Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
[Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] [+18] - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7)
+---- Foro: Reino de Torino (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=294)
+---- Tema: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] [+18] (/showthread.php?tid=3132)

Páginas: 1 2 3


[Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] [+18] - Onizuka Jin - 05-02-2026

Un cansancio indescifrable... O no tan indescifrable realmente. Ni siquiera se había quitado la ropa del día anterior, no. De hecho ni siquiera había regresado a donde se suponía que le tocaba dormir. Sus pasos lo habían llevado lejos incluso de la propia civilización, donde sabía que si tenía ojos, los percibiría. La abstinencia por la falta de tabaco lo estaba destruyendo por dentro y, además, eso sumado al rostro que vio en Tezca, el estrés que había ido acumulando, los pensamientos negativos que lo atacaban. Aún con el sueño no podía ni dormir, lo único que le venía en la mente era el momento en que todo terminó. ¿Terminó? Así era... ahora Tezca lo odiaba, con razones, por supuesto, lo sabía bien pero... Sus ojos estaban fijos a la ciudad, en aquel horario nocturno. Había evitado ese encuentro a propósito, realmente lo había hecho y ahora que su jefe conocía también la debilidad de Tezca, sus manos estaban total y completamente atadas. ¿Cómo ayudarlo? ¿Cómo hacer que siquiera se alejara de él? Solo sintió un dolor profundo, una punzada que lo estaba atormentando. 


Sus ojos observaban a la nada más absoluta, perdido, absorto. Solo podía mirar la ciudad, iluminada por la nocturnidad, sentir el frío calarle los huesos por la temperatura nocturna y por encontrarse en lo alto de un monte, al borde casi de un precipicio. No podía hacer más que observar a la nada, durante horas, horas... Su expresión era casi la de un abandono, como si un dueño hubiera abandonado a su mascota. ¿Quién iba a decir que alguien como él iba a sentirse tan despreciable? No supo el tiempo que transcurrió hasta que el sol del amanecer aparecía en el cielo, haciendo desaparecer las estrellas. Horas, tan largas horas que también se sintieron cortas.

Pere-Pere-Pere.

Sus manos temblaban, no quería contestar. No creía que fuera Tezca, lo dudaba muy seriamente pero, por otro lado, si ignoraba esa llamada, quizás el rubio pudiera estar en peligro. Quería desvanecerse, desaparecer de allí, olvidarlo todo y empezar desde cero.

Pere-Pere-Pere.

Sacó el caracol de su bolsillo, observándolo con cansancio, respondiendo sin muchas ganas.

—Veo que esta vez sí has respondido. 

No le apetecía en absoluto escuchar esa voz, era estresante, agotador, solo sentía más punzadas de dolor destruyéndolo por dentro. —Solo estuve algo ocupado últimamente. 

—¿Acostándote con Norova? — No pudo responder a eso. Elevó su diestra, la cual a consecuencia de su abstinencia y el estrés temblaba, frotando sus ojos. —Sabes que no, maldito viejo. ¿Qué quieres? 

—No olvides la cita de hoy. Y sabes bien que si Norova no aparece, cuáles serán las instrucciones. — Los labios de Jin se apretaron. Sí, claro... allí estaba. —Sí... Lo sé. — Apenas murmuró en un hilo de voz, poniéndose en pie. Estaba cansado, le había dado para esa misma noche, pero tenía que encontrar a Tezca lo antes posible. No quería ver de nuevo esa expresión que lo destruía y, sin embargo, no le quedaba otra alternativa. Todo era... frustrante. Se levantó, limpiando el polvo de su ropa y, con toda su fuerza de voluntad, descendió monte abajo. 

[***]

Estaba ahora en el hostal, llamando a una puerta que nadie respondía. —Tezca, por favor... — Apenas murmuraba, deseando que su voz apareciera, pero no había siquiera un solo sonido en el interior. Se comenzaba a desesperar, al menos hasta que una mujer, que se encargaba de la limpieza de las habitaciones, lo vio. 

—¿Busca al señor que se hospeda allí? Anoche no regresó, no hay nadie.

Los ojos de Jin se llenaron de preocupación. ¿Acaso Raigo le había hecho algo? Comenzó a entrar en pánico. Empujó a la pobre mujer, quien se estampó contra una de las puertas y cayó al suelo, y comenzó a correr. No. Tezca no. Ahora no. Todavía no. No podía respirar, ni siquiera cuando salía de allí a toda prisa, tratando de encontrar respuestas. ¿Dónde debía buscar? ¿Qué debía hacer? ¿Dónde podía comenzar a partir? La casa... esa casa... quizás hubiera vuelto a esa casa... Su respiración casi parecía cortarse en el aire. Corrió de nuevo, hasta aquel hogar que parecía haber mencionado el propio... —¡TEZCA! — Entró de forma apresurada, pero de nuevo, todo estaba vacío, silencioso... —Por dios... No... Por favor. — Sus manos temblaban, el estrés acumulándose, sentía que todo se estaba desmoronando. Elevó sus manos a ambos lados de su cabeza. Las manos le temblaban con violencia, la frustración lo llenaba incluso más y una sensación que había perdido hacía años; terror.

—Por favor Tezca, solo... Aparece de donde sea que estés...

No podía pensar con claridad, tampoco podía preguntarle a Raigo, no podía hacer nada más que...

Sus hombres

Descendió sus manos, marcar le era casi imposible por cómo le temblaban las manos, hasta que uno de los hombres le respondió. —Jef-...

—¿Dónde está Tezca Norova?

—¿Eh? Pues... se fue al puerto anoche. — Había olvidado que sus hombres le seguían vigilando y nunca, jamás pensó que se sentiría agradecido por ello. —Anoche no regresó a su-... — Colgó de nuevo, no dejó terminar la frase. Solo fue dirección al puerto, el único que había y conocía. Solo quería verificar que estaba bien. Salió corriendo, a toda prisa y, para cuando llegó, estaba casi sin aire en sus pulmones. Pero no lo vio, no al principio al menos... Lo que sí hizo fue sentir el olor a alcohol. Y allí estaba, al fin, lo había encontrado.

Vivo.

El peso del alivio le hizo notar qué tan desesperado estaba, cómo la falta de aire en sus pulmones le estaba dañando más de lo que creía. Caminó, con las fuerzas que le quedaban, hasta encontrarse con el hombre. No supo que decir, de nuevo, se quedó en blanco. El silencio solo era interrumpido por el sonido de su respiración agitada. 

—Tezca...
No supo cómo seguir la frase, más que llamarlo por su nombre. Apestaba a alcohol, estaba... No sabía ni cómo describirlo. Tampoco sabía cómo iniciar la conversación sin que la situación se viera más incómoda. Sus ojos estaban llenos de cansancio, su ropa ni siquiera se había cambiado, el cansancio lo atacaba, pero no podía dejar de verlo. 



RE: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] - Tezca Norova - 05-02-2026

Que mierda de noche.
 
Me dolía todo; tal vez “todo” se quedaba corto. Cada músculo protestaba al menor movimiento, como si mi cuerpo hubiera decidido recordarme, uno por uno, todos los excesos de la noche anterior. Sentía el peso en los huesos, en la cabeza, en el pecho, una mezcla de cansancio y resaca que me hacía respirar despacio.
Por fin el sol comenzaba a calentar. Su luz caía de manera casi cruel, demasiado clara, demasiado honesta, revelándolo todo sin compasión. Pasar la noche cerca de la orilla no había sido una buena idea, mucho menos en ese estado: tan ebrio, tan molesto, con la cabeza llena de pensamientos que no se callaban. La humedad, el frío y el murmullo constante del mar solo habían empeorado la situación, aferrándose a mi cuerpo durante horas, como si la noche se hubiera empeñado en castigarme por no haber sabido cuándo detenerme.
 
Supongo que esos ya eran tres.
 
Tres contra uno pera una batalla muy injusta.
 
Solo abrí los ojos, cansado, maldiciendo en silencio y volví a cerrarlos en un quejido. Cuando volví a abrirlos fue por una voz ¿Una sirena? No, sonaba a alguien más, mucho peor. Su sombra cubrió el sol sobre mi y me moví con pereza, sentándome sobre la arena. —¿Qué mierda quieres…Jin? ¿me entiendes?— Inicié a hablar, pero mi voz salió ronca, áspera, como si me hubiera pasado la noche tragando arena. Tardé un segundo en darme cuenta de lo mal que tenía la garganta; no recordaba bien en qué momento la había destrozado, solo sentía ese ardor persistente que hacía que cada palabra pesara más de la cuenta. Me levanté despacio y lo miré, con una expresión de agotamiento tan evidente que ya ni siquiera me avergonzaba. No tenía fuerzas para enojarme, no así. Había dormido tan mal que apenas podía mantenerme erguido, como si el cuerpo estuviera a punto de rendirse en cualquier momento.
Me estiré con cuidado, sintiendo cómo las articulaciones crujían en protesta. Con el mismo gesto automático de siempre, me até el cabello, intentando poner algo de orden donde claramente no lo había, y luego acomodé los lentes sobre el puente de mi nariz, buscando un mínimo de estabilidad en ese ritual tan conocido. Del saco saqué una pequeña botella de perfume; el vidrio estaba frío entre mis dedos. Me apliqué un poco en el cuello y las muñecas, respirando hondo después, con la esperanza inútil de esconder el olor a alcohol que aún se me aferraba a la piel, como un recordatorio incómodo de la noche que prefería no repasar. —A ver… camina. Vamos a ver que quiere tu… “papaíto” — Esperé a que se moviera para seguirlo a cierta distancia, acomodándome el traje, sin mirar al hombre. — Puta madre, Jin, te dije que tenía la situación bajo control… ¿Qué carajo es un papaíto?...— No pude evitar comenzar a murmurar cosas, frases sueltas que apenas tenían sentido incluso para mí. Era lo más comprensible en ese estado: la cabeza aún nublada, la lengua pesada, los pensamientos atropellándose unos a otros sin orden ni filtro. Al principio sonaban como quejas vagas, casi suspiros, pero poco a poco iban tomando forma.

Sentía cómo empezaba a retomar algo de fuerza, lentamente, como un motor viejo volviendo a encender. El fastidio se instalaba de nuevo en mi pecho, firme, reconocible, desplazando ese estado de shock torpe y silencioso en el que había estado atrapado. Ya no me sentía tan vacío ni tan desconectado; la molestia me devolvía cierta lucidez, una especie de ancla. Seguía cansado, claro, pero al menos ahora podía pensar, reaccionar, volver a ser consciente de lo mucho que me incomodaba todo aquello.


RE: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] - Onizuka Jin - 05-02-2026

No era solo el olor a alcohol. Todo él estaba también hecho un desastre. No lo culpaba, no podía, incluso si quería reclamarle una vez más que le había pedido no beber a solas, lo seguía haciendo, no importaba el cómo o el por qué, siempre acababa llevándolo al abismo, siempre era él. Respiró profundamente, emitiendo un suspiro, descendiendo su mirada. No se atrevía a mirarlo directamente, solo... todo estaba hecho añicos. Todo por su propia culpa. Nunca quiso llegar hasta allí, por mucho que el odio se lo hubiera ganado, sabiendo las consecuencias, eran dolorosas, más de lo que jamás había sentido antes. 

—Solo... Tenemos una cita hoy, Tezca.

¿Solo era eso? Por supuesto que no. Había muchas cosas que quería con él, abrazarlo, sentir su calidez de nuevo, disculparse por llevarlo hasta ese punto, que pudiera saber por qué había evitado que Raigo le pusiera un solo dedo encima. Todo había sido para protegerlo, todo eso... a costa de haber traicionado su confianza. Se había convertido en la peor escoria de todas. Respiró profundamente, elevando su rostro, sin saber bien qué más decir. 

No se movió, ni siquiera cuando escuchó los pasos de Tezca, ni siquiera cuando él pasó de largo. Solo estaba cabizbajo. Sus manos volvieron a temblar, el sudor frío lo estaba sofocando a causa del síndrome de abstinencia y el estrés acumulado. No le quedaba un maldito tabaco, ni uno solo, y no había ni regresado para tomar mechero. No quería sentirse vigilado por Raigo ni donde se hospedaba. Eso significaba... Que la acababa de cagar, buscando a Tezca como un desesperado, mostrando una vez más una debilidad que no debió mostrar. ¿Lo habrían reportado? ¿Lo habrían visto ir hasta aquella casa? ¿Lo habrían escuchado gritar el nombre de Tezca? ¿Habrían visto su desesperación? Solo pudo ver más lagunas, un terror a perder una sola persona; Tezca. Todo giraba en torno a él, absolutamente todo. 

—No tienes nada bajo control. Tú no sabes... 

Sus puños se cerraron, sus hombros se elevaron. Estaba cansado, un solo día había sido suficiente para sentir que no había descansado en semanas, o quizás meses, quién sabe. —Tú no sabes nada, Tezca. — Sus palabras salieron en un murmuro. “Papaíto”. Odiaba eso, odiaba que lo viera así, odiaba ser comparado con alguien como él... Pero tampoco podía darle la contraria. No ahora que todo se había estado desarrollando de esa forma.

Se volteó, su rostro cargado de dolor, el cansancio marcado en su rostro, el sudor frío cada vez más latente. Sentía que perdía las fuerzas, sentía que todo era ajeno, todo excepto el hombre que tenía frente a él. —Lo hice para protegerte... Maldita sea... Tú no sabes... — Esta vez fue él quien se dejó caer en la arena, sentándose en el suelo, elevando sus brazos sobre las rodillas elevadas. —Es por eso que no quería que lo conocieras... Raigo no es un cualquiera, si quiere puede saber hasta qué estás comiendo y puede destruirlo todo más rápido de lo que tú puedas saludar. Por eso te lo dije, esto no es cualquier lugar. Yo no puedo salir. — Sintió que solo sonaba a excusas, tal y como había creído, incluso si solo trataba de sincerarse. —Y ahora tú tampoco... — Porque ahora la única forma era matándolo, o haciéndolo desaparecer. Sentía el agobio, se ahogaba, la respiración lo mataba, la abstinencia lo empeoraba, la falta de sueño solo lo acumulaba. Todo iba de mal en peor. Su mano se elevó, temblaba ahora, su mandíbula se apretaba. 

—Todavía hay tiempo, no nos verá hasta que sea de noche. 

Él necesitaba asearse, Tezca también, ninguno de los dos estaba en las condiciones más óptimas en ese momento. Solo sería decirle a gritos que ellos dos realmente tenían una conexión que podría llevar aquello más al desastre. —Te contaré todo lo que necesites saber.


RE: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] - Tezca Norova - 05-02-2026

Y aun así, rendirme no estaba en mis planes. No ahora. No nunca. Lo iba a tener. Iba a ganarle a aquel sujeto. Cualquier otro desenlace era, sencillamente, impensable.
 
La molestia me ardía bajo la piel, creciendo con cada pensamiento inconcluso, con cada vacío de información que me lanzaban como una burla. Que no sabía nada, que no entendía esto, que aquello se me escapaba… Todo se acumulaba, pesaba, oprimía el pecho. Era frustrante. Humillante, incluso. Pero esa furia no me debilitaba; me tensaba como una cuerda a punto de romperse. Si no tenía el control, entonces lo arrancaría. Si estaba a oscuras, aprendería a moverme en la penumbra. No importaba cuántas veces tropezara, ni cuántas certezas me fueran negadas: no pensaba retroceder. Las palabras de Jin me sacaron de mis pensamientos, si, tenía más sentido y me giré cuando escuché que algo se dejaba caer al suelo, entrecerrando ligeramente los ojos y acercándome nuevamente a él.
 
Ahora solo podía sentir preocupación. —Levántate, Jin. — Murmuré, extendiéndole la mano, anhelando sentir su calor una vez y esta vez podía identificar el porqué, aunque no se lo diría, tal vez simplemente no podía odiarlo. —Tenemos tiempo, no quiero que me digas una mierda sobre ese maldito… Tengo mi propia forma de resolver las cosas ¿me entiendes? — Pude sentir la amargura en la voz, esperando que tomara mi mano para ayudarlo a levantarse.
 
 
Suspiré, mordiendo con fuerza mi labio inferior, dejando escapar el aire como si con ello pudiera expulsar la presión que me oprimía el pecho. Frustrado. Esa era la palabra exacta. Una sensación áspera, insistente, que se negaba a desaparecer. Tenía que encontrar la forma. Siempre la había. Nadie podía atarme, nadie podía encerrarme sin pagar el precio de intentarlo. No estaba hecho para jaulas ni para órdenes unilaterales. La respuesta era clara, incluso si el camino no lo era tanto: debía ganarle en su propio juego. Voltearle las reglas, usarlas en su contra, obligarlo a sentarse a la mesa. A hacer negocios como siempre se habían hecho conmigo: como iguales.
Porque si algo parecían haber olvidado o fingían no recordar era lo esencial: ningún trato existe sin el consentimiento de ambas partes. Un acuerdo no se impone, se negocia. Y yo sabía negociar.
 
Se lo demostraría.
 
Esperaba que no pudiera notar el dolor de cabeza que me daba esta situación, la forma en la que me temblaba el labio o incluso como no parecía estar del todo presente, absorto por la oscuridad de mis pensamientos. Si no podía huir, le haría arrepentirse de mantenerme aquí.



RE: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] - Onizuka Jin - 05-02-2026

Silencio. Todo cargaba cln una tensión que podía cortarse con un cuchillo. No podía hablar más, pese a que en su mente todo se llenaba todavía más y más de pensamientos. Escuchó una orden; simple, clara, directa. Levantarse. Elevó la mirada, sin el valor de poder mirarlo directamente a la cara. Sus ojos solo fueron a la mano que el rubio le tendía en su dirección. Lo deseaba, realmente deseaba su tacto, en ese momento solo queria abrazarlo, no soltarlo bajo ninguna circunstancia, nunca pero...

¿Realmente se lo merecía?


Sus ojos descendieron, su cuerpo completo temblaba, el sudor frío cada vez más palpable y, aún así, la añoranza de su tacto y la orden dictada pudo por encima de cualquier cosa. Tendió su diestra, aceptándola, poniéndose en pie, manteniéndose así por algunos segundos extra. Solo un poco más... No le iba a dañar por mantener su mano un poco más.

—Como quieras...

Le costó como el infierno apartar la mano que lo sostenía, pero todo inicio tenía un fin. Apartó lentamente su mano, pasando su mano por el cabello despeinado que tenía ahora mismo. La pregunta ahora era... ¿Y ahora qué? Si no podía estar con él hablando de su jefe, nada más lo ataba a estar juntos, a hablar, a... Lo que fuera que pudiera hacer para compartir tiempo con él, uno que estaba desesperado por compartir. Respiró profundo, inhalando al punto de que su pecho se hinchó, y poco después dejó salir, despacio.

Lo que vino después salió en forma de impulso inconsciente. Su mano se estiró hacia el rostro ajeno, tomando su labio inferior, tratando de evitar que siguiera haciéndose daño. No pudo mirarlo a los ojos, pero odiaba la idea de que se dañara así. —Si sigues mordiéndote así el labio, acabará sangrando. — el temblor de sus manos se mantenía intacto, momento que percibió el gesto y la apartó, desviando la mirada.

—Vayámonos. Los dos necesitamos un baño y prepararnos. — Sus manos se juntaron en un intento de fingir que los temblores no existían. —Además... Es más seguro no estar en la calle. — Porque a saber quién podría estar viéndolos, reportándolos. No quería hinchar algo que ya sentía que empeoraba.


RE: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] - Tezca Norova - 05-02-2026

No pude evitar sentirme aliviado cuando tomó mi mano, bajándola cuando finalmente se separó; aquello era una mejoría, pensé, una tregua silenciosa en medio del caos. No podía ocuparme de tantas cosas a la vez, no cuando el cuerpo todavía recordaba antes que la razón. Al sentir su mano acercarse reaccioné sin pensarlo, algo en lo más primitivo de mi ser despertando la hostilidad de la noche anterior: abrí los ojos de par en par, tensándome, moviendo la cabeza apenas hacia atrás, como si esperara un golpe que no llegó.
 
Su mano fue a parar a mi labio inferior y todo cambió.
 
El contacto fue leve, casi reverente, y ese gesto bastó para desarmarme. El aire regresó a mis pulmones con lentitud, mis hombros cediendo a una relajación que no sabía que necesitaba. Sentí el pulgar presionar con cuidado, delineando una frontera invisible, y el recuerdo áspero de la noche previa se deshizo poco a poco, sustituido por una calma extraña, tibia. Mis labios se separaron apenas, no por intención, sino por inercia, por la costumbre del cuerpo de responder a lo suave.
 
No dije nada. No hacía falta. Me limité a sostener su mirada, incluso cuando habló y volví a sentir el frio aire, dejando que ese gesto mínimo hablara por mí, aceptando el silencio como un acuerdo tácito. Por primera vez desde que todo había comenzado solo permanecí ahí, respirando despacio, permitiéndome creer, aunque fuera por un instante que ese contacto no traía consigo peligro, sino una promesa frágil de calma.
 
Y entonces lo seguí, en silencio y con las manos en los bolsillos, ligeramente encorvado hasta que finalmente llegamos a su casa: Parecía acomodada, aunque de una sola planta a diferencia de la otra en isla karate. Esta vez ni siquiera esperé que me permitiera entrar, solo pasé, porque si no iba a ser tratado como tratado con respeto tampoco lo haría.
 
Al cerrar la puerta, me senté en el primer sillón que encontré, dejándome caer más que sentarme, con la mirada clavada en el suelo. Agotado. El cuerpo me pesaba como si cada músculo hubiera decidido rendirse al mismo tiempo, y durante unos segundos solo escuché mi propia respiración, irregular, torpe, intentando recuperar un ritmo que ya no tenía. —Te amo, Jin. — Las palabras salieron así, sin adornos ni preparación, tan secas y crudas como debían ser. No hubo temblor en la voz ni dramatismo; simplemente existieron, cayendo al aire con el peso de algo que no pedía respuesta inmediata. Y eso fue todo. No añadí nada más. No sabía qué más podía decir sin romperlo. Me sentía como un condenado a muerte que daba sus últimas palabras antes del caer de la guillotina.
 
Me acomodé en el sillón y terminé por acostarme en él, girando apenas para quedar de lado. El respaldo se clavó incómodo en mi espalda, pero no me moví; se sentía justo como debía sentirse, un descanso imperfecto, a medias, como esta situación. Cerré los ojos un instante, dejando que la palabra recién dicha se asentara dentro de mí, reconociéndola como algo familiar.
 
No era la primera vez que la pronunciaba en una situación tan extraña. Ya había pasado antes, en otro tiempo, con otras heridas, y aun así el sentimiento era inconfundible. Podía reconocerlo sin esfuerzo: esa mezcla de calma y vértigo, de certeza silenciosa y miedo contenido. Muy parecido al de entonces. No idéntico, pero cercano, lo suficiente como para saber que no estaba mintiendo, ni a él ni a mí mismo. Y reí, vacio. —Maldita sea... por eso estoy aquí... por amor, por eso no me importa lo que haré hoy ¿me entiendes?—



RE: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] - Onizuka Jin - 05-02-2026

El impulso de apartarse le dolió más de lo que podía creer. No quiso invadirlo, no quiso hacerlo sufrir más de lo que claramente estaba sufriendo. Era responsable de eso. Le sorprendió de hecho que no lo apartara o golpeara, por eso respetó su espacio y se limitó a caminar. En un inicio creyó que separarían caminos, que él iría al hostal, o quizás a aquella casa que parecía traerle recuerdos. Sus manos estaban, irónicamente, igual el contrario. Misma forma de caminar, mismas manos en los bolsillos, misma espalda encorvada... No sabía tampoco cómo explicar más de lo que ya había hecho.

Lo sorprendente fue que, pese a todo, lo siguió en todo el trayecto hasta la casa en la que se hospedaba. La casa, como bien descrito fue, era de una sola planta, pero el tamaño parecía el mismo y las habitaciones estaban posicionadas dn forma de un pasillo que era el que sustituia las escaleras. Abrir la puerta y ver aue ni esperaba para entrar no sabía si lo hacía sentir tranquilo o alterado. Fuera como fuese, al menos sabía que ahora él estaba a salvo. No podía decir que fuera lejos del alcohol, pero al menos no era bajo la mirada de nadie, ni siquiera de Reigo... O eso esperaba. Y aunque supiera que estaba allí, no importaba, había una quedada que hacer, y era la excusa perfecta. ¿Era siquiera una excusa realmente? Caminó por la sala de estar, yendo directamente al cajón que había en un mueble, donde guardaba no solo el tabaco de emergencia, también el mechero. Sí. Aquel mechero que, sin siquiera saber por qué, había custodiado en una cajita bajo llave, un mechero que no había vuelto a tener su vida útil por un cariño que ni comprendía. Acomodó el cigarrillo en sus labios, buscaba romper el síndrome de abstinencia pero... Sus dedos pasaron por encima de aquella cajita en forma de cofre en miniatura, en un tono marrón oscuro, con pequeños decorados dorados que adornaban su alrededor. No podía mirar a Tezca, pero sí aquel pequeño detalle que parecía seguirlo allá a donde iba.

—Te amo, Jin. —

El movimiento de su mano se congeló en ese instante, sus ojos, abriéndose de par en par con sorpresa y, para agregar más, sus labios se entreabrieron, dejando caer el cigarrillo apagado. ¿Había escuchado bien? ¿Acaso su mente le había jugado una mala pasada? Eso no impidió que el cigarrillo cayera al suelo en un ruido seco, volteándose lentamente, buscando por primera vez, esta vez en serio, el rostro de Tezca.


Se quedó paralizado, convenciéndose de que quizás solo era el cansancio, solo tenía que ser eso. No había dormido en toda la noche, sí, tenía que ser fruto de su imaginación, no era posible que Tezca dijera eso, menos cuando claramente se había ganado su odio. Jin no había sido amado nunca, no sabía la sensación de amar, no la conocía, era algo que se le escapaba de su comprensión. Muchas personas antes que él habían dicho esas mismas palabras, muchos antes con quienes había terminado en una cama vacía, rechazándolos sin siquiera cuestionarlo. ¿Por qué entonces su corazón latía de una forma tan intensa? ¿Por qué parecía que ahora el mundo se había parado? Incluso los temblores, que habían estado allí desde el primer momento, eran ahora algo fruto de la absoluta desaparición. Así, sin más, incluso su síndrome de abstinencia. Sí, solo tuvo que escuchar mal... Tezca estaba de espaldas a él. Solo... Solo estaba descansando, solo había escuchado eso... Nada más.

—... por eso estoy aquí... Por amor...

No... No era su imaginación, las palabras salían claras como el día, seguras como ninguna otra. La cosa era fácil, solo no tenía que sentir nada, como siempre había hecho. Su labio inferior tembló, su cuerpo también, su pecho lo oprimió con firmeza. No sabía qué era esa sensación. ¿Dolor? ¿Alegría? ¿Qué mierda estaba sintiendo? ¿Qué era lo que estaba pasando?

—¿Qué has dicho? — su voz temblaba al hablar, sus pasos se acercaban a él, no pensaba, su cuerpo se movía hasta donde estaba el rubio. —Dilo de nuevo... Mírame la cara cuando vuelvas a decirlo... Tezca mírame. — quería volver a oírlo, quería ver su expresión cuando lo pronunciara. Se arrodilló frente a él, sus manos temblaron, pero ahora iban a su hombro. —Tezca... — No esperó una repetición, sus dos manos se posicionaron en sus mejillas, atrayéndolo hacia él, sus labios acercándose a los ajenos, sin dejarle hablar. Solo pudo besarlo. Besarlo como nunca recordaba haber hecho antes. El rojo estaba en sus mejillas, una señal que ni él mismo esperaba. Se estaba sonrojando, se estaba sintiendo... ¿Pleno?


¿Por qué sentía algo como alivio? No se suponía que esto tuviera que ser así...
Pero el rechazo le dolía más que esas palabras.



RE: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] - Tezca Norova - 06-02-2026

El hombre estaba frente a mí, podía verlo con claridad; parecía sorprendido, eso era obvio. Incluso más allá de mi cansancio, yo mismo estaba igual de sorprendido por haber dicho aquello en voz alta, sobre todo cuando no cambiaba absolutamente nada nuestra pésima situación. Su voz temblaba y solo podía mirarlo, expectante. ¿Me repetiría? Por supuesto que no. ¿Es que acaso no sabe que Tezca Norova no repite lo que ha dicho? La molestia me subió a la garganta, lista para convertirse en reproche, en ironía afilada, en una defensa más… pero no alcancé a pronunciarla.
 
Sentí sus labios sobre los míos.
 
Fue un beso dulce, distinto a cualquier cosa que hubiera imaginado en medio de aquel desastre: más cuidadoso, casi temeroso, como si estuviera pidiendo permiso aun después de haberlo hecho. El mundo pareció encogerse alrededor, la tensión en mis hombros vaciló y mi respiración se descompasó, traicionándome. No fue un beso urgente ni desesperado; fue uno que decía te escuché, te creo, estoy aquí, y eso lo volvió peligrosamente honesto.
 
Mis pensamientos, siempre tan rápidos, se quedaron en blanco por un instante. Sentí el calor ajeno contrastar con el frío que me había acompañado todo el día, y esa cercanía me obligó a aceptar algo incómodo: no estaba preparado para que alguien me tratara con tanta suavidad. Cuando finalmente me aparté apenas, sin romper del todo la distancia, lo miré a los ojos. Regresando a descansar sobre el sofá pues los estragos de una mala noche de sueño se notaban mucho más cuando el cuerpo finalmente podía relajarse.
 
—Usaré tu cama…Debe ser más cómoda que este sofá ¿me entiendes? Voy a necesitar mucha energía. —
 
Murmuré, arrugando la nariz en un gesto casi infantil, como si así pudiera restarle peso a lo que sentía. Me incorporé con lentitud, el cansancio aún tirando de mis músculos, y me levanté de la cama para hincarme a su altura. El movimiento fue torpe, poco digno, pero honesto. Entonces, sin darle tiempo a reaccionar, lo abracé.
 
Me oculté en su hombro, apoyando la frente contra su clavícula, respirando su aroma de cerca, dejándome envolver por su calor. Mis brazos lo rodearon con una firmeza que traicionaba lo mucho que necesitaba ese contacto. Cerré los ojos, permitiéndome disfrutar de su cercanía sin pensar demasiado en las consecuencias, sin analizar, sin calcular. Solo estar ahí.
 
No iba a decirle nada más. El orgullo no me lo permitía, y tal vez tampoco la costumbre de desnudarme con palabras. Aun así, el silencio habló por mí: en la forma en que me aferré un segundo más de lo necesario, en el leve temblor de mi respiración, en la manera en que no me aparté. Si quería entenderme, tendría que hacerlo así, leyendo entre gestos y pausas, porque Tezca Norova jamás admitiría en voz alta cuánto significaba ese abrazo.



RE: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] - Onizuka Jin - 06-02-2026

Se permitió el lujo de alargar el beso un rato más, solo un poco más, sentir sus labios, sentir su calidez, su propio estrés, todo aquello que se había acumulado disminuyendo drásticamente. Para cuando se separaron, sus ojos buscaban los ajenos. No podía soltarlo, no podía... No después de todo lo que claramente estaba ocurriendo y no podía ignorar. Lo sintió incorporarse, lo dejó hacer, le dejó su espacio. Seguía de rodillas a él, casi como una forma de súplica.

¿Usar su cama...? Se sintió frío por un instante mientras se levantaba. No sabía cómo responderle, no sabía qué hacer, era la primera vez que-...

El abrazo lo tomó por sorpresa. Ese gesto hablaba mucho más que las palabras. desesperación, confianza, añoranza, miedo... ¿Amor? Cerró los ojos, elevando sus brazos, aplastándolo contra sí mismo como si fuera lo más precioso que tuviera en el mundo. ¿Es que acaso no lo era? ¿Es que a caso no había sido el único hombre que lo había llevado a un límite que ni él comprendía? No quiso soltarlo, no quiso hacerlo. Sus brazos se apretaban en ese gesto, su zurda acariciaba la nuca ajena con el máximo cuidado, uno que no pensó que existiera.

—Creo que... Los dos lo necesitamos.

Sus labios reposaron un beso sobre la cabeza ajena, descendiendo su mano con cuidado hasta el mentón ajeno, buscando su mirada. Volvió a pensar en las palabras, esas que quería volver a escuchar de sus labios... Era surrealista toda la sensación, como si solo ellos dos fueran protagonistas de todo el mundo que los rodeaba. —Muchos me lo han dicho antes y siempre fue fácil rechazarlos, no sentir nada. Eran palabras vacías para mí... — ¿Por qué lo admitía? No lo comprendía, no podía comprenderlo. Sus dedos se deslizaron con dulzura por el cabello ajeno, con cuidado. —Nunca me he sentido amado, no sé qué es el amor, pero... — cerró sus ojos, reposando sus labios sobre la frente ajena en señal de respeto. —No entiendo qué mierda me pasa contigo. Mi pecho duele, mis pensamientos solo me llevan a ti, solo siento que quiero protegerte del mundo. La sola idea de imaginarte con alguien más me vuelve loco, quiero estar a tu lado, en las buenas y en las malas, quiero protegerte incluso de quien me dio un apellido que jamás pensé cuestionar hasta conocerte. — sus brazos se rodearon más firmemente al contrario, hundiendo su rostro al contrario, juntando su frente a la del contrario. —No sé si estos sentimientos son los mismos que el amor, solo sé que nunca antes los he sentido por nadie más que contigo... — una nueva pausa, abriendo sus ojos, que todavía estaban cansados, pero más seguros.

—¿Me enseñarías a amarte de vuelta?

Sonaba tan surrealista, lejano... Maldita sea, no entendía por qué, no podía, pero solo quería corresponder esos sentimientos, devolviéndole la misma sinceridad. Volvió a plantar un beso en su frente, con cuidado y cariño. Lo tomó con cuidado, sosteniendo su mano, cruzando sus dedos con los ajenos, uniéndolos en uno solo. Caminó por el pasillo, guiándolo hasta su dormitorio, abriendo la puerta y dejándolo con cuidado sobre la cama, besando sus labios una vez más con el mismo gesto inicial; desesperado, cariñoso, único, delicado... Sabía que ahora aquello que sentían y tenían cambiaba, sus emociones se desbordaban, su pecho se sentía doloroso, su corazón latía de forma que le dolía. ¿Quizás había hablado de más? No le importaba, solo... Quería estar a su lado un poco más. Posicionó la otra mano del contrario sobre su pecho, donde se suponía que su corazón latía de forma tan intensa que todo su cuerpo vibraba. —Si esto no es amarte, no sé qué es... Enséñame para hacerlo bien contigo, Tezca...


RE: [Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] - Tezca Norova - 06-02-2026

Solo podía cerrar los ojos al sentir sus suaves besos contra mi frente, la calidez de su abrazo envolviéndome con una paciencia casi dolorosa. Quería quedarme en esa tranquilidad por siempre, suspendido en ese instante frágil donde nada más parecía existir. Su frente apoyada contra la mía, la cercanía suficiente para compartir el aliento, mientras escuchaba sus palabras: su confesión, honesta, desnuda… y finalmente aquella petición que pesaba más que cualquier promesa, la responsabilidad que implicaba.
 
No respondí en ese momento.
Sabía cómo amar, claro que sí, lo había aprendido a sacrificio, a silencios, a expectativas ajenas, dolor. Pero no… no quería. No de esa manera. Cuando el mayor describió lo que sentía, sin duda me vi reflejado en cada una de sus frases; ese deseo de cuidar, de permanecer, de elegir al otro incluso en los días grises. Yo quería hacer todo eso por él y más. Quería ser refugio, ser hogar. Pero lo que me habían enseñado que era amor… lo que él me dijo que era amor en su momento, había dejado marcas difíciles de ignorar.
 
La duda se plantó en mi rostro sin pedir permiso. No estaba tan seguro de querer amarlo de esa forma, con esa entrega total que todavía me provocaba escalofríos recorriéndome la espalda, una mezcla de miedo y memoria. Intenté ordenar mis pensamientos, buscar las palabras adecuadas para explicarme, para explicarle, pero ni siquiera tuve la oportunidad.
 
Me llevó a su habitación casi sin darse cuenta, como si el cuerpo hubiera decidido antes que la mente. Lo seguí. Lo besé de regreso, un beso lento, cargado de cosas que no me atrevía a decir en voz alta, mientras acariciaba sus mejillas con ternura, como si así pudiera pedir tiempo sin romper el momento. Cerré los ojos, aferrándome a ese contacto, sabiendo que estaba cruzando una línea… aun sin tener claro si podría sostener lo que había del otro lado.
Sentí el corazón del hombre latir contra mi mano, mirándolo con cierta curiosidad, frunciendo el ceño, cerrando el puño sobre mi pecho y abriendo los labios antes que las palabras pudieran salir. —He amado antes, la primera vez que me dijeron que me amaban fue… Aleksei. El amor es… recibir y dar dolor… No quiero verte sufrir, pero sé que te necesito ¿me entiendes? Es tan difícil. No quiero volver a sufrir así, no quiero que sufras así. Solo quiero estar contigo, por eso sé que… ¿Realmente tengo que amarte? — Era tan confuso, me acerqué nuevamente a besarlo, abrazandolo por el cuello para profundizarlo; Desesperado, ansioso, sintiendo algo tan fuerte que no encontraba otra forma de demostrarlo. —Te amo… Encontraré mi propia definición de amor… Cambiaré la realidad si es necesario, una sin dolor. Solo para ti. —