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RE: [Pasado] Recuerdos alegres y maldita pared humana - Elara Vangrim - 05-03-2026 Elara sintió que el corazón se le salía del pecho cuando Shin apareció detrás de ella con esa velocidad increíble. No tuvo tiempo ni de parpadear cuando sintió sus muñecas atrapadas por una sola mano, una mano muy firme y muy fuerte que las elevó sin ningún esfuerzo. Se quedó totalmente inmovilizada, con la espalda pegada al torso del marine y las alas apretadas por la sorpresa. ¡Estaba atrapada de verdad, nee~! Sintió un escalofrío eléctrico recorrerle toda la columna cuando Shin le susurró al oído con ese tono tan dominante. Sus sentidos aumentados captaron cada detalle: su respiración cálida, el olor de su piel y la dureza de sus músculos contra su espalda. Estaba roja, tan roja que sentía que le iba a salir humo de las orejas en cualquier momento. ¡Era una situación demasiado atrevida para una chica de las nubes! Y más aún, cuando ni ella misma sabía muy bien lo que pasaba hoy en día. — ¡A-ah! ¡Nee~! ¡No me lo guardé por mala, lo juro! — balbuceó ella, echando la cabeza un poco hacia atrás y encontrándose casi de frente con el rostro de él. Se sentía muy pequeña y muy vulnerable bajo su control. — Es que... es que si lo decía, ¡podía asustarse! Y yo no quería que se fuera sin dejarme ser su curiosa científica... ¡nee~! — admitió con una voz muy aguda y entrecortada. Estaba demasiado tímida. Cuando Shin empezó a palpar sus ropajes buscando armas, Elara soltó un jadeo que no pudo controlar. Las manos de él se movían con una seguridad que la dejaba sin aliento, haciéndola sentir como si fuera una jaleíta blanda. Su fetichismo la traicionó por completo; en lugar de intentar soltarse, se dejó llevar por la sensación de ser "revisada" por un marine tan imponente y radiante. ¡Le gustaba demasiado que fuera tan rudo con ella! Era difícil para la pobre Elara. — ¡N-no tengo nada! Solo mi arco... ¡pero no muerde, nee~! — exclamó ella mientras sentía la mano de él en su cintura, apretando con esa fuerza que la volvía loca. — Puede hacer lo que quiera conmigo, Shin... soy una revolucionaria muy obediente. ¡Incluso si quiere castigarme por mentirle! — soltó sin pensar, con los ojos brillantes de pura devoción y la respiración muy agitada. Era difícil para ella controlarlo, aunque tampoco es que se quejara tanto de eso. Se quedó ahí, totalmente entregada a su voluntad, esperando ver qué decidiría hacer su nuevo "dueño" con ella. Estaba muerta de vergüenza, pero también muy emocionada por ese juego de autoridad que Shin había empezado. Sus alas dieron un pequeño espasmo de placer, dejando claro que, aunque fuera una enemiga del Gobierno, estaba más que dispuesta a ser la mascota favorita de ese marine. Intuía que no sería nada de malo. ¿Verdad? ¿Verdad...? |