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(Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Versión para impresión

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(Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Dravenia Arclight - 16-01-2026

Calle principal del Reino de Roshwan
Iglesia de San Elmo, patrono de los navegantes.
Tarde nublada- Día 11, Invierno. Año 15.


El mercado olía a sal, a fruta podrida y a mentiras. Dravenia caminaba con las manos cruzadas a la espalda, el paso firme, con ropa sencilla, para ir al mercado, en fin... No estaba de servicio, pero su sola presencia bastaba para que los comerciantes se enderezaran y los ladrones se esfumaran entre los puestos. No era miedo lo que buscaba. Era orden. Silencio. Algo que no encontraba desde hacía semanas.

La iglesia se alzaba al final de la calle como una promesa de quietud. No era creyente, pero había aprendido a respetar los lugares donde la gente iba a callar sus culpas. Y ella tenía algunas que no sabía cómo nombrar.

Empujó la puerta de madera con una mano enguantada. El interior estaba vacío, salvo por el murmullo de una vela que chisporroteaba en el altar. Caminó hasta el confesionario, más por costumbre que por fe. Se arrodilló. El incienso le raspó la garganta.

—Ajá...No creo en esto —murmuró, sin esperar respuesta. —Pero necesito silencio. Y alguien que escuche.—

Del otro lado del biombo, un leve crujido. Luego, una respiración contenida. Pero nadie dijo nada. .

Dravenia se tensó. La incomodidad la invade, puesto que hablar de sus sentimientos no era algo que hubiera aprendido hacer. Dravenia apretó los dientes. No, no importaba. Pero sí. Porque hablar de algo que solo se limitaba a guardar dentro de sí, no le gustaba. Y al mismo tiempo, le incomodaba.

—Hay alguien por quien me preocupo...— Comenzó diciendo. —Alguien que ha partido para enfrentar peligro y...— Se muerde el labio inferior "¿Cómo era que las personas expresaban sentimientos en palabras, acaso existía algún manual para saber como hacerlo de la mejor manera?" Pensó. Respiró hondo y continuó.

—Hace unos días que perdí contacto con ella y... Pienso que si esta en peligro, no puedo ayudarla estando aquí.— Y por primera vez Dravenia confesó en voz alta, el miedo que sentía al pensar en la idea de perder a alguien importante. —Alguien me dijo que Orar ayudaría... Que si quizás pedía con suficiente fe...— Aunque ella no estaba segura que significaba realmente esa palabra. —Podía ayudar a que ella fuese salva de cualquier mal...— Empuña sus manos al sentirse impotente. —No sé como empezar a Orar o a que Dios pedir intercepción... Pero estoy dispuesta a lo que sea... Con tal de brindarle seguridad a ella...— Se quedo en silencio sintiendo que quizás hablo mas de lo que debía, se sentía tan vulnerable ahora, tan desnuda al decir las cosas que le preocupan y mas a estar dispuesta a hacer cosas que nunca hizo, por ayudar a alguien que le importaba y a quien no podía ayudar con sus propias manos.



RE: (Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Lana - 17-01-2026

[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-7.png]
Desde que puse en pie en este lugar, obviamente tenía decidido que no me iba a quedar, que iba a buscar el momento adecuado para escaparme nuevamente y hoy era el momento. Las monjas salieron a trabajar algo afuera, importante segun ellas, otros dicen que se les gusta coquetear con los de camisa blanca. Como la mayoría de las monjas y creyentes estaban en las afueras, aproveche la ocación para esconderme dentro de la iglesia.

Estaba vacía, vacía de verdad, había silencio y podía escuchar el eco de mi respiración y de mis pisadas, el techo era alto, los vitrales llenos de colores e imaginé que cuentan historias de las que no entiendo, pero que muchos de los creyentes le rezan todos los días, pero a mi sinceramente no me interesaba demasiado. Más allá, vi una puerta abierta, mi nariz hizo el resto del trabajo, olí el licor, era viejo, del bueno, sonreí sin darme cuenta, antes de escaparme necesitaba energía, valor, algo que me acomodara la cabeza y las piernas y el licor sirve para todo eso la mismo tiempo.

Entré a la bodega como si fuese mía, me creía la dueña y comencé a llenarme los brazos con botellas de cuello alto, abrazándolas contra mi pecho como si fuersen mi hermoso tesorito que no iba a soltar por nada del mundo. El vidrio estaba frio, lo sentía enfriar mi túnica y me gustaba esa snesación. Salí de la bodega, tambaleándome un poco, con una sonrisa descarada. Ya podía imaginar el sabor bañándome por la garganta, ese que no tiene nada de santo, que hace cosquillas incluso antes de tocar la legnua, ñami, tenía muchísima sed. —¡Miau! Gracias dioses que no existen jisjisjis— decía con emoción —Muack— y lancé un beso al aire.

Afuera de la bodega, al final del salón de la iglesia, vi un gran mueble lleno de decorativos de la religión rara que tienen estos… y esas decoraciones tenían unas botellas brillantes, demasiado brillantes. Me acerqué directo a ese mueble para dejar las botellas ahí y mientras no les quitaba el ojo de encima a esas piedras hermosas estaba abriendo una botella cuando pasó: “Toc toc”. Dos golpecitos sonaron como si alguien hubiera tocado la puerta, el corazón casi se me sale por los ojos como una cobarde. Pensé automáticamente que era una monja que se dio cuenta de mi ausencia y venia a buscarme. Siempre me encuentran, como si tuvieran un sexto sentido para arruinar mis planes.

No sabía quien era, pero sabía que no quería que nadie me viera. Así que gire con la botella todavia en la mano y me metí en el primer lugar que ví, un armario oscuro, era perfecto y al entrar cerré la puerta con cuidado. Esperé y el silencio volvió, fue entonces cuando escuché un… un maullido. La puerta del armario tenia un diseño que parecía una rejilla y desde los orificios vi al culpable del ruido, un puto gato negro gordo con cara de que le gustaba joder a las personas que intentaban escapar de la iglesia. El gato se estiro y se fue de la iglesia como si nada. —Muack— Le lancé un beso al gato que se fue.

—Que idiota me debo ver. Miau ¿Cómo alguien como yo se podría haber asustado por un gato gordinflón? ¿O por unas simples monjas desgraciadas?— Intenté salir del armario, empujé la puerta y volví a empujar, pero la puerta no cedió. Pensé en darle una patada, podía hacerlo, claro que podía, pero ya me imaginaba sus caras y los sermones, el “Dios mío, Lana”, el tener que arreglarlo todo después. Qué paja. Suspiré y me dejé caer sentada en el interesante sillón que tenía dentro. 

Me acomodé mejor, abracé la botella como si fuera una amiga fiel. Mientras tuviera alcohol todo iba a estar más o menos bien, o al menos lo suficientemente borroso como para no importarme demasiado que arruiné mi escape, asi que destapé la botella, tomé un trago pequeño, no estaba acostumbrada a tomar demasiado, por lo que me atraganté y algunas gotas calleron en mi cuello hasta mojar un poco entre mis pechos sobre la tunica. Y apoyé la cabeza contra la pared del armario.

—Bien Lana, Miau. Plan B, a esperar… al menos te van a encontrar tirada y borracha— Estaba pensando en si me alcanzaba con esta botella, hasta que en ese descaso fue cuando escuché unos pasos firmes entrar a este “santuario”, no sonaban a una monja apurada. Pude sentir también su olor que no pertenecía a ninguna monja, tenía aroma a la calle refinada, a playa, pero olía muy bien, y sin querer me quedé quieta, escuchando, porque su presencia me atrapó.

¿Quién será? ¿Se está acercando hasta donde estoy? ¿Sabe que estoy aquí? Entró al puto armario en el que estaba, pero por otro lado, me confundía de quien se trataba y esta persona comenzó a hablar, dijo que no creía en esto, bien punto para ella, luego dijo que necesitaba alerten que escuche. Mala elección, amiga, estoy borracha y atrapada. Habló de alguien que le importaba, alguien que se fue, ¿alguien que está en peligro? Seguí escuchándola, que estaba dispuesta a lo que fuera. A lo que fuera. ¿Quién rayos era esta mujer? Al lado nos separaba una pared con otra rejilla más pequeña, así era imposible saber.

Mientras ella seguía hablando y yo bebía, escuchaba y pensaba en cosas… hasta que le comenté —Haces bien, hermana, desear el bien a alguien hará que tus deseos se te hagan realidad.— continué —¿Quieres orar o hablar de algo más para no reventar por dentro?— Pregunto curiosa ante todo lo que me compartía, sonaba muy preocupada, aunque entre medio… el calor empezó a hacerse notar y la túnica me estaba asfixiando, por lo que tiré de la parte de la falda de la túnica hasta que la tela comenzó a sonar y a romperse, dejando más corta y así más libres mis piernas.
[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-7.png]



RE: (Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Dravenia Arclight - 18-01-2026

Calle principal del Reino de Roshwan
Iglesia de San Elmo, patrono de los navegantes.
Tarde nublada- Día 11, Invierno. Año 15.

Un silencio incómodo se instaló tras la voz. Femenina. Joven. Burlona. No era un sacerdote. No era nadie autorizado. No era nadie que tuviera derecho a escuchar lo que ella acababa de decir.

Dravenia se quedó inmóvil. El olor a licor era inconfundible. Y ahora, con atención, también lo era el perfume: dulce, descarado, como una fruta madura a punto de estallar. Sintió que algo se le revolvía en el estómago. No era hambre. No era rabia. Era peor.

—Ajá… —escupió, con los dientes apretados—. Qué jodida suerte la mía. Me abro por primera vez en años y resulta que le hablo a una borracha.

Se puso de pie de golpe. El biombo crujió. El cuero de sus guantes gimió al cerrarse en puños. No podía quedarse ahí. No después de lo que había dicho. No con esa voz flotando en su cabeza como un maldito canto de sirena.

—¿Sabes qué? —dijo, girando sobre sus talones—. Ya que te gusta tanto escuchar, vamos a ver si la cara te da para tanto como la lengua.

Y sin esperar respuesta, rodeó el confesionario. Cada paso era una sentencia. Cada latido, una amenaza. Pero cuando abrió la puerta del armario y la vio…

Se detuvo.

Rubia. Piernas al aire. Botella en mano. Sonrisa torcida. Ojos grandes. Y ese maldito perfume.

Dravenia no dijo nada. Solo la miró. Largo. Como si intentara decidir si debía arrestarla, golpearla… o besarla.

—Tú —dijo al fin, con voz baja, como si la palabra le quemara la lengua—. ¿Qué demonios haces aquí?


RE: (Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Lana - 19-01-2026

[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-7.png]
Me sorprendió la respuesta que me dio la tipa que estaba al lado de este extraño armario. No fue para nada la que esperaba y aunque al principio pensé que había escuchado mal porque el eco de la iglesia lo pudo haber distorsionado, pero mis odios estaban funcionando perfectamente bien y su olor que me había llegado con claridad, me pareció mucho mejor de lo que sonaba su voz, tan seca, controlada. Me incliné hacia la rejilla de este mueble del que estaba adentro, acercando la cara a los pequeños orificios mientras hablaba para nada relajada, pero me salió un tono suave, casi perezoso, no por timidez sino porque el alcohol me había aflojado la garganta y me hacia sentir mas liviana, me movía lento, lo podía ver cuando veia mis manos tocando la rejilla y mis labios se sentian pesados al hablar. Le respondí con cierta incredulidad y con una sonrisa —¿Qué carajos acabas de decir, muchacha? ¿Quién es esta tipa?— pregunté qué quería decir exactamente, porque yo no era una borracha.

Luego me eché hacia atrás, acomodándome mejor en la silla roja y acolchada cuando escuché que al otro lado algo crujió, no podía ver lo que estaba haciendo la otra mujer del otro lado, solo podía imaginarlo mientras escuchaba el ruido que causaba. Era molesto. Mientras intentaba reconstruir la situación y los movimientos de la mujer con mi mente lo poco que podía percibir, pero también seguí con la mirada la silueta difusa que se marcaba a tramen de la luz del ambiente, un brillo dibujaba los movimientos y contornos, sin dar mas detalles, y vi como a medida que se movía más se acercaban hasta que de pronto se detuvo justo frente a la puerta, mi puerta, esa maldita puerta que antes se habia negado a abrirse, entonces, con ironía la puerta se abrió dejando entrar la luz que parecía que no la había visto por mucho tiempo.

Levanté el brazo para cubrirme la cara, sintiendo como la luz chocaba con mis ojos mientras intentaba enfocar, entrecerrando los párpados con cuidado, y bajé el brazo lentamente trataba de acostumbrar la vista y distinguir ¿quien demonios me salvó de estar encerrada en este maldito mueble? Finalmente vi a una mujer blanca, con cabello rojizo, no era una monja, al menos ¿pero qué quería? Me quedé mirándola desde el asiento y me levante con la botella aun en la mano, sin apurarme, pero su presencia me tenía molesta. Avancé lentamente hasta salir del mueble y me dirigí hacia donde estaba ella —No que te creias tan inteligente… Estaba tan, pero tan tranquila y luego llegaste tú. Nadie te invitó aquí. ¿Viniste a confesarte o para qué… exactamente?— Le dije con una sonrisa ladeada. Y me detuve frente a ella, analizándola de pies a cabeza, tenía ganas de empujarla, distanciarla, pero sabía que podía matarla así de fácil… aunque fuese un poco más alta que yo. Pero no quería matarla, eso no importaba. Lo que importaba es que ahora podía escaparme.
[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-7.png]



RE: (Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Dravenia Arclight - 21-01-2026

Dravenia no se movió cuando la rubia salió. Solo la observó. No como quien admira, sino como quien evalúa una amenaza. O eso se repetía a sí misma. La luz de la iglesia se filtraba por los vitrales, tiñendo de rojo y azul las piernas desnudas de la muchacha. El contraste con la túnica rasgada, con la botella aún en su mano, con esa sonrisa torcida que no pedía perdón, sino espacio… era insoportable. Y fascinante.

Rubia. Coletas teñidas. Ojos celestes. Maquillaje corrido. Piel clara. Cuerpo ágil. Voz arrastrada por el alcohol. Todo en ella era ruido. Todo en ella era exceso. Todo en ella era exactamente lo que Dravenia no se permitía mirar. Y sin embargo, lo hacía.

—Ajá… —murmuró, como si la palabra pudiera contener el temblor que no se le notaba, pero que sentía en la base del estómago.

La rubia hablaba como si nada. Como si no acabara de invadir un espacio sagrado. Como si no acabara de escuchar una confesión que no le pertenecía. Como si no supiera lo fácil que sería para Dravenia empujarla contra el altar y arrestarla por desacato, por robo, por insolencia. Pero no lo hizo. No podía.

—¿Y tú qué crees que es esto? —preguntó, sin moverse—. ¿Un juego? ¿Una taberna? ¿Un escenario para tus poses?

La miró de arriba abajo. Disimulando el deseo. Con hambre. Hambre de entender por qué esa mujer, con su perfume y su descaro, le hacía rabiar ¿Qué estaba pasándole?

—No me gusta que me interrumpan. No me gusta que me miren así. Y no me gusta que me tiemblen las manos por alguien como tú.

Se acercó un paso. Solo uno. Pero fue suficiente para que el aire entre ambas se volviera denso.

—Dime tu nombre. No porque me importe. Sino porque si vas a quedarte en mi cabeza, necesito saber cómo llamarte cuando te saque de ahí.

No sonrió. No se movió. No se fue. Porque algo en esa rubia —en su caos, en su descaro, en su piel— la había desarmado. Y Dravenia no huía de lo que no entendía. Lo enfrentaba. Aunque le costara la calma. Aunque le costara el alma.


RE: (Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Lana - 23-01-2026

[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-7.png]
En esa quietud tensa advertí algo que suelo ver en los demás, una lucha, tras el vistazo de abajo para arriba su cuerpo no demostraba ningún peligro, la figura de la tipa se erguía por disciplina, como las mismas monjas, y lo detestaba. Detestaba cada cosa que tenía que ver con la disciplina que no sea la mía, porque personalmente encontraba que estaban completamente equivocadas. Como esta muchacha que tengo al frente. Lo único que me quedaba era pensar antes de hablar “¿Quien te crees que eres? Miau. ¿por qué hablas como si conocieras este lugar? ¿Te crees la policía de la moral? Miau” No quería aún decirle estupideces “Tengo unas ganas de responderte mal y hacer algo para que aprendas una lección… Miau… una lección que aprendas una vez y no tenga que repetírtelo de nuevo. Miau. pero me preocupa que seas una muchacha débil, de verdad creo que de un golpe te mataría, mierda… ¿por qué tienes que tener ese cuerpo tan lindo? Sería injusto y cobarde de mi parte usar la fuerza física contra tí… creo que si uso un poco las palabras podría entonces dejarte vulnerable. Miau” Todo eso pasaba por mi mente mientras miraba fijamente a la pelirroja.

Cita:—¿Y tú qué crees que es esto?
—. ¿Un juego? ¿Una taberna? ¿Un escenario para tus poses?
—No me gusta que me interrumpan. No me gusta que me miren así. Y no me gusta que me tiemblen las manos por alguien como tú.

Ella tampoco sonreía, pero me hizo respirar con profundidad cuando dijo que le temblaban las manos por alguien como yo… Eso parecía ser una novedad que me hacía sentir mucha satisfacción, la cuestión estaba cambiando, ya no comprendía lo que pasaba, la muchacha que llegó a interrumpir mi escape estaba hablando de otra cosa. —He estado todos mis años haciendo este trabajo… ¿te molesta ver a una monja disfrutar por un momento algo de tranquilidad?— Respondí quitando la sonrisa que llevaba antes, se lo dije con un tono bajo, casi susurrándole, pero más que nada estaba aguantando las ganas de no escucharme molesta, la cosa se estaba poniendo seria y no me gustaba para nada la forma en que me hablaba ella, me distraía de lo que decía su boca, de cómo se mueven sus labios para solo decir cosas que las monjas me estarían diciendo muchas veces “Me encantaría enseñarte disciplina a ti” Habían tantas cosas que podría estar diciéndole, pero parecía ser que ella quería… aparte de ser escuchada y no interrumpida… quería pelear, no que le aclararan las cosas y sinceramente no me molestaba usar este tiempo para medir hasta dónde podría llegar esto, sin llegar a usar toda mi fuerza contra ella.

La vi acercarse y luego me dijo

Cita:—Dime tu nombre. No porque me importe. Sino porque si vas a quedarte en mi cabeza, necesito saber cómo llamarte cuando te saque de ahí.

—Me llamo María. Así me han llamado las monjas de esta iglesia, somos las únicas de aquí, solo veras monjas como yo… ¿por qué me sacarías de aquí? Miau.— Respondí sin titubear ante su pedido. Los nombres siempre han sido peligrosos y yo nunca he recordado alguno. Si un paso hacia ella, no para tocarla, era mi alivio inmediato de haberle mentido, era un nombre de esos que escuché por allí. Sin embargo, seguía atenta… la botella colgaba de mi mano, no era pesada y el alcohol que había tomado dejó de quemar en mi interior… sabía que podía noquearla con esto si se ponía loca. —¿Y tú? Tu forma de vestir y tu forma de oler… puede ser que te llames… Miau. Espera… déjame adivinar… Miau. Tengo tu nombre en la punta de la lengua… Bleh.— Saqué mi lengua frente a la mujer de manos temblorosas.
[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-7.png]



RE: (Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Dravenia Arclight - 23-01-2026

Calle principal del Reino de Roshwan
Iglesia de San Elmo, patrono de los navegantes.
Tarde nublada- Día 11, Invierno. Año 15.


Dravenia dio un paso más. No fue brusco, pero sí definitivo. Apoyó la mano derecha en el marco del confesionario, justo sobre la cabeza de la rubia, "Es una ventaja ser más alta", penso, encerrándola sin tocarla. El gesto era simple, pero elocuente: no ibas a irte sin que yo lo decidiera. "Antes debo saber su nombre..."
El momento se volvió  más tenso, porque aunque no lo dijera en voz alta, le estaba agradando estar cerca de ella. El perfume dulce de la otra se mezclaba con el incienso de la iglesia, creando una mezcla que le resultaba extraña. Y adictiva. La miró. No como se mira a una sospechosa. Ni siquiera como se mira a una amenaza. La miró como quien intenta descifrar un idioma que no quiere aprender, pero que ya empezó a hablar sin darse cuenta.
Y entonces, esos labios. Llenos. Brillantes. Móviles. Se detuvo ahí, observando con detenimiento, mordiéndose el labio inferior propio sin querer aceptar ante si misma que estaba deseando morder los labios ajenos y castigar la insolencia de la rubia.
—No te llamas María —dijo al fin, con voz baja, sin apartar la mirada de su boca... sus labios. —Tampoco pareces ser una monja, no creo que sea tu trabajo... Pareces estar fuera de un estilo... Dedicado al altruismo.— Pausa. 
—No con esa boca.— Se refería a esa manera tan retadora de dirigirse a otros.
Se odió porque su voz sonó un poco más grave de lo que debía, más baja, con más deseo. Pero más se odió por pensar en ella con otras intenciones, incluso teniendo en la cabeza pensamientos contrarios a un perspicaz sentido de entender porque estaba una chica tan rara en un lugar al que no parece pertenecer "'¿Acaso debía investigar?" Pensó 
“¿Qué demonios te pasa?”, se dijo. “No es más que una provocadora. Una chica con un perfume atractivo.” 
“¿Desde cuándo te tiemblan las manos por una sonrisa?” 
“¿Desde cuándo te detienes a mirar piernas?”
Y lo estaba haciendo. Miraba el lado rasgado de la falda, la piel expuesta, la curva del muslo. No por análisis. Por deseo. Crudo. Injustificado. Inaceptable. ¿Dónde quedó su firmeza?
Recordó por qué había entrado a esa iglesia. No era por fe. Ni por redención. Era por silencio. Por un momento de pausa. Por un intento desesperado de no romperse. Había soñado con su padre la noche anterior, y su única mejor amiga estaba en una misión donde peligra a su vida. 
Y ahora estaba ahí. Temblando. Por una mujer que sacaba la lengua como si fuera un juego. La vio hacerlo. Esa lengua rosada, descarada, asomando entre los labios como una burla. Y a pesar de pensar que era un gesto bastante maleducado, mucho más allá... Estaba deseando morderla, quizás así podría darle un castigo. Y esa idea... La de castigarla, de una extraña manera, a pesar de pervertida, le parecía provocadora. Tuvo que respirar hondo para alejar aquellos pensamientos.
Dravenia no se movió. Pero su mandíbula se tensó. Y su mano en el marco del confesionario se cerró en un puño.
—No estoy hablando de sacarte de esta iglesia —dijo, con voz más baja, más grave.—. Estoy hablando de sacarte de mi cabeza.
La miró a los ojos. Y por primera vez, no hubo juicio en su mirada.
—¿Tengo que pedirlo como un favor… para saber tu nombre?
No sonrió, no pretendía ser amable, no podía, no porque no quisiera, sino que en su ser la amabilidad era sinónimo de debilidad. No se movió. Porque algo en esa rubia —en su lengua, en su perfume, en su caos— la había desarmado y deseaba saber más...



RE: (Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Lana - 24-01-2026

Guardé la lengua, la recogí porque ya había cumplido su función y aparté apenas el rostro cuando ella avanzó. No retrocedí cuando dio el paso, no lo hice porque esté sintiendo aquella presión de su presencia cerrando el espacio, sino porque algo en mi no quería considerar ese triunfo en obligarme a sentirme culpable o darle lo que ella quería, aunque no tenía ni idea a qué venía. El cuerpo de la muchacha se encontraba erguido, se interpuso como un muro, no me tocó, pero su mano apoyada en el marco del mueble, justo por encima de mi cabeza, hablaba demasiado…

Cita:—No te llamas María 
—Tampoco pareces ser una monja, no creo que sea tu trabajo... Pareces estar fuera de un estilo... Dedicado al altruismo.
—No con esa boca.

Era un gesto que me hacía creer que ella estaba teniendo el derecho sobre mi cuerpo, eso se removía en mi. “No funciona así. Y tampoco debería importarte mi forma de ser”, pensé y alcé apenas el mentón, lo justo para mirarla a la cara. La desconocida pelirroja tenía un perfume, y este se había vuelto más intenso ahora que estaba tan cerca y ni siquiera se mezclaba con el incienso hacía que era imposible de intimidar. Rodé los ojos y respiré hondo. Yo tenía una meta, un objetivo claro: escapar e irme y no iba a permitir que aquella muchacha, por muy intensa que fuese o grave su voz, me desviara de eso.

Cita:—No estoy hablando de sacarte de esta iglesia —dijo, con voz más baja, más grave.—. Estoy hablando de sacarte de mi cabeza.
—¿Tengo que pedirlo como un favor… para saber tu nombre?

La alcancé a escuchar —¿Sacarte de tu cabeza?— Pregunté con una voz suave, con esa cadencia que brota cuando la irritación y el alcohol están juntos. —Te confundes de persona. ¿Qué pensará la persona por la que estás tan preocupada… viéndote aquí… jodiendo a una monja en una iglesia?— Volví a suspirar para no ponerme igual de intensa que ella… No entendía de qué hablaba, ni por qué me colocaba en ese lugar. Quizá ella era quien estaba en negación y cuando volvió a pedirme el nombre me puse recta y la observé con más atención. —Puedes llamarme como quieras, o de ninguna forma… Ahora no me molestes más.— No estaba dispuesta a entregarle eso.

Me enderecé, preparándome para alejarme, para retomar el camino que había estado trazando en mi mente… Di un paso adelante, aun con la botella en mi mano, casi olvidada… Topé mi cuerpo con el cuerpo de la muchacha, usé algo de mi fuerza para empujarla con mi hombro y sacarla del camino, porque me estaba estorbando, y lo logré. Moví a un lado a la tipa, quien tampoco me había dado su nombre y caminé hasta donde estaba la mesa de las decoraciones con piedras.

Lo que sucedía entre nosotras no debía ser más que un error. El cruce absurdo entre una monja no-borracha encerrada en un armario y una mujer demasiado drogada… y frustrada.


RE: (Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Dravenia Arclight - 25-01-2026

 

Calle principal del Reino de Roshwan
Iglesia de San Elmo, patrono de los navegantes.
Tarde nublada- Día 11, Invierno. Año 15.
 

¿Cuánto tiempo había pasado desde que Dravenia no sentía esta atracción por alguien? Ya no recordaba ni siquiera quien había sido la ultima persona por la que se intereso de esta manera. Y simplemente sin razón aparente, aquella chica rubia ya estaba en el top de la lista de intereses de la pelirroja, aunque si le preguntaran directamente, ni siquiera estando al borde de la muerte admitiría que esta chica le generaba un alto impacto.

—Ajá … ¿Acaso estas asumiendo que “ella” es mi novia? — Preguntó la pelirroja intentando entender la pregunta de la rubia, hasta en cierto punto esa actitud le divertía, solo que su rostro serio no ayudaba a demostrar que eso es así. —No es un amor por lo que vine aquí… Creo que puedo verse malinterpretado mis palabras. — Corrige sin que parezca realmente una excusa.

Quizás solo fueron no mas que uno segundos, pero pareció que el tiempo se volvió lento cuando la rubia le paso por el lado. Y de la nada sus ojos celestes se quedaron grabados en la mirada de Dravenia, había tanta intensidad allí, en ese color azul que le recordó el mar. Para que de la nada se diera cuenta que no los volvería apreciar, porque la rubia se alejaba. Quizás lo que la hizo volver a la realidad fue aquel golpe en su hombro, no se quejó, pero su cerebro si registró un punto de dolor.

—Oye! … — La sigue y camina tras ella. —Si tengo yo que darte un nombre lo olvidaras más tarde… — Argumenta mientras camina a su lado. —¿Al menos podría saber a dónde piensas ir? — La sola pregunta hasta le pareció extraña. Si la rubia insistía tanto en que era una monja, quizás no estaría muy lejos de la iglesia “¿Y porque la estoy interrogando?” Se preguntó a si misma ¿Qué era todo ese interés repentino que tenía?

—Espera, no te vayas… — Se cruzo en el camino de la rubia para evitar que esta siga avanzando. —Escucha yo… — Se mordió el labio inferior, tener que retractarse era complicado. —Lamento si de alguna manera te… Moleste o te… Incomodé.­ — Fueron sus sinceras palabras. —Solo me pillaste en un mal momento. — Y esto era la verdad. La preocupación por saber que su mejor amiga estaba en peligro y ser apenas una estudiante, sin el poder de hacer algo para ayudar ya que aun estaba en la academia, la hacia sentir impotente, quizás por ello a principio no meditó que estaba siendo grosera con la rubia, pero verla con una botella en la mano y esa actitud inicial no estaban ayudando a creer lo que la otra le decía.

—¿Realmente debes irte? — Pregunta mirándole fijamente, y realmente deseo poder seguir teniendo la oportunidad de mirar aquel bonito color azul en su mirada.


RE: (Pasado-Social) Donde el deber no alcanza /Privado - Lana - 25-01-2026

La escuché decir unas palabras raras salir de esa boquita tan bonita que tiene, palabras que no había escuchado antes, no formaban parte de mi conocimiento, las monjas no hablan de eso, ni se nombraban en los rezos, “novia” era un concepto nuevo en este lugar viejo de creencias que son de miles de años, supongo. El espacio se sentía más grande ahora que me separé de ella, podía caminar tranquilamente por la iglesia, quería respirar sin sentir su aroma ni presencia tan encima, lo justo como para tomar distancia sin que se notara que estaba huyendo del todo, porque pensé que la muchacha quería pelea. 

Avancé con mis tacones que hacían eco con los pasos dentro de la iglesia, dirigiéndome hacia la mesa que estaba llena de decoraciones con esas piedras de lujo, pulidas que brillaban incluso bajo las sombras, estaban ordenadas por tamaño, y tenían forma de jarrones altos, flacos. Cada uno de ellos significaba algo, tenian un nombre, pero no sabía si eso era verdad y ni siquiera es que conozca de qué trata la religión de esta iglesia, no tenía idea de nada, pero la muchacha no tiene por qué saberlo. Es mejor que se crea todo lo que le diga. 

Mientras caminaba, la túnica toda rasgada rozaba mis piernas y el aire frío del ambiente me las enfriaba, agradeciendo esa exquisita corriente de aire para calmar la tensión. De repente me detuve, porque la pelirroja volvió a cruzarse en mi camino, y fue imposible no sorprenderme “¿Miau?” Pensé, soltando una sonrisa que no fue consciente, fue una reacción incrédula y de diversión ante su insistencia. La observé con atención, notando como su postura era diferente.

—Muchacha, estás justo por donde quería pasar, pero tu… disculpa, me parece que es… linda— dije señalando con la mirada apenas el espacio que ocupada. Iba a decir “prudente”, pero la palabra “linda” se me formo en la mente, estaba ahí, lista para salir. —Sí, linda… No es una palabra que usara seguido para describir a alguien con actitudes tan extrañas, que hace no mucho, antes me había acorralado. Pero… no me incomodas, para nada.— Continué, mi voz fue suave, menos defensiva. —Estaba a gusto escuchando tu… Miau lo que sea que fuese lo que me estabas contando sobre tu… nova… digo n-noia…— Me trabé con la palabra, la intenté repetir, pero no me salía para nada bien, no encajaba en mi boca. Y abandoné el intento —Eso nunca lo había escuchando antes… Miau. Si no estas por amor, ¿qué necesitas, pequeña… Miau?—

Mis ojos recorrieron cada rasgo de su rostro con más calma que antes. Sus lineas suaves, la expresión sin arrugas, su seriedad, no importaba su altura si se notaba que era más joven que yo. —¿Cuantos años tienes, pequeña muchacha? Miau—.La vi ahí parada, con una expresión menos severa. Luego me quedé pensando de que si tal vez… si le respondo a sus preguntas no vaya a pasar nada, tal vez esto no tenga que convertirse en un conflicto. 

—Miau. No olvidaré tu nombre si me vienes a visitar todos los días…  pero… Sí… me quiero ir. Es lo que quiero, me gustaría tomar mis cosas y dejar todo porque… debo volver a mi hogar— Le confesé con un tono de voz bajo. Sin embargo no tenía ninguna pertenencia que recordara importante, lo importante eran mis guantes, lo demás, como la ropa, la comida no era algo que me tenía que preocupar, porque la iglesia me lo daba. Resoplé mi cabello rubio que suele estar chascón frente a mi cara, el mechón me estaba molestando un ojo y cuando le tiré el vientecito se movió muy poco, se fue arriba y volvió a caer, rebelde como siempre. La vista no se me despejó.