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[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - Versión para impresión

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[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - Voz Seductora - 20-03-2026

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Si caer insconsciente ante el Haoshoku Haki se había sentido como si el mundo mismo colapsara, despertar no resultó mucho más agradable. La realidad fue volviendo a todos los presentes en aquel lugar con lentitud, como si a sus cerebros les costase volver a poner todas las máquinas debidamente en funcionamiento, como si todo a su alrededor no tuviese más remedio que desvelarse poco a poco ante sus ojos, aún incapaces de enfocar correctamente. Lo surrealista de la situación, naturalmente, tampoco ayudaba. ¿Qué era aquel lugar?

Al mismo tiempo que recobraban la conciencia, todos se pudieron dar cuenta de lo más aterrador: de sus cuellos colgaban pesados collares de metal oscuro, ceñidos a su piel y reforzados con tornillos. Cada uno de ellos exhibía un número, tal vez algún tipo de código o identificación. A medida que los ojos de aquellos imprudentes aventureros se abrían y se acostumbraban a la escasa luz que se filtraba por algún lugar, se dieron cuenta de que sus corazones seguían latiendo con fuerza inusitada; en efecto, cuando uno pierde el conocimiento bajo aquellas circunstancias, el pavor no se disipa así como así. La adrenalina comenzaba a bombear por los sistemas de todos ellos, si es que había dejado de hacerlo en algún momento, y todos sus sistemas entraban, una vez más, en alerta, como si la fuente de aquel Haki monstruoso aún siguiese allí, esperándolos, acechando desde las sombras, y tal vez fuese mejor así.

El silencio era total. Estaban en casi completa penumbra, en algún tipo de estancia que, sin embargo, no parecía mucho más grande que el camarote de uno de los barcos en que habían llegado hasta aquel lugar. En uno de los lados, una enorme puerta acorazada y hermética, de frío metal, permanecía cerrada a cal y canto, como un muro más. Ninguno de ellos tenía ningún recuerdo de cómo habían llegado hasta allí, si es que todo aquello era, de hecho, real; le sensación, en cambio, era de pura pesadilla, como si aquel haki los hubiera sumido en un sueño angustioso.


Resumen

Información importante



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 2 (GRUPO 4) - Enji - 21-03-2026

[personajeinvalido=3367]

La ensoñación abrazó el cuerpo pero la mente, lejos de distenderse y descansar, permaneció activa y pulsante contra las paredes del subconsciente. Latía en sus sienes un instinto primordial de autopreservación, una voz muda que quería gritar y no tenía boca para hacerlo. Todo el cuerpo estaba en alerta, consciente del peligro que acechaba más allá de la oscuridad de sus párpados. Los músculos querían tensarse y los dedos comprimirse sobre la palma, preparados para atacar. Nada de eso sucedió. En su lugar, Enji se removió en su inconsciencia, apretó fuerte los ojos e hizo muecas con la cara, totalmente dormido. Era todo lo que podía hacer, el único retazo de voluntad que lograba escapar de la prisión donde la había confinado una determinación mucho más poderosa, más grande, y más hambrienta.

Sumergido en la más espesa oscuridad, supo que su vida estaba a merced de los caprichos de otro. Alguien desconocido, encapuchado, que siquiera tuvo el valor de dar la cara al atacar. «Que patético. —Logró hilvanar un pensamiento y no podía ser otro que ese—. Perdí sin haberle visto la cara».

De pronto, el fuego lo rodeó.

Despertó en mitad de un incendio, se incorporó, agitado, y palpó su cuerpo en busca de heridas. Se tocó el pecho, el estómago, la espalda y la cara, preparado para sentir la humedad y tibieza de la sangre.

No había nada.

Ni siquiera una cicatriz. Ni siquiera las cicatrices que debían estar allí. Nada. Piel nueva, limpia, como la de un recién nacido.

El fuego a su alrededor acechaba, reptando en una trayectoria espiral que se cerraba hacia el centro del salón, donde yacía refugiado temporalmente de las llamas pero no del calor que emanaban. Sufrió del sofoco, del ardor en la garganta al tragar humo y de las ampollas que aparecieron en su piel, una detrás de otra, como las burbujas que produce una pastilla efervescente. Tosió y su garganta reseca se partió. Apretó las manos frente al pecho, trató de ignorar el dolor, pero el dolor estaba empecinado en quebrarlo. Dolía respirar, dolía tocar, dolía existir. Finalmente, Enji cayó de costado en el suelo y se abrazó las piernas en posición fetal, resignado a morir. Cerró los ojos… y, entonces, sintió frío.

Frío.

¿Frío?

—¿Qué…?

El aire dejó de doler al pasar por su garganta, aunque había otra cosa que le molestaba. Desorientado, Enji abrió los ojos y encontró oscuridad una vez más. Esta vez, no obstante, la oscuridad era menos densa, menos absoluta, y tras unos pocos segundos sus ojos empezaron a acostumbrarse a ella. Se dio cuenta de que estaba boca abajo en el suelo y mirando a un costado, hacia una pared. Parpadeó un par de veces para corroborar que el escenario fuera estable. Sí, estaba despierto.

—Qué… ¡¿Qué mierda…?! —Levantó la voz, todo lo que su reseca garganta pudo, y se irguió. Apoyó una mano en el suelo y empujó, después hincó la rodilla—. ¿Qué carajos es esto?

Se levantó como pudo. La mitad de su cuerpo, o la mitad de su fuerza, estaba dormida, aun sumergida en la espesa oscuridad que lo envolvió en un principio. Trastabilló, débil, y se apoyó en la pared, pues el mareo persistía a la par de la imperiosa necesidad de ponerse en guardia. El corazón galopaba en su pecho con premura, la sangre corría desbocada por sus venas y la adrenalina se destilaba pura de cada poro de su piel. Estaba sudando.

Apoyó la espalda en el grueso muro y dejó que los ojos se acostumbraran del todo a la poca luz que se filtraba en esa, ahora revelada, pequeña habitación. El cubículo rectangular tenía la misma sobriedad que los barracones, austero, sencillo y frío, sin detalles en las paredes ni el techo. Una prisión apropiada para aislamiento, pero no estaba solo. Tres personas más yacían en el suelo. Todos hombres, para su desgracia, y ninguno de ellos conocido.

Contenido Oculto

—¡Eh! —llamó al resto con el mismo tono que usaba el comandante para ladrarle órdenes a los subordinados problemáticos. Es decir, Enji y su división—. Arriba, bellas durmientes. ¿Quién de ustedes, idiotas, le puso pastillas a la cerveza? —Dejó correr una pausa y agregó—: Para darle un beso, digo. Carajo, ha sido el viaje de mi putísima vida.

Suspiró y, sintiendo que la fuerza regresaba por completo a él, se separó de la pared y terminó de sacarse los pantalones, que hasta entonces se habían arrastrado por el suelo enganchados a su pierna derecha. Rescató de sus bolsillos las cosas importantes —Den Den Mushi, brújula, encendedor y caja vacía de cigarrillos—, se las guardó en los calzones, dobló la prenda y se agachó para dejarla en el suelo, pegada al vértice. Trató de tragar saliva en el proceso y entonces se percató de que la presión que sentía en la garganta no se debía al mal dormir. Se incorporó con una ceja alzada, curioso. ¿Tenía algo rodeandole el cuello?

—(...)Mierda —masculló—, sabía que no tenía que meterme con los masoquistas y sus cosas raras.

Con la yema de los dedos recorrió el collar, percibiendo en el tacto la dureza del material y lo ajustado que estaba. Quien sea que se lo hubiera puesto no quería dejárselo fácil.

Se rascó el cuello, por encima y por debajo de la mordaza, y maldijo para sus adentros no poder separarlo un poco para rascar la porción de piel oculta detrás del hierro. Chasqueó la lengua y se resignó a quedarse con la picazón.

—¿Alguno tiene la llave? —preguntó al resto mientras avanzaba en dirección a la puerta. Se paró delante y la inspeccionó de arriba abajo, con una mano en el mentón—. Sí, definitivamente está cerrada. Cerrada a cal y canto. ¿Hola? —Acercó el puño y dió dos toques al grueso metal con las incrustaciones de sus guantes—. ¿Cuál era la palabra segura? Este lugar me da putisimos escalofríos.

Y lo disimulaba bastante bien, pero su corazón seguía acelerado, estaba sudando y su pie derecho no dejaba de golpetear el suelo en un gesto propio de la ansiedad que lo carcomía.

«Carajo, Ford...»

Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - KuroVongola - 21-03-2026

[personajeinvalido=3367]
El sonido fue lo primero en regresar, filtrándose poco a poco entre la oscuridad en la que aún se encontraba mi mente. Una voz rompía el silencio con una claridad que contrastaba con la pesadez de mi cuerpo, arrastrándome de vuelta a la consciencia. Tardé unos segundos en comprender lo que decía, pero una frase destacó entre todo lo demás.

—Arriba, bellas durmientes.—

Abrí los ojos con dificultad, parpadeando varias veces mientras mi vista intentaba adaptarse a la penumbra. Todo se sentía extraño. Intenté incorporarme apoyando una mano contra el suelo, pero en cuanto lo hice, un temblor recorrió todo mi cuerpo, obligándome a detenerme a mitad del movimiento. La respiración era irregular y el pulso seguía acelerado, como si algo dentro de mí aún no hubiera terminado de reaccionar a lo ocurrido.

—¿Qué fue eso?—

El pensamiento surgió lento, arrastrado, mientras intentaba ordenar lo poco que recordaba. Lo último que tenía claro era haber estado en el camarote, en calma, sin ninguna señal de peligro inmediato. Después de eso, solo quedaba un vacío difícil de explicar.

Con cierto esfuerzo logré incorporarme hasta quedar sentado, apoyándome ligeramente mientras dejaba que el mareo se disipara. A medida que mis sentidos volvían, empecé a notar detalles que no encajaban. El suelo era distinto, el aire más pesado, y el entorno no tenía nada que ver con el lugar en el que había estado antes. Al levantar la vista, la situación se volvió aún más clara. No estaba solo.

Había otras tres personas en la habitación, cada una recuperándose a su manera. Durante unos instantes me limité a observarlas en silencio, evaluando sus movimientos, sus expresiones, cualquier indicio que pudiera darme una pista sobre lo que estaba ocurriendo. Ninguno me resultaba familiar. Fue entonces cuando algo llamó mi atención. Un detalle en sus cuellos.

Entorné ligeramente los ojos, fijándome mejor hasta reconocerlo con claridad. Collares de esclavos. Pesados, ajustados, demasiado sólidos para ser algo decorativo. La sensación de incomodidad fue inmediata, casi instintiva.

—No puede ser.—

Sin pensarlo demasiado, llevé una mano a mi propio cuello. El contacto fue frío y firme, confirmando lo que ya sospechaba. También llevaba uno. Deslicé los dedos por su superficie, notando lo bien ajustado que estaba, sin espacio para aflojarlo fácilmente. No era algo improvisado, ni mucho menos.

—Genial—

Recorrí el borde del metal con calma, comprobando cada detalle mientras mi mente empezaba a encajar las piezas. Aquello no era un accidente. Al volver a mirar al resto, noté algo más. Cada uno de los collares tenía una marca visible, un número diferente en cada caso. Fruncí el ceño, intentando ver el mío inclinando ligeramente la cabeza, pero no logré distinguirlo.

Tomé aire despacio, dejando que la respiración se estabilizara poco a poco. El temblor había disminuido, aunque la tensión seguía presente. Apoyándome contra la pared más cercana, terminé de ponerme en pie, sintiendo cómo el equilibrio regresaba gradualmente.

Antes de hacer nada más, bajé la mirada para comprobar lo esencial. Mis armas seguían en su sitio. No faltaba nada.

—Al menos no se llevaron eso.—

Ese detalle cambiaba el enfoque de la situación. Si quien fuera que nos había traído hasta allí hubiera querido desarmarnos por completo, lo habría hecho. Eso significaba que había una intención detrás de todo aquello que aún no comprendía. Levanté la vista y observé de nuevo la habitación. Era cerrada, sin más salida visible que una única puerta. El espacio era reducido, lo suficiente para mantenernos contenidos sin margen de maniobra.

—Esto no fue casualidad.—

La afirmación salió en voz baja, más para mí que para los demás. Volví a pasar la mano por el collar, notando su peso una vez más.

—Alguien nos trajo aquí.—

El silencio que siguió hizo que esa idea resultara aún más evidente. Ninguno parecía tener respuestas, y la incertidumbre empezaba a asentarse en el ambiente. Finalmente, dirigí la mirada hacia los otros tres. No había reconocimiento entre nosotros, solo la misma duda compartida.

—Supongo que ya que estamos en esto juntos, ¿Cuáles son vuestros nombres?—

Apoyé la espalda contra la pared, cruzando los brazos con una calma que no terminaba de reflejar lo que realmente pasaba por mi mente. Mientras esperaba alguna respuesta, empecé a analizar cada detalle, cada posibilidad, intentando anticipar lo que vendría después.

—Sea quien sea, sabe lo que hace.—

OFF



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 2 (GRUPO 4) - Sanemi Toge - 21-03-2026

[personajeinvalido=3367]

No lo recuerda… Sanemi, no recuerda que su cuerpo hay sentido una sensación tan abrumadora, terrorífica y capaz de distender su cuerpo como si fuera una hoja de papel, incluso menos que eso. Aún sin despertar, en el inconsciente luchaba contra ese sentimiento, sus ojos se movían rápidos, de un lado al otro, en estado REM. Nunca se vio tan vulnerable en un sueño, mejor dicho, una pesadilla. Si pudiera describirla es como si su cuerpo estuviera a merced de la misma muerte, solo que esta no lo mataba, sino que disfrutaba jugar con él, una y otra vez. En un círculo vicioso, tic… tac… 1... 2... 3... 4...

De pronto su corazón lo trajo a tierra, golpeando fuertemente su pecho y haciendo que tal presión lo obligue a inhalar una gran cantidad de aire hasta que sus ojos se abrieran de golpe, aterrados ¿Seguía en la pesadilla? No lograba diferenciar nada, solo oscuridad. Las cicatrices de su cuerpo comenzaban a arder, como si se las hubiese hecho recientemente, en especial la de su rostro. Con el cuerpo boca abajo y su cabeza a un costado respiraba con dificultad, seguía tratando de llenar sus pulmones para que se regularan. Su nariz se ensanchaba de vez en cuando, era sobre lo único que, de momento, tenía autonomía, esperando que su olfato lo ayude a distinguir algo, nada, sin respuesta.

-¡Mierda! -Dijo, dándose cuenta que recuperó la capacidad para articular palabras. Se sentía mermado, era hasta humillante la forma en la que se encontraba. Indefenso y, ahora ya notaba, en un cuarto totalmente oscuro, pero diferenciando la figura de otras personas, una de ellos era Dharma ¿Melly? ¿Tensui? Todo indicaba que no estaban con ellos ¿Escaparon? ¿Murieron? Infinidad de supuestos atravesaron su mente, inútilmente, no llegaría la respuesta. Su instinto de supervivencia lo obligó a centrarse en si mismo, en recuperarse.

Se incorporó con sus brazos aún en estado gelatinoso, igual sus piernas, torpe. Volvió la mirada hacia quien lideraba Rakshasa, esperando que también estuviera ya consciente. Se recostó en una de las paredes de 10 metros, la lateral derecha mirando a la puerta de frente -Oe… Tsk… -Tragó saliva para poder afinar su garganta y usó su lengua para humedecer sus labios. Un nuevo suspiro, leve, menos intenso -Haoshoku Haki… La voluntad del rey -Conocía la sensación, disminuida en muchos sentidos, sin embargo, es la misma sensación que tuvo cuando conoció a Maki solo que con una potencia multiplicada quien sabe por cuanto, era difícil hasta poder dar una cifra respecto a ello -Eso fue lo que “nos redujo” a esto

Se sacudió su ropa, aún recostado, pero con la sensación de miedo a flor de piel. Podría vomitar en cualquier momento. Al girar su cabeza para diferenciar a las otras personas, fue otra cosa lo que captó su atención. Un pesado collar de metal oscuro colgaba de su cuello, bastante ceñido. Leyó sobre esto en algún momento, es la forma que tienen algunos de marcar a los esclavos. Lo supo de inmediato, estaban en algo bastante cruento. Con su mano izquierda agarró el metal, frío que solo remarcaba lo vulnerable que quedó – Gajajaja, fuimos sometidos sin poder poner ápice de resistencia -Dibujó una sonrisa temerosa. Su percepción de que existe gente con ese nivel simplemente aumentó, eso le emocionaba, extrañamente. El pensamiento de tener que hacerse más fuerte aumentó, apretó el puño derecho.

Sanemi se limitó a observar al otro personaje que ya se comenzaba a mover, quien aparentemente buscaba una salida y con ropa, bueno… con poca parte de ella. No intentó acercarse a la que, deduciblemente, era la puerta. Si alguien los puso ahí tan fácilmente, ese cuarto estaría pensado para dejarlos salir cuando a ellos les plazca, se abrirá cuando lo vean necesario, seguramente. Se quedó recostado al muro, tratando de limpiarse la sensación del Haoshoku. Lo único positivo es que en esa pieza tan reducida y de color oscuro se encontraba con alguien conocido. Tenía su arma, los peacemakers aún consigo, amarrado a su cintura, como los dejó ¿Por qué lo dejarían armado? Las dudas y preguntabas comenzaba a surgir, sin respuesta, con el tiempo fluyendo. 


Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - Dharma - 22-03-2026

[personajeinvalido=3367]

Visiones extrañas encallaban en la mente de un ser que no conocía el miedo o el terror o la tristeza, las enseñanzas recibidas a lo largo de varios años, fueron destinadas a verse como un astro más en el universo, con la misma capacidad de irradiar vida y muerte que un sol. Comparándose con divinidades amorfas o silentes, dioses que varios dicen que hablan, que prometen, que exigen. Dharma no estaba de acuerdo con esa manera de pensar, si bien existía algo divino en el universo y sus funciones más allá de la comprensión humana, no eran los dioses quienes dominaban este mundo, pues el había visto ya de todo, desde mujeres y hombres con poderes insólitos capaces de invocar elementos extraños, hasta el mismo, capas de conjurar "poderes" más allá de la comprensión natural y cotidiana. Su mente estaba atrapada pero no por mucho tiempo, si bien el golpe había sido duro de manera mental, como emocional, también fue una experiencia extraordinaria, por un momento el pelinegro de ojos verdes como la aurora boreal, pensó que había estado frente a una presencia divina.

| " Maldito... ese poder..." |

Decía para sus adentros, mientras su mente se encendía, como una perfecta maquinaria a la cual le había caído un buen golpe, no sentía ya que había sido una divinidad y mas que sentirlo  ya lo sabia, su memoria comenzaba a dar chispazos de imágenes una  tras otra para ayudar a comprender, su cuerpo aun seguía entumecido, sus piernas y sus brazos se sentían pesados, respirar le costaba, incluso abrir los ojos parecía un desafío.  Habia una preocupación por no entender, no entendía que sentía, era una sensación extraña para el espadachín, ¿miedo?  no... ¿panico? casi... entendía algunos conceptos que había escuchado a lo largo de su vida y emulaba en su mente su significado. Recordaba a la vez aquel hombre de ropajes extraños y oscuros que estaba en una roca en el mar y tras eso ocurrió lo siguiente, estar desmayado, pero vivo.

| "Vivo... respiro... pienso..."| Su mente funcionaba como un eco hablando en sus adentros, respiraba, su cuerpo volvía a entrar en funciones, escuchaba ruidos, ruidos secos, pues el silencio abundaba. |  Tsk... | Musito como una queja, mientras escuchaba voces, lo primero que busco a manera de reflejo y aun sintiéndose en peligro fue sus espadas, sintio las empuñaduras de ambas ¿armado? paso por unos segundos el pensamiento y entonces abrió los ojos, un poco de luz, mucha oscuridad, un cuarto lo mas parecido a una celda, claro que las conocía, mas por fuera que por dentro.  | "Voces... murmullos... hmm... Sanemi... ¿eh?  Tensui, Melly "| Su cerebro estaba listo, sus ideas y pensamientos estaban ahí, pero su cuerpo habia sufrido un tipo de shock a  causa de lo que sucedio anteriormente.

—. ¿Qué carajos es esto? (Enji)
—Esto no fue casualidad.— (Kuro)
-¡Mierda! -  -Haoshoku Haki… La voluntad del rey - (Sanenmi)

Tres voces diferentes, en momentos diferentes, pero muy cercanos, una perfectamente familiar, Dharma no solia mostrar preocupaciones o debilidades sentimentales, pero era un alivio que al menos uno de sus nakamas estuviera aquí, lo ideal es que no estuviera ninguno, pero también le hacia pensar si los otros estaban en una situación similar o habían logrado escapar, pareciera ser lo primero, no por que desconfiara de las habilidades de ellos, pero debido a la sensación que han vivido y  la descripción dada por Sanemi, mas lo que conoce de la historia del mundo como erudito, recuerda los cuentos y mitos relacionados al Haki, algo que todavía no conoce de manera personal. Pero que lo dijera Sanemi signifcaba que era algo que coincidía con lo sucedido, tenia mucho sentido. Los demas vociferaban otras cosas, normal. al encontrarse en un entorno como este. El espadachin aun se mantenia sentado, su espalda recargada en la pared que daba al frente de la puerta, ligeramente al a izquierda, su rostro ahora elevado podia verlos moverse, entrando ensintonía con sus cuerpos y haciendo preguntas al aire.

| Esto es... muy interesante...  | Dijo en su tono habitual,  ya habia remojado su garganta, mientras observaba lo que los demas hacian o decian, se podia escuchar en todo el cuarto, su voz ligeramente gravosa, pero con ese toque que hacia que cualquiera pudiera escucharlo y ademas preguntarse de quien era esa voz tan segura y certera. | Collares con mecanismo, puede ser letal... | Pudo escucharlo de primeras, ese sonido mecánico, claramente había obtenido la referencia de los ahí presentes al estarse tocando sus cuellos, Dharma simplemente analizo la situación y sentía la pesadez en el propio. Al mismo tiempo que lo tocaba suave y lentamente sintiendo que este poseía un grabado en el frente, un numero, no alcanzaba a verlo con facilidad ya que no son grilletes recién comprados de una tienda de esclavos, por su apariencia estos ya tenían su tiempo, pero podía sentirse el numero, no le dio más importancia a la situación sobre eso, ya que lo siguiente era mirar hacia la puerta, esto mientras se paraba ya sabiendo que podía sostener su propio cuerpo. Así el oriundo de Wano se reincorporaba en su totalidad, aun poseía todas sus pertenencias, no le faltaba una sola. 

| Bro... sabemos que si seguimos con vida y completos es por algo más que solo ser vendidos o usados para trabajos forzados... | Recordaba sobre la esclavitud en el mundo, alguien tan culto como el, conocía el pasado, pues ese era en síntesis su oficio o parte de el. Pues la historia tiende a repetirse y quien no la conoce, la puede repetir, una frase tan simple y mundana que puede aplicarse a algo tan bizarro como lo que estaban viviendo. Sin embargo la calma que Dharma parecía mostrar era real, si bien esforzado en mantenerse entero, ya estando de pie se recargaba en la pared, aun en su misma posición, viendo de forma mas nítida a los demás, incluido a Sanemi que fue para quien había dirigido sus ultimas palabras, no es que los demás no le merecieran, pero no podía generar confianza inmediata con un par de desconocidos, aunado a que uno de ellos, el de cabellera blanca parecida a la de Sanemi, se había despojado de sus ropas blancas, muy parecidas a las de la marina, mas en especifico sus pantalones, quedado solo en ropa interior, cada ser es un mundo, eso lo tenia claro el espadachín, no tenia ninguna intención de juzgar a los otros dos por su apariencia ni por su posible facción. 

| Piratas... marines...revolucionarios... civiles quizá. | Decía sin titubeo alguno, mientras estiraba los músculos de sus hombros y espalda lentamente, dejando ver la envergadura que ostentaba.|  Todos valemos lo mismo para quien sea que nos tiene aquí y el propósito puede ser mas extraño conforme más lo pienso... | Su rostro se miraba incomodo, molesto, era la resistencia hacia el terror que había propiciado el vivir en carne propia el Haki del Rey. Pero su tono de voz aunque invariable, no contenía ningún dejo de molestia, sino más bien daba a mostrar que era alguien que sabia lo que decía, sin necesidad de jugarretas o tonterias, pues la situación pintaba de lo más seria.  Uno de los ahí presentes y desconocido que no tenia pinta de marine, preguntaba por los nombres, Dharma no era un erudito en la fineza y la etiqueta, pero entendía que quien preguntaba debía soltar su nombre de primeras, eso no le daba nada de confianza. Sin embargo no lo ignoraría pues el tipo al final de cuentas se encontraba en la misma situación que el. | Normalmente quien pregunta da su nombre... Hmm | Suspiraba sin afán de caer en una situación violenta, aun no era el momento, ni el lugar. | Dharma... y si ustedes venían en el maldito ferry que arrastro a todos acá seguramente ya habían escuchado mi nombre jah... | Sonreía con una mueca un tanto desafiante, no tenia miedo por los que estaban ahí, su sentidos de preocupación eran originados y aun sostenidos por lo ocurrido minutos u horas antes, por lo tanto un poco de paranoia en su mente era inevitable, pero prefería decir su nombre, que ocultarlo.

| Pero eso que importa ahora ¿no? Quizá nos manden a  ser el show de un circo del horror, de una isla tan podrida como Kutsukku | Golpeaba suavemente las empuñadoras de sus espadas, dando a entender que si, que estaban armados y era una realidad de lo mas extraña. Sus ojos ahora centrados en la puerta. Donde también el semi-desnudo hombre comprobaba su dureza y expresaba con sus palabras que estaba bien sellada, no iba dudar de lo obvio el capitán pirata, pues tras haber visto la composición de lo que era una celda, tenia algunas rendijas mínimas por donde pasaba la luz, no se escuchaba gran ruido, a la vez que el sacaba su Den den mushi e intentando encontrar señal sin hablar, solo ruido sin más sentido, por ende estaban en un lugar con paredes muy gruesas o en algún punto muy subterráneo, pero sin estar bajo tierra e inclusive ambas opciones. Ya que aun la luz lunar, parecía escabullirse entre los huecos que pudiera tener la habitación, por decirle de alguna manera a este lugar. Ya que como tal la puerta mostraba un hermetismo completo, no dejando pasar nada ni luz, pero en algún momento intentaría mirar por aquellos lugares donde la luz tenue parecía entrar tímidamente. O también tenia otras maneras de saber lo que sucedía afuera, aun pensando en todas las posibilidades, no podía ignorar el sentimiento de debilidad e incomodidad que le dejaba la exposición al haki del rey.


OFF ROL:



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - Don Ald - 23-03-2026

Apenas habían pasado unos instantes cuando el suelo comenzó a vibrar, acompañado de un sonido hidráulico, y un denso, pero inocuo vapor comenzó a acumularse en la sala. Con visible pesadez, y de forma exasperantemente lenta, la enorme puerta frente al grupo comenzó a abrirse, ascendiendo. Por todas partes se oían sonidos de cadenas y engranajes, probablemente responsables de la apertura. A través del vapor se colaba una rendija de luz procedente del otro lado de la puerta, que, poco a poco, fue creciendo hasta iluminar la estancia al completo. Cuando el temblor cesó y el vapor comenzó a desvanecerse, la puerta había quedado completamente abierta. Al otro lado, nuestros protagonistas pudieron observar una nueva estancia. Había llegado el momento.





La estancia era una estancia de 40x40 metros y de metal y en el centro de la misma había una plataforma algo elevada e iluminada, justo en mitad de la sala, donde estaba esperando impacientemente que empezara el Show. Estaba como siempre armado con mi paraguas (y por si acaso le pasaba algo llevaba un estoque conmigo). Odiaba muchas cosas y esperar era una de ellas. Odiaba a Landon y su estúpido plan aunque esperaba divertirme como nunca gracias a su estúpida idea. Tocaba esperar y disfrutar del momento, ya tocaría ocuparse más tarde de Coates, se creía mejor que yo y me infravaloraba y le iba a demostrar cuanto se equivocaba conmigo.

Por fin se abría la puerta y sonreí divertido, mis sujetos eran desde luego interesantes, ya sabia quienes eran, pues habían demostrado ser estúpidamente estúpidos y eso hacía que me relamiera pensando en todooo lo que iba a hacer con ellos, desde mi plataforma en el centro de mi pequeña sala de torturas podía verles perfectamente, así pues, tocaba presentarme:

-¡ Bienvenidas queridas victimas ! ¡PINGUGUGU! ¡ Pasad, no seais timidos por favor ! Mi nombre es Don Ald y hoy sere vuestro anfitrion !  No teneis nada que temer de mi. pasad, pasad, poneros comodos ¡¡PINGUGUGU!!

El espectáculo debía de comenzar ¿Cuál caería el primero? ¿Mi “camarada” marine? ¿El asesino de piratas? ¿El tío con cara de estreñido? ¿O tal vez el gigantón? Todos tenían una pinta suculenta y se me hacía la boca agua pensando ya en ver sus fornidos pechos sangrando y clamando por piedad, ver sus brazos rotos, tal vez alguna pequeña mutilación, verlos a todos bailar para mí iba a ser DIVERTIDÍSIMO.

Tan divertido que empezaba a impacientarme observándoles de manera directa, aunque claro, ellos no tenían ni idea de lo que les esperaba.



Narración

posicionamiento


Próximo turno

Para Sanemi y Dharma


Contenido Oculto



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - Enji - 24-03-2026

Dos golpes.

Largos segundos de espera.

Nada.

—¿No me habrán escuchado? ¡Hola! —insistió Enji.

Chasqueó la lengua cuando, una vez más, su llamado fue ignorado.

—Están sordos del otro lado. —Puso los brazos en jarra y el mentón arriba, los párpados cerrados en una fina línea—. O me están ignorando —masculló indignado—. Hijos de…

De fondo, Enji los escuchó. Hablaban. Uno se dirigió al otro con confianza, mientras el tercero, como él, hablaba al grupo. Hasta preguntó sus nombres. Dedujo que, también como él, era la primera vez que cruzaba su camino con el resto. En contraste, quedó claro que los otros dos se conocían desde antes. «Genial —pensó—, entonces podría haberme tocado con los chicos y no pasó». Suspiró y maldijo su suerte. «Estaría tan agusto bailando chachachá…»

—Soy Garro Marlboro Tercero —respondió—. Pero pueden decirme Enji.

Inclinó la cabeza a un lado y luego al otro, inspeccionando la puerta desde varios ángulos. Las vértebras de su columna crujieron y creyó por un instante que se había roto algo. Falsa alarma, solamente estaba contracturado después de haber dormido en el piso quién sabe cuánto tiempo. De seguro más tarde le dolería la cabeza. Menudo incordio.

Ahora, sin embargo, algo mucho más importante que las futuras jaquecas reclamaba su atención.

El suelo, firme hasta entonces, empezó a temblar. Sonidos propios de la maquinaria pesada hicieron eco en la habitación, proveniente de las paredes. Engranajes, cadenas y correas se movían en algún lado, arrastrando grandes pesos al tiempo que el cuarto se llenaba de vapor.

Una luz ténue apareció delante suyo.

—¡Al fin! —exclamó, victorioso, cuando la puerta metálica empezó a elevarse—. Con paciencia y saliva, muchachos. Paciencia y saliva… —Sacudió el dedo índice en el aire y se dispuso a salir, pero la puerta se movía bastante más lento de lo que esperaba en un primer momento—. Como les decía… paciencia y saliva… vamos… —Hablando de paciencia, mucha no le quedaba. Tenía el pie largando humo —metaforicamente hablando—, de zapatear el suelo. Tanto así que, apenas se levantó lo suficiente, Enji flexionó las rodillas y se agachó para cortar la altura faltante y pasar al otro lado de la puerta como quien entra a un ring de pelea.

Es decir, encogido e incómodo, pero pasó.

—¡Libres al fin! ¡Li… —Emergió de la nube de vapor con renovadas energías, dando botes en el suelo, pero lo que se encontró nada más enfocar la mirada lo decepcionó sobremanera—. ... fuck! ¿Otro cuadrado?

Un cuadrado mucho más grande, sí, pero que no dejaba de ser una prisión “XXL”. Enji suspiró. ¿Esto sería como ese chiste de la caja dentro de otra caja? Atinó a echar un vistazo rápido al escenario, pero su atención se fue donde una aguda y chillona voz decidió irrumpir en la escena.

-¡ Bienvenidas queridas víctimas !

Estiró el cuello, se inclinó ligeramente hacia adelante y aguzó la mirada. En el centro de la enorme recámara, veinte metros al frente, había una plataforma que se elevaba dos metros por encima del nivel del suelo y, encima de ella… ¿No había nada?

Bajó un poco la mirada. Oh. Ahí estaba.

—Mierda. Tus papás debieron haberse odiado mucho cuando te hicieron.

El sujeto no era el más agraciado, no. Era pequeño. Lo suficientemente pequeño para ser considerado un enano, pero no tanto como para inspirar ternura por su tamaño. Conseguía la medida justa para perturbar a simple vista, ataviado en una peculiar combinación entre la chaqueta militar típica y un costoso saco, con sus puños y cuello forrados de pelo. Hablaba alto y claro, sin embargo, y se hacía escuchar pese a la distancia. Una bienvenida cínica, cuanto menos.

—Viejo, me encantaría creerte —dijo, con las manos levantadas, al maestro de ceremonias una vez terminado su discurso—. Pero tengo un collar en el cuello.

De pronto, cayó.

En realidad, bajó, cediendo a la gravedad hasta que las piernas estuvieron completamente flexionadas.

—Así que…

Los músculos reaccionaron de forma abrupta y violenta. Se tensaron y, como un resorte liberado de la presión, empujaron a Enji hacia adelante.

—¡Te voy a golpear primero…!

El marine no se precipitó de forma recta; en su lugar, avanzó en una diagonal hacia la izquierda del pomposo Don Ald, volando a ras del suelo tras el impulso inicial.

—¡Y preguntaré después!

Sumergido en el flanco izquierdo del don, su pierna se clavó en el suelo y redirigió la inercia del avance, ahora sí, encarándolo.

—¡Garra! —rugió a la vez que ejecutaba un segundo salto. Este más elevado, lo suficiente para alcanzar la altura de la plataforma y, mientras su cuerpo pasaba por detrás de la pequeña criatura, su puño izquierdo la golpeaba en el torso y se hundía en el tramo blando entre el final de las costillas y el inicio de la cadera.

La velocidad punta que alcanzó lo llevó a caer fuera de la plataforma, incapaz de frenar antes, y aterrizar en el suelo a un metro de la zona elevada. Inmediatamente se agachó, preparado para saltar de regreso a la plataforma.

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - KuroVongola - 24-03-2026

El silencio en la sala se mantenía tenso, casi sofocante, mientras mi mente seguía dando vueltas a posibles formas de salir de allí. Ninguna idea terminaba de convencerme. El espacio era cerrado, sin puntos débiles visibles, y el collar alrededor de mi cuello no hacía más que recordarme que, incluso si encontraba una salida, no estaba en igualdad de condiciones. Aun así, continué pensando, repasando cada detalle una y otra vez, buscando algo que se me estuviera escapando. Fue entonces cuando el entorno cambió.

El suelo comenzó a vibrar con suavidad al principio, pero rápidamente ganó intensidad. Un sonido mecánico recorrió las paredes, acompañado por el movimiento de engranajes ocultos y un siseo constante. Vapor empezó a llenar la habitación, extendiéndose poco a poco hasta cubrir parte del espacio, dificultando la visión durante unos segundos. Mi atención se centró de inmediato en la puerta, que comenzó a abrirse lentamente con un crujido pesado y prolongado.

A medida que la apertura avanzaba, una luz procedente del otro lado atravesó el vapor, iluminando la sala en la que nos encontrábamos. Durante un instante, pensé que aquella podía ser la salida, una oportunidad real de abandonar este encierro. Sin embargo, esa idea desapareció en cuanto la puerta terminó de abrirse por completo y lo que había más allá quedó expuesto. No era una salida. Era otra sala. Más amplia, más abierta, pero claramente parte del mismo lugar.

Di un paso al frente con cautela, cruzando el umbral sin bajar la guardia. El contraste con la habitación anterior era evidente. El nuevo espacio era mucho mayor, con una estructura metálica que no transmitía nada acogedor. Todo parecía diseñado con un propósito claro, aunque aún no terminaba de entender cuál era.

Mi mirada se desplazó rápidamente por el entorno hasta detenerse en el centro de la sala. Allí, sobre una plataforma elevada, se encontraba una figura que no pasó desapercibida. Su aspecto era desagradable, descuidado, con una presencia que generaba rechazo inmediato. Bastó un instante para entender que no estaba allí por casualidad.

Era quien estaba detrás de todo.

—Quítanos los collares.—

Las palabras salieron firmes, directas, sin rodeos, mientras mantenía la mirada fija en él. No tenía sentido perder tiempo con presentaciones o juegos. Aquello era lo único que realmente importaba en ese momento.

Antes de que pudiera reaccionar a lo que acababa de decir, uno de los otros presentes se movió sin dudarlo, lanzándose hacia la figura en la plataforma. No intervineni intenté detenerlo. Mi atención seguía centrada en el entorno y, sobre todo, en el collar que aún llevaba puesto. Ese detalle seguía siendo clave, una limitación evidente que no podía ignorar.

Desenvainé mis armas. No me lancé de inmediato. En lugar de eso, avancé con cautela, paso a paso, manteniendo la distancia mientras observaba cualquier posible reacción desde la plataforma. Cada movimiento fue medido, sin perder de vista el hecho de que, mientras el collar siguiera ahí, cualquier error podía costar caro.

La tensión en el ambiente era evidente. No era un enfrentamiento cualquiera. Todo estaba preparado de antemano, y eso significaba que nada de lo que ocurriera sería casual. Apreté ligeramente el agarre de mis armas mientras continuaba avanzando, sin precipitarme, atento a cada detalle. La situación no permitía impulsos innecesarios. Primero había que entender en qué tipo de juego estaban intentando meternos.
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - Dharma - 25-03-2026

[personajeinvalido=3367]
Aun se mantenía en la misma posición, aun angustiado y con dejos de frustración, escuchando debidamente lo que los otros pudieran decir, aun no tenia confianza en ellos, pero por alguna razón eso no tomaba demasiada relevancia estando en una situación como la que estaban, pero nunca podría confiar ciegamente en alguien que acaba de conocer, no sabia si estaban confabulados, si alguno era un chivo expiatorio y solo era también un buen actor, pero entraría a esta obra de teatro y haría lo propio. Dharma podía disimular era inteligente y analítico, la lectura diaria, la introspección, también abría conocimientos muy útiles sobre la mente y el alma, no es como que pudiera ver más allá de lo evidente, pero podía comprender un poco más, sobre el actuar de los demás seres vivos, un actuar que a el le desinteresaba la mayoría de las veces, mientras no le estorbaran o imposibilitaran sus propios objetivos. Y al parecer los ahí presentes, no tenían las intenciones de estorbar o ser unos inútiles, lo cual ya era lo bastante bueno, si algo podía detestar sobre todas las cosas, era la gente débil, no solo en capacidad bélica, también en espíritu y mente.

| Bien... Enji. | Dijo atendiendo a las palabras del otro, Dharma era educado, quizá no refinado, pero si educado a su manera o lo que podía entender y saber. | Hmm bro...|

De un momento a otro sintió como el suelo comenzaba a moverse, por unos segundos el espadachín pensó, que se trataba otra vez de aquella sensación, que sintió horas antes en el mar, donde el despliegue de poder de aquel individuo se había hecho notar de una manera que no comprendía. Su mirada se altero de la calma que había mostrado, quizá nadie le importaría dicho acto, pero Dharma sabia que no era correcto, no estaba bien, no le servía de nada sentirse así, pero aun así no podía evitar dicha sensación de preocupación, temor y algo parecido al estrés, sobre lo que vivió. Sin embargo, al pasar los segundos se pudo ir calmando, mientras daba un par de pasos hacia el frente de donde se encontraba recargado, respirando con más calma, logro enfocarse en el presente. También no había entendido casi nada, de lo que Sanemi había dicho, se sentía confundido al respecto, como si alguno de los dos estuviera ebrio, quizá era parte de los efectos que no solo el pelinegro había vivido en carne propia. Ahora lo que había provocado dichos temblores, tenia que ver con la apertura de la puerta, entre sonidos metálicos y vapores que daban la bienvenida a algo nuevo y esperado.

| Ahre... veamos que traman. | Con su tono de voz habitual, el cual era suficiente para ser escuchado en un radio decente unos 10 metros con facilidad, si bien no tenia la confianza plena en los presentes y mucho menos en el desconocido, que había preguntado por los nombres y el muy imbécil no había dado el propio. Dharma, decidió ignorarlo por el resto del momento, alguien sin la capacidad de razonar adecuadamente, seguramente era un simple, sin nada más que aportar. Pero ese descontento lo dejaría pasar de momento. Pues la enorme puerta que los restringía a esa mediana habitación se mostraba a continuación, una edificación casi idéntica, pero de un tamaño mucho mayor. El capitán de los Rakshasa, terminaba por salir de aquella cárcel e introducirse a la siguiente. Y lo primero que se encontraban además de la grandeza la propia habitación, era un pequeño ser, en lo que parecía ser la mitad de esta y una plataforma. Era un pequeño hombrecillo, la vista del espadachín se enfocaba en unos instantes para poderlo distinguir de manera adecuada. Era un hombre arreglado y al mismo tiempo un tanto zarrapastroso con un porte extraño y una sombrilla, parecía un pingüino y no de los bonitos, sin contar que portaba el uniforme oficial de la marina, de alto rango, algo que él podía distinguir, aunque en ese momento los rangos no importaban, lo interesante era buscar con quien desquitar todo el descontento.

- No tenéis nada que temer de mi. pasad, pasad, poneros cómodos ¡¡PINGUGUGU!!-

Escucho lo que tenia que decir, sin embargo, el oriundo de Wano, no estaba contento con la situación. Sostenía las empuñaduras de sus espadas gemelas y en cuanto el hombre pingüino con risa de lo mas excéntrica parecía terminar de hablar, el pelinegro capitán de los piratas Rakshasa daba un potente salto con toda su capacidad física, un salto recto que se dirigía en dirección a la plataforma de en medio, la altura no había sido mayor a 1 metro, parecía mas un impulso, pero le iba servir para recortar distancias. Al tiempo que iba dando su salto el cual tomaría un par de segundos en recorrer su máxima capacidad, la cual era de 10 metros por parte de Dharma. Podía notar como su compañero de celda Enji, había hecho igual un movimiento ofensivo, no sin antes advertirle unas cuantas cosas a aquel que yacía sobre la plataforma, la cual parecía tener un aproximado de la altura de Dharma (2m.) o eso podía distinguir. | No me agradas hombre pingüino... | Decía mientras al caer con sus piernas se impulsaba de nuevo para recorrer la distancia faltante corriendo a toda velocidad zancada tras zancada, todo esto era en línea recta, sin embargo, por leves y últimos momentos del recorrido, Dharma dio un pequeño cambio de su ruta al final, pues noto que el enanito estaba situado a una orilla de la plataforma, algo que había que aprovechar. El espadachín tomo dirección diagonal derecha estando a un par de metros de la plataforma, notando que él era mas alto que ella, quedando entonces su rostro a media altura del pingüino.

Pero esto que mencionamos del buen Dharma, no era lo único que sucedía, pues para cuando él, se encontraba en esa posición, podía ver gracias a sus buenos reflejos que Enji el peliblanco en bóxer, ya había hecho su parte ante esta situación tan inverosímil, se habían coordinado de manera fortuita, de buena manera, ambos seres sabían, que no había mejor momento para atacar que al inicio. Dharma habría aprendido dicha lección años atrás y/o meses atrás, pasando un flashazo por su mente, de la pelea que tuvo contra un gigantesco oni rojizo, vaya que le pegaron duro esa vez, por titubear en la ofensiva. A la vez el pelinegro de gran porte, comprendía que su velocidad era menor a la de su por ahora compañero de batalla. | Bien Enji... me agradas. | Conciso y directo expresaba sus palabras, el pirata espadachín, mientras lo veía hacer una buena ofensiva, bastante veloz y notaba como se terminaba colocando, tras la pequeña plataforma, a Dharma le agradaba la gente que demostraba su fuerza y su poder, esos eran los que le hacían sentir, que no estaba solo en este mundo, donde muchos solo pueden mirar y sufrir las consecuencias de su debilidad.

Tenia que dar lo mejor de si mismo, así que su cuerpo daba todo su poder, como desde el principio y de esa determinación que lo caracteriza, ahora que se encontraba cerca de su enemigo, aprovechando que este tendría o debería enfocarse en el marine semidesnudo, Dharma realizaría un ataque bastante dominado| Anjali Mudra... | Dijo con vehemencia el espadachín, que desenfundaba sus armas con singular movimiento, raudo y lleno de violencia. Tomadas de ambas empuñaduras y cada una por la mano contraria, es decir la izquierda tomando la espada derecha y viceversa. Dharma desenvaino y buscaba herir a su rival en la zona del abdomen bajo, con un corte estilo en X y de ahí también si el impacto era viable, seguir su curso expandiendo el corte, hasta dañarle por completo el área del estomago. No podía confiarse si realmente seria posible realizar dicho ataque, pero de lograrlo estaría preparando de forma inmediata otra embestida, por ahora cada segundo, era importante, si alguien se había animado a atacar de primeras, el no podía pasar desapercibido ante tal acto de fortaleza y valentía. Era casi inspirador poder estar en esta situación, tanto así que la situación sobre el collar pasaba a segunda en su mente, si iba a morir o iba ser herido, al menos comprobaría hasta donde le seria permitido existir.

Solo queda saber, si sería su enemigo extravagante o el destino, quienes dictarían la sentencia y si es que existía sentencia alguna, que pudiera contra Dharma.


OFF ROL:



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - Sanemi Toge - 26-03-2026

¿Miedo? ¿Confusión? Una mezcla de esas sensaciones inundaba el cuerpo de Sanemi que aún seguía con esa aterradora sensación de ser pisoteado por una “fuerza desconocida”, el no tener una respuesta le causaba un poco de angustia y no aportaba a la mejora de su estado, pero confía en su capacidad de recuperación para poder salir bien librado. De un momento a otro la habitación comenzó a abrirse, como si se tratara de una caja de pandora, con una curiosa variante, el desastre podría encontrarse del otro lado. El de cabellos blancos comenzó a dar sus primeros pasos, cauteloso, pero manteniéndose en movimiento a no tener un panorama claro del ambiente por el sonido del mecanismo de la caja y el vapor que inundó el mismo espacio.

El de cabellos blancos se sacudió un poco el cuello, para liberar el estrés. Definitivamente esa no era su manera de comportarse. Sonrió de medio lado al darse cuenta que Enji y el gigantón eran personajes curiosos, en mucho de los sentidos. No planeaba hacer amistad, ni nada por el estilo. Finalmente pudo dar un paso fuera de la primera prisión, para llegar a otra. Miró a todos lados y abría sus fosas nasales de forma inconsciente, debido a su capacidad para diferencia distintos olores -Oe… oe… Son todos unos cabrones ¡Esto es interesante! -Les dijo con una sonrisa algo más macabra. Esa su primera interacción con ellos, sentía la enorme necesidad de insultarlos.

Segundos después pudo notar a quien se jactaba de tenerlos como presas o víctimas ¿Cómo no? Después de todo podría ser quien le puso los collares y tenía total potestad de hacerlos estallar cuando él lo decidiera ¿Eso importa? Sinceramente era lo de menos, si quisiera simplemente matarlos ya lo habrían hecho. Seguramente esto es parte de algún plan enfermo. El aspecto de quien les hablaba era totalmente… interesante. Su aspecto total era de alguien golpeado por la vida y si no tuvo un destino trágico, su solo aspecto ya era suficiente castigo.

Sin intermedios. Sanemi sacó de su cintura sus puños americanos y se los acomodó, era la primera vez que se los ponía. La sensación era bastante cómoda y, como se lo prometió a Tensui, tendrían que golpear a muchos sujetos para que su nombre “Peacemakers” cobre sentido. Al unísono, como si algo los hiciera estallar Dharma, el enorme personaje y Enji se lazaron, a toda máquina, sin duda, aunque esperaba que mentalmente estables, después de todo, estaban en su terreno ¿Qué es lo más razonable? El instinto de Sanemi y su necesidad de comprometerse en combate lo hicieron moverse, corriendo.

-¡Gahahahaha... Malditos…! -Sus ojos se movían de un lado al otro, se aguantó un poco en su carrera diagonal por el lado derecho. Conoce como se mueve Dharma y, en teoría, podría tener un combate junto a él en condiciones ¿pero el resto? Sus movimientos le resultan aún enigmáticos ¿Qué pueden hacer? ¿Hasta donde dan sus capacidades de combate? Dudas que rondan su cabeza lo hicieron frenarse a los quince metros de distancia, recortados en diagonal, lo que lo dejaba a 5 metros de la plataforma del pingüino. En este turno sería observador lo cual lo irritaba enormemente, sin embargo, el atacar a lo loco podría ser peor para el cuarteto que para el repugnante pingüino. En esta situación, el número meno parecía ir adelante.

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