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La música que nos une [Pasado][Privado] - Versión para impresión

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La música que nos une [Pasado][Privado] - Cill Blinton - 30-01-2026



2 de Invierno, Año 16
Al atardecer
Reino de Samba, South Blue







Son muchas las tardes de invierno que se ven grises, apagadas, escondidas entre la blanca neblina y tapados cielos sin brillo. Más no ésta. La tarde había caído teñida de melancolía, no una triste, sino esa que es llena de calma, sosiego, esa melancolía que no carga, libera. El deseo estuvo siempre en el corazón del pelinegro, la idea estaba materializandose por fin... ¿Cuánto era la tierra de uno? ¿Hasta dónde llegaban los mares? ¿El cielo se veía igual en cada lugar?... No podía ir contra su naturaleza que le empujaba a aventurarse y descubrir que había más allá ¿Y luego? Ver que hay más allá, o ir donde su tripa le dijera, siempre había sido igual, no podía cambiar... Pero sí empezar a moverse por sus deseo, nunca pudo ir en contra de lo que quería hacer.
El cielo de la tarde desmechado entre tonos azulados y anaranjados era el beso del chef en toda la obra, por eso Cill había elegido una mesa al exterior para tomar un trago de licor. En la mesa, modesta, solo la botella, su vaso, y un cenicero apenas cargado de cenizas. Mientras su vista se perdía en el horizonte, disfrutando del cielo, entre los dedos índice y corazón de su diestra, un cigarro a medio fumar consumiendose lentamente. Sus ojos, por momentos enfocaban en su mano derecha, mirando el cigarro, con una sonrisa en su rostro.

~ Cigarros... ¿Piratas del cigarro? ~ divagaba en su cabeza mientras observaba el escenario, su cigarro, y la idea de un nombre, de un emblema, una identidad... Con la cuál entregarse a su deseo de ir a lo desconocido. Pero su cabeza se ladeó a un lado, no convencido por ese nombre. ~ No, no suena tan bien... ~ se convencía dejando salir el humo por ambas fosas nasales. Sorbió el último trago, mientras se incorporaba y empezó a caminar. Sí, se estaba yendo sin pagar, no solía pensar en ello, solo hacía lo que tenía ganas, a veces si lo recordaba y pagaba sus cuentas, pero no, este no era ni el día ni la ocasión, empezó su marcha sin más, satisfecho, con una sonrisa mientras terminaba su cigarro y arrojaba la colilla para esconder sus manos en los bolsillos mientras andaba.

Por momentos, se perdió en la multitud, la tarde invitaba a la gente a salir de sus casa, recorrer las calles, ir a los mercados, buscae donde pasear, en la bahía, en el centro, la plaza del pueblo... En el ambiente se sentía una paz sepulcral, la tranquilidad era absoluta, o quizás el joven aventurero estaba muy ensimismado en sus propios pensamientos, pero el ruido ajeno a su interior se oía lejano, enmudecido, pasando desapercibido, como si solo estuviera él en ese plano de existencia ajeno a esa dimensión. Mientas caminaba, su cuerpo reaccionaba por instinto, se movía solo evitando los cuerpos delante que se le cruzaban al pasearse por las calles, mientras sus pasos le conducían a la plaza, donde se encontraba una feria, un pequeño festival local, donde la gente se juntaba, compartían comida, bebida, compraban y vendían todo tipo de artesanías, telas, y demás.

Sin darse cuenta, había llegado a la plaza, donde se agolpaba la gente, luces colgaban por sobre las cabezas de la gente como guirnaldas sobre los cables elegantemente arqueados en el aire. Podía escucharse el bullicio, risas, ruido de música, vasos, verse gente danzando, bebiendo y festejando alegremente. Sin haber reparado en cómo, el espadachín había terminado en medio de todo eso, y le invadió una sonrisa, ese día no hacía falta más... Se sintió un tanto asfixiado entre medio de la multitud y quería fumar un cigarro... Así que se alejó un poco del tumulto, aún en la plaza, para ir a descansar un poco de la multitud. Sus ojos habían visto una glorieta elevada sobre unos escalones, adornada de hierbas colgantes, y se acercó allí, se veía un lugar apacible. Era pequeña, sin robar protagonismo en la plaza... La gente iba y venía frente a esta, ninguna se detenía realmente. Al acercarse... No pudo comprender realmente el porque... Sus ojos brillaron con fulgor, una sonrisa llena de brillo se dibujó en el rostro, como si aquella melodía hubiera puesto en marcha un viejo mecanismo que llevaba frenado hace mucho tiempo...

Esa melodía...

...







Aquella melodía caló profundo en el pelinegro, que la conocía a la perfección.. No tenía dudas, la emoción era latente, y a medida que se acercaba, la melodía que desprendía el violín inundaba el aire, haciendo eco en la mente del pirata. Se acercó sonriente hasta estar frente a la glorieta observando aquel hermoso concierto. Al estar allí simplemente se sentó sonriente en el suelo entrecruzando sus piernas, sonriente, dando pequeños meneos con su cabeza siguiendo la melodía. La gente pasaba como si nada, no reparaban en aquella canción que alegraba el corazón de Cill. Era como ver una fotografía desenfocada por el movimiento donde solo podía verse nitidamente aquella glorieta y a Cill sentado frente a esta viendo aquella violinista performar su acto. Disfrutando... Era irrelevante si el oído ajeno no era lo suficientemente sensible para apreciar tal canción o quizás era porque sabían que era una antigua canción muy ligada al espíritu pirata... Daba igual... La música hacía su magia... Solo pudo disfrutar en silencio.

Al acabar la pieza, ese mismo instante siguiente de silencio, entre el ruido alrededor, los aplausos de Cill aún sentado y con una amplia sonrisa y risas por medio aplaudiendo, maravillado. —Eso fué excelente— espetó sin vergüenza dándole voz a su sentir —¿Podrías continuar?— pidió sonriente, inocente, sonriendo, disfrutando aquel momento que parecía detener lo demás. No se le ocurría nada mejor que poder continuar disfrutando de aquel momento.


RE: La música que nos une [Pasado][Privado] - Miyori Hoshino - 31-01-2026

2 de Invierno, Año 16
Al atardecer
Reino de Samba, South Blue

Mi tiempo en el reino de Samba había sido de lo más encantador hasta el momento, siempre había cosas nuevas por conocer y música qué escuchar. Hace unos días me había aventurado en el mar para conocer el mundo y las infinitas melodías que me aguardaban hasta el rincón más escondido. En este momento mi violín no era un simple instrumento en mis manos sino una extensión de mi pecho, donde solía esconder mis miedos, dudas y quizás alguna cierta angustia de la posibilidad de errar en mis sueños, pero también alberga la esperanza de que el sufrimiento no estaba sobre la mesa. No llevaba mucho en mis bolsillos, solo el estuche de mi violín con algunas fotografías de mi familia guardadas en alguna solapa interior del estuche.

Me percate de la calma perfecta de la tarde, como si el mundo alrededor se encontrase en perfecta paz y armonía. El día de hoy había una neblina que cubría la localidad, los sonidos eran casi silentes y a la vez hogareños. Observé a las personas a mi alrededor, y aunque sus siluetas avanzan con normalidad en sus actividades cotidianas parecen más alegres de lo normal, ¿Acaso me perdía de algo?, a veces odiaba mi defecto de estar siempre inmersa en mi propio mundo.

Solo unos cuantos pasos me llevaron hasta la plaza de Samba, y allí descubrí que casi todos los habitantes se habían reunido para celebrar. El lugar había cobrado vida con faroles de infinitos colores, colgados entre guirnaldas, se balanceaban suavemente con la brisa del viento mientras cumplían con su función de iluminar los rostros alegres de la gente. Mis ojos grises parecían arder de emoción al ver la decoración, y una sonrisa involuntaria escapó de mis labios sin querer como una niña infante al ver el parque de juegos. Las conversaciones, la música y las carcajadas de las personas se mezclaban en armonía coordinada, no era ruido en absoluto, de hecho… te absorbía y te invitaba a moverte y descubrir cada parte de aquel festival casi nocturno.

No pude controlarme, y me deje llevar por mi emoción, visite cada uno de los puestos que vendían todo tipo de cosas, comida, recuerdos artesanales, caramelos, bebidas y cervezas, todo me resultaba verdaderamente único, calido, ya no me sentía forastera o ajena al lugar. Quería ser parte de esto, de esta felicidad colectiva aunque fuera por un segundo, perderme entre la multitud y sentir que pertenecía. Un ligero recuerdo me hizo querer tener a mi familia cerca.

Mis oídos profundizaron en el ambiente y captaron algo especial. Desde una caseta situada en el centro de la plaza, entonaban una melodía que yo conocía a la perfección, con las personas alrededor me era difícil mirar a las personas que interpretaban tan hermosa melodía, pero sin duda podía distinguir el piano marcando el ritmo, acompañado de algún otro instrumento de la familia de la cuerda. Era una canción que no invoca la melancolía, ni tampoco deshacer el buen ambiente que ya estaba sobre el público, era una canción que llamaba a la paz, y a ser unidos.

No lo pude evitar; fue como si aquella canción me llamara y me invitase a formar parte. Saqué el violín de su estuche negro y lo acomodé sobre mis hombros, con un suspiro saliendo de mis labios para aliviar el nerviosismo, sonreía complaciente. Mis manos encontraron su lugar por encima de las cuerdas del violín y al primer desliz del arco fue que la música salió sin esfuerzo pero llena de vida. Mi corazón se unió con el de los músicos de la caseta, quienes, lejos de rechazarme o de invalidar mi música, me recibieron con una sonrisa cómplice sin dejar de tocar sus instrumentos, como si siempre hubiese sido parte de su banda.

Solo pasaron segundos para que el público creciera, atraídos por lo hermoso que se escuchaba la melodía saliendo de nuestros instrumentos compartidos. Las personas se acercaban en familia, con grandes sonrisas, aplaudían, danzaban, chocaban cervezas entre ellos, y yo sentía que la alegría invadía mi pecho en cada nota que salía de mi violín. Me sentía más que completa, me sentía bienvenida y envuelta en una confianza que nunca había sentido antes, una serenidad que no experimentaba hacía mucho tiempo. Con el corazón pleno de seguridad y latiendo al ritmo de la música, cerré los ojos y mis labios comenzaron a pronunciar la letra de aquella canción que amaba hasta los huesos. Con mi voz suave y tranquila, canté, dejando que mi voz se elevará entre los faroles, las risas, las platicas, como si tratase de decir “Aquí estoy”

No sé cuánto tiempo pasó, pero me sentí inmersa en el momento, desde que comencé a cantar no abrí los ojos en ningún momento, solo toque mi violín y canté con mi corazón abierto al público,  siempre con una sonrisa de orgullo y de felicidad genuina. El piano era quién guiaba la melodía, marcando el ritmo y la frecuencia que todos seguíamos con naturalidad, por lo que cuando poco a poco sus notas comenzaron a descender, los demás instrumentos se fueron apagando uno a uno, sabía que el final. Mi voz también descendió con suavidad hasta fundirse en la última entonada de mi violín, clara y delicada. Entonces reinó el silencio. Un silencio breve y lleno de significado, y solo fue cuestión de segundos para que una ola cálida y envolvente de plausas se hiciera presente ante nosotros, era la multitud que estaba más que agradecida por nuestra interpretación.

Mis ojos se abrieron lentamente, con cierto sonrojo sobre mis mejillas pero extasiada por el momento del cuál hace poco pertenecí. Miré a los señores de la caseta nuevamente e incliné mi cabeza y mi cuerpo en señal de respeto y agradecimiento. De los cuáles ellos únicamente se limitaron a sonreír y aplaudir también. 

“Eso fué excelente” escuché decir, y mi atención se dirigio de inmediato hacia un joven de cabello negro, algo de estilo desordenado pero bien parejo. Parecía ser alto, aunque por el momento lo veía sentado en el suelo frente a la caseta, aplaudiendo con entusiasmo cuál niño, sus manos marcando aún el eco de lo que fue nuestra canción. Su sonrisa era amplia, sincera y cargada de una emoción que no intentaba ocultar, y fue encontes que volvió a hablar “¿Podrías continuar?”  preguntó. Esta vez su voz se dirigió claramente hacia mi persona, y comprendí que era a mí a quien hablaba. Parpadeé un par de veces ante su expresiones, no pude evitar corresponder su sonrisa con otra igual pero llena de agradecimiento escondido.

- Muchas gracias…- Expresé, inclinándome en una pequeña reverencia frente a él, como suele hacerlo el artista ante la ovación del público, mientras el murmullo alegre de la plaza seguía ardiente alrededor.

Complací su petición, nuevamente toque aquella hermosa canción frente a él, frente a los demás habitantes, pero esta vez era diferente, no todos se quedaron más solamente el público que ansiaban escucharnos de nuevo. Tras culminar la canción, me acerqué hacia él, con una sonrisa gentil y tranquila … - Mi nombre es Miyori Hoshino, un placer. - Dije mientras le extendía mi mano para que pudiese levantarse de su lugar, y con la otra mano sostenía mi sombrero playero para evitar que saliera volando con la brisa del festival.

Vestimenta



RE: La música que nos une [Pasado][Privado] - Cill Blinton - 03-02-2026

La música sonaba vibrante en el aire, llenaba el corazón del pelinegro de alegría, no podía ocultar su sonrisa. Se sentía feliz realmente en ese instante, en ese momento… Amaba la música, le fascinaba lo hermoso de ella, y el efecto casi espiritual para llegar a la parte emocional del individuo, y de manera totalmente independiente puesto que ante una misma pieza mientras unos a veces no pueden ocultar las sonrisas y reír vivamente bañados en euforia, otros, no pueden evitar la conmoción y lágrimas brotando por sus ojos. Eso, particularmente, junto a que él era incapaz de hacer algo tan puro y bello, le fascinaba, amaba la música… Si la vida era un cuadro, una obra de arte, la música, esa, era el color, la que daba vida y alma a aquella obra… Total… ¿Qué es la música más si no un lenguaje? Y el más antiguo… Desde el ritmo constante de un corazón latiendo cerca de otro pecho, hasta el más moderno tipo de expresión verbal… Pero el ritmo, la melodía, la música era la única capaz de llegar a lugares donde solo ella podía hacerlo…

El pirata, se veía lleno, de alegría y tranquilidad. La fresca brisa del invierno acompañaba la caída de ese sol antológico anaranjado que teñía el cielo en violáceo, regalando una postal cargada de un aura de ensueño. Uno que se perdía entre tantos días desapercibidos por muchos, incapaces de frenar a disfrutar el hallazgo de un tesoro.

La violinista había accedido a tocar nuevamente la pieza, un solo, uno que reforzó lo que el pirata deseaba, seguir escuchando su música. Su aplaudir mermó al ésta acercarse. Ignoró su mano para incorporarse, no por descortés, sino por caballerosidad, se había incorporado antes que ella se incline hacia él. Sonriente frente a ella, ahí sí, tomó suavemente su mano estrechando la de ella, el tacto era un contraste directo, la pureza y suavidad en las manos de la joven de pelo anaranjado, y la curtida mano del espadachín pirata que creció entre tragedia, cautiverio, apuestas por vivir y la valentía de seguir vivo para un día más.

—¿Así que Miyori eh?— preguntó entre risas y contento —Si que eres genial— objetó mientras rascaba su nuca. —Yo soy Cill Blinton, el placer es todo mío— dijo genuinamente aquel hombre que estaba manchado con sangre pero seguía vivo, que estaba marcado por cadenas pero estaba más libre que nunca.

La gente poco a poco se alejó (los pocos reunidos) y de pronto empezaron a verse más solos, en privacidad. Cill simplemente caminó hacia la glorieta y se sentó en ella, en uno de los escalones, mirando hacia el centro de la plaza, y el cielo de fondo. —¿Por qué no te sientas un rato? Debes estar cansada— su invitación fue amable y carismática cargada de una sonrisa y una palmada a la madera del escalón justo a su lado, aunque sus ljos se perdían en el cielo, en la primera estrella que empezaba a mostrar su brillo en aquel atardecer, reflejando en los ojos de Cill cierta melancolía que sólo él era capaz de percibir, muy muy muy detrás de su sonrisa y alegría.


RE: La música que nos une [Pasado][Privado] - Miyori Hoshino - 04-02-2026

“¿Así que Miyori eh?” Dijo con una amplia sonrisa, eufórico por acontecimientos recientes, mientras estrechábamos nuestras manos de manera social. Al conttacto pude percibir que sus manos eran un tanto ásperas, señal de que era un hombre que se ganaba la vida con el sudor de su frente… o al menos eso fue lo que se me cruzó por la mente. Aquella sensación se me hizo familiar, era la misma cuando mis hermanos o mi padre me tendían la mano, hombres que de igual manera se ganaban la vida con esfuerzo diario. Pescadores de altamar.

“Si que eres genial”, mencionó, a lo que yo sacudí levemente para negar eso elogió, considero que aún me falta mucho por perfeccionar. “Yo soy Cill Blinton, el placer es todo mío” Finalmente se presentó y nuestras manos dejaron de estrecharse. Parece ser un hombre sincero, confiable y genuinamente muy feliz. Aquello me agradó y, de algún modo, su buen ánimo me terminó por contagiar.

Cuando la multitud comenzó a mermarse, y la presentación músical llegó a su final, el ambiente se volvió más apacible. Con algo más de espacio y privacidad, el joven de pelo negro avanzó hacia la glorieta y se sentó en los escalones. “¿Por qué no te sientas un rato? Debes estar cansada” sugirió mientras me indicaba un espacio para sentarme a su lado. Siempre mantuvo esa sonrisa que le caracteriza pero sus ojos estaban fijos en el cielo casi nocturno.

Acepté su invitación, colocando mi estuche a un costado cerca de mí, y me senté a la par de Cill, observando también el cielo que pronto cobijaba con su manto estelar. Aún así las decoraciones y linternas del festival captaron parte de mi atención también. —¿Eres de aquí, Cill? - Le pregunté con cierta curiosidad, mientras inclinaba mi cuerpo un poco hacia el frente y ladeando mi cabeza en su dirección, intentando ver su rostro.

[Imagen: GqYKjHNX0AAdg5i.jpg]

—Es la primera vez que veo un festival así de bonito…— Expresé con una sonrisa gentil, apoyando mi mejilla en una de mis rodillas, aunque solo por unos minutos, luego coloqué el mentón sobre ella y me dispuse a observar a las personas que iban y venían por los puestos. Todo me parecía un sueño.


RE: La música que nos une [Pasado][Privado] - Cill Blinton - 07-02-2026

La noche joven empezaba a presentarse ante aquellos que habían decidido estar fuera para recibirla, quizás porque habían elegido mejor dicho, disfrutar lo ultimo de vida que le quedaba a ese onírico atardecer. La música, bella, pura, aun resonaba en la mente de Cill, aquella melodía tan significativa, el sake de binks, el pelinegro amaba esa canción, por alguna razón lo transportaba a lugares que ni el mismo por su cuenta era capaz de llegar, pero, lo inundaba de un sentimiento de paz y sosiego, de calma, como un mensaje en el aire diciendo que todo estaría bien, y eso le bastaba para dejarlo satisfecho con una sonrisa. La sensación de calma dentro suyo era un resultado inevitable de lo que había experimentado, y definitivamente ahora estaba en un limbo de una especie de alegría-nostalgia melancólica que lejos de angustiarlo, solo podía dejarlo allí, sentado sonriente, tranquilo, mirando el cielo, dejando salir a brillar de a poco a las primeras estrellas de una noche todavía cargada de luz remanente del día.

La calma se había apoderado de Cill, aún un tanto perdido en sus propios pensamientos, consciente de aquella joven de pelo anaranjado, pero no obstante, perdido un poco en el naufragio de su cabeza. Sensaciones encontradas, que lo remontaban al pasado, tan atrás que la vida aún no había dejado marcas en el, el cielo solo gritaba libertad, el mar rugía entregando calma en vez de miedo en su pecho... East Blue... ¿Cuánto había pasado ya? Ni el recordaba a esta altura... Sin mencionar lo que tuvo que atravesar, por un breve instante el brillo de sus ojos no venía del reflejo de esa hermosa luz que entregaban las estrellas y ese magistral cielo, sino de su interior... Recordando todo eso, y lo que siguió después, todos esos oscuros años solo, jugando con la vida y con la muerte, donde despertarse cada día era una cuestión de suerte, y aprendió a amarla, la suerte, el azar, el juego, la apuesta, esa que cada día lo mantuvo con vida... Quizás secretos que morirían junto a el cuando le llegase la hora... ¿Su rostro? Sonreía, una sonrisa no tan anunciada, pero si profunda, una sonrisa sutil, mientras su rostro elevado a los astros brillaba por su luz.

En su mente sonaba el eco de la pregunta de Miyori, a lo lejos, como un susurro borroneado por el viento... ~¿Si soy de aquí?~ comenzó a preguntarse él mismo en resonancia, casi disociado de la situación en espacio y tiempo, absorto con su vista al cielo. ~...Que de donde soy...~ se preguntaba, sin tener una respuesta realmente. La sonrisa lentamente casi de forma impercetible se fue difuminando en su rostro, inerte, mirando al firmamento... Finalmente suspiró, agachó su cara, mientras tomó un cigarro, sacó su encendedor con la diestra y le dió mecha. Una calada profunda, para exhalar el humo en un suspiro cuidando que no le vaya a la joven músico. Volvió a mirar al cielo nuevamente y sonreir inocentemente, soltando incluso una pequeña risa, volteando a ver a su improvisada acompañante con un brillo renovado en sus ojos, lejos de todo rastro de melancolia o nostalgia. Entre risas, con su mano izquierda levantó el dedo indice frente a su propio rostro señalando al cielo, y acompañó el gesto volviendo a mirar el mismo. —¿Ves el cielo?— preguntó calmadamente con una sonrisa cargada de calma y tranquilidad. —Soy de todo lo que esté debajo de él— finalizó para echar a reír desde lo más profundo entre carcajadas para mirarla a ella ahora. —Todos somos libres, y pertenecemos al mismo lugar ¿No crees?— cuestionó intentando hacerle comprender lo que apenas podía comprender él pero vivía a fuego marcado en su corazón.


RE: La música que nos une [Pasado][Privado] - Miyori Hoshino - 09-02-2026

Había un silencio prolongado entre los dos, pero no era incómodo, simplemente estábamos allí, sentados, disfrutando del escenario frente a nosotros. Ver a la gente convivir en familia y con amigos me hizo pensar un poco en la mía, ¿Qué estarían haciendo ahora?, me pregunto si las cosas han marchado bien desde que me fui de casa. Seguramente mi padre estaría preocupado por mi. ¿Qué serían de mis hermanos y de mis sobrinas?. Una pequeña sonrisa, cargada de amor, hizo que mi corazón se sintiera cálido. Los extrañaba.

Un pequeño destello entre azul y naranja a mi lado captó mi atención, era el encendedor de Cill que estaba a punto de encender un cigarrillo. Al parecer era un joven con el vicio de fumar. No me incomodaba, en mi familia todos fumaban, excepto yo.

Tras una profunda calada de su cigarro, y de contemplar el cielo con suma admiración, me volteó a ver nuevamente, esta vez había destello ardiente en su mirada. Entre risas, levantó su mano izquierda y me señaló el cielo de manera alegre, lo cuál hizo que toda mi atención se dirigiera hacia arriba, hacia donde él quería que mirara. Entonces me dijo sobre que él pertenecía a todo lo que estuviese debajo de ese cielo.

Al principio no comprendí lo que intentaba decirme, y su carcajada incluso me hizo sentir extraña o ajena a su pensamiento, por lo que no logré encajar con su respuesta. Pero, continuó platicando sobre la libertad, sobre que todos somos libres y, por ende, todos pertenecemos al mismo lugar.

En un fragmento de segundos, mis ojos se llenaron del mismo fuego que brillaban en sus ojos cuando me dijo que pertenecía a todo lo que pertenecía debajo del cielo, y mi sonrisa se contagió de felicidad. Esa idea era muy hermosa en todos los aspectos. —¡Tienes razón!—

—¡Oh Cill, eso ha sido muy hermoso!— Expresé energica, mientras me levantaba de un brinco, y daba unos cuantos pasos hacia el frente mientras admiraba el cielo nocturno en su totalidad, y giré sobre mi propio espacio para mirar de nuevo al joven de pelo negro y carisma dulce. —Quiero conocer el mundo.— Confesé con total confianza.


—Aprender sobre la música, saber a qué tan lejos puedo llegar al hacerlo, las personas que conoceré, los lugares que veré, los diferentes instrumentos que tocaré… — Entrelacé mis manos suavemente,  y las coloque sobre mi corazón como si fuese a decir una plegaría — Y si me dices que soy libre para serlo, me llena de fé. — Lo miré ahora con la sonrisa más gentil que tenía, me sentía reconfortada y segura de mi misma. Con hambre de conocer el mundo, más que antes.


— Gracias, Cill.


RE: La música que nos une [Pasado][Privado] - Cill Blinton - 11-02-2026

La realidad era que Cill no sabía si realmente se había dado a entender, puesto que a veces, el tampoco terminaba de comprender aquello que le expresó a la joven de pelo cobrizo, de hecho era algo que comprendía más en su corazón que en su consciencia, era algo que sentía a fuego más que comprender a pulso en su mente. Pero, aún así le encantaba el hecho de poder realmente sacar eso que tenía en su pecho con alguien, sus ideas quizás para algunos sonaban locas, para otros quizás sosas... Pero para él, no se trataba de ver quien era el más poderoso, ni más temido, ni quien tenía el mayor tesoro, ni nada de ello, era remontarse al pasado, un tiempo alegre, feliz, donde una promesa mantenía vivo a fuego su ideal... Quería conocer el cielo desde todos los ángulos, quería ver los mares y su inmensidad, y ver hasta donde llegaban, quería sentirse lo más libre del mundo, y vivir de esa manera, después de todo, si seguía vivo, era de suerte, esa que tanto amaba, y no pensaba desaprovecharla, quería vivirla al máximo y experimentar todo, sentirse vivo en cada cosa que hacía... Sabía que debajo del cielo, visto desde lejos, no existían fronteras, políticas, ni nada, todos eran iguales, personas, que viven, mueren, algunos con sueños, otros con penas, algunos cumpliéndolos, otros sufriéndolas, y el pelinegro no quería ser de esos que viven con arrepentimientos. Y eso, es la promesa que aún colgaba de su pecho, que venía de muchísimo tiempo atrás, en ese pasado que al recordarlo, cargaba sus ojos de una melancolía ida, perdida en su mirada, observando algún punto que no prestaba atención realmente.

El humo de su cigarro se difuminaba en una danza en ascenso al cielo, perdiendose en el aire, mientras Cill fumaba calmadamente, ahora más enfocado en el aquí y ahora, observando con una amplia y serena sonrisa a la violinista, su energía vivaz y llena de pureza le transmitía calma y alegría, contagiando esa energía al pirata, que echó a reír viendo la reacción de ella, aliviando en parte quizás la duda de si ella habría entendido quizás lo que el pelinegro sentía dentro suyo y tanto le costaba explicar en palabras. En cierto aspecto le generó ternura, las ideas de ella, le recordaban un poco a lo que el sentía y quería, el mundo era muy grande, y un mapa completo puesto a descubrir, quizás ella apuntaba a la música, y él a otra cosa, pero no podía negar el hecho de que le encantaría poder ser parte de esa aventura y disfrutar de escucharla cada día tocar su música, era algo que le llenaba y traía calma.

La risa poco a poco fué menguando, para morir en una sonrisa cargada con un aire de paz. Comprendía lo que quería... Lentamente se incorporó, tirando su cigarro, observando a aquella risueña joven y se acercó lentamente habiendo antes tomado su violín que había dejado a un costado de Cill, puesto que ella ya no estaba en medio. Con su mano libre, la apoyó en la cabeza de Miyori suavemente, entrelazando suavemente sus dedos entre algunos mechones mientras su mano descansaba suavemente en la cabeza de ella, y agachando un poco su rostro a su altura le extendió su violín para que ella lo tome nuevamente. —Una excelente músico como usted, Miyori, no debería dejar su herramienta más preciada tan lejos— le comentó con una sonrisa gentil —Apuesto que será así... El mundo es enorme, y me imagino que debe haber tanto por conocer... ¿No suena emocionante?— le preguntó con una sonrisa cargada de fuego al igual que en sus ojos, que miraban directo y sin distracción los de ella. Sacudió un poco su mano, acariciando la cabeza de ella, despeinandola sutilmente para volver a tomar algo de distancia, y se echó a reír a carcajadas mirando ahora al cielo otra vez.

—¿Sabes?— le preguntó luego de las risas, con un tono lleno de seguridad, pero también paz —Deberías venir conmigo, pienso viajar por todo el mundo, y no me gustaría perderme tu encantadora música.— concluyó con determinación el pirata —Seamos piratas— le preguntó volviendo a ver a los ojos a la pelinaranja con una sonrisa levemente de lado —¿Qué dices?— cuestionó o propuso, depende quien, con una amplia sonrisa y sus ojos cerrados, por un instante imaginando las aventuras, peleas, y todo por lo que tenía en frente por descubrir, y queriendo que ella sea parte, para finalmente volver a observarla


RE: La música que nos une [Pasado][Privado] - Miyori Hoshino - 11-02-2026

Nunca olvidaría esta noche tan preciosa. Mi corazón se sentía dichoso, como si al fin hubiera encontrado la libertad para dejar atrás el temor a equivocarme. El ambiente rebosaba de ferviente alegría serena, de esas que no hacen ruido ni incomodan, te hacen querer quedarte para siempre.

No lo negaré, una parte de mí deseaba volver a casa, no tanto por la comodidad ni por qué una parte de mí extrañaba a mi familia, si no, por un miedo pequeño y ambiguo que arraigaba en mi corazón, un miedo que, en silencio, me hacía dudar cada día si de verdad sería capaz de ver, comprender y abrazar todo lo que la música tiene para ofrecerme. Esta noche lo descubrí, fuí iluminada a la verdad, y las ataduras de mi temor fueron desechadas con solo las palabras dichas por Cill. Entendí que incluso el temor puede caminar de la mano con la esperanza, y que avanzar también es una forma de amarte a ti mismo.

Mis ojos azules se quedaron un instante más observando el cielo nocturno, soñando con la verdad que me había sido entregada, y quise hacerme dueña de tan bello concepto. En ese instante, mil preguntas albergaron en mi cabeza, ¿Por donde podía comenzar?, ¿hacia dónde debería ir?, ¿estaría lista para afrontar lo que sea que se me cruzara en el camino?  La ansiedad me rozaba con suavidad, pero, era una ansiedad llena de claridad camuflada con felicidad desbordante. Mis manos seguían reposando sobre mi pecho, como si sostuviera con cuidado los latidos de un corazón hambriento de deseos.

Bajé la mirada entonces; mi atención había sido atraída por la cercanía del chico de cabello alborotado en color azabache. Su mirada se encontró con la mía, y en un gesto silencioso de complicidad, ambos no sonreímos con suavidad. Bastó ese instante para saber que estábamos en la misma página Me quedé allí, expectante, aguardando a que se incorporara a mi lado. 

Y de manera imprevista, su mano se posicionó sobre mi cabeza. La sentí cálida, suave, con un toque que trataba de transmitirme confianza. No me aparté en ningún momento, nunca aparté mi mirada de sus ojos marrones, incluso cuando tuvo que inclinarse un poco para estar a mi altura. Nunca dejé de verlo. Aprovechó ese momento para regresarme entre sus manos el violín que había dejado a su cuidado.

—Tienes razón, tendré más cuidado…- Dije entre pequeñas risas, aceptando mi culpa sin más. Tome el estuche de mi violín y lo coloqué de nuevo en mi hombro derecho, ajustando la correa para que no se deslizará, mientras lo hacía, lo escuchaba con suma atención.  — ¡Si, suena muy emocionante! —Afirmé con brillo en mis ojos, él tenía razón, el mundo es enorme y se debía explorar.

Jamás habría imaginado que aquella noche el destino ataría mi camino al de un chico al que no llevaba ni treinta minutos de conocer. Parecía el inicio de una historia imposible y chistosa, casi irreal. Papadeé un par de veces, todavía sorprendida, intentando comprender la magnitud de lo que Cill me acababa de proponer. Quería decir decir que si, lo deseaba con tanto anhelo que quemaba mi pecho. ¿Pedo podía?. 

—¿En verdad puedo?...- Pregunté incrédula de lo que me estaba proponiendo. Avanzando hacia él, tratando de encararlo. Mis ojos se llenaron de felicidad, casi al borde de querer llorar, pero no lo hice. —¿No te estorbaría?.

Y no pude resistirme en lo más mínimo. Lo abracé, estrechando mis brazos alrededor de su cuello, casi colgandome de él, estaba eufórica de tanta felicidad, y no se cuantas veces le dije. —Si, si, si si, ¡SI!.

—¡Seamos piratas!


RE: La música que nos une [Pasado][Privado] - Cill Blinton - 25-02-2026

La interacción había sido corta pero profunda, una colección entre el brillo de sus ojos, bajo la luz de la prematura noche, la brisa peinando sus cabellos, sus risas, pocas palabras pero cargadas de una significancia de esas que cambian el juego. Por un instante sintió el tiempo ralentizarse, aunque solo a su alrededor, como si lo demás que no fueran ellos fuese un simple decorado. Se sentía extraño, pero a la vez totalmente alegre, finalmente comenzaba a vislumbrar aquello con lo que soñaba… El brillo en sus ojos refulgía con grandeza, bailando en sus orbes como si el mañana fuera incierto y quisiera aprovechar el momento, sentía algo que no sentía hacía mucho tiempo… Alivio, alivio real, de ese alivio que libera, y no podía evitar reír a carcajadas mientras ella le abrazaba.

Estuvo quieto un instante, como sorprendido, como si aquel abrazo y la emoción de aquella joven hubieran tocado una fibra vieja y oxidada en el pirata, sensación que intentó ahogar. Aunque comprendió que no podría librarse de aquella sensación, de la nostalgia y melancolía y ese recuerdo a flor de piel, de sentir que no estaba solo y había encontrado un lugar donde querer volver… No quería sumergirse en ello, y lo intentaría evitar en lo posible, pero aun así no se resistió. Sus brazos rodearon a la violinista, y simplemente se dejó ser con ella en ese momento dejándola ser y liberarse de sus propias cargas. Su emoción le alegró en verdad, la veía justo como él, aliviada… Mientras se abrazaban, él miraba el cielo, en aquel punto lejano donde se juntaba con el mar.

En el ímpetu de su abrazo claro, que fue cargado de euforia, había vencido un poco la postura de Cill haciendolohacia atrás un poco. Y allí aún ella colgando de su cuello emocionada, él correspondiendo el momento, cargado de ternura echó a reír a carcajadas ante tal preocupación de ella. —¿Estorbar?— le preguntó ahora separandola apenas de el, como para poder verle la cara —No se me ocurre mejor idea que vinieras conmigo a donde vaya ¿Cómo podrías estorbarme?— le dijo con dulzura entre risas queriéndola hacer pensar. Se alejó de ella dando unos pasos hacia delante observando el mundo por delante en el horizonte. —El mundo es un lugar inmenso por conocer, ¡Y quiero conocerlo todo!— exclamó sonriendo como un niño abriendo de par en par sus brazos completando su envergadura —Cada lugar que esté bajo éste cielo— finalizó bajando sus brazos sin perder su sonrisa y volteando a ver a ella de nuevo. —Hay muchas cosas que no conozco, y muy pocas que sé, se pelear, se defender lo que creo, y se vivir por lo que quiero, pero sé Miyori…— le dijo clavando sus ojos en los de ella. —Que la música nos hace libres, por eso sos tan importante, yo no puedo hacer ningún alma libre— le comentó riendo. —Pero si puedo defender con el alma esa libertad que traerás con ese violín— concluyó echándose a reír alegremente a carcajadas con los ojos cerrados, en paz, y rascando su nuca con la diestra un momento.

Desde ese momento, lo sabía, ella no estaría sola, y él, por sobre todo, quizás, encontró por fin un hogar.


RE: La música que nos une [Pasado][Privado] - Miyori Hoshino - 25-02-2026

Me sentí inmensamente feliz cuando me aseguró que no estorbaba, que mi presencia era, en realidad, una grandiosa idea. Fue como si algo tibio se encendiera en mi pecho, expandiéndose con cada latido. Y al encontrarme con la sinceridad de sus ojos y su sonrisa tan llena de dulzura hacia mí, supe que ese instante quedaría guardado como un pequeño tesoro en mi corazón.

Cill también tenía sueños, quizás más grandes que los míos. Yo anhelaba conocerlo todo sobre la música, él en cambio, deseaba recorrer el mundo entero. ¿No era acaso el mismo sendero con distintas ambiciones brillando en el horizonte?, iría de la mano si fuese necesario.

Me encogí de hombros al verlo apartarse unos pasos más allá de mí, y luego mirarlo abrir los brazos de par en par como si quisiera abrazar el cielo abierto por completo. En su gesto cabía la promesa de un deseo inmenso, pleno, casi tan vasto como el mundo que lo esperaba. Y yo quería verlo llegar lejos.

Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos, y en su mirada vi un fulgor encendido, una chispa viva que parecía arder con convicción absoluta. Sus palabras fueron claras y determinadas, con proezas de admiración, comprendí que la música podría también liberar a cualquier alma atada,capaz de romper cadenas que resguarde dolor. Sentí que yo podía ser esa bendición capaz de traer calma a las tormentas, y que él sería quién resguardara mis intenciones con firmeza y valor.

Reí junto a él, en una complicidad suave y sincera, enlazando una unión de ideas y compromisos claras, Él la espada y yo el escudo. Su forma de pensar me parecía hermosa, casi sanadora, entonces lo supe, desde ahora ya no estaría más sola, ni él se apartaría de mí, seríamos leales a este camino, sin importar lo que el destino intentará interponernos. 

— Eres maravilloso, Cill — Musité con los ojos cerrados, tranquila, amena y feliz tanto como él.

En ese breve momento, regresaron a mí esos recuerdos de miedos y dudas que me acompañaron en su principio antes de emprender este viaje sola. Pensé en mi familia, en los valores que sembraron en mí con tanto amor desde mi crianza. Sin embargo, aunque fueron raíz en la base, no fueron el impulso que me lanzó a volar lejos del nido. Sí salí de Baquella fue gracias a aquel joven rockero que me enseñó la dicha de la libertad músical, que me mostró que los sueños no se suplican, se persiguen.

—- Espero jamás decepcionarte. —- Alcé la mirada al cielo, añorando a los seres que amo y que ahora no puedo abrazar. Luego volví mis ojos hacia Cill, sentía mi corazón más ligero y la certeza de que este camino, aunque incierto, lo estaba recorriendo junto a él.

—- Veremos el mundo, juntos. —- Caminé nuevamente hacía él, acortando la distancia con tranquilidad, y mi mirada azulina no podía mentir, estaba ansiosa por empezar pronto. — ¿Por la aventura y la gloria?.

—- Por cierto… ¿Qué es exactamente ser piratas?.