el objetivo. Sólo los marines, sucios perros del Gobierno, lo harían al contrario. Así era que ellos buscaban la gloria por encima de todo y el bienestar de los civiles era algo que se mantenía por el camino, si es que se llegaba a mantener. Se preguntó qué haría Apolo Bahía en aquella situación, él que a pesar de su condición de marine tenía ideas que entraban en consonancia con las del Ejército Revolucionario. ¿Iría cómo él a rescatar a los prisioneros o lucharía junto a su escuadrón, todos juntos, contra la amenaza leonina del castillo antes siquiera de preocuparse por el primero de los rehenes? ¿Cuán envenenadas estaban las mentes de los perros marítimos para siquiera hacerlo de ese modo y no de otro? Aquel océano embravecido de pensamientos emergentes fue interrumpido por el desaforado grito de Kisuke, que llamaba al león cabrón acojonado, sin duda alguna para obligarle a bajar y no enfrentarlo en un terreno favorable para él. Ahora que lo pensaba, mientras bajaba lentamente por el túnel que él mismo estaba creando, había sentido las intenciones más profundas de Kisuke y percibido la ejecución de una técnica curiosa. —Con que esas tenemos comandante, honhonhon. —Comentó en voz baja, seguro de que Kisuke podría escucharle a través de su ratón. El conde Adam pareció responder a su provocación, pero antes de bajar a la planta baja para encontrarse con el comandante de los Ejércitos del Oeste, hizo "aparecer" una presencia muy frágil a su lado, como si la hubiera sacado de un sitio dentro del cual Bambú no podía percibirla. No tenía ni idea de quién o qué era, pero cuando el conde bajó por las escaleras, esta presencia minúscula se alejó de la del Conde bruscamente. Por su parte DonDinDin se quedó en donde antes estaba su leonino maestro como un cobarde.

El camino del mink estaba llegando a su final. Las presencias eran cada vez más cercanas y Bambú debía concentrarse para no perder detalle de lo que sucedía a su alrededor. —Buena suerte Kisuke. Espero tenerla yo también... —Al finalizar aquellas palabras, Bambú llegó finalmente a su destino. Su túnel desembocó directamente en lo que debía de ser el sótano al cual se accedía desde las cocinas. Habitualmente tales estancias se empleaban como despensas, ya que el frescor del subsuelo favorecía la preservación de los alimentos durante más tiempo. —No os preocupéis, trabajadoras explotadas. —Anunció con su llegada, saliendo del túnel e irguiéndose cuan alto era. Su mirada buscaba con el ceño fruncido a su próximo enemigo. —Porque ya ha llegado la Revolución. —

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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Kisuke Kageyama - 18-08-2026



El mink parecía que había mordido el anzuelo. Apareció bailando como si se creyese un danzarín profesional o algo por el estilo, y cargaba en su hombro a una de las chicas. Pudo ver su rostro inconsciente un poco de refilón, gracias a su aguda vista, y vio que era la hermana del muchachillo que había buscado su ayuda. Mientras bajaba como estúpido, le daba la bienvenida a su castillo, insultándolo, o eso se pensaba el mink. Soltando una bocanada de humo, sonrió sarcásticamente y le dijo:

-Gracias por la bienvenida, Vizconde Furro... Venimos a exterminar una plaga de alimañas, y como voy a gozar cuando estos maricas te den bien por el culo....

La vena de la sien de Kisuke se hinchaba ante la rabia y frustración de aquella imagen, y apretó con fuerza la empuñadura de Yamigiri, con su mano izquierda, mientras con la derecha desenvainaba a Onikiba. Aquel hijo de la gran puta iba a pagar muy caro por todo lo que había hecho, pero no debía dejar que la rabia le controlase o su espada se vería afectada, tenía que controlar sus emociones. Miró con infinito asco al mink, mientras este descendía la escalera y cuando terminó de bajarla, lanzó a la muchacha hacia un costado.

"Hijo de perra... bueno, leona, pero bien perra..."

Haciendo uso del hollín del susu no jigoku levantó una nube de hollín que recibió el cuerpo de la joven y la dejó en el suelo suavemente, a los veinte metros que la había lanzado el mink. Le lanzó una mirada fría al anfitrión de aquella macabra fiesta, mientras este le invitaba a hacer el primer movimiento. Kisuke había peleado, y muchas veces, aunque fuera el mismo, con un mink, por lo que no iba a ser tan imprudente de saltar a la carga sin pensar como había hecho con el hombre-reloj. Era perfectamente de la velocidad y agilidad de los minks, por lo que, ajustando su kenbunshoku medio a diez metros, y con las espadas desenvainadas, se preparó en posición de guardia puesto de perfil mirando al mink con Yamigiri delante y Onikiba hacia atrás.

-Es de buena educación que el anfitrión abra el banquete, pero en esta ocasión, aceptaré su invitacion... Susu no koromo...

Una nube de hollín empezó a brotar y cubrir las hojas de sus katanas con un mantillo negro, mientras las imbuía también en haki de armamento. Sin pensárselo dos veces, se abalanzó comenzando a girar con el filo de las katanas en posición horizontal, a la altura de sus muslos, puesto que el mink medía como cuatro metros.

-Nitoryuu: Kurage no hitokuchi...

Tras el ataque retrocedió de un salto cinco metros, y se mantuvo con la guardia en alto, con ambas espadas listas para el combate.

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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Conde Adam - 20-08-2026

En la entrada
Una vez pisé el suelo sentí como mi cuerpo se estremecía, primero por el electro que se acababa de activar y segundo quizás por el extraño poder del marica de Kisuke, pero mantuve mi postura, yo era mejor, yo soy mejor, ademas sabía que habia caido en mi trampa.

Mantuve mi postura, sin moverme ni un centímetro, mi haki me advirtió de lo que se avecinaba, el ataque de aquel comandante era inminente, así que en el instante en que desato su tecnica, yo realice la mía tambien. Al grito de. -! AMPARO DEL LEON! . -Movi mi brazo izquierdo a una velocidad increible e intercepte los espadazos de Kisuke, mi ojo bueno lo miro por un instante y sonreí con malicia, mientras le dejaba caer mi contraataque al grito de. – ! ESTOQUE DEL LEON! . – Imbuí en haki de armamento medio mi escudo del brazo derecho y golpee a Kisuke en la frente, con una violencia mayor a la que suelo emplear al usar este ataque y vi complacido como fruto de mi arremetida violenta el Comándate de los Maricas del Oeste salía disparado hacia atrás, fijo en mi posición, extendí mis brazos y reí con malicia. – RARARARARARARARARARARAR, ¿ESO ES TODO LO QUE PUEDES HACER COMANDANTE?, MIENTRAS SIGAS PREOCUPADO POR ESA PERRA, NO SERAS CAPAZ DE VENCERME… ¡LEVANTANTE Y ENFRENTAME!, MARICA, COBARDE, ¡ROAR! . – La victoria seria mía y cuando la consumara, mataría a todas las mujeres que aguardaban en el sótano y me iria de aquí.

En el Sótano
Max D. Bambú hizo acto de presencia y su imponente sombra liberadora de trabajadores oprimidos se poso sobre la jaula que estaba a solo 15 metros de él y las pudo ver, con claridad, las chicas secuestradas, las 15 chicas secuestradas por el Conde y compañía, estaban aterrorizadas ante su presencia, si bien nuestro valiente revolucionario habia anunciado que estaba aquí para liberarlas, estas estaban tan traumadas que no podían creerle o no querían hacerlo. Los ojos del panda pudieron ver tambien las ropas raídas y la cantidad de golpes y moretones que tenían en sus cuerpos, claramente eran maltratadas con mucha frecuencia.

Pero la imagen se interrumpida por un aplauso y el aura que condensaba todo el poder de la sala salio de detrás de la jaula, era un látigo antropomorfo o un hombre látigo, según como se le viera, este sonrió con malicia y dijo. – ¿Liberarlas de que específicamente?, ¿acaso no ves que estan super a gusto aquí? . – Y golpeo el suelo con el látigo que sostenía en su mano izquierda, lo que provoco una serie de gritos en las chicas y espasmos, el hombre látigo sonrió complacido al escuchar aquello, volvio a golpear el suelo con el látigo y dijo. – ! SILENCIO !, Mi nombre es Wiplash y tu vida a llegado a tu fin MAX D. BAMBU. – El hombre látigo acorto la distancia que lo separaba del panda 14 metros y allí le soltó un violento latigazo imbuido en haki de armamento medio directo al cuerpo.
La batalla en ambos pisos se habia desatado.
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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Max D. Bambú - 20-08-2026

Quince de las dieciséis presencias que había en aquel sótano se materializaron frente a sus ojos en cuanto llegó al sótano. No era fácil de apreciar, porque su sombra se proyectaba por encima de la jaula que las privaba de su libertad, pero a simple vista parecían ser todas mujeres. Todas increíblemente aterrorizadas, faltas de esperanza y magulladas física y psicológicamente. Cuando Bambú se fijó en la clase de ropas que llevaban y en las evidentes heridas que plagaban sus cuerpos, apretó los dientes y frunció el ceño, evocando una expresión furibunda que no era propia de él. La decimosexta presencia empezó a aplaudir sin demasiado acierto. Salió de la oquedad que quedaba entre la jaula y la pared del fondo, la cual debía ser lo bastante ancha como para poder acoger a aquel canalla miserable. Era un hombre, quizás humano por la estatura, aunque con el ridículo disfraz que llevaba era imposible saberlo a ciencia cierta. Era bajito para Bambú, quizás llegando al metro setenta y cinco con suerte. Su complexión tiraba hacia lo atlético y a juzgar por el látigo que portaba en su mano izquierda debía de ser más diestro que fuerte, como le pasaba a muchas personas que peleaban con armas del estilo. Cuestionaba las intenciones de Bambú, alegando que las muchachas estaban bien en aquel lugar. El restallido de su látigo provocó unos gritos asustados y una sonrisa siniestra nació en el rostro de aquel individuo. Los puños del panda se cerraron con fuerza. Su sangre estaba en ebullición. Aquel hombre disfrazado de látigo representaba la opresión contra la que luchaba el Ejército Revolucionario con todas sus fuerzas. Se presentó como Wiplash y, naturalmente, conocía el nombre del panda. Su sexto sentido le alertó de algo que sus ojos no podrían percibir: el movimiento en línea recta de aquel sujeto hasta una distancia de dos metros de él con plenas intenciones hostiles. Imbuyó sin perder ni un segundo de tiempo su mano izquierda con el característico color negro del haki armadura. Su guante reflejaba en su negro absoluto la luz candente de las antorchas que iluminaban aquella estancia. El hombre látigo empezó a acercarse, pero Bambú no se quedaría quieto esperándolo. Cuando Wiplash estaba a siete metros de él, es decir, a cinco metros de terminar su recorrido, Bambú se adelantó cuatro metros hacia delante, trazando sensiblemente una diagonal hacia su propia izquierda y encontrándose con Wiplash a dos metros de rematar su propio recorrido con la intención de darle un latigazo en la cara.

Algo más de un metro los separaba, pero Bambú era muy grande y no tendría problema alguno en alcanzar a su objetivo desde esa distancia. Sus piernas se flexionaron, rebajando su altura ligeramente. Su brazo izquierdo se hinchó visiblemente, evidencia de la fuerza que estaba ejerciendo sobre sus movimientos, y se pandapultó hacia delante desde la cadera. Su mano abierta buscaba con la palma el rostro de Wiplash a la altura de la nariz. El impacto resonó en toda la estancia con una sequedad grave. El cuerpo del hombre látigo se desplazó hacia atrás catorce metros de distancia, pero en ningún momento llegó a perder el equilibrio. —Las personas como tú me dan asco. —Sentenció Bambú. Sus piernas todavía estaban flexionadas. Su brazo se había replegado y ahora se encontraba ligeramente flexionado hacia atrás paralelo al derecho, ambos en la misma postura con los codos a la altura de las caderas y los puños cerrados hacia delante. Sin aviso alguno, el panda saltó en línea recta hacia delante mientras su cabeza y su mano derecha se recubrían del mismo color que la izquierda. Su torso giró en medio del aire 90º hacia la izquierda y sus puños cerrados se situaron paralelas a la cabeza, dándole apariencia de un tridente úrsido. Su puño derecho impactó en la cara de Wiplash, justo donde había impactado el Malemare; su cabeza fue directa a su estómago y su mano izquierda se encontró con la rodilla derecha del opresor. La segunda sequedad grave que inundó con su sonido la habitación se acentuó con un desagradable crujido proveniente de la cabeza de aquel individuo tan desagradable, que salió despedido por el segundo impacto con tanta fuerza que chocó contra una de las paredes del sótano. Bambú aterrizó con su pierna izquierda en el suelo, irguiéndose al momento con los puños cerrados a la altura de las caderas, apuntando hacia el suelo. —Os bebéis todo el poder que os conceden vuestros señores como si no hubierais catado un vaso de agua en semanas. —Mientras hablaba, el panda avanzaba hacia delante caminando. Cuando llegó a donde estaba Wiplash le agarró del cuello con la mano izquierda y lo levantó del suelo como si fuera un trapo sucio. —Y abusáis de él completamente ebrios porque no hay consecuencias a la vista. Es patético. —Su puño derecho se hundió en el estómago del malherido Wiplash. Su sufrimiento no duraría mucho más, porque al contrario que él, Bambú no era ningún monstruo. —Pero este castillo de naipes que os habéis construido con vuestras febriles ensoñaciones de poder se derrumba ante la menor de las brisas. —Aflojó el agarre en el cuello de Wiplash y dejó que cayera al suelo por su propio peso. De repente Preypiercer se encontraba en su mano derecha y parecía brillar, a la luz de las antorchas, con una tenue luz rojiza que contorneaba el negro del haki armadura que ahora la imbuía. Sin necesidad de pensarlo ni de dirigirla, la propia lanza parecía buscar el cuello de Wiplash. —Y nosotros no somos una mera brisa, somos las llamas de la Revolución que lo consumirán todo. —Fue rápido, fácil y directo. Preypiercer se hundió en la garganta de Wiplash con toda la fuerza que fue capaz de imprimir en ella Bambú, incrustándose en el proceso en el suelo del sótano.

La consciencia de Wiplash se desvaneció tan rápido que Bambú no estaba seguro de si seguía vivo o no, pero ya no importaba. Desclavó a Preypiercer y la volvió a envainar. Seguramente aquel imbécil tenía las llaves de la celda, así que se agachó para registrarle y hacerse con ellas. —Ya no tenéis que temer nada. No mientras nosotros estemos aquí...

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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - Kisuke Kageyama - 20-08-2026



Había algo extraño en aquello. Desde que había visto aparecer al mink, bailando como un idiota, el antiguo pescador había sentido en su fuero interno como si todo fuese inútil, que estaba solo, que no podría hacerse cargo de aquella situación. Hacía mucho que no sentía algo así y aún con su espíritu intrépido y decidido, la duda empezó a carcomer la voluntad del Comandante de la Armada Revolucionaria. Era vergonzoso, y eso no hizo si no acrecentar aquella sensación que le había invadido desde que viese la estúpida performance del león, sin duda había algún truco en aquello, pero no tenía tiempo de descubrir que era, tenía que matarlo y terminar con el sufrimiento de aquellas chicas que habían sido abusadas por semejante bastardo.

"Recuerda, imbécil, no luchas por ti... luchas por los demás... por los que no pueden hacerlo... para que no sean víctimas de la gente con poder..."

A pesar de aquel estado mental en el que se encontraba el antiguo pescador, este se lanzó al ataque con el recuerdo de aquel muchacho que había ido a pedirles ayuda en la mente. No obstante, Kisuke lo sabía. Lo sabía muy bien. Era perfectamente consciente por todas las veces que se había enfrentado entrenando a Panda. Por eso mismo, el desagradable mink león tuvo tiempo de preparar una buena defensa ante su acometida, e incluso pudo contraatacarle con uno de los escudos. Era fuerte, de eso no había dudas, puesto que fue capaz de embestir con su escudo en la cara de Kisuke, antes de que este pudiese activar su haki de armamento para mitigar el golpe.

"Te falta entrenamiento, lanzacañas..."

Sin duda el golpe fue duro y una sensación parecida a una corriente eléctrica le recorrió la espina dorsal, ante el brutal golpe de su contendiente. Fue empujado hacia atrás fuera incluso del vestíbulo, saliendo por la puerta que había echado abajo su compañero, quedando fuera del castillo a tres metros de esta. Había conseguido frenar su desplazamiento involuntario con sus katanas, pero había perdido la concentración hasta tal punto que había perdido momentáneamente el control de su haki y de su habilidad de akuma no mi. Resopló y agitó la cabeza tratando de hacer remitir aquella sensación de agarrotamiento que sentía en el cuerpo, pero no era capaz. Casi podía oir la voz de Onikiba desde su mano izquierda riéndose de él.

"Qué lamentable espectáculo... ¿y así pretendes cambiar el mundo?"

Kisuke chasqueó la lengua y se irguió entrando de nuevo por la puerta con paso firme aunque sentía que las rodillas le flojeaban aún por estar bajo los efectos del golpe que se había llevado. Un hilo de sangre le brotaba sobre la ceja izquierda donde el impactó había conseguido abrir un corte en la tensa piel del revolucionario. No era nada grave, ni mucho menos, pero dejaba en claro que aquel tipo era mucho más fuerte de lo que aparentaba. No podía despistarse ni lo más mínimo. El muy imbécil seguía tratando de insultarle y provocarle, pero a ese juego sabía jugar también Kisuke. Se detuvo a 10 metros de él e hizo un molinete con ambas espadas, tratando de liberar tensiones y centrarse de nuevo en su objetivo, activando el kenbunshoku de nuevo a su mayor nivel con un radio que abarcaba la distancia que los separaba. Tras esta muestra de su habilidad cruzó ambos brazos, imbuidos con haki de armamento, al igual que las hojas de sus katanas, a la altura del pecho con Yamigiri y Onikiba alzadas orgullosas como si nada hubiese pasado.

-Me dice marica el que necesita de escudos para defenderse de mis ataques... en fin...

Pensó en Gregory, pensó en su hermana que yacía inconsciente en el suelo al fondo de la estancia, pensó en las chicas que había ido a rescatar Panda, incluso pensó en el hombre vela que había arruinado su incursión y el otro tipo que se suicido, pues todos eran víctimas de aquel maldito bastardo. La ira comenzó a fluir de nuevo y sujetó con fuerza la empuñadura de sus katanas, sin apartar la vista del mink león, sintiendo como todo el peso de la justicia social tenía que caer sobre aquella alimaña. El hollín empezó a surgir del suelo y empezó a tomar una forma de esfera envolviendo a Kisuke.

-Kakumei no bõei...

La esfera de hollín se iba compactando y cerrando en torno a Kisuke, pero pudo dedicarle unas palabras más al mink antes de que la técnica estuviese completa.

-Te equivocas, gatito... Voy a vencerte y justamente por preocuparme por esa muchacha, por todas las demás... La Armada Revolucionaria no lucha para ellos mismos, lucha por los indefensos y los que son abusados... Así que venga, ven a demostrarme que me equivoco, maldito cabrón...

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