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[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Versión para impresión

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Tezca Norova - 21-04-2026

[personajeinvalido=3367] 

La situación era fatal.
 
El ruido, la inminente luz que parecía presagiar nuestro final y la falta de moción, que parecía simplemente darle un punto final a esta eterna transacción. La luz del collar casi parecía la lz al final de la vida y simplemente, pude cerrar los ojos. Cerrarlos con tanta fuerza que esperaba que eso pudiera cambiar el curso de la suerte: La moneda estaba en el aire y al parecer un lado pesaba más que el otro, tal vez una vez más aquella fruta del diablo me haría inmune a esta situación. No podía, ni pretendía perder la cabeza tan pronto.
 
Como es de juguetón el destino, como es de bromista la dama fortuna.
 
Así como si hubiera sido cualquier joya barata y falsa cayó al suelo en un tintineo mecanico, por lo que no pude evitar observarla parcialmente decepcionado ¿Por esto me había preocupado tanto? ¿Por esta mierda había considerado el mínimo de empatía con los marines? El que iba a morir sin duda era yo, pero de la maldita vergüenza que daba. Ahí sin duda iba mi buena acción del año. No haría más y menos por perros del gobierno.
 
Cuando pude darme cuenta estaba sobre la espalda de mi compañero, sosteniéndome de este ante la sorpresa y finalmente soltando una pequeña risa al escuchar la suya ¡Venga! ¿A dónde tanta seriedad? ¡Seguíamos vivos! Y las palabras del hombre a los marines, me inspiraron bastante. —¡Buen momento! ¡Ojalá no nos veamos otra vez! ¡¿Me entiendes?!— Dije mientras salíamos, despidiéndome con la mano como si fuera el rey del desfile hasta desaparecer de sus vistas y esperando que aquellas palabras a oídos del destino: Se hicieran verdad, no soy el más advertido para pelear contra personas que me han acompañado antes, aunque fuera por tan breves momentos. Pero bueno, pasado pisado ¡A lo que sigue!
 
Ante la velocidad de mi compañero, me concentraba en ser sus ávidos ojos mientras corría: notando el pasillo y dejando atrás el rastro de la sala donde casi morimos. —Obviamente lo sabía, somos Hanu Mahana: Lo mejor que le pudo pasar a esa pútrida sala. Mierda, no pude dejarles una estatua como recordatorio. — Ni siquiera me iba a lamentar por ello… Bueno, la verdad es que si ¡Si tan solo no estuviera tan golpeado! Sabía que podía obvio, solo no quería gastar más energía. Claro.
 
Mejor salíamos de ahí. Los restos de un parque de diversiones que nunca existió se alzaban frente a nosotros: Ya no había forma de poner a prueba las apuestas que habíamos hecho. Aunque tampoco valdría de algo si no encontrábamos al resto de la tripulación. “Si estamos bien, ellos están bien” No pude dejar de pensar una y otra vez, convenciéndome. Parecía que los llamaba pues la voz de nuestro capitán se levantaba como un faro y solo tomé aire. —¡CAPITÁÁÁÁÁÁN! —grité de regreso, casi desgarrando la garganta e incluso lastimando los oídos de Barald, mientras el ferry parecía cada vez más cerca, entonces pude notar a Yuuki y alcé la mano para que pudieran vernos desde la distancia. Casi quería apurar a mi transporte personal pero mejor me mantuve en silencio, hasta que llegamos al ferry.
 
 
—Se ven en la mierda. — Comenté con cansancio y la ropa casi hecha jirones, probablemente luciendo igual o incluso peor que ellos. No, peor no, Aún en esta deporable situación… Seguía siendo el más guapo del sitio. —¿Están bien? ¿Dónde están los demás? Si supiera, tuvimos que… ah, plática para más tarde ¿Me entiendes? — Al ver a parte de la tripulación viva sentí el cansancio comenzar a invadirme, apoyando la cabeza en el hombro del espadachín de ojos rojos para poder descansar.
 
Resumen

 
Karmas

 
Posicionamiento

 
Bélico

 
 
 
Gastos de energía y vitalidad

 
 
 
Akuma

 
Inventario



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Kael Omuyaga - 21-04-2026

[personajeinvalido=3367]

No le hizo ninguna gracia.

No. Definitivamente ver como el pirata que había amenazado con su aura al principio, que había llamado a Shin un hombre sin palabra, que le pedía que lo dejase allí abandonado inconsciente, y que estaba dispuesto a abandonarlo se hubiese acercado a cerrarle los ojos dándolo por muerto...sin duda ninguna no le hizo ni la más mínima pizca de gracia.

Pero se lo callaría por el bien de la alianza. 

No iba a dejarlo más tiempo cerca de él, pues el rubio no parecía tener fuerzas como para mostrar su desagrado o falta de aprobación. Al menos, según su forma de verlo, había tenido más tacto para con los marines. 

Kael volvió a transformar la sala que era su cuerpo. Aunque no podía convertir su interior en una playa, al menos podría parecerse remotamente a uno de los locales más sofisticados de la isla de Samba, donde al albino le gustaba pasar tiempo ligando con mujeres de la zona. No era su hogar, pero de forma casi cómica, sabía que él deseaba perecer en un lugar como ese, y simplemente no pensó más en ello. 

Una forma disminuida de sí mismo se encontraba en la entrada de su pecho, esperando recibir a su amigo marine que, poco a poco, comenzaba a encoger gracias al poder de su fruta, sostenido entre los brazos de su versión normal, para terminar de encoger y ser sostenido en los brazos de su amigo, pero esta vez, dentro de la fortaleza.

Lo llevaría hasta el interior, dejándolo descansar un último suspiro, antes de que los collares explotasen.

...o al menos, esa era la idea.

El último click hizo eco en la sala poco después de saber que no iba a ser Shin el eliminado. El número 0002 no era el de ninguno de los marines, sino el de aquel pirata de dos espadas.
"Así que al final yo tenía razón" Pensó, entendiendo lo que verdaderamente era ese momento: una prueba para saber quién tenía honor, y quién terminaba vendiéndose a la hora de la verdad.
Pero al final los collares no explotaron. Todos los collares cayeron al suelo uno tras otro liberándonos a todos. El collar interno de su amigo también se desplomó en el interior. Parecía que después de uno de los peores momentos de sus vidas, que todo esto estaba por acabar. 
Ahora solo queda escapar.

—Así que al final vivimos todos, ¿eh?—Su voz parece que aún no se ha perdido del todo. Sus amigos pudieron haberlo escuchado desde el otro lado, y tomaron cartas en el asunto para dejar a sus compañeros marines con vida para que sigan adelante...al menos un día más.—En ese caso, será mejor que nos marchemos. 
Pero no se iría así sin más, no sin antes decidir qué haría con el marine.


—Será mejor que os adelantéis. No será conveniente que vean a un marine y a dos piratas juntos en ninguna parte. Ya no somos esclavos al fin y al cabo.—Incluso si lo intentase, peleando contra Barald solo le haría perder de forma miserable. Era mejor tener la fiesta en paz, y buscar comportarse con completa lealtad a la Marina un nuevo día. Por hoy...haría completamente la vista gorda.


Su versión diminuta tomó los objetos de Shin, devolviéndolos al exterior para que Kael los colocase en su mochila, manteniendo su tamaño original. Conoce la capacidad de almacenamiento que posee en su cuerpo, y el wotan es demasiado grande como para caber junto a su amigo malherido. Su Den Den Mushi y la Shirogiri fueron guardadas, mientras el teniente sin nombre, al acercarse a él, sabiendo que estaba muerto, terminaba siendo reducido a una centésima parte de su tamaño original, y finalmente entrando en el interior del castillo, intentando que no molestase a su compañero en reposo.


De una forma o de otra, cuando todo estuvo claro para él, salió rápidamente al exterior por las vías de salida que se habían abierto, comprobando como, finalmente, la isla de Kutsukku se abría por delante, y el falso parque de atracciones yacía en aquel lugar rodeado por verjas enormes. Un cartel delataba lo que aquel parte una vez intentó ser, pero...¿cómo es que nadie tenía recuerdo de ese lugar catorce años después? ¿Ni siquiera la Marina tenía informes sobre eso?


"Definitivamente, este plan no ha sido cosa de una única persona". Pero no puede quedarse parado intentando averiguarlo. Su equipo está desaparecido, su mejor amigo en un estado crítico, y ni siquiera puede decir con certeza si el resto de civiles se encuentran a salvo.


Atracado en la costa encontró el Tempestad, la nave con la que habían seguido al ferry cuando parecía que necesitaba hacer reparaciones. Una tarea que les costó un inmenso disgusto a todos ellos y estuvo a punto de costarles la vida.
Subió sin miramiento alguno al único lugar que podía considerar como seguro en toda esa isla, y una vez en la popa del mismo, tomó a su den den mushi Argos con sus manos...y con la esperanza en un puño intentó entrar en contacto con alguno de los marines en el canal que habían dispuesto todos los miembros de la setenta y cinco con los de la ochenta. 
 
—Al habla Kael de la división setenta y cinco. ¿Alguien me recibe? Tengo un marine herido en el tempestad, repito, un marine herido. ¿Alguien me recibe? Hasegawa Shin, de la división setenta y cinco ha caído. No me quedan botiquines. ¿Estáis todos bien?


Shin le pidió que se preocupase por sus compañeros, y especialmente por Nyra. Él conoce su sueño, y se empieza a preocupar por esta nueva tripulación. Kael trata con ellos como si fuera su líder...y aunque no pueda admitir que dejó de preocuparse por todos ellos, ahora debe mantenerse firme y hacer lo que un marine decente terminaría por hacer. Ahora que por fin son libres...sí podrá cumplir la última voluntad de su amigo, en caso de que no vuelva a despertar.


—Nyra, Choi, Dimitri...más os vale volver aquí con nosotros. 


a disposición



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Enji - 21-04-2026

[personajeinvalido=3424]

Un minuto es poco tiempo. Demasiado poco.

¿Cuántos segundos pasaron? ¿Cuántas tics se sucedieron en el reloj? ¿diez? ¿treinta? ¿Cuánto faltaba? Con la mirada puesta en la puerta metálica y los nudillos rojos y magullados, Enji sintió la que podría ser su última gota de sudor caer y morir en el suelo. El sonido de los collares lo acosaba, a él y a los otros dos que completaban la triada: los tres victoriosos de la Sala de Tortura. ¿Y cuál era su recompensa? La incertidumbre de una silenciosa cuenta atrás.

Impactó por última vez la plancha de hierro. El tañir del hueso contra el metal le llenó los oídos y silenció por un momento los collares, su único alivio en espera de la explosión. Montones de cosas pasaron por su cabeza en un segundo. Pese a ser un hombre joven, había vivido muchas cosas en los últimos años. Las suficientes para una vida o dos. Tres, incluso. La vida de hijo, la vida de adicto y, ahora, la vida de marine. ¿Quién no se daría por satisfecho?

«No —pensó—, Yo no. Pero si se termina aquí…»

La voz robótica regresó y empezó a cantar en alto algunos números en secuencia. El primero no lo entendió. Los demás, sí. Especialmente el último. Ese último número…

Coincidía exactamente con aquel que se leía en el collar que rodeaba el cuello de Dharma.

—Te sacaste la lotería, amigote… —dijo Enji, señalándole el cuello. Los números empezaron a brillar con mayor intensidad—. Parece que serás el primero de nosotros en salir de aquí.

Cinco metros los separaban, una distancia prudente y respetuosa desde donde atestiguar su muerte. Lo último que esperaba del viaje al New Era Joy Park era acabar sintiendo un mínimo respeto por el hombre al que el diario señaló como asesino de mujeres y niños, pero ahí estaba. Las circunstancias lo llevaron a luchar del mismo lado. Y ahora, afrontando la muerte, Enji respetó su entereza.

Esta vez, no hubo chistes. No hubo comentarios ingeniosos ni movimientos pélvicos, tampoco poses bizarras. Solamente diez latidos y una sombra que se asomaba por detrás de uno de los tres.

Pero esa sombra se despejó con la llegada de la luz.

Focos se encendieron a lo largo y ancho de toda la sala, bañando el escenario de una perturbadora luz roja. Algo más estaba pasando. Los mecanismos crujieron en los tres collares a la vez y, por un segundo, Enji cerró los ojos.

¿Cara o cruz?
«Cruz»

Al abrirlos, seguía vivo, y los collares caían al suelo en pedazos. Estaban defectuosos y la explosión, que debía matarlos, solamente los terminó de desbaratar.

—Hijo de perra… —musitó, y después silbó con admiración mientras recogía el aparato del suelo—. ¡Que puto susto! ¡Shihahahaha! Parece que tienes un dios aparte, espaditas. O una flor muy bonita en el culo.

Descartó el collar destruido y, con esa nueva fuente de luz, logró dar rápidamente con la figura inconsciente de Don Ald. Lo levantó del suelo, donde había caído al soltarlo en su camino a la puerta, y encontró debajo los restos de sus guantes. Se cargó todo el hombro mientras los últimos mecanismos terminaban de desbloquear la puerta y el metal, pesado y ruidoso, se hacía a un costado revelando un pasillo. ¿Se trataría de una trampa? ¿O acaso estaba frente a frente con la libertad? Después de todo lo que había pasado…

No iba a ser precavido ahora.

—¡El último en salir es un sucio pirata! —exclamó, pero Kuro se le había adelantado a la salida. Enji se disparó a la carrera y emergió al pasillo justo detrás, pero él, contrario al pirata, tomó el camino correcto de buenas a primeras, topándose con toda una seguidilla de rostros y personalidades varias. Entre ellos un monstruo enorme de color azul, personas que nunca había visto en la vida y… un rostro conocido, que vio pasar entre la multitud dejando atrás un trazo naranja en el aire.

Saltó por encima de varias cabezas hasta llegar a la escalera y subió hasta pisar la superficie, donde la tormenta lo saludó. Agua, nubes y truenos golpearon su rostro.

—Al fin…

En mitad del desvencijado panorama, Enji se quedó parado un segundo y respiró profundo, llenándose los pulmones de aire fresco. Aire real. Aire que le recordó las muchas horas que llevaba sin probar un cigarrillo.

Descolgó el paraguas de sus cintura y lo abrió para cubrirse del temporal. Debajo de su otro brazo roncaba el mismísimo Don Ald.

—Esta cosa es bastante útil cuando no te apuñala los pies, eh —mencionó. Pese al diminuto tamaño, algo se podía cubrir—. Mierda… —Echó un vistazo a los alrededores, reconoció la maquinaria eléctrica en pésimo estado y chasqueó la lengua—. Este lugar está hecho pedazos. —Vio el armatoste de una noria bañado en chispazos de cables pelados, y un cartel que terminó de echar por suelo los resquicios de su esperanza. Abrió grandes los ojos al leerlo. Letras enormes, alguna vez coloridas, que anunciaban el estreno de un parque de diversiones—¡¿Año 3?! —exclamó, indignado—. ¡ME ESTAFARON!



El barco de la marina, junto al ferry, el Tempestad y otros tantos navíos, estaban alineados en la costa, no muy lejos del baldío abandonado donde emergieron. Enji se dirigió allí y llegó poco después que Juan y Sigrid, a quienes vio avanzar por delante suyo. Difícil no reconocer a las dos moles de la División 80. Aun así, no se apresuró. Ellos habían ganado la carrera. Llegó a las turbulentas faldas del mar unos minutos después y dio un salto para aterrizar en la cubierta del barco, manchando el suelo con la sangre de las heridas de sus pies.

—¡Oi! Este parque es todo un fiasco. —Se plantó frente a ellos con el paraguas miniatura en una mano y el tontatton inconsciente en la otra, inclinó la cabeza a un costado y sus vertebras crujieron—. Pero me llevé un peluche de recuerdo. ¡Oh, Sigriiid! —Un tono agudo y cantarín permeó sus palabras al dirigirse a la bella buccaneer—. ¿Me das una mano con esto? Hay que amordazarlo bien, que no pueda hablar o nos pondrá a bailar a todos, y después asegurarse de que no se muera. ¡Me voy a ganar mi ascenso con este cabrón! ¡Shihahahaha! ¡Eh, Juancho…!

Se giró en dirección al gyojin, sonriente y dicharachero, en el instante preciso que el elástico de su ropa interior no aguantó más y se cortó. La tela se rasgó y la prenda cayó, arrastrada por el peso de montones de berries, dos Den Den Mushis, una brújula, un mechero, y el estoque que llevaba colgando por fuera. Enji se quedó en pelotas y, para más inri, los restos de sus guantes resbalaron de su hombro y cayeron también junto a todo lo demás.

—(...)¡Mierda! Era el de la suerte.

Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Dimitri St. George - 21-04-2026



[personajeinvalido=3367]

Recuerdo el final de aquella pesadilla como una película a blanco y negro. Sin importar lo precipitado que se dieron los hechos, tuve la sensación de que sucedían a cámara lenta. Cada segundo de la cuenta atrás por la voz mecánica, un nudo mayor en el estómago. El cañón humeante de Hae-Won, la sangre en el hombro del pirata, el click de los collares explotando. Disparé a una mochila antes de ser consciente de lo que era. Y entonces, solo entonces, mientras la pirata arrastraba a su compañero herido fuera de nuestro alcance, comprendí que seguíamos con vida.

Todos.
No debería haber tenido tiempo para pestañear, pero lo hice. Lo hice mientras el estruendo del pasillo llenaba el silencio que nos había consumido, acompañado por el crepitar del vertedero en el que habíamos estado destinados a perecer; ahora tumba de tantos, mas no la nuestra. Me costó tragar saliva. El suspiro nació a la vez que mi vista buscaba a Hae-won. Pura inercia. Puro alivio. Tras ella el panel de control humeaba, representación de un telón que caía con demasiadas incógnitas por resolver.

―Vámonos de aquí.

Creo que mi voz fue en realidad una súplica, ahogada por el incesante dolor de cabeza. Uno empeorado por la estridente alarma. Las luces rojas del pasillo, siamesas a la sangre derramada. Mis dedos extendidos hacia Hae-won. Mantuve la pistola en la mano libre, entrelacé nuestros dedos con la otra y tiré de ella. Creo que le grité a Masato que corriera. Y aunque mi único pensamiento debería haber sido salir de allí sin mirar atrás, mientras que de St. George se esperaba cazar piratas o rescatar civiles, lo cierto es que solo pensé en Nyra.

Pensé en ella y en ese callejón, su afán de sacrificio, su maestro, Sandy y todas las personas que habrían llorado su muerte. Apreté la mandíbula. La busqué con desesperación mientras sorteabamos la marea de cuerpos. Por supuesto que no solté a Hae-won, ni tampoco el arma, hasta que al fin la encontré.

―¡¡Nyra!! ―se me desgarró la voz, para que pudiera escucharme―. ¡Nyra, Kael tiene a Shin! ―Frené cerca de ella. La sensación que me produjo fue extraña, el tirón de un abrazo no dado en mi cuerpo―. Nos vamos de aquí, ¿entendido? Prueba el Den Den Mushi, avisa a Kael para que nos espere en la salida. Shin está herido y él solo no podrá protegerlo.

Lo admito: abogué a aquel argumento para disuadirla de esperar a quién sabía qué, quizás a hacerse la heroína que llevaba en sangre o la imprudencia que la regía. Justo entonces, casi como si hubiera estado acordado, la voz de Kael se alzó en nuestros Den Den Mushis.

El vendaval de aire fresco nos golpeó incluso antes de comenzar a subir las escaleras, en contraste con el infierno que quedaba a nuestra espalda. Odiaba Kutsukku. La odiaba tanto que me estremecía por dentro y, sin embargo, contemplar los nubarrones que encapotaban el cielo me arrebató una extraña nostalgia. Supongo que porque hubo un tiempo, por lejano que fuera, en el que no estuvo tan mal. Un tiempo en el que sí hubieron risas bajo la lluvia.

Dejé que la tormenta me lo arrebatara todo: los recuerdos, el temor, el dolor, la incertidumbre. Las botas militares chapoteaban a la carrera sobre el barro. Aquella era la primera vez que lograba salir con vida de una situación espeluznante sin perder lo que más me importaba en el camino. Apreté firme la mano de Hae-won. No la solté hasta que estuvimos a bordo del Tempestad. El barco zozobraba sacudido por el oleaje. No me paré a pensar en si resistiría o no el viaje, en los grupos de piratas que abordaban sus propios barcos.

Todo lo que me importaba era que mis compañeros habían embarcado, que el corazón y los pulmones clamaban por estallar dentro de mi pecho, que estábamos vivos, que nos íbamos. Y que la vida sabía a los labios de Hae-won. En efecto, tampoco pensé cuando la atrajé por la cintura. Mi boca buscó en la suya el oxígeno que me faltaba. Un aliento voraz que acalló el mundo.

Las piernas me flaquearon al separarme, con los labios enrojecidos. No fue el beso lo que me hizo tambalear, sino el agotamiento. El ardor en los pulmones. La necesidad de llevarme un puñado de menta a la boca para aliviar la irritación de las vías respiratorias, que fue justo lo que hice.

―Ayúdame a llegar al timón y ve a echar un vistazo a Hasegawa―le susurré a Hae-won. Sabía que Nyra se encargaría de atender a Hasegawa―. ¡Kael, necesito tu ayuda para hacer navegar esta cosa! No va a ser un viaje nada sencillo.

En la distancia, el gran parque de atracciones se burlaba de nosotros como la trampa que siempre había sido. Me di cuenta de que había vuelto a rascarme el lunar y que la llave pesaba sobre mi cuello: libre, un día más.

«¿Y ahora, qué?»

Disclaimer



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Dharma - 21-04-2026

[personajeinvalido=3424]
No había mucho que hacer ante lo que pudiera ocurrir Dharma lo sabia, pero comprendía también que si el universo lo había traído a este momento era simplemente para experimentarlo. Probar la muerte, una diferente, una muerte emocional o mental, algo que va más allá de un corte, un golpe o el dolor.  Era un dolor diferente, extraño, no podía interpretarlo, pero tampoco sentía angustia ni presión alguna, si era lo que era no moriría. Y lo fue, los números comenzaron a sonar de aquella vos mecanizada, hablando de números y cosas que no podía comprender, pero que parecían tener un poco de sentido al hablar de esclavos y negocios.

|Casi todo lo bueno es efímero... pero lo que es condenado a la eternidad se vuelve divino...| 

Expresaba el espadachín dando respuesta a las palabras que decía Enji, complementando la tragedia el sonido del collar comenzaba a aumentar de forma notoria. Un rostro sereno y una voluntad férrea era lo que podía verse en el pirata. Cada segundo pasaba, normal, la muerte es un evento único, solo un proceso más de la existencia. Había muchas maneras de hablar de ella a Dharma no le consolaba ninguna, pero tampoco tenia demasiado peso. La vida el mismo la ha quitado y la ha dado al perdonar, al salvar, al elegir una presa y no otra. El sonido llegaba a su clímax y al mismo tiempo desaparecía la sensación de incertidumbre, pues los collares eran desactivados, podía escuchar como de ese sonido estridente, paso a uno que demostraba un mal funcionamiento y tras eso la caída y liberación. 

| dioses... realmente si están ahí, muy difícilmente conversarían conmigo... yo prefiero hablar con lo que ha creado todo... algo ahí en el universo... el mismo que creo a los dioses... |

Dharma comenzaba a notar como el cambio de color en la sala notificaba una rareza, algo inusual, así como su vida misma, sus pasos comenzaron a adentrarse en el pasillo de la puerta que se alzaba, con su distintivo ruido mecánico, demostrando una rigidez, como si nada de lo que la contenía fuese nuevo o reciente. Tras unos cuantos pasos podía ver un gran pasillo que era iluminado por aquella misma luz de tinte rojo. Los collares caían al suelo y las puertas se habían abierto... designios divinos, el tiempo aun es joven, demasiado pronto para arrebatar la existencia de alguien que pretende redefinirla de alguna u otra forma. El espadachín continuo su andar, hasta llegar a las escaleras que se mostraban en dicho pasillo.



Era evidente que había muchos más, Dharma era precavido, se movía con agilidad entre los presentes, ignorando quienes podrían ser y al mismo tiempo siendo ignorando, pues su rostro podría ser poco reconocible en aquella situación. Si bien no se encontraba agotado, ni cansado. Ya haba perdido un miembro de su tripulación y podrían ser más ante lo que el había vivido. Pues no sabia con que clase de loco o monstruo habían compartido celda los demás miembros de Rakshasa. El piso se sentía extraño, un poco movedizo, los sonidos eran incomodos y la luz era tenue, pero poco a poco se podía vislumbrar la verdadera salida.

El clima tenia su propio temperamento pero al menos el aire real y fresco se hacia aparecer mientras se acercaba a aquella salida, tras pasar esa área, por fin lograba salir a lo que parecía un lugar abandonado, rodeado de materiales en mal estado, paredes metálicas y cables descuidados y olvidados, los cuales chispeaban al son de la tormenta que parecía abrazar la isla. Este lugar que tenia su propio paisaje, uno un tanto lúgubre y de apariencia impetuosa. Las mismas nubes que habían acompañado todas esas horas, seguían en conjunto, sosteniendo una tormentosa lluvia. Todo ahí parecía viejo y obsoleto además de olvidado, se habían aprovechado de una estructura abandonada para crear sus negocios turbios. Marines corruptos, no era algo nuevo, pero tampoco era algo que le importara. 

| Bro... por fin un poco de aire o mucho... |

Sus cabellos se movían al ritmo del estruendoso clima, pero aun así era de cierta forma refrescante, conforme avanzaba junto con el peregrinaje, el espadachín se movía con agilidad y sutileza para superar a los ahí presentes, hasta donde se pudo ver la salida oficial y un letrero maltrecho que hablaba del nombre del parque New Era Joy Park, con un dato un tanto raro, año 3. Al parecer y con obvias razones el parque era un truco de un grupo de marines locos y desdichados. Sus palabras le seguían como un compañero invisible, respondiéndose y contándose así mismo todo lo vivido. No había sido tan traumarte como quizá hubieran elegido aquellos esclavistas.

Tras lo visto, Dharma dirigió sus pasos hacia la zona de la costa, podía ver su barco Buda a lo lejos, moviéndose hacia la derecha, siendo el Buda, uno de los recónditos de aquellos barcos, esperaba que en su andar se pudiera encontrar con alguno de sus tripulantes, pero sino, simplemente esperaría lo suficiente en el navío, en lo que terminaba de revisar la situación del propio barco. El cual se mecía al ritmo del mar caótico, pues las olas y el viento propiciaban aquella imagen visual. Así entonces el espadachín subió a su barco de un salto y comenzó a observar si había algún indicio de sus tripulantes.

OFF ROL:



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Masato Ami - 21-04-2026

[personajeinvalido=3427]

En cuanto me disponía a colocar el último número del collar de Barald Kane, tesoro, sentí el frío metálico de un cañón apoyarse contra mi nuca. Fue inmediato. Mi cuerpo se tensó por completo, la piel erizándose mientras una voz detrás de mí soltaba palabras que hicieron que la sangre me hirviera al instante, qué forma tan sucia de intentar detener a alguien, no me giré, no esta vez y aun así, terminé de marcar el número, el último dígito.
 
Y entonces sonó el disparo. Mi mente se detuvo por un segundo, pensé que ahí terminaba todo, que ese era el final, pero no sentí el impacto, no hubo dolor, no hubo oscuridad, parpadeé apenas y seguía de pie, el disparo no fue para mí, giré apenas la mirada y entonces lo entendí. No había sido Wyatt quien disparó había sido Hae-won. Ella fue quien intervino, quien rompió ese momento justo antes de que todo se fuera al desastre. —Tesoro —solté en un suspiro. Sabia que no se podía confiar en los piratas y aun así lo hicimos.  Apreté ligeramente la mandíbula, con el pulso aún acelerado, pero esta vez por algo distinto, no era miedo sino claridad. —Gracias, Hae-won —murmuré, sin apartar del todo la vista de lo que acababa de pasar.
 
Pero el minuto había pasado, tesoro y el den den mushi volvió a abrir los ojos. El sonido estático llenó la sala y luego esa voz monótona comenzó a enumerar, 98585, 88616, 0002, los que colocamos Yuuki y yo, escucharlos así hizo que pesaran mucho más. Después vinieron otros tres, 00000, 17483, 03347, y esos no eran nuestros. Fruncí el ceño sin apartar la vista de las pantallas. —¿Qué significa eso tesoro? —murmuré, sintiendo cómo el pecho se me apretaba. Dijeron diez segundos, diez, no más. Mi mirada se movió rápido, buscando a los míos entre cada imagen, Sigrid, Juan, Enji, Akira no podía pensar en otra cosa, ni siquiera en Wyatt aunque quisiera romperle la cara en ese mismo instante. No podía apartar la vista, no ahora, no cuando todo dependía de esto y entonces pasó, los collares explotaron casi al mismo tiempo, uno en cada sala, con un sonido seco que me atravesó el cuerpo. Giré la cara de inmediato. —No —dejé escapar en voz baja, pero esta vez no quise ver nada más.
 
El estruendo fue muy fuerte, tesoro pero no por las explosiones. Fue el sonido de las puertas del pasillo abriéndose todas a la vez, liberando cada una de las habitaciones. Abrí los ojos con cuidado, casi con miedo de confirmar lo peor, pero no. Nadie había muerto, nadie. —Fufufufu— en ese instante sentí cómo el aire volvía a mis pulmones, como si recién ahí pudiera respirar de verdad, el alivio me golpeó de lleno. —Gracias —murmuré apenas, sin saber bien a quién. La alarma comenzó a sonar con una intensidad absurda, tanto que ni siquiera podía escuchar mi propia voz, pero no hacía falta. Mis ojos lo veían todo, las puertas abiertas, las personas saliendo, mis compañeros moviéndose, estaban vivos, Sigrid, Juan, Enji, Akira, todos. Me quedé ahí un segundo más, observando, dejando que ese peso horrible se disolviera poco a poco en el pecho.
 
En cuanto escuché la voz de Dimitri diciendo que nos fuéramos de ahí, tesoro, mis pies simplemente reaccionaron. No lo pensé, no dudé, solo corrí, mi cuerpo tomó rumbo directo al barco de la Marina, porque sabía, con certeza, que ahí estarían. —Nos veremos en la próxima isla, Dimitri, Hae-won, gracias —alcancé a decir sin detenerme, levantando el pulgar antes de desaparecer entre el caos, dejando atrás todo lo demás.
 
Corrí sin mirar atrás, el aire golpeaba mi rostro, el corazón latiendo con fuerza, pero esta vez no era miedo era urgencia. Necesitaba verlos, necesitaba confirmar que estaban bien con mis propios ojos y cuando finalmente llegué al barco, los vi, Juan, Sigrid y Enji ya estaban ahí, entonces salté como si de eso dependiera mi vida y en el instante en que puse un pie sobre la cubierta, me lancé directo hacia Sigrid, abrazándola con fuerza, con una desesperación que no intenté ocultar. Mis brazos la rodearon como si soltarla fuera perderla otra vez.
 
—y-yo no queríaaaa, tesoro, no era mi intención, no, no, no sabía que ese rayo te iba a impactar a ti —las palabras salieron rotas, atropelladas, mientras las lágrimas corrían sin control por mi rostro — perdóname, Siguriiiiddddd— Esta vez, ni siquiera intenté sonreír solo estaba feliz por haber sobrevivido y triste porque casi había matado a mi amada compañera.

Mi Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Nyra Kuroshiro - 21-04-2026

[personajeinvalido=3426]

Cámara de Conservación Polar

Mis súplicas se mezclaron con los ruegos y peticiones de mis compañeros. Kazan se había ofrecido imperturbable, y Miyori con la calma y dulzura que parecía caracterizarla. Quien más me sorprendió fue Melly, quien a pesar de trabajar para alguien como Dharma también ofreció su vida por los demás.

Quise que todo parara. Quise un futuro en el que volviera a ver a Ritsu, Sandy, Gerogy y mis nuevos amigos. Uno en el que trabajara junto a Shin y Kazan para aniquilar la esclavitud. Uno en el que pudiera contarle a Miyori que entré a la Marina para acabar con la corrupción que mencionaba. Uno en el que pudiera ser amiga de Melly para que no volviera a sentirse sola nunca más.

Pero ¿por qué importarían a nadie los deseos de un esclavo?


Fin del tiempo. Un nuevo anuncio. Tres seleccionados, quizás por mayoría de votos de sus compañeros. Por defecto y falta de acuerdo, otras tres personas… entre las que se encontraba el número de Kazan.

Diez segundos restaban.

―¡No!

Pero ninguna queja o súplica impediría que su collar se iluminara y sonara cada vez más fuerte, haciendo que me llevara las manos a los oídos entre el ruido y el horror. En el último segundo di la espalda a Kazan, incapaz de ver lo que se avecinaba. Una alarma insoportable, casi sentía la luz roja a través de mis párpados cerrados, una explosión… pero la cálida y espesa sangre del wotan, que había seguido en pie hasta el final, jamás me alcanzó.

Fue su risa la que llenó la sala.

Me volví para verlo, incrédula. Seguía intacto y su collar se había desprendido. Antes de poder asimilar lo que ocurría, un ruido en mi propio collar me hizo dar un respingo al tiempo que mis manos se movieron solas hacia él, queriendo arrancármelo con fuerza. Tras la humareda, un último chasquido que lo abrió, y mis brazos no habrían podido lanzarlo más lejos ni aunque hubiese sido una serpiente a punto de inyectarme su veneno.

Observé aquel trozo de metal durante varios segundos en el suelo. 00707. Aún no lo sabía, pero esa imagen se me aparecería por estaciones enteras en sueños.

Miré a mis lados para encontrarlas a ellas, aún sin poder creerme lo que había ocurrido. Estábamos vivos. Estábamos vivos. ¡Todos!

Sin pensarlo, me apresuré a coger mi mochila y colgármela en la espalda antes de volver junto a ellas. En cuanto las alcancé, no pude evitar tomar a cada una de una mano y echar a correr con ellas hacia la salida, siguiendo los grandes pasos del inmenso wotan.

―¡Somos libres, vamos!

¿Piratas? ¿Marines? ¿Revolucionarios? ¿Qué importaba nada de eso cuando tu vida había quedado enlazada a la de nuevos compañeros?



Actualidad:
Suelto las manos de Melly y Miyori antes de salir por completo por la puerta de aquel rojizo y ruidoso pasillo que, a pesar de todo, desprende un agradable calor. Sé que la realidad aguarda al otro lado, y temo buscarles problemas a alguno si sus compañeros los ven más cercanos de la cuenta a alguien con mi uniforme.

El ruido que se anunciaba desde fuera deja ver lo que acontecía en aquel pasillo: una multitud de almas libres tratándose de reencontrar. Mi corazón se acelera, dividido. Necesito encontrar a mis compañeros, saber que están bien, pero…

El abrazo de Miyori me pilla por sorpresa. ¿No le importa que la vieran conmigo así? Pero por puro corazón se lo devuelvo de inmediato, fuerte y con el mismo cariño, sabiendo que seguramente ella está sintiendo lo mismo que yo.

―Lo mismo te digo, Miyori. Cada vez que escuche un violín, me acordaré de ti.

Tras separarnos, mientras esta se despide de la gyojin, mis ojos se alzan buscando los de nuestro inmenso compañero.

―Celebraré la libertad de cada uno de los esclavos que rescates, Kazan. Aunque las cosas no hayan salido como planeaste, te seguimos debiendo la vida.

Una vez la medusa está libre, me acerco a ella con una sonrisa.

―Melly, no quiero que le pase nada a tus bonitas dagas, así que toma esto. Está algo sucio, pero… ―comento a medias, ofreciéndole el pañuelo que antes había llevado en el cuello y con el que había limpiado de sangre mi propia espada. A pesar de estar manchado de púrpura, es lo bastante grande como para estar mayormente limpio―. Ojalá llegue el día en que reine la paz y podamos ser amigas.

Mi Den Den Mushi coienza a vibrar y casi me da un susto de muerte.

―¡Tengo que irme, os quiero, adiós!

Me despido al mismo tiempo que echo a correr hacia la zona del pasillo más interior, sin estar segura de si me oirían. Sin importar que todo tiemble, ¡no pienso irme de aquí sin ellos! Enseguida descuelgo sin detener ni un paso mi carrera hacia el interior. ¡Es Kael! ¡Y está con Shin! ¡¿Herido?!

―¡¡Nyra!!
―¡¡Dimitri!!

Me adelanto hacia él, localizándolo por el lugar en el que escuché su voz. Enseguida nos reunimos y por suerte está junto a Hae-Won. Asiento a sus palabras y obedezco mientras los sigo, preocupada por que alguien pudiera atacarlos si tardamos demasiado.

―Al habla Nyra ―devuelvo la llamada a Kael por la llamada que compartimos entre las divisiones 75 y 80―. Estoy con Dimitri y Hae-Won. Vamos de camino al Tempestad. ¿Cómo están los demás?

Mientras avanzamos, permanezco atenta a cualquier ruido de llanto o petición de ayuda, pero con el ruido de las alarmas no conseguí escuchar nada más. Tampoco diviso a nadie que no pudiera moverse por sí mismo. Rezando para no haber dejado a alguien atrás por error, guardo a Carlos en mi bolsillo y no me desvío del camino.

El frío anuncia el final de aquella horrible escalera antes de verlo. Esta vez, un frío acompañado de olas de aire que olían a lluvia y mar.

La oscuridad nos recibe, y una tormenta nos empapa en cuanto ponemos un pie fuera. Las chispas llovían peligrosamente bajo grandes cables pelados, iluminando de manera casi macabra los antiguos restos oxidados de lo que parecía un parque de atracciones. Corremos sin detenernos hacia la verja. «Próxima inauguración… ¡¿Año 3?!».

Sin tiempo para pensar, seguimos avanzando hasta la costa, donde divisamos nuestro barco. Subimos deprisa, yo de un salto, y corro hacia Kael en cuanto lo veo.

―¡¿Dónde está Shin?! ―casi exijo saber―. ¡Quizás pueda hacer algo para ayudarlo, ¿dónde está?!



Informe de la Marina



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Sigrid Birkisson - 21-04-2026

[personajeinvalido=3423]
En la habitación. 


El caos se desató por unos segundos que se sintieron eternos. Sigrid avanzó con toda la intención de agarrar a los civiles, pero ni el chico de alas negras ni la chica gyojin se dejaron tocar, retrocedían, tensos, confundidos, sin entender que la vikinga no buscaba hacerles daño sino sacarlos de ahí. Claro, la forma en que lo intentaba no ayudaba en nada. Sigrid nunca fue sutil, y menos en momentos como ese. —¡Oigan, no es para pelear!— alcanzó a decir, pero ya era tarde, la tensión se había instalado. Terminó frente a la puerta, sola, con las manos aún cubiertas de aquella pintura roja que goteaba lentamente desde sus palmas. Su respiración era pesada, sus hombros subían y bajaban mientras esperaba, mirando la salida como si pudiera forzarla a abrirse con pura voluntad. —Joeeer— chasqueó la lengua, frustrada. —Era para ayudarlos— murmuró por lo bajo, casi molesta, pero entonces algo cambió, la vikinga comenzó hacer que la pintura se desvaneciera, primero en sus manos, luego la que había en toda la habitación, como si nunca hubiera estado ahí. Nadie se movía, todos se miraban, la tensión crecía, como si en cualquier momento alguien fuera a lanzar el primer golpe, pero no pasó, lo que pasó fue peor, al menos eso pensaba la vikinga.
 
El collar de uno de ellos Alek reaccionó primero. Un destello, un chispazo y luego una aparente explosión suficiente para que todos reaccionaran al mismo tiempo. —¿Qué? —No terminó la frase porque al siguiente instante, todos los collares hicieron lo mismo, al unísono y una luz roja inundó la habitación, cegadora por un segundo, envolviendo todo en ese brillo intenso que hizo que Sigrid tensara el cuerpo por completo, preparada para lo peor, pero no hubo explosión devastadora, no como esperaba, el sonido cesó y el peso desapareció. Los collares cayeron al suelo, uno tras otro, con pequeños golpes metálicos, inertes, como si hubieran perdido toda función.
 
Sigrid se quedó quieta un segundo, procesando y luego bajó la mirada y soltó el aire. — ¿Ya? — murmuró, incrédula. Sus hombros se relajaron apenas, pero sus ojos seguían alertas, porque después de todo lo que había pasado confiar en que eso era el final sería demasiado fácil.  —VIKYKYKYKYKY— Una risa fuerte y resonante salió de su boca llenando la habitación, aunque poco se podría escuchar.


En el exterior.
 Al cruzar el umbral, una brisa gélida golpeó de lleno el rostro de Sigrid, haciendo que sus pulmones se llenaran de aire limpio por primera vez en lo que parecía una eternidad. El contraste con el encierro, las alarmas y aquella luz roja insoportable fue inmediato; su cuerpo, aún adolorido, agradeció ese pequeño respiro. Sus hombros se relajaron apenas mientras avanzaba, dejando atrás todo ese caos.

 
Entonces escuchó a Juan. —¡CLARO QUE SÍ, TE SIGO!— respondió a todo pulmón, sin pensarlo, con esa energía que la caracterizaba incluso después de todo lo ocurrido. Para ella sonaba completamente natural hasta que su compañero se disculpó por haber gritado, Sigrid parpadeó, se quedó en silencio medio segundo y luego desvió la mirada, rascándose ligeramente la mejilla con torpeza. —Ah.—  La ligera vergüenza se le notó en el gesto, aunque no duró demasiado. No era de las que se quedaban atrapadas en eso. —Bueno igual te iba a seguir. — murmuró, recuperando su compostura con una pequeña sonrisa.
 
Cuando Juan salió corriendo hacia el barco, Sigrid no dudó ni un instante. Sus pasos pesados volvieron a resonar mientras lo seguía de cerca, el cansancio quedando en segundo plano frente a la urgencia de moverse. La costa no ofrecía mucha seguridad, y el mar bueno, tampoco, pero al menos era una salida. El barco se veía inestable, sacudido por las olas como si en cualquier momento fuera a ceder y hundirse sin previo aviso. Sigrid lo evaluó apenas un segundo. —He visto cosas peores.— comentó sin mucha preocupación y sin frenar, dio el impulso necesario para subir, aterrizando con firmeza sobre la cubierta. La madera crujió bajo su peso, pero resistió.
 
Se incorporó de inmediato, mirando alrededor mientras una sonrisa volvía a dibujarse en su rostro. —VIKYKYKYKYKY— soltó su risa característica, esta vez con un dejo de alivio habían sido los primeros en llegar y, por ahora, seguían vivos. El barco crujía bajo sus pies, las olas golpeaban con fuerza, pero nada de eso le quitaba esa sensación breve de haber salido de algo peor.
 
No duró mucho. A los pocos segundos, Enji apareció, cargando un cuerpo que parecía a nada de rendirse por completo. Lo dejó caer sobre la cubierta sin demasiada ceremonia y, como si no fuera gran cosa, se fue directo a hablar con Juan. Sigrid lo miró, entre incredulidad y molestia. —¡ENJIIIIII!— reclamó, dando un paso hacia él, pero no alcanzó a decir más, porque una bala emocional la impactó de frente, era Masami, la chica llegó y la abrazó con fuerza, hablando en un idioma cargado de angustia que Sigrid no entendía del todo pero no hacía falta entender palabras para captar el sentimiento. La vikinga se quedó quieta un segundo, sorprendida, y luego su expresión se suavizó. —Ya, ya, Masami hermosa, estamos todas bien.— respondió con una voz más cálida, bajando el tono. Sin esfuerzo, la tomó con ambas manos y la acomodó sobre su hombro, como si fuera lo más natural del mundo, sosteniéndola con cuidado pese a su tamaño. Luego giró la mirada hacia el hombre herido en la cubierta, su expresión cambiando de inmediato a algo más serio, más enfocado.
 
—¿Qué tal si me ayudas a mover a este señor para curar sus heridas? — añadió, señalándolo con la cabeza. —Primero vamos a amarrarlo bien y tapar su boquita, ¿sí, Masami preciosa? — No era desconfianza gratuita, era experiencia, Enji podría ser un pervertido, pero tenía razón en la mayoría de las cosas que decía o hacía. Sigrid avanzó hacia el herido, aún con Masami sobre su hombro, evaluando rápidamente su estado. Su mente se organizaba de forma simple pero efectiva: asegurar, inmovilizar, tratar. —Vamos a dejarlo bonito otra vez— murmuró, arrodillándose con cuidado pese al vaivén del barco, orque al final, más allá de golpes, caos, explosiones o pintura la vikinga seguía siendo la doctora de la división 80.


Cosas Vikingas



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Choi Hae-won - 21-04-2026

[personajeinvalido=3367]

Aire puro.

Es lo único en lo que puede pensar al respirar el aroma de la sal y el viento húmedo, alejado del encierro que los había condenado a una batalla momentos atrás. El peso del cuerpo es tal que incluso le costaba moverse de manera normal. No es porque la situación momentos atrás se había vuelto crítica y ella se había visto en la tesitura de dispararle a alguien, sino porque siente aún el peso venido de los momentos en los que se habían convertido en basura para ese grupo de locos.

Había logrado tomar sus cosas, junto con la gorra y la chaqueta de Dimitri, antes de ser tomada del brazo por él. El arma atada a su espalda permanece impasible, cálida, por causa del disparo que dio hace apenas unos minutos. Aumenta la rabia al saber que, por una maldita vez, había decidido darle el beneficio de la duda a un pirata y fue la peor decisión a tomar. Sin embargo, no es eso lo que realmente le pesa.

Es el saber que sus compañeros marine fueron “traicionados” por sus superiores y han sido afectados tanto física como mentalmente, el saber que Shin está herido por todo lo que ha pasado dentro de esa cámara, gracias al mensaje que Kael ha dejado a través de su Den Den Mushi, el ver que su compañera zorro estuvo a punto de ofrecerse como sacrificio. Es todo. Es el miedo a perder la vida. El miedo a perder la vida de otras personas frente a ella sin que pudiera hacer nada. El terror de saber que este es solo el comienzo de un viaje que promete momentos más intensos y complejos que este.

Por eso, cuando corre hacia el barco junto a Dimitri sin mirar a los costados ni a atrás, lo hace sabiendo que deben dejar esa isla maldita de una vez por todas. Tiene que hablar con St. George de todo lo que pasó. Tiene que llegar con su botiquín para ver si eso puede ayudar a Shin. Tiene que hablar con Masami, de la división ochenta, y ver que esté bien. Tiene que darle un verdadero mate a Enji y secuestrar a su gato por unas horas para jugar con él. Tiene tantas cosas en las que pensar y para eso necesita estar viva.

Llegar al barco no es tan difícil, lo difícil es procesar los pensamientos. El parque abandonado que parece gritarles a todos los presentes que cayeron en la peor de las bromas hace acto de presencia, como un recordatorio de que pueden ser ingenuos al extremo. ¿Dónde están los civiles que abordaron el ferry? ¿Los niños? ¿Los ancianos? ¿Las personas de a pie? ¡Es una maldita mierda! Lo peor de todo es que, mientras se mueve y aborda su propio barco, esa extraña sensación de que cualquier cosa podría pasar no se aparta de la mente.

Aun así, las preocupaciones de la dama se callan por un momento; la intensidad de un beso cargado de tanto significado, por parte de su pareja, la distrae del peso agobiante que parece querer asfixiarla, permitiéndole respirar. Es natural corresponderle, sentir en ese contacto tan intenso y real el latir de su corazón y el bombeo de su sangre, evidencia suficiente para demostrarle al mundo que aún está viva y respira. No tiene fuerzas para hablar.

Asiente al escuchar la petición de St. George. Le ayuda a llegar al timón para que pueda navegar, quedándose con él en ese sitio para darle una mano. Si tan solo pudiese brindarle una ayuda logística más certera, lo haría. Cuando se acomoda el cabello detrás de la oreja, lo hace pensando en todo lo que ha ocurrido, en la rabia que ha sentido, en la reticencia física que está sintiendo y en que necesita urgentemente un baño. La idea de haber sido desplazada como si fuera basura tampoco le ha hecho demasiada gracia, pero agradece dentro de su mente que no haya tenido que pasar por todo lo que el resto sí vivió.

Cuando se aferra, de manera inconsciente, al relicario que guarda el último recuerdo de su hermana, se pone a pensar en cada cosa dicha y pensada. Una parte de su mente sigue firme en la idea de que esto no ha sido obra de marines per sé, pero la realidad es que una pequeña parte de su visión ha cambiado: ser un esclavo es semejante a la muerte de la voluntad como persona. Esa misma sensación es la que le obliga a tomar un poquito más fuerte la mano de su pareja, por el peso que esto pudo haber ocasionado en él.

Y ella, sabiendo que jamás podría olvidar esta experiencia, tomaría cada parte de información obtenida y la escribiría. Luego tendría que hablar con los miembros de la división para contarles qué descubrieron en la sala de máquinas.


Disclaimer



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Alek - 21-04-2026

[personajeinvalido=3367]

El lunarian, por un momento, podía imaginar la afilada hoja de su katana atravesando carne y sangre, pero en un mero instante el crustáceo se le había cruzado en el camino y casi como si nada, y antes de que siquiera pudiese reaccionar, lanzó aquel ataque que le había hecho al mink instantes antes. Todo su cuerpo se detuvo en seco y se vio ligeramente desplazado hacia atrás producto de la inercia del ataque contrario. Aquello lo obligó a tomar tierra, intentando no trastabillar con sus propios pies, con la mirada algo borrosa, su ropa rasgada por una unueva ofensiva. En su torso un moratón que no tardaría en aparecer y hacer compañía al resto que le había ocasionado el combate. - No pienso... ser un esclavo... - Levantó su arma, tembloroso por haberle sacado el aire, en dirección a los marines, amenazantes.

El moreno ya lo había dicho, prefería morir a volver a ser esclavizado. Portar aquel collar era un peso que solo podía soportar una vez no dos, aunque todo aquello daría igual. Sus oídos palpitaban y no solo por el golpe del gyojin. El sonido de su collar se intensificaba con los milisegundos. Se estaba activando tras escuchar la voz de megafonía, él no sabía su número, pero con sentir el sonido ya le era más que suficiente para saber que era el que iba a explotar.

Entonces lo comprendió, se enderezó, cerró los ojos y... sonrió.

El collar explotó, emitiendo una luz tan intensa que incluso podía ver a través de sus párpados. Ya está, todo se había acabado. No había logrado encontrar su sino ni había tenido tiempo de tener un sueño. Pudo recordar por unos instantes la búsqueda de Cill y los pocos momentos que había compartido en el ferry con él y Miyori. Aquello reconfortó su alma por un momento, quizás ellos formaban parte de su sino.

O quizás no era su momento para morir.

Abrió los ojos con lentitud, aun seguía viendo a los demás y, un segundo después, estallarían los collares de todos los presentes de la misma forma. El único resultado de todo aquel juego de pólvora serían los collares en el suelo. El espadachín llevó su mano hasta su cuello para corroborarlo y aquello lo alivió. Los collares no se soltaban porque sí, debía haber algún error, o al menos serviría como treta para que se confiaran. Como fuese, el albino respiró aliviado. Ya no había porque luchar, siempre y cuando no intentasen hacerle la misma jugada de querer hacerle algo.

El moreno bajó su espada hasta que la punta tocó el suelo y, sin decir aun nada, se intentó recomponer del golpe. Demasiadas emociones en muy poco tiempo.

Clavó su mirada en ambos marines, muy seriamente, invitando a la precaución con él. Una puerta se abrió y los dos no dudaron ni un solo segundo en salir de la estancia en la que estaban. Volvió a poner el abrigo del marine, que aun estaba en su zurda, sobre su hombro. Con su mano, ahora libre, volvió a arrancar una pluma que cortó y convirtió en plátano, lo peló con la boca y, antes de comérselo, lo alzó al aire en dirección al mink, como si hiciese un brindis con el cadáver del orangután.

Miró a Mizuki por un segundo. - Parece que somos libres - Le dijo con aquel tono tan monótono. Se giró en dirección a la puerta y, antes de dar otro paso se volvió a girar sobre sí mismo para decir adiós con su mano, como le había enseñado Miyori con el puerto. Aquello era su despedida.

Comenzó su caminata a través de la puerta, con prisa calmada, sin correr pero sin pausar sus pasos. Su cuerpo dolía y a cada músculo que usaba su sistema nervioso se encargaba de recordarlo. Frunció su ceño al caminar, intentando mitigar el dolor, de no ser por su fruta es probable que no hubiese sobrevivido. Su ropa estaba rasgada, manchada de sangre, su piel teñida de morada, magullado, adolorido.

Atravesó pasillos y esquinas, cruzándose con más personas que huían de allí y aun no escuchaba ningún grito de auxilio, eso era buena señal. Fuera, la tormenta crecía. El viento mecía lo que quedaba de su ropa y la lluvia esparcía la sangre. - Se siente bien - Cualquier tormenta era mejor que ser esclavo. - Sigo aquí - Se decía a sí mismo mientras alzaba la vista al frente, vio el ferry al que se subía la mayoría de los supervivientes y fue entonces cuando pudo envainar su arma de nuevo.

Detuvo sus pasos y se puso el abrigo marine que portaba parte de la sangre de Kong, su trofeo. 

El no había sido la pieza clave para derrotarlo, pero era la prueba viviente de que no debían tomarlo como un bicho al que aplastar. Así pues, reanudó su paso hacia el ferry mientras arrastraba parte del largo abrigo, allí subió con la lentitud que el dolor le obligaba a tomar. Allí la escuchó, allí la vio. - Miyori - La llamó. Su cuerpo maltrecho entre sangre y moratones, su ropa rasgada entre jirones y sangre, aquello le podía dar una idea de lo que había tenido que pasar.

- Al final, el parque de atracciones no es tan divertido. La próxima vez pasemos de largo... - Se apoyó sobre la barandilla, deseando irse a un rincón para así....

...poder lamerse las heridas.







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